ANTONIO MACHADO Y LA FAMILIA LANDA I

Parte I

ANTONIO MACHADO

Y LA FAMILIA LANDA.

                       Parte I                    

         Antonio Machado y Álvarez (1846-1893), padre de Antonio Machado Ruiz, y Rubén Landa Coronado (1849 – 1923), padre de Rubén Landa Vaz, casi con seguridad se conocieron personalmente en aquellos años que transcurrieron entre 1883 y 1893.  

                      Antonio Machado y Álvarez

              y Rubén Landa Coronado

         Tenían muchas vivencias, actividades y amistades en común.  Ambos formaban parte del circulo de influencia de la Institución Libre de Enseñanza. Incluso sus propios ascendentes como Antonio Machado Núñez.

         Ambos eran amigos personales de Francisco Giner de los Ríos, de Manuel Bartolomé Cossío, de Nicolás Salmerón, que fue uno de los presidentes de la 1ª República Española, y otras importantes y conocidas personalidades de aquellas fechas.

         El padre de los Machado Ruiz desempeñó la catedra de folk-lore, es decir, costumbres, literatura y poesía popular en la Institución Libre de Enseñanza.

         Antonio Machado y Álvarez fue colaborador y redactor de la revista de posicionamiento republicano de Salmerón “La Justicia. Diario republicano”, en la que publicó numerosos artículos, así como su padre Antonio Machado Núñez.  Rubén Landa Coronado, como abogado, krausista, también compartía ideas jurídicas y políticas con su buen amigo Salmerón.

         La prematura muerte del padre de Antonio Machado, en 1893 (a los 47 años) probablemente generara una disminución de la frecuencia de las relaciones entre las dos familias.

         En cualquier caso sabemos que Rubén Landa Vaz conoció a Antonio Machado en un encuentro casual, en la calle, en la que coincidieron siendo presentados por el hermano de Antonio, José.  Landa, con el paso de los años apenas recordaba detalles de este encuentro, aunque si que apenas hablaron. Parece ser que en aquellas fechas tanto José como Rubén colaboraban en la Residencia de Estudiantes. Pudiera haber sido en 1916, coincidiendo con fechas de la 1ª Guerra Mundial.

         En 1917, José Machado que trabajaba como Rubén en el Colegio de segunda Enseñanza que se organizó en la Residencia de Estudiantes, propuso a su amigo y compañero que fuese con él y con su hermano Antonio Machado dos días a Toledo. Como era previsible salieron una mañana en tren, en coche de tercera clase, con sus asientos de madera; se hospedaron en una posada cerca de la plaza de Zocodover, en el centro de la ciudad toledana, recomendada por tener un ambiente agradable y sereno.

         No cabe duda que para Rubén Landa el atractivo fundamental de aquella excursión era el escuchar a Machado y agradarle, cuestión que resultaba fácil dado el carácter amable que éste tenía.

         Recuerda Rubén que Antonio Machado habló poco pues era evidente que tendía a estar callado, a oír y escuchar, fijándose en todo, y siempre dispuesto a ver más.

         Notó que tenía dificultades para andar deprisa, pero no se oponía a desplazarse lo que fuera necesario para ver temas artísticos que resultaran de su interés.

         Parecía agradarle la modesta y tranquila casa de huéspedes, la gente que servía y la comida aderezada con cuidado. Según Landa daba la impresión de ser una persona encantadora.

         La tercera vez que se vieron fue una tarde de septiembre de 1919, en los claustros de la Universidad Central. Nos cuenta Rubén Landa que iba a examinarme de una asignatura del doctorado de filosofía (metafísica). Y allí estaba Don Antonio, y sorprendido supo que pese a la edad que tenia también iba a examinarse. Llegaron los profesores que iban a examinarlos, entre ellos Ortega y Gasset y García Morente. Empezado el examen, que era oral, dijeron que cada alumno hablase de un clásico de la filosofía elegido por él.  Machado, dirigiéndose a Ortega habló de Kant, hablando bajo, tanto que apenas le podían oír las otras personas que estaban en el aula.  Luego, finalizado en examen y ya en la calle, Antonio Machado elogió el libro de Morente acerca de la “Crítica de la razón pura” de Kant.

         En aquellos años Rubén Landa trabajó en la secretaría de la Residencia de Estudiantes.  Efectuó prácticas de enseñanza, entre 1914 y 1919, en su Grupo de Niños, formado por alumnos de segunda enseñanza.

         Poco después Landa obtuvo una cátedra de Instituto de Psicología y Lógica, asignatura que impartiría en Salamanca y más tarde en Segovia, entre 1925/7 y 1931.

         Estando en Salamanca, presentó diversos trabajos, uno de ellos un ensayo sobre “El problema de la libertad de la voluntad en la filosofía de Bergson y en el Pragmatismo”.  Este trabajo sobre Bergson debió interesarle a Antonio Machado, que en París le había conocido personalmente en asistencias a sus clases en la Sorbona.

         En Segovia coincidió con Antonio Machado y con el profesor Martín Echeverría. Los tres eran republicanos y militaban en Acción Republicana, fuerza política dirigida, desde 1930 por José Giral y por Manuel Azaña.

         En 1925 llegó Rubén Landa como profesor al Instituto de Segovia, donde Antonio Machado era profesor de francés, y allí siguieron los dos hasta después de proclamarse la Segunda República.

         Recuerda Landa que tuvo la suerte de coincidir casi todos los días, entre clases, durante una misma hora libre con Antonio Machado. Hora que pasaban los dos solos charlando, pues hábilmente Rubén le incitaba a hacerlo, sacando temas que sabía eran de interés para Antonio Machado. Aunque no hacía mucho tiempo que se conocían, en el pasado de ambos había recuerdos comunes de los que les gustaba hablar. Un día Machado le comentó que de la Institución Libre de Enseñanza los maestros que mas admiraba eran Don Francisco Giner de los Ríos, Don Manuel Bartolomé  Cossío y el profesor de filosofía José de Caso, a cuyas clase también había asistido Rubén. Cossío era amigo personal de los padres y del abuelo de Antonio Machado.

                                      Matilde Landa y Julia Cossío

            También lo era del padre de Rubén Landa, tanto es así que Julia, hija de Cossío, era muy amiga de Matilde Landa, hermana menor de Rubén.

         Recordaban que del Señor Caso, decía don Francisco Giner que no conocía de nadie que preparase tanto sus clases. Hablaban con frecuencia de literatura.  Antonio Machado, que decía leer mucho, cosa que era evidente, comentaba que había leído todas las obras de Lope de Vega, y decía que el verso servía para dar concisión a los diálogos.

         En aquellas charlas comentaba Machado que muy pronto se interesó por el teatro y que con su amigo el poeta Antonio Zayas formó, siendo estudiante, una compañía de aficionados al teatro que representaba por los barrios de Madrid. Que una vez que representaban un drama sobre la vida de Cristóbal  Colón , en una escena en que éste se quejaba de que le habían abandonado  y quedando pobre y hambriento, un espectador le tiró un panecillo que fue a darle en la cabeza con gran regocijo del auditorio, y que al estar  la compañía mal de fondos, una vez, al estar en plena representación se presentó el peluquero, dueño del local, y exigió el pago inmediato del alquiler y como no tenían dinero suficiente en aquel momento se llevó las pelucas, barbas y bigotes, por lo que los actores tuvieron que seguir sin ellos.  Contaba que trabajó, durante poco tiempo en la Compañía de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza. Que conservaba y conservaría siempre la amistad con Antonio Zayas aunque pensaran de forma muy distinta en política, pues Zayas era muy conservador, mas que conservador, y que cuando le nombraron embajador en Buenos Aires no podía admitir que fuese como embajador y no como virrey. Humor e ironía de Antonio Machado.

         Relata Landa que Machado decía que conocía bien la literatura francesa, que había leído pronto los volúmenes de Proust y criticaba la frecuente mala intención de algunos escritores para llamar la atención. (A. Gide). Hablaba con gran respeto de Rubén Darío, al que conoció y trató en París, Admiraba a Valle-Inclán. Le contó que en un café de Madrid un cliente lanzó una botella a otro cliente, con la mala suerte que hirió en un brazo a Valle-Inclán y que como consecuencia de la herida fue preciso amputárselo, negándose a que empleasen  anestésicos, y que soportó la operación con enorme entereza, sin quejas.

         No le gustaba la nieve, decía que el campo nevado parecía quedarse sin vida. Que un invierno yendo a Segovia se quedó el tren parado en medio de un temporal de nieve. Pasaron los viajeros la noche en los vagones, ateridos de frío, y contaba con gracia escenas cómicas que presenció entonces

         Contó a Landa que en principio no le gustaba enseñar francés a principiantes, y que no le gustaba “mi subida diaria al Calvario desde la plaza de Azoquejo de Segovia hasta la cátedra del Instituto. La interminable escalinata junto al acueducto, la escalera desde el piso bajo, desde el claustro al aula y ya dentro de la clase otro escalón para llegar al estrado del profesor.

         Lo que menos le gustaba era examinar, y aunque por su antigüedad le correspondía casi siempre presidir los tribunales nunca se sentaba en el centro, sino en una esquina de la mesa. Y cerca de él el alumno. Los dos hablaban bajo y así casi nadie se enteraba de lo que decían. Don Antonio aprobaba a todos. Pero una vez suspendió a uno que después de no responder a ninguna pregunta le dijo “Quiere decirnos algo sobre Cervantes”. El alumno respondió “no me suena”. Landa creía que este fue el único suspenso que dio, tal vez en su vida.

         Antonio Machado fundó con otros profesores, entre ellos Mariano Quintanilla, la Universidad Popular de Segovia.  Los profesores daban gratuitamente las clases nocturnas, organizaban conferencias públicas y crearon una biblioteca circulante que prestaba libros a personas de la capital y de los pueblos de la provincia. Don Antonio daba clases de francés y contaba que siempre tenía alumnos, pero que todos eran nuevos cada día. Humor e ironía no le faltaba.

         Como iba con frecuencia a Madrid y allí tenia muchos amigos solía encargarse de buscar conferenciantes, a los que la Universidad Popular solo les podía pagar el viaje y la estancia. Dio muchos libros a la biblioteca. Como en todo, era muy generoso.

         A primera hora de la tarde solía reunirse con varios amigos en el café de la Unión. Viejo y antiguo tenía asientos de terciopelo rojo y grandes espejos en las paredes. El comedor del café sirvió, durante los últimos tiempos de la monarquía para reuniones del partido republicano. De allí salió la lista ganadora en las elecciones municipales que trajeron la república.

         Antonio Machado tenía en Segovia un grupo de amigos excelentes, la mayoría jóvenes de la Universidad Popular, que habían recibido el influjo del maestro Señor Zambrano, padre de la escritora María Zambrano.

En la fotografía Emiliano Barral, Antonio Machado (hay dudas de que sea nuestro poeta), Eugenio de la Torre y Julián María Otero. Tertulia en los jardines de San Gregorio Segovia 1923

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         AL ESCULTOR EMILIANO BARRAL.

                 … Y tu cincel me esculpía

en una piedra rosada,

         que lleva una aurora fría

         eternamente encantada.

         Y la agria melancolía

         de una soñada grandeza,

         que es lo español (fantasía

         con que adobar la pereza),

         fue surgiendo de esa roca,

         que es mi espejo,

         línea a línea, plano a plano,

         y mi boca de sed poca,

         y, sobre el arco de mi cejo,

         dos ojos de un ver lejano,

         que yo quisiera tener

         como están en tu escultura;

         cavados en piedra dura,

         en piedra, para no ver.

         A este grupo de amigos pertenecía el escultor Emiliano Barral que murió en 1936 en el frente de Madrid y que fue el autor del famoso busto de Antonio Machado, cincelado en piedra rosada.   A Barral le dedicó un hermoso poema. A sus reuniones, charlas o tertulias solían asistir diversas personas; el ambiente era democrático. Y era   frecuente  que obreros quisieran hablar o escuchar a Antonio Machado

Escultura en piedra rosada de Antonio Machado, por Emiliano Barral

         Decía Rubén Landa que Antonio machado, en su sencillez era una de las personas de mayor distinción que había conocido.

         El ambiente en el café era acogedor. Se hablaba del teatro clásico español y decía que éste se hallaba muy cerca del pueblo. Contaba que una vez oyó a dos obreros, que al leer una cartelera que anunciaba “La vida es Sueño” decían “esto es lo nuestro”.

         Aquellos jóvenes del café y tertulias tenían un profundo afecto por Antonio Machado y nunca hacían alarde de ello delante de él. Recuerda Landa que en este grupo publicó hacia 1930 un diario republicano que se llamó Segovia Republicana.

         La casa de huéspedes en la que vivía en Segovia era muy modesta. Rubén estuvo en ella varias veces. La patrona, Luisa Torrego, era una viuda con un hijo adolescente, que tenía escasos recursos, lo que motivaba el que Antonio Machado permaneciera en ella como huésped, a pesar de tener ofertas mejores en calidad y precio.      

         El cuarto que tenía era muy frio y con los muebles indispensables. Desde la ventana veía el pueblo de Zamarramala. Antonio Machado decía que para calentar el cuarto tenía que abrir la ventana. Sin embargo no se mudó, explicando que si solo quedaba él en la casa de huéspedes, por carecer de comodidades, él no podía irse y dejar solos a aquella madre y su hijo

      Casa de la pensión en la que vivió Antonio Machado en Segovia.

         Una vez, estando él enfermo y en aquella habitación, Rubén fue a verle y Machado le pidió que en su nombre le hiciera un giro a los padres de su esposa Leonor, fallecida hacía veinte años. Seguía, de alguna forma pendiente de aquella familia.

                          Habitación de Antonio Machado en Segovia.

         En aquellos años segovianos Antonio Machado conoció a Matilde Landa, hermana de Rubén, que iba con frecuencia a ver a su hermano y pasar breves temporadas con él.

                                     Matilde Landa Vaz, hacia 1927

En Segovia existía una sociedad de conciertos. Landa cree que se llamaba la «Filarmónica de Segovia”. Uno de sus conciertos lo dio un cuarteto de músicos jóvenes, acaso de Checoslovaquia. Debió ser hacia el año 1930. Antonio Machado asistió al concierto. Fue por la tarde. Aquella misma noche los cuatro ejecutantes fueron a casa de Rubén Landa, que invitó a Antonio Machado a asistir a la reunión.  Sin duda le gustó el concierto y le agradó charlar con aquellos músicos. No sabían español, pero sí francés, y en francés hablaron.  Antonio Machado lo hablaba con soltura y correctamente, con la naturalidad con que hacía todo.

         Intervino mucho en la conversación y aquellos jóvenes comentaron al día siguiente que habían quedado encantos de él.

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