DATOS BIOGRÁFICOS DE MANUEL Y ANTONIO MACHADO, POR SU HERMANO PACO. (Francisco Machado Ruiz).

En la imagen de inicio de este artículo: Francisco Machado y su hija Leonor Machado.

Francisco Machado

Francisco Machado fue el hermano menor de Manuel y Antonio Machado. Nació en Madrid el 19 de febrero de 1885. Abogado, especializado en criminología fue seguidor de Concepción Arenal y defensor de aquellos intentos y procedimientos tendentes a rehabilitar e reinsertar a la población reclusa, a la par de mejorar sus condiciones de vida. Perteneció al Cuerpo de prisiones del Estado, siendo destinado a lo largo de su vida por varios centros de la península (Puerto de Santamaría, Cartagena, Toledo, León y Madrid). En 1932 fue nombrado Director de la nueva «Carcel de Mujeres» de Madrid, centro que inauguró después de ser nombrado para este cargo por Victoria Kent. Era de caracter amable y en cierto modo despistado, con frecuencia se olvidaba o «perdía» la cartera o el bastón, resultando que se lo devolvían a los pocos días con notas que venían a decir, mas o menos, que eran pareja o maridos de mujer recluida en la carcel de la que era director y que sabiendo su trato con las reclusas no habían dudado en devolvérle lo «encontrado». Durante unos años -1917 a 1928- estuvo destinado en la carcel de Toledo, en la que dejaba salir todos los día a un par de reclusos para que compraran el pan para la prisión, les daba el dinero, y siempre volvían. Creó pequeñas bibliotecas en los centro en los que estuvo trabajando, o poniendo a disposición de los freclusos algunos libros cuando no tenía medios para más alcance. En 1936 acompañó a su hermano Antonio Machado a Rocafort, (fue destinado a oficinas en Valencia). De Rocafort a Barcelona, para acabar en enero de 1939 en Francia. Regresó con su familia a España en el mismo 39, siendo, en principio, «expedientado y depurado en su trabajo», rehabilitado solo fue encargado en puestos administrativos en Madrid, siendo finalmente jubilado anticipadamente por «motivos de salud». En la decada de los cuarenta se reunía casi todas las tardes con su hermano Manuel y con Jacinto Benvente. Falleció en enero de 1950.

Durante toda su vida compaginó el derecho con actividades literarias, publicando en 1928 un libro de poesías titulado «Leyendas toledanas». Publicó muchas otras poesias, algunas de las cuales fueron publicadas en periódicos de la época, alcanzando una buena critica literaria. Se conserva, por sus herederos, una amplia colección de poemas, bajo el título de «Ráfagas de inquietud», de los que solo se han publicado una pequeña parte en edición de 2012 por Ediciones de la Torre, bajo el título de «Obras escogidas». Escribío muchas letras de canciones, más de un centenar, alcanzando algunas de ellas un importante exito en su momento, y varios libretos de obras de zarzuela, sainetes y teatro, curiosamente, guiones para el cine, en aquellos años de 1920 a 1930, sobre las leyendas toledanas por el publicadas en 1928. Reeditó este volumen de Leyendas en los años cuarenta, con la editorial Aguilar.

Siempre pensó que con dos hermanos escritores, que eran además grandísimos poetas, el «cupo» familiar estaba más que cubierto, siendo innecesario el aumentarlo, evitando el publicar la mayor parte de sus poesías. Como hemos indicado, 62 años después de su fallecimiento, su hija Leonor (que era la que en esa fecha seguía viviendo) y el resto de sus herederos, recopilaron y editaron el citado volumen de «Obras escogidas».

Ver entrada en este blog de 9 de marzo dd 2020

Datos biográficos de Manuel y Antonio Machado, por su hermano Paco.

La circunstancia e ser hermano e los poetas, el que escribe las presentes biografías, trae, como de la mano, la idea de hacer antes una presentación de tan gloriosos progenitores como Antonio Machaclo Núñez, catedrático de Ciencias Naturales y, más tarde, Rector en Sevilla y Gobernador en el Gobierno de Zugasti, encargado nada menos que de la represión del bandolerismo en Andalucía, y Cipriana Álvarez Durán, e ascendencia extremeña, nacida en Sevilla el 16 de septiembre de 1977, bautizada en la Capilla del Coto Doñana.

El primero fue catedrático de Moluscos y Zoofitos en la Universidad de Santiago de Compostela. Cipriana, persona bien acomodada, con bastantes medios económicos dimanantes de fincas rústicas y urbanas que disfrutaban sus padres, quienes celosos en el cumplimiento de sus deberes paternales, se preocuparon de darle una educación selecta, así como a sus otros hermanos, a quienes costearon largas e importantes carreras, tales como la de Ingeniero, la Abogacía, etc.

Tenía el padre de nuestra abuela Cipriana la teoría bastante acertada que toda persona adinerada debería poseer, además del título facultativo o técnico, e conocimiento de algún o oficio.

De las dos hermanas Álvarez Durán, una de ellas, llamada M.a Luisa, se dedicó a la música en tanto que Cipriana cultivaba el arte pictórico del cual dejó buen número de cuadros de gran estimación.

Vivían a la sazón en Santiago de Galicia, donde nació el padre de los héroes de nuestra biografía. Allí vio la luz primera el que fue sabio pensador, letrado como el que suscribe este modesto trabajo, y además licenciado en Filosofía y Letras.

Machado Núñez hubo de anticipar su viaje a Sevilla, el nuevo destino, para tomar posesión de la Rectoría en la Universidad Hispalense y dejar a su esposa que ya había dado a luz al hijo único de dicho matrimonio, para dar lugar a que la madre pudiera ponerse en camino.

El niño nació el 6 de abril de 1846, c/ Rua Nueva, 33.

      Pasados los años aquél niño se hace hombre, y el hombre tiene un amor, que con motivo de unas fiestas encuentra en Sevilla la posibilidad de la contemplación de una joven linda, toda ternura y encanto que subyuga al joven hasta e extremo de hacerla su compañera para toda la vida; se llamaba Ana Ruiz Hernández, nacida en Sevilla, bautizada el 28 de febrero de 1854 en la Iglesia más antigua ordenada construir por Alfonso X en en año 1276, de estilo gótico, e una conocida familia sevillana y se casan el 22 de mayo de 1873.

      El hijo único de que hablamos era nada menos que Antonio Machado y Álvarez, persona de tantísima cultura e inteligencia que su nombre era familiar en España y el extranjero, por su labor en el cultivo del Folk-lore (filosofía popular). En el que puso toda su alma vidente. Empleando el pseudónimo griego «Demófilo» (amigo del hombre).

  Antonio Machado y Alvarez, nuestro admirado y adorado padre, fue durante muchos años el redactor jefe y casi e único, de aquel periódico de la noche que se titulaba La Justicia, del que era director D. Nicolás Salmerón y Alonso, aquel coloso de la oratoria y de la filosofía, que tantas veces deleitó a los oyentes en todas partes y muy especialmente en la Tribuna Pública del Congreso, en el Aula austera de su Cátedra en la Universidad Central de Madrid. Ya hablaremos algo mas e su vida, al hacerlo de los dos hermanos Manuel y Antonio a quienes principalmente ha de reducirse a mirada retrospectiva del autor de este modesto trabajo.

De cómo la fortuna de los padres se iba agotando y como él, en conciencia sufría amargamente por ello, y a propio tiempo no lo podía evitar ya que la sucesión de hijos, llegó nada menos que al número de 10, de los cuales sólo perduraron hasta e año 1939, los cinco: Manuel, Antonio, José, Joaquín y el que os presenta este trabajo, llamado Francisco.

Los abuelos paternos fueron Antonio y Cipriana, de Cádiz y de Sevilla, y los abuelos maternos Rafael e Isabel de Sevilla y Totana (Murcia).

Sirvan los precedentes datos para determinar en algunos momentos, las correspondientes soluciones de continuidad y la explicación de la categoría noble e intelectual de los ascendientes inmediatos de los héroes del cuento.

Nacieron los dos niños Manuel y Antonio primeros del matrimonio Antonio Machado y Álvarez y Ana Ruiz Hernández, el uno en año 74 y once meses después el otro, Manuel, en la calle San pedro Mártir, nº 20, y Antonio en el palacio de las Dueñas construido en el siglo XV de los Duques de Alba, ambos en Sevilla, en una dependencia  donde solamente algunas familias podían ocupar.

Este fue el orden de su aparición en el Mundo.  

Los niños eran bastante enredadores aunque siempre con una cierta preferencia por los libros.

A Manuel no sabían qué darle para tenerle aunque feran unos momentos tranquilo y quieto, Antonio era mas reposado en el espíritu analítico de conocer hasta los más íntimos secretos del velocípedo y de los caballitos de madera y de cartón, que tan admirablemente canta, como se dice recordando a Verlaine:  Tournez, tournez,  chevauz de bois,

Pegasos, lindos pegasos,

caballitos de madera,

Yo conocí siendo niño

la alegría de dar vueltas

en un corcel colorado

en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento

chispeando las candelas,          

y en a noche azul ardía        

toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles

que cuestan una moneda         

de cobre, lindos pegasos.

Caballitos de madera!

Esta poesía admirable, como todas las suyas, tiene en la actualidad la inspirada música de Pedrell, si mal no recuerdo, de una armonía exquisita y de un sabor popular de suprema belleza.

Manuel, sin estudiar dibujo, tenía en él gran facilidad, pero escogió el camino de la Literatura en sus diversas manifestaciones.

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Ambos hermanos, dominaron cuatro idiomas y tuvieron conocimientos mas o menos extensos pero desde luego estimables de otras lenguas vivas y muertas.

      Coincidieron en no tener un buen oído, cosa que parece paradójica, que los dueños de las supremas armonías, en versos tan cadenciosos, no entonaran nunca canciones, que se ajustaran a los verdaderos tonos y valor de las notas musicales. No intentaron jamás, es verdad, educar el oído en e sentido estrictamente musical.

      En estos tiempos de juventud, nos referimos a los años 1900 y pocos, la intensidad de vida espiritual estaba absorbida por una serie de revistas, todas ellas muy interesantes donde colaboraban indistintamente los dos hermanos en la «Vida literaria» que fue como resultado de la transformación del célebre Madrid-Cómico.

      Son tiempos e modernismo representado por Rubén Darío (que Ortega y Gasset, le llamaba «El indio Divino»), Juan Ramón Jiménez, Valle-lnclán y los Machado, así como por Pío Baroja en a novela, y Azorín en el teatro, aun cuando su producción fuera calificada de exótica. Galdós conmueve el cotarro con su vibrante obra Electra, con cuyo nombre se tira una gran revista, en la que colaboran con gran brío y con toda la fuerza de su sangre moza los autores eximios que quedan citados, y que muy pronto hablarán de pasar a la categoría de «consagrados», por derecho propio. Basta decir sus nombres para comprobar lo que representa un Galdós y un Baroja en la novela, Ramiro de Maeztu y Unamuno en a sociología y los hermanos Machado en el campo de la literatura poética.

El número 9 de la calle Divino Pastor fue teatro principal de las reuniones de aquellos gloriosos artistas.

Era el hogar del compañero Villaespesa donde algunos ganaban el alma y otros la perdían. De aquella época debió ser el comentario que decía: “Caminito de la gloria el que no se cae, resbala”.

Los dos en efecto, siguen como es ley de vida, los propios derroteros.

Entre todos los devaneos sobresalen los más fundamentales. Manuel por nuestra prima Eulalia de Cáceres modelo de austeridad y primer sueño del verdadero amor de mozalbete, y Leonor por parte de Antonio, la niña encantadora de los 15 años. Ambas eran jóvenes y lindas.

La joven Leonor cayó enferma en París, después de casada con Antonio. La muerte no dejó de perseguirla hasta que pocos meses mas tarde, ya en su propia casa soriana, lanzaba el último suspiro. No hay que decir la tristeza desoladora que invadió a mi hermano Antonio, al extremo que hubiera dado buena cuenta del superviviente consorte.

La influencia que tiene e amor en la vida de todo individuo es imponderable, por eso en la vida de los dos fraternos poetas, lo que respecta a Antonio, la prematura muerte de su pareja, estuvo a dar en tierra con e vate glorioso hoy, de fama universal.

Gracias a los hermanos que consiguieron el traslado de Antonio a Baeza, donde la distancia y el recuerdo de Leonor y la ausencia, tenían que irse mitigando poco a poco y así fue: muy lentamente, pero todo ello unido al fondo espiritual de un admirable escritor de tan recias primaveras, no podía por menos de salvar las garras e la muerte.

Claro está que el recuerdo de la niña amada perdurará siempre, y, aún escribe poemas tan sentidos como estos.

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería

Oye otra vez, Dios mío mi corazón clamar.

Tu voluntad se hizo, Señor contra la mía.

Señor: ya estamos solos mi corazón y el mar.

Dice a esperanza un día

la verás si bien esperas

dice la desesperanza

solo tu amargura es ella

late corazón No todo

se lo ha tragado la tierra.

Allá en Ias tierras altas

por donde traza el Duero

su curva de Ballesta

en torno a Soria,

entre plomizos cerros

y manchas de raídos encinares

mi corazón está vagando en sueños.


¿No ves Leonor, los álamos del rio 

con sus ramajes yertos?

Mira el Moncayo azul y blanco;

dame tu mano y paseemos

Por estos campos de la tierra mía,

 bordados de olivares polvorientos,

 voy caminando solo.

 Triste, cansado, pensativo y viejo.

El gran poeta estuvo a punto de morir de pena y de tristeza infinita pero como digo y repito, el cambio de ambiente hizo lo primero que fue calmar un poco aquel dolor profundo y la Vida, que al cabo siempre es la Vida, hizo lo demás.              

Ausente Leonor pero nunca olvidada, Antonio ya en soledad la evocaba a través de sus escritos tanto en verso como en prosa, siguiendo sus filosóficas ideas del olvido, la ausencia y deI recuedo.

Se canta lo que se pierde

Alguna que otra vez acompañamos a nuestro poeta por las murallas de Baeza, donde fue destinado oportunamente, desde cuya altura se veía el río Guadalquivir y las elevadas montañas. Por las murallas íbamos hasta el arca del agua, remanso donde tomábamos asiento en la dura piedra y dábamos al fogoso cuerpo aquella agua fresca y cristalina.

Antonio canta a los campos de Baeza. Enseguida se hace cargo del embrujo de aquellos lugares, donde predominan las esencias campestres, la paz y tranquilidad  consiguientes.  Pasados los años, las sobrinas del poeta, han visitado Baeza, paseando  las murallas de aquellos lugares que guardan tantos recuerdos.

Antonio alterna Poesía con los estudios de Filosofía. Sobre todo, lee ávidamente a Bergson.

El poeta morirá con el nombre de Leonor en los labios cuando le llegó su día.  La guerra sorprendió al poeta muy delicado de salud, las intranquilidades por su duración, por su dureza, contribuyeron no poco en precipitar el desenlace, Manuel por su parte, sufrió también al príncipio de la guerra peligros mortales, que sin duda minaron también su corazón. Al fínal aquellas dos vidas paralelas, aunque se bifurcaron, habían llevado ritmos semejantes, solo variaron las circunstancias de uno y del otro en el momento de Ia muerte.

Manuel falleció en su domicilio de la calle Churruca n.0 15, el día19 de enero de .1947, en Madrid, y Antonio en Collioure, Francia, el 22 de febrero de 1939, Las últimas palabras que pronunció, fueron, ¡Adiós madre!

Al seguir citando la labor de ambos, empezando por Manuel al ser el mayor de los hermanos y, como primero en el tiempo, mejor en derecho, nos referimos a la maravillosa poesía «Adelfos», e su libro Alma. El gran maestro noble vasco don Miguel de Unamuno y sabio catedrático de la Universidad de Salamanca hizo del poeta Manuel Machado, la descripción más perfecta en la crítica al libro «Alma».

Lo propio ocurre con insuperable obra de Antonio, mago de la palabra, con tanta fuerza, llena e contenido. Se definió a sí mismo, diciéndonos en su «Retrato»: «Soy, en el buen sentido de la palabra bueno».

El 29 de octubre de 1919 nuestro poeta dicta su última lección en el Instituto de Baeza con motivo del traslado a Segovia. Se despide ya más integrado, prueba de ello sus versos:

Por estos campos de tierra mía,

bordados de olivares polvorientos,   

voy caminando solo, triste,       

cansado, pensativo y viejo.

Campo, campo, campo,     

entre los olivos                   

los cortijos blancos.

Sobre el olivar,          

se vio a la lechuza

volar y volar.

Campo de Baeza,

soñaré contigo

cuando no te vea,

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RETRATO

Mi infancia son recuerdos e un patio de Sevilla,  

y un huerto claro donde madura el limonero.     

Mi juventud, veinte años en tierra de Castilla:    

mi historia algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido

—ya conocéis mi torpe aliño indumentario——,  

mas recibí la flecha que me asignó cupido,            

y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, 

pero mi verso brota de manantial sereno; 

y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy,

en el buen sentido de la palabra bueno.

Adoro la hermosura, y en a moderna estética

corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

más no amo los afeites de la actual cosmética

ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera

mi verso, como deja el capitán su espada;

famosa por a mano viril que la blandiera,    

no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con eI hombre que siempre va conmigo

—-quien habla solo, espera hablar a Dios un día—,

soliloquio es plática con este buen amigo   

que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito

A mi trahajo acudo, con mi dinero pago  

el traje que me cubre y la mansión que habito,

 el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje, 

y esté al partir la nave que nunca ha de tomar,    

me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,    

asi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado

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ADELFOS

(Retrato)

Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron,

soy de la raza mora, vieja amiga del sol,  

que todo lo ganaron y todo lo perdieron.  

Tengo el alma del nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna  

en que era muy hermoso no pensar ni querer.  

Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna

De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos…  

 y la rosa simbólica de mi única pasión  

i aroma, ni forma, ni color.

Besos, ¡pero no darlos!. Gloria ¡la que me deben!

¡Que todo como un aura se venga para ml!

¡Que las olas me traigan y as olas me lleven,       

y jamás me obliguen e camino a elegir!

¡Ambición! No la tengo. ¡Amor!  No lo he sentido.

No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.

Un vago afán de arte tuve Ya lo he perdido.

Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.

No se ganan, se heredan, elegancia y blasón.

Pero el lema de casa, el mote del escudo,

Es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo, ni os odio. Con dejarme,

Lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí

¡Que la vida se tome la pena de matarme,                  

ya que yo no me tomo la pena de vivir!…

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna

En que era muy hermoso no pensar ni querer. ..  

 De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.

¡El beso generoso que no he de devolver!

                                                 Manuel Machado

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Francisco Machado

FINALMENTE, para terminar este trabajo reproducimos dos poemas de FRANCISCO MACHADO, conocidos: «El reloj de la carcel» y «A Concepción Arenal».

EL RELOJ DE LA CÁRCEL

Daniel Pineda Novo, «El otro Machado». Guadalquivir Ediciones, Sevilla 2006.

«y en versos heptasílabos y dos endecasílabos, el poeta concibe esta composición, que acusa la marcada influencia de la poesía de su hermano Antonio … En la desierta plaza, cubierta de una luz redonda, destaca el erecto reloj de la Cárcel, «con su campana vieja» ….Suenan las horas lentas, y sus tañidos lo llenan todo de una honda pena que penetra, que inunda hasta el corazón de los pobres reclusos… Quimeras, lúgubres sonidos, la armonía lenta, el eco ronco de un azadón en tierra… Palabras, frases, hondamente machadianas, con influencias de Bécquer… Bécquer y Antonio Machado se unen en este poema,,, Simbolismo y romanticismo; en verdad, Antonio Machado fue un romántico tardío, lo que asimiló su hermano Francisco»,

«Francisco Machado utiliza en el poema una retórica muy de su tiempo; ese lastre de postromanticismo, que también utilizó su hermano, aunque lo más noble del poema es que el autor se desborda en humanidad con los afligidos, con los que sufren en la Carcel, «donde el pobre recluso/pasa su vida muerta…»,

«emplea los procedimientos del auténtico romanticismo: muerte, silencio, sombras, tristezas, quimeras de las ciudades muertas, destacando la imagen exacta – visual y auditiva – del reloj. Imagen que inicia el poema y lo cierra…».

*****************

Mi madre, Leonor Machado Martínez, hija de Francisco Machado, me dice con total seguridad que este poema fue escrito en León en el año 1930, ciudad en la que en esas fechas estaba destinado su padre como director de la Prisión Provincial. Recuerda que la cárcel tenía la puerta principal en una plaza no muy grande y que encima de aquella un reloj sonaba al marcar las horas, «era el reloj de la cárcel».

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EL RELOJ DE LA CÁRCEL

Francisco Machado

Hay una luz redonda

en la plaza desierta,

el reloj de la Cárcel

con su campana vieja

…………………………………

Sus tañidos al viento

toda la plaza llenan.

Cuando suenan las horas,

parece que se quejan.

¡Corazón de la Cárcel!

¡Alba de la siniestra

mansión del infortunio

donde mora la pena!

¡Donde el pobre recluso

pasa la vida, muerta

contando el minuto

la intensidad inmensa!

¡Qué lentas van pasando

las horas de tristeza!

En el ambiente trágico,

flotan como quimeras –

brazos largos –

plegarias, que no alcanzan

y deseos de cosas

que no llegan.

………………………………..

El reloj de la Cárcel

con su campana vieja

cuando suena, parece

que llora o que se queja.

Y el lúgubre sonido

de su armonía lenta

semeja el eco ronco

de un azadón en tierra

……………………………….

Hay una luz redonda

en la plaza desierta,

el reloj de la cárcel

con su campana vieja.

*

A CONCEPCIÓN ARENAL

Enrique Sánchez Lubián, «El reloj de la Cárcel. Poesías y Leyendas Toledanas de Francisco Machado». Editor: d.b. Comunicación, Toledo 2005.

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«El 30 de enero de 1920, Francisco Machado, como subdirector de la Cárcel Provincial, tuvo una destacada intervención en los actos organizados en el presidio con motivo del centenario de Concepción Arenal. Esta socióloga y ensayista gallega dedicó toda su vida a la reforma social, especialmente en el ámbito penitenciario»,

«nuestro protagonista glosó la figura de la señora Arenal, su obra penitenciaria y la gratitud especialísima que merece de los penados. Seguidamente leyó a los penados una poesía dedicada a la persona de la gran impulsora de las reformas penitenciarias. La poesía fue recogida puntualmente en las páginas de El Castellano, El Eco Toledano, y la revista Toledo. En la primera publicación se presentaba a Francisco como hermano del exquisito literato D. Manuel y del gran poeta y catedrático D. Antonio, mientras que en la segunda se destacaba que la lectura de los versos había sido magistral»,

«Las crónicas de la celebración dan cuenta del resto de actos celebrados con motivo del centenario, incluidos discursos del capellán penitenciario, don Leopoldo Gutiérrez Canales, quien glosó una de las Cartas a las delincuentes de Concepción Arenal,………. Los actos concluyeron con un almuerzo con las autoridades. La comida se celebró en el patio del establecimiento….»

«En El Castellano se decía que al abandonar la prisión los periodistas los infelices reclusos continuaban su yantar, muy animosos, muy contentos, por virtud de ese generoso aforismo de «Odia el delito y compadece al delincuente», que tan magistralmente practicó, ampliándolo sentimental y científicamente la insigne Concepción Arenal».

«Nota 39: …. En noviembre de 1949, Francisco Machado volvió a publicar esta poesía en el samanário gráfico Fotos».

Con motivo de este mismo centenario Manuel Machado también dedicó una poesía a Concepción Arenal:

A CONCEPCIÓN ARENAL

(Manuel Machado)

…..

Porque fue buena y comprendió …

Porque su cuerpo fue leña

que su alma clara consumió

con una llama hogareña …

Porque negaba la maldad

y sabía la muerte impotente …

Porque alcanzó la bondad

del corazón y de la mente …

Porque tuvo al dolor cariño.

Porque en el hombre veía al niño …

Porque hizo el perdón fatal …

Porque endulzó las penitencias …

Porque iluminó las conciencias …

Es santa Concepción Arenal.

……

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A CONCEPCIÓN ARENAL

con motivo de su centenario

(Francisco Machado)

*

Concepción Arenal, España entera

canta en loor de tu bendita gloria,

tu fama de mujer, santa y austera

habrá de perdurar en nuestra Historia.

Rayo de sol entre las sombras fuiste

consuelo del enfermo dolorido:

la amarga queja del dolor oíste

del pobre delincuente arrepentido,

y a escuchar te aprestaste diligente.

Procurando vivir junto a la vida

de la insaciable y la perduta gente;

viendo manar la sangre de la herida,

hiciste del Dolor tu santuario.

¡Oh, mujer inmortal, santa y asceta!

Por eso al celebrar tu Centenario,

al lado del Dolor, canta el poeta.

No has muerto, no, tu espíritu preside

esta fiesta solemne y religiosa

y en el alma de todos hoy reside

la tuya, triunfadora y generosa.

Concepción Arenal, al saludarte

y cantar con afán tu excelsa gloria,

esta composición quiero dejarte

en prueba del amor a tu memoria.

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