ANTONIO MACHADO. Prosas de la guerra III.

Toda vendida a la codicia extranjera: el cielo y el suelo y el subsuelo. Vendida toda por lo que pudieramos llamar – donadme lo paradójico de la expresión – la trágica frivolidad de nuestros reaccionarios-

Y es que, en verdad, el precio de las grandes traiciones suele ser insignificante en proporción a cuanto se arriesga para realizarlas, y a los terribles males que se siguen de ellas, y sus motivos no son menos insignificantes y mezquinos, aunque siempre turbios e inconfesables.

Si preguntáis: Aparte de los treinta dineros, ¿por qué vendió Judas al Cristo?, os veríais en grave aprieto para responderos.

Yo he leído los Cuatro Evangelios Canónicos para hallar una respuesta categórica a esta pregunta. No la he encontrado. Pero la hipótesis más plausible sería ésta: entre los doce apóstoles que acompañaban a Jesús, era Judas el único mentecato. En el análisis psicológico de las grandes traiciones encontraréis siempre la trágica mentrecatez del Iscariote. Si preguntáis ahora ¿por qué esos militares rebeldes volvieron contra el pueblo las mismas armas que el pueblo había puesto en sus manos para defensa de la nación? ¿Por qué, no contentos con esto, abrieron las fronteras y los puertos de España a los anhelos imperialistas de los treinta dineros de Judas, quiero decir.por las miseras ventajas que obtendrían ellos, los pobres traidores a España, en el caso de una plena vistoria de las armas de Iialia y Alemania en nuetro suelo- En segundo lugar, por la rencorosa frivolidad, no menos judáica, que no mide nunca las consecuencias de sus actos. Ellos se rebelaron contra un gobierno de hombres honrados, atentos a las aspiraciones más justas del pueblo, cuya voluntad legíticamente representaban. ¿Cual era el gran delito de este gobierno lleno de respeto, de mesurea y de tolerancia?. Gobernar en un sentido de porvenir, que es el sentido esencial de la historia. Para derribar a este Gobierno, que ni había atropellado ningún derecho no olvidado ninguno de sus deberes, decidieron vender a España entera a la reacción europea. Por fortuna, la venta se ha realizado en falso, como siempre que el vendedor no dispone de la mercancía que ofrece. Porque a España, hoy como ayer la defiende el pueblo, es el pueblo mismo algo muy difícil de enajenar. Poque por encima y por debajo y a través de la truhaneria inagotable de la política internacional burguesa vigila, la conciencia iniversal de los trabajadores.

Valencia, 0-2-1937

CARTA A DAVID VIGODSKY

LENINGRADO

Mi querido y lejano amigo:

Con algún retraso me llaga su amable carta del 25 de enero, que habría contestado a vuelta de correo, si mis achaques habituales no se hubieran complicado con una enferemedad de los ojos que me ha impedido escribir durante varios días.

En efecto, soy viejo y enfermo, aunque usted por su mucha bondad no quiera creerlo: viejo, porque paso de los sesenta, que son muchos años para un español, enfermo, porque las vísceras más importantes de mi organismo se han puesto de acuerdo para no cumplir exactamente su función. Pienso, sin embargo, que hay algo en mi todavía poco solidario de mi ruina fisiológica, y que parece implicar salud y juventud de espíritu, si no es ello también otro signo de senilidad, de regreso a la felíz creencia en la dualidad de subsistencias …

De todos modos, mi querido Vigodvsky, me tiene usted del lado de la España joven y sana, de todo corazón al lado del pueblo, de todo corazón también entrente a esas fierzas negras – ¡y tan negras! – a que usted alude en su carta.

En España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha aombrado al mundo, a mi me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos – nuestros barinas – invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. En España, no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia es entre nosotros un deber elementalísimo de gratitud.

He visto con profunda satisfacción la intensa corriente de simpatía hacia Rusia que ha surgido en España. Esta corriente es, acaso, más honda de lo que muchos creen. Porque ella no se explica toralmenre por las circunstancias históricas en que se producen, como una coincidencia en Carlos Marx y en la experiencia comunista, que hoy es el gran hecho mundial. No. Por debajo y por encima y a través del marxismo. España ama a Rusia, se siente atraída por el alma rusa. Lo tengo dicho hace ya más de quince años. en una fiesta que celebramos en Segovia para recaudar fondos que enviar a los niños rusos. «Rusia y España, se encontrarán un día como dos pueblos hondamente cristianos, cuando los dos sacudan el yugo de la iglesia que los separa».

Leyendo hace unos meses El Adolescente de Dostoïevski – vuestro gran DostoÏevski – encontré algunas páginas, en mi opinión proféticas, que me afirman en la idea que tuve siempre del alma rusa. Un personaje de esta noveta, Versilov, . cito y resumo de memoria, porque mis libros se han quedado en Madrid – dice, conversando con su hijo, que llegará un día en que los hombres vivan sin Dios. Y que cuando se haya hagotado esa gran fuente de energía que les prestaba calor y nutría sus almas, los hombres se sentirán solitarios y huérfanos. Pero, añade – y esto es a mi juicio lo específicamente ruso – que él no ha podido nunca imaginar a los hombres como seres ingratos y embrutecidos. Los hombres entonces se abrazarán más estrecha y amorosamente que nunca, se darán la mano con emoción insólita, comprendiendo que, en lo sucesivo, serán ya los unos para los otros. La Idea y el sentimiento de la inmortalidad serán suplidos por el sentido fraterno del amor. Claramenre se ve cómo DostoÏevski es un alma tan impregnada de Cristianismo, que ni en los días de mayor orfandad y más negro deísmo que el imagina, puede concebir la ausencia del sentimiento especificamente cristiano. Y expresamente lo dice Versolov, al fin de su discurso, en estas parecidas palabras. Entre los hombres huérfanos y solitarios, ven al Cristo rendiéndoles los brazos y gritándoles ¿cómo habéis podido alvidarme?.

Como maestra de cristianismo, el alma rusa, que ha sabido captar lo específicamente cristiano – el sentido fraterno del amor, emancipado de los vinculos de la sangre – encontrará un eco profundo en el alma española, no en la calderoniana barroca y eclesiástica, sino en la cervantina, la de nuestro generoso hidalgo Don Quijote, que es, a mi juicio, la genuinamente popular, nada católica, en el sentrido sectario de la palabra, sino humana y universalmente cristiana.

Uno de los más grandes bienes que espero del triunfo popular es nuestro mayor acercamiento a Rusia, la mayor difusión de su lengua y de su gran literatura, poco y mal conocida aún entre nosotros y que, no obstante, ha dejado ya muy honda huella en España.

Con toda el alma agradezco a usted como español la labor de hispanista a que usted ahora se consagra. por nuestro amigo Rafael Alberti tenía de ella la mejor noticia. Ahora me anuncia usted su traducción de El mágico prodigioso. el magnífico drama de Calderón de la Barca. El teatro calderoniano es, a mi juicio, la gran catedral estilo jesuita de nuestro barroco literario. Su traducción a la lengua rusa llenará de orgullo y satisfaccióna todos los amantes de nuestrea literatura.

Sobre la tragedia de Unamuno, que es tragedia de España,publiqué una nota en el primer cuaderno de la Casa de la Cultura. Se la copio, levemente retocada para subsanar una errata importante de su texto. Dice así: » A la muerte de Don Miguel de Unamuno, hubiera dicho Juan de Mairena : de todos los grandes prensadores, que hicieron de la muerte tema esencial de sus meditaciones, fue Unamuno quien menos habló de resignarse a ella. Tal fue la nota antisenequista – original y españolísima, no obstante – de este incansable poeta de la angustia española. Porque fue Unamuno todo, menos un estoico, es decir, todo antes que un maestro de resignación a la fataliudad del morirse, le negaron muchos el don filosófico, que poseía en sumo grado. La crítica, sin embar4go, debe señalar que, coincidiendo con los últimos años de Unamuno, florece en Europa toda una metafísica existencialista, profundamentre humana, que tiene a Unamuno, no sólo entre sus adeptos, sino también .-digámoslo sin rebozo – entre sus precursores. De ello hablaremos largamente otro día. Señalemos hoy que Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en guerra. ¿Contra quién?. Quizás contra lo hombres que han vendido a España y traicionado a su pueblo. ¿Contra el pueblo mismo? No lo he creido nunca ni lo creeré jamás».

La muerte de García Lorca me ha entristecido mucho. Era Federico uno de los grandes poetas jóvenes andaluces. El otro es Rafael Alberti. Ambos, a mi juicio, se complementaban como expresión de dos aspectos de la patria andaluza: la oriental y la atlántica. Lorca. más lastrado de folklore y de campo, era genuina y esencialmente granadino. Alberti, hijo de un finis terrae, la planicie gaditana, donde el paisaje de borra, y se acentúa el perfil humano sobre un nfondo de mar o de salinas, es un poeta más universal, pero no menos, a su manera, andaluz. Un crimen estúpido apagó para siempre la voz de Federico. Rafael visita los frentes de combate y , acompañado de su brava esposa María Teresa León, se espone a los más graves riesgos.

Releyendo, cosa rara en mi, los versos que dediqué a García Lorca, encuentro en ellos la expresión poco estéticamente elaborada de un pesar auténtrico, y además, un influjo de lo subconsciente sine qua non de toda poesía, un sentimiento de amarga queja, que implica una acusación a Granada. Y es que Granads, pienso yo, una de las ciudades más bellas del mundo y cuna de españoles ilustres, es también – todo hay que decirlo – una de las ciudades más beocias de España, más entontecidas por su aislamiento y por la influencia de su aristocracia degradada y ociosa, de su burguesía irremediablemente provinciana. ¿Pudo Granada defender a su poeta? Creo que sí. Fácil le hubiera sido probar a los verdugos del fascio, que Lorca era políticamente inocuo, y que el pueblo que Federico amaba y cuyas canciones recogía no era precisamente el que canta la Internacional.

En Madrid libertada o en Leningrado libre, yo también tendría sumo placer en estrechar su mano. Por de pronto me tiene usted en Valencia (Rocafort) al lado del Gobierno cien veces legítimo de la gloriosa República española y sin otra aspiración que la de no cerrar los ojos antes de ver el triunfo definitivo de la causa popular, que es – como usted dice muy bien – la causa común a toda la humanidad progresiva.

En fin, querido Vigodvky, no quiero distraer más su atención. Mis afectos a su hijo, el joven bautista de sus canarios con hombres de rios españoles. Dígale que me ha conmovido mucho su gentil homenaje a la mamoria del poeta querido.

y usted dispongaa de su buen amigo,

Antonio Machado

P.D. Le envío a usted esos dibujos de mi hermano José para que vea algunos auténticos aspectos gráficos de nuestra España.

0 – 04 – 1937

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