«ANTONIO MACHADO. SU MUNDO Y SU OBRA» y «LA POESÍA DE ANTONIO MACHADO».

AUTORES: SEGUNDO SERRANO PONCELA. Editorial Losada, Buenos Aires, 1954 y RAMÓN DE ZUBIRÍA. Editorial Gredos, Madrid 1955.

Reseña de ALLEN W. PHILLIPS, enero 1956 (University of Michigan) en Nueva Revista de Filología Hispánica.

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Hace algunos años se lamentaba José María Valverde de la relativa escasez de trabajos serios destinados a iluminar el pensamiento y el arte poético de Antonio Machado. A partir del excelente ensayo de Carlos Clavería, la crítica se ha ocupado cada vez más de estos aspectos. A la ya abundante bibliografía se suma ahora la sólida aportación de Serrano Poncela, suyo estudio aspira a ser un análisis total del hombre y del poeta. Necesitábamos, en verdad, un libro que no sólo aprovechara los nuevos materiales -inéditos hasta hace poco–para aclarar importantes aspectos de la obra de Machado, sino que además intentara explicar su pensamiento filosófico y poéticoª. La tarea de Serrano Poncela es difícil, dada la oscuridad de ciertas ideas del poeta y el humorismo irónico con que solía expresarlas. Pero, cumpliendo con ejemplar seriedad su propó-sito, nos ofrece una bien lograda interpretación del escritor y de su obra lírica.

Para comprender todo el mundo poético de Machado y esbozar una valoración de su compleja personalidad, Serrano Poncela se apoya en un método exegético que combina la filosofía, la historia y la estilística, y desde esa posición procura recrear los motivos principales y la estructura metafísica de la poesía de Machado, y situar al poeta en su momento his-tórico. El estudio de las formas expresivas es, pgra él, una parte esencial, pero subsidiaria en su libro. Dada la ininterrumpida vocación filosófica de Machado -según el cual todo poeta debía tener una metafísica expuesta, por separado, en conceptos claros-, y dado también el afán historicista de la generación del 98, el método ideológico de Serrano Poncela nos parece perfectamente adecuado a su tarea de crítico. No se intenta aquí un tratamiento detenido de la prosa de Juan de Mairena y Abel Martín, los apócrifos encargados de presentar las doctrinas filosóficas y poéticas de su creador; sólo se estudia esta vertiente esencial de la obra de Ma-chado en relación con la poesía misma.

De acuerdo con estos propósitos analíticos, el libro se divide en los siguientes capítulos: 1, «El hombre y su mundo»; 2, «Poética de una poesía»; 3, «Los grandes temas existenciales»; 4, «La preocupación por España». Cierra el volumen un pequeño apéndice bibliográfico, que en la sección de «Ediciones» adolece de ciertas erratas y omisiones.

En el primer capítulo resume el autor los pocos datos biográficos que tenemos sobre Machado y traza su evolución de escritor. Insiste, muy

Nota 1 «Sobre Antonio Machado», Arb, 11 (1948), 560-564.

Nota 2 «Notas sobre la poética de Antonio Machado», en sus Cinco estudios de literatura española, Salamanca, 1945, pp. 95-118.

Nota 3 Por la proximidad de las fechas, Serrano Poncela no pudo conocer el extenso y bien meditado artículo de ANTONIO SÁNCHEZ !BARBUDO, «El pensamiento de Abel Martín y Juan de Mairena y su relación con la poesía de Antonio Machado», HR, 22 (1954), 32-74 y 1og-165; a pesar de varias marcadas divergencias de interpretación, este artículo parece adelantarse a ciertas novedades metodológicas y temáticas del libro que reseñamos.

acertadamente, en la importancia que tuvo para el pensamiento del poeta la ideología asimilada durante su juventud en la Institución Libre de Enseñanza; relaciona a Machado con los hombres de su generación y se esfuerza en descubrir sus lecturas filosóficas y literarias. Serrano Poncela, autor también de un libro sobre Unamuno (cf. NRFH, 8, 1954, p. 432), puntualiza detenidamente las relaciones cordiales que unieron a los dos escritores y pone de relieve la influencia del pensamiento de Unamuno sobre el de Machado; luego, después de señalar las notorias afinida-des con Bergson, estudia brevemente cómo, hacia el final de su vida, se acercó Machado a la filosofía existencialista de Heidegger 4.

Si bien la poesía lírica nunca puede explicarse en su más recóndita esencia mediante una racionalización de tipo filosófico, Serrano Poncela, por la naturaleza misma de la obra comentada, entra necesariamente en el terreno filosófico para reconstruir los principales andamiajes teóricos de la amplia poética de Machado (cap. 2). Gracias a su bien lograda sistematización estudia -por primera vez, que sepamos-la significación y el uso de las imágenes en esta poesía, ateniéndose sobre todo a los textos de Los complementarios. Cuando analiza los grandes temas y sus variados matices en la obra del poeta ( cap. 3), los relaciona con la angus-tiosa interrogación acerca del sentido de la existencia que caracteriza en mayor o menor grado la mejor poesía de Machado. Así, Serrano Poncela se afilia a la larga serie de críticos (Guillermo de Torre, María Zam-brano, Carlos Clavería, López Morillas, Ricardo Gullón y otros más) que se han fijado en las raíces existencialistas de la obra de este poeta.

En el capítulo final se estudia con agudeza cómo, en Campos de Castilla, la voz de Machado se incorpora definitivamente a las preocupa-ciones de su generación. Serrano Poncela discrepa del punto de vista habitual, que suele sobreestimar esa obra, y en este juicio lo acompaña-mos sin reservas. Campes de Castilla es el libro más popular de Ma-chado, y el que más lo acerca a la circunstancia político-social de España, pero, debido a los motivos extrapoéticos de ciertas composiciones, es poco representativo de la veta más pura del poeta. Sin embargo, al refe-rirse a los «valores afectivos del paisaje», Serrano Poncela encuentra en ese libro, desde luego, notas de auténtica emoción lírica, alejadas ya de todo compromiso con las tendencias y objetivos de su generación. A modo de apéndice, complementan este estudio unas reflexiones sintéticas sobre los apócrifos Martín y Mairena 5

Nota 4 El tema es sumamente delicado. Sin ánimo de desvirtuar las fecundas relaciones establecidas a base de textos fidedignos entre Machado y el filósofo de Friburgo, me permito llamar la atención sobre un pequeño dato bibliográfico que parece desconocer Serrano Poncela. Toda la parte en prosa del Cancionero apócrifo: Abe/ Martín se publicó en la ROcc, 12, núms. 35 y 36 (mayo y junio de 1926), 189-203 y 284-300, o sea un año antes de la aparición de Sein und Zeit. Aunque Serrano Poncela no se apoya en Abe/ Martín para precisar el alcance del contacto con Heidegger, el dato es interesante porque Sánchez Barbudo (art. cit., pp. 139-156) se esfuerza por demos-trar cierta precedencia en las ideas de Machado, basándose en esa publicación de mayo y junio de 1926. Sobre el mismo tema cf. además JuLIÁN l\JARÍAs, «Machado y Heidegger», ins, 8 (1953), núm. 94. -Por lo demás, las bibliografías corrientes sobre Machado no recogen ese dato de la primera publicación de la parte en prosa del Cancionero apócrifo. Tampoco lo recoge Serrano Poncela, aunque sí tiene cuidado de incluir datos bibliográficos sobre la continuación del Cancionero en la misma ROrc. Obsérvese, finalmente, que Machado agregó la mayor parte de esas obras, con las fechas 1924-1925, a la segunda edición de sus Poesías completas (Espasa-Calpe, Madrid, 1928).

Contamos ya con varios libros sobre Antonio Machado (Pérez Fe-rrero, Montserrat, Serrano Plaja, Pradal-Rodríguez, etc.) y con muchos valiosos artículos que se ocupan de aspectos parciales de su obra, pero no teníamos un libro de tales proporciones, y con un enfoque tan am-plio y ambicioso de la poesía de Machado. Como nada es definitivo, y como la obra de este poeta es tan profunda, sugerente y compleja, es seguro que los finos análisis de Serrano Poncela tendrán que ser objeto de ampliaciones y rectificaciones. De todos modos, su libro es una nota-ble contribución a los estudios sobre el pensamiento y la poética de uno de los mayores poetas españoles de nuestro tiempo.

Dada la orientación general de la nueva crítica, que tan excelentes pruebas de su seriedad ha dado en la obra de Amado Alonso y de Dá-maso Alonso, quizá sorprenda que Serrano Poncela no se haya ocupado más de las formas expresivas de la poesía de Machado6• Precisamente, al proponerse un estudio de esas formas poéticas, el bien logrado libro de Ramón de Zubiría, publicado un año después, viene a completar la visión total de Machado, hombre y poeta. Dos libros, pues, con propósi-tos y contornos distintos.

Discípulo y amigo de Pedro Salinas en la Universidad de Johns Hopkins, el joven profesor colombiano Zubiría ha heredado del maestro la perceptividad y el dominio de las técnicas estilísticas. Gracias a ello ha podido llevar a cabo con feliz éxito un ensayo de esta índole, en el cual se une al análisis riguroso una pasión decidida por la lírica de Antonio Machado. Según se desprende de las palabras de agradecimiento, desaparecido Salinas, otro gran poeta, Jorge Guillén, alentó a Zubiría en la preparación de su trabajo. Quisiéramos poner de relieve, antes que

Nota 5 Serrano Poncela parece conceder demasiada importancia a los recién exhumados «cuadernos de clase» en la pequeña sección «España en su literatura» (pp. 198-2o6), especie de suplemento al estudio que antes ha hecho de las ideas críticas dei poeta sobre los valores contemporáneos. Véase E. ANDERSON IMBERT, «Papeles», Sur, 1954. núm. 227, pp. 66-67.

Nota 6 No obstante, hay que recordar la intención de Serrano Poncela; siguiendo su anunciado propósito de reconstruir la metafísica de Antonio Machado, arranca de la siguiente posición crítica: «Así, junto a la estética de las formas se alza hoy de nuevo un poderoso movimiento que busca en la Stimmung o «temple• creador, el significado de la creación artística. La importancia decisiva de lo formal está dando paso a una más profunda interpretación del clásico «sentimiento trascendental» que llega, por caminos metafísicos, hasta la apertura del ser poético como manera de expresar el hombre su afán de trascendencia desde la existencia finita que le ha sido dada» (pp. 7-8). En una buena reseña sobre el mismo libro (Asom, 1954, núm. 4, pp. 90-94), RICARDO GULLÓN cita la segunda frase del párrafo que acabamos de transcribir y formula las naturales objeciones a tal tesis, preguntando cómo es posible analizar la poesía dejando de lado sus formas expresivas. Sin embargo, hay que tener en cuenta las palabras con que Serrano Poncela matiza en seguida su concepto teórico: » … Así, el camino que vamos a seguir para el logro de una más amplia y profunda perspectiva del poeta y su poesía, partirá, no sólo de la crítica estilística, sino de una preocupa-ción metafísica y un supuesto historiológico combinados» (p. 8). Como ya dijimos, el aspecto estilístico es cosa subsidiaria en la obra de Serrano Poncela, pero dudamos que su trabajo, como afirma Gullón, se convierta en libro de polémica por su orientación crítica.

nada, sus méritos principales: máxima claridad en la expos1c10n de su pensamiento, cuidadosa interpretación de los textos, fina penetración en la esencia de la poesía misma, y, por último, probidad y generosidad en el uso de la abundante crítica anterior. Sus juicios no nos parecen nunca caprichosos, sino pensados con rigor analítico y fundados en una gran sensibilidad poética. La obra de Machado queda entera -no sufre una fría autopsia-, y se beneficia con el talento exegético de Zubiría. Con toda modestia y honradez, nos ha presentado su Machado; ha procurado ver la obra como un todo harmonioso y revelar el secreto de su unicidad. Sin pretensiones de haber dicho la última palabra, muy bien sabe Zu-biría que la gran poesía es «objeto de perpetuo juicio, ya que, por exacta que nos parezca una interpretación, hay siempre la posibilidad de otro distinto planteamiento» (p. 10). Por lo demás, no hay ninguna nota de agresividad en su libro. Es, en suma, un trabajo bien organizado y que cumple con su objeto: un análisis interior de la poesía de Machado. La lectura atenta de esta obra comprobará que nuestros elogios no son tan desmesurados como parecen serlo a primera vista.

Al comentar en 1933 la tercera edición de las Poesías completas de Machado 7, Pedro Salinas apuntó la dirección crítica que ahora aprovecha Zubiría: la unidad esencial de la poesía de Machado, y en su libro sobre Darío8 demostró ampliamente la teoría de un gran tema vital con varia-ciones. Zubiría, por su parte, encuentra el eje y la raíz de la creación de Machado en el tema del tiempo. En la insistente preocupación por el tiempo vienen a confluir los demás motivos característicos de su lírica. Zubiría parte de un análisis temático: el tiempo (cap. 1), el sueño (cap. 2) y el amor (cap. 3). Cada uno de estos capítulos se divide en secciones destinadas a matizar el tema correspondiente. En la segunda parte del libro (capítulos 4-6) se estudia la teoría poética y el estilo del escritor. Completan el tomo una;, conclusiones sintéticas, un apéndice sobre las formas estróficas y una bien ordenada bibliografía.

No es posible comentar todo el rico contenido del libro, pero un reco-rrido, necesariamente rápido, por sus principales secciones servirá quizá para orientar al lector. Recordando, en el capítulo inicial, la famosa defi-nición de la poesía como diálogo del hombre con su tiempo, Zubiría demuestra con originalidad cómo y con quién dialogaba Machado: con sus apócrifos y, poéticamente, con la mañana, la tarde, la noche, el agua y la fuente9• Estudia luego el motivo del reloj como símbolo de la angus-tia temporal; el tiempo en las cosas; las cosas en el tiempo, y, por último, como necesario final, la presencia de la muerte. Los capítulos 2 y 3, que tratan respectivamente del sueño y del amor, son los más completos que tenemos sobre estos dos aspectos capitales de la lírica de Machado. A pesar de su profundo tradicionalismo, Machado es poeta único. Pocos poetas se le parecen. Hay, sin embargo, una excepción: Bécquer. Salvando las distancias, confirman esta afinidad, ya señalada por Moreno Villa, José Luis Cano, Bousoño y Lapesa, el constante soñar despierto y la fecundidad creadora de los momentos de vigilia en ambis escritores

Nota 7 Literatura española, siglo xx, México, 1949. •

Nota 8 La poesía de Rubén Darlo, Buenos Aires, 1948. •

Nota 9 Recientemente HuGo W. CowEs ha estudiado este último tema en «El motivo de la fuente en la poesía de Antonio Machado», Sur, 1955, núm. 234, pp. 52-76.

Para Machado el sueño es una forma de conocimiento, un modo de refugiarse y de revivir un pasado, toda una fuente mágica de auténtica poesía. Zubiría logra iluminar los infinitos y nada sencillos matices de tan apa-sionante cuestión. Si la crítica se ha ocupado mucho del sueño en Ma-chado, ha estudiado menos el tema del amor. Zubiría arranca del Can-cionero apócrifo, donde el poeta expresa la teoría amorosa de Abel Mar-tín, y analiza los diversos componentes y gradaciones de lo erótico; una vez más, aunque el autor no lo señale, es curioso el parecido con Bécquer (posible fusión de amor-poesía, sueños y aspiraciones de mujer). De manera convincente, Zubiría muestra en la primera parte que los tres grandes temas y sus múltiples variaciones o subtemas están íntimamente relacionados con la obsesionante preocupación por el tiempo.

La segunda sección del libro (cap. 4-6), menos extensa que la ante-rior, está dedicada a un análisis de los procedimientos estilísticos de que se sirve Machado para dar expresión a sus grandes temas. Las mismas formas confirman el afán de captar la emoción del tiempo y corroboran la tesis fundamental de Zubiría. Al rastrear la teoría poética de Machado, no sólo se apoya en los textos conocidos, sino también en los nuevos documentos, y hasta en las cartas a Guiomar. Zubiría aprovecha sabia-mente el proyecto del discurso académico y recurre, con más frecuencia que otros críticos, a la fuente de la poesía misma. Al minucioso estudio formal (símbolos, imágenes y metáforas, adjetivo, verbo, adverbio, com-binaciones estróficas y rimas) sigue, como corolario de su poética, una rápida revisión de la crítica de Machado y sus opiniones sobre poetas anteriores y actuales.

La figura de Antonio Machado ha alcanzado singular relieve en los diez últimos años. Si antes los poetas se sentían más íntimamente enla-zados con la fecunda dirección poética marcada por la obra de Juan Ra-món Jiménez, la auténtica voz lírica de Machado es quizá la más esti-mada y preferida en los círculos poéticos de hoy. Cada día se hacen más frecuentes los homenajes a Machado. Entre los más recientes recordemos, de pasada, la exposición efectuada en París a principios de 1955 por ciertos pintores, entre ellos Picasso y Miró, y también el homenaje que le rindió la juventud universitaria en la Universidad de Madrid, en mayo del mismo año. Las dos obras que hemos comentado, cada una dentro de su propia ideología crítica, se complementan; confirman el valor de Antonio Machado como poeta y como artista consciente; llegan oportu-namente, y constituyen a la vez una digna y seria aportación al mayor esclarecimiento del mundo poético del gran escritor.

ALLEN W. PHILLIPS (University of Chicago).

Nota 10 HELIODORO CARPINTERO ha publicado ahora otro testimonio de la admiración de Machado por Bécquer: «Unas páginas casi desconocidas de Antonio Machado», ins, 10 (1955), núm. 116. Zubiría se refiere a estas relaciones (pp. 216-217) cuando enfoca la crítica literaria de Machado como ampliación de su poética; Serrano Poncela, en cambio (p. 205), parece olvidarse de las notas de Machado sobre Bécquer.

PARÁBOLAS. DE ANTONIO MACHADO Recita Nieves Navarro

Apreciado Manuel Álvarez Machado

Hoy he recibido un comunicado vía Facebook, en el que , si interpreto  bien, comenta que podemos enviarle trabajos de interés a esta cuenta de correo. 

Coincidimos el pasado 20 de diciembre en el Instituto Cervantes de Madrid en la exposición “Los Machado”, y usted amablemente  comentó conmigo anécdotas de su familia, 

y aclaró algunas de las informaciones que yo tenía como ciertas por haberlas leído en las biografías. Información de primerísima mano, un hecho que me pareció fascinante.

Por ello me atrevo, con toda humildad y respeto hacia el poeta y su obra,  a enviarle uno de los videos que he ido haciendo (con ayuda de mis hijos) recitando poemas de Antonio Machado.

Espero y deseo que sea de su agrado y si es así, más adelante podría enviar alguno más de los que ya tengo y de los que iré grabando.

Muchas gracias por su trabajo y dedicación, así como por darnos la oportunidad a todos aquellos que admiramos la obra de Antonio Machado a “ayudarle” a difundir su obra.

Muchas gracias Nieves Navarro, espero y deseo que seais muchos los que colaboréis, como dices, a difundir aún más, la obra de Antonio Machado, aportando vuestros trabajos y artículos sobre la vida y obra, poética y prosa, de «nuestro poeta».

Mi cuenta de correo es m.alvarezmachado@gmail.com

SOBRE UNA CARTA RECIBIDA EN COLLIOURE, para ANTONIO MACHADO, dos días después de su muerte.

Queremos comentar ahora una historia paralela a los días, 22 a 26 de enero de 1939, que surge como consecuencia de una carta recibida en Colioure y dirigida a Antonio Machado. La carta fue escrita en París el 22 de febrero de 1939, el mismo día que fallecía nuestro poeta. Suponemos que llegaría el 24 o 25 de febrero a Collioure entregándose a José Machado y conservándose, inédita, en su poder y en el de sus descendientes durante ochenta años, hasta que ahora forma parte del Fondo Machadiano del que es titular la Fundación Unicaja.

  

       La carta, dice textualmente:

                                                                       París, 22.2.39

Muy estimado y querido Don Antonio:

         Hemos podido obtener sus señas y nos apresuramos a enviarte estas líneas en primer lugar para saludarle esperando que a pesar de todo lo sucedido, su salud y la de sus queridos sea buena. No tiene Vd. idea Don Antonio de nuestras angustias al no saber donde estaba ni en que condición había salido de Barcelona. Todo lo que pudimos averiguar – y esto fue el martes día 24 de enero a las 8 de la mañana – al enviar Carlos un coche a su domicilio para llevarlos fuera de Barcelona – nos dijeron que Vds. ya habían salido la noche anterior.

         El lunes, día 23, ha sido para Carlos y para mi un día de tremenda responsabilidad y apuro porqué tuvimos que sacar de Barcelona al camarada delegado herido del cual creo ya le hemos hablado, y al mismo tiempo tuvimos que sacar también a Isidoro Acevedo. Volvimos a Barcelona a las 3 de la mañana del martes – justo el tiempo para dejar descansar un poco al chofer que no aguantaba más del cansancio y a las 8 a.m. el mismo coche fue enviado a su casa con el resultado que mas arriba relaté. Durante todos los días que pasamos en Figueras preguntamos a todos los camaradas y amigos y por fin por Jacinta Landa, creo, supimos que estaban Vds. en uno de los pueblitos cerca de Figueras. Ni siquiera me acuerdo si nos precisaron el nombre del pueblo; eran tantas las preocupaciones, la confusión, las tareas que sobre nosotros pesaban en aquellos días que nos tuvimos que conformar con aquella insuficiente noticia. Más tarde supimos que el grupo de intelectuales antifascistas de Francia se estaba ocupando de Vd.  y por su conducto pudimos obtener sus señas. Ahora estamos algo mas tranquilos, pero mucho le agradeceríamos unas líneas suyas para saber con más detalles como está Vd y los suyos y como están instalados.

En espera de su contestación reciba de Carlos y de mi un abrazo afectuoso y todo nuestro respeto y admiración.

                                                              María

Señas a las cuales pueden escribirnos:

MMe Germaine Willard

10, rue des Beaux Arts

Paris (VI)

(No hace falta , y ni conviene, ponga nuestros nombres en el sobre).

         La carta como pueden leer no indica datos concretos suficientes sobre su autoría. Solo que la envía María y Carlos, aunque solo escribe y firma la primera.

            La carta es manuscrita, de puño y letra de María.

            Leída detenidamente se nos plantearon las siguientes preguntas:

            1ª        Lógicamente la primera es la de saber quienes eran María y Carlos, teniendo en cuenta la estrecha amistad  que parecen tener con Antonio Machado.

            2ª        Por qué el manifiesto interés que tuvieron en “sacarles” de Barcelona a Antonio Machado y a su familia.

            3ª        Cual era el nivel de confianza que tenían en Antonio Machado para que en días tan señalados le comentaran sobre dos “camaradas” a los que habían sacado de Barcelona, uno de ellos herido y sobre el que dicen ya habían comentado su situación con A. Machado.

            4º        Por qué al desconocer donde podían estar los Machado preguntan insistentemente en Figueras, a camaradas y amigos.

            5ª        Por qué , creen, que fue Jacinta Landa quien les dijo que creía estaban en un pequeño pueblo francés cerca de la frontera.

            6ª        Como fue que el Grupo de Intelectuales antifascistas de Francia (en París) el que finalmente les facilitó las señas del pueblo francés en el que se encontraban.

            7ª        Por que tanta discreción en la dirección a la que solicitan a Antonio Machado que les conteste.

         A la primera pregunta nuestra opinión es que la que escribe la carta es Tina Modotti, la fotógrafa italiana que era y fue compañera de Vittorio Vidali. Y el llamado en la carta Carlos, en nombre del que también escribe Tina Modotti, es el Comandante Carlos, conocido también por Carlos Contreras, es decir el italiano Vittorio Vidali.

         Ahora añadimos unos breves datos biografícos de Vittorio Vidali y de Tina Modotti.

         Vittorio Vidali.  El 24 de mayo de 1937, Vittorio Vidali es nombrado comisario delegado de Guerra de División por parte de la Junta Militar de Defensa Republicana. A partir de ese momento será el máximo responsable de la agitación y propaganda dentro de las filas enemigas. Vidali, de nacionalidad italiana, ha sido hasta ese momento el comisario político del Partido Comunista con más peso dentro de las Milicias populares, y más tarde dentro del Ejercito Popular. Llega a ser nombrado máximo responsable de propaganda y espionaje dentro del Ejército republicano, hasta que dicha función pasa a manos de una unidad del Ejército.

         Vidali se encontraba en España en el momento de la sublevación militar como máximo representante en nuestro país del Socorro Rojo Internacional, siendo estas fechas en las que conoce a Tina Modotti y a Matilde Landa, que trabajan para Socorro Rojo en el hospital de Maudes (Madrid) en el banco de sangre que éstas dos mujeres crearon. Cuando el 18 de julio las tropas del General Fanjul se levantan en el cuartel de La Montaña, Vidali es uno de los líderes que dirige la resistencia y toma del cuartel por parte de las milicias populares. En esa acción nace el Quinto Regimiento, grupo de milicias comunistas que toma un papel preponderante en la defensa de Madrid, y será el grupo de milicianos más destacado en la Guerra Civil española. Vidali se convierte en uno de sus dirigentes y su principal voz política, pasando a ser conocido por uno de sus varios seudónimos gracias al cual todos conocerán al pequeño italiano: el comandante Carlos Contreras.

         En las primeras horas del día 20 de julio se configura la primera comandancia del Quinto Regimiento, formada por Vidali, otros dos miembros destacados del PCE -los comandantes Castro Delgado y Barbado- y dos miembros del Ejército, los capitanes Gallo y Márquez. El propio Barbado siempre dirá que el verdadero cabecilla del Quinto Regimiento era Vidali, rápidamente conocido entre sus hombres como el comandante Carlos, aunque quien tiene la última palabra en los primeros días sea Enrique Castro Delgado, especialmente por ser español.

         Castro tendrá en años posteriores problemas con sus compañeros y renegará de su pasado comunista, mientras que Vidali será siempre fiel referente de sus camaradas.

         Carlos Contreras se encarga también de la organización de la intendencia de las milicias. Es además uno de los fundadores de la revista Milicias populares, principal instrumento propagandístico del Quinto Regimiento. De periodicidad irregular, llega a tirar 40.000 ejemplares.

         El acto que pone fin oficialmente al Quinto Regimiento tras su fusión con el Ejército Popular republicano tiene lugar el 27 de enero de 1937 en el Cine Goya de Madrid. Intervienen líderes como Carlos, Líster, la Pasionaria o el dirigente comunista José Díaz. El acto queda recogido en la película La tierra española, de Jaris Ivens, en la cual se ve a un sonriente Comandante Carlos arengando a las tropas: «¡No pasarán!, ¡Firmes!, ¡Y no han pasado! ¡Viva el Ejército Popular, el Ejército de la victoria!«.

         Tras la Guerra, Vidali sale de España junto a su mujer, Tina Modotti, que durante el conflicto había colaborado en la Centuria Sozziáe brigadistas comunistas italianos. Vuelve a Moscú, donde siempre tendrá puestos de mando en el PCUS, hasta que pueda regresar a Italia. Allí, en su Trieste natal, será durante muchos años Secretario General de la Federación Triestina del Partido Comunista Italiano. Varias veces elegido senador, escribe varios libros sobre la Guerra española –Spagna lunga battaglia, Comandante Carlos, La caída de la República, Así creé el Quinto Regimiento-. Vidali muere en 1983.

         María, “Tina Modotti se transformó a sí misma, de ser un objeto de belleza utilizado en el arte de los demás, a fotógrafa profesional. Como modelo, asistente y finalmente aprendiz artístico de Weston, su concepto de la fotografía estuvo dominado inicialmente por el esteticismo de éste. Gradualmente el trabajo de Modotti muestra las búsquedas de su propia dirección y la confianza que fue ganando a medida que su compromiso político cambió su manera de ver al mundo. Sus fotografías no pierden su sentido de la forma, pero sus prioridades cambian”.

         Entre los años 1923-1930 radicó en México, siendo el lugar donde realizó la mayor parte de su obra y donde se convirtió en activista revolucionaria, asociándose al Partido Comunista Mexicano en 1927.

         En febrero de 1930 fue expulsada de México. Tras ser rechazada por los gobiernos de Estados Unidos, Cuba y Holanda, pasó por Berlín para finalmente llegar a Moscú. Organizó misiones de ayuda para refugiados políticos, lo que la llevó en 1934 a España. Durante la Guerra Civil española se alistó en el Quinto Regimiento y trabajó en las Brigadas internacionales con el nombre de María.  Margarita Nelken, en una de las varias alabanzas que se hacen de su actividad, relata cómo atendía a los niños que llegaron a Almería tras el éxodo del pueblo de Málaga , que se vio acosado durante el trayecto a pie por los bombardeos de las fuerzas franquista. En estos acontecimientos de la llamada “desbandá de Málaga” colaboró con ella Carlos Contreras y Matilde Landa.

       A finales de 1939 regresó como refugiada, aún bajo el nombre de María, a México, donde continuó su actividad política. En 1940, el presidente Lázaro Cárdenas anuló su expulsión. Murió de un ataque cardíaco el 5 de enero de 1942 en el interior de un taxi.

       La escritora mexicana  Elena Poniatyowska escribió una biografía novelada intitulada “”Tinissima”  y Victor Hugon Rascón Banda escribió una obra de teatro llamada «Tina Modotti».

        Sus restos reposan en el Panteón Civil de Dolores, con un epitafio de Pablo Neruda:

Puro tu nombre suave, pura tu frágil vida,

abejas, sombras, fuego, nieve, silencio y espuma,

combinaron con acero, alambre y

polen para crear tu firme

y delicado ser.

          A la segunda pregunta podemos decir que además de las varias veces que se habían visto en Madrid, Valencia, Rocafort y Barcelona, probablemente existiera un cierto agradecimiento a Antonio Machado por sus colaboraciones al SRI, Socorro Rojo Internacional, (cartas, postales, escritos en prensa y documentos varios utilizados en propaganda del citado organismo), además estaba la común amistad con los Landa. Y es posible que Vittorio Vidali estuviera al tanto de la posible marcha de  Antonio Machado a la URRS, invitado por éste país para cuando se terminara la Guerra Civil. La Embajada soviética en París estaba preparada y autorizada para esta posibilidad, y es posible que Vittorio Vidali estuviera ya, en aquellas fechas, encargado de algunas de las gestiones necesarias (como el traslado a París). En cualquier caso parece que el interés de Vidali por “sacarles” de Barcelona era, además de querido, muy importante.

  A la tercera pregunta, tenemos que decir que las referencias a los dos  ”camaradas” de los que se habla en la carta, puede ser un guiño precisamente a crear un alto grado de  confianza, máxime dada la condiciones de las actividades conocidas de Vittorio (propaganda, información reservada, espionajes), En principio, en aquellos fechas en que el ejército franquista estaba a las puertas de Barcelona, parece que la discreción debía ser importante. Pues bien, en la carta se habla de un “camarada delegado herido” del que dicen sacaron de Barcelona el 23 de enero por la mañana, y del que, aunque no se dice el nombre, se dice que era una historia que conocía Antonio Machado; del segundo “camarada” se dice que lo sacaron de Barcelona, parece, el  mismo día por la tarde, y del que dicen se llamaba Isidoro Acevedo. Destacamos ahora que ésta última identificación corresponde, casi con seguridad, al nombre que usaba Isidoro Rodríguez González, histórico comunista asturiano que participó en la fundación del Partido Comunista de España. Isidoro llegó a Moscú, exilándose después de finalizar la Guerra Civil española en Moscú, donde ocupó el cargo de presidente del Socorro Rojo Internacional hasta que murió en 1852. Recordamos que Enrique Castro Delgado, en su libro La pluma y la espada, nos cuenta una de sus visitas a “Torre Castañer” para visitar a Antonio Machado, y que iba acompañado de Carlos Contreras y Pedro Garfias.

Isidoro Acevedo, realmenteIsdidoro Rodriguez González

A la cuarta y quinta pregunta, decimos que sorprende la insistencia en preguntar a camaradas y amigos, al llegar a Figueras María y Carlos. Probablemente Figueras, por su cercanía a la Frontera, debió ser algo así como una base para “sacar” a los camaradas que necesitaran ayuda, y por ello podría haber sido un punto de encuentro. El encontrar a Jacinta Landa y creer que fue la que les indicó que Antonio Machado y familia estaban ya en Francia y en un pueblo cercano, puede considerarse prueba de lo dicho. Además indica que esta información tuvo que ser posterior al 29 de enero de 1939. Fecha en la que Antonio Machado llegó a Collioure, o posterior al 28 si Jacinta supiera la llegada a Francia por algún amigo común que se hubiera encontrado ese mismo día 28. Pienso en Julio Álvarez del Vayo, en Corpus Barga, en Santullano desde París, …

A la sexta pregunta consideramos que si María y Vittorio fueron posteriormente a estas fechas a París, sabiendo que los Machado estaban en un pueblo del sur de Francia, pero no sabiendo cual ni la dirección recurrieran y buscaran información entre los escritores antifascistas de Francia que vivieran en París.

A la séptima pregunta, consideramos que los evidentes motivos de seguridad, máxime siendo todos ellos personajes conocidos y destacados, obligaran a distorsionar algo las informaciones y certezas y a no decir claramente ni nombres ni direcciones. Tal vez por ello la palabra “creo” aplicada a la información de Jacinta Landa. Y por supuesto la utilización de los nombres “de batalla” de María y de Carlos, simplemente Carlos. En cuanto a Antonio Machado, solo se le nombra como Don Antonio.

VITTORIO VIDALI, conocido también por CARLOS CONTRERAS o COMANDANTE CARLOS.
TINA MODOTTI

La pregunta que nos podemos hacer ahora, conocidos los extremos de la carta que acabamos de comentar es un ejercicio casi de pura ficción, pero a la que es difícil sustraerse:  ¿Qué hubiera pasado si Antonio Machado hubiera sido recogido en Barcelona por Carlos Contreras (Comandante Carlos) y Tina Modotti?. Es sabida le eficiencia, dentro de las difíciles circunstancias del momento, del Partido Comunista de España para “sacar” a mucha gente de Cataluña con un primer destino en Francia. Casi con seguridad tendrían localizadas carreteras o caminos más o menos despejados o con poca afluencia de gente, camino del país vecino. Prueba de ello son los muchos que con su apoyo consiguieron huir de España en esos días y que en breve tiempo alcanzaron, no solo destinos en países europeos, americanos, y más específicamente en la URSS. Tal vez Antonio Machado y su familia, de haber sido recogidos en Barcelona por Carlos Contreras y Tina Modotti hubieran llegado a finales de enero o primeros de febrero a París, u otro lugar desde el cual pudieran haber seguido camino hacia Moscú o Londres, que fueron los destinos de los que recibieron mas ofertas de trabajo. Y en cualquiera de estos destinos ….. quien sabe como se hubieran organizado y si la quebrantada salud de Antonio Machado hubiera sido mejorada, proporcionándole mas tiempo de vida. Cosas que suceden en esta vida, pequeñas vicisitudes que pueden alterar nuestro destino inmediato…. Pero en fin, son meras especulaciones sin otro motivo que el reseñar como unos posibles o pequeños cambios, normalmente no previstos, pueden producir hechos que sí pueden condicionar el futuro, aunque solo sea el próximo..

FUENTES BÁSICAS UTILZADAS EN LA CONFECCIÓN DE ESTE ARTÍCULO.

1ª Datos e informaciones procedentes de escritos, grabaciones, notas y recuerdos de mi madre LEONOR MACHADO MARTINEZ, sobrina de Antonio Machado e hija de Francisco Machado Ruiz. Nacida en Toledo en 1924 y fallecida en Madrid en 2017.

2ª Datos e informaciones procedentes de escritos, grabaciones, notas y recuerdos de EULALIA MACHADO MONEDERO, sobrina de Antonio Machado e hija mayor de José Machado Ruíz. Nacida en Madrid en 1924 y fallecida en Madrid en 2010

3º Datos e informaciones procedentes de grabaciones video, notas y recuerdos de ANTONIO CASADO MACHADO, hijo de Eulalia Machado, que sobre la vida de su madre y sobre la suya, me aportó hace unos pocos años. Nacido en Moscú en 1945, vive en la actualidad en Praga.

4º Datos e informaciones contenidas en los manuscritos de ANTONIO MACHADO Y MANUEL MACHADO, que durante años han permanecido bajo custodia familiar y que hoy pertenecen al FONDO MACHADIANO de la FUNDACIÓN  UNICAJA.

5º Dada la inmensa cantidad de biografías, trabajos y ediciones sobre la vida y obras de Antonio Machado, consultadas en gran parte, no queremos indicar en concreto ninguna, refiriéndonos de forma general a todas, No obstante, dado el limitado alcance del presente trabajo artículo queremos destacar:

5.1. Monique Alonso. “Antonio Machado, el largo peregrinar hacia la mar””, publicado por Editorial Octaedro S.L. en diciembre de 2013.

5.2. Ian Gibson. «Ligero de equipaje». publcado por Santillana Ediciones Generales. S.L., 2006.

5.3 José Machado. “Últimas soledades del poeta Antonio Machado”.  1956. Santiago de Chile.

5.4 Amplia información que en ”las redes” se puede encontrar sobe los hechos tratados en estas páginas

5.5.  Antonio Campoamor González. “Antonio Machado, 1875 – 1939”, publicado por Sedmay Ediciones, S.A. en abril de 1976.

5.6.  Julio Cesar Chaves.  “Itinerario de don Antonio Machado” (De Sevilla a Collioure), Publicada por Editora Nacional en 1968.

5.7.  Arturo Serrano Plaja.. “Antonio Machado”.  Editorial Glem.  Buenos Aires, noviembre de 1944

Y por supuesto la obra, en verso o en prosa, de Antonio Machado.

ANTONIO MACHADO CAMINO DEL EXILIO Primera Parte II De Raset (Can Santa María) a Viladasens y Cerbere.

         Como ya hemos dicho, este grupo de intelectuales salió de Barcelona sobre las tres de la mañana del día 23 de enero de aquel año de 1939. Se desplazaban en un par de automóviles y una camioneta de la Sanidad Militar y bajo los reflectores encendidos por una inesperada alarma aérea. El primer destino era llegar a Gerona lo antes posible. El día era frio y moderadamente lluvioso. La carretera, a esas horas, ya tenía un tráfico abundante. Sobre las dos del mediodía pasaron por Gerona y el pueblo de Cerviá de Ter, parando en la entonces aldea de Raset, a unos dos o tres kilómetros de distancia. El continuo incremento de personas camino de la frontera francesa y los incesantes bombardeos aconsejaron detenerse en este lugar y no seguir el camino previsto hacia Figueras. Mejor pasar la noche en Raset que continuar, probablemente con los faros encencdidos dada la hora, y ser objetivo de los bombardeos aéreos. Al día siguiente, pensaban, continuarían de día el viaje hacia Francia.

         Se alojaron en una masía del siglo XIII. llamada Can Santa María, que, parece ser, estaba contratada, para albergar a refugiados que iban camino del país vecino. Esa mañana se habían marchado de esta Masía un grupo grande y los encargados de Can Santa María estaban esperando a este nuevo grupo de señores que, según las órdenes recibidas parecían importantes. Según la encargada, el mayor de los nuevos huéspedes, que era Antonio Machado, llegó muy cansado, y le ofreció un aguardiente para reanimarle, que le sentó aparentemente bien y reconfortante.

         La masía estaba en medio del campo, solitaria y tranquila. La casa era grande y en un estado relativamente de medio abandono, pero acogió a los nuevos huéspedes, que se repartieron por las diversas estancias, perfectamente. El descanso de la noche y la cena caliente, aunque fuera escasa, fue reparadora, a pesar de que ninguno de ellos pudiera olvidar la triste situación que estaban viviendo.

La masía de Can Santamaría esta situada en la a pedanía de Raset. Es un edificio que se puede fechar, aproximadamente, en los siglos XV-XVI. Es de planta rectangular y con una torre-mirador (en sus primeras fechas probablemente fortificada) mas elevada y en el ángulo sur-oeste de la masía. Las cubiertas, de estilo árabe, son a dos aguas. Los muros son de piedra y mortero, con los bordes pintados. Hay que destacar las ventanas de arco conopial con elementos ornamentales esculpidos. El acceso pincipal es una puerta de arco situada en un lateral. Hoy, restaurado el edificio, es el Museo Raset.

Raset. Can Santa María
Placa, actual, en Can Santa María

         Al día siguiente, 24 de enero, debido a que las bombas seguían cayendo y se oían cercanas las explosiones, se decidió permanecer un par de días más en aquella masía, esperando un mayor sosiego en los atronadores ruidos de los bombardeos.

         Los dos días siguientes, 24 y 25 de enero, fueron, en aquella masía y en aquél campo casi aislado, días de aparente paz. Con el tiempo en sus manos se formaban grupos y en ellos se reanudaban las tertulias en las que se hablaba de literatura y de proyectos. Es de suponer que se hablara por algunos de las vicisitudes de la guerra pero, según escritos posteriores de algunos de los allí reunidos, Antonio Machado procuraba no hablar de la guertra o comentar sobre ella, pasando el tiempo en estas improvisadas tertulias o contemplando desde cualquier ventana el campo de Cataluña. Nuevamente volvía a la contemplación del campo, como en otros tiempos y lugares. ¡El Guadarrama, la soriana laguna negra, el azul del Moncayo, los campos de Castilla, los olivares de Baeza, los montes de Cazorla, las tierras segovianas, las tierras valencianas cerca del mar abarrotadas de naranjos …

         De estos dos días se conserva una fotografía, tal vez de la mañana del día 26, tomada por el geólogo José Royo Gómez en los terrenos o jardines de la Can Santa María. En ella podemos distinguir a Antonio Machado, apoyado en su bastón, el mismo que la familia Machado ha conservado durante 80 años ( se lo trajo de Collioure su hermano Manuel Machado, cuando, enterado de la muerte de Antonio, consiguió llegar el 27 o 28 de febrero a este pueblo de la costa francesa)) y que ahora cedido a la Fundación Unicaja se puede contemplar en las actuales exposiciones que sobre el Fondo Machadiano se han  realizando en Sevilla, Madrid, próximamente en Málaga y luego, como dicen  los italianos “E cosí via”.  Antonio Machado, sujetando su bastón mira el suelo, a su derecha su hermano José, a su izquierda José Sacristán, Enrique Rioja y Juan Roura.

Antonio Machado, sentado y con su bastón sujeto por la mano iquierda, a su derecha su hermano José, a la iquierda de Machado José Sacristán, Enrique Rioja y Juan Roura
.

         De estos días recuerda Enrique Rioja que Machado era el que mayor dominio tenía sobre sus sentimientos o sensaciones, dejando traslucir su estoicismo y la serenidad de su espíritu, incluso, a veces, con un cierto humorismo. A los demás, sostiene Rioja, nos afloraba fácilmente la angustia y el dolor.

Can Santa María. Raset.

         El día 26 de enero, ya casi de nohe, sobre las seis de la tarde, llegó a  Raset una camioneta para recoger los equipajes de los que allí estábamos y para avisarnos a todos que saliéramos a la carretera en la que nos esperaban unas ambulancias enviadas desde Barcelona por la Sanidad Militar, para recoger a la expedición, a la familia Machado y a los demás intelectuales que con él estaban en Can Santa María. Nos cuenta José Machado en su libro «Últimas soledades del poeta Antonio Machado»: En estos casos, como casi siempre, los más ágiles llegaron antes que nadie a ocupar los mejores sitios. Y así, el poeta y su madre, que apenas podían andar se quedaron bastante retrasados. Como la oscuridad era ya completa, pasaron algún tiempo angustiosamente desorientados en medio del campo, a tientas, acompañados solamente de mi esposa y de mí. Al fin se logró dar con el coche en el que, materialmente prensados, se continuo el triste éxodo. Después de marchar por la cerretera un largo y penoso rato, entre las sombras de la noche, llegó el coche ambulencia a una masía, que se encontraba en el campo». Sigue José Machado: » Allí bajamos todos para entrar en esta nueva estancia y esperar al amanecer de un nuevo día» .

La masía se llamaba «Torre Mas Faixat», situada a unos pocos kilómetros a la izquierda de Viladasens, sobre una colina boscosa. Tenía esta masía una gran cocina en la que en el centro había un larga mesa de madera rodeada por grandes escaños o bancos también de madera, En esta estancia se fueron reuniendo los recién llegados junto a otras muchas personas que habían llegado antes. Entre éstos estaban varios amigos, como Corpus Barga. Algunos intentaban dormir un rato, colocando las manos debajo de las cabeza y ésta apoyada sobre la mesa de madera, pero apenas lograban conciliar el sueño.

Como relata José Machado «la guerra nos había matado el sueño a todos».

Sigue José Machado contando que en aquella cocina pasaron toda la noche y que «el alba nos iba a encontrar a todos más viejos que cuando llegamos…. en aquella noche demoníaca entraban y salían milicianos con sus mantas y fusiles, cargados además de grandes ramas para ravivar el fuego de la chimenea, ya casi extinguido, el frío del amanecer se sentía hasta la médula de los huesos…. El poeta, entumecido y agobiado, guardaba el más profundo silencio». Observaba cómo las gentes que le acompañaban recogían y ordenaban, si ésto era posible, sus ya escasos bagajes, para estar prestos para seguir el triste camino del destierro. «Así pasaron esta última noche en Españana el poeta con su madre y sus dos familiares, extenuados de cansancio y de angustia»

Torre Mas Faixat
Mapa de la zona de Raset y VilaDSASENS

         Aquí pasaron la última noche en España. Antonio Machado y los suyos, los intelectuales que les acompañaban desde Barcelona y otras veinte personas, aproximadamente, la mayoría estudiantes que con ellos se juntaron en esta Masía, entre ellos Antoni Trías Pujol, que realmente fue el organizador de la expedición en la que iba Antonio Machado y la que llegó con el propio Antoni Trias

Antoni Trías i Pujol, de 47 años. Se doctoró en Medicina en la Universidad de Barcelona en 1917. Entre 1920 y 1927 fue catedrático de cirugía quirúrgica en la Universidad de Salamanca y en 1927 lo fue en la de Barcelona. Participó en los sucesos que llevaron a la proclamación del Estado catalán en octubre de 1934,  siendo detenido y encarcelado en el buque Uruguay. Al final de la guerra en 1939 se exilió en Bogotá (Colombia).

Torre Nas Faixat en las afueras de Viladasens

Con las pimeras luces del amanecer del día 27 de enero se reanudó la marcha, llegando a Portbou al anochecer, a la frontera, y ya en Francia a la estación de Cerbere.

El itinerario de este trayecto final entre Viladasens y Cerbere (Francia) es confuso. En las circunstamcias en las que estaban todos los que querían llegar al país vecino, la angustia y el miedo que les embargaba, apenas les sugería el ir anotando o tamando nota de los lugares por los que pasaban ni las visicitudes que ocasionalmente tuvieron que vivir. Por ello, los que meses más tarde escribieron sobre estos días, y en concreto de éstos 26 y 27 de enero de 1939, se tuvieron que basar solo en los recuerdos que tenian y por lo tanto en la memoria. Y los recuerdos y la memoria, sin datos escritos para contrastar, pueden producir pequeñas divergencias con lo que realmente pasó.

No obstante, y conforme con lo que opina Ian Gibson en su libro «ligero de equipaje», pag.616, parece que la versión más detallada de este último itinerario hasta Francia es la que debemos a Joaquín Xirau, que buen conocedor de la zona al haber nacido en Figueres, nos cuenta que la caravana, formada por tres ambulancias, salió de Viladasens en la mañana del 27 de enero dirigiédose a la carretera nacional. La primera parada se efectúa en el pueblo de Báscara para recoger a unos ancianos familiares que estaban en una casa ya abandonada. Siguen por la carretera y en el puente del rio Fluviá se tienen que detener las tres ambulancias al estar la carretera totalmente obturada, bloqueada por la gente y sus vehiculos. En la oscuridad de la noche las ambulancias maniobraron para retroceder y continuar por caminos secundarios hasta el pueblo de Torraella de Montgrí, hoy Torraella de Fluviá. Realmente están dando un rodeo importante, pero parece ser que necesitaban gasolina, o el combustible que procediera para aquellas ambulancias, y en éste pueblo debiera haberla. Pero no, no la había y tienen que seguir hasta La Escala donde tras superar dificultades administrativas consiguen repostar. Al terminar este abastecimiento sufren un ataque de la aviación franquista. Todos se refugian entre las rocas próximas, menos Antonio Machado y su madre que permanecen en la ambulancia. Pasado el peligro reinician el viaje pasando por La Armentera, San Pere del Pescador y Castelló de Ampuries. De esta población se toma camino hacia Figueres, que había sufrido fuertes bombardeos en los días inmediatos anteriores.

Encuentran la población abarrotada de gentes que marchan, en coche o a pié, hacia la frontera. Y deciden seguir hacia Francia por la costa y entrar por Port Bou. Giran hacia el mar y llegan al Port de la Selva, cerca de Cadaqués. Del Port de la Selva siguen hasta Llansá a donde llegan en plena alarma de bombardeo. De esta localidad a Francia solo quedan 25 kilómetros. Pero el tiempo va empeorando y llueve cada vez más. Por momentos la carretera se hace más intransitable. Corpus Barga, meses después. escribe «Por los caminos se arrastran miles de hombres, mujeres y niños, con sus ajuares y animales…. que habían llegado de lejos, en toda clase de vehiculos o carros», Es una auténtica estampida hacia ls frontera. Continuamente hay alarmas y se escuchan explosiones de bombas y obuses. Pero Antonio Machado no baja de la ambulancia, piensa y dice que «si le cayera una bomba, como ésta lleva en si misma la solución definitiva del problema vital, no había por qué apresurarse tanto»,

Parece que a quinientos metros de la frontera el atasco ya es insuperable y las ambulancias se paran definitivamente, quedando abandonadas al tener que llegar la gente andando a «la cadena» de la frontera. Casi todos dejan en los coches la mayoría se sus pertenencias. Solo quedaba una cuesta, una larga pendiente. Entre el desnivel, el frío, la lluvia, el cansancio y el agotamiento, este final fue atroz. Anochecía cuando cruzan la frontera, Matea y José Machado tuvieron que pasar un control sanitario. A Antonio Machado y a su madre no les ponen pegas, Corpus Bargas, que iba bien documentado explica que Machado es un escritor muy conocido, algo así como un Paul Valery español y los visados se firman sin problemas. En la casa de los gendarmes les dan un trozo de queso y una rebanada de pan. Parece que en un coche de un inspector francés acercaron a Antonio Machado y a su madre a la estación de Cerbere, situada a cuatro kilómetros. Allí esperan, en la cantina, a José y a su mujer, que llagan algo mas tarde.

FUENTES BÁSICAS UTILZADAS EN LA CONFECCIÓN DE ESTE ARTÍCULO.

1ª Datos e informaciones procedentes de escritos, grabaciones, notas y recuerdos de mi madre LEONOR MACHADO MARTINEZ, sobrina de Antonio Machado e hija de Francisco Machado Ruiz. Nacida en Toledo en 1924 y fallecida en Madrid en 2017.

2ª Datos e informaciones procedentes de escritos, grabaciones, notas y recuerdos de EULALIA MACHADO MONEDERO, sobrina de Antonio Machado e hija mayor de José Machado Ruíz. Nacida en Madrid en 1924 y fallecida en Madrid en 2010

3º Daos e informaciones procedentes de grabaciones video, notas y recuerdos de ANTONIO CASADO MACHADO, hijo de Eulalia Machado, que sobre la vida de su madre y sobre la suya, me aportó hace unos pocos años. Nacido en Moscú en 1945, vive en la actualidad en Praga.

4º Datos e informaciones contenidas en los manuscritos de ANTONIO MACHADO Y MANUEL MACHADO, que durante años han permanecido bajo custodia familiar y que hoy pertenecen al FONDO MACHADIANO de la FUNDACIÓN  UNICAJA.

5º Dada la inmensa cantidad de biografías, trabajos y ediciones sobre la vida y obras de Antonio Machado, (la biblioteca Nacional de España cita más de 450 títulos) consultadas en gran parte, no queremos indicar en concreto ninguna, refiriéndonos de forma general a todas, No obstante, dado el limitado alcance del presente trabajo artículo queremos destacar:

5.1. Monique Alonso. “Antonio Machado, el largo peregrinar hacia la mar””, publicado por Editorial Octaedro S.L. en diciembre de 2013.

5.2. Ian Gibson. «Ligero de equipaje». publcado por Santillana Ediciones Generales. S.L., 2006.

5.3 José Machado. “Últimas soledades del poeta Antonio Machado”.  1956. Santiago de Chile.

5.4 Amplia información que en ”las redes” se puede encontrar sobe los hechos tratados en estas páginas

5.5.  Antonio Campoamor González. “Antonio Machado, 1875 – 1939”, publicado por Sedmay Ediciones, S.A. en abril de 1976.

5.6.  Julio Cesar Chaves.  “Itinerario de don Antonio Machado” (De Sevilla a Collioure), Publicada por Editora Nacional en 1968.

5.7.  Arturo Serrano Plaja.. “Antonio Machado”.  Editorial Glem.  Buenos Aires, noviembre de 1944

Y por supuesto la obra, en verso o en prosa, de Antonio Machado.

ANTONIO MACHADO CAMINO DEL EXILIO Primera Parte I De Barcelona a Can Santa María (Raset).

         Finalizaba el año 1938 cuando el 23 de diciembre las tropas nacionales rompieron la línea en el frente catalán. Aunque se esperaba, éste momento significó definitivamente la convicción de que el conflicto bélico estaba irremediablemente perdido para el bando republicano, el inicio del fin de la guerra era ya una certeza.       

         El día 25 la noticia se propagó por el campo y por los núcleos urbanos y la gente comenzó a huir a lugares en los que confiaba sentirse segura, y muchos pensaron en salir de España, en marchar a Francia. Comenzaba para muchos el camino del exilio.

         El día de fin de año la sensación de derrota se extendió a las zonas de combate convirtiendo la retirada republicana en un auténtico desastre.

         El 15 de enero las tropas nacionales conquistaron Tarragona. Ya no cabía ninguna duda, el fin era cuestión de horas, como mucho de unos pocos días

         El 20 cayó Vendrell, el 21 Villafranca del Penedés, el 22 Sitges y el 24 Manresa.  Se sentía la certeza de que Barcelona sería ocupada en cuestión de días, pocos días. 

En uno de estos días, lo mas probale es que fuera el día 20, mi abuelo, Francisco Machado, su esposa Mercedes Martínez y sus tres hijas Ana, Mercedes y Leonor (esta última fue mi madre) saliron de Barcelona, desde su última residencia en el Hotel España, situado en la calle San Pablo, junto a las Ramblas. Cuenta mi madre que «fueron en una camioneta tapados por mantas de color claro, por la costa ; de repente decían que había que quitárselas de encima por resultar un blanco fácil de localizar para los cañones de los barcos, cuyos obuses caían constantemente, y cada rato … ¡todos a las cunetas!». Mi madre, la más joven de las tres hermanas, tenía 15 años. «Antes de llegar a la frontera nos encontramos, cerca de Figueras, con Joaquín y su esposa (Joaquín Machado y Carmen López Coll), que iban en otro grupo, Recuerdo un fuerte abrazo y un «adiós» al despedirnos». Mi madre volvió a ver a su tía Carmen cuando, fallecido su tío Joaquin en Santiago de Chile, ésta regresó a España a finales de los cincuenta. Por aquellas fechas mis padres vivían a la calle Alonso Cano 65 de Madrid, y la tía Carmen fue a vivir, hasta su muerte, a una pensión llamada «Pilar» situada en el edificio de al lado, número 63 de la misma calle.

         Pero volvamos a Barcelona, al 22 de enero de 1939 y a la Torre Castañer, domicilio de Antonio Machado. Ese día «le habían pedido un artículo sobre el general Rojo y como se retardaban en ir a recogerlo Antonio Machado telefoneó para que enviasen a por él. Una hora más tarde llegó un ciclista del Ministerio de Propaganda para llevar aquél trabajo a su destino». Éste fué el último trabajo que escribió Antonio Machado en España, aunque no llegó a ser publicado entonces. Como se puede apreciar Antonio Machado estuvo colaborando con su trabajo en favor de la República hasta el último momento de su estancia en Barcelona,

Era inminente la llegada a Barcelona del ejercito rebelde.  Aquél 22 de enero la guerra comenzaba su última y definitiva etapa. La República había perdido y el futuro inmediato de muchos españoles era incierto, por no decir nada o poco seguro, si se permanecía en tierras peninsulares.

         El caos se desencadenó en Barcelona y desde esta ciudad salieron miles de vehículos cargados de gentes, civiles y militares, y muchos millares de personas salieron a pie, todos en dirección a Gerona, con la esperanza de cruzar pronto la frontera con Francia.

         Una semana antes, desde el Decanato de la Universidad, se había avisado a Antonio Machado para que estuviera preparado para salir de la ciudad con un grupo de intelectuales

         Recordemos que las tropas franquista entraron en Barcelona el día 26 de enero de 1939

         Y así, aquel penúltimo domingo de enero de 1939, ya entrada la tarde y con las primeras sombras de la anochecida, Antonio Machado salió con los familiares que le acompañaban en la “Torre Castañer” hacia la Dirección de Sanidad de Barcelona, en un coche que les envió el doctor José Puche Álvarez, iniciando, como muchos españoles en aquellas fechas, el camino del exilio.

En las dependencias de este organismo esperaron varias horas. Sobre las tres de la madrugada del día 23 de enero, acompañados de unas veinte personas, la familia Machado sale de estasv depedencias de sanidad. Según el Diario escrito por el profesor Dr. D. José Royo Gómes, abandonan Barcelona el 23 de enero de 1939, a las 3,30 de la madrugada, después de un gran bombardeo. Salen de Sanidad en una camioneta. En ella va la familia Royo: su esposa Inocenta, sus hijos Josefa y José, y el profesor Royo. Además iban Joaquín Xirau, folósofo; Joaquín Sacristán, filólogo: Enrique Rioja, zoólogo; Roura, y Molés, catedrático de Química de la Universidad de Madrid. Se unen al grupo, y les siguen en su automóvil, Machado y sus familiares. A las nueve de la mañana llegan a Gerona, y siguen a Cerviá de Ter. Se instalan en una masía, Can de Santamaría, en Raset.».

En realidad parece que Joaquín Xirau sube, con su mujer Pilar, al automovil del Doctor Puche. En cualquier caso la caravana se pone en marcha enfilando la carretera del la costa pasando por Masnou, Premiá de Mar, Vilassar de Mar, Mataró, Arenys de Mar, Canet de Mar y Malgrat de Mar. Apenas alcanzan las afueras de Barcelona comienzan a sonar las alarmas, a verse en el cielo los rayos de los reflectores y a escucharse las explosiones de las bombas que caen en las proximidades.

Al llegar a Malgrat de Mar la comitiva gira a la izquierda, hacia el interior, para alcanzar Girona. La ciudad está atestada de vehículos abarrotrados de gente que huye hacia Francia, y de camiones cargados de todo tipò de bienes y de muebles, que medio bloquean algunas calles.

Joaquín Xirau recuerda estar largas horas detenidos en Girona, el atascco era monumental. No obstante los coches consiguen salir de la ciudad y tomar camino de Cerviá de Ter, población a escasos diez kilómetros de distancia. y de aquí a Raset situado a unos tres kilómetros de distancia. Este pueblo y su principal masía era una de las elegidas por las autoridades para el descsnso de los refugiados antes de que pudieran dar o intentar el último salto hasta la vecina Francia. El alcalde de Cerviá les ofrece algo caliente para comer.

En Raset son recibidos y alojados en la masia llamada Can Santa María. El cansancio, el agotamiento, la preocupación por los bombardeos y el miedo que éstos producían, aconsejaban, al haber caido la tarde y llegar la noche, esperar al día siguiente para seguir el viaje. Además la escasa luz que se iba imponiendo en los cielos sugería que no era acertado el seguir con los focos de los coches encendidos, al convertirse éstos en reclamos para los aviones y objetivos para los cañones de los barcos.

Masía Can Sa<nta María en Raset.

A ésta expedición de escritores y profesores que llegan a Raset, a Can Santa María, y que acompañaban a Antonio Machado se van incorporando en los dos días siguientes otros «intelectuales» con los que, más o menos juntos, llegarán a Francia. De algunos de ellos indicamos a continuación unos breves datos biografícos:

Carles Riba, de 46 años, nacido en Barcelona. Estudió Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, donde adquirió una importante formación helenística. Se casó en 1916 con la también poetisa Clementina Arderiu. Su formación clásica se completó con viajes a Italia y Grecia durante los años 20. Comprometido con las causas catalanista y republicana, se vio obligado a exiliarse en Montpellier (Francia) tras la victoria de la rebelión franquista que acabó con el gobierno republicano en 1939. En su salida al exilio acompañó el último viaje del poeta Antonio Machado. De nuevo en España, en 1943.

Carles Riba

Emilio Mira López, de 43 años.  (Santiago de Cuba, 1896-Petrópolis, 1964) Psicólogo y psiquiatra español. Fue el primer catedrático de psiquatría (1933) de la Universidad Autónoma de Barcelona. Al finalizar la guerra civil española se trasladó a Brasil, donde fundó la revista Archivos Brasileiros de Psicotecnia.

Emilio Mira López

Enrique Rioja, de 44 años. Enrique Rioja Lo Bianco (Santander, 1895 – México, 1963), realizó los estudios medios en el Instituto de Santander y obtuvo en 1916 el título de licenciado y doctor por la Universidad Central (Facultad de Ciencias, Sección de Naturales). Colaboró activamente también en las iniciativas culturales de la administración educativa republicana perteneciendo al Consejo Nacional de Cultura o participando en las Misiones Pedagógicas. En 1937 se hizo cargo de la dirección del Instituto Obrero de Valencia, desde donde se trasladó a Barcelona para poner en marcha y dirigir el Instituto Obrero de esa ciudad. El compromiso de Rioja con la política cultural republicana le conducirá al exilio al finalizar la Guerra Civil. Su destino, como el de un buen número de científicos y profesores españoles, será México.  

Enrique Rioja

J. Royo y Gómez,  de 44 años. y esposa. ( Castellón de la Plana, mayo de 1895 – Caracas, diciembre de 1991) fue un geólogo nacido en España que, tras exiliarse a causa de la Guerra Civil, desarrolló gran parte de su actividad profesional como catedrático universitario en Colombia y Venezuela, donde algunas instituciones llevan su nombre. Inició su carrera en la Universidad Central de Madrid haciendo el doctorado en Ciencias Naturales (Geología y Paleontología), con premio extraordinario. Durante la guerra civil española fue nombrado director general de Minas y Combustibles. En 1937, viajó a Moscú al frente de la delegación española para participar en el XVII Congreso Geológico Internacional.

J. Royo y Gómez

Joaquín Xirau Palau, 44 años. (Figuera 1895, México 1946) ​ fue un filósofo    y Pedagogo   español. Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona, se exilió en México tras la guerra civil. En Madrid fue discípulo de Ortega y Gasset, García Morente y especialmente de Manuel Bartolomé Cossío, con el que formó su vocación filosófico-pedagógica siguiendo los principios de la Institución Libre de Enseñanza, «la educación como obra de amor». Entre 1929 y 1938 fue docente de la Universidad de Barcelona, en la que llegó a ser decano de la facultad de filosofía y letras. En el capítulo político fue miembro de la Unión Socialista de Cataluña.  Durante la guerra civil española, Xirau, cuya postura republicana y su honestidad estuvieron en todo momento del lado de la tolerancia y la caridad, dejó su claro pensamiento en artículos como «Charitas», publicado en 1937 por la revista Madrid,2​ cuya dirección presidía en Barcelona Antonio Machado. Al final de la contienda, en enero de 1939, y ante la inminente ocupación de la ciudad, él y Pilar Subías, su esposa, salieron de Barcelona en una ambulancia proporcionada por José Puche Álvarez, Director General de Sanidad, y formando parte de una expedición de escritores y profesores, entre quienes se encontraban también Machado, su madre y su hermano José. Pasaron su última noche en España, la del 26 al 27 de enero, en Viladasens

Joaquín Xirau i Palau

Josep Xirau i Palau, tenía 46 años. Figueras 1893 – Villefranche sur Mer 1982. Se licenció en Derecho y después de completar estudios en Suiza, Alemania e Italia fue catedrático de derecho procesal en las  Universidades de Murcia y Sevilla, hasta que en 1925 fue nombrado catedrático en la Universidad de Barcelona. Fue elegido diputado al Congreso por Barcelona en las primeras elecciones generales de la II República.  Al final de la Guerra Civil debió exiliarse en Francia, donde empezó a trabajar en las oficinas de la UNESCO hasta su jubilación.

Josep Xirau i Palau

Roura Parella, Juan. Tenía 41 años Nació en Tortellá (Gerona), 29.VI.1897 – Middletown, Connecticut (Estados Unidos), XII.1983. Filósofo y pedagogo. Estudió en la Universidad de Barcelona, donde se doctoró con la tesis Educación y Ciencia, que publicaría posteriormente en México. Amplió estudios en las Universidades de Madrid y Berlín, donde estuvo pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios y donde siguió cursos de pedagogía, sociología y psicología. Fue profesor de pedagogía, ética y sociología en la Universidad de Barcelona hasta 1939, fecha en la que, tras una breve estancia en Francia, se trasladó a México.

Juan Roura Parella

Pedro Carrasco Garrorena, tenía 56 años. 1883 – 1966 Fue uno de esos físicos españoles de los que muy poca gente habla. En pocas facultades de Física de España se le menciona y en muchas ocasiones pasa desapercibido. Fue uno de esos científicos a los que la dictadura franquista forzó a emigrar a pesar de su relevancia para la ciencia en España. Quizá por eso sea más conocido en el país que lo acogió, México.En Madrid, cursó la carrera de Ciencias Físicas entre 1900 y 1904. En 1905 se presentó a una oposición para acceder al Observatorio Astronómico de Madrid, plaza que consiguió. El Observatorio Astronómico de Madrid se involucró en la observación del eclipse solar del 17 de abril de 1912 en la localidad de Cascabelos (León). Pedro mantiene que la educación con alcance universal es el camino para solucionar los problemas sociales y políticos para conseguir que la civilización humana pueda progresar. Posteriormente, durante la Segunda República fue ganando posiciones en la escala académica gracias a la acumulación de diversas cátedras. Sin embargo, tras el golpe de Estado de 1936 contra el gobierno legítimo de la segunda república, impulsado por Francisco Franco y otros cargos de la cúpula militar, se anuncia mediante una orden publicada en el Boletín Oficial del Estado de 7 de febrero de 1939, que «Dados los antecedentes completamente desfavorables y en abierta oposición con el espíritu de la Nueva España de los señores catedráticos que a continuación se relacionan…» se separó del servicio a diez catedráticos entre los que se encontraba Pedro Carrasco Garrorena. Tras esta notificación comienza el exilio de Pedro. Durante los primeros días se le encuentra en Toulouse donde, además de Francia e Inglaterra, había recibido ofertas de trabajo. Finalmente se decide por emigrar a México llegando ese mismo año con su mujer Magdalena y su hijo Pedro.

Pedro Carrasco Garronera

Corpus Barga.  Andrés García de la Barga y Gómez de la Serna, conocido por el seudónimo Corpus Barga (Madrid 1887 – Lima 1975), fue un periodista, memorialista y escritor español. Destacado corresponsal europeo del periodo de entreguerras del siglo xx, llegó a cruzar el Atlántico en un dirigible y a entrevistar a personajes como     Churchil, Hindenburg, Hitler, Lenin, Mussolini o el papa . Con el estallido de la guerra civil española, a pesar de su condición de miembro de la alta burguesía aristocrática española, Corpus Barga se mantiene fiel a la Segunda República española.​ Así, hasta su exilio a principios de 1939, su «trabajo tendrá como única finalidad apoyar la República»,​ colaborando con publicaciones como El Mono Azil y Hora de España entre otras actividades, y fue coprotagonista de dos episodios –tan estremecedores como relevantes– relacionados con la cultura de España durante la Guerra, como así fuera la operación de salvamento del Museo del Prado  y su tesoro, y el posterior traslado de Las Meninas a Ginebra. En ese contexto, participó en el II Congreso  Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en julio de 1937 en Valencia.

También acompañó a  Antonio Machado en la dramática salida de España del poeta y otros intelectuales republicanos. Pero a pesar de los esfuerzos y trámites de Corpus Barga con la Embajada de la República en París, Machado y su madre, víctimas del esfuerzo y la desesperanza murieron en Collioure, pocos días después.

En Francia, Corpús colaboró con el gobierno de la Segunda República en el exilio y participó en la fundación de la Unión de Intelectuales Españoles en Francia. Con otro miembro de esta organización, José María Quiroga Pla y su amigo en común, Max Aub, también colaboró en Unión el boletín de la (UNE), creada por el Partido Comunista de España.​ Presionado por los efectos de la ocupación alemana Barga abandonó Francia en 1948 para trasladarse a Perú, en cuya capital residiría ya hasta su muerte.

Corpus Barja y J. Zugazagoitia

este último, ex ministro de la II República Española, no se desplazó a Francia en esta expedición pero sí estuvo en Collioure en el entierro de Antonio Machado

Tomás Navarro Tomás  (La Roda 1884 – Northampton  EEUU 1979) fue un filósofo, bibliotecario, ensayista y lingüista y director de la Biblioteca Nacional de España investigador en la JAE y científico de ideología republicana, se exilió en 1939, recalando en Estados Unidos, donde fue cofundador de la Academia Norteamericana de la lengua española.

Discípulo de Ramón Menéndez Pidal , se doctoró en Madrid en 1908 y entró en el Cuerpo Facultativo de Bibliotecarios y Archiveros.

Entre 1912 y 1913 fue becado por la JAE para estudiar fonética y dialectología en universidades francesas, alemanas y suizas. Al su regreso comenzó a colaborar con Menéndez Pidal en la fundación de la Revista de Filología Española y fue elegido para dirigir el laboratorio de fonética del Centro de Estudios Históricos, asociado a la JAE.  Con el musicólogo Eduardo Martínez Torner, y dentro de la tarea de recolección de la música tradicional española, compiló entre 1931 y 1933 el llamado Archivo de la Palabra, donde quedaron grabadas las voces de destacados personajes públicos de todas las esferas (grabaciones que fueron conservadas, y tras el paréntesis del franquismo editadas por la recuperada Residencia de Estudiantes). Ingresó en la Academia de la Lengua Española el 19 de mayo de 1935, para ocupar el sillón «n» minúscula, con un discurso sobre El acento castellano. Fue director de la Biblioteca Nacional de España entre 1936 y 1939, y se le considera uno de los principales responsables de salvar gran parte del tesoro bibliográfico español del bombardeo de Madrid durante el largo asedio a que el bando sublevado sometió a la capital de España. En 1937 tomó parte activa en el Ii Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. En enero de 1939 abandonó España con otros intelectuales republicanos, entre ellos Antonio Machado, hacia Francia. Perdida la causa republicana, tras la Guerra Civil Española se exilió con su familia en Estados Unidos, donde ocupó la cátedra de Filología hispánica en la Universidad Columbia (Nueva York) hasta su jubilación (1939 y 1952). En los años cuarenta su nombre fue tachado de algunos de sus libros por la censura franquista

Tomás Navarro Tomás

Josep Pous i Page, Figueras 1873 – Barcelona 1952, fue un escritor, periodista y político escritor,. En 1903 se trasladó a Barcelona, donde se interesó por el periodismo político y colaboró en El Pòble Catalá hasta su desaparición en 1918, a la vez que se dedicaba a la literatura con el pseudónimo de Josep Piula. En 1909 fue detenido a raíz de un artículo del Poble Català y estuvo en prisión durante un mes. En 1914 recibió una subvención municipal gestionada por y s hizo empresario teatral asociado con Evarist Fábregas Pámies  , y así pudo estrenar la mayor parte de sus obras teatrales. Aun así, sería más conocido por su novela La vida i la mort de Jordi Fraginals (1912), con la cual logró el estilo narrativo y la fórmula novelesca que siempre había tratado de conseguir, entre el realismo y el psicologismo, con influencias de Angél Guimerá y Santiago Rusiñol.  En 1939, al acabar la Guerra Civil Española  se exilió en México hasta 1944, cuando regresó a Barcelona

Josep Pous i Page

José Puche Álvarez, nacido en Lorca en 1895 y fallecido en México en 1979.ue un médico y científico español. Destacó por su labor de coordinación en el Exilio republicano español en México. Educado en la Universidad de Barcelona, se especializó en fisiología en Utrech. Bruxelas, Gante y Suecia. Doctorado en Madrid en 1929, obtuvo las cátedras de Valencia y Salamanca. Fue rector de la Universidad de Valencia de 1936 a 1938, en plena  Guerra Civil, al tiempo que ocupó el cargo de Director General de Sanidad. Al final de la guerra se exilió en México

José Puche y Álvarez

José María Sacristán Colás. Nació en Madrid, 9 de octubre de 1902.  Su padre era directivo de una cadena de periódicos de izquierda: El Liberal y El Heraldo, entre otros. Murió en la Ciudad de México, con 84 años  de edad. En 1925 solicitó y se le expidió el título de licenciado en Derecho.  En 1928. sacó la plaza de catedrático de Derecho Mercantil en la Universidad de Santiago. Al terminar la guerra se exilió a París, donde estuvo unos meses

José María Sacristán Colás

FUENTES BÁSICAS UTILZADAS EN LA REDACCIÓN DE ESTE ARTÍCULO.

1ª Datos e informaciones procedentes de escritos, grabaciones, notas y recuerdos de mi madre LEONOR MACHADO MARTINEZ, sobrina de Antonio Machado e hija de Francisco Machado Ruiz. Nacida en Toledo en 1924 y fallecida en Madrid en 2017.

2ª Datos e informaciones procedentes de escritos, grabaciones, notas y recuerdos de EULALIA MACHADO MONEDERO, sobrina de Antonio Machado e hija mayor de José Machado Ruíz. Nacida en Madrid en 1924 y fallecida en Madrid en 2010

3º Daos e informaciones procedentes de grabaciones video, notas y recuerdos de ANTONIO CASADO MACHADO, hijo de Eulalia Machado, que sobre la vida de su madre y sobre la suya, me aportó hace unos pocos años. Nacido en Moscú en 1945, vive en la actualidad en Praga.

4º Datos e informaciones contenidas en los manuscritos de ANTONIO MACHADO Y MANUEL MACHADO, que durante años han permanecido bajo custodia familiar y que hoy pertenecen al FONDO MACHADIANO de la FUNDACIÓN  UNICAJA.

5º Dada la inmensa cantidad de biografías, trabajos y ediciones sobre la vida y obras de Antonio Machado, consultadas en gran parte, no queremos indicar en concreto ninguna, refiriéndonos de forma general a todas, No obstante, dado el limitado alcance del presente trabajo artículo queremos destacar:

5.1. Monique Alonso. “Antonio Machado, el largo peregrinar hacia la mar””, publicado por Editorial Octaedro S.L. en diciembre de 2013.

5.2. Ian Gibson. «Ligero de equipaje». publcado por Santillana Ediciones Generales. S.L., 2006.

5.3 José Machado. “Últimas soledades del poeta Antonio Machado”.  1956. Santiago de Chile.

5.4 Amplia información que en ”las redes” se puede encontrar sobe los hechos tratados en estas páginas

5.5.  Antonio Campoamor González. “Antonio Machado, 1875 – 1939”, publicado por Sedmay Ediciones, S.A. en abril de 1976.

5.6.  Julio Cesar Chaves.  “Itinerario de don Antonio Machado” (De Sevilla a Collioure), Publicada por Editora Nacional en 1968.

5.7.  Arturo Serrano Plaja.. “Antonio Machado”.  Editorial Glem.  Buenos Aires, noviembre de 1944

Y por supuesto la obra, en verso o en prosa, de Antonio Machado.

SOBRE «CAMPOS DE CASTILLA»

Sobre Campos de Castilla.
Por Manuel Álvarez Machado

La plateada luz de la noche proyectaba los contornos de los árboles y arbustos, de algunos muros y rocas, creando sombras oscuras rodeadas de otras más tenues. La noche había sido lenta sobre aquel tren que con destino Soria había partido uno de los últimos días de abril de 1907 de un Madrid ya anochecido. Uno de sus pasajeros era un joven de casi 32 años, alto, delgado, traje gris, casi negro; una pequeña maleta, un abrigo de paño, un sombrero y probablemente un bastón, descansaban sobre las redes que destinadas a albergar ropas y equipajes discurrían a lo largo de los laterales interiores del vagón, por encima de las ventanas y sujetas a una sencilla estructura de madera,. Su cara serena, tranquila, su nombre Antonio, Antonio Machado.

Yo, para todo viaje
– siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera -,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
Y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren.
Y, sin embargo, voy bien.
………………………………………….
Luego, el tren, al caminar,
siempre nos hace soñar:
y casi, casi olvidamos
el jamelgo que montamos.

Antonio Machado iba a la ciudad castellana para tomar posesión de la Cátedra de Lengua Francesa en el Instituto General y Técnico de Soria, destino que había elegido al obtener plaza en las oposiciones a cátedras de Francés que se habían resuelto el día 4 de ese mes de abril.

De Madrid a Torralba, ciento cincuenta kilómetros y casi cinco horas de viaje. Cambio de tren en mitad de la noche, otra máquina y otros vagones; tres horas más hasta Soria, a cien kilómetros de distancia. 

Probablemente iría soñando despierto, mas bien recordando y pensando. Hacía tres años que su abuela paterna, Cipriana Álvarez Durán, había muerto; siempre había vivido con sus nietos o estado muy cerca de ellos, y durante muchas noches y anocheceres, siendo niños, o no tan niños, les había leído libros, en castellano y en francés. Habían aprendido las bases del idioma vecino con ella, que a su vez lo había aprendido en su infancia, al acompañar a su padre José Álvarez Guerra en el exilio de éste en Reims, por ser liberal. Contaba a los nietos que en casa de su padre hablaban desde niños, ella y sus hermanos, frecuentemente en francés, bajo la tutela de un profesor y del propio padre. Curiosa la casualidad que aquel bisabuelo de los Machado, extremeño de Zafra, hubiera sido durante un tiempo, en 1826, Gobernador Civil de Soria.

También habían aprendido francés, Antonio y sus cinco hermanos, con su abuelo Antonio Machado Núñez, Catedrático de Ciencias Naturales en la Universidad de Sevilla y en la Central de Madrid, que en su juventud, siendo médico, había vivido en Guatemala (1839 a 1841), viajado como investigador naturalista por Belice, San Salvador, Honduras y algunas islas de Las Antillas, entre ellas Cuba, y residiendo, después, en Francia y Alemania, en París entre 1841 y 1844, aprendiendo francés, ampliando estudios y colaborando en la Sorbona con Becquerel, Orfila y Constant Prevost, y en la primavera de 1844 en el sur de Alemania, donde conoció al que sería su suegro, José Álvarez Guerra, y a la hija que le acompañaba, con la que se casó en Sevilla “en matrimonio secreto,”. Y como no, aprendiendo el idioma también de su padre Antonio Machado Álvarez.

Antonio Machado, en 1899 , entre los meses de junio y octubre vive con su hermano Manuel en París; regresa a la capital francesa en abril de 1902 para permanecer hasta agosto del mismo año. En la primera estancia trabajan como traductores para la editorial Garnier y conocen personalmente a Oscar Wilde y Jean Moréas, el primero en los últimos compases de su agitada vida, Moréas en el punto álgido de su fama literaria. En el segundo viaje trabaja en el Consulado de Guatemala, a las órdenes de Enrique Gómez Carrillo. Curioso que éste escritor Guatemalteco se cambiara o modificara sus apellidos, realmente se llamaba Gómez Machado; Gómez Carrillo fueron los apellidos de su padre, siendo Machado el de su madre, y curioso también que en su tierra natal, Guatemala, colaborara y conociera a un primo hermano del padre de nuestros poetas, llamado Antonio Machado Palomo, hijo de Manuel Machado Núñez. En este punto cabe recordar que una hermanastra de Machado Palomo, María Machado Ugarte fue durante largos años la novia de D. Francisco Giner de los Ríos.

El tren y la lengua francesa le llevaban a Soria, a tierras de Castilla. Y con la especial intensidad que un gran poeta sabe desarrollar, captó la esencia de los campos de Castilla, de sus bosques, ríos y lagunas, picos, riscos y montañas, de las gentes que allí viven, y …. se enamoró de la que fue su mujer, Leonor.

Cinco años mas tarde, en 1912, estas profundas relaciones se vieron tristemente convulsionadas por la muerte de Leonor, su joven esposa. Duro, durísimo golpe para cualquiera, quizás más para un poeta.

Regresemos a aquel primer viaje de Antonio Machado a Soria. La noche se acercaba a su término, las primeras luces de la mañana disolvían las sombras que durante la noche se distinguían al otro lado de las ventanas del tren. Clareaban. Los colores, lentamente, recobraban su intensidad, pasando de tonos durmientes a tonos despiertos. Al final del día, como cada anochecer, volverían a descansar. Ahora podía ver los árboles pasar, y observar como todas aquellas sombras misteriosas que por la noche adivinaba, se convertían en pequeñas casas, montículos cercanos y sobre todo en naturaleza, campo. Campos y tierras de Soria, Campos de Castilla. Eran momentos de primavera, ya avanzada, y los campos húmedos estaban salpicados de pequeñas flores, blancas, azules, amarillas y rosadas, arropadas por los verdes de múltiples tipos de hierbas silvestres. Bajo el tapiz se adivinaba aquel otro color, pardo, de la tierra. A lo lejos se recortaban en el cielo elevados montes y agudos picos que lo señalaban. Sin advertencia, silenciosamente, se encontró junto al cauce de un río, el tren corrió un trecho paralelo a él, sus aguas emitía un suave rumor. Estaba llegando a Soria. 

Y nuestro poeta, seguramente, empezó a soñar despierto con aquellos parajes castellanos. Sabía que en horas empezaría a conocer a sus gentes y sus obras. El escenario en el que iba a vivir, al menos durante unos años, se le estaba presentando, amable, en todas sus facetas.

Un pequeño carruaje, tirado por un pollino, tintineando para avisar de su presencia, le subió al centro de la ciudad castellana; le dejó frente a una pensión, en la calle Collado, que regentaban Isidoro Martínez y Regina Cuevas (ésta última era hermana de la que, luego, sería su suegra). De la pensión al Instituto para presentarse y tomar posesión de su cátedra. Empezaba a conocer a algunos de los que fueron sus amigos, o como hemos indicado, sus familiares.

Apenas fueron los días de una semana los que Antonio permaneció en la ciudad Soriana. El día 6 de mayo el periódico Tierra Soriana recoge una corta noticia: “En el tren de anoche marcho a Madrid nuestro amigo D. Antonio Machado Ruiz, profesor de francés del Instituto Provincial de Soria”. 

Regresaba a Madrid. Nuevamente una larga noche en tren; esta vez le acompañaban unas primeras sensaciones y sentimientos que ya habían anidado en su corazón. Soria, sus antiguos edificios, iglesias, colegiatas y conventos, las orillas del Duero, los álamos y chopos que junto a ellas crecían agitando por el viento los centelleantes verdes de sus hojas, mágicos y majestuosos, algunos parajes cercanos a la capital, los enclaves arqueológicos numantinos, sus ecos profundos, graves y lejanos, los perfiles y cumbres de los distantes montes que a lo lejos se divisaban. En todo ello la presencia de la naturaleza y un incipiente conocimiento de las gentes y de algunos de sus hechos.

Esta estancia en Soria se vio reflejada en un poema que seguramente escribió en las semanas siguientes, Orillas del Duero, que incluyó, en la primera edición que se publicó a finales de 1907, en Soledades. Galerías. Otros poemas. Los versos finales dicen:

……. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven, adolescente.
Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera!

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de la montaña
ante la azul lejanía, 
sol del día, claro día,
hermosa tierra de España!

Se considera, en base a fechas escritas en manuscritos suyos, “Soria. Cerro de Santa Ana, 6 de Julio de 1907” y “Cidones 4 de agosto de 1907”, que regresó entre esas fechas a Soria. No lo podemos asegurar, pero sí podemos pensar que, de ser cierta esta presencia en Soria, algo iba germinando con intensidad en él: Campos de Castilla. 

En cualquier caso regresa a primeros de octubre a Soria. El día 7 inicia las clases de francés.

Cinco años en Soria y sus tierras. En ellos, los meses en París con Leonor, de enero a septiembre de 2011. Conoce a fondo la ciudad castellana, frecuenta los escasos cafés y los centros de reunión locales, conversa con sus nuevos amigos, algunos lo serán para toda la vida, escucha, oye cosas que le emocionan y otras que no le agradan, se habla de incendios y de crímenes atroces, viaja por la provincia, para en las ventas del camino, habla y vuelve a escuchar a los habitantes de los campos sorianos, de los pequeños pueblos. 

Es la venta en los puertos:
Fuencebada
Piqueras, Oncala, Manzanal, Fuenfría,
Salas, Illescas, Almazán,
Fuenfría, Oncala, Manzanal, Piqueras
La venta y la posada.

Se desplaza con frecuencia a Cidones, próxima a Soria, a Numancia y las excavaciones de Adolf Schulten, algunos cortos viajes, excursiones por el campo y la montaña, entre ellas hasta la laguna Negra; en alguna posada recoge una leyenda popular sobre la que compone el romance La Tierra de Alvargonzález.

Escribe para su libro Campos de Castilla, y algunos de sus poemas ven la luz, anticipadamente, en las revistas en las que frecuentemente publica. 

No es éste prólogo lugar para profundizar sobre el contenido lírico y literario de Campos de Castilla, otros, sin duda más preparados y conocedores de la obra que yo, son los que han tenido, tienen y tendrán la palabra. Mi aportación solo se limita a introducir pequeños datos, imágenes o sueños, sobre los tiempos y lugares en los que nuestro poeta escribió estos poemas.

¿En París?, seguro, ¿en Madrid?, también. En los fines de semana y periodos vacacionales en Madrid, y en su estancia con Leonor en la ciudad del Sena, su trabajo poético no cesó. Las imágenes sorianas le acompañaron siempre, grabadas en su corazón, como recuerdo imperecedero.

En la primavera de 1912 aparece la primera edición de Campos de Castilla. Leonor lee los poemas, le reconforta la lectura de los versos de Antonio. Juntos pasean a orillas del Duero, entre San Polo y San Saturio, bajo las sombras de los álamos ,

Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera.

Finaliza Julio de 1912, y Leonor, la joven esposa, fallece, justo tres años después de haberse casado con Antonio. Antonio, dolorido, deja Soria el 8 de agosto. 

Casi tres meses en Madrid. Consigue el traslado de Soria a Baeza a finales de agosto y se incorpora al nuevo destino a finales de octubre.

De Madrid a Baeza. Hacia el 20 de octubre viaja a la cuidad andaluza, nuevamente el tren, viajes lentos y horas sobre la madera del vagón de tercera. Hasta Despeñaperros, Castilla la Nueva, predominan las viñas en el paisaje que observa desde su asiento a través de la ventana. Desde Despeñaperros y hasta Baeza, son olivos, olivos alineados en incontables líneas paralelas que solo las lomas del campo impiden ver donde terminan, o donde empiezan. Y recuerda,

¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
………………………………………………………
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde, 
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

Para distraer el dolor de su corazón va observando el nuevo paisaje, piensa en su destino, Baeza, y reabre recuerdos lejanos recurrentes, reaparece su abuela Cipriana (él se llama Cipriano de segundo nombre), y el padre de ella, José Álvarez Guerra, y el padre de éste Francisco Álvarez Martínez, del que había leído varios escritos de finales del siglo XVIII y primeros del XIX sobre la forma adecuada del cultivo de los olivos, de sus podas, y de los “cuidados que eran menester”. También el hermano de su bisabuelo José, Juan Álvarez Guerra, preso por Fernando VII el 10 de mayo de 1814 por ser liberal, por ser su Ministro de Gobernación, y condenado a ocho años al presidio de Ceuta, donde fue enviado con sus colegas Arguelles, Martínez de la Rosa, Manuel Quintana y otros liberales, había escrito ampliamente sobre agricultura y sobre el cultivo de los olivos, lo que en los momentos liberales del “Deseado”, pocos pero los hubo, le acarreó un segundo nombramiento de Ministro, esta vez de Agricultura. Ahora, su destino , el de Antonio Machado, se enmarcaba en tierras y campos de olivares.

¡Viejos olivos sedientos
bajo el claro sol del día,
olivares polvorientos
del campo de Andalucía!
¡El campo andaluz, peinado
por el sol canicular,
de loma en loma rayado
de olivar y de olivar!

En Baeza termina de escribir los poemas que incluirá en Campos de castilla, dentro de la primera edición de Poesías Completas, publicada en 1917; veinticuatro nuevos poemitas breves, en “Proverbios y Cantares”, otros poemas con el recuerdo de Leonor y de las tierras sorianas, y poco a poco poemas sobre los campos andaluces, y sus gentes. Elogios de amigos, a José María Palacios, a don Francisco Giner de los Ríos, al joven meditador José Ortega y Gasset, a Xavier Valcarce, a Rubén Darío, a Narciso Alonso Cortés, a don Miguel de Unamuno, a Juan Ramón Jiménez y junto a éstos duros versos al encuentro de la necesaria regeneración de España: CXXXI, CXXXV, CXLIV, CXLV.

Pasea, lee, escribe. Contempla los campos de Baeza, los olivares y otra vez los montes, viaja por la sierra de Cazorla donde se anima a cabalgar sobre mulos y caballos por las escarpadas laderas y caminos. Cuando puede se desplaza a Madrid, y con motivo de la boda de su hermano Paco viaja hasta el Puerto de Santa María. Su madre, Ana, le acompaña durante algunas temporadas; Paco, destinado en Cartagena, va a verle a Baeza, juntos pasean por los campos, entre olivares.

En mi estancia, iluminada
por esta luz invernal,
– la tarde gris tamizada
por la lluvia y el cristal –
sueño y medito.

ANTONIO MACHADO Y LA FAMILIA LANDA I

Parte I

ANTONIO MACHADO

Y LA FAMILIA LANDA.

                       Parte I                    

         Antonio Machado y Álvarez (1846-1893), padre de Antonio Machado Ruiz, y Rubén Landa Coronado (1849 – 1923), padre de Rubén Landa Vaz, casi con seguridad se conocieron personalmente en aquellos años que transcurrieron entre 1883 y 1893.  

                      Antonio Machado y Álvarez

              y Rubén Landa Coronado

         Tenían muchas vivencias, actividades y amistades en común.  Ambos formaban parte del circulo de influencia de la Institución Libre de Enseñanza. Incluso sus propios ascendentes como Antonio Machado Núñez.

         Ambos eran amigos personales de Francisco Giner de los Ríos, de Manuel Bartolomé Cossío, de Nicolás Salmerón, que fue uno de los presidentes de la 1ª República Española, y otras importantes y conocidas personalidades de aquellas fechas.

         El padre de los Machado Ruiz desempeñó la catedra de folk-lore, es decir, costumbres, literatura y poesía popular en la Institución Libre de Enseñanza.

         Antonio Machado y Álvarez fue colaborador y redactor de la revista de posicionamiento republicano de Salmerón “La Justicia. Diario republicano”, en la que publicó numerosos artículos, así como su padre Antonio Machado Núñez.  Rubén Landa Coronado, como abogado, krausista, también compartía ideas jurídicas y políticas con su buen amigo Salmerón.

         La prematura muerte del padre de Antonio Machado, en 1893 (a los 47 años) probablemente generara una disminución de la frecuencia de las relaciones entre las dos familias.

         En cualquier caso sabemos que Rubén Landa Vaz conoció a Antonio Machado en un encuentro casual, en la calle, en la que coincidieron siendo presentados por el hermano de Antonio, José.  Landa, con el paso de los años apenas recordaba detalles de este encuentro, aunque si que apenas hablaron. Parece ser que en aquellas fechas tanto José como Rubén colaboraban en la Residencia de Estudiantes. Pudiera haber sido en 1916, coincidiendo con fechas de la 1ª Guerra Mundial.

         En 1917, José Machado que trabajaba como Rubén en el Colegio de segunda Enseñanza que se organizó en la Residencia de Estudiantes, propuso a su amigo y compañero que fuese con él y con su hermano Antonio Machado dos días a Toledo. Como era previsible salieron una mañana en tren, en coche de tercera clase, con sus asientos de madera; se hospedaron en una posada cerca de la plaza de Zocodover, en el centro de la ciudad toledana, recomendada por tener un ambiente agradable y sereno.

         No cabe duda que para Rubén Landa el atractivo fundamental de aquella excursión era el escuchar a Machado y agradarle, cuestión que resultaba fácil dado el carácter amable que éste tenía.

         Recuerda Rubén que Antonio Machado habló poco pues era evidente que tendía a estar callado, a oír y escuchar, fijándose en todo, y siempre dispuesto a ver más.

         Notó que tenía dificultades para andar deprisa, pero no se oponía a desplazarse lo que fuera necesario para ver temas artísticos que resultaran de su interés.

         Parecía agradarle la modesta y tranquila casa de huéspedes, la gente que servía y la comida aderezada con cuidado. Según Landa daba la impresión de ser una persona encantadora.

         La tercera vez que se vieron fue una tarde de septiembre de 1919, en los claustros de la Universidad Central. Nos cuenta Rubén Landa que iba a examinarme de una asignatura del doctorado de filosofía (metafísica). Y allí estaba Don Antonio, y sorprendido supo que pese a la edad que tenia también iba a examinarse. Llegaron los profesores que iban a examinarlos, entre ellos Ortega y Gasset y García Morente. Empezado el examen, que era oral, dijeron que cada alumno hablase de un clásico de la filosofía elegido por él.  Machado, dirigiéndose a Ortega habló de Kant, hablando bajo, tanto que apenas le podían oír las otras personas que estaban en el aula.  Luego, finalizado en examen y ya en la calle, Antonio Machado elogió el libro de Morente acerca de la “Crítica de la razón pura” de Kant.

         En aquellos años Rubén Landa trabajó en la secretaría de la Residencia de Estudiantes.  Efectuó prácticas de enseñanza, entre 1914 y 1919, en su Grupo de Niños, formado por alumnos de segunda enseñanza.

         Poco después Landa obtuvo una cátedra de Instituto de Psicología y Lógica, asignatura que impartiría en Salamanca y más tarde en Segovia, entre 1925/7 y 1931.

         Estando en Salamanca, presentó diversos trabajos, uno de ellos un ensayo sobre “El problema de la libertad de la voluntad en la filosofía de Bergson y en el Pragmatismo”.  Este trabajo sobre Bergson debió interesarle a Antonio Machado, que en París le había conocido personalmente en asistencias a sus clases en la Sorbona.

         En Segovia coincidió con Antonio Machado y con el profesor Martín Echeverría. Los tres eran republicanos y militaban en Acción Republicana, fuerza política dirigida, desde 1930 por José Giral y por Manuel Azaña.

         En 1925 llegó Rubén Landa como profesor al Instituto de Segovia, donde Antonio Machado era profesor de francés, y allí siguieron los dos hasta después de proclamarse la Segunda República.

         Recuerda Landa que tuvo la suerte de coincidir casi todos los días, entre clases, durante una misma hora libre con Antonio Machado. Hora que pasaban los dos solos charlando, pues hábilmente Rubén le incitaba a hacerlo, sacando temas que sabía eran de interés para Antonio Machado. Aunque no hacía mucho tiempo que se conocían, en el pasado de ambos había recuerdos comunes de los que les gustaba hablar. Un día Machado le comentó que de la Institución Libre de Enseñanza los maestros que mas admiraba eran Don Francisco Giner de los Ríos, Don Manuel Bartolomé  Cossío y el profesor de filosofía José de Caso, a cuyas clase también había asistido Rubén. Cossío era amigo personal de los padres y del abuelo de Antonio Machado.

                                      Matilde Landa y Julia Cossío

            También lo era del padre de Rubén Landa, tanto es así que Julia, hija de Cossío, era muy amiga de Matilde Landa, hermana menor de Rubén.

         Recordaban que del Señor Caso, decía don Francisco Giner que no conocía de nadie que preparase tanto sus clases. Hablaban con frecuencia de literatura.  Antonio Machado, que decía leer mucho, cosa que era evidente, comentaba que había leído todas las obras de Lope de Vega, y decía que el verso servía para dar concisión a los diálogos.

         En aquellas charlas comentaba Machado que muy pronto se interesó por el teatro y que con su amigo el poeta Antonio Zayas formó, siendo estudiante, una compañía de aficionados al teatro que representaba por los barrios de Madrid. Que una vez que representaban un drama sobre la vida de Cristóbal  Colón , en una escena en que éste se quejaba de que le habían abandonado  y quedando pobre y hambriento, un espectador le tiró un panecillo que fue a darle en la cabeza con gran regocijo del auditorio, y que al estar  la compañía mal de fondos, una vez, al estar en plena representación se presentó el peluquero, dueño del local, y exigió el pago inmediato del alquiler y como no tenían dinero suficiente en aquel momento se llevó las pelucas, barbas y bigotes, por lo que los actores tuvieron que seguir sin ellos.  Contaba que trabajó, durante poco tiempo en la Compañía de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza. Que conservaba y conservaría siempre la amistad con Antonio Zayas aunque pensaran de forma muy distinta en política, pues Zayas era muy conservador, mas que conservador, y que cuando le nombraron embajador en Buenos Aires no podía admitir que fuese como embajador y no como virrey. Humor e ironía de Antonio Machado.

         Relata Landa que Machado decía que conocía bien la literatura francesa, que había leído pronto los volúmenes de Proust y criticaba la frecuente mala intención de algunos escritores para llamar la atención. (A. Gide). Hablaba con gran respeto de Rubén Darío, al que conoció y trató en París, Admiraba a Valle-Inclán. Le contó que en un café de Madrid un cliente lanzó una botella a otro cliente, con la mala suerte que hirió en un brazo a Valle-Inclán y que como consecuencia de la herida fue preciso amputárselo, negándose a que empleasen  anestésicos, y que soportó la operación con enorme entereza, sin quejas.

         No le gustaba la nieve, decía que el campo nevado parecía quedarse sin vida. Que un invierno yendo a Segovia se quedó el tren parado en medio de un temporal de nieve. Pasaron los viajeros la noche en los vagones, ateridos de frío, y contaba con gracia escenas cómicas que presenció entonces

         Contó a Landa que en principio no le gustaba enseñar francés a principiantes, y que no le gustaba “mi subida diaria al Calvario desde la plaza de Azoquejo de Segovia hasta la cátedra del Instituto. La interminable escalinata junto al acueducto, la escalera desde el piso bajo, desde el claustro al aula y ya dentro de la clase otro escalón para llegar al estrado del profesor.

         Lo que menos le gustaba era examinar, y aunque por su antigüedad le correspondía casi siempre presidir los tribunales nunca se sentaba en el centro, sino en una esquina de la mesa. Y cerca de él el alumno. Los dos hablaban bajo y así casi nadie se enteraba de lo que decían. Don Antonio aprobaba a todos. Pero una vez suspendió a uno que después de no responder a ninguna pregunta le dijo “Quiere decirnos algo sobre Cervantes”. El alumno respondió “no me suena”. Landa creía que este fue el único suspenso que dio, tal vez en su vida.

         Antonio Machado fundó con otros profesores, entre ellos Mariano Quintanilla, la Universidad Popular de Segovia.  Los profesores daban gratuitamente las clases nocturnas, organizaban conferencias públicas y crearon una biblioteca circulante que prestaba libros a personas de la capital y de los pueblos de la provincia. Don Antonio daba clases de francés y contaba que siempre tenía alumnos, pero que todos eran nuevos cada día. Humor e ironía no le faltaba.

         Como iba con frecuencia a Madrid y allí tenia muchos amigos solía encargarse de buscar conferenciantes, a los que la Universidad Popular solo les podía pagar el viaje y la estancia. Dio muchos libros a la biblioteca. Como en todo, era muy generoso.

         A primera hora de la tarde solía reunirse con varios amigos en el café de la Unión. Viejo y antiguo tenía asientos de terciopelo rojo y grandes espejos en las paredes. El comedor del café sirvió, durante los últimos tiempos de la monarquía para reuniones del partido republicano. De allí salió la lista ganadora en las elecciones municipales que trajeron la república.

         Antonio Machado tenía en Segovia un grupo de amigos excelentes, la mayoría jóvenes de la Universidad Popular, que habían recibido el influjo del maestro Señor Zambrano, padre de la escritora María Zambrano.

En la fotografía Emiliano Barral, Antonio Machado (hay dudas de que sea nuestro poeta), Eugenio de la Torre y Julián María Otero. Tertulia en los jardines de San Gregorio Segovia 1923

.

         AL ESCULTOR EMILIANO BARRAL.

                 … Y tu cincel me esculpía

en una piedra rosada,

         que lleva una aurora fría

         eternamente encantada.

         Y la agria melancolía

         de una soñada grandeza,

         que es lo español (fantasía

         con que adobar la pereza),

         fue surgiendo de esa roca,

         que es mi espejo,

         línea a línea, plano a plano,

         y mi boca de sed poca,

         y, sobre el arco de mi cejo,

         dos ojos de un ver lejano,

         que yo quisiera tener

         como están en tu escultura;

         cavados en piedra dura,

         en piedra, para no ver.

         A este grupo de amigos pertenecía el escultor Emiliano Barral que murió en 1936 en el frente de Madrid y que fue el autor del famoso busto de Antonio Machado, cincelado en piedra rosada.   A Barral le dedicó un hermoso poema. A sus reuniones, charlas o tertulias solían asistir diversas personas; el ambiente era democrático. Y era   frecuente  que obreros quisieran hablar o escuchar a Antonio Machado

Escultura en piedra rosada de Antonio Machado, por Emiliano Barral

         Decía Rubén Landa que Antonio machado, en su sencillez era una de las personas de mayor distinción que había conocido.

         El ambiente en el café era acogedor. Se hablaba del teatro clásico español y decía que éste se hallaba muy cerca del pueblo. Contaba que una vez oyó a dos obreros, que al leer una cartelera que anunciaba “La vida es Sueño” decían “esto es lo nuestro”.

         Aquellos jóvenes del café y tertulias tenían un profundo afecto por Antonio Machado y nunca hacían alarde de ello delante de él. Recuerda Landa que en este grupo publicó hacia 1930 un diario republicano que se llamó Segovia Republicana.

         La casa de huéspedes en la que vivía en Segovia era muy modesta. Rubén estuvo en ella varias veces. La patrona, Luisa Torrego, era una viuda con un hijo adolescente, que tenía escasos recursos, lo que motivaba el que Antonio Machado permaneciera en ella como huésped, a pesar de tener ofertas mejores en calidad y precio.      

         El cuarto que tenía era muy frio y con los muebles indispensables. Desde la ventana veía el pueblo de Zamarramala. Antonio Machado decía que para calentar el cuarto tenía que abrir la ventana. Sin embargo no se mudó, explicando que si solo quedaba él en la casa de huéspedes, por carecer de comodidades, él no podía irse y dejar solos a aquella madre y su hijo

      Casa de la pensión en la que vivió Antonio Machado en Segovia.

         Una vez, estando él enfermo y en aquella habitación, Rubén fue a verle y Machado le pidió que en su nombre le hiciera un giro a los padres de su esposa Leonor, fallecida hacía veinte años. Seguía, de alguna forma pendiente de aquella familia.

                          Habitación de Antonio Machado en Segovia.

         En aquellos años segovianos Antonio Machado conoció a Matilde Landa, hermana de Rubén, que iba con frecuencia a ver a su hermano y pasar breves temporadas con él.

                                     Matilde Landa Vaz, hacia 1927

En Segovia existía una sociedad de conciertos. Landa cree que se llamaba la «Filarmónica de Segovia”. Uno de sus conciertos lo dio un cuarteto de músicos jóvenes, acaso de Checoslovaquia. Debió ser hacia el año 1930. Antonio Machado asistió al concierto. Fue por la tarde. Aquella misma noche los cuatro ejecutantes fueron a casa de Rubén Landa, que invitó a Antonio Machado a asistir a la reunión.  Sin duda le gustó el concierto y le agradó charlar con aquellos músicos. No sabían español, pero sí francés, y en francés hablaron.  Antonio Machado lo hablaba con soltura y correctamente, con la naturalidad con que hacía todo.

         Intervino mucho en la conversación y aquellos jóvenes comentaron al día siguiente que habían quedado encantos de él.

ANTONIO MACHADO Y FAMILIA LANDA II

Parte II

ANTONIO MACHADO

Y LA FAMILIA LANDA.

                       Parte II

            Antonio Machado pertenecía al partido de «Acción Republicana”,  fundado durante la dictadura de Primo de Rivera, entre otros y principalmente por don José Giral, en el cual pronto se destacó don Manuel Azaña. Ortega y Gasset a poco de publicar su artículo «Delenda est monarchia” y hacia el final de ésta fundó la «Agrupación de Amigos de la República”. Al principio era compatible pertenecer a ella y a un partido político; después no. El primer acto público y el más importante que organizó esta agrupación fue un mitin en Segovia, en el cual hablaron Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Marañón. Acudieron muchas personas de Madrid. Presidió Antonio Machado.

Antonio Machado, Marañón, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala.           

         El local era grande, y se llenó. Antonio Machado abrió un cuaderno y leyó o parecía que leía. Con naturalidad, sin tono oratorio.

         Leía bien. Se le oía perfectamente sin que forzase la voz. Fue breve, no trató de atraer la atención del público hacia sí. Al terminar el mitin los periodistas se acercaron a él para pedirle el texto que había leído. Les contestó que no había traído nada escrito. «Sí —le dijeron— lo que ha leído usted en el cuaderno”, e insistió: «En el cuaderno no hay nada escrito», y les enseñó las hojas del cuaderno: estaban todas en blanco. Probablemente, para no hacer alarde de oratoria hizo que leía, pero no leyó.

En esta fotografía se puede ver a Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Marañón, Antonio Machado (de pié leyendo), y en la derecha, en una mesita y con barba a Rubén Landa. 

         El catorce de abril de 1931, delante de la «Casa del Pueblo» (de la casa de los sindicatos obreros de la UGT) fue reuniéndose la gente para ir en manifestación hasta el ayuntamiento. En Segovia habían triunfado en las elecciones municipales casi todos los candidatos republicanos, y esto produjo aún más impresión que en otros sitios, porque allí nunca habían tenido mayoría los republicanos.

                       Antonio Machado

         Recuerda que como Rubén Landa iba al lado Antonio Machado y no hablaron en todo el camino apenas le vio la cara. Alguien contó que se le humedecieron los ojos.

                        Rubén Landa Vaz

         No se.  Sí creo que Antonio Machado estaría conmovido, pues la República había sido para su padre y para él el anhelo de toda la vida, pero era hombre de enorme dominio de sí mismo.  Con razón dijo de él Rubén Darío en «Opiniones”: «Su vida es la de un filósofo estoico”.

         Llegado el momento fue Antonio Machado el que izó la bandera republicana en el balcón principal del Ayuntamiento segoviano.

         Cuando estaba en Madrid solía ir al café dos veces al día, por la mañana, él solo, a un café tranquilo y con poca gente. Allí leía y trabajaba. Entonces prefería que no le acompañase nadie. Si sus conocidos averiguaban a qué café iba por las mañanas y le buscaban en él, pronto cambiaba de café. Por las tardes se reunía con alguno de sus hermanos. Este es un aspecto importante de Antonio Machado, lo unido que estaba con sus hermanos. 

         Don Miguel de Unamuno decía que para Antonio Machado sus hermanos significaban más en la vida que para otras personas.

         El Gobierno de la República fundó en Madrid varios institutos de segunda enseñanza. Antonio Machado fue trasladado a uno de ellos, el Instituto Calderón de la Barca y así pudo vivir de una manera permanente con su madre, y su hermano José y la familia de éste. Poco después fue nombrado Consejero de Instrucción Pública. vocal de la Sección de Bellas Artes. Allí se ocupó sobre todo del teatro en las ciudades, asunto que le interesaba mucho. A las reuniones del pleno no asistía con frecuencia ni solía hablar en ellas. También fue nombrado vocal del patronato de Misiones pedagógicas.

ANTONIO MACHADO Y LA FAMILIA LANDA III

Parte iii

ANTONIO MACHADO

Y LA FAMILIA LANDA.

                       Parte III

         Durante la Guerra Civil Rubén Landa realizó múltiples actividades. Cooperó en campañas de alfabetización con las Milicias de la Cultura, creadas en 1837, y con la elaboración de la Cartilla Militar Antifranquista.

         Dirigió durante unos meses la colonia escolar de Villagordo del Jucar (Abacete). En 1938 asumió la secretará de la Comisión delegada de la Junta para Ampliación de Estudios cuando tenía su sede en Valencia, y a finales de ese año viajó a la Unión Soviética, acompañando a algunos de los llamados niños de la guerra.

         En Madrid, empezada la guerra era muy necesario tener documentos de identificación. Antonio Machado no los tenía ni los solicitaba porque nunca pedía nada. Más de una vez le habían exigido la documentación en la calle.

                                          ANTONIO MACHADO

         Parace ser, según contaba alguna de sus sobrinas, que una de éstas veces, al estar indocumentado o con documentación insuficiente, fue detenido y llevado a un centro de detención. En silencio esperó que lo soltaran, pero al ver que esto se retrasaba y que algunos de los detenidos iban saliendo de forma aparentemente irregular, en un arranque de supervivencia dijo a uno de las vigilantes que ere muy amigo de Besteiro (lo cual era cierto) y que le dieran nota a éste, que le sacaría de aquel lugar.  

         El vigilante dio parte a su superior, que tras algunas averiguaciones y llamadas le dejó en libertad

         Muy a principios de la guerra escribió aquello de que todos los milicianos de la República parecían capitanes y que los «señoritos” eran los continuadores de los Infantes de Carrión del poema del Cid.

         En octubre de 1936 la situación de Madrid se agravaba por momentos. Se organizó el traslado a Valencia de los intelectuales eminentes que seguían en la capital.

         Antonio Machado se resistió a marcharse y, al fin, más tarde aceptó, pero tenía que ser sin separarse de su madre, de sus hermanos y de sus sobrinas. El gobierno republicano le llevó a Valencia y de esta ciudad, tras unos pocos días en la “Casa de la Cultura” a una casa de campo próxima, en Rocafort, rodeada por un huerto de naranjos.       

         Allí fue Rubén Landa a verle una o dos veces. Como antes y como después, en Valencia Antonio Machado escribió en favor de la República.

         Hay informaciones de que una vez habló por radio, pero no le agradaban estas alocuciones pues pensaba  que al estar su hermano Manuel en la zona fascista podría acarrearle problemas a su hermano.

         En el huerto de naranjos, recuerda Landa, que le habló de don Miguel de Unamuno. Le dijo que se le echaba mucho de menos, que su crítica era útil. También le habló del poeta Pedro Garfias: «Es el que ha escrito las mejores poesías sobre nuestra guerra» afirmó.

         En Rocafort  estuvo hasta abril de 38, recibiendo muchas visitas y escribiendo algunas poesías, artículos diversos, la mayoría  a favor de la república y sus escritos, Juan de Mairena, para Hora de España. Y correspondencia, alguna con amigos de Rusia.

         En este tiempo asistió al Congreso de las juventudes Socialistas unificadas, en enero de 1937 y del “2º Congreso de escritores antifascistas y en defensa de la cultura” que se celebró en Valencia entre el cinco y el diez de julio del mismo año.

         De estos dos Congresos se conservan las únicas dos grabaciones de cine, en las que aparece totalmente identificado Antonio Machado. Del primer hay, también amplia documentación y fotos de Antonio Machado en la revista Crónicas (15 de enero de 1937). La portada ofrece una foto curiosa en la que se ve la mesa principal del Congreso con Antonio Machado, puño derecho en alto.

         Llevaba un discurso preparado para su lectura, pero parece ser que una muy larga alocución de Santiago Carrillo impidió la lectura de Antonio Machado, que dejó para el 1 de mayo su lectura en Valencia (hay una famosa fotografía de este acto).

         De la segunda grabación, del 5 de julio de 1937, también en Valencia, se puede ver en tres tomas, en el hemiciclo del Ayuntamiento a Antonio Machado, y separado por una mujer con camisa blanca, a León Felipe. En esta misma grabación podemos ver las únicas imágenes que existen del gran poeta peruano Cesar Vallejo, tres o cuatro tomas de algunos segundos de duración, y sorprendentemente las últimas imágenes de la fotógrafa Gerda Taro, novia de Frank Capa, y de la que se dice era la autora de la mayoría de las fotos atribuidas a Capa. También aparece Julio Álvarez del Vayo, entre otros políticos españoles y varios conocidos escritores,  españoles y  extranjeros.

         Amenazada Valencia, el gobierno se ocupó de que Antonio Machado y su familia fuesen trasladados a Barcelona.  Primero quedaron instalados en el hotel Majestic  de Barcelona y al poco en el barrio de la Bonanova, en una mansión de la marquesa de Moragas, que tenía mucho de romántica, y un  hermoso parque de arboleda tupida. Se llamaba “La torre Castañer”. Nunca quizás vivió don Antonio en casa mejor que aquélla, ni aspiró a ello, ni nunca acaso vivió allí una persona tan aristócrata como don Antonio. La casa era buena, pero la comida muy insuficiente. Los alimentos escaseaban en una Barcelona superpoblada y casi aislada, y Antonio Machado seguía sin pedir nada a nadie. Algunos amigos se enteraron e hicieron por mejorar su situación y Rubén Landa que trabajaba en una oficina de presidencia de Gobierno fue a ver a Zugazagoitia, que ocupaba entonces un cargo de confianza en la Presidencia del Consejo de Ministros y le explicó la situación de Antonio Machado, éste le escuchó con atención e hizo enseguida que se dispusieran medios para remediar la situación que le indicaban. Gracias a él, en adelante Antonio Machado y los suyos dispusieron de algo más alimentos. Antonio Machado nunca supo que esto se lo debía a Zugazagoitia. Por cierto, Zugazagoítia fue de los que asistió, meses mas tarde, al entierro en Collioure del poeta

         Antonio Machado trabajaba mucho en Barcelona. Su ayuda era muy importante para la República y sin cesar la solicitaban. Nunca la negó. Escribía y escribía entre otras cosas artículos para el periódico La Vanguardia. Comentaba que escribía en prosa muy despacio. En Barcelona durante laguerra también escaseó el tabaco, y Antonio Machado podría prescindir de él, salvo para escribir. A veces le pidieron que hablase por la radio, y lo hizo, aunque entonces, por su estado de salud, le era molesto salir de casa. No se han encontrado, hasta la fecha, grabaciones de estas entrevistas. Es difícil, pero no imposible y serian las primeras y tal vez las únicas con la voz del poeta. Por si alguien tiene posibilidades de buscar en archivos sonoros de radios de la época le recordamos que hablamos de radios de Barcelona entre abril de 1938 y diciembre del mismo año.

ANTONIO MACHADO Y LA FAMILIA LANDA IV

Parte IV

ANTONIO MACHADO

Y LA FAMILIA LANDA.

                       Parte IV

         Los terribles bombardeos de Barcelona, que tantas víctimas causaron entre la población civil, preocuparon mucho a Antonio Machado, en especial por su familia y sobrinas.

LA MUERTE DEL NIÑO HERIDO

                  Otra vez en la noche… Es el martillo

         de la fiebre en las sienes bien vendadas

         del niño. – Madre, ¡el pájaro amarillo!

         ¡Las mariposas negras y moradas!

                  –Duerme, hijo mío.—Y una manita oprime

         la madre, junto al lecho. –¡Oh, flor de fuego!

         ¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime?

         Hay en la pobre alcoba olor de espliego;

                  fuera, la oronda luna que blanquea

         cúpula y torre a la ciudad sombría.

         Invisible avión moscardonea.

                  –¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía?

         El cristal del balcón repiquetea.

         –¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!

         En septiembre de 1938 el gobierno dio instrucciones a Rubén Landa para que, con otros maestros, fuera a Rusia acompañando a algunos niños para evitarles la guerra y para que siguieran estudiando.

         Una calurosa mañana de finales de agosto de 1938, se presentó Rubén Landa, probablemente acompañado de su hermana Matilde, en la Torre Castañer. En el jardín se reunió con Antonio Machado y le propuso llevar a sus seis sobrinas, las tres de su hermano Francisco y las tres del hermano José, a Rusia, evitando los riesgos de la guerra y los ya incesantes bombardeos que Barcelona sufría, además de facilitar que en Moscú las niñas pudieran seguir estudiando en una casa que para niños y jóvenes españoles se había organizado en dicha ciudad. Irían acompañadas, entre otras por dos sobrinas de Rubén.

         A Antonio Machado le pareció bien, pero lógicamente quienes tenían que decidir eran los padres de las sobrinas.

         Informados de la propuesta José Machado y su esposa Matea Monedero la aceptaron para sus tres hijas, Eulalia de 14 años, María de 12 años y Carmen de 9 años.

Antonio Machado, su madre Ana Ruiz, su hermano José y su esposa Matea y las tres hijas: Eulalia, María y Carmen.

         Francisco Machado y su esposa Mercedes Martínez declinaron el ofrecimiento pues pensaron que, a pesar de las difíciles circunstancias existentes, preferían seguir junto a sus hijas, Ana de 21 años, Mercedes de 20 años y Leonor de 14 años. Ésta última, mi madre, se llamaba Leonor en recuerdo de la esposa de su tío Antonio, el cual era además su padrino.

         Se organizó el viaje con rapidez, y a primeros de septiembre salieron de Barcelona dos coches.

         En uno viajaron las tres sobrinas de Antonio Machado e hijas de José Machado, otra niña de unos catorce años, de nombre Amaya Ruiz Ibarruri, y su madre Dolores Ibarruri, también conocida por “Pasionaria”, que regresó a España desde Francia, aunque no sabemos si desde la frontera o desde El Havre. La guerra seguía.

         Amaya en realidad regresaba a Moscú, ciudad a la que su madre la envió en 1935, junto a su hermano Rubén, y que a principios del verano de 1938 regresó a España para ver a su madre. Ahora, en este viaje, volvía a Moscú. En el viaje Izo buena amistad con Eulalia Machado, que era de su edad. Evidentemente  conducidas por un chofer.

         En el otro coche viajaron Rubén Landa, y dos sobrinas, Una creo que una era hija de su hermana Jacinta, y del primer marido de ésta, Carmen Viqueira Landa y la otra Carmen López Ganivet Landa, que tenía entonces unos cinco años, hija de Francisco López Ganivet,  sobrino del escritor y diplomático granadino Ángel Ganivet, y de su mujer Matilde Landa Vaz, hermana de Rubén Landa.

         En este viaje fueron los dos coches hasta el Havre y desde esta ciudad francesa, por mar, hasta Leningrado.   Las tres hermanas se quedaron en la casa que para niños y jóvenes españoles había en Moscú y en la cual trabajó Rubén Landa los meses que pasó en Rusia. Landa regresó a París a finales de mayo de 1939. Dos meses después probablemente fuera Jacinta Landa a Moscú a buscar a su hija Cármen Viqueira y a su sobrina  Cármen López Ganivet Landa, que, probablemente por motivos de seguridad se identificó solamente como Carmen López Landa (que realmente era su nombre real).

         Amaya Ibarruri vivió en Moscú durante muchos años, hasta que pudo regresar a España con su madre a mediados de los años setenta.

         Eulalia Machado pasó la II Guerra Mundial en Stalingrado, se casó con un ex oficial español, mayor de milicias, Jerónimo Casado Botija, y vivió primero en Moscú, luego en Yugoslavia, mas tarde en Praga, para viajar desde esta ciudad a la Havana (Cuba), desde donde regresó a Praga, al fallecer su marido, para finalmente volver a Madrid, donde se reencontró con su madre 30 años después. Sus hermanas María y Carmen, localizadas por sus padres, se reencontraron con ellos en Chile al finalizar la II guerra Mundial

         Carmen López Landa, la hija de Matilde, y su prima Carmen Viqueira Landa, fueron en julio de 1939 a París y desde allí, vía Londres, con Jacinta Landa a Mexico.

De esta época, verano de 1938 a finales de 1939, Carmen López Landa recordaría lo siguiente:

«Al estallar la guerra, mi padre se fue al frente, donde combatió y formó parte del llamado Batallón del Talento, formado básicamente por intelectuales. Parece que colaboró con el equipo de cartelistas de Renau. Incluso hay un cartel en el que se reproduce una foto mía. Mi madre se integró enseguida en funciones dirigentes del Socorro Rojo. Y a mi, a quién la sublevación me sorprendió en Galicia de vacaciones, me llevaron a Francia para volver a entrar a España en la zona republicana. Viví separada de ellos, sin ver a mi padre y solo ocasionalmente a mi madre. Me tocó vivir en diversas colonias de niños, de las qie solo tengo constancia de una en Ribagordo de Jucar y de otra en Barcelona. Conservo algunas fotos de entonces en las que aparezco con una mirada triste»,

«No recuerdo casi nada de esa época. Es terrible. Durante dos años, cuando tenía entre cinco y siete años, estuve sometida a un contínuo trasiego, como un paquete de correos, de aquí para allá. Ni siquiera con ayuda de la familia he podido atar todos los cabos. En 1938 me envían a la URRS. No sé como ni por qué se tomó la decisión. Supongo que sería porque las cosas se ponían feas y porque allí tenía familia. También ignoro la ruta que seguí, si viajé por tierra o por mar, o a qué ciudad llegué. Parece que, antes de recalar en Moscú, pasé por Kaluga. Tengo la vaga impresión (aunque quién sabe donde empieza la fantasía) de que estuve en el balneario de Artex, en Crimea. Alguién me dijo una vez que había entrado por Leningrado».

«Ni siquiera me acuerdo de mi estancia en Moscú, aunque sé que pasé varios meses en el hospital, una vez con sarampión y otra como portadora de la difteria. Y sé que estuve en la casa de niños de la calle Pirogovskaya gracias al libro de memorias de José Fernández Mi infancia en Moscú. En él habla de un profesor de gimnasia llamado Isa. Comprendí que fue en su honor por lo que llamé así al oso blanco de tela que me ragalaron mis tíos cuando cumplí ocho años, que me llevé a México y que es casi mi único eslabón con la memoria perdida de mi infancia».

         Carmen López Ganivet Landa, tras residir muchos años en México regresó a España donde falleció en Madrid el 20 de enero de 2006, a la edad de 75 años.

         De este periodo de tiempo, octubre de 1938 y finales de febrero de 1939, se conservan las cartas que Antonio Machado, su madre Ana Ruiz, José Machado y su esposa Matea Monedero, enviaron a las hijas de éstos últimos a Moscú.

         De ellas, en este trabajo, destacamos:

         que en la primera, de 14 de octubre de 1938, escrita y firmada por Matea Monedero, madre de las tres niñas, podemos leer “ Me figuro que será (su hija Carmencita) muy amiga de Carmencita Ganivet” y en la P.D. de esta carta “muy cariñosos recuerdos para nuestro gran amigo Landa”. Al comienzo de la misma se dice de “la alegría que nos dan vuestras cartas y el saber que ya habéis entrado en la vida escolar”, lo que indica unas cartas previas remitidas desde Moscú y una llegada a esta ciudad a finales de septiembre o primeros de octubre.

         En una segunda carta del 19 de octubre de 1938, Matea les dice a sus hijas “los libros que pedíais se os han enviado ya por medio de un amigo de tío Antonio”, lo que claramente indica la preocupación de Antonio Machado por la educación de sus sobrinas en Rusia, y  sobre los contactos con amistades relacionadas con gentes que frecuentaban o eran de aquellas tierras.

         En otra carta, la tercera que se conserva, de noviembre de 1938 y fecha anterior al 30, escribe a sus nietas la abuela Ana, que tenía 90 años. Firma Ana. También escribe a sus sobrinas Antonio Machado, que manifiesta su agrado por los estudios que realizan las sobrinas, enviando una fe de erratas sobre las cartas recibidas. La parte de la carta que escribe Antonio Machado va dirigida a “Queridísima Eulalita”, por lo que es a ésta a la que pide “saludar en mi nombre a (¿profesora?) Magdalena a quien recuerdo haber tenido el gusto de conocer en Valencia”. Firma Antonio.

         Probablemente del mismo mes de noviembre sea la carta en la que escribe a sus nietas la abuela Ana, que las envía recuerdos de Brígida, que no alcanzamos ahora a identificar.  En esta misma carta, escribe Antonio Machado a sus sobrinas “con gran placer he sabido de los éxitos referentes a los estudios, y sobre “la emoción que os ha provocado  el conocer al gran Stalin. De ella participamos también nosotros”. Y la recomendación siguiente “Si veis a Fedor Kelyn, dadle mil afectos de mi parte y mil gracias por las traducciones que ha hecho de mis trabajos”. Finalmente “Saludar en nombre de todos a Rubén Landa, a quien deseamos toda suerte de …”.

         Otra carta de octubre de 1938, en la que Antonio Machado envía mil besos a sus sobrinas, Firma Antonio.

        ANTONIO MACHADO POCO ANTES DE MORIR EN FEBRERO DE 1939.

         Finalmente el 28 de febrero de 1939 José Machado y Matea Monedero escriben a sus hijas desde Collioure, Hotel Bougnol Quintana. Es una carta intensa, emocionante en la que cuentan a sus hijas la muerte de su tio Antonio Machado, y la muerte de la  abuela Ana tres días después, la situación de ellos y el apoyo de Santullano desde la Embajada de España en París, Información para Rubén Landa sobre sus hermanas Jacinta, en Perpiñán, y Matilde en Madrid, y posibilidad de ir ellos a París en breve.

         Con fecha 20 de mayo, José Machado recibe carta de Rubén Landa, desde París, en la que hace referencia a las dos sobrinas que dejó en Moscú, alegando la necesidad de aportar dinero a su familia en París, dadas las dificultades para hacer transferencias desde Moscú. Les comenta que sus hijas están bien y que manifiestan estar contentas. Le facilita la dirección de Soledad Sancho en Moscú, por si quieren ir a esa ciudad para estar con sus hijas, creyendo no tendría problemas de trabajo como profesor de dibujo. Dice de su hija Eulalia que es una niña muy madura para su edad, y que comenten con ella.

         Estando Landa en Rusia murió Antonio Machado. Con este motivo  le visitó el hispanista Kelly, que era amigo de Antonio Machado, para hablarle de un acto que pensaba organizar en memoria de Machado.

                                              Jacinta Landa Vaz

         Creo que en julio de 1939 Jacinta Landa, después de recoger a sus hijos y a su sobrina en Rusia y llevarlos con ella a París, tal vez acompañada por su hermano Rubén, viajó a Mexico acompañada por todos ellos, sus hijos Luisa, Germán y Carmen Viqueira Landa y su sobrina Carmen López (Ganivet) Landa, hija de su hermana Matilde Landa, que ya en aquellas fechas  estaba recluida en la cárcel de mujeres de Ventas en Madrid. Así se acredita con copia dirigida a la legación de los Estados Unidos de Mexico en Francia, por Jacinta Landa Vaz, en calidad de refugiada política por su filiación española y republicana, manifestando ir acompañada de sus tres hijos y una sobrina (datos con nombre y apellidos) Se indica en el documento que Jacinta Landa Vaz es compañera de Casimiro Mahou Olmeda. Fecha 21 de julio de 1939. Firmado Jacinta Landa.