ANTONIO MACHADO. Prosas de la Guerra X.

SOBRE LA GUERRA

Autógrafo para la Hispanic Society of America

Si vis pacem, para bellum, dice un consejo latino un tanto superfluo; porque el hombre es por naturaleza peleón, y para guerrear está siempre sobradamente propicio. De todos modos el latín proverbial sólo conduce, como tantos latines más o menos acreditados, a callejones sin salida, en este caso a la carrera de los armamentos, cuya meta es ——-como todos sabemos— la guerra y la ruina.

Más discreto sería inducir a los pueblos a preparar la paz, a apercibirse para ella y, antes que nada, a quererla, usando de consejos menos paradójicos. Ejemplo: si quieres la paz procura que tus enemigos no deseen la guerra; dicho de otro modo: procura no tener enemigos o, lo que es igual: procura tratar a tus vecinos con amor y justicia.

Pero esto sería sacar el Cristo a relucir, lo cual, después de Nietzsche, parece cosa de mal gusto, propia de sacristanes o de filisteos, a muchos sabihondos, que no han reparado todavía en que los filisteos y los sacristanes no acostumbran a sacar el Cristo en función amorosa, sino para bendecir los cañones, las bombas incendiarias y los gases deletéreos.

[1937?]

CARTA A D. a MARÍA ZAMBRANO

Querida amiga:

Hoy día 22 me llega su carta. Vea V. el enorme retraso de la correspondencia. Si la hubiera recibido a su tiempo hoy le enviaría a V. el trabajo que me pide para la Fiesta del Niño. De todos modos creo que lo recibirá V. para antes de fin de

año, porque hoy mismo me pongo a trabajar y se lo enviaré certificado y con sello de urgencia.

Hace ya muchos días, escribí a V. una carta a la «Casa de la Cultura» pensando que estaba V. aún en Valencia. En ella le daba a V. mis más sinceras gracias por el artículo que dedica V. en «Hora de España» a mi libro La guerra. En él ha vertido V. la cornucopia de su indulgencia y de su bondad; pero como tiene V. además mucho talento [la tachado], su crítica casi parece justa. Dios se lo pague. Yo sólo creo haber escrito unos cuantos artículos de combate, sinceros y bien intencionados, aunque sin calidad suficiente para merecer los elogios que V. tan generosamente me dedica. Gracias, mil veces, de todo corazón.

¿Cómo le va a V. en Barcelona?

Diga V. a su padre —mi querido Don Blas—, que lo recuerdo mucho, y siempre para desearle toda suerte de bienandanzas y de felicidades. Dígale que, hace unas noches, soñé que nos encontrábamos otra vez en Segovia, libres de fascistas y de reaccionarios, como en los buenos tiempos en que él y yo, con otros viejos [buenos tachado] amigos, trabajábamos por la futura República. Estábamos al pie del acueducto y su papá, señalando a los arcos de piedra, me dijo estas palabras: «Vea V., amigo Machado, cómo conviene amar las cosas grandes y bellas, porque ese acueducto es el único amigo que hoy nos queda en Segovia». En efecto —le contesté—, palabras son esas dignas de su arquitecto.

Salude a su esposo en nombre mío y disponga siempre de su viejo amigo

Antonio Machado 22-12-1937

S/c, Rocafort (Valencia). Villa Amparo.

TARJETAS POSTALES INFANTILES

Respeto y amor a la vejez

Cada nido es un hogar: respetadlo

(1937)

Seis «TARJETAS POSTALES INFANTILES», editadas en 1937, con versos e inscripciones de ANTONIO MACHADO.

En el Nm. 376 de la revista CRÓNICA, de fecha 24 de enero de 1937 se publicaron reproducciones de “los seis modelos de «tarjeta infantil» postal que, por iniciativa del Ministerio de Comunicaciones, ha sido creada para que los niños refugiados en las regiones alejadas de los frentes de lucha puedan comunicarse gratuitamente con sus padres, que se hallan en zonas de guerra.  Los dibujos han sido hechos por artistas del Sindicato Único de Profesiones Liberales (C.N.T., A.I.T.), y las inscripciones son del poeta ANTONIO MACHADO.

El artículo, firmado por  J. Fernandez Catreles, dice;

Para que los niños refugiados en las zonas alejadas de los frentes puedan comunicar gratuitamente con sus padres, el Ministerio de Comunicaciones de la República Española ha creado la «tarjeta infantil».

Por  iniciativa del Ministerio de Comunicaciones – aceptada con cariño por todo el Gobierno de la República Española -, ha sido creada la «tarjeta infantil», para que los niños refugiados en las ciudades de retaguardia puedan comunicar gratuitamente con sus padres, que quedaron en las zonas de guerra.

La idea, en su iniciación, era la de que esa tarjeta fuese una de las corrientes en la organización postal; pero pronto surgió el estímulo de darle características especiales, de tendencia infantil, a ese medio de comunicación por correo que ha de ser utilizado por los niños. A este fin, fué concretado el propósito ministerial de manera que esas tarjetas postales fueran obras de arte que estuvieran resueltas de modo que cumplieran la doble misión de ser un motivo de agrado para los pequeños y una eficiente obra pedagógica.

Se han editado seis modelos de tarjeta. Cada una de ellas lleva en el anverso un dibujo a tricomía – obra inspirada y admirable de los artistas del Sindicato Único de Profesiones Liberales (C.N.T., A.I.T.) – y una inscripción del gran poeta  Antonio Machado.

***  ***

En uno de los modelos se ve a unos niños que cuidan – pequeños jardineros – un  arbusto cuajado de flores. La inscripción dice así:

Si vino la primavera,

volad a las flores, como las abejas;

volad a las flores, niños;

no chupeis cera.

Otra postal ostenta u  dibujo en el que un niño – magnífica originalidad en la mirada del pequeño – está ante una alegoría del Trabajo, nueva concepción de la Humanidad redimida. Antonio Machado ha escrito allí lo siguiente:

Siempre el mundo viejo

– trabajo y fatigas –

lo salva el  niño con sus ojos nuevos.

En otro modelo de tarjeta aparecen unos niños que lloran porque los lavan.  Y dice el poeta:

Pequeñín que lloras

porque te lavan:

tu mejor amigo

sea el agua clara.

El motivo simbólico de otra de las postales presenta a un niño que, encaramado a un árbol, estudia con atención en un libro. Al dibujo acompañan estos versos:

Ved al niño encaramado

en el árbol de la Ciencia:

entre sus piernas, la rama;

el fruto, entre ceja y ceja.

Otra postal, y sobre la figura de un niño que besa con amor la silueta austera de un anciano, lleva esta inscripción, «Respeto y amor a la vejez».

Y, finalmente, otra tarjeta – en la que unos niños contemplan un nido de avecillas – ofrece esta sencilla leyenda: «Cada nido es un hogar. Respetadlo».

***  ***

Por lo pronto, han sido editados 100.000 modelos de estas tarjetas infantiles, con destino a las Residencias, Guarderías, Colonias en donde se hallan los niños refugiados.  Y así, quienes tienen a su cargo esas organizaciones, como también las familias que tengan acogidos niños en sus hogares, podrán recoger en el Ministerio de Comunicaciones las postales que necesiten para los peqeñuelos.

Por su sugnificación, es como si con la creación de esta «tarjeta infantil» anhelase el Gobierno de la República  acercarse al niño con ideas de paz y amor, y proporcionarle – al mismo tiempo que el medio de comunicación gratuita con sus padres ausentes – un motivo de solaz y de eficacia docente.  Y así, los niños refugiados en la retaguardia tienen un motivo más para sentirse amparados por la autoridad legítima de España, que, en su constante preocupación por las criaturas, cumple fielmente -y por el impulso humano de su propia esencia liberal – una misión de ternura tutelar con relación a la infancia desvalida.

A LOS SOLDADOS

DEL V CUERPO DEL EJÉRCITO

Con la más sincera emoción, camaradas, os envío un saludo a esas trincheras, cavadas en el suelo de nuestra patria, donde defendéis la integridad de nuestro territorio y el derecho de nuestro pueblo a disponer de su futuro.

Ayer obreros de la ciudad y los campos, consagrados a las santas faenas de la paz y de la cultura, hoy soldados todos, cuando esta paz y esta cultura peligran, todos alistados bajo las banderas de la libertad y de la justicia social, sois, por trabajadores y por guerreros, en vuestra doble calidad de obreros y de soldados, creadores, constructores y sostenes de la civilización, al par que ardientes y abnegados defensores de ella; digo, los españoles integrales de nuestros días y la primera categoría de españoles. Sois algo más (y perdonad si hiero vuestra modestia con elogios desusados), sois mucho más, porque no es sólo España quien ha de agradecer a vuestro esfuerzo su continuación en la Historia; el mundo entero, que hoy os contempla, espera de vosotros una experiencia victoriosa y alentadora; sois la mejor esperanza de todos los trabajadores del mundo y de todos los hombres honrados que pueblan nuestro planeta. Defendiendo a España, traicionada y vendida, combatís al fascismo, esa ola de cinismo que amenaza anegarlo todo al poner la fuerza de las armas al servicio dc los privilegios injustos acumulados ror la Historia: la piedad desmedida y cl dcrccho a la holganza, vosotros, amigos queridos, la fuerza dc las artna.s sirvc amparar el trabajo creador y fecundo, para dctcndcr cl derecho, loara imponer la justicia entre los hombrcs.

Salud, obreros y soldados, combatientes cn las filas del V Cuerpo dc nuestro gran Ejército dc la Victoria, lispcro quc nadie pueda arrebataros cl triunfo; estoy seguro de que nadie puede privaros de la gloria de tenerlo.

CARTA SOCORRO ROJO

Rocafort/ (Valencia).

Queridos amigos del Socorro Rojo Internacional,

Tengo el gusto de remitirles el trabajo que les prometí sobre Juan Martín «el Empecinado», acompañado dc un rctrato del guerrillero, obra de mi hermano José, para que tengan la bondad de remitirlos al comandante Carlos.

Para un libro sobre la guerra que proyectamos me convendría tener un retrato y algunos datos biográficos dcl comandante Carlos. ¿Cómo podríamos hacernos dc ellos? Como no se trata de hacer biografías muy detalladas, sino estampas literarias ligeras, los datos que se necesitan han dc scr brcvcs y acaso el mismo comandante Carlos puede dcdicar algunos minutos a escribirlos. Mucho Ics agradcccré que se los pidan de mi parte, enviándole también mi más cordial saludo,

Dispongan siempre dc su bucn amigo,

Antonio Machado

P. D.: Mucho les agradeceré el envío de la revista en que se publique el trabajo.

6-2-1938

Los héroes de la primera guerra de la Independencia

JUAN MARTÍN «EL EMPECINADO»

Al pincel de don Francisco Goya debemos un retrato insuperable de Juan Martín Díez, a quien llamaron en su tiempo el «Empecinado» con mote alusivo acaso a la pecina de su pueblo —según algunos autores, el mote de «Empecinado», alude al oficio de zapatero que profesaron muchos de sus familiares— y a quien hoy, más de un siglo después de su muerte, recuerdan con el mismo apodo muchos que ignoran la existencia de Castrillo de Duero y del arroyo de aguas cenagosas y negruzcas que cruza la triste villa, cuna del guerrillero inmortal. Tuvo Juan Martín un alias bien Pizmiento —hubiera dicho Cervantes— que el tiempo se ha encargado de convertir en nombre claro y significativo.

La figura goyesca del «Empecinado», que muchos admiramos en una ya remota Exposición madrileña, coincide en muchos de sus rasgos, pero no en todos, con la epopeya galdosiana. Acaso don Benito no consultó, para sus Episodios Nacionales, el retrato de Juan Martín, que había pintado el maestro de Fuendetodos. Aquel moreno amarillento del semblante, a que alude Galdós, dista mucho —–si la memoria no me traiciona— de la color un tanto aborrachada, hacia el rojo sanguíneo, que domina en la pintura. En lo demás, parecen de acuerdo pintor y novelista. Para ambos era Juan Martín un cuerpo de bronce que encerraba la energía, la actividad, la resistencid, la terquedad, el arrop frenético del meridional, junto con la paciencia de la gente del Norte; para ambos eran vivos los ojos de Juan Martín, su pelo aplastado sobre la frente junto a las cejas bien pobladas, y su afeite a la rusa, que unía el bigote a las patillas, dejando la barba limpia de todo pelo. Sobre este último detalle —tan sugestivo en nuestros días— insiste Galdós, recordándonos que era propio de los guerrilleros, antes que Zumalacárregui y otros jefes carlistas lo pusieran de moda entre sus gentes. El afeite a la rusa —añadimos nosotros— era una caracterización popular, algo anterior a nuestros guerrilleros, a nuestras guerras civiles y a nuestros bandidos generosos.

         iEl «Empecinado»!… Con este nombre evocamos hoy las páginas heroicas de nuestra primera guerra de la Independencia, la guerra de España, la España de entonces contra los ejércitos de Bonaparte y contra el fascio de los comienzos de aquella centuria, contra los invasores de fuera y los traidores de nuestra propia casa. Sí, mutatis mutandis, el trance de la España de entonces era el de la España actual; entonces como hoy se luchaba por la integridad de nuestra patria y por el derecho de los españoles a perdurar en la historia. Sí, no lo dudéis, el guerrillero de ayer, el más ilustre, sin duda, de todos los guerrilleros de su tiempo, abrazaría hoy fraternalmente, con viril efusión a muchos capitanes no menos egregios de nuestros días. El que salió de Aranda con un ejército de dos hombres en 1808, a las primeras noticias de la invasión francesa y llevaba tres mil soldados en 1811, el que mereció de las Cortes de Cádiz el mando en jefe de la Quinta división del segundo Ejército, era pueblo, profundamente pueblo, y había nacido capitán en cl más alto y noble sentido de la palabra. Yo no sé si la ciencia bélica, en su capítulo de guerra de guerrilleros, habrá estudiado tanto en las acciones que ordenó Juan Martín como en las batallas, asaltos y emboscadas que dirigieron otros adalides de su tiempo.

         Muchos fueron entonces los buenos guerrilleros. Y sin duda los hubo más sabios, más hábiles y de mayor capacidad militar. Hablen los técnicos. Desde un punto de vista ético que es a fin de cuentas el de la historia y el de la leyenda ninguno de ellos pudo superar al «Empecinado». El sentido frívolamente objetivo de nuestra crítica y torpemente realista de nuestra novela es hábil para calumniar con la verdad anecdótica, para enturbiar con los detalles aprendidos o averiguados la claridad de una visión de lo esencial. El mismo Galdós —tan poeta a su modo y profundo vidente de lo español–insiste demasiado sobre la mala prosodia y pésima ortografía del héroe. iOh, aquellos despachos y oficios que tan mal redactaba y tanto peor hubiera manuscrito Juan Martín!… Sin duda. Pero aquellos mismos partes de guerra eran frecuentemente —¿por qué no decirlo? — verdaderos modelos de modestia, de veracidad y de disciplina. Porque Juan Martín fue mucho más que un simple guerrillero, más que un ilustre salteador de la guerra. La hombría integral de aquel analfabeto se elevó muchas veces a la clara visión de un conjunto en el cual la misión concreta de un luchador podía estar supeditada a misiones más amplias y a poderes más altos. Con hombres del temple moral de Juan Martín —lo estamos viendo en nuestros días — se hubiera podido hacer un ejército, un magnífico instrumento de combate al servicio de una causa ideal.

         Algo de esto debieron sospechar los enemigos de Juan Martín, los viles aduladores del rey canalla, que tan mala suerte le dieron, después de haberlo escarnecido tanto. ¿Qué otra cosa puede significar la pasión y muerte del «Empecinado»? Fue víctima Juan Martín, como todos sabemos, de la abominable reacción fernandina. Era Juan Martín lo más peligroso, y lo que más podían temer y abominar los reaccionarios y absolutistas de aquellos días. Porque Juan Martín era el pueblo contaminado de liberalismo, el ethos popular que mira hacia el futuro y que pretende vivir en el sentido esencial de la historia. No era Juan Martín un simple aventurero, maestro en el arte de la sorpresa y la encrucijada, que hubiera servido a todas las causas, por amor a la guerra y a la aventura. Juan Martín no podía obedecer a un rey felón que adulaba a la fuerza, felicitando a Bonaparte por sus victorias en España, ni a aquellos que, para ahogar el ímpetu progresivo de su raza, abrieron las fronteras a los ejércitos de Angulema, a los cien mil hijos de San Luis. Los que ayer, el 19 de agosto de 1825, acribillaron con sus bayonetas serviles el noble pecho de Juan Martín (murió Juan Martín forcejeando con el verdugo y la escolta que le conducía al suplicio), eran muy semejantes a los que gritan hoy «iarriba España!» después de haber abierto todas sus puertas a los mal contados cien mil hijos de Hitler y de Mussolini, los mismos que no se atreven a gritar «iabajo el pueblo!»… cuando éste quiere ser próspero y libre, cuando aspira a la dignidad y a la cultura.

Casa natal de Juan Martín

Envío

No lo dudéis, egregios capitanes, amigos queridos del Ejército Popular, la sombra de Juan Martín os acompaña; con vosotros estuvo, combatiendo al fascio a las puertas de Madrid; estará con vosotros allí donde os encontréis. Con vosotros, y al lado de nuestra gloriosa República, incorporado al gran ejército de la victoria.

1-4-1938

CARTA A JUAN JOSÊ DOMENCHINA

Sr. I)on Juan José Domenchina. Valencia.

Qucrido poeta:

Tendré mucho gusto en enviarle las cuartillas que me pide para nuestro amigo Jiménez Luna, pero, como no tengo ningún trabajo inédito de que echar manos, necesito algunos días —hasta el viernes o el sábado–— para poder complacerle. El más cordial saludo de su viejo amigo

Antonio Machado

S/c, Rocafort. Villa Amparo.

CARTA A JUAN JOSÊ DOMENCHINA

Sr. D. Juan José Domenchina.

Querido poeta:

Le envío esas cuartillas destinadas a Servicio Español, etc. rogándole, como siempre, vea las pruebas para que no salgan demasiadas erratas.

Leí con sumo gusto su trabajo en «Hora de España». Que no sea el último.

Un fuerte abrazo de su buen amigo

Antonio Machado

(1938?)

Rocafort. Villa Amparo (Valencia)

CARTA A JUAN JOSÊ DOMENCHINA

Sr. I)on Juan José Domenchina. Valencia.

Qucrido poeta:

Tendré mucho gusto en enviarle las cuartillas que me pide para nuestro amigo Jiménez Luna, pero, como no tengo ningún trabajo inédito de que echar manos, necesito algunos días —hasta el viernes o el sábado–— para poder complacerle. El más cordial saludo de su viejo amigo

Antonio Machado

S/c, Rocafort. Villa Amparo.

CARTA A JUAN JOSÊ DOMENCHINA

Sr. D. Juan José Domenchina.

Querido poeta:

Le envío esas cuartillas destinadas a Servicio Español, etc. rogándole, como siempre, vea las pruebas para que no salgan demasiadas erratas.

Leí con sumo gusto su trabajo en «Hora de España». Que no sea el último.

Un fuerte abrazo de su buen amigo

Antonio Machado

(1938?)

Rocafort. Villa Amparo (Valencia)

CARTA AL COMANDANTE CARLOS

Señor Don Carlos J. Contnras

Querido y admirado amigo:

He recibido su amable carta y, con ella, sus retratos y su biografía. Mil gracias. Es todo lo que yo necesitaba. Utilizaré los datos de su admirable vida que me remite para el trabajo que voy a emprender, aunque ellos son de tal elocuencia que pudieran publicarse solos sin comentarios. Acudiré también al periódico de Milicias Populares, porque deseo poner muy de relieve la actuación del glorioso 5. 0 Regimiento en la época heroica de nuestra guerra. Y todo esto con datos auténticos, para ayudar a los historiadores del porvenir con una aportación humilde, pero ardiente y sincera. El tiempo pasa y todo lo enturbia, pero los hechos grandes deben quedar, en bronce si es posible.

Celebro que le agradaran mis líneas sobre Juan Martín. Tengo muy pocos libros a la mano y cuanto escribo es fiado un poco a la memoria.

Anotados tenía —entre las víctimas de la reacción fernandina— a Torrijos y a sus compañeros, fusilados en Málaga. Con muchísimo gusto, pues, le enviaré las líneas que me pide sobre ese tema. También escribiré algo sobre los Mina —tío y sobrino—- y sobre otros guerrilleros ilustres.

Mándeme siempre, querido comandante [tachado]. Nada tiene Vd. que agradecerme. Es para mí un gran consuelo y una plena satisfacción el acompañarles con la pluma, ya que mi espada se melló hace tiempo y de nada serviría en la actual contienda.

Con mil afectos de mi hermano José y de toda esta casa, quedo de Vd. su buen amigo

Antonio Machado

Rocafort, 19-2-1938

NUESTRO EJÉRCITO

España, la España leal al Gobierno de su República, la verdadera España, tuvo siempre —¿cómo no?–— milicianos voluntarios que la defendiesen; pero hoy cuenta con un ejército organizado, sometido a estrecha disciplina y ágil a la par, para toda suerte de maniobras, integrado por todos los elementos que hacen un ejército invencible. Si hay algo que ha demostrado plenamente ra historia, es la enorme, abrumadora superioridad militar de los pueblos esencialmente consagrados a la paz, sobre los pueblos fundamentalmente guerreros. Tal fue la gran lección de las guerras médicas. En esto, como en todo, fueron los griegos los maestros. Modernamente hemos visto que los ejércitos de las naciones preparadas para la guerra, esas perfectas máquinas de combate, fallaban siempre ante los ejércitos en cierto modo improvisados, aquellos que se hacían guerreando. . . contra la guerra misma. Tal fue la gran lección de Francia en la batalla del Marne, que puede resumirse en este aforismo de Juan Mairena: Mientras el pensar sea inexcusable, una cabeza rota será siempre preferible a las más impecables botas de montar.

En grande o en pequeño, allí donde se enfrentan los elementos genuinamente belicistas, aquellos que rinden culto a la fuerza material y aspiran a invocar, a última hora, la razón de Breno, con aquellos núcleos humanos consagrados preferentemente a la cultura y que sólo gustan de empuñar las armas en defensa de la paz, se da el caso, aparentemente paradójico, de que son estos últimos los que crean el instrumento polémico más eficaz.

Hoy rendimos un homenaje de respeto, de admiración y de cariño al Ejército del pueblo, a nuestro Ejército. En él militamos todos los leales, quiero decir, todos los españoles. Por eso hemos de ser parcos en el elogio, La guerra actual tuvo, en sus comienzos, una apariencia de guerra civil, de una guerra entre españoles divididos por ideologías encontradas. Esta

UNA MILICIANA EN LA PRIMERA LÍNEA DE LA AVANZADILLA DE LA SIERRA.

apariencia no ha podido mantenerse, porque uno de los bandos, el llamado fascista, ha vendido a la patria común, con lo cual, ipso facto, perdió su nacionalidad. Frente a ellos, los traidores y los invasores unidos, frente a su máquina guerrera, a ese poder demoníaco y abominable consagrado a la ambición y al crimen, está España con su magnífico Ejército popular, afirmando su voluntad de perdurar en la historia, su derecho a conservar la integridad de su territorio y a disponer libremente de su futuro.

20-2-1938

CARTA A JUAN JOSÉ DOMENCHINA

Sr. D. Juan José Domenchina.

Querido poeta:

Le envío esos cuatro sonetos de circunstancias, que quisieran estar a la altura de las circunstancias. Creo que dentro del molde barroco del soneto, contienen alguna emoción que no suelen tener los sonetos. De todos modos, en estos momentos de angustia en que la verdad se come al arte, no es fácil hacer otra cosa.

Un fuerte abrazo de su viejo amigo

Antonio Machado

[0-3-1938?]

CARTA A JUAN JOSÉ DOMENCHINA

Sr. D. Juan José Domenchina

Querido poeta:

Los versos que le adjunto fueron escritos para la[s] juventudes a que van dedicados y radiados desde Valencia a toda

España; pero no han sido publicados en ningún periódico ni revista. Son versos de combate que pudieran tener hoy plena actualidad. Se los envío para Servicio Español de Informaciones, pero de ningún modo —se lo suplico— los incluya entre los trabajos de éstos, puesto que, en fin, no han sido escritos directamente para esa publicación.

Le envía un fuerte abrazo su ne varietur viejo amigo

Antonio Machado

[1938?)

CARTA A JUAN JOSÉ DOMENCHINA

Sr. Don Juan José Domenchina. Barcelona.

Rocafort, 26-3-1938 Querido poeta:

Le envío esas composiciones para el «Boletín». Ruégole vele V. porque no salgan demasiadas erratas. Ya sabe V. que los buenos cajistas, no sólo se equivocan alguna vez, sino que corrigen, de cuando en cuando, las palabras que no entienden. En mis últimos versos publicados hay un gobernable, por gobernalle o gobernallo, que quita la cabeza. Aunque las erratas sean la salsa de los libros —-como decía un cajista a nuestro amigo Juanito Ramón— en los versos convendría servirlas aparte.

Veo con profunda satisfacción que no duerme su Musa.

Salude en mi nombre, con todo respeto, a Ernestina de Champourcín.

Y reciba un fuerte abrazo de su viejo admirador y amigo

Antonio Machado

CARTA A JUAN JOSÉ DOMENCHINA

Sr. D. Juan José Domenchina.

Querido amigo:

El dador de ésta es Don José Iribarne, persona afecta al régimen, antiguo y distinguido periodista que ha colaborado a «Boletín».

Me atrevo a suplicar a Vd. le atienda y vea si sus actividades pueden ser utilizadas por ese Ministerio. Su situación es difícil, como evacuado en condiciones que él le explicará.

Con mil gracias anticipadas, le saluda su buen amigo

Antonio Machado

CARTA A JUAN JOSÉ DOMENCHINA

Sr. Don Juan José Domenchina.

Querido poeta:

Le envío las cuartillas prometidas y un cordial abrazo.

Antonio Machado

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