ADRIANA LECOUVREUR en la obra teatral de Eugene Scribe

Y en este ambiente la fama y la leyenda sobre Adriana Lecouvreur siguieron creciendo, tranquila y sostenidamente,  hasta que en 1849 el dramaturgo francés Eugene Scribe publicó y estrenó una obra de teatro titulada “Adriana Lecouvreur”, alcanzando nuestra artista, y a partir de entonces, un inmenso y definitivo prestigio para los anales, no solo del arte dramático sino en los de los grandes misterios de imposible solución.

Eugene Scribe fue en su época un popularísimo dramaturgo francés que produjo más de 400 obras de teatro y libretos de ópera, muchos de ellos escritos en colaboración con otros escritores. Se le criticó por su mal gusto y su falta de originalidad, pero hay que reconocer que en su género fue un hábil maestro. Entre sus obras más destacadas figura esta de “Adriana Lecouvreur”, escrita con Ernest Legouvé para la famosa actriz Rachel.

La obra, escrita en cinco actos, tuvo un gran éxito y rápidamente fue estrenada en diversas ciudades de todo el mundo, convirtiéndose en una de las preferidas de la época, siendo la Compañía Francesa de M’lle Rachel la que inició su andadura. Solo 53 años más tarde, cuando se estrenó la ópera de Francesco Cilea , utilizando el argumento de la obra de Sribe para el libreto, y alcanzó aquella los más altos reconocimientos, pasaron a un segundo o tercer plano las representaciones teatrales, quedando la nueva versión operística como la referencia inexcusable para abordar la figura de Adriana Lecouvreur.  Así son las cosas.

Nos cuenta Rubén Darío, medio siglo después del estreno, en su poco conocido trabajo titulado precisamente “Adriana Lecouvreur” :

       “Es menester decir algo sobre los autores de Adriana Lecouvreur.

       Un día en los salones de Madame de Rauzan, se entabló  el siguiente diálogo        entre Legouvé  y Scribe.

  • Y bien, Ernesto, es preciso que la obra para Rachel quede concluida.
  • Opino que sí, mas es preciso que la obra que intentemos llevar a cabo, sea   a propósito para que la Rachel aparezca tal cono es,  y triunfadora, en una pieza en prosa.
  • Pienso lo mismo.

Y la obra fue hecha. La obra se escribió y la célebre actriz apareció en escena haciendo la Adriana más brillante que se pueda imaginar.

Continúa Darío : “Pero cuando la Rachel reinaba, no cabía en imaginación alguna la figura ni el talento de Sarah Bernhardt. ………….Nosotros no hemos visto a la actriz esa, para quien fue escrita Adriana; pero estamos seguros, y abonados por criterios bien fundados, de que Sarah en las tablas de cualquier teatro del mundo, interpreta, ilumina, mejora, la creación de Scribe y Legouvé”

Reparemos como Darío no habla de representaciones en cualquier teatro del mundo de la creación de Scribe y Legouvé, a la par que ensalza, primero a la Rachel y luego a Sarah, argumentando que la obra fue escrita para realzar las posibilidades de la primera, y que la segunda la superó. Luego si la figura de Adriana Lecouvreur era la idónea para realzar las labores interpretativas de las actrices, parece consecuente el pensar que nuestra Adriana tuvo y seguía gozando del máximo prestigio como actriz, tanto en su época, como hacia 1850, como a finales del siglo XIX o principios del siglo XX.

El argumento:

Acto Primero.-   

En el elegante gabinete de la casa de la princesa de Boullon, ésta es informada por su confidente el abate  Chazeuil, que le comenta que esa noche actúan juntas en Bajaceto Mlle. Lecouvreur y Mlle. Duclos,  que se espera una gran concurrencia ya que ambas se han declarado rivales. Explica que la Lecouvreur tiene a su favor al público entero y que la Duclos esta protegida por ciertos grandes señores. Añade que no tiene más remedio que decírselo, pero que la Duclos es la amante de su marido, y que es la noticia del día. La princesa le dice que está al tanto de ello y que conoce incluso los regalos y la casa que le ha regalado; añade que “Una mujer puede disponer mejor de su tiempo cuando su marido esta ocupado”.  Comentan la fiesta prevista para el día siguiente, organizada por la princesa y en su casa, a la asistirá Adriana Lecouvreur, que recitará unos versos en los salones, y el Conde de Sajonia que ha regresado a París de incógnito.

Mauricio de Sajonia se presenta en la casa y en la reunión, y comentan sus problemas político-militares en relación con sus pretensiones al ducado de Curlandia, y los económicos; acaban hablando del teatro y de la nueva forma de interpretar y de la fama imparable de Adriana Lecouvreur.

Posteriormente se reúnen la princesa y Mauricio,  comprometiéndose la primera en intermediar a su favor en Versalles, y quedar luego para informarle discretamente en la casa “que su marido dispone para la Duclos”, pues ésta accederá sin preguntar y en silencio, por la cuenta que le trae.

Acto Segundo.-

Se desarrolla en el teatro, durante los ensayos del día de Bajaceto. Los actores repasan sus actuaciones; llega el principe de Bouillon que en un aparte se ofrece a Adriana Lecouvrur para comprarle por  60.000 libras los diamantes que la reina le ha regalado. Luego, solos, Adriana le cuenta a Michonet, director del teatro, que había conocido hace tres meses, casualmente, a un joven caballero del ejercito de Mauricio de Sajonia del que se ha enamorado, y que acababa de regresar y prometido asistir esa noche a la representación  teatral.

Se encuentran en el teatro Adriana y Mauricio (ocultando su verdadera personalidad) y quedan para después de la función.

Por confusión y equívoca interpretación de una nota escrita por la Duclos, citando al conde en su casa y esa noche, el principe de Bouillon cree que la Duclos le engaña con Mauricio de Sajonia, y que van a reunirse en la casa que él la ha regalado.

El príncipe, con la ayuda del abate, organiza el presentarse esa noche, como si fueran a una fiesta, en la casa y sorprender in  fraganti (piensa) a la Duclos y a Mauricio, y así, ante muchos testigos, vengarse.

Finalmente la nota llega a su destinatario, Mauricio, en ella la Duclos, en nombre de la princesa de Bouillon, le cita esa noche en la casa que el principe le ha puesto. Mauricio se desespera pues ni quiere faltar a la cita que tiene con Adriana ni puede evitar el ir a la cita que le acaban de comunicar por la nota; además ya no puede localizar a la princesa de Bouillon. Mauricio quiere hablar con Adriana, pero Michonet le dice que es imposible.

El abate, siguiendo las instrucciones del príncipe, invita a Adriana a la fiesta a la que, dice asistirá toda la compañía, lo mejor de la corte y la flor del clero y el joven Mauricio de Sajonia. Adriana rehusa, pero tentada e interesada duda,  le dicen que es en la casa de la Duclos, que es la contigua a la suya, y le dan unas llaves de una puerta falsa de acceso desde su jardín. Se cometa que será una gran fiesta con grandes sorpresas. Accede a ir pensando que puede ayudar a “su” Mauricio  a través del Conde de Sajonia.

Acto Tercero.-

La princesa, sola y nerviosa en la casa de la Duclos, espera que llegue  Mauricio, pues la Duclos le ha dicho que la “esquelita” había sido entregada al mismo Conde de Sajonia. En su palco, estando solo.  Mauricio llega excusándose por llegar con retraso. Mauricio argumenta que ha tenido que despistar a unos espías que le seguían. Empieza la princesa comentando sus gestiones en Versalles sobre Curlandia. Le dice que  el cardenal Fleury, a instancias de la reina, amiga de la princesa, le autoriza a crear dos regimientos en Francia, pero a costa de Mauricio, para evitar problemas diplomáticos con Alemania. Como no tiene dinero para pagar a la tropa dice que su fama le permitirá pagarles al final de la campaña. La princesa le advierte que se ha enterado que un conde sueco pretende prenderle si no le paga una deuda de setenta mil libras y que los rusos le buscan para comprarle el crédito y también conseguir el apresamiento del conde y así solucionar a su favor el asunto de Curlandia. Y que en vista de ello ha hecho gestiones con un policía amigo suyo para que localice urgentemente al conde sueco, la informe de ello y pueda Mauricio negociar con él antes que los rusos. ¿Cómo negocio? Pregunta Mauricio. Pagando responde la princesa. ¿De donde saco el dinero?. Decide huir a la mañana siguiente, para reunirse con las tropas que le quedan y confiar en aumentar en la frontera sus seguidores. La princesa que teme que Mauricio se vaya le dice que el plan no tiene sentido común y que no quiere que se vaya cuando apenas a llegado. Mauricio le agradece su interés y sus claros sentimientos pero la dice que por gratitud le tiene que confesar que ama a otra. ¿quién es? Pregunta la princesa, amenazante, e insiste en saber quién es. Se oyen ruidos en el patio y en la calle.

La princesa mira fuera y ve sorprendida que es su marido y que va acompañado de varias personas. Manifiesta que si la encuentran estará en riesgo su reputación. Se esconde en un pequeño cuarto.

El príncipe le dice a Mauricio que les ha cogido in fraganti y que salga la amante (cree que es la Duclos), y Mauricio sin saber esto busca la salida ofreciendo un duelo en ese momento en el jardín,  así acabar rápido y zanjar el asunto. El abate le dice que ellos no quieren zanjar el tema, sino celebrarlo con una cena y fiesta, añadiendo el príncipe que así se enterará la Duclos que se acabaron sus encantos para él. Mauricio sorprendido, pues no se esperaba tal situación, reacciona y sigue la corriente, abrazándose al príncipe como “aliado”, que le anuncia que como testigos de la ruptura con la Duclos vienen con él muchos amigos del teatro, entre ellos una joven dama que quiere conocerle.  Adriana Lecouvreur.

Ambos se encuentran con sorpresa,  y disimulando dicen que se conocían hace tiempo, desde un baile en la ópera, de disfraces, pero que no esperaban volver a verse.

El abate cuenta que Adriana solo ha aceptado el venir a la fiesta al saber que estaba él, pues quería pedirle un favor para un teniente amigo suyo. Mientras el príncipe ordena que se cierren todas las puertas para impedir que nadie salga antes de que llegue el día.

Mauricio le dice a Adriana que confíe en él, que el no ama a la mujer que esta escondida en la casa, solo la ama a ella, pero que una intriga política le ha colocado esa noche en la situación en la que está y que desconocen tanto el príncipe como el abate, por lo que no deben estos saber quien es la mujer que esta oculta. Adriana le dice que confía en él y que vigilará para que esto no suceda.

En un aparte Michonet comenta a Adriana y al abate que no es la Duclos la mujer escondida, pero que esto no lo sabe el príncipe, y se preguntan quién será, pues la ha visto en la oscuridad y ha hablado con ella y efectivamente  no era la Duclos. Michonet les cuenta que la mujer oculta le ha dicho que si la ayuda a escapar de la casa le protegerá y le ayudará a labrarse una buena fortuna. El abate quiere entrar en la habitación en la que esta la princesa pero Adriana se lo impide.

Solos Michonet y Adriana piensan el modo de hacer salir a la mujer oculta, pues Adriana lo quiere hacer por Mauricio, pero Adriana quiere ser solo ella la que la ayude a salir y pide a Michonet que vigile para que nadie se acerque.

Adriana entra en la habitación y sin reconocer, por la oscuridad, a la princesa, la dice que la envía Mauricio y la saca por la puerta falsa del jardín que daba a la calle y cuyas llaves le había dado precisamente el príncipe. Ambas se encuentran y aunque no se reconocen se dan cuenta que ambas aman a Mauricio y que son las auténticas rivales. La princesa escapa justo en el momento que va a entrar su marido.

Micronet se lo confirma luego a Adriana al decirle que ha visto a la misteriosa mujer salir por el jardín ayudada y acompañada por Mauricio.

Adriana se queda angustiada pensando que Mauricio realmente ama a otra. Mientras la fiesta sigue y a ella  se incorpora triste la actriz, que permanece absorta el resto de la velada.

Acto Cuarto .-

Michonet por encargo de Adriana va a ver al príncipe de Bouillon para venderle en nombre de ésta los diamantes que la reina le regaló, por la oferta de 60.000 libras. Hacen el trato.  Enamorado como está, Michonet aporta otros 10.000 (los que faltan para los setenta mil de la deuda del conde ) de su herencia particular. Adriana le envía con todo el dinero a pagar y recuperar la letra debida por Mauricio.

Llega el abate a casa de los Boullon, a los que informa que sabe de buena tinta que una letra que debía el conde de Sajonia ha sido comprada por el embajador ruso y que éste la ejecuta por impagada.

Michonet se da cuenta de que es Mauricio el amado de Adriana y ésta se lo confiesa, argumentando que le quiere pagar la deuda como venganza por haberla traicionado, ya que así, cuando gracias al dinero recupere su trono, siempre recordará que se lo debe a Adriana. “A falta de amor, su gloria y su poder le hablarán de mi” y “de beneficios abrumarle quiero”.

Mientras la princesa de Bouillon está satisfecha por creer a Mauricio ya preso y sin posibilidades de reunirse con su rival, cuya identidad desea saber.  Regresa el abate sin resultados sobre la averiguaciones de la posible identidad de la rival de la princesa. Ambos siguen haciendo preguntas a otras damas a las que han citado, cuando entra el príncipe diciendo que el conde de Sajonia esta libre pues alguien ha pagado sus deudas, y que tras salir en libertad ha mantenido un duelo con el conde sueco.

Adriana con Michonet se reúnen con la princesa, que la presenta a otras dama, y se queda perpleja al reconocer en la voz de Adriana la voz de su rival, que recuerda perfectamente de la noche anterior.

La princesa, para alterar a Adriana comenta que el conde de Sajonia se ha batido y que se dice esta herido. Adriana se desmalla, y cuando se recupera se oye a un criado anunciar al conde de Sajonia. No puede impedir una expresión de alegría.

Adriana y la princesa de Boullon cruzan fijamente la mirada de sus ojos, la una en la otra.  Michonet la advierte que la alegría delata con más facilidad que el dolor.

Mauricio, interrogado, dice que la Suecia no sabe ni batirse. Saluda a la princesa y en baja voz le pide hablar privadamente, ella le cita para la noche. Saluda a Adriana.

Entonces la princesa, en alto pregunta a Adriana que aclare si sabe quien es la amada del conde, pues se asegura que es del mundo del teatro, contesta Adriana que en ese mundo se aseguraba que era una gran señora. Se acusan con ironía de ser las enamoradas del conde y aportan como pruebas una el ramillete de rosas dejado por la otra y Adriana un brazalete caído en el jardín. Adriana saca el brazalete, y al acercarse al grupo el príncipe lo reconoce como el de su mujer. Adriana tiene la prueba de lo que considera el engaño de Mauricio.

Adriana quiere irse , Michonet la aconseja disimular su enfado. Invitan los presentes a Adriana a que recite, esta accede a recitar a Fedra. Y recita finalizando los últimos verso muy enojada y fuera de si y adelantándose a la princesa a la que señala con el dedo:

                            Callará en vano, Enona! Nunca he sido

                            De esas torpes mujeres que han sabido,

                            Mostrar, gozando el crimen sin congoja

                            Una sien que el pudor jamás sonroja.

Los presentes se levantan como horrorizados de la escena.

La princesa, con calma: Bravo ….Bravo ….

Adriana dice en voz baja: me he vengado. La princesa, también en voz baja: le costará caro!.

Adriana pide permiso para retirarse. El príncipe pide el carruaje de la Stra. Lecouvreur. Adriana le dice en voz baja a Mauricio que la acompañe, y este  contesta que esa noche le es imposible porque ….  Pero no puede acabar la frase ya que el príncipe ha vuelto para acompañar a la puerta a Adriana.

 Acto quinto.-

En la casa de Adriana.

Adriana enferma ha tenido que abandonar la representación y Michonet ha ido a su casa a interesarse por su estado. Ella le dice que no podrá actuar al día siguiente.

Michonet dice que lo que más le preocupa no es su estado de salud, sino el incidente de la noche anterior en casa de los Boullon, pues la princesa es peligrosa y querrá vengar la afrenta.  Adriana dice que no le importa pues le pidió a Mauricio que la acompañara y él se quedó …se quedó con ella. Adriana quiere precipitarse sobre ellos, herirlos, pues prefiere las consecuencias a morir de celos y de desesperación.

Una camarista entra y entrega a Adriana un cofre que ha traído para ella un criado sin librea que solo dijo que era de parte del conde de Sajonia.

Al abrir el cofre Adriana sufre una sensación dolorosa, un hálito glacial. La caja contiene un ramillete,  el mismo que ella tenía la noche anterior, pedido por él y dado para ella, en prenda de amor. Piensa que se lo devuelve, que es un desprecio. Triste, besa el ramillete y lo arroja a la chimenea.

Llega Mauricio, y Adriana se encuentra mal. En un acto reflejo se arroja en los brazos de él, al darse cuenta intenta separarse, pero Mauricio dice que ha venido a pedirla perdón, que solo el deber le retuvo la noche anterior en casa de la princesa, pero que la dijo que no la amaba. Adriana, cada vez se encuentra peor y le pide su amor, que éste le asegura.

Michonet regresa y dice que el pago de la deuda no lo hizo la princesa, sino Adriana.

El conde dice que desea casarse con Adriana, pero observa que Adriana va perdiendo color. Adriana comenta, cada vez más débil, que pensó que el cofre con el ramillete eran una despedida, cuando era señal se su vuelta, se llama a ingrata.

Mauricio dice que no ha enviado nada.

En una larga escena de amor y de despedida Adriana se va apagando poco a poco.

Michonet, cayendo con desesperación a sus pies: Muerta! ….. muerta! ……

Mauricio :  “ …… siempre unidos aún después de tu muerte, el nombre de Mauricio de Sajonia no se separará nunca del de Adriana! …….

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