ANTONIO MACHADO: EL EXILIO. Desde el 29 al 31 de enero en Collioure.

Antonio Machado, su madre Ana Ruiz, su hermano José y Matea, la mujer de éste, llegaron al Hotel Bougnol-Quintana, en Collioure, en las últimas horas de la tarde del 28 de enero de 1939,  apagándose las postreras luces del día.

Tras los mínimos formalismo requeridos la dueña del hotel, Pauline Quintana, les acomodó en la primera planta en una doble estancia de dos habitaciones. En una se instalaron Antonio Machado y su madre, en la otra José y su mujer.

El cansancio que tenían era inmenso, apenas se podían mantener de pie y optaron por tumbarse y descansar. Toda la noche en silencio, solo se oyeron algunas palabras de “hasta mañana”. En el duermevela de esa noche seguro que, cada cual a su manera, repasó los días anteriores y pensó en su incierto futuro inmediato.

Castillo de Collioure

Pero el nuevo día empezó a  clarear y tenían muchas cosas por decidir e intentar resolver. El descanso de la noche les había dado algunas fuerzas y ánimos.  Suponemos que bajaron al comedor para desayunar, al menos para tomar algo caliente.  El hotel tenía fama, como luego supieron, de ofrecer buenos desayunos y comidas bien elaboradas y cuidadas. A medio día y por la noche solía llenarse en comedor de gentes diversas (en aquellos días los refugiados civiles y militares eran frecuentes).

José decidió acercarse al comercio de Juliette Figueres, que tan agradablemente les había recibido en su local la tarde anterior, para darles las gracias y probablemente para recabar información del pueblo – estafeta de correos, telefónica, telegrafía, horarios de trenes, autobuses, papelería … -. 

Juliette Figueres en su comercio.

Probablemente Antonio acompañara a su madre y a su cuñada a las habitaciones, para que pudieran descansar más. Matea y José vivían desde que se casaron en el piso de Madrid de la calle General Arrando 4, casa de Antonio Machado cuando estaba en Madrid y en la que vivía la madre Ana Ruiz. Matea estaba siempre pendiente de su suegra y acostumbrada a atenderla.

Antonio Machado, una vez dejadas a las mujeres en las habitaciones, que por cierto desde sus balcones se veía el castillo y la Placette principal del pueblo, fue en busca de su hermano, alcanzándolo en el comercio de Juliette Figueres. El día, invernal y frío, no era lluvioso. Fue atravesando un vado del arrollo Douy, o pasó por arriba, por el cementerio?

Al fondo de la fotografía el Hotel Bougnol-Quintana con la escalera de acceso a las habitaciones de la primera planta, en la que estuvieron alojados los Machado.

Hasta este momento tenemos la certeza de que así sucedió, y podemos decir que, básicamente los hechos que relataremos a continuación son ciertos, aunque la cronografía puede alterar el orden real. No olvidemos que la información nos llega por recuerdos de Matea, por lo escrito, ya en Chile, por José Machado, por lo escrito posteriormente por amigos de los Machado que directamente o indirectamente compartieron aquellos días, por la correspondencia mantenida con éstos, y como no por lo manifestado y narrado posteriormente por J. Baills, por Gastón Prats, por Juliette Figueres y su esposo, y por Pauline Quintana. Todo lo demás por tradición oral, con sus luces y sus sombras y por la repetición de lo que con el tiempo escribieron sobre el tema, los últimos días de Antonio Machado, unos y otros y muchos estudiosos machadianos.

Lo más probable es que aquél día 29 de enero, obtenidos los datos sobre Collioure que hemos indicado, empezaran a pensar y decidir las gestiones necesarias para contactar con aquellas personas y organismos que les pudieran ayudar. Teniendo en cuenta la casi absoluta falta de dinero francés, creemos que pensaron en utilizar, y utilizaron, el correo o los telegramas; los escasos recursos económicos que les quedaban (algunos francos que tal vez les dejó Corpus Barga  o Joaquín Xirau – de lo que sobrara de los trescientos francos que les entregó José Giral en Cerbere la mañana del 28 – ) debieron reservarlos para momentos o necesidades perentorias (billetes de tren a Perpiñán, alguna llamada telefónica urgente o inevitable, y por supuesto papel, sobres y franqueo para enviar correo). Sin duda esperaban les llegaran algunos francos desde la Embajada de España en París, pero no sabían ese día 29 ni cuando, ni cuanto ni como.

Desde luego la situación que tenían era desesperante, siendo la paciencia y la espera casi lo único con lo que podían contar.

Sabían que Santullano estaba en París en la Embajada, que Tomás Navarro Tomás debía estar a punto de llegar a la capital francesa y que se acercaría a la Embajada. Lo mismo pensaban de Corpus Barga y tal vez de Joaquín Xirau.  Luego era la Embajada de España en París el principal contacto al que tenían que acudir. Los demás amigos o conocidos se habían dispersado y difuminado en el territorio francés. El otro contacto era el consulado de Perpiñán, pero a éste lo mejor era desplazarse  físicamente; según la información, escrita u oral, de Julio Álvarez del Vayo que les facilitaron en Cerbere la tarde anterior, éste era el único sitio al que ir en esos momentos.

Y así acordaron sus actuaciones inmediatas: carta a la Embajada, informando de su dirección en Collioure  y solicitando ayuda,  y desplazamiento a Perpiñán.

Estación ferroviaria de Collioure

Este breve desplazamiento a Perpiñán, dada la situación de agotamiento de Ana Ruiz, madre de los hermanos Machado, decidieron hacerlo del siguiente modo: al día siguiente, 30 de enero, a primeras horas de la mañana, José y Matea se desplazarían a  Perpiñán donde, además de solicitar la posible ayuda que Julio Alvarez del Vayo les indicó  a través de Corpus Barga y Tomás Navarro Tomás, podían tramitar la documentación que les fuera preciso tener para moverse o desplazarse en Francia. Antonio Machado se quedaría en Collioure atendiendo a su madre. Al día siguiente 31 de enero regresaría a Perpiñán José, esta vez acompañado de su hermano Antonio, para terminar las tramitaciones que hubieran iniciado el día anterior. Ana Ruíz se quedaría en Collioure acompañada por Matea.

Plaza de Perpiñán en aquellas fechas.

Probablemente se desplazaron sin ofrecer o facilitrar ninguna notificación a nadie. En realidad, teniendo en cuenta que el tren no tardaba  más de media hora en realizar el trayecto, Collioure – Perpiñán, pensaron que las gestiones de cada dia se podían realizar a lo largo de una mañana; ida y vuelta. Y si eran necesarias algunas horas más tampoco tenían problemas.

Otra imagen de Perpiñán en aquellos tiempos.

Si así fue, no sabemos que les ofrecieron o facilitaron en el Consulado, tal vez algo de efectivo, y sin duda la tramitación de los pasaportes. Las fotos que se aportaron a estos efectos debieron hacerse en alguna casa fotográfica que en aquellos días debía estar funcionando “a tope” dado el incesante aluvión de refugiados españoles que cada día llegaban a Perpiñán.

Parte del pasaporte de Antonio Machado,
expedido en Collioure el 31 de enero de 1939.

En cualquier caso el día 29 de enero debieron enviar a la Embajada Española en París carta en los términos que ya hemos indicado, y que como indica Santullano en su carta a los hermanos Machado del día 2 de febrero, debió llegar a París el 30 de enero, siendo, como primera reacción del Embajador, el enviarles un giro postal de 2000 francos. El giro debió llegar el 31 de enero.  Con ello la acuciante situación económica se resolvía, en parte, durante unos días.  Una semana más tarde les llegaron otros 4200 francos, con los que la familia Machado podía aguantar hasta finales del mes de febrero, pagando el hospedaje del Hotel Bougnol-Quintana.

¿Recibieron estos días alguna visita en  Collioure? Casi con seguridad tenemos que decir que no; únicamente pudo acercarse el cónsul de Port Vendres,  Sr. Santaló, pero no creemos sucediera en estas fechas.

Hotel Bougnol-Quintana con el arroyo Douyt cubierto de agua,

No creemos que en estos últimos días de enero fueran los Machado a visitar a los Figueres, con la excepción de la que efectuaron el día 29 por la mañana.

En cuanto a Jacques Baills sabemos que no vio a los Machado, a ninguno de los hermanos, en los tres primeros días de su estancia en Collioure.  Así nos cuenta en sus comentarios posteriores, en los que dice que a los dos o tres días, al anotar en el libro registro del hotel los huéspedes que llegaban ( él era el encargado por Pauline Quintana de este cometido) vio  que uno de los que él había recomendado el Bougnol-Quintana se llamaba Antonio Machado, y recordó que en sus estudios de español había leído unas poesías de un poeta que así se llamaba.

Jacques Baills
Jacques Baills

Ese mismo día, al llegar la hora de la cena, que era cuando llegaba del trabajo Jacques Baills, se acercó a Antonio Machado y le preguntó si era el poeta Antonio Machado. Éste le contestó, serenamente y con toda sencillez que sí que era él.

Jacques Baills

A partir de ese momento coincidieron con frecuencia en el comedor del Hotel y conversaron con frecuencia creándose entre ellos una  corriente de amistad y de  simpatía recíproca.

Para encajar estos hechos entre si recordemos que entre los amigos y conocidos con los que podían contactar los Machado en esos últimos días de enero estaban Corpus Barga  que debió trasladarse el día 28, una vez dejados en el Hotel Bougnol-Quintana a los Machado, a Perpiñán, partiendo hacia París el día siguiente, 29 de enero; pensamos que debió contactar con la Embajada Española el día 30 de enero informando de lo acontecido con Antonio Machado, Tomás Navarro Tomás,  que estuvo esos días, 29 a 31 de enero, en París, los posteriores, hasta la fecha en la que marchó a EEUU, a New York, para ir a la Universidad de Columbia, también en París, y Luis Alvarez Santullano que estaba en París, y estuvo al menos hasta que se marchó  a mediados de 1939 primero a EEUU y luego a México.  Tal vez Sacristán estuviera en Perpiñán los días 29 y 30. Jacinta Landa es posible que estuviera esos días en Perpiñán y que coincidiera con ellos en esta ciudad. Bergamín había llegado en esos primeros días de febrero a París, y estando en contacto con una «asociación de escritores»

El día  31 de enero , como ya hemos indicado, los Machado volvieron a escribir a la Embajada de España, llegando la carta el 2 de febrero a las manos de Santullano, día en que éste contestó a la del 30 y a esta del 31, pero dejemos el comentario de esta misiva para el relato de lo acaecido en el mes de febrero.

LA VOZ DE ESPAÑA. GRABACIONES DE AUDIO A ANTONIO MACHADO EN 1938

ANTONIO MACHADO EN LA RADIO,

18 DE NOVIEMBRE DE 1938.

VOZ DE ESPAÑA  –  BARCELONA

Hasta la fecha no se han encontrado documentos sonoros con la voz de ANTONIO MACHADO, pero sabemos que se le grabó para la radio en Barcelona, al menos una vez, y probablemente en otra ocasión en Valencia.

La grabación de Barcelona de la que tenemos conocimiento se efectuó probablemente el 18 de noviembre de 1938, tal vez uno o dos días antes, en la emisora de radio “LA VOZ DE ESPAÑA”.  Esta emisora publicaba un pequeño diario con las referencias de sus programas radiofónicos, y así en su número 107 de 18 de noviembre de 1938 dice en dicho documento:

El insigne poeta español Don Antonio Machado ha hablado por radio, a través de las emisiones de “La Voz de España”, a todos los españoles

“Solamente es legítimo el Gobierno que representa la voluntad del pueblo español, libremente expresado”.

Sigue el documento diario con la reproducción del primer párrafo de la alocución, para terminar destacando las siguientes palabras:

“En el trance trágico y decisivo que vivimos, no puede haber dudas ni vacilaciones para un español. Ya no le es dado elegir bando ni bandería: ha de estar necesariamente con España y en contra de los invasores”.

Igualmente, “La Vanguardia” de Barcelona, en su página 3 del martes 22 de noviembre de 1938, se hace eco de esta alocución de don Antonio Machado dirigida a todos los españoles, que trascribe en dicha pagina, y que ahora y a continuación transcribimos nosotros:

En la patriótica emisión de radio que diariamente se da con el título “La Voz de España”.  Ha sido divulgada la siguiente alocución del ilustre poeta don Antonio Machado:

         “A todos los españoles –  Más de una vez he dicho, y nunca me cansaré de repetirlo, que mi ideario político se ha limitado siempre a aceptar como legítimo solamente el Gobierno que representa la voluntad del pueblo, libremente expresada.  He de añadir que la palabra pueblo no tiene para mi una marcada significación de clase; del pueblo español forman parte todos los españoles. Por eso estuve siempre al lado de la República española, cuyo advenimiento trabajé en la modesta medida de mis fuerzas y dentro de los cauces que yo estimaba legales. Cuando la República se implantó en España, como una inequívoca expresión de la voluntad política de nuestro pueblo, la saludé con alborozo y me apresté a servirla, sin aguardar de ella ninguna ventaja material. Si ella hubiera venido como consecuencia de un golpe de mano, como imposición de la astucia o de la violencia, yo hubiera estado siempre enfrente de ella.  Yo sé muy bien que dentro de una República se plantean problemas mucho más hondos que el estrictamente político – son ellos de índole económica, social, religiosa, cultural, en suma -, y que, dentro de esa República, caben ideologías no solo diversas, sino hasta encontradas. Pero por muy honda y enconada que sea la lucha, La República conserva su legitimidad mientras la voluntad del pueblo, libremente expresada, no la condene.  Por eso cuando un grupo de militares volvió contra el legítimo Gobierno de cla República las armas que de él había recibido para defenderla de agresiones injustas, yo estuve, sin vacilar. Al lado de ese Gobierno desarmado. Sin vacilar, digo, y también sin la menor jactancia: `porque creía cumpl.ir un deber estricto.  Los profesionales de las armas no eran ya el Ejército de España: el Ejército de España era entonces, para mi, aquel que el pueblo hubo de improvisar con los mejores de sus hijos; un Ejército tan débil e insuficientemente armado por fuera, como fuerte y superabundantemente provisto, por dentro, de razón y de energía moral. Improvisado, digo, con los mejores de sus hijos, y no vacilo en añadir: con un pequeño grupo de voluntarios propiamente dichos, de hombres abnegados y generosos que venían a España, sin la más leve ambición material, a verter su sangre en defensa de una causa justa.

         Con todo ello, y convencido de la ceguera, de los errores. De la injusticia de nuestros adversarios, de cuya índole facciosa no dudé un momento, confieso que nunca pude aborrecerlos: con todos sus yerros, con todos sus pecados, eran españoles; y el lazo fraterno, hondamente fraterno de la patria común, no podía romperse ni con la más enconada guerra civil.

         Pero se inició el hecho monstruoso de la invasión extranjera. De un modo subrepticio y cobarde. La invasión se produjo, y fue tomando cuerpo y realidad innegable a medida que el tiempo avanzaba. Dos pueblos extranjeros habían penetrado en España para disponer para disponer de su destino futuro y para borrar por la fuerza y la calumnia su historia pasada.  En el trance trágico y decisivo que hoy vivimos. No puede haber dudas ni vacilaciones para un español. Ya no le es dado elegir bando no bandería: ha de estar necesariamente con España y en contra de los invasores. Dejemos a un lado la parte de culpa que en la invasión de España hayan podido tener los españoles mismos. Si este pecado existe, si alguien lo cometió conscientemente, es de índole tal que escapa al poder de sanción de todo tribunal humano.

         Reparad también en que ni siquiera he hablado de fascismo ni de marxismo. No creo que haya nadie en España que diste más que yo del ideario fascista. Siempre he creido, sin embargo, que, desde un punto de vista teórico, cabe ser fascista sin que por ello dejar de ser español. Mas siempre he afirmado que no se pueda ser español y entregar el territorio y los destinos de España a la codicia imperialista del fascio italiano o del racismo alemán. No creo que nadie. Hoy, en España, pueda pretender honradamente que esto sea posible.

         Se nos ha calumniado, dentro y fuera de España, diciendo que nosotros también servimos una causa extranjera: que trabajamos por cuenta de Rusia. La calumnia es doblemente pérfida, pero tan grosera, que no ha podido engañar a nadie que no sea perfectamente imbécil.  Porque todos saben (están hartos de saber) que Rusia, ese pueblo admirable, que renunció a su imperio para libertar a sus pueblos, no atentó nunca a la libertad de los ajenos y que non tuvo jamás la más leve ambición territorial en España. Esto lo saben todos, aunque muchos disimulen ignorarlo.

         Ha llegado el día, hombres de España, de España entera – quiero decir de todos los pueblos hispánicos cuyo territorio está invadido, – en que hemos de reconocer esta verdad inconcusa: nuestro deber más imperioso es luchar por nuestra independencia terriblemente amenazada. Y España es fuerte, mucho más fuerte de lo que piensan nuestros enemigos, porque como he dicho una vez, y no me importa repetirlo, España no ex una invención de la diplomacia extranjera o la resultante de tratados de paz más o menos ineptos. Lleva siglos de vida propia, perfectamente definida   por su raza, por su lengua, por su geografía, por su historia y por su aportación a la cultura universal.  No dudéis un momento que traiciona a su patria quien se niegue a defenderla contra la invasión extranjera.

         El Gobierno de nuestra República, en el ejercicio de un derecho incuestionable, y en el cumplimiento de du más alto deber, ha formulado, en el documento del doctor Negrín, de todos conocido, las líneas generales de los fines de guerra para España entera. Nada en ellos se prejuzga; nada en ellos implica coacción o amenaza.  Toso en ellos significa atención y respeto para todas las buenas voluntades de España. Meditadlo bien.  Y escuchad. Al par, el dictado de vuestra conciencia. El os señalará el único camino para ser españoles.”.

         Esta alocución emitida por La Voz de España es incuestionable, solo falta el encontrar la grabación de la misma, ¡si se realizó – pensamos que sí-  y alguien, o algún fondo documental sonoro, la conserva). Por ello solicitamos a todas aquellas personas que conozcan o estudien este tipo de archivos intenten encontrar este documento sonoro, que sería extraordinario par conocer un poco más la personalidad de Antonio Machado.

         Igualmente, aunque no tenemos la seguridad de que sea cierto lo que ahora vamos a decir, aplicar esta búsqueda de documento sonoro a otra, posible, alocución de Antonio Machado, del día 7 de noviembre de 1938. En La Vanguardia del martes día 8 de noviembre de 1938, en su página 5, se dice:

         “Antonio Machado habla del 7 de noviembre”.

         “Quién oyó los primeros cañonazos disparados sobre Madrid  por las baterías facciosas, emplazadas en la Casa de Campo, conservará para si empre en la memoria una de las emociones más antipáticas, más angustiosas y perfectamente demoníacas que pueda el hombre experimentar en su vida. Los asesinos de Madrid, asesinos de España, estaban allí, crueles, implacables… Pero no entraban. ¡Oh! No podían entrar. Hubo de aplazarse indefinidamente el sacrílego Te Deum en la Puerta del Sol, que proyectaban aquellos enemigos de Dios, para festejar la consumación de su crimen. No entraron, no podían entrar, porque Madrid no lo consentía. Un general insigna y unos cuantos capitanes egregios – ¿habrá algún día bronce bastante para ellos? – cuajaron con pechos un frente de combate, una barrera infranqueable para el odio faccioso. Han pasado dos años y, para asombro del mundo –  ¿merece el mundo tan sublime espectáculo? – esa barrera sangra, pero no cede. ¿Triunfará Madrid? La victoria la ha ganado cien veces, quiero decir que cien veces la ha merecido.”.

         ¿Es una transcripción de una alocución radiofónica del día 7 de noviembre de 1938? Si es así, y como en el caso anterior  fue “La Voz de España” la emisora, ¿se grabó y se conserva?

         Esperemos que alguien solucione las dudas, y por supuesto esperemos que sea cierta y que se encuentre la grabación.

Antonio Machado en Valencia. Se doce que se grabó este discurso

         En relación con estos temas radiofónicos relativos a la grabación y conservación de la voz de Antonio Machado, recordamos que se dice, o se ha escrito, que en Valencia, en el año 1937, nuestro poeta habló por la radio al menos una vez, y que su discurso del 1º  de mayo de ese año también fue grabado.  Pero no tenemos más información. 

Villa Amparo (Rocafort – Valencia)
en 1937.

¡Bienvenida sea la información que pueda aparecer¡

CARTA DE 4 DE MARZO DE 1939 de FRANCISCO LÓPEZ GANIVET y de LUCÍA GONZÁLEZ DIAZ.

La noticia de la muerte de Antonio Machado se extendió rápidamente entre los medios oficiales de la república, el mundo de los intelectuales y entre muchos españoles, republicanos en su mayoría, que estaban ya en Francia. En los días siguientes trascendió, a través de la prensa, sobre todo española, francesa e inglesa, llegando la noticia a muchas personas y paises.

La situación de la mayoría de ellos era compleja, pues casi todos tenían bastante problema con saber donde estaban, a donde iban y que futuro les aguardaba, además de la urgente preocupación de poder cubrir las necesidades del día a día.

No obstante muchos fueron los que enterados del luctuoso hecho se movilizaron, dentro de sus escasas posibilidades, para rendir en Collioure un último homenaje al poeta.

Otros, ante la dificultad o imposibilidad de trasladarse a Collioure, optaron por enviar cartas o telegramas de condolencia a los familiares, y en particular a aquellos que con él habían estado hasta el último día de su vida.

Entre los que se desplazaron hasta el Hotel Bougnol-Quintana de Collioure, citamos a Gastón Prats y Henry Frère.  Como quedó recogido en posteriores manifestaciones suyas, algunas grabadas en audio, llegaron a Collioure al atardecer del mismo 22 de febrero de 1939. Estuvieron prácticamente toda la noche en el velatorio y al día siguiente en el entierro. Venían del cercano pueblo de Saint André, junto a Perpiñán. Son conocidos los dibujos que Frére hizo esa noche de Antonio Machado ya muerto. Gastón Prats regresó a Collioure tres días después, el 25 de febrero, al enterarse del fallecimiento de Ana Ruiz, madre del poeta.

Probablemente el 1 o el 2 de marzo Gastón Prats informó a su amigo Francisco Ganivet de la muerte de la madre de los Machado y de las señas de Collioure, donde quedaban José Machado y su mujer, a los que también conocía Francisco.  Francisco Ganivet estaba en un pueblo al norte de Montpelier llamado Monoblet (Gard).

Con esta información el día 4 de marzo Francisco Ganivet y su compañera Lucía González escriben a José Machado trasmitiéndole que “de todo corazón hemos sentido los dos las dos pérdidas que lloran ustedes, Queríamos sinceramente a Don Antonio”. Igualmente le dicen que saben por Gastón Prats    “que amigos de París les están ayudando a ustedes”. Le comenta que “de mi hija tengo buenas noticias. Esta allá feliz y contenta”, y añade “supongo que igual estarán las de ustedes”. Se despide “son sus sinceros amigos” Lucia González y Francisco Ganivet.

¿Quiénes eran estos amigos de los Machado?. Tras sencillas investigaciones llegamos a saber que el que firma como Francisco Ganivet era Francisco López Ganivet, y Lucía González su segunda mujer cuyo nombre completo era Lucía González Díez.

La hija de la que dice Francisco que está allá feliz y contenta era Carmen López Landa, hija suya y de su primera mujer Matilde Landa Vaz, de la que se separó amigablemente al comienzo de la Guerra Civil española.

Francisco López Ganivet, Matilde Landa Vaz y
la hija de ambos, Carmen López Landa

Las hijas “de ustedes”, Eulalia, María y Carmen, eran las tres hijas de José Machado y su mujer Matea Monedero.

Estas cuatro niñas, acompañadas de una prima de la hija de Francisco López Ganivet, y de la hija, Amaya, de Dolores Ibarruri, salieron juntas desde Barcelona con destino la U.R.R.S. en el verano de 1938, llegando a Moscú en septiembre. Las acompañó Rubén Landa Vaz, hermano de Matilde., Obviamente Francisco López Ganivet dio su aprobación al traslado de su hija, máxime cuando su hermana Josefa López Ganivet estaba en Moscú como educadora de los niños españoles que a esta ciudad llegaban.

Carmen López Landa llegó a Moscú, parece que pasando previamente unos días en Kaluga, ciudad en la que trabajaba como educadora su prima Luisa Viqueira Landa (hija de su tía Jacinta y hermana de su otra prima que le acompañaba en el viaje, Carmen Viqueira Landa), y permaneció en esta capital de la U.R.R.S. hasta agosto de 1939, fecha en la que en compañía de su tío Rubén  y su tía Jacinta, que fue a buscar a sus hijas y a su sobrina a Moscú, se trasladó a Mexico. Aquí vivió hasta el final de la II Guerra Mundial, trasladándose a Londres en 1945. En Londres se reunió con su padre Francisco López Ganivet y con su mujer Lucía González Diéz, con los que vivió hasta principios de 1951. En estos años se afilió al PCE, siendo trasladada en este año a Praga para trabajar como interprete y traductora en la Unión Internacional de Estudiantes.

En esta ciudad checa volvió a coincidir con una de las niñas que con ella salió de Barcelona en 1938, Eulalia Machado Monedero, sobrina de Antonio Machado. Ambas estaban ya casadas y vinculadas de alguna manera, directa o indirectamente con el PCE. Probablemente por pequeñas disidencias con la “opinión oficial”, en distintos momentos ambos matrimonios fueron “trasladados” a la apartada ciudad de Usti Nad Labem, volviendo a coincidir en esta población cercana a la frontera alemana; en el caso de Carmen el traslado lo fue como medida sancionadora por algún tipo de “comportamiento inapropiado”. En el caso de Eulalia por “comportamiento inapropiado (titista)” de su marido Jerónimo Casado Botija.

Como podemos ver la vida gira sin cesar y las personas pueden volver a encontrarse en distintos años, lugares y circunstancias.

Carmen regresó a España en el año 1960, volviendo a encontrarse con su padre en Granada, pero por motivos políticos tuvo que emigrar nuevamente a México, volviendo definitivamente a España en 1970, donde murió en 2006, no sin antes haber participado en actos en memoria de su madre Matilde Landa.

Eulalia Machado y Leonor Machado en Madrid

Eulalia, al ser rehabilitado su marido, fue destinada con él, en 1963 a la Habana (Cuba), desde donde regresó a Praga en el 1966, al fallecer en la isla su marido.  Desde Praga consiguió regresar a Madrid con su hijo Antonio Casado Machado. Aquí vivió hasta su fallecimiento en 2010. Su hijo regresó pronto a Praga para casarse, durante años fue la voz en castellano que se oía en Radio Praga en sus emisiones para España y Sudamérica, posteriormente fue contratado por la Embajada de España en Checoslovaquia, donde trabajó muchos años. Ahora, ya jubilado vive con su mujer, sus hijos y nietos en Praga.

RADIO PARIS: Entrevista a Gastón Prats en 1975.

Título: Muerte de [Antonio] Machado evocada por Gastón Prats

Año: [1975?]

Duración: 21 min., 25 seg.

Fondo sonoro: Radio París. Ramírez/del Campo

Resumen: Entrevista a Gastón Prats, teniente interprete en los campos de concentración del Rosellón, Argelés y Saint Cyprien, sobre Antonio Machado

Gastón Prats fue profesor de francés en Madrid durante 7 años, y se encontraba en su pueblo, Saint André, próximo a Collioure, Se enteró por un amigo de la muerte de Antonio Machado el mismo día 22 por la tarde. Se acercó a Collioure, hasta el Hotel Bougnol-Quintana, en el que, tras dar las condolencias a José Machado, permaneció en el velatorio que se organizó en el Hotel durante toda la noche. Al día siguiente asistió al entierro. Días más tarde regresó a Collioure al enterarse de la muerte de Ana Ruiz, madre de Antonio y de José. Coincidió con la llegada de Manuel Machado, con el q¡ue mantuvo una estensa concversación y al que acompañó a la estación para su regreso a España (parece ser que via Paris).

Todo esto nos lo cuenta en esta entrevista realizada en 1975.

Antonio Machado cruzó la frontera en enero de 1939, junto a miles de refugiados que huían del avance de las tropas franquistas. Fue acogido en Collioure, junto a su madre, su hermano y su cuñada. Enfermo, exhausto y derrotado, murió pocos días después, el 22 de febrero. La grabación registra una entrevista a Gaston Prats, que tuvo lugar poco después del acto de Homenaje a Antonio Machado en Collioure de 1975, uno de los más emblemáticos, celebrado todavía en vida del dictador. Gaston Prats fue una de las personalidades que más auxilió a la familia Machado desde que llegaron a Collioure como exiliados, y especialmente durante el funeral de Antonio Machado, muy poco tiempo después. Fue así mismo amigo personal de Julián Antonio Ramírez y de Adelita del Campo, y gran sostén de los mismos durante la estancia del matrimonio en los campos franceses de refugiados españoles. Julián Antonio Ramírez recuerda todo ello en sus memorias :

«(…) La noticia de la muerte de Antonio Machado en el vecino pueblo de Collioure no me pareció causar especial conmoción fuera de los más o menos reducidos grupos de intelectuales, en los que se sintió como una gran desgracia más, en el caótico ambiente de confusión. Viene a colación, porque la triste noticia nos llegó gracias a un teniente del Ejército francés, intérprete oficial de aquellos campos. Gaston Prats, miembro de una muy acomodada familia de viticultores del Rosellón, era un hispanista de pro que acababa de pasar siete años en España como becario en la Casa Velázquez de Madrid. Había hecho el mítico viaje de la Alcarria y era un gran admirador de Federico García Lorca, sobre todo. Fue el hombre providencial para que pudiésemos llevar adelante nuestras actuaciones culturales. Y gracias a su ayuda, igualmente, pudo mantenerse allí Adelita. Gastón Prats fue uno de los que principalmente se ocuparon de la familia Machado cuando hubieron de apearse del tren en Collioure e instalarse en el Hotel Quintana; les acompañó en los días de la muerte del poeta y de doña Ana, su madre; me contó cómo se había preparado la bandera tricolor que envolvió el féretro; logró el permiso para que fuesen oficiales del Ejército Republicano -que, sancionados, estaban recluidos en el castillo del pintoresco puertecito- quienes lo llevaron a hombros hasta el cementerio. Unos días más tarde, Gastón recibió al hermano, Manuel Machado, llegado de la España franquista con un permiso especial de breve duración (…)» (Ici París, 168-169).

Grabación de audio. Gastón Prats.



RADIO PARIS:Título: «Homenaje a Antonio Machado en el cementerio de Collioure».Año: 1975 Duración: 15 min., 45 seg. Fondo sonoro: Radio París Ramírez/del Campo

Entrevistas en el cementerio de Collioure.

Así decía Jacques Baills al referirse a un grupo de españoles que acababan de llegar a la estación de tren de Collioure, pueblo del sur de Francia. Estos refugiados eran la familia Machado: Antonio Machado, su madre Ana Ruiz, el hermano del poeta José y su mujer Matea.

Fue el día 28 de enero de 1939, por la tarde. Acababan de bajar del ferrocarril después de seis días de largo viaje desde Barcelona huyendo de las tropas franquistas. Exhaustos, sin equipaje y con las fuerzas justas. En la estación preguntaron a un joven ferroviario, Jacques Baills, si conocía un hotel barato donde alojarse.

Grabación de Jacques Baills

Se alojaron en el hotel Bougnol-Quintana, muy cerca de la Placette. Allí se dirigió el grupo de los Machado, pero antes fueron ayudados por Juliette Figueres y su marido, dueños de una mercería en la Placette.

El hotel se encontraba muy cerc de esa plaza (la Placette) pero la fuerte subida del río Douy, normalmente seco, impedía llegar al hotel por el camino más corto. Así que los Machado se refugiaron en esa mercería esperando la llegada de un taxi mientras se atendía a la madre del poeta que se encontraba en mal estado (fue llevada en brazos desde la estación por Corpus Barga, periodista y escritor que los acompañaba desde Barcelona, porque no podía andar).

Grabación de Juliette Figueres

Juliette Figueres

Breve Grabacion de Gaston Prats

ANTONIO MACHADO: EL EXILIO. El 28 de enero entre Cerbere y Collioure.

El 27 de enero de aquel año de 1939 ANTONIO MACHADO, su hermano José, la madre de ambos, Ana Ruiz y Matea Monedero, esposa de José, cruzaron a media tarde la frontera con Francia, en Port Bou/Cerbere, al alcanzar el punto más alto del “Coll Els Balitres”.

Las luces del día estaban apagándose, la noche empezada a apoderarse de aquellos lugares en tierras españolas y francesas.  Dominaba un frío intenso, una pertinaz lluvia, un inmenso cansancio y una tristeza infinita que marcaba indeleblemente y sin contemplaciones las expresiones de sus caras.  España se quedaba atrás, ¡quien sabe si por mucho tiempo o para siempre!.

Al final de esa tarde, después de diversas gestiones y de decisiones no buscadas, ya envueltos en la oscuridad de la noche, llegaron a la cantina de la estación de Cerbere. Solo había café o leche caliente si se tenían francos franceses, en su carencia … nada. Antonio Machado intentó desprenderse de su reloj,  cambiándolo por algunas monedas lugareñas, pero algunos de sus acompañantes, conocidos o no, se lo impidieron y les pagaron a los Machado la bebida caliente que les aliviara la sensación de intenso frío.

De los amigos y conocidos que les acompañaban desde Barcelona o de aquellos que se habían unido al  grupo  durante el calamitoso itinerario hasta aquella cantina, que sarcásticamente podía significar la seguridad y la vida, iban quedando, poco a poco,  solo unos cuantos. Entre éstos recordamos a Corpus Barga, Tomás Navarro Tomás, Joaquín Xirau,  Joan Sales o Carles Riba. Suponemos que a algunos fueron a buscarles amigos o familiares y que con ellos siguieron su marcha, ya en territorio francés. ¿a Toulouse, a Perpignan, …?

Joaquín Xirau consigue la promesa de un Jefe de Estación que,cuando terminara la actividad ferroviaria del día, les dejaría que se instalaran en un vagón abandonado que estaba en una próxima vía muerta.

Y así sucedió. Cuando llegó el momento esperado de tranquilidad de las actividades ferroviarias, les acompañaron hasta el vagón. Estaba a unos trescientos metros de distancia del andén donde estaba la cantina, hubo de cruzar, en la más absoluta oscuridad, en medio de la lluvia y del viento helado de la tramuntana, varias vías, entre traviesas de madera y piedras que dificultan la estabilidad y el caminar. Pero por fin llegaron al vagón y aunque con dificultad por la altura de los estribos de acceso subieron a aquel espacio de madera, de asientos de madera, donde se sintieron algo protegidos del  intenso frío, del viento y sin ser alcanzados por la inclemente agua de la lluvia.  A oscuras y en silencio se acurrucaron como pudieron y pasaron la noche, ¡la primera noche en Francia!. ¡la primera noche del recién iniciado exilio!.

Con las primeras luces del día 28, los que habían pasado la noche, o parte de ella, en el vagón abandonado en vía muerta en Cerbere, fueron bajando y deshaciendo el camino de la noche anterior, pero con luz, y llegaron a la sala del restaurante de la estación.

Ana Ruíz, la madre de los Machado, empezaba, nuevamente, a sentirse atontada y no cesaba de decir a sus hijos “Hemos de ir a saludar a estos señores tan amables que han tenido la bondad de invitarnos”. Nos cuenta Xirau que “con esta idea se escapaba a cada momento del restaurant, llegando incluso a perderse entre la gente que estaba en los andenes. La encontraron pronto, ante le exasperación de su hijo Antonio. Éste la riñó  suavemente, con dulzura, y ya no se movió más de su lado”.

De ésta mañana en el restaurante de la estación tenemos dos versiones, no muy diferentes y en gran parte complementarias. Una nos dice que Corpus Barga, acompañado de Tomás Navarro Tomas, se trasladan a Perpiñán, regresando a Cerbere a primeras horas de la tarde con dinero y una carta o nota del, entonces, ministro de Estado de la República, Julio Álvarez del Vayo, en la que comunica a su amigo el poeta Antonio Machado que la embajada Española en París toma a su cargo los gastos de la familia. La otra versión, de Joaquín Xirau, nos cuenta que a mediodía advirtió la llegada al restaurant de José Giral Pereira, que había sido presidente del gobierno al principio de la guerra: “Fui a saludarlo y le expliqué la situación de don Antonio. Nos dio 300 francos. Con esto y algún dinero que me mandaron telegráficamente unos amigos de la Sorbona pudimos comer y emprender el viaje”.

Probablemente la versión de Xirau sea correcta en su totalidad, sin diferir de la de Corpus Barga y Tomás Navarro Tomás, aunque de la de éstos tenemos la duda de que trajeran carta o nota de Julio Álvarez del Vayo. Pensamos que fue más que posible que se encontraran en el consulado de Perpiñán con Alvarez del Vayo, que le informaran de la situación de Antonio Machado, que le dijeran que se ocuparían de él y su familia hasta que los dejaran alojados en algún sitio y que le informarían, que el político les diría que daba instrucciones a la embajada de España en París y a los consulados próximos y que apenas supiera donde se alojaban se pondría en contacto con él.

Y decimos esto pues firmada con fecha 29 de enero, es decir, un día después, le llega a Antonio Machado, aunque no sabemos cuando, la siguiente carta de Julio Álvarez del Vayo, manuscrita, que transcribimos a continuación y que hoy se encuentra en poder de la Fundación Unicaja:

Consulado de España                                  29 de enero 1939

En Perpiñán

         Mi querido Machado:               

                                    Acabo de saber

por Navarro Tomás que se encuentra

V, en Cerbere y he dado órden

a este Consulado para que le

atiendan.  Puede V. estar seguro

de que no le abandonaremos. El

Gobierno soviético estaba de acuerdo

y muy honrado en que fuera

V. a la U.R.R.S. En París

puede ultimarse todo.

         Vuelvo en este momento

 A Figueras, Pese a lo terrible-

mente difícil de las circunstan-

cias les hacemos frente con

ánimo levantado y resuelto.

                           Un abrazo

         Julio Alvarez del Vayo.

El indicar que sabe por Tomás Navarro Tomás que Antonio Machado está en Cerbere, nos confirma que todavía no conoce el que esté en Collioure, y que la información sobre Cerbere se debe al día 28 de enero.

La carta se conservó y conserva sin sobre ni referencia que indique como le llegó a Antonio Machado a Collioure. Lo que si parece incuestionable es que se firmó con fecha del 29 de enero en Perpiñán y en el Consulado de España. Aunque puede ser que se escribiera el 28, se entregara a Corpus Barga y a Tomás Navarro, y éstos a Machado ese mediodía, y que llevara la firma del día siguiente, o por error o por crrer que era la oportuna. ¡Quién sabe!.

Collioure. Matisse.

Sabemos, o creemos saber, que ni Corpus Barga, desde que dejó a la familia Machado en el Hotel Bougnol-Quintana, ni Tomás Navarro Tomás, desde que siguió en el tren que dejó a los Machado en la estación de Collioure, volvieron a este pueblo francés.

¿Quién le entregó la carta a Antonio Machado? ¿Un tercero en mano? No parece probable, salvo que fuera alguien enviado por el Consulado que se desplazara hasta Collioure, de lo cual no tenemos noticia alguna. ¿Qué fuera recogida por Antonio Machado o su hermano José en Perpiñán?, o sencillamente que con independencia de la fecha del escrito éste se lo entregaran a A. Machado aquel mediodía en Cerbere. En cualquier caso la cuestión no tiene mayor importancia pues lo trascendente es que Antonio Machado conociera su contenido, bien por escrito o trasmitido de palabra.

A estas posibilidades se une el hecho, que de ser cierto ha sido totalmente desconocido hasta esta fecha de febrero de 2020, de la posible presencia real y física de Antonio Machado, José Machado y su esposa Matea Monedero el 31 de enero en Perpiñán , pues es esta fecha en la que fueron expedidos,  en el Consulado de Perpiñán, los pasaportes de los tres, firmados por el vice cónsul de España en Perpignán, con los sellos y tampones procedentes (pasaporte nº 266 en el caso de Antonio Machado), con validez por un año hasta el 31 de enero de 1940 y con los siguientes datos personales, en el caso de Antonio Machado: Catedrático, viudo, nacido en Sevilla el 26 del 7 de 1875 y domiciliado en Barcelona (la hoja de éstos últimos datos  lleva escrito “ver fotografía”). La fotografía, en la hoja anterior del pasaporte, parece una foto tomada en esos momentos, aunque sorprende que el pasaporte esté sin la firma de Antonio Machado.  Los pasaportes de José Machado y el de Matea Monedero están en las mismas condiciones.

Si realmente fueron a Perpiñán para hacerse los pasaportes es más que probable que, en este caso, le dieran personalmente la carta de Álvarez del Vayo, si la tenían. Si no fueron y se los tramitaron “a distancia”, pero obviamente en Collioure, nos preguntamos ¿Cómo y con quien se cumplimentaron? y, ¿las fotos de los pasaportes? y, además ¿es posible que no tengamos ninguna referencia de esta supuesta visita a Collioure, ni siquiera por parte de Pauline Quintana, o J. Baille? , claro que tampoco tenemos ninguna noticia sobre el posible desplazamiento de los Machado a Perpiñán.

En nuestra opinión estimamos que el día 28 Julio Álvarez del Vayo comentó con Corpus Barga y Tomás Navarro Tomás el contenido que pensaba escribir a Antonio Machado, y que éstos se lo trasladaron de palabra; que la carta se escribió, como en ella se indica, el 29 de enero, entregándose posteriormente, no sabemos cuando, a Machado. Conociendo el contenido a través de Corpus Barga no era imprescindible el tener la carta en su poder para saber lo que decía o informaba. En lo referente a la expedición de los pasaportes nos inclinamos en pensar que lo fueron realmente en Perpiñán, con la presencia de los que iban a ser sus titulares. Así puede deducirse de la carta enviada el 1 de febrero por L. Santullano a los dos hermanos Machado (Antonio y José) en la que se dice textualmente: «P.D..- Escrita esta carta recibo la de Vdes. del 31. ……Y puesto que ya han acudido al Consul de Perpiñán, …». En aquellos días los Machado apenas eran conocidos en Collioure, por lo que podía ser facil el pasar inadvertidos en un trayecto entre el Hotel y la estación del pueblo; el tren entre Collioure y Perpiñán podía hacer el trayecto en menos de media hora, por lo que era posible la ida y vuelta en una misma mañana. No obstante nos preguntamos ¿si fueron a Perpiñán se quedó la madre, Ana Ruiz, sola en el Hotel?, o ¿al vez fueron los hermanos y Matea en dos días, primero José y Matea, y al día siguiente Antonio acompañado de José?, o ¿tal vez fuera solo José a Perpiñán y tramitara los pasaportes, recogiéndolos otro día?. Por ahora solo son suposiciones, de dificil confirmación. Solo podemos apoyarnos en una cierta lógica y suponer: No obstante recordar que en otra carta (ya comentada en otro artículo) María – Tina Modotti – dice que se enteró que Antonio Machado estaba en un pueblo (francés) cercano a la frontera por Jacinta Landa, y que en otra carta de los Machado éstos dicen que Jacinta estaba en Perpiñán, luego …..

Son datos e informaciones de días difíciles, confusos y de alta tensión de los que los vivieron; además la mayoría de ésta información se comenta o se relata posteriormente, meses o años después.

Volviendo al final de la mañana del 28 de enero, y reunidos, al menos, Antonio Machado y su familia, con Corpus Barga, Tomás Navarro Tomás, Joaquín Xirau y otros amigos, se plantearon a donde dirigirse desde Cerbere.  Los destinos que más se contemplaban eran en principio: París, Toulouse  y  Perpiñán .

Collioure

Antonio Machado era consciente de sus ya escasas fuerzas y sobre todo de las casi inexistentes de su madre, por lo que opinaba que por él y los suyos sería adecuado un lugar sencillo, tranquilo, sin grandes pretensiones, carcano a donde estaban y en el que esperar acontecimientos. El ir a París le significaba recuerdos no gratos, por aquellos días que compartió con su esposa Leonor en èsta ciudad, en los inicios declarados de la enfermedad que poco después se la llevó definitivamente.

Corpus Barga sugirió el pequeño pueblo marinero de Collioure, a escasos quince minutos en tren, pueblo que unos años antes había sido el elegido por famosos pintores impresionistas y fauvistas, como Henry Matisse o Durian.

Collioure, por Matisse

A Antonio Machado le pareció una propuesta válida y, teniendo en cuenta que el tren que la mayoría de los amigos que con él estaban iban a coger, pasaba, casi en su  primera parada,  por Collioure,  así decidió. Luego hay que convenir que hasta las cinco de la tarde de ese 28 de enero nadie sabía que Antonio Machado iba a alojarse en Collioure, … si encontraba habitación.

Y esa tarde, sobre las cinco y media, el tren llegó a la estación de Collioure. Se bajaron los cuatro miembros de la familia Machado y Corpus Barga, que les acompañó durante todo el día, hasta que los dejó descansando al llegar la noche.

Estación de Collioure.

Antes, al bajar del tren en la estación, se acercaron a un joven empleado al que preguntaron donde podrían alojarse. Este les contestó que sería una buen opción el Hotel Bougnol-Quintana, donde él mismo se alojaba. Siguiendo sus indicaciones bajaron por la Rue de la Gare para llegar al final de la misma a una plazuela, la Placette, a cuyo lado estaba el hotel. La calle por la que iban estaba en obras, lo que dificultó el camino a aquellas personas agotadas y extenuadas. Por las obras no había taxis y tuvieron que ir andando. La distancia entre la estación y el hotel era de apenas 300 metros, cuyo recorrido les  pareció eterno. Llovía y hacía frío . Corpus Barga coge en brazos a Ana Ruíz, que apenas pesaba y la escucha decir susurrando al oído “¿llegamos pronto a Sevilla?”. 

Hotel Bougnol-Quintana

Llegan a la Placette, donde hay un tienda de mercería, cuya dueña esta en la puerta. Les observa y éstos la preguntan si pueden descansar un rato en el establecimiento. Les dijo que sí y les hizo sentarse. Les ofreció un café con leche caliente para reanimarles. Contó, tiempo después Madame Figueras, que era la dueña del establecimiento, que un señor que con ellos iba (Corpus Barga) preguntó donde estaba el hotel y le contestaron que lo tenían justo enfrente, al otro lado del riachuelo, el Douy, que como estaba lloviendo intensamente no podía cruzarse por el vado y que era preciso dar la vuelta por el cementerio.

Madame Figueres
ç

Le indicaron a Corpus Barga como encontrar a un taxista amigo que pudiera venir a buscarles y llevarles hasta el Hotel. Al poco Corpus regresó con el taxi. Se subieron a él y fueron dando un pequeño pero suficiente rodeo hasta llegar al Hotel Bougnol-Quintana. En la media hora que estuvieron en la mercería Antonio conversó con su anfitriona en francés, sobre literatura francesa, gestándose una cordial simpatía.

Una vez llegados al Hotel Bougnol-Quintana,  Pauline Quintana. Dueña del hotel les trató con la mayor cordialidad posible y les asignó dos habitaciones unidas entre si en la primera planta, una daba a la Placette y en ella se instalaron Antonio Machado y su madre, en la otra con un balcón que daba al mar y otro al castillo se instalaron José y Matea.  Tal era el cansancio que tenían que ni siquiera cenaron, se acostaron y descansaron toda la noche, por primera vez desde Barcelona en una cama….

Matisse. Collioure desde una ventana.

El muchacho que en la estación les había sugerido el Hotel Bougnol-Quintana, y que en éste estaba alojado, llegó al acabar su trabajo diario y preguntó a Madame Quintana si habían llegado las personas que él había enviado. Ésta le contestó que sí y que ya estaban acostados, pues el cansancio que tenían era inmenso.

Corpus Barga, una vez estuvieron acomodados en el Hotel Antonio Machado y los suyos, los dejó y se fue nuevamente camino de la estación para intentar llegar esa noche, al menos, a Perpiñán, que estaba a 15 minutos en tren. Suponemos que fue así.

Entrada a la estación de Collioure.

ADRIANA LECOUVREUR y la obra teatral de MANUEL Y ANTONIO MACHADO

La obra teatral de Manuel y Antonio Machado

Cuando se trata de analizar una obra de teatro los investigadores siempre se encuentran con grandes dificultades que impiden un trabajo, a simple vista, sencillo. Es por este motivo que en la mayoría de los casos se intenta ubicar la obra dentro del contexto histórico de aquellos años, de su recepción por parte del público y la crítica, y del conjunto de su dramaturgia, si la hay.

En este caso nuestros autores, Manuel y Antonio Machado, habian escrito y estrenado una serie de adaptaciones y refundiciones del teatro clásico, unas veces juntamente con otros autores, otras los dos hermanos solos, que fueron recibidas por el público y la crítica favorablemente.

Con Luis de Oteyza tradujo Manuel Machado «El aguilucho», de Edmon Rostand en 1920. Posteriormente publicaron «El Condenado por desconfiado», de Tirso de Molina en 1924, en colaboración con José López. Un año mas tarde tradujeron «Hernani», de Victor Hugo, junto con Villaespesa. En 1926 adaptron los hermanos dos obras: una de Lope de Vega, «La niña de plata»; otra, adaptada junto con José López Pérez- Hernandez, «Las canas de Don Juan» de Juan Ignacio Luca de Tena, que había sido estrenada en el teatro Fontalba un año antes, concretamente el 24 de abril.

Adaptaron, así mismo, los Machado una obra de Calderón, «El príncipe constante» y otra de Schiller, «Die rauber», ambas de fecha desconocida y de la que no se conservan originales.

Junto a estas adaptaciones aparecieron por aquellos años siete piezas teatrales, «Desdichas de la fortuna» o «Julianillo Valcarcel», estrenada en el teatro de la Princesa (actualmente teatro María Guerrero) el nueve de febrero de 1926 por la compañía Guerrero-Diáz de Mendoza, con el hijo de ambos actores como protagonista, con grán éxito de público y crítica.

Juan de Mañara estrenada en el teatro Reina Victoria el 17 de marzo de 1927, por la compañía Díaz-Artigas, que sería la encargada de estrenarla en Barcelona en 25 de junio de ese mismo año y que fue incluida en el repertorio de las compañías teatrales de aquellos años.

Las Adelfas, que se estrenó por vez primera en Barcelona el 13 de abril de 1928 en la sala El Dorado, y cuyos manuscritos inéditos, con considerables variaciones de la obra original, fueron publicados en esta misma colección.

La Lola se va a los Puertos, su drama de mayor éxito estrenado el 8 de noviembre de 1929 en el teatro Fontalba por la compañía de Lola Membrives, con más de cien representaciones, lo que supuso un gran éxito de público para aquellos años.

La prima Fernanda que se estrenó en el Teatro Reina Victoria el 24 de abril de 1931 por la compañía de Irene López Heredia. que no recibió el aplauso de público y crítica por tratarse de un drama enormemente contemporáneo escrito en verso.

La Duquesa de Banamejí, drama romántico, estrenado en Madrid, en el Teatro Español el 26 de marzo de 1932 por la compañía de Margarita Xirgu que, junto a Alfonso Muñoz y María Ángela del Olmo, en los papeles de Reyes, Lorenzo Gallardo y Rocío, la gitanilla, respectivamente, culminaron el elenco de actores principales.

Y una última pieza teatral, El hombre que murió en la guerra estrenada, que ha sido la más estudiada por los investigadores por el momento de subestreno, 1941, concretamentre el 18 de abril, en el Teatro Español, interpretada por Mª Paz Molinero y Francisco Melgares, con decorados de Burmann y Feduchi, y dirigida por Felipe LLuch.

Asemás de estas siete piezas teatrales y de las adaptaciones, Miguel Pérez Ferrero habló de tres obras inéditas : Las tardes de la Moncloa o las brujas de don Francisco, La Diosa Razón y El loco amor.

Lo que nadie imaginaba era que, casi 80 años más tarde, apareciera entre la documentación que restaba en poder de la familia, una obra inédita y desconocida hasta la fecha, que nunca se nombró, y de la que además no tenemos referencias del título, ya que en los manuscritos no aparece. Basándonos en los títulos de sus otras obras dramáticas llegamos a la conclusión de que. puesto que es Adriana Lecouvreur su protagonista, este sería el título que ambos harmanos dieron al drama.

Cuando nos encontramos con este material, la primera duda que se nos planteó fue descubrir si se podría tratar de una adaptación de la obra de Scribe que lleva el mismo título, o incluso una adaptación de la realizada por Sarah Bernhardt unos años antes.

Después del cotejo de los originales, pudimos concluir que la obra de los hermanos dramaturgos no era una adaptación, sino un original. Cierto es que Manuel y Antonio Machado debieron conocer la historia y las adaptaciones hechas por Scribe, Sara Bernhardt e incluso la ópera de Cilea, pero no las adaptaron, sino que, como habían hecho en otras ocasiones, partieron de la leyenda y la historia para crear un drama nuevo.

El argumento central, es decir, el éxito y la fama de la actriz, además del odio que por ella sentía una dama de la alta sociedad parisina, junto con el misterio que envuelve la muerte de Adriana Lecouvreur, sí tienen puntos de unión. Pero cambian algunos de los personajes e incluso, como es el caso de la hermana de Adriana Lacouvreur, que en nuestra obra recibe el nombre de Mariana, no tienen el mismo protagonismo.

En la obra de Scribe, ésta guarda un gran rencor hacia su hermana, a la que odia por todo el éxito que cosecha; mientras que en el drama de los hermanos Machado, Mariana es cándida y adora a la actriz, que en un primer momento no sabe que es su hermana. A ella se encomienda para que la enseñe a hacer teatro y así sacar de la miseria a su padre.

Con todo, la obra de Manuel y Antonio Machado no está completa, falta el acto I completo y algunas escenas de los actos III y IV, con lo que no se conserva el final del drama. Nuestra intención es paliar ese vacío a través de la historia real de la actriz, Adiana Lecouvreur, y en muchos casos, suponiendo más que afirmando.

Ciertamente la obra se entiende en su contexto pese a estas carencias y se puede subsanar, como decíamos, a través de la historia y la leyenda de la actriz y de los acontecimientos que subyacen en el drama.

Otro de los interrogantes que surge en torno a esta obra es la fecha de su composición. Como ya hemos dicho anteriormente, en muchas ocasiones no podemos afirmar, sino suponer o interpretar, como es este caso, en el que consideramos su fecha de creación en torno a 1933-1935, momento en el que los hermanos dramaturgos se habían decantado por una escritura en prosa. La primera vez que lo hicieron fue con La duquesa de Benamejí (1932), en la que el verso y la prosa se entremezclan.

Veamos ahora el drama en su conjunto.

Como hamos dicho anteriormente faltan algunos cuadros de la obra. Es el caso del Cuadro primero, que corresponde con el acto primero en el que, suponemos, Adriana Lecouvreur ya es actriz famosa y la envidia de Madame Rocheval, su antagonista, se hace ya patente. A ella se une la figura de su primo Balagny, policía de París, que se encarga de la banda de Poulailler ya conocidos por sus robos en esta ciudad.

Balagny cree que Poulailler ha muerto, así que ahota solo le queda buscar al resto de su banda, que se dedica a continuar su trayectoria, robando a la alta sociedad parisina.

El odio que siente Madame Rocheval por Adriana Lecouvreur la llevan a pedir informes a su primo sobre una joven cómica, Zerbina, que trabaja en otro teatro.

Hasta aquí podríamos confirmar se desarrolla el cuadro primero, probablemente ubicado en casa de Madame Rocheval, y del que no tenemos noticia. En este mismo cuadro debiera aparecer, de forma directa o indirecta, la historia del conde de Sajonia con Adriana Lecouvreur, quien ha empeñado unos diamantes para favorecer a aquel, en la causa de la guerra de Curla. El Conde de Sajonia, después de aprovecharse de sus bienes, la abandona,

Este acto supone para Adriana Lecouvreur una traición. Su estado de ánimo no mejora y ha pensado en dejar los escenarios para huir del mundo que la rodea. Toda su infancia y adolescencia ha estado marcada por la desilusión y ahora, que parece había encontrado su sitio, el conde de Sajonia la traiciona:

Balagny: ¿Como? ¡Prima! Esa gran actriz empeñó una vez todos sus diamantes por el conde de Sajonia y este había suspirado antes por oro, pretendéis………,

Junto a estas dos secuencias habría que añadir, emparentada con la primera, la que correspode a la contratación por parte de Madame Rocheval, de los servicios de Zarbina para hacer creer a a todo París que Adriana Lecouvreur es una dama de alterne que cada noche sale de su casa para encontrase con no se sabe cuantos amantes.

Por tanto, podríamos concluir que las escenas de las que no se tienen noticias correspoinden al acto primero, cuadro primero. No podríamos determinar cuántas escenas lo ocuparían. pero si podríamos aproximarnos a su contenido, que abordaría los tres temas tratados anteriormente.

La escena primera que se ha localizado corresponde al acto segundo, escena primera, que narra la reunión mantenida entre Madame Rocheval, Balagny y Petrucci. En dicha reunión Balagny habla de los informes que su prima pidió sobre Zerbina y de cuales son las conclusiones a las que ha llegado. Es así como Petrucci, amante de Zerbina, cree averiguar que le es infiel:

Rocheval.. Valiente mérito. Esa Zerbina, esa comiquilla de la Feria de S. German, que la parodia tan bien, tiene tanto talento como ella y gustaría tanto o más si trabajara.

Petrucci.. ¿Zerbina? ¿La conocéis?

Rocheval.. Ya lo creo. Y he tomado informes de ella por medio de mi primo.

Balagny.,. Sí, sí, ya caigo. Hace seis meses recuerdo haberos dicho que esa muchacha tenía un solo amante misterioso, de quien es esclava sumisa, a quien nadie conoce y a quien ella teme sin duda más que ama.

A partir de este momento las escenas se suceden de forma correlativa, sin cortes y podemos observar toda la trama que ha desarrollado Madame Rocheval para vengarse de Adriana Lecouvreur, especialmente desde el momento en que el conde d’Argental anula su matrimonio porque dice estar enamorado de la actriz.

El cuadro segundo se desarrolla en el Foyer de la Comedia. Allí Argental va a comunicarle su amor, no correspondido, a Adriana; allí mismo aparece Mariana, una joven que quiere aprender teatro con la actriz, con lo que se desatan los celos de Jouvenot, segunda actriz que trabaja con Adriana y que ve peligrar su empleo. Esta es quien le recuerda todos los rumores que hay sobre sus salidas del teatro a casa de un hombre de sospechosa apariencia.

Adriana.. ¿Qué? ¿Algo se murmura? Dímelo

Jouvenot.. Ya lo sabes.

Adriana., Yo nada sé ¿Qué se murmura de mí?

Jouvenot.. Que la aplaudida y aclamada Fedra, no satisfecha con los laureles de la gloria, busca en la noche las furtivas delicias del amor culpable en una casa de sospechosa apariencia.

Dentro del mismo cuadro encontramos a Harpin y Petrucci; este quiere matar a Zerbina por que se ha enterado de que es ella la que está suplantando la figura de Adriena, para hacer creer a todo París que va a visitar a un hombre durante la noche. Ahora Madame Rocheval, al saber que d’Argental quiere casarse con Adrina, ha decidido encargarle a Zarbina su asesinato..

De este cuadro segundo faltan las escenas XII y XIII, en donde se puede suponer que Adriana Lecouvreur ha visto a Petrucci. Este, tal y como le había dicho a Madame Rocheval, será reconocido por la actriz como el hombre con el que su padre le dijo que tenía que casarse. Por este motivo él esta seguro de que si Adriana lo veía no podría continuar con la representación. Además, cerca de él la actriz ve a su padre:

Adriana.. Traté de resistirme a su influencia siniestra… Pero un momento después, en un palco, cerca de mí ¡oh fatalidad!… ¡mi padre me contemplaba! VI su vrostro pálido y vengativo, sus ojos crueles fijos en mí. En su silencio me maldecía … Tantas emociones turbaron mi memoria… y una afrenta inplacable vino a destruir mi última ilusión… ¡Oh! La suerte me había torturado, pero anoche vino a insultarme, a escarnecerme.

Este encuentro, desde los escenarios, hace que Adriana no pueda continuar con su papel y caiga desmayada. Será así como la marquesa de Rocheval coinsiga que «silben» a la Lecouvreur, tal y como ella había preparado.

Su padre, el barón de Granpré, también reconoce a su hija, y es por este motivo que cuando ella cae desmayada acude a ver qué ha ocurrido. Allí encuentra el medallón de Adriana, con el retrato de su madre, que él le arrebatará.

El cuadro tercero, por lo tanto concluiría con esta secuencia. Pero no está completo; solo aparecen las escenas segunda y tercera, con lo que queda inconcluso.

También cabría suponer que el cuadro no es excesivamente largo, que no faltarían muchas escenas, pues el acto tercero comienza en casa de Adriana Lecouvreur, después de ese percance. y en donde aparece pálida y enferma.

Además, en la escena III del siguiente acto se habla de los silbidos de la noche anterior; así que, al igual que ocurre con otras escenas, podríamos intuir que la parte que falta no es excesivamente larga.

El cuadro cuarto, que coincidirá con el acto tercero, podría situarse en la casa de la actriz, por tanto, plantearía cual es la situación de Adriana Lecouvreur tras su desmayo en escena.

Ella ha decidido abandonar su profesión y suicidarse, gracias a una droga que conoce su criado Patira. Solo le hará cambiar esta decisión Mariana, a la que reconocerá como su hermana.

Ésta le contará, sin saber del parentesco, que su padre está arruinado y que ese es el motivo principal por el que ella ha decidido dedicarse al teatro. Siempre le gustó y fue autodidacta, pero nunca quiso dedicarse porque su padre no lo permitiría. Al enseñarle el libro con el que aprendió a recfitar, Adriana reconoce el suyo propio, y se da cuenta del parentesco. Es en este momento cuando decide volver a los escenarios y ayudar en todo lo que pueda a su familia.

Mariana, además, le confiesa a Adriana su amor por d’Argental; amor imposible porque ese fue el hombre que le arrebató la fortuna a su padre.

Además, d’Argental le contará a Adriana como ha descubierto el complot que se ha fraguado entorno a ella y como vió a unos hombres que asesinaban a una mujer que, en el siguiente acto, descubriremos que es Zerbiba.

Patira, al ver a su ama caer en el escenario corrió a socorrerla y para ello dejó de lado el encargo que le había hecho Petrucci, quien arrepentido por haber mandado matar a su amante, le pide a aquel que le de una nota a Zerbina, avisándole del peligro. La nota, como decíamos, no llega a manos de la amante, que es asesinada.

El acto cuarto se presenta en un escenario, al estilo del de la duquesa de Benamejí, en un exterior, en este caso a orillas del rio Sena, donde se ha encontrado un bulto que se feconoce como el cadaver de Zerbina.

A continuación, Mariana entrará en una floristería donde volverá a encontrarse con d’Argental, al que ama cada día más. Así mismo, la florista informa a Grandpre de que su hijo está en París, muy cerca de allí, pues ella lo ha visto esa misma mañana. Su padre, quien creía que su malvado hijo había muerto se encuentra ante una situación desgradable que, momentáneamente, no sabrá solucionar.

El rescate del cadaver se sucede al día siguiente de que «silbaran» a la Lecouvreur; con lo que podríamos afirmar que el final del acto tercero y el principio del acto cuarto acontecen en horas correlativas.

A partir de la escena VII no tenemos documentación hasta llegar al cuadro séptimo. Por tanto faltaría el cuadro sexto completo mas, probablemente, alguna escena más del acto tercero, cuadro quinto.

A pertir de aquí se pueden realizar las hipótesis que se crean oportunas, pero basándonos en la continuidad con el cuadro siguiente, interpretamos que Adriana Lecouvreur, ya enferma – y aquí se puede seguir bien la historia (una muerte por disentería, o bien la leyenda de una muerte por envenenamiento) – A conseguido que d’Argental y su hermana se comprometan. Van a celebrar la boda, a la que asistirá el Rey, por mediación de Adriana. Pero ella no podrá estar presente, porque su padre no acepta su perdón. En cambio, este ha conseguido perdonar a d’Argental, probablemente por que ha solucionado el motivo de su denuncia hacia Grandpre, a averiguado que le tendieron una trampa para hecerse con su dinero y él lo ha resuelto. Con su matrimonio la fortuna se restituye a la familia.

Un asunto que queda pendiete en el drama incompleto de los Machado es si, finalmente, Mariana se dedicó a la vida teatral o se conformó con su boda con d’Argental, lo que restituiría su posición social, y evitaría la necesidad de trabajar para poder vivir.

El cuadro séptimo del acto cuarto se sitúa en el apartamento de d’Argental, donde éste va a intentar convencer a Grandpre de que perdone a su hija; será aquí donde descubramos que todavía no le han contado a Mariana quien es su hermana.

Cuando d’Argental le confiesa que todo el mal sufrido se debe a la mano de su propio hijo, Poulailler, Grandpre no sabe como reaccionar. Durante la boda de Mariana aparece Poulailler que busca refugio en la iglesia. Allí se encuentra con su padre, que le reconoce, y quien le sugiere que ambos se maten para terminar con todo el mal que están causando a la familia. Es entonces cuando Poulailler se da cuenta de que a encargado matar a sus dos hermanas.

No hay más datos de la obra, así que faltaría la resolución del conflicto. Podríamos dar diferentes hipótesis a razón de otras publicaciones realizadas por los hermanos Machado, pero sería aventurarnos en una exagerada hipótesis.

Realmente, y a tenor de la leyenda forjada entorno a Adriana Lecouvreur, podríamos pensar que ésta muere a causa del envenenamiento encargado por la marquesa de Rocheval y tras el que se esconde la mano de Poulailler.

Otro final podría ser que Poulailler y su padre se suicidaran, tal y como se plantea en la obra, y que tanto Adriana como Mariana se salvaran.

Otra muy distinta sería que fuesen éstas las que murieran a causa de los envenamientos y Grandpre y Poulailler quienes se salvaran, quedando para siempre, marcados por ese error cometido.

Pero realmente el final que creemos nosotros que se planteó en este drama machadiano, fue el de la muerte de los cuatro protagonistas: Mariana, Poulailler, Grandpre y Adriana Lecouvreur.

La muerte por envenenamiento de ambas hermanas hace que su padre entre en cólera y piensa en su hijo como causante de todo el mal. Es así como, con las pistolas que se nos muestran en el drama, asesine a su hijo para después quitarse la vida.

Y final mucho más feliz, pero poco probable, tanto por el análisis que se ha hecho de otras obras escritas por ambos hermanos, como por el hecho de la leyenda que se ha fraguado de la actriz, y de la que los hermanos Machado serían conocedores, es que no murieran ninguno de todos los personajes y que se resolviera el conflicto a la manera clásica. Final éste, como decíamos. poco probable y nada ajustado a la historia de la actriz.

Con todo, dejamos que sea el lector quien invente su propio final….

ADRIANA LECOUVREUR en la ópera de Fancesco Cilea y en el teatro después del estreno de ésta ópera.

Lo cierto es que con el inicio del siglo XX la imagen, vida y muerte de la Actriz Adriana Lecouvreur fue identificándose con el libreto de la ópera que el 6 de noviembre de 1902, en Milán (Teatro Lírico), se estrenó con la participación de Angélica Pandolfi como Adriana y Enrico Caruso en el papel de Mauricio. El compositor de la música fue Francesco Cilea, el autor del libreto Arturo Colautti, según el drama de Eugène Scribe y Ernest Legouvé.

El éxito de esta opera fue rotundo desde su estreno, y a lo largo de los años, y hasta la fecha, tanto las más importantes sopranos como los más acreditados tenores, han incorporado esta ópera en su repertorio y representaciones. El prestigio de Adriana Lecouvreur sigue vivo y en aumento, siguiendo el éxito de esta opera. Hoy raro es el año en que no se representa esta ópera en la mayoría de las grandes ciudades del mundo y en los más acreditados teatros líricos.

Además el aria de Adriana “Io sono l’umile ancella” (Yo soy la humilde esclava del genio creador), ha conquistado también las salas de conciertos y recitales.

Tras el estreno la obra se representó en 1903 se en Bolonia, en 1904 en Hamburgo y en el Covent Garden de Londres, en 1907 en el Metropolitan Opera con Lina Cavalieri y Enrico Caruso, “e cosí via” , hasta que en 1932 llega a La Scala de Milán y en 1948 al Teatro Colón de Buenos Aires.

Nuestro Plácido Domingo debutó en el Metropolitan Opera en 1968, junto a Renata Tebaldi, interpretando al conde de Sajonia, Mauricio. Este mismo personaje lo ha interpretado también José Carreras en muchos escenarios.

El personaje de Adriana ha sido un favorito de las grandes sopranos, destacándose Claudia Muzio, Magda Olivero, Leyla Gencer, Virginia Zeani, María Callas, Montserrat Caballé, Renata Scotto, Renata Tebaldi, Mirella Freni y hoy en día  Olga Borodina y Angela Gheorghiu.

Como ya hemos indicado el libreto se basa en el texto de Scribe y Legouvè, sin grandes variaciones, aunque los cortes para su adaptación a los tiempos de representación y los que el propio Cilea realizó, la convierten en uno de los textos más confusos que se hayan escrito, haciendolo difícil de seguir. Aun así el personaje de Adriana es encantador , y la música suple las deficiencias del libreto, que como ya resulta muy conocido no impide que la leyenda de Adriana siga.

Destacar que Adriana es un ejemplo de ópera verista, que aunque no alcanza la popularidad de  I Pagliacci  y  Cavallería Rusticana, su fama  y altísima valoración es incuestionable.

El Libreto

Primer Acto.

La acción se desarrolla en la Comedia Francesa, en el mes de febrero de 1730. Michonet, director de escena supervisa los últimos detalles antes de que comience la representación del día, su aspiración es llegar a ser socio propietario del teatro. El príncipe de Bouillon, acompañado del abate Chazeuil llega al teatro para ver a su amante, la actriz Duclos, pero es Adriana Lecouvreur la que llega y conversa desenfadadamente con el príncipe sobre arte. El príncipe observa que la Duclos escribe una nota secreta, e intrigado por su contenido intenta hacerse con ella. Michonet, a solas con Adriana, aprovecha para confesarla su amor, pero ella le contesta que le aprecia mucho pero que esta enamorada de un oficial sajón, llamado Mauricio, que en ese momento entra en la sala y explica a la actriz sus dificultades de índole político. Adriana le entrega un ramillete de violetas y se ofrece para hablar a su favor ante el máximo superior de Mauricio, el Conde de Sajonia.

Segundo Acto.

Mauricio se vuelve a encontrar con la princesa de Bouillon en el salón de su casa de campo. Ella, tremendamente celosa del que cree su enamorado. recibe de éste, que se lo da para aplacarla,  el ramillete de violetas que Adriana le ha regalado. La princesa le informa del resultado de las gestiones que en su favor a realizado ante la corte, le dice que el Rey esta de su parte, pero que tiene enemigos que esperan verlo encarcelado en la Bastilla. De repente aparece el príncipe junto a los artistas de la Comedia, a los que ha invitado, con ellos viene Adriana, que viene con el objetivo de conocer al Conde de Sajonia para interceder por Mauricio. Adriana se sorprende al encontrar allí a Mauricio, y más al darse cuenta que es el Conde de Sajonia en persona, que en aparte le dice que ha tenido que ocultar su personalidad por razones políticas.  Mientras la princesa de Bouillon se ha escondido en la habitación contigua para no ser vista por su marido. Mauricio confía en Adriana la huida de la misteriosa dama que esta escondida. Adriana cumple con su cometido, pero, a pesar de la oscuridad, la voz y las palabras de la desconocida la inducen a la sospecha y a los celos.

Tercer Acto.

La casa mansión del príncipe esta preparada para una representación teatral. La princesa esta inquieta por no saber quien es la mujer que la noche anterior la ayudó, por  mandato del conde, a escapar, pues intuye en ella a una rival, Cuando llega a su casa Adriana la reconoce por la voz.  Ambas  entablan un duelo de palabras para llamar la atención de Mauricio. Al final de la fiesta la princesa de Bouillon se acerca cada vez mas llamativamente a Mauricio y Adriana. A sugerencia de los invitados recita un monólogo de Fedra de Racine, que dirigido a la princesa mirándola resulta, por su contenido, acusador e insultante para la princesa. Adriana se va de la fiesta con la amargura de creer que Mauricio ama a su rival y no a ella.

Cuarto Acto.

Adriana, en su casa recuerda con dolor la fiesta del día anterior. De repente llegan sus compañeros de la Comedia para felicitarla en su cumpleaños, lo que anima a Adriana. Una vez sola abre un cofre, que alguien ha dejado en la sala, y que contiene el ramillete de violetas, ya marchitas, que cree reconocer como el que regaló el día anterior a Mauricio, entendiendo que se lo devuelve por no amarla. Desolada huele las flores. En ese momento llega Mauricio para pedirla perdón y pedirla que se case con él. Adriana le reitera su amor, pero el ramillete de violetas contenía un perfume envenenado que termina por matar a Adriana, que cae en brazos del desesperado Mauricio.

Como puede observarse las diferencias entre el texto de la obra de Scribe y Legouvé y el libreto escrito por Colauttino no son muchas y no cambia el segundo ni el sentido ni el argumento básico de la historia desarrollada por el primero.  En realidad las diferencia parecen, como ya hemos indicado, sugeridas por la obligada adaptación del texto escrito para teatro  a un libreto para ópera, con sus escena y arias  musicales y cantadas.

Como curiosidad y en relación con el mundo operístico digamos que en la revista “CRONICA de la MÚSICA”, del jueves 10 de abril de 1879,  se dice en el apartado “Las obras nuevas”:  El maestro italiano Maucinelli, autor de unos bellísimos entreactos para la tragedia Cleopatra de Cossa, está escribiendo una ópera por encargo de la Sra. Donadio, con el título de Adriana Lecouvreur”.  Hasta la fecha no he encontrado más noticias de este encargo.

Adiana Lecouvreur en el teatro después del estreno de la opera de Cilea.

No cabe duda que el estreno de la ópera de Cilea y el éxito que alcanzó desde su estreno aumentaron el conocimiento popular de la vida de Adriana Lecouvreur, quedando reforzada la probablemente incierta teoría de su muerte por  envenenamiento inducido por la princesa o condesa de Bouillon.

Sin embargo, aunque con menor trascendencia hasta ahora, surgieron nuevos estudios biográficos que o bien reafirmaron la mayor parte de los hechos confirmados en su momento o bien, en base a un interés meramente literario, incluían hechos no ciertos y de ficción sobre la vida y, siempre muerte, de Adriana Lecouvreur.

En este sentido queremos destacar dos artículos y aquellos trabajos u obras a los que hacen referencia, una anécdota final y una breve referencia al arte cinematográfico.

a)    El primero de ellos se publicó el 16 de octubre de 1903 en el HERALDO DE MADRID, con ocasión del estreno en el Teatro de la Princesa, nuevamente y en aquella temporada teatral, de Adriana Lecouvreur de Eugene Scribe. El  artículo lo firma Manuel Bueno,  y lo reproducimos íntegramente por su interés y, en cierto modo, resumen sobre lo cierto de la vida de nuestra Adriana Lecouvreur; dice así:

“Hace algunos años cayó en mi poder el libro que Ravanel ha consagrado a la eminente e infortunada actriz del siglo XVIII.

Es un libro curioso, que abro de cuando en cuando, porque me hace vivir durante buenos momentos en la intimidad de un alma noble. Leal y desgraciada. Acaso haya más de un lector que ignore quién fue Adriana Lecouvreur y la intervención que tuvieron lo novelesco y lo trágico en su no muy dilatada existencia. Pormenores de su nacimiento, de su carrera, de sus relaciones sociales; episodios amorosos de su corazón, descalabros y triunfos de la artista, decepciones sentimentales y  embriagueces de la mujer, noticias de su vida y de su muerte; todo aparece con tal sello de autenticidad en las páginas del libro, que aleja de nosotros hasta la sospecha de que un interés editorial haya podido fijar en ellas ni una sombra de mentira.

Adriana Lecouvreur fue la primer actriz que logró, a fuerza de talento, de gracia seductora y de habilidad femenina, la consideración social que sus contemporáneos negaban obstinadamente a los cómicos. Continuaban éstos sometidos al bárbaro e injusto prejuicio que reconocía su inferioridad. Teníaseles por seres indignos de convivir con las personas, por bestias de recreo, cuya vida no interesa. Adriana venció aquella densa atmósfera de animadversión y de desdén, y consiguió para su persona las asiduidades del trato social y los homenajes que ni el mismo Molière había podido recabar para la suya. Mucha gente de la nibleza titulada y no pocos hombres geniales de aquel tiempo dieron en frecuentar su casa. No era rica; pero los rendimientos acumulados de su trabajo la consentían vivir con cierta holgura. Adriana compartía sus ocios entre las damas de la aristocracia y entre los escogidas hombres a quienes hizo merced de su amistad.

Fontenelle, Voltaire, d’Argental, el conde Cayens, el abate Aufreville y el conde de Sajonia eran los preferidos. Y no porque la actriz saciara afanes vanidosos con el trato de aquellas celebridades.

“Mi orgullo – escribe la misma Adriana – no se cifra en brillar, sino en reunir en torno mío unos cuantos espíritus escogidos, una reducida sociedad de hombres acreditados por su talento y su bondad. Escuchar en silencio la palabra amena de esos hombres me satisface mil veces más que el verme asediada por las frases anodinas e insulsas con que pretenden lisonjearme algunos señores fatuos de la aristocracia. Y no es que yo sea insensible a esos tributos de fineza; es que se me quiere obligar a pagarlos con cortesías demasiado renovadas, con deferencias personales, yeso me abruma y me irrita”.

Casi todos sus amigos tuvieron alguna hospitalidad amorosa en el alma de Adriana; d’Argental, a quien la actriz desengañó al cabo de poco tiempo, en unas cartas que tengo a la vista, y que son un dechado de dellicadeza y de lealtad femenina; Voltaire, y otros. Pero la pasión de su vida, el amor que consumió sus ternuras más hondas, el que la hizo sufrir y gozar en una medida que solo comprenden los grandes temperamentos sentimentales, fue el conde de Sajonia. He leído las cartas de Adriana a su amante, y ellas conservan todavía el perfume de su intenso amor. ¡Qué sencillez! ¡Qué elocuencia tan tempestuosa y, sin embargo, tan limpia de artificio! Es llana, y sus lágrimas desgarran. Se queja de las infidelidades del conde; se duele amargamente de la perfidia con que éste procede, y a pesar de todo le absuelve y le ama cada vez más.

La actriz no conoce ese imbécil amor propio que tanto nos choca y nos subleva en las mujeres de nuestro tiempo. Perdonar cuando se quiere con las entrañas le parece tan natural, que ni por un momento se considera humillada o indigna. Al morir, vuelve el contraído rostro hacia el retrato del conde de Sajonia y exclama:

                Voilá mon univers, mon espoir et mes dieux.

¿Murió emponzoñada, como se pretende en la tragedia de Scribe y Legouvé? El abate Bouret acusó a la duquesa de Bouillon de haber fraguado el plan de envenenar a la actriz, y se lo comunicó a la misma Adriana; pero a raíz de la muerte de ésta, el abate, preso en Saint-Lazare por calumniador, se retractó. Lo cierto es que la enfermedad de la insigne trágica fue inesperada y breve, una inflamación intestinal , cuyo origen no pudieron determinar los médicopa. Y no fue su muerte lo más penoso de su destino.

El cura del cementerio se negó a dar sepultura al cadáver, fundándose en sé qué mezquinas razones que en todo tiempo ha opuesto el clero a toda acción humanitaria y desinteresada. Fue menester una orden expresa del arzobispo de París para que Adriana pudiera recibir sepultura de noche. Aquellas crueldades inspiraron a Voltaire los conocidos versos:

         Sitót qu’ella n’est plus, elle est done criminelle!

         Elle pa charme le monde, et vous la punlessez! ….

Adriana Lecouvreur trajo al teatro un saludable aire de naturalidad. Esla primera actriz que, sin dejar de cultivar la tragedia, se emancipa de la declamación lírica, del canto monótono con que aburría al público la gente de escenario. Es la primera actriz que se preocupa de ser fiel al natural y de vestir los personajes con propiedad. Jamás hubo actriz antes que ella que hablara el lenguaje de la pasión con más arrebatadora elocuencia, que conmoviera y que subyugara como Adriana. Sus obras favoritas fueron El conde de Essex, Berenice y Electra”.

b)    El segundo artículo es sorprendente y prácticamente desconocido por olvidado.  Fechado el tres de abril de 1907 y recogiendo un artículo del redactor-corresponsal en París, Juan de Becon, de la revista “LA EPOCA, últimos telegramas y noticias de la tarde”, en su número 20.306, nos habla del estreno en París de la obra teatral “L’ Adrienne Lecouvreur”  de Sarah Bernhardt ….. si de Sarah como autora de la obra, además de cómo interprete de la misma y en el papel de la protagonista. Veamos lo que dice concretamente el artículo:

“París 3 de Abril.- ¡Un drama de Sarah Bernhardt, representado por Sarah Bernhardt! …. No cabe imaginar una actualidad teatral más sugestiva.

Añadid otros pormenores a esa actualidad, y aumentarán sus encantos. Entre ellos poned estos dos: se trata de una representación única, y de una representación a beneficio de las víctimas del Jena.

¿Hay que agregar algo más? Con eso basta, con eso sobra para que podáis inaginar lo que queda por decir: la curiosidad inmensa de una multitud caprichosa, enamorada de las grandes emociones; el cuadro luminoso de un público selecto. El público de los grandes estrenos, en que se juntan damas aristocráticas, mujeres elegantes, hombres de mundo, artistas, literatos, cuanto en París brilla, sobresale y se distingue, y como remate de fiesta aplausos calurosos, una ovación delirante, la glorificación definitiva de una gran artista.

Cuando se escriba, dentro de algunos lustros. La historia anecdótica de l,os primeros años del siglo XX, se recordará, como una nota saliente de París la noche memorable del estreno de L’ Adrienne Lecouvreur, de Sarah Bernhardt.

Sarah Bernhardt ha escrito otras obras dramáticas. En 1888 se estrenó en el Odeón una pieza suya, en un acto, “L’aveu”, que obtuvo un gran éxito. Compuesta tiene, sin que se haya representado, inédita, una comedia contemporánea, en cinco actos, que se titula “La duchesse Catherine”.

La obra de ahora, “L’ Adrienne Lecouvreur”, cuyo estreno en París ha despertado vivísimo interés, habíase representado ya algunas noches, por la ilustre artista, en Londres y en América.

El histórico episodio de los amores de la comedianta Adriana con Mauricio de Saxe, uno de los grandes capitanes de la Francia del siglo XVIII, fue llevado al teatro en la primera mitad de la centuria pasada, en dos obras diferentes, por dos grandes poetas: por Eugene Scribe y por Ernest Legouvé.

El drama de Sarah Bernhardt no se parece poco ni mucho a esas otra obras dramáticas.  (curioso que desdoble en dos una sola obra).

Sarah Bernhardt ha explicado el origen de su drama.

-¿Por qué lo he escrito?. Es bien sencillo: poco tiempo antes de su muerte, Gustave Larroumet publicó un estudio muy completo, históricamente exacto. Sobre Adriana Lecouvreur. Lo leí, y leyéndolo fui encontrando en todas sus páginas elementos preciosos para una obra teatral. Esa es la obra que me he entretenido en componer. Desconiocida en Francia, la representaré por primera y única vez en París, en honor de las desgraciadas víctimas del Jena … ¡Esa es toda su historia!.

Sarah Bernhardt ha escrito un drama mucho más histórico y más completo que el de Legouvé.

Legouvé pidió prestados a la Historia los amores de Adriana y de Mauricio de Sajonia, y la perniciosa rivalidad de la duquesa de Bouillon, y a ese punto limitó su esfuerzo de veracidad. Los tres personajes – la duquesa, el héroe y la comedianta – aparecieron en su obra teatral no con sus caracteres históricos, sino con los que inventó su libre fantasía.

Sarah Bernhardt, buscando a su heroína en la vida real, ha compuesto su drama con más severa exactitud. En él se encuentra el ambiente de la época, el ambiente que rodeaba a Adriana Lecouvreur. En torno suyo se mueven los personajes que intervinieron en los episodios de su vida: Voltaire, Quinault                                                   , el cardenal Fleury, la fiel Argental, el patético y desgraciado abate Bouret y la antipática Margarita Lecouvreur, su envidiosa hermana, que movida por el furos de su vanidad herida, trabajó cuanto pudo para perderla.

Claro es que Sarah Bernhardt no ha sacrificado por completo a la verdad histórica sus grandes inspiraciones de artista.

Los cuadros que forman el drama resultan interesantísimos: la “loge” de Adriana, en el teatro Francés; los salones de la duquesa de Bouillon, las habitaciones íntimas de la famosa comedianta, el jardín de Luxemburgo, la prisión del infortunado abate Bouret y la alcoba en donde Adriana agoniza y muere.

Adriana Lecouvreur aparece locamente enamorada de Maurice de Saxe, especie de Don Juan, bravo en la guerra e infiel en achaques de amor.

En los momentos en que la pasión de Adriana ha llegado a sus últimos extremos, crúzase en su camino una rival, la duquesa de Bouillon, que es caprichosa, violenta, dominadora.

Se entabla combate a muerte entre las dos mujeres.

La comedianta logra conquistar el amor de Maurice de Saxe, que por primera vez se deja vencer en una lucha de amores.

La duquesa de Bouillon no cede.

Para destruir obstáculos, para deshacerse de la comedianta, es capaz de todo.

En esa hora surge el episodio, inventado tal vez por la leyenda, tantas veces discutido por la Historia, del envenenamiento de Adriana Lecouvreur.

¿La muerte de Adriana? … Las muertes de Sarah Bernhardt son célebres. En víspera de todos sus estrenos, el público de París suele preguntarse: ¿Cómo morirá mañana Sarah?. En la nueva obra, en su hermoso drama, muere de modo distinto a como ha muerto hasta ahora en otras obras. ¿Cómo?- Con gran sencillez, con una verdad. Con una grandeza, trágica que produce profunda impresión.

Esta vez ella es la actriz y ella es la autora, y libremente, sin limitaciones marcadas por ajena voluntad, puede expresar la muerte como ella la siente.

Sarah Bernhardt, actriz, resulta admirable.

Ha copiado de los lienzos de la época, con exquisiteces de gusto maravilloso, la interesante figura de Adriana Lecouvreur, una de esas figuras características, atrayentes, del siglo XVIII, de la época, llena de notas artísticas, de Luis XV.

Adriana Lecouvreur murió a los treinta y ocho años. Esa edad, menos edad, representa Sarah Bernhardt.  ¿Qué importan sus sesenta años? En el rostro, en la figura arrogante, en el alma animosa, lleva su juventud.

Al lado de Sarah Berbhardt se destaca la silueta de otra actriz interesante: ella es mademoiselle Blanche Dufrène, que interpreta a las mil maravilla el papel del abate Bouret.

En el último acto, en una hermosa escena entre Adriana y uno de los personajes episódicos de la obra, un PadreDominico, en que éste la exhorta para que renuncie a su profesión de comedianta, la actriz encomia con inspiradísimos acentos su arte, el arte a que ha consagrado su existencia.

Es, si  duda, una de las escenas más bellas del drama.

¿Cómo no? … ¡El drama se titula “Adriana Lecouvreur”, y está compuesto por Sarah Bernhardt!. “

c)    Finalmente queremos aportar una, digamos anécdota, que en cierto modo, aunque no aporte nada nuevo en relación con la vida de Adriana Lecouvreur, sí dice de su fama ya imperecedera y de la impronta sencilla pero cierta que ha dejado y deja su estela.

En día 15 de agosto de 1930, “LA REVISTA BLANCA”, revista  publicada en Barcelona y de clara tendencia anarquista, publica un artículo titulado “Unos ojos de Mujer”, dedicado a la que fue la modelo de Romero de Torres. En él se lee:

“Los telegramas que nos anuncian la muerte de Carmen Casena Heredia nos dicen que la familia de Romero de Torres, la madre, los hermanos y el hijo del artista, cuidaron de pagar los gastos del entierro de la modelo. Nada más dicen de ese fin patético, de esa mujer muerta de desesperación y de tristeza”  “Ante nuestra alma, su vida y su muerte, su pasión y su misterio, la envuelven en una aureola poética, en un himno de conmovedor sobrehumano”.

“Dos mujeres triunfaban simultáneamente en la escena francesa el siglo pasado: Rachel y Sara Bernhardt. Rachel otra gran apasionada, ardiente y tormentosa, del teatro francés, murió joven, en plena belleza y en plena dignidad. …. Rachel era un  gran alma, generosa y arrebatadora. …. Rachel, como Adriana Lecouvreur, había nacido también bajo el signo de Afrodita y, como a Adriana, como a esta pobre Carmen de ahora, la diosa las llamó bellas y jóvenes a su seno”.

Este artículo lo firma Federica Montseny

d)    A lo largo del siglo XX, la figura de Adriana Lecouvreur también ha sido objeto de protagonismo en el cine. Su vida, casi siempre basada en el argumento de Eugene Escribe o en el del libreto de la ópera de Francesco Cilea, ha dado lugar a varias películas, he leído que ocho, pero no he podido comprobar esta cifra. La que si es conocida es la titulada “Dream of Love”,  interpretada por Joan Crawford.

ADRIANA LECOUVREUR, impacto y repercusión que la obra teatral de E. Scribe tuvo en la segunda mitad del siglo XIX.

Sabemos que fue representada no solo en mucha ciudades y teatros franceses, sino también en casi todas las ciudades europeas que disponían de sala de teatro, incluyendo España.  También fue representada con amplia frecuencia en Sudamérica y Estados Unidos. Y no solo fue representada, también fueron muchas las ediciones que de la obra se imprimieron.

Es muy conocida en España la  edición de Nueva-York , de 1855, realizada en la imprenta de Baker & Godwin,  que en su portada se lee:  “Adriana Lecouvreur,  por Eugenio Scribe, Copia original francesa.  Con la traducción española por Francisco Calcagno.  Preparada expresamente para  Mr. Rafael Felix, Director de la Compañía Francesa de M’lle Rachel.”

Como reseñas a la obra teatral de Scribe y anécdotas relacionadas con la misma, que denotan la popularidad que alcanzó y mantuvo a lo largo de esta segunda mitad del siglo XIX, referimos las siguientes:

El viérnes 3 de octubre de 1851, el periódico “Diario Constitucional de Mallorca”, en el apartado “Noticias Extrangeras”, comenta entre otras, desde Marsella y el 19 de septiembre, lo siguiente: “Nos escriben de Lion el 13: Se estaba representando ayer en el teatro el drama Adriana Lecouvreur, cuando un grito horroroso ha resonado en la sala. Una señora que estaba sentada en una loneta junto a su marido acababa de ser herida de una puñalada por un joven que tranquilo y sereno permanecía detrás de ella. El asesino ha sido puesto enseguida en poder de la justicia y ha confesado su crímen con la mayor sangre fría diciendo no conocer a su víctima”.

El domingo día 16 de noviembre, también de 1851, en el periódico  madrileño “Correo de los teatros”, periódico de noticias teatrales, artísticas y literarias, se nos decía : “ No habiendo podido asistir el viernes a la representación de Adriana Lecouvreur verificada en el Teatro del Drama, insertamos a continuación lo que dice el Heraldo acerca de su ejecución (lo escriben con g), que como nos aseguran fue inmejorable. Dice así nuestro colega: El triunfo que ha alcanzado Adriana Lecouvreur ha excedido a nuestras esperanzas, a pesar de saber que dicha obra es debida al talento inimitable de Scribe y se halla mejorada y superiormente arreglada a nuestra escena por D. Ventura de la Vega. Jamás el pueblo madrileño ha gozado de un espectáculo tan verdaderamente admirable. ……….. el teatro español anoche se ha elevado, gracias al singular talento de los actores del teatro del Drama (calle Valverde), a la altura de los primeros de Europa; La señora Lamadrid (doña Teodora) alcanzó anoche el cetro de nuestra escena, y se elevó considerablemente sobre todas las demás actrices con que Madrid cuenta”, “El entusiasmo del público rayó en delirio, de tal modo, que quiso hacerle repetir una escena después de llamarla una y otra, como a todos los actores, como al Sr. Vega, que también a interpretado a Scribe”.

Publicado trece días más tarde, el sábado 29 de noviembre de 1851, podemos leer en “La Ilustración, periódico universal” la crónica del mismo estreno, que incluyendo un amplio resumen del argumento de la obra dice: “Mucho ha llamado la atención el drama de Scribe,  Adriana Lecouvreur, del cual haremos una ligera reseña. ……… (resumen del argumento) …….. En el drama hay situaciones muy interesantes: no tiene un fin moral; muy al contrario, hay escenas bastante inmorales, que pasan y hasta aplauden porque son muy cómicas . La ejecución por parte de la señora Lamadrid y el señor Arjona fue excelente. En cuanto a los demás actores, hablando imparcialmente, no podemos decir lo mismo”.  Curiosa referencia a la moral y a lo inmoral, y sobre todo por argumentar que lo inmoral, si es cómico, “tiene su pase”.

Referencia y reseña de libro, probablemente de finales de 1851: “Adriana Lecouvreur o la actriz del siglo XV. Comedia en cinco actos y en prosa, traducida del francés por don Fernando G. De Bedoya. Madrid, 1851, imp. De V. De Lalama, ed., lib de Matute. En 4ª may. (Bib. Dram.)

Referencia y reseña de libro, probablemente de 1951: “Adriana Lecouvreur. Comedia-drama en cinco actos, escrita en francés por el célebre Eugenio Srcibe y arreglada al teat. Español por D. Ramón de Valladares y Saavedra. Barcelona, 1850, imp. De la V. e hijos de Mayel.  Madrid, lib de Gaspar y Roig . En 4ª may.

Referencia y reseña de libro, probablemente de 1857: “Adriana Lecouvreur. Drama en cinco actos, de los señores Scribe y Legouvé, traducido nuevamente al español por D. Miguel Pastorfido. Representado en el teatro De la Zarzuela por la comp.. dram. Italiana. Madrid, 1857, imp. Nac,, desp, de libros de la misma. En 4ª may, 58 págs.

Referencia y reseña de libro, probablemente de 1851: “Adriana Lecouvreur. Drama en cinco actos de monsieur Scribe, arreglado al teat. Español por D. Ventura de la Vega, representada en el del Drama el día 14 de noviembre de 18590. Madrid, 1851.

Curiosa es la siguiente obra de teatro, que ya en 1852 se estrenó en el teatro de la Cruz de Madrid,  y de la que en la portada de su edición se lee:  “Mariana la Barlu, parodia del Drama de Scribe titulado Adriana Lecouvreur; por el licenciado Escribe. Representada con extraordinario aplauso en el teatro de la Cruz, el 4 de mayo de 1852.  Madrid, imprenta y estenotipia de M. Ruvadeneyra, Salón del Prado, 8. 1852.

La revista “La España artística, gaceta musical, de teatros, literatura y nobles artes” de 18 de enero de 1858, publica una necrológica de Mlle. Rachel que dice: “Mlle. Rachel murió el día 4 a las once de la mañana, a los 37 años de edad. …… El 15 de mayo de 1840 desempeñó por primera vez el pepel de Paulina en Poliyeucto, y después los de María Estuardo, Chimene, Fedra, Agripina  y Adriana Lecouvreur”.

En la revista “El Mundo Pintoresco , ilustración española” de 6 de marzo de 1859 se puede leer, en crónica desde Paris: “El lunes se verificó el primer baile de trajes, de los tres que sucesivamente se han dado: el del lunes fue en casa del ministro Fould. El miércoles hubo otro en casa del conde Morny, adonde se asistió en traje de la época de Luis XV y empolvados. Hubo princesas, pastoras a la Pompadour. Amazonas, cantineras de los guardias franceses, imitaciones de Adriana Lecouvreur en sus trágicos papeles mas interesantes, y qué se yo qué mas trajes hubo de la misma época”.

En la revista “La Violeta. Revista Hispano-americana”, en fecha 31 de julio de 1864, en un artículo sobre la actriz italiana Carolina Civilli, nacida en Florencia en una familia distinguida, se puede leer: “La admirable y poderosa voz de la actriz, su aspecto majestuoso. Reunido a su belleza y a su tierna juventud, pues solo contaba entonces veintiun años, causaron un efecto indescriptible en los genoveses, que cubrían de flores la escena durante las representaciones de Adriana Lecouvreur”.

Simpática es la referencia que en la “Dolora” de Campoamor titulada “El gran porvenir”, publicada el sábado 30 de diciembre de 1865 en la revista “GIL BLAS”,  se hace a Adriana Lecouvreur.  En su escena IV  se lee:

              ……….

              – Vd. Me ha de dispensar si vengo a molestarle.

              – ¡De ninguna manera!

              –  ¡Ah! ¿no m,e dispensa Vd.?

              –  Digo que de ninguna manera me molestan Vds.

              –  Ya. Pues … Vd. No tendrá el honor de conocerme.

              –  Ni ese, no otros muchos.

              –  ¡Gracias, caballero! ¡Saluda, chiquitina!

                 (La niña saluda a lo Adriana Lecouvreur)

En un artículo titulado “Las Flors”, escrito en catalán y publicado en Barcelona, el 25 de septiembre de 1891, en la revista “LA TOMASA” se lee:

Per si faltava encara un altre motiu per donar mejor sortida als productes dels jardoins, ara s’han introduit en algunas festivitats las batalles de flors. 

Y no’s creguin que de las flors no se’n hagin tret perniciosos partits.

Tothora sap la mort de la famosa trágica francesa Adriana Lecouvreur, producida per un perfum venenós que una séva rival li habia posat en un ram de flors que ella olor ásense imaginar que contenía aquell element mortal”.

El 21 de octubre de 1896,  Joaquín Arjona y Lainez, en la revista “LA ÉPOCA, últimos telegramas y noticias de la tarde”, manifiesta que tiene la seguridad que Scribe y Legouvé, al escribir Adriana, se propusieron, para caracterizar mejor la vida sensual, inequívoca fisonomía de los tiempos de Luis XV y de Voltaire, entrañar en la protagonista una galante y desapoderada pasión, y hacerla víctima de la lucha con una rival, tan miserable, que llega, precipitada por los celos y el odio, al asesinato y el suicidio. Afirma que en la hábil traducción de Ventura de la Vega, Adriana es una mujer menos galante que en la original de Scribe, que habla más en posición de señora, aunque sin ocultar su cuna y origen más humilde. Sigue Joaquín Arjona considerando que, a pesar de esto, la actriz Lamadrid, con gran acierto según su criterio, oculta el “pecado de origen”, transformando la pasión carnal en amor puro del alma,  los galanteos de mujer “a la moda”, en candorosas frases de mujer amante y honrada: Adriana adora a Mauricio, y se lo dice con el descaro de la inocencia.

Realmente se sigue recordando la imagen y personalidad de Adriana Lecouvruer, analizando las posibilidades que ofrece, y dejando que entre traductores, adaptadores y actores recreen el personaje ya conciertito en leyenda.

El diario independiente “EL DÍA”, el 30 de octubre de 1899,  dice en relación a las cuatro obras cuya representación se anuncia para la tournee que Sarah Bernhardt va a hacer por España:  “Adriana Lecouvreur es una obra muy conocida en España; fue caballo de batalla de nuestra gran actriz Teodora Lamadrid que, recordando las peripecias ocurridas cuando Scribe ofreció a la Rachel este drama, hecho con pedazos de tragedia, puso en él todos sus sentidos; y aquellos que conocieron a la gran Teodora en sus buenos tiempos, no habrán olvidado si duda alguna la escena en que la mujer ofendida y relegada, busca su venganza recitando unos cuantos versos de la Fedra de Racine, y esto permite a la actriz que interpreta el papel de Adriana, empler el acento y la actitud trágica sin representar la tragedia”.

Probablemente en estas fecha Sarah Bernhardt  habría empezado a elaborar, tal vez solo mentalmente, el argumento de la que luego sería su obra, apenas conocida, y divulgada, “Adriana Lecouvreur”. Pero de ella hablaremos en unas líneas más adelante.