HOMENAJE a ANTONIO MACHADO en el Ateneo iberoamericano en París. Intervención de Ricardo Gallardo, embajador de la República de El Salvador.

Año 1964

Duración: 14 min, 47 seg.

Fondo sonoro: RADIO PARÍS. Ramirez/del Campo.

Resumen: Homenaje a Antonio Machado en el Ateneo Iberoamericano en París. Intervención bde Ricardo Gallardo, embajador de la repñublica de el Salvador. Laconferencia versa sobre la relación entre Rubén Darío y Antonio Machado.

RUBÉN DARÍO

REDACCIÓN DE RADIO PARÍS. Con J.A. Ramirez

JUAN ÁLVAREZ-GUERRA y CASTELLANOS: «Viajes por Filipinas».

Juan Álvarez-Guerra Castellanos: “Viajes por Filipinas”.

La investigación sobre la “saga de los Machado” no cesa de ofrecernos sorpresas y entre ellas hoy podemos decir que un nuevo escritor, incluible en ella, surge desde el olvido. Sí, olvido pues nadie recordaba este parentesco entre los miembros de la “saga machadiana” y Juan Álvarez Guerra Castellanos.

Diremos que Andrés Alvarez Guerra, abuelo de Juan Álvarez Guerra Castellanos, era hermano de José Álvarez Guerra, que  fue el  suegro de Antonio Machado Nuñez y por lo tanto el abuelo de Antonio Machado Álvarez, “Demófilo”, y  bisabuelo de nuestros grandes poetas Manuel Machado y Antonio Machado.

Un hijo de Andrés, Juan, unió los apellidos de su padre y pasó a llamarse Juan Álvarez-Guerra Peña, y un hijo de éste fue Juan Álvarez-Guerra Castellanos. Esta unión de apellidos, unido a que los dos últimos vivieron gran parte de sus vidas en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y no en la ciudad de sus antepasados, Zafra (Badajoz), provocó, sin duda, este olvido familiar con el paso de los años.

Pero llegado a este punto tengo que decir que el conocimiento, hoy, de este nexo familiar se debe a la labor investigadora de mi buen amigo José María Lama, escritor e historiador, por lo que me limito ahora a indicar solamente los datos anteriores, a aportar la documentación que al final de este breve artículo se incorpora, y a transcribir la noticia tal y como él la publicó en la nota 6 del Libro Conmemorativo del Bicentenario de las Cortes de Cádiz, 1810 -2010 “Zafra y los primeros liberales del siglo XIX”, dejando que sea él el que publique en primer lugar los resultados de la investigación en el trabajo que, según me dice, esta realizando y que saldrá a la luz en los primeros meses de 2011.

” 6/    No hay que confundir a Juan Álvarez Guerra con Juan Álvarez Guerra Castellanos o con Juan Álvarez Guerra y Peña, familiares suyos que aparecen en las fuentes de la época con el mismo nombre. Juan Álvarez Guerra Castellanos fue magistrado de la Audiencia de Manila (Filipinas), miembro del Consejo de Ultramar y Comisario de la Exposición de Filipinas en 1887. Natural de Lillo (Toledo). se casó el 24 de junio de 1882 con María Soledad Gutierrez y Bory, natural de Santiago de Cuba y  falleció el 9 de julio de 1905. Vivió la mayor parte de su vida en Alcázar de San Juan. Fue autor de las obras: Viajes por Filipinas. De Manila a Marianas (1ª ed. Manila, 1871; 1ª ed. Madrid 1887), De Manila a Tabayas (1ª ed., Manila, 1878, 1ª ed. Madrid, 1887), De Manila a Albay (1ª ed., Madrid, 1887), y Memoria sobre la Exposición de los objetos traidos por la expedición científica del Pacífico (Madrid, 1886). Su padre, también llamado Juan Álvarez Guerra, aunque Peña de segundo apellido, era natural de Zafra y fue autor de “El sol de Cervantes Saavedra, verdadera patria del autor del Quijote” (Madrid, 1877), donde reivindica a Alcázar de San Juan como localidad de nacimiento de Cervantes. Alcalde de Alcázar de San Juan en 1836, fue diputado del Congreso durante unos meses, de noviembre de 1850 a abril de 1851, por el partido progresista. Álvarez Guerra y Peña era hijo de Andrés Álvarez Guerra, hermano del ministro y agrónomo (Juan Álvarez Guerra, hermano también de José Alvarez Guerra)”.

Quisiera indicar que aunque no sean muy conocidos los libros de la trilogía “Viajes por Filipinas”, todavía se siguen reeditando, tanto en castellano como en inglés.

Aportamos copia de las portadas de los libros sobre los viajes a Filipinas, el primero de ellos dedicado y con firma autógrafa de Juan Álvarez-Guerra Castellanos, ejemplares que he encontrado y adquirido en “librería de viejo” de Madrid hace unos meses. (corresponden a las primeras ediciones de Madrid, 1887)

En otro momento ampliaremos los datos y la información sobre este autor, Juan Álvarez-Guerra y Castellanos, familiar de Manuel y Antonio Machado y de esta obra, en tres tomos, relativa a las islas Filipinas en 1870, (fecha de la primera edición de las tres obras y de la que se dice se imprimieron 10.000 ejemplares de cada una , vendiéndose en su mayorúa en China. Desconocemos más detalles, así como el idioma en que se editaron).

LA PREHISTORIA DE EL HOMBRE QUE MURIÓ EN LA GUERRA. Sobre un desechado y temprano poemilla. Por Miguel Ángel Baamonde Hermida.

El poemilla es el siguiente:

O que yo pueda asesinar un día

en mi alma, al despertar, esa persona

que me hizo el mundo mientras yo dormía

y que conserva, todavía y posiblemente por su escasa difusión, una carga enorme de misterio[1]

Se publica en la revista Helios, el 14 de Mayo de 1904, integrado en  un conjunto de siete poemas cortos[2], cinco de los cuales quedaron olvidados entre las páginas de la revista, mientras los dos restantes, primero y último de la entrega, fueron incorporados a la segunda edición de Soledades, en 1907, bajo los numerales LXII y LXVII.

Olvidados, y perdidos, como estaban, se recuperaron con otros muchos, en la edición que bajo la dirección de Aurora de Albornoz y Guillermo de Torre puso en el mercado la editorial argentina Losada[3]. La aportación, totalmente novedosa como otras varias que se acogen al volumen, apenas tuvo eco entre los estudiosos del poeta, al igual que bastantes años más tarde, y con motivo del Cincuentenario de su muerte, ocurre con la más completa de Oreste Macrí para Espasa Calpe, en dos tomos que acogen poesía y prosa[4].

Por lo que concierne a los años sesenta y anteriores, los derroteros de las investigaciones machadianas se orientaban de forma usualmente exclusiva hacia la poesía, como faceta sino única sí de mayor importancia, aunque previos a la celebración del Centenario del nacimiento –si así puede definirse el evento dada la acumulación de dificultades que lo caracterizó -, comienzan a perfilarse otros caminos, inicio de una ampliación del horizonte del escritor, que no solo poeta. Empieza a prestarse atención al Antonio Machado pensador, al autor teatral y al prosista no solo del Juan de Mairena, por lo que su figura empieza a adquirir unas características que hasta ese momento habían permanecido oscurecidas por su dedicación al poeta, única tarea a la que se podía acceder en la limitada España del Régimen de Franco, salvo esporádicas y minoritarias sugerencias hacia otros posibles horizontes[5] que comenzaban, tímidamente, a abrirse paso.

Hasta aquí el pequeño historial del terceto que nos va a ocupar; el mismo continuaba ocultando al investigador su implícito mensaje, semilla, antecedente o prehistoria del último estreno teatral que, firmado como todos por ambos hermanos, tampoco había conseguido despertar interés alguno, al igual que el conjunto de estas colaboraciones teatrales, más debido a razones muy circunstanciales que a otras de mayor peso[6].

Volviendo al  terceto éste dice más de lo que  expone en sus tres versos, y todo ello en hilación con la obra teatral mencionada, escrita más de veinte años después, lo que confirma que las ideas de Antonio Machado, sus convicciones y actitudes fueron siempre inalterables, aun contando con las lógicas evoluciones del pensamiento. Ideas firmes, coherentes con la tradición familiar y, por ello, grabadas a fuego en su interior. Es éste dato que conviene tener en cuenta a la hora de enjuiciar y unificar obra y personaje, pues avala el presente intento de señalar una clara conexión entre terceto y obra teatral.

El poemilla tiene un inicio un tanto singular, que el poeta solo utiliza en otra única ocasión, en el segundo de los que componen este conjunto de cinco poemillas olvidados, al utilizar como apertura del verso un “O que” en ambos ejemplos, que obliga a pensar en una implícita proposición previa. Este O que es claro indicio de continuidad o consecuencia de algo anterior exponente de la situación –en el caso que nos ocupa- que condiciona al yo hablante del poemilla. Porque este yo hablante presente en los tres versos es alguien que lleva en sí mismo esas gotas de sangre jacobina que tan bien definen al poeta, y que de forma claramente explícita sueña y anhela ese cambio social que, en cierto modo, lo ahoga. Claramente señala que es a él –que me hizo el mundo- a quien afecta la situación social que vive y que no encuentra satisfactoria. Y es en este me personalizado donde el terceto adquiere una determinada categoría trascendente que, proyectándose, alcanza muchos años después a cristalizar en la figura protagonista tanto como en la intención en ese hombre que (aparentemente) murió en la guerra.

Dejando ya a un lado ese arranque poemático que presupone, sin que por ello sea estrictamente necesaria su materialidad, la existencia de una premisa  previa que complemente o justifique la decisión que se expresa, así como la atención que pide ese me sobre el que habrá que volver en su momento, el terceto en su inicio señala claramente la intención de ese yo hablante: … que yo pueda asesinar un día…, a la que de inmediato conviene acoplar dos interrogantes. ¿Por qué? y ¿Cómo?, ya que lo propuesto no es aceptable ni defendible como acción. El por qué ha de ser, por fuerza, anterior a la decisión; de ahí ese O que con el que se comienza. Hay, pues, un deseo de matar a alguien, aunque por el momento se desconoce el motivo; tampoco sabemos cómo, aunque si nos atenemos a la lectura del comienzo del segundo verso, éste se inicia con un encabalgamiento que completa y da cierto sentido al primero, ya que en él se aclara donde se pretende cometer el asesinato: en mi alma; la precisión es importante, ya que el lector se tranquiliza al comprobar que es en el propio interior del yo hablante donde va a tener lugar el acto, totalmente incruento por otra parte, aunque se continúe ignorando el por qué y a quien. Y es en este verso donde se aclara lo segundo, ya que se trata de esa persona, o sea, alguien con presencia física capaz de inquietar al yo poemático. Pero ¿es un alguien realmente? La duda se plantea porque el deseo de asesinar en el alma adquiere perentoriedad al despertar, esto es, al enfrentarse el yo hablante con la realidad que había permanecido oculta o difusa mientras dormía.

Porque en el siguiente, y último verso, queda ya perfectamente clara la totalidad. Esa persona –se trata de otro encabalgamiento- es quien me hizo el mundo mientras yo dormía. Las dudas empiezan a aclararse al tiempo que las inquietudes promovidas por el verso inicial, pues es fácil constatar que ese yo hablante no está satisfecho con la realidad que ve y en la que se mueve. El mundo no es otro que la realidad circundante; una realidad que no satisface en nada al que la observa, por lo que siente el deseo de cambiarla, sustituirla por otra mejor según él. No es difícil llegar a una conclusión, tras la lectura, que, sin embargo, es errónea; el yo del terceto no desea una revolución, un cambio violento para adaptar lo circundante a ese cambio que anhela, aun a pesar de la expresión asesinar, que siempre supone violencia: porque es un asesinato, o muerte, especulativo, sin asomo alguno de materialidad, ya que se realiza en su propio interior, en mi alma. En una palabra, el yo hablante del poemilla puede muy bien ser un soñador deseoso de mejorar la situación social del mundo en el que se mueve, lo que no implica –y esto es muy Antonio Machado- medidas drásticas, sino evolución positiva en el deseo de realizar el cambio[7].

Pero queda un último interrogante por aclarar. ¿A quien se está refiriendo el poeta al escribir esa persona, que deja incógnita? ¿A alguien en particular? ¿El nombre de un político que quizá tuviese en su mano la posibilidad de efectuar ese cambio y no consigue realizarlo? ¿A la sociedad, y más concretamente a la española, que arrastra una inmovilidad tanto política como cultural, que la mantiene alejada de ese otro mundo más abierto que es, o representa a los ojos de la juventud de la que forma parte, Europa?; o de forma más trascendente ¿a ese dios al que le niega la mayúscula, que gravita, asfixiándola, sobre toda la sociedad española, con su omnipresencia secular?        Demasiada compleja la exposición que haya de responder a los interrogantes anteriores, es necesaria, sin embargo, para clarificar el por qué ese juvenil Antonio Machado acusa ya las inquietudes sociales que más tarde, en su madurez plasmará tanto en artículos personales como a través de sus apócrifos Juan de Mairena o Miguel de la Cruz[8]. Necesaria, pero por fuerza esquemática ha de ser la panorámica que, como fondo en el que apoyar el enfoque juvenil y maduro –todo uno, sin apenas desvíos sustanciales- del poeta enlaza el ya comentado poemita con esa obra de madurez que es El hombre que murió en la guerra.

1875-1939, son las fechas que marcan el caminar del poeta por la tierra, pero no solo como referencias vitales hay que dejarlas anotadas; ambas señalan principio y final de una larga etapa histórica que iniciada con la denominada Restauración propiciada por Cánovas del Castillo, concluye, tras ese período de brutales destrucciones que es la Guerra Civil, con el albor de un nuevo concepto político, bastante menos aceptable que el traído por Cánovas tras el inestable período nacido a la sombra del destronamiento de Isabel II.

Pero la Restauración comienza con mal pie o, mejor, apenas sin fuerza para su andadura. Lo dice muy claro Ortega en su ensayo Vieja y Nueva política, al escribir: ¿Qué es la Restauración, señores? Según Cánovas, la continuación de la historia de España. ¡Mal año par la historia de España si legítimamente valiera la Restauración como su consecuencia! Afortunadamente, es todo lo contrario. La Restauración significa la detención de la vida nacional. No había habido en los españoles, durante los primeros cincuenta años del siglo XIX, complejidad, reflexión, plenitud de intelecto, pero había habido coraje, esfuerzo, dinamismo. Si se quemaran los discursos y los libros compuestos en este medio siglo y fueran sustituidos por las biografías de sus autores, saldríamos ganado ciento por uno. Riego y Narvaez, por ejemplo, son, como pensadores, ¡la verdad!, un par de desventuras; pero son como seres vivos dos altas llamaradas de esfuerzo.

Sombría síntesis de una época que despertó no pocas esperanzas entre los españoles de entonces, aventurada no por un profesional de la historia, sino por alguien que, no siéndolo, supo superar lo sacramental de muchos de ellos. Concluye Ortega su exposición con frase contundente, que define a la perfección el sentir de los españolitos de a pie en aquellos primeros años del siglo XX: La Restauración, señores, fue un panorama de fantasmas, y Cánovas el gran empresario de la fantasmagoría[9].

De todo este cambio, y de todo lo que lo siguió, es Antonio Machado testigo y parte. Dada su educación liberal, laica y consecuente en todo momento, no puede por menos que dejar reflejada en su obra la opinión que tal estado de cosas le produce. No es, por el momento idealmente político, pero sí ve como la sociedad va deteriorándose por momentos, y aunque sabe a ciencia cierta que su protesta resulta tan inútil como una predicación en el desierto, no duda en manifestarla. Así el hombre medio, de la España que el conoce, la de las provincias y los pueblos, alejada del principal teatro de los sucesos, ese hombre del casino provinciano, sin especificar si es de Baeza, de Soria o de cualquier otro lugar de la geografía, ese hombre que pudo ser la esperanza futura del país resulta que se ha quedado estancado, dormido,

… no es de ayer ni de mañana,

sino de nunca; de la cepa hispana

no es el fruto maduro ni podrido,

es una fruta vana

de aquella España que pasó y no ha sido,

esa que hoy tiene la cabeza cana[10].

Es la España  estancada en viejas tradiciones que por inercia continúan vigentes:

La España de charanga y pandereta,

cerrado y sacristía,

devota de Frascuelo y de María,

…………………………………………………….

Esa España inferior que ora y bosteza,

vieja y tahúr, zaragatera y triste,

esa España inferior que ora y embiste,

cuando se digna usar de la cabeza,

aún tendrá luengo parto de varones

amantes de sagradas tradiciones

y de sagradas formas y maneras,[11]

El vano ayer engendrará un mañana

vacío y ¡por ventura! Pasajero,

…………………………………………………..

El vacuo ayer dará un mañana huero.

Sin embargo, la fe esperanzadora machadiana le permite soñar con un mañana mejor y más adecuado a los tiempos.

Más otra España nace,

la España del cincel y de la maza,

con esa eterna juventud que se hace

del pasado macizo de la raza.

Una España implacable y redentora,

España que alborea,

con un hacha en la mano vengadora.

España de la rabia y de la idea[12].

Es como si sintiese a su alrededor un bullir inquieto e inquietante que anuncia, todavía en lo lejano, el advenimiento de sus sueños más queridos:

¡………………………….. España quiere

surgir, brotar, toda una España empieza!

¿Y ha de helarse en la España que se muere?

¿Ha de ahogarse en la España que bosteza?

Para salvar la nueva epifanía

hay que acudir, ya es hora,

con el hacha y el fuego al nuevo día.

Oye cantar los gallos de la aurora[13].

Sí; Antonio Machado es crítico, y un crítico muy duro con esa sociedad que le ha tocado en suerte, por lo que tiene, en ocasiones, palabras de extrema dureza para describir la situación en que la nación se mueve:

… Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,

la malherida España, de Carnaval vestida

nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda,

para que no acertara la mano con su herida.

………………………………………………………………………………..

Y es hoy aquel mañana de ayer… Y España toda,

con sucios oropeles de Carnaval vestida

aún la tenemos; pobre y escuálida y beoda;

más hoy de un vino malo: la sangre de su herida.

Aunque siempre queda esa esperanza inalterable, quizá por lejana y utópica, pero que cuenta con esa juventud que se hace, como él mismo ha dicho, del pasado macizo de la raza:

Fue ayer; éramos casi adolescentes; era

con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios,

cuando montar quisimos en pelo una quimera,

mientras la mar dormía ahíta de naufragios.

………………………………………………………………….

…. “El hoy es malo, pero el mañana es mío”

…………………………………………………………………..

Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre

la voluntad te llega, irás a tu aventura

despierta y transparente a la divina lumbre,

como el diamante clara, como el diamante pura[14].

O volcado en la prosa de su Juan de Mairena, no desiste de dar orientaciones que a veces se antojan verdades de Pero Grullo, pero que parecen olvidarse en el trajín político de cada día: A los tradicionalistas convendría recordarles lo que tantas veces se ha dicho contra ellos. / Primero. Que si la historia es, como el tiempo, irreversible, no hay manera de restaurar lo pasado. / Segundo. Que si hay algo en la historia fuera del tiempo, valores eternos, eso, que no ha pasado, tampoco puede restaurarse. / Tercero. Que si aquellos polvos trajeron estos lodos, no se puede condenar el presente y absolver el pasado. / Cuarto. Que si tornásemos a aquellos polvos volveríamos a estos lodos. / Quinto. Que todo reaccionarismo consecuente termina en la caverna o en una edad de oro, en la cual solo, y a medias, creía Juan Jacobo Rousseau[15].

La visión del poeta no puede ser más desesperanzadora, ya que la siente y la toca cada día; es por ello posiblemente el más crítico de toda su pretendida Generación noventayochista, apenas sin fisuras en su pensamiento y, desde luego, sin veleidades políticas que le permitieran apostar por otros cambios más beneficiosos. De ahí su negativa al torpe intento de Pilar de Valderrama al proponerle la lectura de La conquista del Estado, periodiquillo fascista que trataba de asentar las futuras bases del incipiente falangismo, o la confesión que en plena guerra deja impresa para la periodista argentina Maria Luisa Carnelli: Mi ideario político se ha limitado siempre a aceptar como legítimo solamente el gobierno que representa la voluntad libre del pueblo[16].

Todo lo anterior viene a ser como un puente tendido entre el terceto inicial y la obra teatral. Un indicio claro de que su pensamiento es el mismo, más asentado y evolucionado que la visión indignada de su juventud, pero inmodificable y más cargado de experiencias.

¿O no es esta, acaso, la pretensión de Juan de Zúñiga al llevar a cabo el cambio de identidad y, posteriormente, al intentar, acercándose al hogar paterno, de romper los últimos lazos con su pasado?

Conviene, pues, tratar ahora de centrar la atención en El hombre que murió en la guerra, mostrando los enlaces aludidos entre la misma y el terceto. Para empezar, y dejando de lado la polémica existente sobre cuando y cómo se escribió o que partes son de Manuel y cuales de Antonio –la autoría única para Antonio, que gozó de una entusiasta aceptación hasta hace no poco tiempo, está empezando a dejar paso a la inicial, aceptada con anterioridad quizá por simple pereza investigadora, de la participación común-, es preciso centrarse en la obra como tal, atendiendo a lo que se dice, por qué se dice y cómo se dice. Y como inicio, señalar que en la obra queda perfectamente clara la pregunta expuesta más arriba de quien puede ser esa persona a la que el yo hablante del terceto pretende asesinar en su alma. Hay que insistir. El mundo, la sociedad coetánea del poeta no es perfecta, no le gusta ni como entorno ni como historia pretérita y, mucho menos, futurible. Antonio Machado asiste, según su visión personal, a un estancamiento de proyectos, esperanzas y ensoñaciones por algo mejor, que solo la ilusión despertada por la República consigue sacudir. Y todo esto queda reflejado en El hombre…[17], personificándose en el personaje del padre, don Andrés, representante del peso muerto de la tradición, los viejos valores mayestáticos, pero tiñéndolo todo de un ligera capa de escepticismo personal que da mayor verosimilitud al personaje. Y no a él precisamente, sino a lo que representa y tiene de peso muerto histórico, es lo que Juan de Zúñiga desea borrar de su pasado, -el me del terceto- evadiéndose del mismo  para iniciar la búsqueda de ese nuevo alborear que, dadas las fechas en las que se escribe la obra, tanto en mismo Antonio Machado como tantos y tantos otros, trabajadores manuales y del intelecto, ven en la Revolución Rusa –Miguel:¿Quiere usted algo para Rusia?, Andrés: ¿Para Rusia? ¿Y que tienes tú que hacer en Rusia?, Miguel: Me interesa aquello. Dicen que ha nacido allí, y por cierto con toda la barba, el apocaliptico Anticristo-[18], que tantas esperanzas deposito –frustradas lamentablemente con el paso del tiempo, pero no en aquellos años de ebullición político-social- en la intelectualidad europea y en su clase trabajadora.

Por eso tienen importancia, más allá de lo estrictamente teatral, los diálogos, tanto los que tienen lugar entre los dos protagonistas masculinos, don Andrés, el padre y Juan de Zúñiga, recreado en Miguel de la Cruz, el hijo rebelde y huidizo, donde ambos asientan de forma clara sus respectivas posiciones, don Andrés, siempre añorante de un pasado y unos valores que entran, a lo largo de esos años, en franca decadencia, y Juan, transformado de forma definitiva en Miguel, aceptando en conciencia el cambio de personalidad con el que, a lo largo de todos los años siguientes a la conclusión de la guerra y de los que solo se informa en el texto, ha convivido, como los que sostiene con Guadalupe, la novia posible y frustrada por esa realidad asumida en las trincheras. De ahí la prueba a la que voluntariamente se somete para confirmación definitiva de su nueva andadura:

Andrés.- ……. ¡Era un Zúñiga mi pobre hijo!

Miguel.- Y tanto.

Andrés.- ¡Pobre hijo mío!

Miguel.- (Aparte) Requiscant in pace Juan. ¡Miguel,                               Miguel para siempre![19]

Tras estos preliminares necesarios, es fácil establecer los puntos de enlace entre terceto y obra teatral, reduciéndolos a tres, dado que este es el número de versos que conforman el poemilla, no sin antes advertir que en ningún caso las conexiones se establecen desde frases puntuales e inequívocas respecto a los versos; más bien lo que hay que tener en cuenta son las ideas y su exposición, en coincidencia de las mismas con los versos antedichos; no hay que presuponer confirmaciones tajantes que más serían copia fiel de afirmaciones anteriores que no comunidad ideal de una evolución de pensamiento a lo largo de toda una vida.

El primer punto de enlace es fácil situarlo en el contraste entre sueño y realidad; esa realidad que no gusta y ese soñar esperanzado en algo mejor que la sustituya: … yo pueda (…) asesinar esa persona/ que me hizo el mundo mientras yo dormía; es decir, la realidad de algo no apetecido por lo que en el sueño resultaba gustoso, tal y como se expone en El hombre…: Para el mundo nuevo, en que Juan soñaba –digo mal, porque Juan no soñaba (…)-, para el mundo nuevo en que Juan quería despertar[20]; en una palabra, la utopía como término de tantos sueños destinados a mejorar la realidad existente; pero la utopía nunca llega a transformarse en realidad, radicando en eso su valor de esperanza no alcanzada: Cuando nosotras decimos mañana –habla Guadalupe en diálogo con el ya descubierto Juan de Zúñiga- vemos un niño en su cuna y pensamos en el sol que lo va a despertar cuando amanezca. (…) El vuestro… El nuestro –contestan Juan, exponiendo de ese modo su esperanza utópica- es el que nunca llega; dejaría de ser mañana si llegase, pero es el verdadero. Uno y otro, el yo hablante y el doble personaje, buscan lo mismo por un medio incruento, asesinar en mi alma o deshaciéndose de la herencia, aquello que les pesa. Esta búsqueda del cambio o la sustitución por medio de un evolucionar inevitablemente lento pero, por lo mismo, más seguro y definitivo que el más efectista de la revuelta revolucionaria, tiene por inicio esa diferenciación entre lo soñado y la realidad:… piensa usted que un hombre soñado es siempre mejor que un hombre verdadero. Juan pensaba todo lo contrario,lo que indica con absoluta claridad, a pesar de la aparente contradicción, que lo real es, a la larga, bastante más efectivo que la ensoñación que, al fin y al cabo, solo es válida como impulsora del cambio, lo que viene a enlazar con nuestro segundo punto de enlace: el deseo impulsor del cambio de la realidad no deseada por otra mejor que se anuncia en la aspiración de conseguirlo, pertenezco –dice Guadalupe- al viejo mundo de fantasmas a que él tan facilmente renunciaba[21], algo que señala no solamente el acto de despojamiento del pasado, lo que puede llevarse a término con relativa facilidad siempre y cuando se encuentre la situación favorable –en este caso, la guerra, donde la muerte está presente de forma constante-, sino también, como muy acertadamente expone Rosa Sanmartín en su análisis de la obra, la autenticidad que tal acto conlleva en su misma acción, ya que el personaje Juan de Zúñiga aparece como incógnita en la figura de Guadalupe y de Andrés, que han creado en su mente a alguien que ni ha existido ni existirá jamás. Lo que pretende el personaje Juan de Zúñiga es romper con esa incógnita y no ser ni como los otros lo han imaginado, ni jugar a ser lo que los otros desean que sea[22]. Exigencia que acompaña de forma inevitable al empeño de cambio de ese mundo viejo por otro mejor que ya intuye en el mismo momento en el que se siente renovado al perder si antigua identidad: ¿No has oído decir de quien escapa de un peligro de muerte que ha nacido otra vez. Pues ese soy yo, uno de esos que ha nacido en la guerra[23] y que, como tal, se siente renacido, nuevo, ya que desde ese momento ve con distinta mirada, todo lo que lo rodea: Si tú hubieras visto cual fue mi asombro al respirar el aire y al beber el agua sin miedo a envenenarme, al contemplar la primavera otra vez en el campo, y al reparar en que la tierra podía servir también para andar por ella, y al sentirme nacer en plena juventud…[24] Podrá argüirse, quizá razonablemente, que todo lo expuesto no tiene nada que ver, en realidad, con el contenido del terceto que es escueto y directo; pudiera ser posible si no se pensase que todo lo anterior estaba ya, implícito, en el contenido de los tres versos. Téngase en cuenta que todavía nos estamos moviendo por el mundo de las ensoñaciones y las esperanzas que comienzan a adquirir realidad a partir de ese momento en el que el protagonista se siente renacer de las cenizas de una batalla; algo que anida en el yo hablante al desear asesinar esa persona que me hizo el mundo mientras yo dormía, eso es, mientras soñaba y no se había enfrentado con la realidad circundante, lo que hace al despertar y adquirir plena conciencia de la misma.

Pero lo soñado pide, si se pretende que deje de ser sueño, exige más bien, una ruptura con el lastre anterior para llegar a ser; lastre que en el caso concreto de la obra, y quizá muy diluido en el terceto, se centra en ese viejo mundo en el que sobre todo priman las tradiciones más anquilosadas –El culto a los antepasados me parece un poco supersticioso[25] entre las que se cuenta inevitablemente el blasón y la genealogía.

El último punto de enlace, pues, hay que buscarlo en el deseo de ruptura que mueve tanto al yo hablanteque me hizo el mundo mientras yo dormía–  como a Juan de Zúñiga, transformado por propia voluntad en, como el mismo señala, hijo de nadie, ya que ellos serán mañana los hermanos del hombre. Piadosa –Miguel, o Juan que tanto importa uno como el otro, se dirige en este caso a Guadalupe, que ha descubierto su verdadera, y ya pretérita, identidad, para tratar, así, de convencerla- con su locura, que no es la primera vez que aparece en el mundo. Fueron también los hijos de nadie los que siguieron al Cristo, los que entendieron sus palabras fraternas, los que supieron del Padre, que no era ya el bíblico semental humano, sino el padre de todos. Piensa, Guadalupe, en lo que puede ser mañana esta locura de hoy[26].

Deviene aquí Antonio Machado en una sólida creencia suya que trata de dar verdadero sentido humano a la figura de Jesús de Nazaret, despojándolo de toda esa carga hagiográfica que durante siglos lo ha rodeado, manteniéndolo distante, lejano, del simple hombre de la calle: asesinar, esa persona… Y lo hace estableciendo una diferencia distanciadora entre Cristo y el Cristo como a él le gusta denominarlo. Y es muy posible que sea ese el deseo de ruptura que viene caracterizando a los dos personajes de los que aquí nos ocupamos, ese innominado yo hablante del terceto y el doble Juan de Zúñiga-Miguel de la Cruz que desarrolla las inquietudes planteadas de forma implícita en el lejano terceto de 1904. La ruptura queda así señalada, al sugerir la liberación de la figura del fundador de la imperante doctrina católico-cristiana, bajándolo del pedestal en el que la Iglesia, su albacea, lo situó –Leyendo a Nietzsche, decía mi maestro Abel Martín –sigue hablando Mairena a sus alumnos-, se diría que es el Cristo quien nos ha envenenado. Y bien pudiera ser lo contrario –añadía-; que hayamos nosotros envenenado al Cristo en nuestras almas[27]-alejándolo del contacto humano que tanto buscó en su vida. Algo que adelanta ya en la pieza teatral cuando por boca del protagonista expone su posición respecto a Cristo: Cuando vuelva predicará el orgullo…De sabios es mudar de consejo. No, no se escandalice usted, Guadalupe; Nuestro Señor predicó humildad a los poderosos, hoy predicaría orgullo a los humildes. Si el Cristo vuelve y nos habla otra vez, sus palabras serán aproximadamente las mismas: “Acordaos de que sois hijos de Dios, que por parte de padre sois alguien, niños”. Traducido al lenguaje profano: “Nadie es más que nadie”. Porque por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre[28].

Quehacer que quedó reservado para el que fue su último y más constante apócrifo, Juan –otro Juan- de Mairena.

Los enlaces, o diversos puentes, se acaban de completar. Juan de Zúñiga,  Miguel de la Cruz, o el incógnito yo hablante, ya que todos son uno y el nombre es lo de menos –ya hemos quedado en que no importa el nombre sino el hombre[29]se transmutan o confluyen todos en Juan de Mairena, que es en definitiva, el que les da sentido como último y más influyente de los apócrifos machadianos. Alcanzado este punto se cierra el círculo que iniciado en 1904 se completa en 1936 al darle cuerpo al yo hablante, que trocado en Juan de Zúñiga o Miguel de la Cruz, permanece con nombres y personalidades diferentes a lo largo de todo la última andadura del poeta.


[1] El apunte es de Javier Marías en El País semanal, última página, de 27-V-1907.

[2] Son: Bajo el epígrafe Galerias: Desgarrada la nube el arco iris..; Soledades: O que yo pueda asesinar un día…, O que el Amor me lleve…, Y si me da el Amor fuego y aroma…, Vuela, vuela a la tarde…, Tu alma será una hoguera…; y bajo el de Madrigal: Si yo fuera un poeta… Helios, II, IV, 14-5-1904; págs. 12-13. .

[3] Primera edición Buenos Aires 1964. El conjunto se acoge a la pág. 29, desapareciendo el título original de Soledades.

[4] Madrid 1989; tomo I: Poesía; Tomo II: Prosa. Edición crítica de Oreste Macrí con la colaboración de Gaetano Chiapini. 1056 págs. el primero y 1153 el segundo. Las composiciones, cinco en total, ocupan la pág. 756 bajo el numeral S-XXI y el epígrafe ya conocido de: Soledades, con nota explicativa en la pág. 987. Existe otra edición en rústica en cuatro tomos: I: Introducción y Bibliografía; II: Poesía; III: Prosas (1900-1036); IV: Prosas (1936-1939).

[5] Por ejemplo, por lo que respecta al teatro –las otras calas vendrían algo más tarde- y salvo el trabajo de Eusebio García Luengo: Notas sobre la obra dramática de los Machado, publicado en el número doble -11-12- de Cuadernos H ispanoamericanos, no había despertado curiosidad aloguna en España, hasta la publicación, como una novedad, de la tesis doctoral de Manuel H. Guerra: El teatro de Manuel y Antonio Machado (Editorial Mediterráneo, Madrid 1966), trabajo que ha servido de base para todos los estudios posteriores.

[6] Ejemplo clarísimo de lo aducido puede ser el trabajo del agudo crítico teatral José  Monleón en su obra de con junto El teatro del 98 frente a la sociedad española (Ediciones Cátedra, Madrid 1975),  cuyo título resulta ya un tanto confuso, que manifiesta en la parte correspondiente a esta colaboración conjunta, bajo el título: Manuel y Antonio Machado, los conflictos de una colaboración equívoca –págs. 249-294-, un desconocimiento de la obra general de ambos que condiciona de forma total sus apreciaciones,

[7] Actitud muy en consonancia con lo manifestado por su querido Francisco Giner, cuando afirmaba que la revolución había que hacerla en los espíritus y no en las barricadas, frase que en un ensayo suyo ampliaba en esta forma: Por su trágico aparato, las revoluciones imponen y amedrentan, y nos parece que trituran las entrañas del mundo, cuando apenas arañan la superficie (A. Jimenez Fraud: Historia de la Universidad española, Alianza Editorial, Madrid 1971; pág. 440.

[8] Contamos ya con un juvenil artículo en el que con una buena dosis de ironía subraya la situación social de aquel momento español. Me estoy refiriendo al que bajo el título Trabajando para el porvenir comenta la construcción de un nuevo Seminario en la calle del Cisne (Alma española,  núm. 19, 20 de Marzo 1904). Ver Escritos dispersos, edición anotada de J. Domenech; Editorial Octaedro, Barcelona 2009; págs. 95-96. En cuanto al mencionado Miguel de la Cruz, protagonista de El hombre que murió en la guerra, es, junto al más conocido Juan de Mairena, el complementario que necesitaba para exponer en la escena sus inquietudes de cambios sociales acordes con la idea de su maestro, ya señalada.

[9] José Ortega y Gasset: Vieja y Nueva política, en Obras Completas, Tomo I; pag. 280; Alianza Editorial, Revista de Occidente, Madrid 1987.

[10] CXXXI (Del pasado efímero).

[11] El retrato es manifiestamente brutal e injusto. Si el espíritu cristiano de los españoles que oran no es en todos ellos suficientemente acendrado y consecuente, decir eso de la “España que ora” es una brutal injusticia. Antonio Machado no conocía suficientemente a esa España. Lo peor que puede decirse de esos cuatro versos, es que son indignos del poeta Antonio Machado. Pedro Laín Entralgo: La generación del 98, Colec. Austral, Espasa Calpe, Madrid 1956; pág. 99. Habría que añadir que el momento en el que se escribe lo anterior no era el más propicio para hacer plena justicia a los versos machadianos. La obra, en su primera edición es de 1947 y en aquellos momentos Antonio Machado no era precisamente autor grato ni muy estudiado –y, por o tanto, no plenamente comprendido- por la intelectualidad de la época. Valga la transcripción, como la nota 6 anterior como muestra de la falta de comprensión que se arrastró acerca del poeta durante largos años

[12] CXXXV (El mañana efímero).

[13] CXLIII (Desde mi rincón).

[14] CXLIV (Una España joven).

[15] Juan de Mairena-III, en OC-II: Prosa; pág. 1921.

[16] OC-II-Prosa; pág. 2289

[17] Reduzco, para mayor comodidad el título a partir de ahora, en las ocasiones en que pueda ser mencionado a lo largo de lo que resta del ensayo.

[18] El hombre…, Acto IV, Escena I; pág. 156. Colec. Austral-Teatro; edición de Dámaso Chicharro Chamorro, conjunta con El Aguilucho, traducida por Manuel Machado y Luis de Oteyza.

[19] El hombre…; Acto II, Escena IV; edic. cit.; pág. 132..

[20] El hombre…; Acto III, Escena VIII;edic. cit.; pág. 142.

[21] El hombre…; Idem.

[22] Rosa Sanmartín: La labor dramática de Manuel y Antonio Machado; Edit. Octaedro Andalucía; Granada 2010; pág. 176.

[23] El hombre…; Acto IV, Escena V; edic. cit.; pág. 165.

[24] El hombre…; Acto IV, Escena V; edic. cit.; pág. 165.

[25] El hombre…; Acto IV, Escena I; edic. cit.; pág. 153.

[26] El hombre…; Acto IV, Escena V; edic., cit.; pág. 167.

[27] Juan de Mairena, XL

[28] El hombre…; Acto III, escena VIII; edic. cit.; pág. 144.

[29] El hombre…; Acto IV, Escena V; edic. cit.; pág. 169.

ANTONIO MACHADO. Prosas de la guerra III.

Toda vendida a la codicia extranjera: el cielo y el suelo y el subsuelo. Vendida toda por lo que pudieramos llamar – donadme lo paradójico de la expresión – la trágica frivolidad de nuestros reaccionarios-

Y es que, en verdad, el precio de las grandes traiciones suele ser insignificante en proporción a cuanto se arriesga para realizarlas, y a los terribles males que se siguen de ellas, y sus motivos no son menos insignificantes y mezquinos, aunque siempre turbios e inconfesables.

Si preguntáis: Aparte de los treinta dineros, ¿por qué vendió Judas al Cristo?, os veríais en grave aprieto para responderos.

Yo he leído los Cuatro Evangelios Canónicos para hallar una respuesta categórica a esta pregunta. No la he encontrado. Pero la hipótesis más plausible sería ésta: entre los doce apóstoles que acompañaban a Jesús, era Judas el único mentecato. En el análisis psicológico de las grandes traiciones encontraréis siempre la trágica mentrecatez del Iscariote. Si preguntáis ahora ¿por qué esos militares rebeldes volvieron contra el pueblo las mismas armas que el pueblo había puesto en sus manos para defensa de la nación? ¿Por qué, no contentos con esto, abrieron las fronteras y los puertos de España a los anhelos imperialistas de los treinta dineros de Judas, quiero decir.por las miseras ventajas que obtendrían ellos, los pobres traidores a España, en el caso de una plena vistoria de las armas de Iialia y Alemania en nuetro suelo- En segundo lugar, por la rencorosa frivolidad, no menos judáica, que no mide nunca las consecuencias de sus actos. Ellos se rebelaron contra un gobierno de hombres honrados, atentos a las aspiraciones más justas del pueblo, cuya voluntad legíticamente representaban. ¿Cual era el gran delito de este gobierno lleno de respeto, de mesurea y de tolerancia?. Gobernar en un sentido de porvenir, que es el sentido esencial de la historia. Para derribar a este Gobierno, que ni había atropellado ningún derecho no olvidado ninguno de sus deberes, decidieron vender a España entera a la reacción europea. Por fortuna, la venta se ha realizado en falso, como siempre que el vendedor no dispone de la mercancía que ofrece. Porque a España, hoy como ayer la defiende el pueblo, es el pueblo mismo algo muy difícil de enajenar. Poque por encima y por debajo y a través de la truhaneria inagotable de la política internacional burguesa vigila, la conciencia iniversal de los trabajadores.

Valencia, 0-2-1937

CARTA A DAVID VIGODSKY

LENINGRADO

Mi querido y lejano amigo:

Con algún retraso me llaga su amable carta del 25 de enero, que habría contestado a vuelta de correo, si mis achaques habituales no se hubieran complicado con una enferemedad de los ojos que me ha impedido escribir durante varios días.

En efecto, soy viejo y enfermo, aunque usted por su mucha bondad no quiera creerlo: viejo, porque paso de los sesenta, que son muchos años para un español, enfermo, porque las vísceras más importantes de mi organismo se han puesto de acuerdo para no cumplir exactamente su función. Pienso, sin embargo, que hay algo en mi todavía poco solidario de mi ruina fisiológica, y que parece implicar salud y juventud de espíritu, si no es ello también otro signo de senilidad, de regreso a la felíz creencia en la dualidad de subsistencias …

De todos modos, mi querido Vigodvsky, me tiene usted del lado de la España joven y sana, de todo corazón al lado del pueblo, de todo corazón también entrente a esas fierzas negras – ¡y tan negras! – a que usted alude en su carta.

En España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha aombrado al mundo, a mi me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos – nuestros barinas – invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. En España, no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia es entre nosotros un deber elementalísimo de gratitud.

He visto con profunda satisfacción la intensa corriente de simpatía hacia Rusia que ha surgido en España. Esta corriente es, acaso, más honda de lo que muchos creen. Porque ella no se explica toralmenre por las circunstancias históricas en que se producen, como una coincidencia en Carlos Marx y en la experiencia comunista, que hoy es el gran hecho mundial. No. Por debajo y por encima y a través del marxismo. España ama a Rusia, se siente atraída por el alma rusa. Lo tengo dicho hace ya más de quince años. en una fiesta que celebramos en Segovia para recaudar fondos que enviar a los niños rusos. «Rusia y España, se encontrarán un día como dos pueblos hondamente cristianos, cuando los dos sacudan el yugo de la iglesia que los separa».

Leyendo hace unos meses El Adolescente de Dostoïevski – vuestro gran DostoÏevski – encontré algunas páginas, en mi opinión proféticas, que me afirman en la idea que tuve siempre del alma rusa. Un personaje de esta noveta, Versilov, . cito y resumo de memoria, porque mis libros se han quedado en Madrid – dice, conversando con su hijo, que llegará un día en que los hombres vivan sin Dios. Y que cuando se haya hagotado esa gran fuente de energía que les prestaba calor y nutría sus almas, los hombres se sentirán solitarios y huérfanos. Pero, añade – y esto es a mi juicio lo específicamente ruso – que él no ha podido nunca imaginar a los hombres como seres ingratos y embrutecidos. Los hombres entonces se abrazarán más estrecha y amorosamente que nunca, se darán la mano con emoción insólita, comprendiendo que, en lo sucesivo, serán ya los unos para los otros. La Idea y el sentimiento de la inmortalidad serán suplidos por el sentido fraterno del amor. Claramenre se ve cómo DostoÏevski es un alma tan impregnada de Cristianismo, que ni en los días de mayor orfandad y más negro deísmo que el imagina, puede concebir la ausencia del sentimiento especificamente cristiano. Y expresamente lo dice Versolov, al fin de su discurso, en estas parecidas palabras. Entre los hombres huérfanos y solitarios, ven al Cristo rendiéndoles los brazos y gritándoles ¿cómo habéis podido alvidarme?.

Como maestra de cristianismo, el alma rusa, que ha sabido captar lo específicamente cristiano – el sentido fraterno del amor, emancipado de los vinculos de la sangre – encontrará un eco profundo en el alma española, no en la calderoniana barroca y eclesiástica, sino en la cervantina, la de nuestro generoso hidalgo Don Quijote, que es, a mi juicio, la genuinamente popular, nada católica, en el sentrido sectario de la palabra, sino humana y universalmente cristiana.

Uno de los más grandes bienes que espero del triunfo popular es nuestro mayor acercamiento a Rusia, la mayor difusión de su lengua y de su gran literatura, poco y mal conocida aún entre nosotros y que, no obstante, ha dejado ya muy honda huella en España.

Con toda el alma agradezco a usted como español la labor de hispanista a que usted ahora se consagra. por nuestro amigo Rafael Alberti tenía de ella la mejor noticia. Ahora me anuncia usted su traducción de El mágico prodigioso. el magnífico drama de Calderón de la Barca. El teatro calderoniano es, a mi juicio, la gran catedral estilo jesuita de nuestro barroco literario. Su traducción a la lengua rusa llenará de orgullo y satisfaccióna todos los amantes de nuestrea literatura.

Sobre la tragedia de Unamuno, que es tragedia de España,publiqué una nota en el primer cuaderno de la Casa de la Cultura. Se la copio, levemente retocada para subsanar una errata importante de su texto. Dice así: » A la muerte de Don Miguel de Unamuno, hubiera dicho Juan de Mairena : de todos los grandes prensadores, que hicieron de la muerte tema esencial de sus meditaciones, fue Unamuno quien menos habló de resignarse a ella. Tal fue la nota antisenequista – original y españolísima, no obstante – de este incansable poeta de la angustia española. Porque fue Unamuno todo, menos un estoico, es decir, todo antes que un maestro de resignación a la fataliudad del morirse, le negaron muchos el don filosófico, que poseía en sumo grado. La crítica, sin embar4go, debe señalar que, coincidiendo con los últimos años de Unamuno, florece en Europa toda una metafísica existencialista, profundamentre humana, que tiene a Unamuno, no sólo entre sus adeptos, sino también .-digámoslo sin rebozo – entre sus precursores. De ello hablaremos largamente otro día. Señalemos hoy que Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en guerra. ¿Contra quién?. Quizás contra lo hombres que han vendido a España y traicionado a su pueblo. ¿Contra el pueblo mismo? No lo he creido nunca ni lo creeré jamás».

La muerte de García Lorca me ha entristecido mucho. Era Federico uno de los grandes poetas jóvenes andaluces. El otro es Rafael Alberti. Ambos, a mi juicio, se complementaban como expresión de dos aspectos de la patria andaluza: la oriental y la atlántica. Lorca. más lastrado de folklore y de campo, era genuina y esencialmente granadino. Alberti, hijo de un finis terrae, la planicie gaditana, donde el paisaje de borra, y se acentúa el perfil humano sobre un nfondo de mar o de salinas, es un poeta más universal, pero no menos, a su manera, andaluz. Un crimen estúpido apagó para siempre la voz de Federico. Rafael visita los frentes de combate y , acompañado de su brava esposa María Teresa León, se espone a los más graves riesgos.

Releyendo, cosa rara en mi, los versos que dediqué a García Lorca, encuentro en ellos la expresión poco estéticamente elaborada de un pesar auténtrico, y además, un influjo de lo subconsciente sine qua non de toda poesía, un sentimiento de amarga queja, que implica una acusación a Granada. Y es que Granads, pienso yo, una de las ciudades más bellas del mundo y cuna de españoles ilustres, es también – todo hay que decirlo – una de las ciudades más beocias de España, más entontecidas por su aislamiento y por la influencia de su aristocracia degradada y ociosa, de su burguesía irremediablemente provinciana. ¿Pudo Granada defender a su poeta? Creo que sí. Fácil le hubiera sido probar a los verdugos del fascio, que Lorca era políticamente inocuo, y que el pueblo que Federico amaba y cuyas canciones recogía no era precisamente el que canta la Internacional.

En Madrid libertada o en Leningrado libre, yo también tendría sumo placer en estrechar su mano. Por de pronto me tiene usted en Valencia (Rocafort) al lado del Gobierno cien veces legítimo de la gloriosa República española y sin otra aspiración que la de no cerrar los ojos antes de ver el triunfo definitivo de la causa popular, que es – como usted dice muy bien – la causa común a toda la humanidad progresiva.

En fin, querido Vigodvky, no quiero distraer más su atención. Mis afectos a su hijo, el joven bautista de sus canarios con hombres de rios españoles. Dígale que me ha conmovido mucho su gentil homenaje a la mamoria del poeta querido.

y usted dispongaa de su buen amigo,

Antonio Machado

P.D. Le envío a usted esos dibujos de mi hermano José para que vea algunos auténticos aspectos gráficos de nuestra España.

0 – 04 – 1937

MANUEL Y ANTONIO MACHADO. Primeros escritos: «LA CARICATURA», 16 de julio de 1893 a 12 de noviembre de 1893. Números 54 y 55, de 30/7 y 6/8 de 1893.

Ahora, vamos a iniciar la reproducción de las páginas que nos interesan de los número de la Revista La Caricatura, los que comprenden el período que discurre entre 30 de julio de 1993 y el 6 de agosto del mismo año.

Y lo vamos a hacer con la reproducción y comentarios de los números 54 y 55 , de julio y agosto, para seguir los próximos días y de dos en dos números de la revista, hasta alcanzar los 18 ejemplares correlativos en el tiempo en los que intervienen, colaboran y escriben Manuel Y Antonio Machado.

Nº 54, del 30 de julio de 1893.

1ª     La portada de este número 54 de La Caricatura contiene un dibujo de A. Pons y un chiste que dice: “Fíjese usted de los periódicos. No hace dos horas he leído que la Carolina estaba en Jaén, y resulta que está ahí con su marido”.

2ª     La segunda página alberga los datos, precios y suscripciones de la Revista Semanal Ilustrada, y la dirección de la administración, en la calle Fuencarral 51 de Madrid. Igualmente hace referencia a los talleres de Litografía, imprenta, encuadernación y rayado. Siendo Propietarios y editores de La Caricatura, La Mesa Moderna y El Secretariado.

3ª     En esta página tercera, perteneciente a la sección titulada “La Semana”, firma el artículo “Tablante de Ricamonte”, que se supone lleva la colaboración de Manuel y Antonio Machado, y sostiene, en clave o comentario político, que el  ministro de Hacienda Sr. Gamazo transige con los conservadores para conservar su cartera, pero solo en los temas fundamentales pero no en los asuntos vinícolas, pues Gamazo tiene horror a los vinos, a los vinicultores, a los taberneros y a las tabernas, alegando que el vino solo sirve para subirse a la cabeza.

Se comenta que si Pavía hubiera participado en este asunto hubiera apostado por el vino que en su opinión “es un néctar delicioso, que a él siempre le probó admirablemente”, aunque una vez le hizo montar el caballo al eevés y perder los estribos, pero que por lo demás siempre le ha producido un soberano “efezto”.

Sigue el artículo indicando que en este país todo descarrila y choca, como un vagón de tren. “Sale uno a la calle, se monta en un  tranvía y este descarrila;  choca Cánovas con Sagasta. Lo que no choca es estar sin peseta y bajo el calor de julio, de 40  grados.

La solución meterse en un baúl de la despensa con un botijo y una tartera con comida.

La emigración veraniega empieza con la marcha de la corte a San Sebastián, quedándonos nosotros aquí para disfrutar de las verbenas y la alpaca. Pero el verano es molesto digan lo que digan las garrafas. No tiene uno ganas de nada, solo un refresco o un sorbete vengador.

4ª     En página posterior tenemos un poema de Manuel Machado titulado ”Cartas a un amigo”, que  dice en sus tres primeros versos:

Querido amigo: Yo siento

que hayas dado en la manía

de entregarte al casamiento…

Escribe un poema Ramón de Campoamor y otro E. Benot.

5ª     En esta página Antonio Machado, bajo del seudónimo de “Cabellera”, escribe un artículo que llama “En el Liceo Rius”, en el que cuenta como al cruzar la calle Atocha se detuvo ante las carteleras del antiguo Liceo Rius (hoy Salón Variedades), donde se anunciaba el grandioso drama en cuatro actos y en verso, original de don José Zorrila, titulado “El Zapatero y el Rey”.  Comenta y critica la representación, en un escenario oscuro y con los cómicos parecidos a sombreas chinescas.

5ª     En la sección  “Gacetillas Teatrales”, firma “Varapalos» con sus habituales ironías y jocosos comentarios sobre la cartelera teatral madrileña.  Hablan de “Los Jardines”, de “Recoletos”, del ”Circo Colón”, del “Principe Alfonso” y del “Apolo”, sin olvidar los partidos de pelota jugados en “Fiesta Alegre”, con sus ídolos y favoritos pelotaris reyes de la cesta.









Nº 55, del 6 de agosto de 1893.

1º La portrada de estre número 55 también consiste en un dibujo de A. Pons de una mujer sentada en el respaldo de una silla de asiento de mimbre y que contiene el siguiente chiste: «No hay cuidado, yo no me caigo. Lo más que hago es dejareme caer, pero … con oportunidad.»

2º En la página que contiene la sección «La Semana», y bajo el título de: «Al otro barrio.-Lo de Siam.-Lo de Pindo», La firma «Tablante de Ricamonte», es decir hay que suponer que es artículo de redacción compartida por los hermanos Machado. En su primer apartado se enumeran unos cuantos supuestos, en clave cómica e irónica, de causas de suicidio y formas de perpetrarlo, sin olvidar los que llaman «simulacros de suicidio» es decir actos fallidos con resultados generalmente cómicos. Finaliza el apartado con un comentario veraniego; «Ayer me visitó uno de estos cesantes, y al entrar en la casa le dije que la habitación estaba echando bombas, y que al oir esta última palabta el cesante desparecióde de repente. como la estatua del Comendador en el Tenorio». En el segundo apartado se habla de lo dificil que es para muchos, y en especial para los tartamudos, el pronunciar los nombres de ciudades de Siam,. El apartado final habla de una epidemia en el pueblo coruñés de Pindo, que no Pinto, que consiste en una entercocolitis y que termina produciendo entre los gallegos del pueblo una «encolerización».

3º Nuevamente dibujos y chistes de A. Pons que titula : «La emigración».

4º Ahora le toca escribir y firmar a «Cabellera» (Antonio Machado), con título «Dios los cría y ellos se juntan». Cuenta que en casa de «Estanislao Matacán del Parnaso» se celebran reuniones literarias los sábados por la noche, y acuden «vates» que recitan poemas cortos. al uso, y otros personajes que, pelmazos, se obstinan el leer obras muy largas y poco interesantes, hasta el punto que los asistentes acaban por irse antes de tiempo. Asite «Facundo Taravilla» y «Eduvigis Ripioalcanto» , y otros que sobre Homero dicen que «le sorprende que siendo idiota tuviera tanto talento» (obviamente confunde su origen Ilota con Idiota. Y de tonto y desfasado se cita al poeta Quintana.

5º Nuevo dibujo y chiste de A. Pons tutulado «Causerie»- «Tuve suerte en el exámen: me tocaron las partidas, las …

6º En esta página se recogen poemas de E. Benot, de Pascual Montagut, de Miguel Sawa y de Enrique Paradas.

7º Por último en la sección «Gacetllas Teatrales», firmada por Varapalos, se cometan las novedares de la escena teatral madrileña. En el teatro Príncipe Alfonso se presenta una continuación de «La espada de honor» que se titula «Los voluntarios», que es recibida con simpatía. La Zarzuela da por terminada su temporada con circo y con leones. En el Circo Colón sigue «El Rey indio», que lleva numerosa concurrencia. En «Los Jardines» empieza a funcionar la compañia de opera. que pone en escena, o en ridículo, las principales obras de insignes músicos. Finalmente habla de los frontones y de sus partidos de pelota, haciendo notar que el sport vascongado va en su aumento.

AUTOBIOGRAFÍA DE ANTONIO MACHADO. BAEZA 1913

El 1º de noviembre de 1912 Antonio Machado tomó posesión de la cátedra de francés del Instituto de Baeza. Había llegado unos días antes a la población jienense. Apenas habían transcurrido tres meses desde la muerte de  Leonor, el primer día de aquel todavía cercano mes de agosto. Se instaló en el Hotel Comercio durante unos días, tras los que alquila un piso, en el entresuelo de la calle Prado de la Cárcel, esquina a la de Gaspar Becerra, en el que viviría durante siete años. A finales de noviembre llegó su madre, Ana Ruiz, para hacerle compañía. Las navidades las pasan en Madrid, regresando a la ciudad andaluza en enero. 1913.

El director del Instituto es Leopoldo Urquía, cuya familia había tenido una buena amistad con la de Machado en la Sevilla de 1880. Se recordaban afinidades krausistas. Después de treinta años se reanudan viejos recuerdos y amistades. La hija de Urquía, Francisca, es alumna de Machado en aquella aula que hoy se conserva tal y como fue en aquellos años.

Antonio Machado escribe sus primeras impresiones de Baeza, por cierto no alagueñas, y las remite a su buen amigo José María Palacio, que las cita en artículo publicado el 5 de diciembre de 1912 en “El porvenir Castellano” de Soria. Luego, a finales de enero de 1913, le envía el poema inédito “Un loco”.

Escribe buscando dar forma poética a su dolor y desesperación por la pérdida de Leonor. En su lírica se percibe el concepto del amor como “recuerdo”. Tal vez esté creando a Guiomar, modelándola como un apócrifo que nos explique el concepto de amor, para él siempre vinculado a Leonor.

Inicia, en enero de 1913, un cuaderno de cubiertas color rojo, en la que escribe “Los complementarios / 1912. /  A. Machado / Apuntes./ Composiciones inéditas.”.

Sigue escribiendo y publicando en Soria en “El Porvenir Castellano”. En marzo “Del pasado efímero”. En mayo “El Dios Ibero”.

Envía y publica artículos en revistas y periódicos, y mantiene correspondencia con Juan Ramón Jiménez, Unamuno y Ortega y Gasset.

De todos estos datos, y  otros más que así hacen pensar, se puede concluir que a mediados de mayo de 1913  Antonio Machado recibe, en Baeza, una tarjeta de Juan Ramón Jiménez en la que éste le pide, en nombre de Azorín, unas notas autobiográficas y una fotografía, destinadas a una antología que el último proyectaba.

Pocos días debió tardar Antonio Machado en contestar a su buen amigo Juan Ramón. En su carta escribe “Ahí van las notas que me pides”. La carta no esta fechada, pero creemos, como hemos ya indicado, debe ser de la segunda quincena de mayo. Juan Ramón la izo llegar a Azorín. Probablemente algunos días después, tampoco están fechadas, Antonio Machado envió a Azorín cuatro medias cuartillas manuscritas con las notas autobiográficas solicitadas, en una redacción más amplia, no sabemos si directamente o a través de Juan Ramón.

El caso es que estos manuscritos autobiográficos estuvieron, desde entonces, en poder de Azorín y éste no llegó a publicarlos nunca. Sin embargo, el 22 de agosto de 1966 Azorín envió un sobre en el que se leía: “Querido Dr. Vega Díaz. Acepte usted estos papeles. 22 de agosto 1966.- Abrazos. Azorín”. En el sobre estaba la carta enviada por Antonio Machado a Juan Ramón Jiménez y las cuatro medias cuartillas citadas.

Francisco Vega Díaz, médico y amigo de Azorín, esperó a que éste muriera, el 2 de marzo de 1967, para publicar en “Papeles de Son Armadans”, nº CLX – CLXI – CLXII, Julio-agosto-septiembre de 1969, la carta y las cuartillas inéditas durante 56 años de la autobiografía que  Antonio Machado escribió en 1913 en Baeza; los manuscritos los incluyó en un trabajo que tituló “A propósito de unos documentos autobiográficos inéditos de Antonio Machado”.

A continuación las reproducimos.

Carta a Juan Ramón Jiménez.

Querido Juan Ramón:

Acabo de recibir tu tarjeta y me apresuro a contestarla. Esa Antología que Azorín proyecta será muy interesante.

Ahí van las notas que me pides.

Biog.  Nací el año a875, en Sevilla, parroquia de San Juan de la Palma donde fuí bautizado, calle de las Dueñas, Palacio de las Dueñas. Éste es un detalle de alguna importancia. La arquitectura interna de la casa en que nací, sus patios y  azoteas han dejado honda huella en mi espíritu. En min próximo libro dedico una sección a recuerdos de la primera infancia. Desde los 8 a los 31 años he vivido en Madrid con excepción de los alos 99 y 902 que los pasé en París. Me eduqué en la Institución Libre de Enseñanza. Pasé por el Instituto y la Universidad, pero de estos últimos centros no tengo huella alguna, como no sea min aversión a todo lo académico. En 1906 obtuve plaza de profesor de Lengua Francesa y elegí Soria donde he residido hasta 1912 con excepción del año 10 que lo pasé en París. En 1909 me casé (en Soria en la Iglesia de Santa María la Mayor) y perdí a mi mujer en 1912. Me trasladé a Baeza donde resido actualmente. Publiqué un libro de versos “Soledades” en 1903, refundido más tarde en 1907 “Soledades, Galerías, otros poemas” con aumento de muchas composiciones y otro libro “Campos de Castilla” en 1912. Los versos que van insertos en los primeros libros están en su gran mayoría escritos en época muy anterior a su publicación. Tengo bastantes composiciones desperdigadas por revistas y periódicos y no coleccionadas. Preparo tres libros que pueden responder a los títulos siguientes: “Hombres de España”, “Apuntes de paisaje”, “Canciones y proverbios”.

Creo que estos datos serán suficientes para la nota que Azorín ponga a mi trabajo en esa Antología.  Si hiciera falta más dímelo que te enviaré lo que me pidas. No puedo mandarte retrato mía, porque el último ejemplar iconográfico de mi persona obra en poder tuyo. Como aquí no hay fotógrafo me es imposible complacerte desde esta Salamanca andaluza respecto a su último extremo. Puedes si quieres darle el retrato que tienes y  yo, a mi vuelta a Madrid (para el 20 de junio), te daría otro.

La composición que te envié sobre el libro de Azorín ha sido completamente remaniée. He suprimido en ella algunas notas de mal gusto, trozos más declamados que sentidos, y cuando se publique – en mi próximo libro “Hombres de España” – no la conoceré yo mismo. Yo mismo me pregunto algunas veces ¿quién escribe muchas cosas que salen de mi pluma? Me declaro irresponsable de las tres cuartas partes de todo cuanto he hecho y de cuanto haga en lo sucesivo. En fin, la reflexión siempre añade algo cuando suprime, aunque otra cosa se piense. De esa composición quedará no más un título de admiración, no absolutamente incomprensiva, a una obra hermosa. Esto era lo que se trataba de hacer. Puedes anular ese documento. Este Azorín hace una labor muy noble, muy fecunda, muy serena y no es cosa de importunarle con notas estridentes. Si tuviéramos unos cuantos hombres de su calidad todo optimismo podría justificarse.

Yo aquí trabajo bastante. Tres libros tengo casi terminados. Veremos cuando salen. Mi cabeza, sin embargo, no anda muy fuerte. He sufrido mucho y los sufrimientos no sólo atacan al corazón, como se dice, sino también y sobre todo al cerebro.

Ahora me dedico a leer obras de Metafísica. Ésta ha sido siempre mi pasión y mi vocación aunque por desdicha mía no he logrado salir del limbo de la sensualidad. De todos modos, la poesía como profesión es cosa desagradable.

Me dicen que hay una nueva juventud de empuje. Si esto fuera cierto ya tendríamos una misión agradable que cumplir: proteger el avance de esas guerrillas disparando con bala rasa sobre la negra barbarie española. Mi optimismo no es más que momentáneo y siempre me cuesta grandes sonrojos para mi viejo capote. Yo lo que veo en todas partes es un avance simulado y una reacción efectiva, Creo que la mentalidad española es femenina y no es posible cambiar el sexo espiritual de la raza. Cuando las señoras de la doctrina dicen que aquí todos somos católicos, lo que, en el fondo, quieren decir es que aquí todos somos señoras. Y tienen razón. Virilidad espiritual, amor de lo verdadero, deseo de penetrar en lo esencial, desdeño de lo aparatoso,  huero y amerengado, valor para esgrimir el arma que corta por el mango, – la verdad  – todo esto no es lo nuestro. Se guerrea contra las ideas, no por ellas ni a causa de ellas. Nuestra religión es el tabou de nuestros indígenas. Se pelearán izquierdas y derechas, las cabezas que no se atreven a pensar, acabarán por embestirse. La cuestión central y de conciencia no se planteará nunca. Todo es femenino. España es hembra. El argumento de los pantalones carece de valor en un país donde todo negocio de alguna trascendencia lo rematan las mujeres a escobazos. Ésta es la realidad española.

En fin, escríbeme algo. Envíame los versos que te pedía. Dedícame diez minutos siquiera y recibe el entrañable afecto de

Antonio

Medias cuartillas

Biografía

Nací en Sevilla el año de 1875 en el Palacio de la Dueñas. Anoto este detalle no por lo que tenga de señorial (el tal palacio estaba en aquella sazón alquilado a varias familias modestas) sino por la huella que en mi espíritu ha dejado la interior arquitectura de ese viejo caserón. En mi próximo libro hablo de él, sin más datos que mis recuerdos infantiles.

Desde los ocho a los treinta y dos años he vivido en Madrid con excepción del año 1899 y del 1902 que los pasé en París. Me eduqué en la Institución Libre de Enseñanza y conservo gran amor a mis maestros: Giner de los Rios, el imponderable, Cossío, Caso, Sela, Sama (ya muerto), Rubio, Costa (D. Joaquín – a quien no volví a ver desde mis nueve años -). Pasé por el Instituto y la Universidad, pero de estos centros no conservo más huella que una gran aversión a todo lo académico. He asistido durante veinte años, casi diariamente a la Biblioteca Nacional. En 1906 hice oposiciones a cátedras de francés y obtuve la de Soria donde he residido hasta agosto de 1912, con excepción del año 10 que estuve en París, pensionado para estudiar filología francesa. Estudié en el Colegio de Francia dos cursos (Bedier y Meillet). En 1909 me casé en Soria (Iglesia de Santa María la Mayor) y enviudé en 1912. En 1º de noviembre del mismo año fuí trasladado a Baeza donde actualmente resido. No tengo vocación de maestro y mucho menos de catedrático. Procuro, no obstante, cumplir con mi deber. Mis lecturas han sido especialmente de filosofía y de literatura, pero he tenido afición a todas las ciencias. Creo conocer algo de literatura española. Tengo una gran aversión a todo lo francés, con excepción de algunos deformadores del ideal francés, según Brunnetiére. Recibí alguna influencia de los simbolistas franceses, pero ya hace tiempo que reacciono contra ella.

Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. Mi vida está hecha más de resignación que de rebeldía; pero de cuando en cuando siento impulsos batalladores que coinciden con optimismos momentáneos de los cuales me arrepiento y sonrojo a poco indefectiblemente. Soy más autoinspectivo que observador y comprendo la injusticia de señalar en el vecino lo que noto en mí mismo. Mi pensamiento está generalmente ocupado por lo que llama Kant conflictos de las ideas trascendentales y busco en la poesía un alivio a esta ingrata faena. En el fondo soy creyente en una realidad espiritual opuesta al mundo sensible. Siento una gran aversión a todo lo que escribo, después de escrito y mi mayor tortura es corregir mis composiciones en pruebas de imprenta. Esto explica que todos mis libros estén plagados de erratas.

Mi gran pasión son lo viajes. Creo conocer algo algunas regiones de la Alta Castilla, Aragón y Andalucía. No soy muy sociable, pero conservo afecto a las personas. He hecho vida desordenada en mi juventud y he sido algo bebedor, sin llegar al alcoholismo. Hace cuatro años que rompí radicalmente con todo vicio. No he sido nunca mujeriego y me repugna toda pornografía. Tuve adoración a mi mujer y no quiero volver a casarme. Creo que la mujer española alcanza una virtud insuperable y que la decadencia de España depende del predominio de la mujer y bsu enorme superioridad sobre el varón. Me repugna la política donde veo el encanallamiento del campo por el influyo de la ciudad. Detesto al clero mundano que me parece otra degradación campesina. En general me agrada más lo popular que lo aristocrático social y más el campo que la ciudad.

El problema nacional me parece irresoluble por falta de virilidad espiritual; pero creo que se debe luchar por el porvenir y crear una fe que no tenemos. Creo más útil la verdad que condena el presente, que la prudencia que salva lo actual a costa siempre de lo venidero. La fe en la vida y el dogma de la utilidad me parecen peligrosos y absurdos. Estimo oprtuno combatir a la Iglesia católica y proclamar el derecho del pueblo a la conciencia y estoy convencido de que España morirá por asfixia espiritual si no rompe ese lazo de hierro. Para ello no hay más obstáculos que la hipocresía y la timidez. Ésta no es una cuestión de cultura – se puede ser muy culto y respetar lo ficticio y lo inmoral – sino de conciencia. La conciencia es anterior al alfabeto y al pan. Admiro a Costa, pero mi maestro es Unamuno.

He publicado un tomito de versos en 1903 refundido con nuevas composiciones en 1907 “Soledades, Galerías, y otros poemas” y otro volumen “Campos de Castilla” en 1912. Tengo casi terminados tres volúmenes “Hombres de España”, “Apuntes de paisaje”, “Cantares y proverbios” que irán saliendo sucesivamente.

Se han ocupado de mis versos con elogio muy superior a mi mérito Unamuno, Azorín, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, Marquina, Acebal, González Blanco, Carner, Baquero, Candamo en periódicos y revistas y Rubén Darío en su libro ” El Canto Errante”.

ANTONIO MACHADO. Prosas de la guerra, II

3-10-1936.

DECLARACIÓN AL SEMANARIO “AHORA”.

         A los que éramos hace años jóvenes, se nos hablaba de una revolución desde arriba. En el fondo de una transformación de España a cargo de los viejos yo no he creído nunca en ella, y en esto estuve siempre en desacuerdo con los jóvenes apolíticos de mi generación. La revolución es siempre desde abajo y la hace el pueblo. Una gran parte de las juventud española ha abrazado valientemente la causa popular, y España tiene hoy lo que hace mucho tiempo necesitaba: una juventud sana y enérgica, capáz de mirar serenamente al mañana; una juventud realmente joven.

         Yo no soy un verdadero socialista y, además, no soy joven; pero, sin embargo, el socialismo es la gran esperanza humana ineludible en nuestros días, y toda superación del socialismo lleva implícita su previa realización. Soy de los pocos viejos que no creyeron nunca en las falsas juventudes. Siempre pensé que la renovación de nuestra vieja España comenzaría por una estrecha cooperación del esfuerzo juvenil férreamente disciplinado.  Confío en vosotros, que sois la juventud con que he soñado hace muchos años. Con vosotros estoy de todo corazón.

24-11-1936.

“LA GUERRA Y LA CULTURA”

       Sabios españoles en la casa del 5º Regimiento.

         En el 5º Regimiento se ha celebrado un acto sencillo, pero de una gran elocuencia. Los hombres más representativos de nuestra cultura, dentro y fuera de España, han convivido unas horas con nosotros, después de haber organizado el 5ª Regimiento su evacuación a lugares más alejados de las molestias y peligros de la guerra.

         Figuraban entre vuestros huéspedes el gran poeta Antonio Machado, Pío del Río Hortega, director del Instituto del Cáncer, etc.

Antonio Machado:

         “Yo no me hubiera marchado, estoy viejo y enfermo. Pero quería luchar al lado vuestro. Quería terminar una vida que he llevado dignamente, muriendo con dignidad. Y esto sólo podría conseguirse cayendo a vuestro lado, luchando por la causa justa como vosotros lo hacéis”.

27-11-1936.

FRAGMENTO DE UNA CONVERSACIÓIN CON LOS PERIODISTAS.

         Los fascistas pretenden demostrar con estos inexplicables bombardeos que no respetan nada y que todo les ha sido, y es, indiferente, por elevada que esté la escuela de los valores eternos.

MADRID,  NOVIEMBRE de 1936.

AL ESCULTOR EMILIANO BARRAL.

         Cayó Emiliano Barral, capitán de las  milicias de Segovia, a las puertas de Madrid, defendiendo su patria contra un ejército de traidores, de mercenarios y de extranjeros, Era tan gran escultor, que hasta su muerte nos dejó esculpida en un gesto inmortal.

                  Y aunque su vida murió,

                  nos dejó harto consuelo

                  su memoria.

                           (Jorge Manrique)

ROCAFORT. VALENCIA. DICIEMBRE 1936

CARTA A TOMÁS NAVARRO TOMÁS.

         A.D. Tomás Navarro Tomás:

         Querido amigo:

         Enfermo, como usted sabe, e imposibilitad totalmente para abandonar durante algunos días mi domicilio de Rocafort, me es forzoso confiar a la pluma la expresión de mi gratitud a todos cuantos me honraron nombrándome Presidente del Patronato de la Casa de la Cultura.

         El título excede en mucho mis merecimientos. Sería superfluo y hasta un prueba de inmodestia por parte mía, el pretender demostrarlo. Yo lo acepto, sin embargo, con toda el alma, por varios motivos que a mi me parecen otras tantas razones.

  1. Porque el conferimiento del honor desmedido responde a un deseo benévolo y unánime de cuantos constituyen hoy la Casa de la Cultura, y en los días que corren la obediencia a toda voluntad colectiva bien intencionada es un deber inexcusable.
  2. Porque vivimos en tiempos de guerra, y la guerra ha dado al traste con todas las “sinecuras”. Los títulos puramente honoríficos, los cargos para desempeñarlos sin el menor esfuerzo o con voluntad perezosa eran un luj de la paz. Hoy nos obligan, por muy altos que sean, al trabajo, a la disciplina, a la responsabilidad. Quien acepta un honor acepta un trabajo, se compromete a realizar un esfuerzo, tal vez a afrontar un peligro.
  3. Porque el Ministerio de Instrucción Pública – digámoslo sin ánimo de adular a nadie, sino como tributo obligado a la verdad más obvia – aparece en España por una vez primera a la altura de su misión, y en la estructura nueva que ha dado a la Casa de los Sabios ha prescindido de cuanto pudo haber en ella de solemne y democrático, la ha convertido en un hogar para los espíritus, en un taller para las más nobles faenas de la inteligencia, y todo ello orientado, consagrado generosamente a satisfacer de un modo más o menos directo la sed de cultura que hoy siente nuestro pueblo.

Al aceptar un cargo, para mi abrumador, quiero significar, al par que mi gratitud más sincera a cuantos con él mi honraron, mi adhesión entusiasta a la iniciativa del gobierno.

Disponga siempre de su buen amigo.

                                                          Antonio Machado

VALENCIA, 29 de NOVIEMBRE DE 1936.

DECLARACIONES DE ANTONIO MACHADFO EN LA CASA DE LA CULTURA DE VALENCIA.

         Antonio Machado, el poeta más popular de España, cantor del eco espiritual más profundo de nuestro pueblo, está en Valencia.

         Ha llegado de Madrid después de ser arrancado de la ciudad heroica por la preocupación cultural de nuestro Gobierno. El fascismo, incompatible con toda representación espiritual, enemigo de ella hasta la destrucción fría y calculada, ponía en peligro la vida de nuestro altísimo poeta junto con la de otros preclaros valores de nuestra intelectualidad.

         Hoy está con nosotros en cuerpo, dolorido por el largo viaje. Pero no tanto que le impida condenar, con palabras indignadas, la destrucción de la cultura española por los nuevos bárbaros.

         En la Casa de la Cultura hemos charlado con nuestro poeta.

El fascismo, Fuerza de la Incultura.

         La guerra está en contra de la cultura – habla Machado – , pues destruye todos los valores espirituales.

         En esta trágica guerra civil, provocada por las fuerzas que representan los intereses imposibles, antiespañoles, antipopulares y de casta, se ventila el destino del espíritu, su persistencia como valor superior de la vida. Y es el pueblo quien defiende el espíritu y la cultura. El amor que yo he visto en los milicianos comunistas guardando el palacio del ex duque de Alba, sólo tiene comparación con el furor de los fascistas destruyendo.

         El fascismo es la fuerza de la incultura, de la negación del espíritu. El pueblo guarda las obras de arte con calor y el fascismo las destruye con saña, intencionadamente, por ser obras del espíritu y de la cultura. Yo lo afirmo rotundamente. El Museo del Prado, la Biblioteca Nacional, han sido bombardeados sin otra motivación bélica que la fatal necesidad de destruir que siente el fascismo. He visto las huellas de las bombas dirigidas a estos dos templos de la cultura.

La Misión del Intelectual.

         Los intereses culturales- añade – están en peligro. Los vandálicos bombardeos lo demuestran. La cultura es un objetivo militar para los fascistas, y para destruirla envían sus aviones internacionales como embajadores de las fuerzas negativas de la Historia.  Ante esta contienda el intelectual no puede inhibirse. Su mundo está en peligro. Ha de combatir, ser miliciano. Una muestra espléndida y valiosa de la militarización de los trabajadores del espíritu es ese Romancero de la Guerra, nutrido por la emoción poética de una juventud que necesita vivir plenamente y que ha levantado con coraje la bandera de ls Libertad, vinculada al pueblo. Junto al pueblo ha de estar el intelectual. Y en contra de los enemigos del pueblo, que es el más interesado defensor de la cultura.

El Pueblo Defiende el Porvenir y el Pasado.

         El porvenir lo defiende el pueblo – prosigue el insigne poeta – . Y el pasado. Los museos son el recinto de la historia del espíritu, del pasado espiritual. Los fascistas los bombardean e incendian. El pueblo monta guardias en el Museo del Prado, en la Biblioteca Nacional, en el palacio del duque de Alba … Todo el mundo debe desear el triunfo del pueblo, porque representa el porvenir como continuidad del pasado.

         La humanidad entera está interesada en esta guerra, porque las obras de cultura que destruye el fascismo no son patrimonio sólo del pueblo español, son de la humanidad. Los milicianos, custodiando estas obras, indican un fondo de cultura superior yv se egen en milicianos de la humanidad al defender sus intereses espirituales.

El apoyo de la Intelectualidad del Mundo.

         Los intelectuales extranjeros están con el pueblo español. Y hay valiosas pruebas de ello. Y esta adhesión ha de acentuarse más, porque el intelectual es el representante inmediato de la cultura. Ante la destrucción de las más valiosas obras de arte por los fascistas, el intelectual de todas las latitudes ha de reaccionar en contra. No puede permanecer impasible ante la destrucción de “Las Meninas”, como no quedaría impasible ante la destrucción de la Capilla Sixtina, del Museo Británico o del Louvre.

         La cultura española pertenece al mundo.

Recuerdo de Lorca y Barral.

         Con Lorca – lo dice emocionado – se ha perpetrado el crimen más estúpido y condenable. García Lorca vivía al margen de la política, pero dentro de la auténtica alma popular. Ésta es su falta, que ha pagado con la muerte. La evidente enemistad del fascismo con el espíritu, ha determinado el fusilamiento de Lorca, no una enemistad política que podría justificarlo más o menos.

         También Emiliano Barral ha muerto. Su cadáver representa el sacrificio heroico de la cultura en lucha contra el fascismo. Parece que el fascismo le enojó la entusiasta actividad de Barral en el salvamento de gran parte de las obras de arte de Toledo.

Conclusión en Boca de Machado.

         Una obligación inmediata e imperativa tiene todo intelectual: la de ser un miliciano más con un destino cultural. Los milicianos custodian los Museos y Bibliotecas, protegen las vidas de ,os intelectuales representativos, nosotros continuaremos la obra de la cultura popular y empujaremos hacia el término este renacimiento del espíritu español que el fascismo ha querido cortar. Hoy estamos a disposición del Ministro de Instrucción Pública como milicianos del Estado español, popular, democrático y republicano.

         Machado nos despide con un recuerdo al Quinto Regimiento de las Milicias populares de Madrid y con el deseo emocionado del triunfo de las fuerzas de la cultura sobre las de la incultura.

                                                                                29-11-1936

¿ROCAFORT 1936?

THE FASCISM DESTROY.

         The fascist army appears to pursue with special insistence the systematic destruction of our glorious tradition culture. Without the efforts made by our Government and the vigilance to the people, the artistic wealth of the Prado Museum would have disappeared already many months ago. The Titian’s, the Greco’s, the Ruben’s, the Velazquez`s, all the treasures of our admirable picture galleries would have been devoured by fire. The teutonic cruelty, the stupidity of our phalangist, the impetuous insolence of degraded Italy under the orders of a deified porter, give themselves up entirely, united in a stream of savageness brutality and cowardice, to dangerless crime and irreparable damage, and at the same time, destroy part of the spiritual patrimony of the entire humanity.

         Old Alcalá de Henares, not many miles from Madrid, the small and smiling town, was not able to free itself from the rage of the fascism.

         The fields of Alcalá, beautiful lady … said Don Juan Ruiz de Alarcón in one of his joy comedies. Over the fields of Alcalá which filled the tomb of Cisneros, the glory of the Spanish Reinassance and the mistress of our golden Century, the most abominable crows of history are now flying. Was is not there that the most illustrious genius of all Spain was born?

Over his baptismal font at Mary`s the fascist grape-shot poured copiously. Was not the sepulcher of the eminent Franciscan who devored his life to guarantee the political unity and the prosperity of our country there in the  Magistral Church?. Cisneros’tomb was also destroyed. What accurate aim the fascist had.

         The illustrious University of Alcalá de Henares which the noble Cardinal had founded, endowing it wich the wisest national and foreing professors, was still there; he himself saw it opened, shortly before leaving for Oran, on July the 26th 1508. Of that house a hundred times venerated (its founder did not live long enough to see it in its marbled greatness) the Trilingual Court has been destroyed by the no less abominable trilingual brutality of our anemies.

         In truth, there is nothing to be surprised at that our fascist see with indifference or with satisfaction the disappearance of these noble and unimpeachable witnesses of a culture which they themselves would never have contributed to create. Imagine a fascist of our days in the happy times of Cisneros. The Spanish Renaissance would have nothing to thank him for.  Them, of that ungovernable and laggard nobility of which the undaunted Franciscan so firmly held the reins. Imagine the words of a fascist in those times: “Another University at Alcalá de Henares! As through Salamanca was not sufficient to infest the kingdom with entangling jurist. And I hear that a Polyglot Bible is being prepared … Our good prelate has lost his senses”.

         Niether is there anything strange in the fact that the masters and counsels of our fascists are accomplices or inductors of such crimes against the spirit. All there is essential in the ideology of Hitler’s Germany, the actual guide of her allies of the Duce’s Italy., consists in declaring superfluous all the universal in culture and invocating the biological reason, the zoological future, not  of the spacies but of the human animal enclosed within the frontiers of their country.

         What is strange and monstruous is that our fascist commit so many lamentable exploits under the poor Spain that they have sold .-  ground and underground – to the foreign greed, the future of which they are endeavouring to strangle at the same as they efface the most noble traces of its past.

                                                                Antonio Machado

                                                                                6-1936?

«HOMENAJE a ANTONIO MACHADO en el Ateneo Ibero-Americano de París», 1964 [Crónica de Julián Antonio Ramírez]

Año: 1964

Duración: 15 min., 27 seg.

Fondo sonoro: Radio París. Ramírez/del Campo

Resumen: Homenaje a Antonio Machado en el ateneo iberoamericano de París, crónica por Julián Antonio Ramírez. Se oyen las voces de la presentación de Marcel Bataillon y de parte de la intervención de José Ballester Gozalvo