ANTONIO MACHADO, en el mes de febrero de 1939 en Collioure, y hasta su muerte y entierro.

Por Manuel Álvarez Machado

         Los días que Antonio Machado y la familia que le acompañaba pasó en Collioure en el mes de febrero de 1939, hasta su muerte el día 22 del mismo mes, estuvieron marcados básicamente por la búsqueda y espera de ofrecimientos de trabajo y de un alojamiento al que pudieran hacer frente con los ingresos que pudieran obtener. No tenían nada, apenas la ropa que les vestía y ésta gastada y en mal estado. Por fortuna habían recibido giros de ayuda desde la Embajada de España en París. El primero el 31 de enero de 2000 francos y un segundo de 4200 francos el día 6 de febrero, con la advertencia de que tal vez no fuera posible otro hasta primeros de marzo

Posible última fotografía de ANTONIO MACHADO

         El dinero recibido, bien administrado, podía servirles para pagar la comida y el Hotel Bougnol-Quintana hasta finales de mes. Por lo tanto la búsqueda de soluciones a más largo plazo era acuciante y a ella dedicaban sus ideas, pensamientos y actividades. Pero éstas, en aquellos momentos, eran poco productivas y estaban supeditadas a lo que pudieran ofrecerles otros. Esta situación provocaba necesariamente un estado continuo de angustia y ansiedad que les marcaba el estado de ánimo

Collioure. H. Matisse

         Parecía que la vida se había convertido en una suerte de espera de correspondencia y en una rápida contestación a las cartas recibidas. Visitas no tenían, y los contactos con los que conversar se reducían a Jacques Baills, Juliette Figueres y su esposo y Pauline Quintana, dueña del hotel. De vez en cuando cruzaban algunas palabras en el comedor del hotel con algunos comensales o huéspedes del hotel y solo de vez en cuando con el doctor que les visitaba o con algún otro médico que pasara por el hotel Bougnol-Quintana, como fue el caso del capitán medico Irazoki. Tal vez recibieran visita del Consul de Port Vendres, y sí sabemos que el día 17 fueron a verle Jean Sermet y Cándido Bolivar.

         Siempre surgen sorpresas, pero en el caso de los Machado en Collioure parece que no hubo más hasta el día de su muerte. Luego sí, en el velatorio, en el entierro de Antonio Machado y en el posterior de su madre. Entre éstas “sorpresas” posteriores a la muerte de Antonio y a la de su madre Ana, está la de su hermano Manuel, que enterado del luctuoso hecho consiguió autorización, en Burgos, para desplazarse a Collioure, donde se encontró no solo con su hermano Antonio ya enterrado sino también con la recientísima muerte de su madre, que había fallecido tres días después que su hijo Antonio.

         Mucho se ha especulado sobre el encuentro en Collioure de Manuel Machado con su hermano José, pero de ello escribiremos en otra ocasión.

         Pero volvamos a los primeros 22 días de febrero, a la vida cotidiana y a los hechos que ocuparon casi todo el tiempo de Antonio Machado y de su familia.

Hotel Bougnol.Quintana, Foto reciente.

         Nos referiremos a los dos o tres cortos paseos alrededor del hotel, y al menos a uno ligeramente más largo hasta la orilla del mar , a un par de visitas a Madame Figueras en su comercio al otro lado de la Placette, cruzando el arroyo Douy.   A la lectura de los libros que J.Baills le dejó y a la prensa y revistas que éste le proporcionaba o que José traía del comercio de Madame Figueras. También oía la radio, que Pauline Quintana tenía en una salita junto a la cocina, y escuchaba emisoras españolas y francesas, en silencio, reteniendo mentalmente las noticias que le interesaban aunque a veces le dolieran o le produjeran desasosiego. Pasaba largos ratos acompañando a su madre junto a las ventanas de las habitaciones, y desde ellas contemplaba lo que Collioure le enseñaba, al fondo un retazo de mar, con la fusión del azul del mar y el del cielo, a veces azules y grises, las partes altas del castillo del pueblo y las torres de algún edificio antiguo, todo ello de color más o menos ocre; y más cerca la Placette, separada del hotel por el arroyo y enmarcada por casas del pueblo y por las aberturas de calles que se iban alejando de la plaza. Al fondo, pero en el lado contrario al que estaba el mar, los verdes, pardos y grises de las colinas que rodeaban en la distancia al pueblo. Y las plomizas nubes que en aquel mes de febrero se desplazaban lentamente.

Castillo de Collioure,

         Con Jacques Baills conversaba cuando éste regresaba de su trabajo y entraba en el comedor para comer o cenar. Solía sentarse, no siempre, en la mesa de los Machado y hablaban de temas literarios y de otros más o menos intrascendentes, casi nunca de política, aunque de vez en cuando comentaran alguna noticia de la evolución de la guerra española que escuchaban en la radio de Madame Quintana.

         Analicemos  y reconstruyamos esta vida de los Machado en el día a día de estos 23 primeros días de febrero.

         El día 1 de febrero, tal vez uno o dos días antes, Jacques Baills había leído en el libro registro del Hotel que uno de los huéspedes, de aquellos a los que él había recomendado el Hotel Bougnol-Quintana, se llamaba Antonio Machado y que decía ser profesor; recordó que en las clases nocturnas que había recibido de español, tiempo atrás, leyó unos poemas escritos por un poeta español llamado Antonio Machado, y pensó que podía ser la misma persona. Madame Quintana no supo darle respuesta y apenas vio en el comedor a Antonio Machado se acercó a él y, según las palabras relatadas posteriormente por el propio J. Baills:

“Me atreví a preguntarle si el profesor que estaba en el hotel era Antonio Machado, el poeta que conocía. Y entonces sin darse importancia ni nada, sin ni siquiera sonreír, me dijo: “Sí, soy yo”. Así que empezamos a hablar, él me preguntó como conocía el castellano, si era de origen español, y yo le dije: “No, solo que, como todos los franceses que viven en la frontera, es natural que aprendamos un segundo idioma que es el castellano”.  Y le pedí permiso para poderle hablar precisamente en dicho idioma, lo que aceptó encantado, diciéndome: “Pero yo le contestaré sin duda en francés”. … Y a partir de entonces al final de cada comida iba a verles, me sentaba con ellos y charlábamos un rato. Hablábamos de cosas triviales, porque yo sentía que me estaba tratando con alguien que se situaba muy por encima de mis posibilidades, y que en seguida me vería dificultado para contestarle”.

         Pauline Quintana estaba especialmente pendiente de los Machado y les preguntaba si habían comido bien o necesitaban algo más. Respondían que habían comido bien, bastante.

         Antonio Machado había observado que en un saloncito junto a la cocina había una radio y le pidió permiso a Madame Quintana para poder escucharla, solo de vez en cuando. Así tuvo mayor información, aunque no la comentara, de la evolución de la guerra en esos angustiosos días.

         Ante la afluencia de gran número de personas a comer, la mayoría militares oficiales españoles, la familia Machado se sentaba en la mesa más discreta y apartada del salón. Después de comer y de una pequeña sobremesa con Jacques Baills subían a las habitaciones, descansaban y probablemente hablaran entre ellos. A media tarde José y  Matea salían a dar un corto paseo.

Collioure.

         El día 2 de febrero, amanece el día con la buena nueva de haberse recibido 2000 francos enviados por la Embajada Española en París. No es solución pero sí lo entienden como un buen inicio para las soluciones de sus problemas, que en aquellos momentos eran obtener medios para pagar sus deudas a la Sra. Quintana, para desplazarse a París y desde ésta ciudad, con el apoyo a obtener en ella, emprender viaje a la U.R.R.S., a Moscú.  Pero saben que esto no es inminente y que tienen todavía que tener paciencia. Pero es un buen día, al que se une una sensación de mejoría en la salud de la madre y de Antonio. El relativo descanso, al que ya no estaban acostumbrados, empieza a hacer algo de efecto.

         Les alegra la noticia que les da Santullano de la carta que envía a Federico de Onís,, persona con mucha ascendencia en E.E.U.U. y particularmente en la Univerasidad de Columbia en New York, en la que solicita apoyo y ayuda para Antonio Machado, y de la que espera resultado favorable.

         Santullano les sugiere que tengan algo de paciencia con la solución de marchar a la U.R.R.S hasta que se aclaren otras nuevas posibilidades tal vez más convenientes y que no les alejarían tanto de España.  Nos preguntamos ahora a qué solución se refería, pues, aunque muy atractiva, E.E.U.U. no esta a la vuelta de la esquina. ¿Había otras posibilidades en la cartera de Santullano? ¿Tal vez estuviera ya pensando en Toulouse o en ayudas de alguna asociación u organización de intelectuales españoles y franceses?. No se explica suficientemente, aunque sabemos que está en contacto  y al habla con Tomás Navarro Tomás.

         En la post data de la carta Santullano les dice que ya esta al corriente, por su carta del día 31 que le acaba de llegar, que “Y puesto que ya han acudido al Cónsul de Perpiñán, les envío carta para el Consulado de Port-Vendres, por si pueden darles algo también ..”

         En cualquier caso las noticias del día son gratas. Probablemente saliera Antonio Machado a dar una pequeña vuelta alrededor del hotel, en compañía de su hermano José.

         Comida y nuevamente breve conversación, a los postres, con Jacques Baills.

         El día 3 de febrero, no hay novedades que alteren el que empieza a ser el “habitual quehacer diario”. Seguro que la espera de nuevas noticias de amigos y sobre todo de las hijas de José y Matea, de las que llevaban días sin saber nada, les tiene intranquilos.

         Repiten los breves paseos alrededor del Hotel, realmente caminan despacio y en silencio, mientras piensan y recuerdan.

         Como se estaba convirtiendo en habitual, en la sobremesa de la comida, en un aparte José le pregunta a Jacques Baills si tuviera algún libro con el que pudiera su hermano Antonio encontrar entretenimiento, y así dejara, aunque fuera unos momentos, de pensar en las preocupaciones que sentía y tenía y se les hicieran los días algo más cortos

jacques Baills

         El día 4 de febrero, tampoco hay novedades en el correo, las noticias en prensa y en la radio no animan, la comida y el descanso fortalecen algo, pero es Jacques Baills el que ofrece la satisfacción del día; entre sus escasas pertenencias, todas en su habitación del hotel, encuentra tres libros en castellano que decide dejar a su “buen amigo” Antonio Machado. En el comedor se los da; se trata de dos ejemplares de Pío Baroja, “El amor, el dandismo y la intriga” y “El mayorazgo de Labraz” y un tercero que era una traducción al castellano de “Los vagabundos” de Máximo Gorki. Además, entre los libros había una biografía de Blasco Ibáñez. Y con este “tesoro” le dio algunos libros en francés de los que, cuando pasado un tiempo comentó estos hechos, no recordaba los títulos.

         Antonio Machado agradeció el detalle, para él gran detalle, y al llegar la hora de retirarse a su habitación, se los subió. Baills no vió a Machado leerlos, pero si sabía que los leía.

         A Pauline Quintana le sorprendió que no bajaran juntos al comedor los dos hermanos y preguntó a José si había alguna causa. Éste, algo ruborizado, le confesó que no tenían camisa de recambio y que cuando se lavaba una solo podía bajar uno de los hermanos y el otro esperar a que el primero subiera y cambiado bajar el segundo. Madame Quintana les ofreció una camisa a cada uno, y algo más de ropa y calcetines, que aceptaron con muestras de gran agradecimiento.

         Este día, sábado llego carta del día dos  enviada por Tomás Navarro Tomás, a la que decidieron contestar el día siguiente, aunque se remitiera el lunes.

         El día 5 de febrero, era domingo, y como festivo desayunaron algo más tarde. El hotel y la ciudad se notaban más tranquilas, las calles menos concurridas. A última hora de la mañana salieron los hermanos a dar un breve paseo, como aquellos días alrededor del Hotel. La comida fue tranquila y la sobremesa con Jacques Baills más larga. Conversaron sobre los libros que le había facilitado Jacques Baills. Por la tarde, mientras descansaban Antonio y su madre en las habitaciones, aprovecharon José y Matea para dar un paseo por el pueblo de Collioure.

Collioure. por MATISSE.

         Al regresar y antes de la cena escribieron la contestación a la carta de Tomás Navarro Tomás. Parece y suponemos que en esta respuesta se comenta la cada vez más próxima partida hacia la U.R.R.S., al no tener otros ofrecimientos claros. Tenemos que pensar como lógico que José y Matea estuvieran totalmente predispuestos para ir a Moscú, al encuentro de sus hijas, y que Antonio Machado, que en el fondo se debía sentir “culpable” de que sus sobrinas estuvieran en Rusia, no se atreviera a negarse a ir a este lejano destino, con independencia de las amistades que allí tenía y de las simpatías que sentía por el pueblo ruso y su cultura.

         El día no daba para más, cena, algunas conversaciones con los conocidos del hotel y a descansar.

         El día 6 de febrero, las horas se suceden lentamente, no hay noticias en el correo que agiten las esperanzas. Después de tomar un café con leche caliente en el desayuno que se les ofrece en el hotel se acercan a correos para depositar la carta escrita el día anterior para Tomás Navarro Tomás, cruzan el vado del arroyo para llegar a la Placette  José se adelanta para entregar la carta en la estafeta de correos,  su hermano Antonio le espera conversando con Juliette Figueres en su tienda. Años después contaba esta buena mujer y su marido Sebastián: “Solo vino Antonio dos veces a la tienda y a casa nunca porque estaba muy alta. Vino a saludarnos, como no estaba lejos y no tenía que cruzar el agua, estaba a un paso. Atravesaba la Placette y llegaba enseguida. Si no, no salía. Hay quien dice que iba de acá para allá, pero no es verdad. José sí se iba a dar una vuelta, a pasear con la mujer, salían un poco, pero casi no se dejaban ver.  Cuando vino Antonio, hablamos de lo que ocurría en España.  Conversaba con mi marido de lo que estaba sucediendo, pero no hablaba de sí mismo. Sí, dijo que sentía haber perdido todos los libros, todos los que se había llevado consigo, y decía que lo sentía mas que la ropa.  Aunque el día en que llegó se le veía cansado y estaba calado, no tenía, vamos, mala facha. Llevaba un traje azul marino, me parece que lo estoy viendo. No estaba mal. Nos dijo que estaba  enfermo, que tenía asma, pero si no, no  hablaba de sí mismo “. “Supe que era poeta a los dos o tres días de que llegara- me lo dijo Madame Quintana. Fue Jacques Baills quién lo vio. Lo apuntó en el registro. Y Madame Quintana vino a decírnoslo en cuanto lo supo. Los aceptamos porque somos humanos, si uno ve a alguien que está sufriendo, lo socorre aunque no lo conozcas. Parecía una persona distinguida. Cuando nos habló media hora nos dijo que estaba agotado, que el llegar hasta allí le había cansado mucho y que no hubiéramos podido ir más allá, pues no lo hubieran soportado”.

         El día 7 de febrero. Llaga carta de Santullano del día 6/2, pero deciden contestarla el día siguiente. Este martes descansan en el hotel. Como casi todos los días acuden al comedor a las horas del desayuno, de la comida y de la cena. Comen poco, comida caliente y algo de fruta. José y Matea dan como los demás días un corto paseo por el pueblo. Antonio, en la habitación con su madre, mira por la ventana y lee y ojea los libros que le ha dejado Baills, y los periódicos que éste le ha facilitado. Las tardes se la hacen largas, pero, como dirá su nuevo amigo ferroviario, no escribe.  Piensa.

         El día 8 de febrero, llega otra carta de Santullano, escrita el 7 de febrero en París. Es día de correo, pues llega también carta de Robert Payne y otra de José Bergamin escrita el día anterior.  Para ésta última dejan su contestación, más meditada, para el día 9 de febrero.

         Contestan a las dos cartas recibidas de Santullano que apenas tenían novedades importantes. Agradecen el nuevo giro de 4200 francos que les envía la Embajada y las direcciones que les facilitan de Martín Navarro Flores y Jean Sermet ambos en Toulouse. Les agrada que sus amigos y compañeros de viaje desde Barcelona hasta la frontera, José Royo Gómez y Enrique Rioja estén bien alojados en “chez Monsieur J. Sermet”,  y  el pensar que ellos pudieran tal vez hacer algo similar en Toulouse.

Henri Matisse.

         El día 9 de febrero, jueves, leen la carta de José Bergamín que escribe a Antonio Machado al conocer su dirección por algunos amigos. Le propone, gracias a la “asociación de escritores”, las siguientes ofertas de alojamiento:

El Sr. Jean Richard Bloch ofrece una casa suya cerca de Poitieres, en pleno campo y habitada por unos jardineros, de entera confianza, que les harían todo el servicio: la casa tiene chimenea de leña y es apta para seis personas.

El profesor Sr Cohen ofrece una casa en Sevres, cerca de Paría, apta para cinco personas.

Contesta a Bergamín diciéndole que  agradece con toda el alma las ofertas de casa especialmente al Sr Bloch y al Sr Cohen, pero que teme, como le advierte Bergamín, que pueda quedarse muy aislado y sin medios pecuniarios para mantenerse en ellas, por lo que sus necesidades se centran en un apoyo económico a partir del mes siguiente, marzo, para seguir en Collioure o en otra localidad no lejana, en las que poder trabajar o esperar una oferta de traslado a otro país.

          Dedica el resto del día a descansar, a leer,  a mirar desde las ventanas y a escuchar un rato la radio junto a la cocina. En el comedor escucha las historias, algunas estridentes, de los militares que acuden a comer. Huyen de estas reuniones y se refugia en sus habitaciones. La lluvia golpea sin fuerza en los cristales de las ventanas, pero enturbia las vistas que desde ellas se contempla. Lee y medita, seguro que cada día con menos ilusión, ésta también se va desgastando.

Juliette Figueres en su comercio.

         El día 10 de febrero, viernes, no llega correo y el día pasa tranquilo, Antonio y José dan un paseo por la zona de la Placette y se acercan a saludar a la familia Figueres. Hablan del hijo de los Figueres, del que sabían era un buen muchacho (así se lo habían dicho en el Hotel) y Antonio Machado sugirió que cuando regresara de las vacaciones de carnaval le llamaran, pues le gustaría hablar un rato con él; era sin duda una gentileza de Antonio para aquella familia que tan bién les habían acogido. Juliette Figueres dijo que cuando estuviera en Collioure su hijo organizaría una merienda para presentárselo y que tomarían una botella de champagne para celebrar el encuentro.

         El día 11 de febrero, sábado, llega carta postal de Martin Navarro desde Toulouse.   A los Machado les parecen asequibles los precios que refiere la carta pero piensan en los ingresos que tendrían que conseguir. Ésta era la obsesión y la angustia que les embargaba el pensamiento, el tener ingresos para poder pagar sus mínimas necesidades. Les reconforta el comentario de que están organizando en Toulouse un comedor colectivo, con un resultado de precios muy económicos, como máximo cuatro francos por comida. Les anima el que les comenten que también están negociando posibilidades de incorporación como profesores en México u otras Repúblicas Americanas, y que si les parece bien podrían incluirlos en sus listados del profesorado que proponen a estos países. Les anuncia que les escribirá Jean Sermet, algo así como el “alma mater” de las actividades realizadas en Toulouse en ayuda de los refugiados españoles.

         No son noticias negativas, todo lo contrario, son noticias que en el peor de los casos abren esperanzas en el futuro. Seguro que Antonio Machado tenía que pensar no solo en él sino también en su hermano José, para el que el dibujo y la pintura eran sus armas de trabajo, y quien sabe si en alguno más. Hace ya varios días que no sabía del hermano Joaquín y su mujer Carmen, ni del hermano Francisco, de la mujer de éste, Mercedes, ni de sus tres hijas, también sobrinas suyas; una de ellas, Leonor, llevaba el nombre de su mujer Leonor. Pero piensa que ambos, en especial Francisco, sabrían buscarse un futuro por lo menos aceptable. Joaquín, en su juventud había vivido en Gautemala, realizando duros trabajos. Francisco era abogado y especialista en criminología, seguidor de las ideas y pensamientos de Concepción Arenal, defensor de la rehabilitación de los delincuentes y de un trato correcto yhumano en los centros de reclusión; poco bagaje para la España que parecía se iba a imponer, pero muy válida en otras tierras y lugares y por supuesto en la enseñanza jurídica, básicamente del derecho penal. Además recordaba que su hermano Francisco también escribía y publicaba poesía, teatro, sainetes y letras de canciones, incluso guiones para el cine.                                                                                                                                            

El castillo de Collioure.

         El día 12 de febrero, era domingo. Con la tranquilidad del día anterior, la de ese domingo doce de febrero y los pensamientos y recuerdos familiares que se hacían presentes en su imaginación, pasaba aquellos momentos, aquellas horas, aquellos minutos que podían sentirse eternos y que como tapices llenos de luces y colores envolvían sus sentidos.  Soñar para despertar y quien sabe si para volver a soñar.

Castillo de Collioure.

         El día 13 de febrero, contestan la carta de Martín Navarro que envió el viernes 10 de febrero desde Toulouse, agradeciendo toda la información y la grata predisposición de acogerles en su ciudad. Insisten en el problema que tienen por las carencias económicas, aunque manifiestan su plena disposición para afrontar los trabajos docentes o literarios que pudieran ofrecerles.

         El día 14 de febrero, miércoles, resulta un día neutro en aquellos días y en la vida de Antonio Machado. Breve paseo alrededor del hotel, probablemente llegando hasta el próximo cementerio, comida ligera y sobremesa con Baills. Mirar casi sin ver desde las ventanas del hotel, sentir la mano de su madre entre las suyas, ver el descanso que éste sencillo gesto producía en ella, ojear alguna página de los libros dejados por Baills y dejar que las sensaciones de olvido se fueran difuminando …

Día de descanso. H. Matisse.

         El día 15 de febrero, jueves, reciben carta de Tomás Navarro Tomás escrita el 14. Es casi una carta de despedida de su buen amigo Tomás Navarro. Le dice a Antonio Machado que ya le quedan muy pocos días de estar en París, dos o tres, pues saldrá con destino a New York para incorporarse a la Universidad de Columbia, en la que Federico de Onís le ha conseguido una cátedra de filología, de incorporación inmediata. Le dice que desde allí intentará solucionar sus problemas de trabajo y colocación. Que le enviará su dirección apenas la tenga, aunque mientras puede escribirle a la Universidad de Columbia, Departament of Spanish, New York.

         Le informa que las negociaciones con México, para recibir intelectuales españoles va bien y que parece que pronto tendrán entrada muchos de ellos.

         Finalmente le dice cree que todavía tiene tiempo para encontrar acomodo en México y por ello posponer la decisión de viajar a la U.R.R.S. , aunque entiende  la posición de José y de su cuñada Matea por encontrarse en aquel país sus hijas.

         El día 16 de febrero, viernes, reciben carta de Santullano del día 15/2 en la que reconoce la bondad del ofrecimiento de la U.R.R.S. y que le ve muy proclive a aceptarlo, pero insiste en que tenga un poco de paciencia y espere otros ofrecimientos desde Collioure o desde Toulouse, ciudad esta última en la que encontraría muy buenos amigos. Sabemos que contesta esa misma tarde. 

         También reciben carta postal de Martín Navarro desde Toulouse que lleva fecha de ese mismo día 16 de enero. Le dice que ha hablado con Jean Sermet y que éste les asegura, para él y su familia, asistencia en el comedor, y que esta haciendo gestiones para encontrar rápidamente alojamiento para todos. Cree que no debe dudar y decidirse a ir a Toulouse, y que en todo caso puede ser útil el que se desplace a Toulouse su hermano José para buscar una casa amueblada o un hotel barato solo para dormir, cerca del comedor.

Desde el Hotel. Henri Matisse.

         El día 17 de febrero, sábado. Por la mañana Antonio le sugiere a su hermano el acercarse a la orilla del mar. Nos cuenta José Machado en su libro “Últimas soledades del poeta Antonio Machado”  que “unos días antes de su muerte y en su amor infinito a la naturaleza, me dijo ante el espejo, mientras trataba en vano de arreglar sus desordenados cabellos : Vamos a la playa”. “Esta fue su última salida. Nos encaminamos a la playa. Allí nos sentamos en una de las barcas que reposaban en la arena. El sol del mediodía no daba casi calor. Era en ese momento único en que se diría que el cuerpo entierra su sombra bajo los pies. Hacía mucho viento, pero él se quitó el sombrero que sujetó con una mano en su rodilla, mientras que la otra mano reposaba, en una actitud suya, sobre cayada de su bastón. Así permaneció absorto, silencioso, ante el constante ir y venir de las olas que, incansables, se agitaban como bajo una maldición que no las dejara nunca reposar. Al cabo de un largo rato de contemplación me dijo señalando a una de las humildes casitas de los pescadores: “Quien pudiera vivir ahí tras una de esas ventanas, libre ya de toda preocupación”. Después se levantó con gran esfuerzo y andando trabajosamente sobre la movediza arena, en la que se hundían casi por completo los pies, emprendimos el regreso en el más profundo silencio”.

Playa de Collioure. Henri Matisse.

         Nos dice José: “aún sigue resistiendo estoicamente sin lanzar la menor queja, a pesar de darse cuenta de su inevitable fin. Pero ya dos días antes de su muerte puso, resbalando la pluma sobre el papel, la última firma de su vida en una carta dirigida a Luis A. Santullano, su muy querido amigo”.

         De regreso al Hotel  descansan en el comedor, espera casi casi por inercia la comida que les tiene preparada Madame Quintana, su buena anfitriona.

         Hace unos pocos años, ya en este milenio, un reciénte buen amigo llamado Enrique Irazoki Leví me comenta que en esos días de febrero de 1939 come en el hotel Bougnol-Quintana su padre, que era el capitán médico Irazoki, supongo que médico en la Brigada Líster que en aquellas fechas estaba confinada en el castillo de Collioure. Le solicitan que vea el estado de Antonio Machado, que estaba sentado en el comedor, cansado y con fuerte tos. Le ausculta el pecho, mira las constantes básicas que se pueden observar en esas condiciones y en un aparte le comenta a José que no tiene solución y que un desenlace final es prácticamente inminente. No se puede hacer nada. El doctor Irazoki siguió su camino hacia su exilio en dirección a Italia. Con los años, uno de sus hijos, el citado Enrique Irazoki Levy, tuvo una gran amistad con Pier Paolo Pasolini, interpretando el personaje de Jesús de Nazaret en su famosa película ”La pasión según San Mateo”.

         El día 18 de febrero, reciben carta de Jean Sermet de fecha 17 de febrero. Este buen amigo de los españoles que por Toulouse o pueblos cercanos pasan esos días, se dirige a Antonio Machado como “ilustre maestro”. Le dice que de los tres problemas que se les han planteado, 1º el hospedaje, solucionado en parte pues de las 80 personas que controlan han conseguido alojamiento para la mitad, y esperan conseguir en un par de días el alojamiento para el resto. 2º Comida, considera que es cuestión solucionada pues acaban de abrir un restaurante propio en el que para empezar van a dar la comida gratis durante el mes de febrero, y que esperan recibir ayuda del gobierno para seguir así definitivamente. 3º Permiso de residencia. Es el tema más complicado pues la prefectura     parece tener mala disposición. No obstante parece que han conseguido permisos para los que ya han llegado, y en prevención de que no den más permisos han incluido a él y a su familia como si ya hubieran llegado.

Le dice que ha quedado con Cándido Bolivar en Vernet les Bains y que es posible que vaya con él a visitarles a Collioure, pues tienen que ir a Banyuls, que esta al lado, a ver a Odón de Buen.

         Odón de Buen, que tendría cerca de noventa años, había sido amigo del abuelo de Antonio Machado, Antonio Machado Núñez en los años finales del siglo anterior. Ambos reconocidos miembros de la masonería.

         El día 19 de febrero, domingo,  reciben visita de J. Sermet y de Cándido Bolivar.  Apenas sabemos nada de la visita, probablemente fuera breve pues Antonio Machado no debía de estar, ya, en buenas condiciones de salud. Esa noche , ya de madrugada, llaman al Doctor Cazabens, que acude a visitar al enfermo,  lo encuentra muy mal, le receta unas medicinas para serenar la tos, la espectoración pulmonar y el ritmo cardíaco, manifestando que esta en una fase casi terminal y que había muy poco que hacer.

Receta médica del Doctor Cazaben del día 19 de febrero de 1939
y dispensada en la Farmacia Manya de Collioure

         El día 20 de febrero, reciben carta de Santullano del día 18 de febrero  y escribe borrador para contestarle. Le ayuda José, y tal y como hemos dicho anteriormente la pluma se desliza casi sin fuerza por el papel, aunque no puede evitar la esperanza de vivir, aunque sea por un plazo corto. Así dice en esta carta “a mis ya viejos achaques ha venido a sumarse un fuerte catarro bronquial, que me tiene bastante fastidiado”, “tampoco podría moverme en estos días que me dure el catarro”.

         Le dice a Santullano que “en efecto creo que el asunto U.R.R.S. de momento quizás debe ser aplazado, sobre todo si se puede resistir aquí el tiempo que me tarde en …(reecuperar)”. Y también le dice “ De acuerdo también en lo que me dice con relación a Toulouse”, “Precisamente ayer estuvieron aquí el Sr. Sermet con Cádido Bolivar y me dijeron que estaban ultimando el asunto” y que «por cierto el Sr. Sermet es de las personas que se hacen simpáticas desde el primer momento”.  Finalmente se refiere a las buenas noticias “de ese generoso Mecenas” de quien hay que esperar más noticias, y mientras esperar aquí.

         El día 21 de febrero, probablemente en esta fecha José enviara la carta a Santullano que habían escrito el día anterior.

         El día 22 de febrero, era aquel año, en la liturgia católica, miércoles de ceniza.  Reciben carta de J.B. Trend, que lleva fecha del 20 de febrero y es esta fecha la que figura en el sello de la estafeta de correos de Cambridge. el sello de llegada a Collioure, en el reverso del sobre, es del día 22 de febrero de 1939. Suponemos que José Machado pudo leerla esa mañana, pero dados los acontecimientos del día es posible que la leyera la tarde del día 23, incluso el día 24 de enero. No obstante creemos que éste es el lugar y la fecha para comentarla.

         Empieza diciendo que “no he logrado saber hasta hoy, la dirección de V. en Francia; por eso esta carta lleva unos días de retraso”.

         Sigue diciendo que la Universidad de Cambridge se honra en ofrecerle el Lectorado de su Departamento de Español a partir del día 1º de Octubre

         Que el trabajo del Lectorado es fácil: cuatro horas semanales de clases o conferencias sobre lengua o literatura española.

         Que el sueldo es de 350 libras esterlinas al año, que se empezaría a pagar a finales de octubre. Pero que de convenirle alguna entrega a cuenta él podría adelantársela.

         Que la fecha más conveniente para venir a Cambridge sería a mediados del mes de septiembre, teniendo por lo tanto tiempo para buscar alojamiento antes del 1º de Octubre. Mientras, si así lo prefiere, podría esperar en Francia, tanto más cuando él empezará un largo viaje entre marzo y septiembre.

         Que el Lectorado lleva la obligación de residir en Cambridge mientras duren los cursos oficiales, en los tres trimestres del año académico. Tendría por lo tanto que permanecer en esta Universidad hasta junio de 1940. Las vacaciones de Resurrección y Navidad duran cuatro semanas.

         Que el nombramiento de V. sería de Octubre de 1939 a junio de 1940, ampliable un año más. Pero nunca puede exceder de dos años.

         Que de aceptar este ofrecimiento para uno o dos años le agradecería me lo comunicase antes del 25 de este de febrero, pues es la fecha máxima que tengo para proponer el nombramiento de Lector en reunión de la Junta de Facultad a celebrar ese día.

         Añade en forma de post data y con propia letra: “No sé si me recordará V. le fui presentado, hace ya muchos años, por Natalia Cossío de Jiménez”.

         El ofrecimiento es claro y concreto.  J.B. Trend ofrece y describe perfectamente el trabajo del Lectorado del Departamento de Español de la Universidad de Cambridge, matizando los derecho y obligaciones.  Pero tal vez quedan unas dudas sobre este asunto, que probablemente podrían no significar nada o, tal vez, apuntar a otras posibles soluciones del futuro de Antonio Machado en aquellas fechas, que aunque evidentemente ni tuvieron, en su caso, validez entonces, ni la tendrían ahora más allá de la necesaria referencia biográfica.

         Me explico: Como hemos visto en la carta de Luis Santullano del día 18 de febrero de 1939, dirigida a Antonio Machado, dice que “he tenido ayer una conversación con Pablo Azcárate aquí. Me dijo que en Oxford desean hacer a Vd. un ofrecimiento que pudiera interesarle. Inmediatamente se puso un  telegrama a Trend para darle su dirección” y añade “Le digo esto …… por si pudiera esperar ahí lo que le escriba Trend de parte de un Mecenas generoso que desea ayudar a Vd.”.

         Sabemos que el Lectorado de español de Cambridge, lo propone el Jefe del Departamento de Español, en este caso Trend, y que no suele cuestionarse por la Junta a la que se propone (en este caso el 25 de febrero), que acepta y ratifica.

         Luego no parece lógico que desde la Embajada de España se hable de un “mecenas generoso que desea ayudar a Vds.”, salvo que fuera para ofrecerle un dinero extra para una mejor vida en la ciudad de la Universidad de Cambridge, lo que no creemos fuera pensable. Para Cambridge no hacia falta Mecenas , generoso o menos generoso.

         Parece lógico éste ofrecimiento de mecenas generoso si fuera para otra Universidad, con otro sistema de contratación, como Oxford.

         Si es así, ¿porqué enviar telegrama a Trend, si éste trabajaba en Cambridge y no en Oxford?. ¿Iba a “traicionar” a su Universidad para facilitarle un Lector importante y de prestigio a la competencia, máxime cuando tenia la facultad de contratarle él para su departamento en Cambridge, sin necesidad de un tercero Mecenas?

         ¿Puede ser un error, en la carta de Santullano, y haber indicado Oxford cuando debía poner Cambridge?, entonces volvemos a la no necesidad de Mecenas, ni generoso ni nada.

         ¿Si hubo un Mecenas generoso dispuesto a financiar el puesto de Antonio Machado en Oxford, y su vida y manutención, y la de su familia, quién era?. ¿Inglés, de Estados Unidos, español?.

         Retomando datos de otras fuentes encontramos un artículo escrito por Nigel Dennis, parece que del St. Catharine´s College. Cambridge,  que dice, entre otras cosas, que entre los papeles de Trend que se conservan en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge se encuentra varios que cuentan o hacen referencia a la propuesta de “Asilo en Cambridge para Antonio Machado”. Escribe Nigel Dennis: “Parece que apenas se enteró Trend de las “circunstancias empeorables” en las que Antonio Machado había cruzado la frontera francesa, decidió intentar ayudarle ofreciéndole el Lectorado del Departamento de Español de Cambridge. Tengo entre las mis manos una carta, escrita en inglés por un tal E. Brooke y enviada a Trend desde la Embajada española en Londres el día 15 de febrero de 1939. El Sr. Brooke dice que al contrario de lo que había pensado Trend, Antonio Machado no estaba en un campo de concentración; dice también que no tenía más noticias de la familia Machado, pero que en cuanto las tuviera  las haría pasar a Trend; y en nombre del Embajador le agradece su ofrecimiento de auxilio a Antonio Machado.

         El problema inicial de Trend era que no tenía las señas del hotel donde estaban instalados los Machado, pero tan pronto como las consiguió – no sabemos a través de quién –   escribió a Antonio Machado ofreciéndole formalmente el Lectorado”.

         Hacemos notar que si es cierta la fecha que se acaba de indicar del 15 de febrero como fecha de esa supuesta carta de E Brooke desde la embajada de España en Londres, y la   suposición que en ella se hace sobre donde había estado Antonio Machado, hay que suponer que E. Brooke estaba en contacto con Trend con anterioridad a esa fecha.

         La contestación a la carta la redactó el hermano del poeta, José, el día 24 de febrero, carta que reproducimos:

         Sr. J. B. Trend.

            Muy distinguido y admirado señor:

                        Cuando llegó el ofrecimiento de esa célebre Universidad de Cambridge    para mi hermano Antonio, en aquel mismo momento acababa de morir. Yo, que     he sido siempre el hermano inseparable de todas las horas, sé muy bien cuán      alta estimación sentía por Vd., y cuánto se hubiera honrado aceptando este nombramiento, que además suponía la salvación de nuestra madre (86 años)  con los dos restantes que constituían el pequeño grupo familiar con que siempre  había vivido, del naufragio  económico.

                        Lo hemos enterrado ayer en este sencillo pueblecito de pescadores en un sencillo cementerio carca del mar. Allí esperará hasta que una humanidad menos bárbara y cruel le permita volver a sus tierras castellanas que tanto amó      

                        Usted, señor Trend, que tan alta cumbre representa en la intelectualidad en ese país, reciba la profunda gratitud por sus bondades para con mi hermano,       de este antiguo alumno de “La Institución Libre de Enseñanza”.

                                                                                              José Machado

            Collioure, Hotel Bougnol-Quintana

            (Pyr-Or)  24 de febrero de 1939.                              

         ¿Como casamos la fecha en la que dice Santullano que enviaron telegrama a Trend, 17 de febrero, con la que dice este artículo que fue noificado por un tal Sr. Brooke, desde la Embajada de España en Londres, día 15 de febrero?.

         ¿Quién era el tal Sr. Brooke?, ¿representaba a alguien o tenía mandato de un tercero?, ¿Era para Oxford su propuesta?.

         Tal vez nunca lo sabremos, a no ser que aparezca algún nuevo documento que aclare estas dudas.  Mientras tendremos que dar por bueno y único el ofrecimiento de Trend para ser Lector de español en Cambridge.       

         En cualquier caso la carta de Trend y su ofrecimiento llega tarde a Collioure, pues, a las tres y media de la tarde de este miércoles se apaga definitivamente la vida de ANTONIO MACHADO.

         El día 22 de febrero amaneció frío y encapotado, el cielo gris, triste y silencioso. Antonio Machado llevaba unas cuantas horas en un estado próximo a una definitiva inconsciencia. En la cama de al lado su madre sí estaba inconsciente, probablemente en una situación parecida a un coma definitivo.

         Pero con las primeras luces del día el poeta recuperó la lucidez, aunque las fuerzas apenas le permitían hablar y mucho menos moverse. No obstante se le vio hacer un esfuerzo para decir, casi imperceptiblemente: “Adiós madre, adiós madre”.

Collioure por H. Matisse.

         A mediodía de ese triste miércoles perdió definitivamente el conocimiento. Aprovecharon estos momentos para trasladar su cuerpo, por encima de la cama de su madre que estaba junto a la puerta, a otra habitación, la número 5, que Madame Quintana había ya preparado para cuando llegaran estos momentos.

         Entre los biógrafos que narran estos momentos en que Antonio Machado pierde definitivamente la consciencia hay dos posiciones diferentes,  una que sostiene que solo cuando el poeta había expirado se le trasladó, pasándolo por encima de su madre a otra habitación, dejando en la que había ocupado desde que llegó al hotel solo a su madre, y otra, que es la que creemos más probable, que el cuerpo del poeta se trasladó a la habitación número cinco cuando constataron que Antonio Machado había entrado en una inconsciencia final, pero estando todavía con vida.

         Esta habitación número cinco era algo más espaciosa y permitiría velar el cuerpo del poeta por más gente. Tenía una segunda cama de la que acabaron quitando el somier y el colchón dejando solo el cabecero vertical de la pared. Esto pudo confundir, durante un tiempo, en la interpretación de algunas fotografías que se tomaron, pues hubo gente que no sabía o no cayó en la cuenta del traslado de Antonio Machado, todavía vivo, creemos, de su habitación a otra, que fue en la que realmente expiró.

         Y este momento final sucedió sobre las tres y media de la tarde. Poco antes, avisada de la situación que se preveía inminente, como así fue, se personó en el Hotel Bougnol-Quintana la señora Figueres acompañada de su marido Sebastian con la botella de champagne que tenía prometida y reservada para la merienda prevista, en su casa, con Antonio Machado con ocasión de la vuelta de su hijo al regresar éste de sus vacaciones de carnaval.  Comentamos este hecho pues parece que Madame Figueras abrió la botella de champagne y con su vino blanco y burbujeante mojó los labios de Antonio Machado.

Fort de St. Elme

         La habitación tenía una ventana en la fachada derecha del edificio del hotel, orientada hacia el Fort de St. Elme, que estaba  a más altura. Detrás del Fuerte se podían ver algunas de las colinas que Henry Matisse pintó treinta años antes o desde las que pintó el mar, el castillo y las playas de Collioure, las que vio Antonio Machado en su última salida del hotel, sentado en una de las barcas que en la arena de la playa estaban.

         De la gravedad de Antonio Machado se había informado a algunos amigos y conocidos en esa mañana, y éstos, si se encontraban en las cercanías, fueron llegando al hotel para preguntar por su estado. Lógicamente la mayoría de los hospedados en el Bougnol-Quintana estuvieron pendientes de la evolución de los síntomas vitales del poeta. Se daba por inevitable que aquellas horas o minutos iban a ser los últimos de su vida.

         Silencios y algunas voces bajas, casi susurros, se sentían en los pasillos y en el salón del comedor del hotel.

         Y en su definitivo silencio envuelto en una  aparente o cierta ausencia de conocimiento, ¿estaría recordando, Antonio Machado, breves y rápidas imágenes de su vida?. Dicen que en momentos graves, intensamente difíciles, somos propensos en recordar fugazmente hechos pasados y ya lejanos de nuestra vida. La repasamos velozmente recordando los hechos o algunas de las vivencias que nuestra memoria considera más significativas.

¿Pudo estar Antonio Machado en esta situación y recordar?.

         Recordaría “un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero”, “una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales”, “Y todo el campo un momento se queda, mudo y sombrío, meditando. Suena el viento en los álamos del río”, “La tarde más se oscurece, y el camino que serpea y débilmente blanquea, se enturbia y desaparece”, “Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.”, “¿No ves, Leonor, los álamos del río con sus ramajes yertos? Mira el Moncayo azul y blanco: dame tu mano y paseemos.”, “Por estos campos de la tierra mía, bordados de olivares polvorientos, voy caminando solo, triste, cansado, pensativo y viejo”, “Sentí tu mano en la mía, tu mano de compañera, tu voz de niña en mi oído como una campana nueva”, “Con los primeros lirios y las primeras rosas de las huertas, en una tarde azul, sube al Espino, al alto Espino donde está su tierra…”, “Yo contemplo mi equipaje, mi viejo saco de cuero; y recuerdo otro viaje hacia las tierras del Duero.”, “Ayer soñé que veía a Dios y que a Dios hablaba: y soñé que Dios me oía … Después soñé que soñaba.”  ”¿Dices que nada se crea? No te importe, con el barro de la tierra haz una copa para que beba tu hermano.”, “Todo es soñar, el caballito soñado y el caballo de verdad. Y cuando vino la muerte, el viejo a su corazón preguntaba: ¿Tu eres sueño?  ¡Quién sabe si despertó!.”.

         Ahora repitiendo en parte el poema elogio a Don Francisco Giner de los Ríos, decimos: “¿Murió? … Solo sabemos que se nos fue por una senda clara, diciéndonos: Hacedme un duelo de labores y esperanzas. Sed buenos y no más, sed lo que he sido entre vosotros: alma”.

Antonio M;achado.

         Y pasadas las tres de la tarde expiró: “Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la Mar”.

         Se le amortajó en una sábana blanca y como era frecuente por aquellos tiempos (y en tiempos posteriores) se le anudó un pañuelo en la cabeza para evitar que se deformara la cara. Horas más tarde se retiraría el pañuelo al no ser ya necesario.

         Los relatos de estas horas, desde el fallecimiento hasta la salida del cortejo fúnebre camino del cementerio el día siguiente 23 de febrero, coinciden en lo básico y esencial, variando los tiempos de algunas de las presencias en el velatorio de esa tarde del día 22 y esa noche, ya del día 23.

         Sabemos que entre los que se habían presentado en el Hotel Bougnol-Quintana antes del fallecimiento estaba el profesor Martínez López, que lo había sido de Literatura en Madrid, y por supuesto algunos de los huéspedes del hotel, como  ¿el comandante? Luis Orgáz  Benaiges, que era ingeniero y abogado, y su mujer,  que estaban alojados en el hotel desde el día 13 de febrero, y el buen compañero, y ya amigo, Jacques Baills. Lógicamente la titular del hotel Pauline Quintana, ocupándose ésta de atender lo mejor posible a los Machado, y estando pendiente de los que llegaban.

Collioure, por H. Matisse.

         Pasadas las tres y media fueron llegando   Sebastian Figueres y su mujer Juliette Figueres, acompañados por un primo de ésta, Joan Corominolle, español y también exiliad, Henri Frère y Gastón Prats, y el consul de Port Vendres Sr. Santaló. Probablemente acudieran el cónsul de España en Perpiñán o el vice-cónsul, y Agustí Salas, amigo de Perpiñán que regentaba el Hotel Le Rallye, que era uno de los lugares en los que quedaban y se reunían muchos españoles, autoridades o refugiados.

         Agustí Salas, ¿amigo  de Perpiñán? ¿Había estado Antonio Machado en Perpiñán para hacerse amigo de Agustí?. Siempre quedarán lagunas y pequeños misterios…

         Nos dice Monique Alonso en su libro “Antonio Machado. El largo peregrinar hacia la mar” que nuestro poeta nació un 26 de julio, onomástica de su madre, y que murió el 22 de febrero onomástica de su mujer Leonor. (puedo decir que mi madre llamada Leonor en recuerdo de la que pudo ser su tía – ésta murió 12 años antes de nacer mi madre – celebraba su santo el 1 de julio, otra festividad de Santa Leonor en el calendario), pero otra casualidad con las fechas sería que yo, sobrino nieto de Antonio Machado, nací también un 26 de julio, solo que 75 años después que nuestro poeta, en 1950. Simplemente casualidad.

Jacques Baills

         Apenas fallecido Antonio Machado, su hermano José encargó a Jacques Baills que se acercara al Ayuntamiento a notificar la defunción, que enviara telegrama a la Embajada de España en París y a los consulados de poblaciones próximas, como Perpiñán y Port Vendres. Otra cuestión es que en alguna de estas direcciones se hubieran enterado antes de llegarles el telegrama.

         Conocedores de la condición republicana de Antonio Machado, los Figueres confeccionaron una amplia bandera española tricolor, con los colores republicanos. Con ella se cubrió el cuerpo del poeta en su lecho de muerte.

Antonio Machado cubierto por una bandera republicana

         Velaron el cuerpo de Antonio Machado su hermano José y Matea, Luis Orgáz y su mujer, Santaló, el matrimonio Figueres y su primo Corominolle, obviamente Madame Quintana, el profesor López Martínez, Jacques Baills, y desde las seis de la tarde, hora en la que llegaron, Henri Frére y Gastón Prats.  Se fueron turnando en la habitación, como es habitual, hasta la mañana. Con las primeras horas de la mañana fueron llegando, cada vez, más personas, españoles y franceses. Y telegramas de condolencia, entre ellos del Presidente Azaña.

         En las últimas horas del día 22 Henri Frère, extraodinario artista y dibujante pintó un ya famoso dibujo de Antonio Machado, en su lecho de muerte, con la cabeza sujeta por aquel pañuelo que en un primer momento le pusieron para evitar una posible desfiguración de la cara consecuencia del “rigor mortis”

Dibujo de Antonio Machado
por Henri Frère

         Treinta y cinco años más tarde Gastón Prats grabó para Radio París con ocasión de un homenaje al poeta en 1975, unos 20 minutos recordando aquellas horas de la noche del 22 de febrero y la madrugada del 23, recordando el entierro en la tarde del 23, la muerte y el entierro el 25 de febrero de Ana Ruiz, madre del los Machado y sorprendentemente sus conversaciones con Manuel Machado cuando éste llegó hacia el 28/29 de febrero a Collioure.

         En esos días de 1975, también grabaron para Radio París, conservándose  sus voces y palabras, Jacques Baills y Juliette Figueres.  Estas grabaciones, más la de Gastón Prats, indicada en el párrafo anterior, se pueden escuchar en otros post o artículos del blog del que ahora escribe que responde a la dirección https://wordpress.com/view/antoniomachado.blog y a continuación clicar en Revista Machadiana.

         No podemos terminar este relato de aquel 22 de febrero sin recordar lo que Matea y José Machado contaron sobre el breve un momento de lucidez que tuvo Ana Ruiz, madre de nuestro poeta, en aquellas primeras horas de la noche. Recordaban que iban con frecuencia a ver como estaba la abuela Ana, que seguía inconsciente, pero una de las veces que fueron a su habitación la  encontraron con una escasa pero cierta lucidez  y les preguntó, al no ver a su hijo Antonio en la cama de al lado, ¿Dónde esta Antonio?,¿ qué ha pasado?, José la engañó con una mentira piadosa diciéndola que le habían llevado a un sanatorio para que lo atendieran mejor y que allí se curaría. La madre miró a su hijo José con una expresión de no quedar convencida de lo que la decían, rompió a llorar y con los ojos humedecidos los cerró, ya no volvió a abrirlos. Tres días después moría. Como tiempo atrás había dicho, “ella viviría mientras Antonio viviera”. Solo fueron unos pocos minutos de lucidez los que tuvo Ana Ruíz, pero seguro que se dio cuenta que Antonio había muerto.

         El día 23 de febrero, entierro de Antonio Machado. Nos cuenta Jacques Baills que la noticia corrió como la pólvora entre la comunidad española que estaba en la zona, y muchos fueron acercándose hasta Collioure, hasta el Hotel Bougno-Quintana. Tambien se acercaron algunas autoridades francesas y aquellos amigos que de esta nacionalidad habían hecho en y desde Collioure. Se vio la presencia del poeta catalán Ventura Gassol, del Sr Sala, de el cónsul Santaló y de muchos militares y soldados españoles a los que habían dejado salir del castillo de Collioure en el que estaban confinados para asistir al sepelio y rendir un último homenaje al poeta que con su pluma había combatido fervientemente por la República Española.

         Este día 23 de febrero José Machado recibió una carta de Jean Cassou que decía: ”Quisiéramos hacer el entierro aquí en París. Es un deber para nosotros, escritores franceses, encargarnos de las cenizas del gran Antonio Machado, caído aquí, en tierra francesa donde había buscado y creido encontrar refugio” . José agradeció el ofrecimiento pero declinó tan grande honor, añadiendo que creía interpretar así el sentimiento de todos los hermanos, mirando más que nada la sencilla y austera manera de ser del Poeta.

En la puerta del Hotel, antes de iniciarse la marcha hacia el cementerio.

         Contó Jacques Baills que “el entierro fue digno de lo que fue Machado. Sencillo, y con sencillez vinieron todos. Bueno, me refiero sobre todo a los españoles, exilados también, que se hallaban en Collioure y que eran muchos y que vinieron primero a hacer una visita y después al levantamiento del cadáver y al entierro. El  hotel estaba absolutamente invadido por los españoles y por la gente venida de todas partes a quien habíamos avisado, También había algunas autoridades españolas en el exilio. Cuando se bajó a Antonio Machado de la habitación donde estaba para llevarlo al cementerio, el ataud estaba envuelto en una bandera con los tres colores de la España Republicana. Lo llevaron a hombros españoles entre los cuales había oficiales”.

         Nos dice Moniqe Alonso que el cuerpo sin vida de Antonio Machado fue introducido  en un féretro de zinc, metido en otro muy sencillo de madera y recubierto con la bandera rapublicana.

         La población de Collioure, – sigue diciendo J. Baills . conmovida por la presencia de tantos españoles en el exilio, se manifestó en gran número. Se había corrido la voz de que había muerto Antonio Machado y aunque la gente no le conocía, se sabía que acababa de desaparecer uno de los más grandes poetas de la España republicana. Confeccioné una lista, con José Machado, de la gente que acudió al entierro. Se la confié a un amigo,  pero nunca volví a ver el documento.

Cruzando el arroyo camino de la Placette

         La comitiva del entierro, de acuerdo con la familia y el Ayuntamiento de Collioure arrancó en la fachada principal del hotel. Pero el itinerario para llegar al cementerio no fue el más corto o directo. No se cruzó el Douy a la altura del hotel para ir a la Placette, pues el arroyo llevaba suficiente agua como para hacerlo no oportuno en aquel punto. Sin duda no era necesario el pasar por la Plecette, pero así se decidió para dar una mayor reconocimiento al entierro y a la persona a la que iba a enterrar. Por ello se siguió, a la derecha del inicio del recorrido, en dirección al cementerio, pero a unos cien metros, donde había un paso de piedras y tierra en el Douy, se giró  a la derecha para cruzar el arroyo (el cementerio quedaba a la izquierda algo más arriba en la primera calle del recorrido). Este cruce del arroyo quedó inmortalizado por una fotografía que se hizo de ese momento y que se reproduce, desde entonces, en casi todos los artículos sobre el entierro.  Cruzado el arroyo la comitiva gira a su derecha y sigue hasta llegar a la Placette, en ella se gira a la izquierda para salir de la plaza por otra calle paralela al Douy hasta llegar a la altura de un puentecillo, por el que, cruzándolo, se volvía a la calle por la que se había iniciado el recorrido y justo enfrente de una calle que llevaba en pocos metro a una de las entradas del cementerio.

Seis solf¡dados llevaban el feretro. Detras Jose´Machado
y con gabán claro Julián Zugazagoitia.

         El cortejo fúnebre, ya en el cementerio, se dirigió al sitio en el que estaba un nicho, que para el entierro había prestado una amiga de la señora Quintana, la señora Deboher. Y en él se procedió al entierro.

         Estaban presentes, en aquel día de tibio sol, el Alcalde de Collioure Sr Marceau Banyuls, el cónsul español en Perpiñan, Sr. Méndez, el Sr Julián Zugazagoitia (amigo personal de Antonio Machado, que había sido ministro de Gobernación entre abril de 1937 y mayo de 1938, y que fue detenido en el 1940 por la Gestapo entregándolo al gobierno franquista que lo condenó a muerte siendo ejecutado en noviembre de 1940), el Sr. Santaló cónsul de España en Port Vendres, los señores Noya y Sánchez Ventura, en representación de la Embajada de España, los señores Soler y Pla, Fontbernat y Costafreda, en nombre del Centro español de Perpiñán, del Casal Catalá y de la Generalitat de Cataluña. El Sr. Garriga presidente del centro español de Cerbere y el corresponsal del Times en Madrid F. Grimaud de Caux.  Algunos de éstos nombres los reseña Monique Alonso en su libro “Antonio Machado, el largo peregrinar hacia la mar”.

Entrando en el cementerio.

         El cortejo iba presidido por una corona de flores de la Embajada de España en París, por otra del Gobierno de la República española y una tercera del Centro español en Perpiñán. Hubo muchos ramos de flores de particulares.

Ulgtimos momentos en el cementerio.

         Durante todo el itinerario del cortejo al atud fue llevado a hombros por soldados españoles en número de seis a la vez, y fueron dos grupos de soldados los que se fueron relevando. Hay quién informa que alguno de estos portadores del féretro era oficial del ejercito.

Últimos momentos antes de introducir el feretro en el nicho.

         La ceremonia termino con unas palabras de Julián Zugazagoitia que recitó estos versos de Antonio Machado:

                           Corazón ayer sonoro,

                           ¿ya no suena

                           Tu monedilla de oro?.

Antonio Machado. en una de sus últimas fotografías.
Probablemente esta sea la última fotografía de Antonio Machado, tomada el 31 de enero de 1939 en Perpiñán, para adjuntarla al pasaporte que se había solicitado en el Consulado de España en esa ciudad.

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