CARTA DE ANTONIO MACHADO a su padre, probablemente en septiembre de 1892. Sería el primer escrito que se conserva de Antonio Machado.

Evidentemente esta fotografía no correspode al año de la carta de refefencia, pero, hoy es la más próxima a 1892.

En esta fotografía, que esta tomada en Sevilla pocos días antes de emprender la familia Machado viaje con destino Madrid, es de 1883. En ella podemos ver a Antonio Machado junto a su hermano Manuel

El alto interés de esta carta manuscrita de Antonio Machado no solo lo tiene por ser el primer documento escrito por él que se conserva, ni por el contenido afectivo familiar que en esta carta se lee, sino por ser el más importante documento que nos puede acercar al ignorado motivo y lugar al que viajó Antonio Machado Álvarez, padre de nuestro poeta, en aquel año de 1892.

Se sabe que “Demófilo”, es decir Antonio Machado y Álvarez, partió en busca de trabajo y mejor fortuna a  Puerto Rico en aquel verano de 1892, (suponemos que a finales de agosto o primeros de septiembre, según se puede deducir de lo escrito en la carta).

El joven  Antonio, que contaba con 17 años, debió entregar la carta a su abuelo Antonio Machado Núñez, que vivía con el resto de la familia Machado en Madrid, y éste o bien la envió a su hijo a Puerto Rico o bien no llegó a enviarla, reteniéndola en su poder.

Si la envió resultaría evidente que la carta regresó a España entre las pertenencias del padre de Antonio Machado, que llegó a Sevilla el 03 de enero de 1893 falleciendo el 04 de febrero de 1893, y recuperada pasó, probablemente, a manos de Antonio, conservándola éste hasta que quedó entre sus “papeles” y documentos en su casa de General Arrando nº 4 de Madrid en la fecha del 22 de noviembre de 1936 en que partió hacia Valencia para no volver ya  nunca mas a Madrid., al fallecer en Collioure (Francia) en febrero 1939.

Cuando en agosto de ese año sus hermanos Manuel y Francisco regresaron a Madrid y fueron a la casa abandonada de General Arrando se encontraron con que nadie había entrado en ella  durante la guerra, pudiendo recuperar todos los ”papeles” y documentos de Antonio, que se los llevaron al domicilio de Manuel en la calle de Churruca  nº 15 de esta misma ciudad.

Si no se llegó a enviar la carta a Puerto Rico, quedándose en España, el abuelo debió de dársela a Antonio, en algún momento probablemente posterior a la muerte de su padre en Sevilla el año 1893. Después seguiría el mismo itinerario que el indicado en el párrafo anterior si la carta no cruzó el Atlántico.

El caso es que fueron pasando los años y de estar la carta en poder de Manuel pasó, al fallecer éste en 1947, al hermano Francisco, de éste a su hija Leonor Machado que la conservó desde 1950 hasta que la familia Machado la cedió a la Fundación Unicaja en junio de 2018.

La carta decía (Transcripción):

                  Queridísimo papa: supongo que habrás

         pasado un viaje muy cómodo, pues según

          abuelo nos decía estabas muy bien instalado, y

         creo también que el mar estaría en calma

         y que no habrás sufrido mareo alguno.

                  No sabemos si recibirías el certificado en que

         Iba mi artículo por no saber bien señas

         de Meneses, si fuera así dímelo y te enviaría

         otra copia.

                  Tanto Manuel como yo desde el día

         que tu te fuiste nos dedicamos a estudiar

         con doble interés para aprobar en septiembre.

         Manuel las dos matemáticas y yo

         estas asignaturas mas el francés y

         la Historia Universal. A esto me dedico

         tan solo dejando aparte toda otra clase

         de estudios pues no me servirían de nada y

         me impedirían terminar pronto el grado de

         bachiller.  Si puedo hacer lo que quiero en

         el mes de enero próximo habré ya termina-

         do y podré comenzar la carrera.

                  La distribución que hago del día es la

         siguiente: a las 7 ½  de la mañana, hora

         que me levanto, me pongo a estudiar

         hasta las 9 que viene el profesor a darnos

         clase hasta las 10 o 10 ½ . Después

         de comer estudio hasta las cuatro las lecciones

         de Historia Universal y Matemáticas.

                  Desde mañana tengo que asistir a

         la biblioteca para estudiar el francés,

                  Pepe sigue haciendo sus dibujos y progresan-

         do paulatinamente. Ayer estuvieron en el

         museo de pinturas.

                  El tiempo ha mejorado afortunadamente

          y ya no sufrimos calores tan estupendos.

                  Y sin mas por hoy y esperando noticias

         tuyas para escribirte mas largo y

         enviarte algún trabajillo que escribiré solamente

         para ti, se despide tu amantísimo hijo.

                           ANTONIO

         P.D.   Hoy he visto a Méndez y a Vicente que me han dado

         para ti grandes recuerdos.

Al analizar la carta lo primero que sorprende es la difícil caligrafía del joven Antonio Machado y su firma de contundente tamaño y rúbrica.

Dicho esto podemos destacar de su contenido las siguientes  cuestiones:

1º Consideraciones sobre las comodidades y condiciones del viaje a Puerto Rico, en el barco.vapor «Havana».

2º Hay que considerar que ésta carta es la segunda enviada, pues se hace referencia a una anterior en la que se acompañaba un artículo. Se duda de que hubiera llegado pues no sabía bien las señas de «Meneses».

3º Pensamos que si Antonio Machado escribe, solo, a su padre, es probable que hubiera otra carta de Manuel, y tal vez de los demás hermanos.

4º Las asignaturas pendientes para septiembre hacen pensar que no fueron an aquellos años anteriores unos buenos estudiantes, por lo aue no extraña, para cotentar al padre, la amplia informzción que en la carta se indica sobre estudios, horarios de los mismos y asistencia particular de profesor, en casa. Plantea un duro trabajo de mañana y tarde.

5º Curioso que una de las asignaturas pendientes para septiembre, en el caso de Antonio, fuera precisamente el francés.

6º Se manifiesta una inclinación ya definida a ir a las bibliotecas, en este caso para estudiar francés.

7º Habla de los trabajos de dibujo de su hermano Pepe (José) y de que el día anterior estuvieron en «el museo de pinturas», suponemos que se refiere al Museo del Prado.

8º Como suele ser procedente hay unos breves comentarios a la climatología de Madrid.

9º Que espera escribirle «mas largo» y enviarle un nuevo trabajillo, lo que denota que, en principio el viaje del padre a Puerto Rico estaba pensado para un tiempo duradero.

10º Finalmente y como P.D. se refiere a haber visto as Mendez y a Vicente, que le habían trasmitido para él grandes recuerdos. «Podrían tratarse del filósofo, político y escritor Mariano Méndez Bejarano (1857-1931) y del arquitecto e historiador del arte Vicente Lampérez y Romea (1861-1923), esposo de Blanca de los Ríos, pero no tenemos plena seguridad», sostiene Rafael Alarcón Sierra.

Comentados los pormenores de la carta nos queda el indagar sobre el o los motivos del viaje a la ciudad de Ponce, en Puerto Rico, de Antonio Machado y Álvarez, y a quienes conocía en aquellas tierras, su estancia y regreso a Sevilla cinco meses después de llegar a la isla caribeña.

Siuación familiar en la última decada del siglo XIX. Nunca había sido económicamente satisfactoria la situación familiar. Los ingresos de Antonio Machado y Álvarez no habían sido importantes , mas bien escasos, pues su intensa dedicación a los estudios e investigación de la cultura popular, folk-lore según la terminología inglesa que acabó por instaurarse en toda Europa, le alejó de actividades que hubieran sido, tal vez, más lucrativas para él. Su padre, Antonio Machado Núñez, dedicado a la enseñanza, investigación de las ciencias naturales, y a la política (siempre dentro de la más estricta honestidad), tampoco le acarrearon altos medios económicos, es mas, cuando en apoyo de amigos se adhirió a pequeñas actividades empresariales (fabricar jabones, por ejemplo) siempre salió «escaldado» teniendo que asumir deudas suyas y de otros, que le minaron sus ingresos durante parte de su vida. Por último estaba la mujer de Machado Nuñez, Cipriana Álvarez Durán, que, en muchos periodos de tiempo, resultó ser el sustento fundamental familiar, al aportar los ingresos de algunas propiedades heredadas de sus padres en Sevilla y en Extremadura (entre otras tenía las rentas de un local, farmacia, en la calle Sierpes de la capital andaluza).

Pero eran muchos de familia, y seis hijos propiciaban cuantiosos gastos.

En esta situación, que no mejoró en Madrid, empezaron, en la familia, a considerar el «salir» de España en busca de mejor fortuna, en principio solo Antonio Machado y Álvarez, a pesar de las dolencias que ya le aquejaban.

Tenían amistades que habían vivido Puerto Rico, entre ellos Sendras y Burín, y las noticias que hablan de las posibilidades de esta isla eran grandes e importantes. El sueño de los «indianos», emigrantes que regresaban de América estaba en pleno auge. Además la formación en temas como la abogacía, la enseñanza jurídica, el periodismo y los estudios de la cultura popular (folk-lore) abundaban las posibilidades de este viaje en busca de mejor fortuna, aquella que posibilitara un regreso con capital suficiente para mantener a la amplia familia. Por otra parte el viajar a tierras americanas no era nuevo en la familia, pues allí ya vivía con su familia y con buena fortuna ( en Guatemala) el hermano mayor del abuelo Antonio Machado Nuñez. Incluso éste había vivido un tiempo en Guatemala y otros paises caribeños (Cuba, la actual Belice y Costa Rica) de donde regresó con una buena bolsa, después de haber ejercido su profesión de médico en aquellas tierras, aunque dejara esta acividad pronto para dedicarse al estudio de la naturaleza y de la geología, especialmente la vulcanología, y la antropología.

Fallecidos el abuelo (1896) y el padre (1893), fué el cuarto hermano de los Machadon Ruiz, Joaquín el que fue en busca de fortuna a Guatemala, unos pocos años, pues enfermó y tuvo que se operado por traquetomía. Y finalmente, al acabar la guerra civil española, en 1939, el mismo Joaquín acompañado de su hermano José se exilaron en Chile, donde ambos murieron ya con más de sesenta años.

Evidentemente el viajar a otras latitudes o tierras nunca fue obstáculo para las decisiones familiares sobre los lugares donde vivir y trabajar.

Y en este contexto fue acogida favorablemente la idea de marchar a Puerto Rico, en principio a la ciudad de Ponce, donde residían varios amigos, conocidos y tal vez familiares .

Saber quienes eran estos amigos o familiares es fundamental para conocer los motivos o causas.

Sabemos que la familia Machado, abuelo e hijo, tenían una buena amistad con Emilia Pardo Bazán, por motivos literarios y sobre todo como consecuencia del estudio y recopilación de las «tradiciones populares gallegas», y que como consecuencia de estos trabajos la colaboracióin fue intensa entre ellos. Sabemos que entre noviembre de 1883 y hasta octubre de 1885 Antonio Machado y Álvarez , «Demófilo», y Emilia Pardo Bazán mantuvieron una fluida correspondencia a propósito de la constitución de una Sociedad para el estudio del folk-lore gallego. Recientemente se han publicado unas treinta cartas que la Pardo Bazán remitió a Antonio Machado y Álvarez, como respuesta o para su respuesta a cartas enviadas por Machado.

Centrádonos

Emilia Pardo Bazán y el estudio del folk-lore en Puerto Rico.

Emilia Pardo Bazán

La institución tenedora de estas cartas enviadas por Emilia Pardo Bazán a Antonio Machado y Álvarez numera como documento sexto una carta que dice:

«Sr. D. A. Machado y Álvarez.
La Coruña –Enero 27. 1884


Señor y distinguido amigo: No quise dar a V. cuenta de mis trabajosfolk-lorísticos, por querer, cuando escribiese a V., tener ya algo que decir – He recibido cuanto V. me mandó, excepto el cuento del Sr. D. Marcial Valladares, que no llegó a mis manos, pero que de todos modos no podría publicarse en el Folk-lore Gallego, porque esta Revista está todavía entre los futuros contingentes y no verá la luz hasta que tengamos fondos y materiales suficientes para empezar con lucimiento nuestra
exhibición.

Después de varias sesiones, anteayer quedó por fin terminado el Reglamento, y ahora trabajamos en las convocatorias para que el próximo 1o de Febrero se celebre Junta general y se constituya definitivamente la Sociedad, aprobándose el Reglamento y procediéndose a la elección de cargos. Después empezaremos a servirnos de la prensa para publicar reglamento, cuestionarios, artículos, etc., y para instigar a la formación de los demás centros regionales.

Cumpliendo mi obligación he gestionado la fundación del de Puerto- Rico, y espero que el Sr. D. Manuel Fernández Juncos, elegante escritor costumbrista, acceda a mi ruego de fundar allí el Folk-lore. Por si acaso, no estaría de más que V. se tomase la molestia de escribirle también, animándole y halagándole un poco.

De Fregenal me ha escrito el Sr. Romero y Espinosa y de Sevilla el Sr. Guichot. A todos debo muy delicadas atenciones y envíos de libros, folletos, artículos, etc., y procuraré corresponder a ellas del mejor modo, cuando el tiempo me lo permita.

Ya ve V. que la Presidente, o Presidenta, que sobre esto se arañan cada día dos de los mejores individuos de esta Folk-lore, no descuida sus deberes espinosos y graves.

Sabe V. que tiene a sus órdenes a la mejor de sus amigas y affma. ss.q.bs.m.

EMILIA PARDO BAzÁN

PD.- Dirección del Sr. D. Manuel Fernández Juncos: Director del Periódico El Buscapié – Puerto Rico.

Nota bene: El Sr. Murguía pasó por aquí y dijo “que no sabemos lo que traemos entre manos”. Lo cual, por mi parte, no deja de ser exacto.»

De esta carta destacamos que indica que «ha gestionado la fundación de la Sociedad del Folk-lore de Puerto Rico y que espera que el Sr. D. Manuel Fernández Juncos, elegante escritor costumbrista, acceda a mi ruego de fundar allí el Folk-lore, y que por si acaso, no estaría de más que V. se tomase la molestia de escribirle también, cuando el tiempo lo permita», En la P.D. de la carta ofrece la dirección de Sr. D. Manuel Fernández Juncos: Director del Periódico El Buscapié – Puerto Rico.

Suponemos que atento a la sugerencia de E. Pardo Bazán de escribir a M. Fernández Juncos, así lo haría , estableciendo, casi con seguridad, una contínua correspondencia y a través de esta una buena amistad.

¿Quién era este Manuel Fernández Juncos?

MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS

«Manuel Fernández Juncos nació en Tresmonte, un lugar ubicado en Ribadesella, Principado de Asturias, el 11 de diciembre de 1846. A los once años emigró a Puerto Rico, donde permaneció el resto de su vida, sin otra instrucción que la que a tan tierna edad había podido recibir en su pueblo. Establecido en Ponce trabaja para ganarse el sustento, y aún siente mucho mayor interés en instruirse. Lee mucho y estudia idiomas, pero habiendo contraído la fiebre amarilla, tiene que interrumpirlo todo y pasar a reponerse a un poblado de montaña al que la epidemia no había llegado. En ese ambiente rural su espíritu observador se llenará de imágenes que pronto le permitirán revelarse como excelente escritor costumbrista.

El destronamiento de Isabdel II le hace confiar en que el futuro deparará a aquella isla una forma de administración autonomista, más eficaz para el país y más conveniente para España y a esta idea, que nada tenía de independista, se entregó de por vida.

En principio, Fernández Juncos escribió para El Progreso, también escribió para Porvenir y El Clamor del País. Fundó un periódico llamado El Buscapié, en 1875, semanario jocoserio, ameno, ingenioso y original, que vivió floreciente hasta que Puerto Rico se perdió para España y que fue muy leído en esa época. El semanario estimuló la lectura en su país, y fueron tantas las colaboraciones que se le ofrecían, que Fernández Juncos creyó llegado el momento de fundar una publicaciín ilustrada, de mayor empeño y ésta fue la Revista Puertorriqueña.

Fundó también la Institución de Enseñanza Popular y la Biblioteca Municipal de San Juan, fue presidente de la Sociedad de Escritores y Artistas de Puerto Rico y diputado provincial por el distrito de San Juan.

Como escritor, Juncos estudió y escribió sobre las raíces de los puertorriqueños. Algunas de sus obras más conocidas son Tipos y Caracteres, Libro Cuarto de Lectura, y Canciones Escolares.

Fernández Juncos se unió al Partido Autonomista, convirtiéndose en el secretario. Tiempo después, cuando Puerto Rico obtuvo la autonomía respecto de España en 1897, Juncos fue electo primer Secretario de Estado. También fue encargado de la secretaría de Hacienda. De todos modos, en menos de un año Puerto Rico fue invadida por Estados Unidos, siendo el gobierno abolido. Al cambiar la soberanía en 1898 se mantuvo fiel a su patria como recogen los periódicos de la época.

Al adueñarse los norteamericanos de Puerto Rico, Fernández Juncos dejó de publicar El Buscapié, y sabiendo que con ello perdía todo cargo oficial y toda influencia política sobre aquella isla en la que llevaba viviendo más de cuarenta años, se inscribió en el Consulado para conservar la nacionalidad española. Su ambición entonces fue salvar el castellano de su suplantación por el inglés y como en español no había textos escolares adaptados a las exigencias de las leyes norteamericanas, se esforzó en prepararlos, logrando en esta patriótica empresa, que nunca dejaría de la mano, el mismo éxito que en todas sus otras actividades literarias

MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS

Manuel Fernández Juncos murió el 18 de agosto de 1928 en San Juan, Puerto Rico.

De los más de veinte títulos de volúmenes publicados por Fernández Juncos destacan: Cuentos y narraciones; Galería puertorriqueña: Tipos y caracteres; De Puerto Rico a Madrid; Los primeros pasos en castellano y La lengua castellana en Puerto Rico.

De su vida y obras resulta evidente su gran interes por los temas costumbristas y por la cultura popular, particularmente la puertoriqueña, por lo que, aunque no tenemos pruebas fehacientes, si parece muy probable que, una vez en contacto personal, como acredita la carta de E. Pardo Bazán, él se convirtiera en un buen amigo de Antonio Machado y Alvarez y que dicha amistad fuera una de las causas que favorecieran su viaje a aquellas tierras caribeñas.

Si hubo amistad, una cieta identidad y afinidad en gustos y trabajos, y la posición de Manuel Fernández Juncos, que sentía su españolidad con fuerza, era importsante y notoria en aquellas tierras portorriqueñas, ¿por qué no iba a ayudarle si A. Machado Álvarez buscaba trabajo y oportunidades en Puerto Rico?

Sabemos por los escritos de amigos de Antonio Machado y Álvarez en España, como:

Luis Montoto y Rautensytrauich

Luis Montoto y Rautenstrauch, en su libro «Por aquellas calendas» que su gran amigo Antonio «Publicó libros, escrbió mucho para los periódicos, despachó pleitos y caso agotó sus fuerza. Corría el tiempo. No recuerdo quien me dijo que había partido a Ultramar y ejercía su profesión de abogado en tierras americanas. Entonces no supe más…», de lo que deducimos que amigos en Ultramar le ofrecen puesto de trabajo para ejercer la abogacía en la isla de Puerto Rico. Como

Antonio Sendras y Burín que había estado viviendo en la isla y que predijo a su amigo Machado alcanzar fortuna en ella. Sendras escribió varios libros sobre Puerto Rico: «Como se gobierna en Puerto Rico», (1886), «Un nuevo partido. Antecedentas, formación y aspiracioines del partido autonomista pùertoriqueño» .1886, (del que formaba parte precisamente Manuel Fernández Juncos), y otros en colaboración con Juan Gualberto Gómez taales como «La isla de Puerto Rico», 1891, y «Bosquejo Histórico de Puerto Rico», 1891. Antonio Sendras escrbe en las fechas de la partida del amigo: «Hoy nuestro querido amigo se dispone a abandonar la Península para establecerse en Puerto-Rico, donde numerosos amigos le incitan a abrir nuevamente su bufete. Al despedirnos con profunda penaa de nuestro compañero le deseamos no solo un próspero viaje, sino que encuentre en los ilustrados puertorriqueños la benévola y cariñosa acogida a que por innegables y excepcionales condiciones es verdaderamente acreedor», como

Joquín Sama y Vinagre, que en el Boletín de la Institución afirma que fue a Puerto Rico como periodista y abogado, para remediar su situación familiar: «Y, cuando esto ocurría, amigos de Untramar le brindaron con puestos de periodista y abogado, y a Ultramar fue con sus méritos y con la esperanza de verlos remunerados suficientemente para poder sostener a su numerosa familia». Y todo ello sin prever sus quebrantadas fuerzas.

Amigos, periodismo y abogacía. Estas eran sus espectativas.

No obstante, en cuanto a los contactos que podía tener en Puerto Rico tenemos que citar la referencia que su hijo Antonio Machado Ruiz hace en la carta que analizamos. En ella escribe «no sabemos si recibirís el certificado en que iba mi artículo por no saber bien las señas de Meneses; sin fuera así dímelo y te enviaré otra copia».

¿Quien era Meneses? ¿otro amigo o una población puertorriqueña?. Sin dura es una referencia a la dirección en la que, en principio, iba a residir. Seguiremos investigando sobre esta referencia de «Meneses».

Finalmente, en esta aproximación a la estancia de Antonio Machado y Álvasrez en Puerto Rico tenemos que recordar que, pasados muchos años vivía en Madrid, en la calle Luchana casi esquina con la calle Covarrubias, una mujer llamada Asunción Álvarez Guerra, que en 1936 debía de contar con unos ochenta años. ¿Quien era?. Contaba mi madre, Leonor Machado Martínez, hija de Francisco, hermano menor de los Machado Ruiz, que recordaba que allá por los años 1934, 1935 y 1936 iba con sus hermanas y sus padres a visitar a la abuela Ana y a la familia que entonces vivían en la calle de General Arrando nº 4 de Madrid, es decir, el titular de la vivienda Antonio Machado Ruiz, su madre Ana Ruiz, su hermano José Machado Ruiz y su esposa Matea Monedero y las tres hijas de este último matrimonio. Recuerda mi madre que Antonio Machado sugería, con cierta insistencia, que fueran con su madre, sus nueras Matea Monedero y Mercedes Martínez y sus sobrinas a visitar a «la tía Asunción Álvarez Guerra que vivía a dos «manzanas de la casa», en la calle Luchana casi esquina con la calle Covarrubias. Esta «tía Asunción» vivía en un piso situado en un semisótano de la calle Luchana. Las visitas, siempre agradables transcurían entre relatos de la vida de la «tia Asunción» aque contaba sobre su vida en Cuba y en Puerto Rico, en su juventud ya lejana del siglo XIX. Poco sabemos con certeza de esta mujer, pues solo quedan los recuerdos de mi madre de aquellas reuniones, en las que contaba entre diez y doce años, el nombre de Asunción Alvarez Guerra y poco más. Los que supieran más ya no están con nootros y no dejaron mayor infomación que recordar. ¡Lástima!. No obstante deducimos que sería descendiente de Juan Álvarez Guerra, hermano de José Álvarez Guerra, bisabuelo extremeño de Antonio Machado y sus cuatro hermanos : Manuel, José, Joaquín y Francisco (este último mi abuelo). pudes bien, cuando en 1850 Juan Álvarez Guerra falleció en su ciudad natal, Zafra, su mujer e hijos, despues de vender las propiedades que tenían en aquella localidad (su amplia casa y jardines se conserva en uso a fecha de hoy por los herederos de la familia que la adquirió), decidieron partir a Ultramar (como se decía entonces), a Cuba (el padre de la esposa de Juan había sido Almirante de la armada española). Y así viajaron aportando escasas noticias a la familia que dejaron en la península. Parece que con los años uno de los hijos tuvo una hija que pudiera ser «la tía Asunción». Parece ser que con ocasión de la guerra de Cuba, la familia, toda o parte, que residía en la isla, partío hacia la vecina isla de Puerto Rico. Parece que entre las escasa noticias llegadas de aquellas tierras insulares alguna indicó su dirección en Ponce en Puert Rico. Por este medio se volvió a contactar entre la familia Machado y aquella rama de los Álvarez Guerra. Si esto es así, aunque hay que decir que no hay pruebas fehacientes de ello, puede ser que ésta familia en Puerto Rico recibiera en 1892 a Antonio Machado y Álvarez, coincidiendo, probablemente en Ponce, con su prima segunda Asunción Álvarez Guerra, Es pobable que al agravarse la enfermedad de Antonio Machado y Álvarez en aquella isla, fuera atendido por estos parientes o familiares y que cuando la enfermedads se agravó fueran los que avisaran a su família en España.

Pero en fin, por ahora no hay pruebas contundentes de que este relato sea cierto. Solo queda la insistencia de Antonio Machado Ruiz de vigilar y atender a la «tía Asunción Alvarez Guerra», a la que debían, de ser como hemos contado, eterna gratitud por las atenciones recibidas de aquella lejana familia a Antonio Machado y Álvarez, esposo y padre de Ana Ruiz y de los hermanos Machado Ruiz-.

Recordemos que cuando la familia Machado estaba para partir , en la guerra civil española, hacia Valencia, Antonio Machado intentó que esta buena señora les acompañara, a lo que ella no accecdió por considerarse ya muy mayor para viajar. Al finalizar la guerra y regresar la familia a Madrid, ésta «Tia» ya no vivía.

En cualquier caso, volviendo a la primavera/verano de 1892 sabemos que Antonio M;achado y Álvarez había decidido partir para Puerto Rico para trabajar como abogado y periodista, sin dejar de lado sus estudios sobre la cultura popular, en este caso puertorriqueña, y por eso solicitó autorizacióm al Ministerio de Ultramar para «ejercer la abogacía en la isla de Puerto Rico», siendo concedida por Orden de 29 de julio de 1892, que fue comunicada ese mismo día a las autoridades procedentes de Puerto Rico.

Y en agosto de 1892 emprendió el viaje desde Cádiz a Puerto Rico, a bordo del vapor-correo «Havana», con escala en las Canarias antes de cruzar el atlántico con destino al caribe.

A finales de ese mes de agosto llegó al puerto de la ciudad de Ponce, donde contactó con sus amigos y conocidos , y en su caso, como hemos dicho, familiares.

Septiembre, octubre, noviembre y diciembre de ese año de 1892 y los primeros días de enero de 1893 fueron los meses y días que Antonio Machado y Álvarez vivió en la isla de Puerto Rico, pues pronto se le manifestó, con notable gravedad, la enfermedad de una esclerosis multiple medular medular.

La esclerosis múltiple es una enfermedad de larga duración que afecta al cerebro, médula espinal y los nervios ópticos, pudiendo provocar problemas de equilibrio, control muscular y con la visión principalmente, pero pueden verse afectadas otras funciones básicas del cuerpo, manifestándose clínicamente por un síndrome medular cervical de evolución lentamente progresiva a lo largo de unos 16 años.

Obviamente la esclerosis multiple medular imposibilita una vida normal y solo la disminución del equilibrio aconseja la permanencia en una casa y acostado.

Cuando este brote alcanzó niveles de notable gravedad, los que le atendían y cuidaban decidieron avisar a su familia en España. Ésta reaccionó con prontitud al llegar la noticia a Madrid. Movilizada la familia uno de los cuñados del enfermo, Manuel Ruiz Hernandez, capitán de barcos, hermano de su esposa, parte rápidamentre hacia la isla para asistirle. Le encuentra en extrema gravedad y regresa con él a Cadiz, donde desembarcan para seguir camino de Sevilla, a donde a acudido sola, su mujer, Ana Ruiz, para recibirle.

Llevan al enfermo a la casa de sus suegros en la calle Pureza número 35, en el sevillano barrio de Triana. Otro cuñado, Rafael Ruiz, médico, se esfuerza en atenderle pero ya es tarde y Antonio Machado y Alvarez fallece en brazos de su esposa, sin poder ver a sus hijos y padre por última vez, el día 4 de febrero de 1893.

Rápidamente se informó a sus amigos por el cuñado Rafael Ruiz. Así tuvo conocimiento Luis Montoto, Alejandro Guichot, Joaquín Sama y otros.

Fue enterrado el cinco de febreo en el Cementerio de San Fernando de Sevilla.

Su amigo y condiscípulo, Joaquín Sama, entonces profesor en la Institución Libre de Enseñanza, le dedicará en el Boletín, el primer artículo necrológico, envuelto de un sentido social, entrañable y humano :

«El día 4 de febrero, cuando era más vivo el dolor que nos causara la muerte de Doña Concepción Arenal, tuvimos el de perder también otra persona de las que más simpatizaban con la obra de la Institución, a D. Antonio Machado y Alvarez, muerto en Sevilla cuando volvía a Madrid para unirse con su familia, después de grave  enfermedad que le acometió a poco de llegar a Ponce en la isla de Puerto Rico. ……….. Era nuestro simpático colaborador, criatura bondadosa como pocas, afanoso por todo lo bueno, y de labor tan perseverante, que le permitía trabajar con lucidez y provecho en el edificio de la civilización y la regeneración de la patria y de la humanidad. … y cuando la fortuna parecía sonreírle allende los mares, dejó de existir… Bien puede recordarse aquí la copla que él recogió de boca del pueblo:

Cavando estaban su fosa

y dije al sepulturero:

«Para un corazón tan grande no

hay nicho en el cementerio».

Su esposa Ana Ruiz Hernandez falleció el 25 de febrero de 1939, 46 años más tarde en el pueblo francés de Collioure, en Francia, tres días después de fallecer, en el mismo lugar, su hijo Antonio Machado Ruiz, autor de la carta que en este trabajo comentamos. En Collioure siguen enterrados sus restos, junto a los de su hijo.

CERTIFICADO DE NACIMIENTO DE ANTONIO MACHADO Y ÁLVAREZ.

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