ANTONIO MACHADO. Óleo pintado por su abuela CIPRIANA ÁLVAREZ DURÁN. 1879. (Antonio Machado con cuatro años).

Cipriana Álvarez Durán
Cipriana Alvarez Duran

Óleo pintado por CIPRIANA ÁLVAREZ DURÁN. 1879.

Ana Ruiz acompañada de su hijo Antonio Machado y del hijo recién nacido José, en brazos.

Propiedad de José Ruiz Treviño

Antonio Machado Ruiz

No cabe duda que es un gran hallazgo este óleo en el que uno de los personajes es Antonio Machado con cuatro años. Es la primera imagen que de él tenemos.

Autor: Cipriana Álvarez Durán, firmado CAD de Machado 1879.

Como saben, la abuela paterna y esposa de Antonio Machado Núñez, Cipriana Álvarez Durán, era una mujer de amplia cultura, destacando tanto en las investigaciones sobre literatura popular como en el  arte pictórico.

Toda su familia era extremeña, de Zafra y de un pueblo cercano, Puebla del Maestre. Zafra por parte del padre y Puebla del Maestre por parte materna. La primera la podríamos llamar la familia Alvarez Guerra, la segunda Durán y de Vicente Yañez (realmente debiera llamarse Gato Durán, pero dejaremos esto para otra ocasión).

Ambas familias disponían de una inmejorable situación económica y tuvieron, como uno de los elementos básicos en su forma de ser, un decidido interés por la cultura, especialmente en relacion con los conocimientos artísticos, literarios y filosóficos, la cultura en su más amplia concepción. Sus actividades cotidianas estuvieron frecuentemente vinculadas a la política, y entre sus amistades encontramos a los más conocidos personajes de sus épocas.

Entre los Alvarez Guerra destacamos al abuelo de Cipriana, Francisco Alvarez, experto agrónomo y especialista en los cultivos del olivo y de la vid, que sin salir de Zafra publicaba sobre estos temas en revistas española y de allende las fronteras, a su tío Juan Alvarez Guerra, dos veces ministro de Fernando VII, en los periodos liberales, y encarcelado por dicho monarca por liberal, doceañista y evidentemente por ser contrario a las posiciones absolutistas (fue encarcelado y enviado a prisión en Ceuta con Arguelles, Martinez de la Rosa, Quintana y muchos de sus amigos liberales en mayo de 1814, cuando el regreso a España del Rey y el Manifiesto de los persas), autor de importantes trabajos sobre agricultura y del que, publicado en 1805, años después fue utilizado por su amigo Juan Álvarez de Mendizabal como base de su famosa desamortización, y al hermano mayor de Cipriana, Francisco Álvarez Durán, autor de tres extraordinarias novelas que, por su temática reveladora de corrupciones en las altas instituciones del estado, fueron criticadas y minusvaloradas en su época. Junto a estos otro Juan Álvarez Guerra, Castellano de segundo apellido, también parlamentario, que escribió tres excelentes novelas/libros de viajes sobre las Islas Filipinas, escritas en 1872 cuando ejercía de magistrado en Manila. Y por supuesto José Álvarez Guerra, padre de Cipriana y bisabuelo materno de nuestro poetas, que escribió un amplio y extenso tratado y sistema filosófico, antecedente del Krausismo y del socialismo utópico.

Entre los Durán y de Vicente Yáñez destacar a Don Agustín Durán, autor de las más importantes recopilaciones del romancero español, amén de varios trabajos literarios propios, y a un hermano de éste, Luis María Durán y de Vicente Yáñez, pintor, ebanista y aquél ganadero al que le correspondió la gloria de ser quien se le ocurrió instalar la primera caseta en la famosa Feria de Sevilla, allá por el año 1850.

En este ambiente cultural creció Cipriana Álvarez Durán, que además de realizar varias exposiciones de sus obras pictóricas en Sevilla, fue reconocida como una muy buena copista de Murillo. Muchas referencias quedan en diarios y revistas de estos hechos; más de una docena de sus cuadros se conservan en la familia, además de otro número de obras semejante que hoy está repartida entre varios propietarios.

Y contada esta breve introducción de la autora del óleo, tengo que decir que la reproducción del cuadro en esta página la debo a su actual propietario, D. José Ruiz Treviño, bisnieto de un hermano de Ana Ruiz Hernandez, madre de Antonio Machado, que gentilmente me ha autorizado a publicarlo en esta página. Gracias José.

Antonio Machado y su hermano José

Ana Ruiz Hernandez

José Machado Ruiz.

El óleo representa a Ana Ruiz Hernández, en 1879, con su recién nacido hijo José, acompañado de su segundo hijo, Antonio, que contaba con cuatro años.

El cuadro esta firmado C.A.D. de Machado 1879, y casi con seguridad estuvo en casa de su único hijo Antonio Machado Álvarez y su esposa Ana Ruiz Hernandez, hasta que éstos se lo regalaron a su sobrina Soledad Ruiz Solí, conocida familiarmente como Solita, con ocasión de la boda de ésta. Sabemos que entre esta mujer, Soledad Ruiz Solí, Solita, y su tía Ana y sus primos, hubo una gran relación, siendo frecuentes los viajes de Solita a Madrid, a la calle de General Arrando nº 4, que era el domicilio familiar de los Machado Ruiz. Mi madre, Leonor Machado Martínez, hija de Francisco, el menor de los hermanos Machado Ruiz, la recuerda de cuando ella tenía unos doce años, 1936, y Solita unos 22 en las mismas fechas, en aquella vivienda madrileña.

Sin más, por ahora, reproducimos este óleo, en el que podemos ver la imagen más joven, conocida hasta la fecha, de Antonio Machado, acompañado de su madre y de su hermano José. Curioso que fuera estos tres, mas la que luego fuera la esposa de José, los que estuvieran en Collioure aquél mes de febrero de 1939 en el que murieron, primero Antonio Machado el día 22 y tres días después su madre Ana Ruiz.

Ambos siguen, en su definitivo descanso, en tierras de este pueblo francés, junto al mar.

MANUEL MACHADO: «Manuel Machado y su peregrinaje a Eleusis», por Laura Quadrelli. (2006).

MANUEL MACHADO : «ELEUSIS».

Manuel Machado
y su peregrinaje a Eleusis
Laura Quadrelli

…el mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento
que ha tenido lugar en el tiempo primordial,
el tiempo fabuloso de los “comienzos”.i

El espíritu del hombre moderno, escindido y desgarrado, descubre el poder de su yo interior, de su propio pensamiento con el que pretende suplantar la pérdida de sus certezas. Muchas son las criaturas atormentadas por una crisis desalentadora, una crisis de la propia creencia y, naturalmente, de fe.

Esta crisis profunda, manifestada claramente hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, desde Nietzsche en adelante, pasando por Weber y Pareto,ii expresó la pérdida de todo valor trascendente que se llevó consigo también la validez de la razón. La metafísica occidental entra en crisis, una crisis de realidad y de racionalidad que enunció su notoria intensidad en el derrumbe de una estructura sostenida por siglos. La ostensible irracionalidad del mundo, la falta de certidumbres y las restricciones de los postulados científicos se hicieron frecuentes en las argumentaciones de la época, pues la misma supremacía del espíritu científico que la caracteriza es anuncio de su inmediata decadencia.iii

Es evidente que esta propuesta de explicar científicamente los orígenes y el lugar del hombre en el universo producirá un vacío que se verá traducido, en la obra de muchos poetas, en una solitaria y desesperada búsqueda hacia el interior del mismo hombre y, en muchos casos, en un pasado “incontaminado” que se les presenta como un manantial inagotable de motivos y creencias donde cultivar el espíritu.

Manuel Machado, poeta inmerso en la turbulencia de los cambios finiseculares, hereda los dogmas paternos de las demostraciones de los orígenes no divinos del hombre y de sus análisis antropológicos del mito y de la sociedad.iv Pero semejante instrucción no lo llevó a contribuir aun más con la explicación científica del hombre, sino a condensar, en sus primeros trabajos, las consecuencias emocionales de lo ya asimilado.v En 1902 ve la luz Alma,vi su primer poemario juvenil, y la segunda sección del libro —profundamente simbolista y misteriosa— se titula “Estatuas de sombra”, pero curiosamente, el poema con el que Machado inicia su camino profundo hacia las veladas e inmóviles figuras del pasado es “Eleusis”, título en clave que alude, en clara correspondencia con los misterios iniciáticos eleusinos, a sus inaugurales experiencias de poeta. Tanto el nombre dado al apartado como al poema preliminar, constituyen una especie de hermetismo aun para el lector actual, evidenciándose cómo el poeta, análogamente al carácter esotérico original de los ritos antiguos, también obstaculiza toda sugerencia que pueda develar el enigma que habita en el interior del mismo hombre.

En estado de semitrance, el poeta aspira un “retorno al origen”vii por los sombríos caminos del tiempo. Se escinde y permite que su alma inicie el simbólico peregrinaje sin descansoviii hacia las más primitivas de las civilizaciones, a la fuente prerracional del hombre y de la cultura a través de los negros e indefinidos bosques del sueño:

Se perdió en las vagas
selvas de un ensueño,
y sólo de espaldas
la vi desde lejos…
Como una caricia
dorada, el cabello,
tendido, sus hombros
cubría. Y al verlo,
siguiola mi alma
y fuese muy lejos,
dejándome solo,
no sé si dormido despierto.ix

Sugestiva y misteriosa visión hipnótica de una figura femenina; tal vez se trate de Deméter en busca de Perséfone, el poeta no la describe, sólo nos la sugiere a partir de sus dorados cabellos que cubren parte de su etéreo cuerpo. Esta imagen vivificada cuenta con una larga trayectoria; es símbolo y fetiche tradicional de la sensualidad femenina en todos los tiempos y escrituras, ambiguo amuleto que encanta a la vez que se evade:

Pasamos… Mi alma
tras ella corriendo,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.

La atracción que ejerce este éxtasis mítico es utilizado por Machado como un símbolo homogéneo del artista frente a la inseguridad perturbadora y a la fugaz disolución en el vacío que produce el arte moderno, pero supone también el riesgo de un vía de perfección que conduce hacia el abismo donde lo divino y lo demoníaco, el amor y la muerte, Dionisos y Apolo, la percepción y la destrucción del yo, tiene unos dominios y limites comunes que hay que afrontar como franco portal hacia las emociones de lo desconocido.

Fascinado aún por la fugaz visión de la furtiva diosa,x su retroceso no se detiene, continúa desandando el tiempo a través de las verdes llanuras jónicas:

Se fue hasta las verdes
llanuras de Jonia; y el templo
cruzó de Partenes.
Del mármol eterno
dejó las regiones…
Y se fue más lejos
con mi alma, dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.

En este ensueño retrospectivo el poeta —“servidor dionisiaco” diría Nietzsche— observa cómo su alma es arrastrada en pos de “la bella apariencia” que también va a contramano del tiempo, desandando edades y siglos haciéndolo transitar, en sólo un instante, por la Edad Media, por la Grecia clásica, por los imperios orientales y los tiempos prehistóricos donde intenta alcanzar lo inalcanzable en su anhelo de fusión con esa imagen ideal, en una permanente oscilación entre la angustia y el deseo de trascenderse:

Oro y negras piedras,
y muros inmensos,
y tumbas enormes
—sepulcro de un pueblo
que mira hacia Oriente
con sus ojos muertos—.
Siguió… Y arrastraba
mi alma más lejos,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.

Y ya en este tramo final de la simbólica y fugaz peregrinación de su alma, la velada visión del Enigma humano se pierde en el oscuro caos primordial, origen de las cosas, donde no le es permitido ingresar: Y arrastraba / mi alma más lejos, / dejándome solo… Luego, ya de regreso, nos deja las últimas imágenes de un ayer experimentado, testigo dormido sobre “tumbas enormes”, símbolo de fragmentos y escombros de religiones muertas:

Siguió; entre menhires
pasamos, y horrendos
despojos de fieras…
Siguió; y a lo lejos
perdiose en las selvas
oscuras del sueño,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.

A lo largo de todo el poema, se mantiene latente y sin posible resolución la ambivalencia en la atracción que ejerce sobre el sujeto lírico esa “figura” sugestiva, cautivadora y potencial transformadora hacia un nuevo estado. Esta permanente vaguedad, sumada a la falta de un claro desenlace, produce el efecto de penetrar aun más en la gran incógnita humana planteada por el poeta. El ir en pos de una presencia enigmática, de una imagen ideal es sed de vida y también sed de conocimiento; pero curiosamente, en este peregrinaje onírico sólo se vislumbra una tenue luz en los umbrales de Thánatos, luego todo vuelve a ser sombra.

Sostiene Mircea Eliade que algunos mitos y los ritos iniciáticos del regresus ad uterum simbólicamente representan la preparación para el “renacer” del hombre. Una especie de “retorno al génesis” que repite el acto del nacimiento en el orden espiritual permitiéndole al iniciado acceder a una nueva y superior manera de existencia. Esto refleja tal vez con más claridad que, como sostiene Eliade, en momentos de crisis total, cuando el hombre se ha perdido en las sombras de la irreligiosidad, la única ilusión que lo sostiene es la “esperanza de recomenzar”; la aspiración de una nueva existencia, regenerada, pletórica y significativa, pero concretamente, donde la muerte cumple una función positiva: la preparación de un “nuevo nacimiento espiritual”.xi

En “Eleusis”, Manuel Machado recrea simbólicamente la esfera propicia para un iniciado en los saberes recónditos, místicos y teosóficos, tan calificados en el arte y en las letras finiseculares como conjunto heterogéneo de enseñanzas arcanas que constituía más un síntoma de la pérdida de toda referencia y, consecuentemente, una aspiración inconcreta hacia otra realidad, que a una verdadera respuesta a la desorientación provocada por la modernidad. Este “renovado” interés por los misterios arcanos, como una expresión más de la atracción general que el romanticismo desencadenó hacia todo tipo de saberes esotéricos y ritos de trascendencia, paganos o cristianos, había tenido un largo cultivo durante todo el siglo XIX, especialmente manifestado en sus últimas décadas. Tal vez la máxima referencia fue “la llamada de los misterios eleusinos” que Friedrich Nietzsche hacía en un párrafo muy significativo de El nacimiento de la tragedia de 1872:

El barro más noble, el mármol más precioso son aquí amasados y tallados, el ser humano, y a los golpes de cincel del artista dionisiaco de los mundos resuena la llamada de los misterios eleusinos: “¿Os postráis, millones? ¿Presientes tú al creador; oh mundo?”.xii

En la elección del tema del peregrinaje onírico, el poeta actualiza y reaviva una larga tradición romántica de ir en pos de una figura cautivadora: madre o hija, esposa o hermana, enemiga o benefactora; musa concebida intuitivamente como una “estatua de sombra”. Símbolo trascendente del ideal donde el poeta moderno proyecta su actual desgarro y confusión espiritual, su más íntimo anhelo de otredad; develar, a través de su otro yo, los grandes enigmas del hombre sin fe en su reino interior.

El poeta se nutre de un pasado mitológico valiéndose de la diosa Deméter y del ritual eleusino de iniciación que, obviamente, no trata de repetir el modelo de una renovación cósmica, puesto que ya no desempeña una función ontológica, pero sí plenamente cargada de significados e eminentemente simbolista: el mito es la materia con la que se construye el símbolo, fenómeno frecuente en la poesía de todos los tiempos. Sostiene Eliade que “El mito es una realidad cultural extremadamente compleja, que se puede abordar e interpretar en perspectivas múltiples y complementarias (…) el mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos”.xiii

La composición de Manuel Machado traza un peregrinaje simbólico emulando el regreso primordial, un descenso hacia lo más hondo y secreto de sí mismo que comporta la pérdida de la conciencia y de todo condicionamiento o circunstancia humana —histórica, cultural, social o sentimental— en un anulador ensueño, viaje de desposesión que transfigura la propia esencia del sujeto antes de fundirla con lo Uno absoluto.

Notas

Mircea Eliade (1998), “Ensayo de una definición del mito”, en Aspectos del mito. Editorial Paidós Ibérica, S. A., Buenos Aires, p. 16.
Max Weber fue uno de los fundadores de la sociología moderna; sus primeros trabajos estaban relacionados a la sociología industrial, pero son más conocidos los últimos trabajos sobre sociología de la religión y sociología del gobierno. Ver su ensayo La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Traducción José Chávez Martínez, 9ª edición, 1991. Premia Editora S. A., México, Vol. I, pp. 1-206.
Luis Diez Del Corral (1954), “La tragedia griega según Nietzsche”, en La función del mito clásico en la literatura contemporánea. Editorial Gredos, S.A., Madrid, 189.
Ver el trabajo de J. G. Brotherston “Manuel Machado y Álvarez and Positivism”, Bulletin of Hispanic Studies (Liverpool), XLI, núm. 4, 223-229. Antonio Machado y Álvarez padre, fue uno de los pocos intelectuales del siglo XIX español en adherir al desarrollo científico en el extranjero, y sostuvo su urgente aplicación en la sociedad española inclinando su postura hacia un determinismo científico intransigente.
“Eleusis” hace referencia a los Misterios Mayores griegos celebrados en el santuario de Deméter situado en la ciudad homónima, ubicada cerca de Atenas. Estos ritos dionisíacos eran célebres en la Grecia clásica, y de todos los rituales religiosos este era el de más importancia y renombre; así como Delfos era considerado el centro político y adivinatorio de Grecia, Eleusis era su centro religioso y místico.
Alma, su primer poemario, durante algún tiempo llevó el título provisional del apartado: “Estatuas de sombra”.
Ver Mircea Eliade, “Técnicas tradicionales del ‘retorno hacia atrás’ ” Op. Cit., pp. 74-78.
Dentro del catolicismo cultural de Machado, el peregrinaje a “Eleusis” guarda similitud con el expresado por Rubén Darío en “Divagación”. Ver Poesías completas, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1987, Vol. II.
Manuel Machado (2000), “Eleusis”, en Alma Caprichos El mal poema. Editorial Castalia, S. A., Madrid, pp. 137-38.
Deméter y Perséfone, Ceres y Proserpina para los romanos, son las diosas gemelas percibidas como madre e hija, representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y emergencia cíclica. Los Misterios de Eleusis, o Misterios Mayores que celebraban estas diosas, eran ritos de pasaje destinados a personas adultas que proporcionaron un espacio sagrado para vivenciar nuevos estados de conciencia y una percepción de la vida que surge de la muerte.
Ver Mircea Eliade (1989), Iniciaciones místicas. Editorial Taurus S.A., España, p. 37.
Friedrich Nietzsche (1995), El nacimiento de la tragedia. Alianza Editorial, S. A., Buenos Aires, p. 45.
Mircea Eliade (1998), “Ensayo de una definición del mito”, en Aspectos del mito. Editorial Paidós Ibérica, S.A., Buenos Aires, p. 16.

Bibliografía

Alarcón Sierra, Rafael (1999), Entre el modernismo y la modernidad: la poesía de Manuel Machado (Alma y Caprichos). Edición: Diputación de Sevilla, Área de Cultura y Deportes, España.
Diel, Paul (1998), El simbolismo en la mitología griega. Editorial Universitaria Idea Books, S. A., traducción de A. Díez, España.
Diez del Corral, Luis (1957), La función del mito clásico en la literatura contemporánea. Editorial Gredos, S.A., Madrid.
Eliade, Mircea (1998), Aspectos del mito. Editorial Paidós Ibérica, S.A., Buenos Aires.
— (1989), Iniciaciones místicas. Editorial Taurus, S.A., España.
Grimal, Pierre (1981), Diccionario de mitología griega y romana. Editorial Paidós SAICF, traducción de Francisco Payarols, Buenos Aires.
Highet, Gilbert (1954), La tradición clásica: influencias griegas y romanas en la literatura occidental. II vols., Fondo de Cultura Económica, México.
Machado, Manuel (1967), Alma. Apolo. Estudio y edición de Alfredo Carballo Picazo, Editores Alcalá, Madrid.
Monneyron, Frédéric y Thomas, Joël (2002), Mitos y literatura. Ediciones Nueva Visión, traducción de Emilio Bernini, Buenos Aires.
Nietzsche, Friedrich (1995), El nacimiento de la tragedia. Alianza Editorial, S.A., traducción Andrés Sánchez Pascual, Buenos Aires-Madrid.

MANUEL MACHADO, París y la pintura.

Artículo publicado el 13 de junio de 2012 por su autor P. DELGADO, siendo su correo poemasdelpurgatorio@gmail.com

© P. Delgado Se permite usar los poemas y textos siempre que se cite a su autor y/o pintura

Manuel Machado, París y la pintura.

1. Manuel Machado y sus tres estadías interseculares parisinas

Un anuncio publicitario en 1905 afirmaba sobre Manuel Machado que era “el Verlaine español”1, y no andaban mal encaminados los publicistas con tal afirmación. Manuel Machado más que su hermano tuvo una grandísima filiación por París y la literatura proveniente de allende los Pirineos. Tres fueron las principales estadías de Manuel Machado en la vieja Lutecia durante su etapa modernista:

En la primera, entre marzo de 1899 y diciembre de 1900, trabajó como corresponsal del periódico El País; en esa primera visita embeberá las principales corrientes líricas que por tales años interseculares bullían esplendentes por las tertulias de la capital francesa. Allí, por inmediación de Gómez Carrillo —el más grande cronista de la bohemia parisién en lengua hispana — alquiló una habitación en el hotel Médicis —frecuentado en su día por Verlaine— donde vivirá con su hermano llegado en junio de ese mismo año. Los Machado establecerán entonces relaciones con personajes de la talla de Alejandro Sawa, uno de los pocos españoles que trataron directamente al Fauno; Pío Baroja que por aquellos años todavía no renegaba de la vida bohemia; el poeta Jean Moréas2, con el cual Manuel llegaría a trabar muy buena relación; y el gran prócer del esteticismo finisecular Oscar Wilde, del que recogerá en una crónica3 para El País una interesante anécdota al respecto de” la joya maldita” que adornaba su anillo.

En octubre retornó Antonio a España, pero Manuel por contra, ebriosa su alma de los luceros parisinos, continuó por la capital en una residencia de Montmartre donde se prodigarían otras conspicuas plumas como las de Rubén Darío o Amado Nervo4 entre otros. Y es que para 1900 se celebró la admirada Exposición Universal que sirvió de escaparate para los nuevos inventos de la ciencia que atrajeron las miradas de todo el mundo conocido.

Machado por entonces también trabajó para la editorial Garnier como traductor, y será así, en ese contexto parisino, lírico y moderno, cuando en los últimos meses de su estadía el poeta comienza a escribir los primeros versos de Alma.

A su regreso M. Machado junto con su hermano, F. Villaespesa y poco después J. R. Jiménez desempeñarán las tareas de heraldos y muñidores de las nuevas corrientes estéticas. En 1901 fundarán la revista Electra, escaparate de la gente nueva donde se irán publicando algunos de los poemas que formarán, finalmente, parte de Alma. Su primera edición salió a comienzos de 1902 y allí fluirán con gran derroche muchas de las sutilezas poéticas y afrancesadas aprendidas. Ejemplo de ello son los poemas con títulos tan esclarecedores como Versailles o Figulinas.

En abril de 1902, poco después de la publicación de Alma,Manuel Machado vuelve a París con su hermano, continua su relación con Gómez Carrillo, el cual ya había prologado su traducción de Fiestas Galantes. Poco después llegarán los otros hermanos: José y Ricardo, todos juntos parece que corrieron buenas andanzas de bohemios, su hermano Antonio, por ejemplo, incluso llegará a ser expulsado de la embajada guatemalteca por el propio Carrillo debido a su estrafalaria vestimenta. Y es que en esto de vestimentas parece que Antonio debía ser algo descuidado. Cansinos-Assens uno de los más acertados memorialistas de la bohemia española decía de él en su obra Novela de un literato:

Manuel, efusivo, ligero, chispeante, andaluz, pizpireto; Antonio, serio, ensimismado, meditabundo, lacónico como un espartano, descuidado en su atuendo, con manchas de ceniza y alcohol en su traje viejo y raído.

Curiosa descripción que dice mucho del poeta intimista que era Antonio.

Aún tendrá tiempo Manuel Machado de volver a París entre 1908 y 1909, pero esta vez solo, su hermano trabajaba por entonces como profesor de francés en Soria, y se hallaba inmerso en plenas cortejeces hacia la núbil Leonor Izquierdo. Hay que decir que para Manuel Machado, el París de 1909, ya no será el de 1899, en esa tercera estadía vagará más solo que acompañado por París, los años locos de juventud habían pasado, y de los viejos compañeros de andanzas pocos quedaban.

En esta situación se mantendrá el poeta realizando varias traducciones para la editorial Garnier y dejando correr el tiempo una y otra vez entre las maravillas expositivas del Louvre.

Finalmente, consumido por el hastío bohemio y el esplín de un París que ya no era el suyo, vuelve a España para desempeñar cargos no menos inestables, por ejemplo, como el de secretario de Rubén Darío en la embajada de su país. Fruto de este hartazgo vital y consciente del fin de una época: su época, saldrá el celebérrimo El mal poema
Unn año después publicará Apolo. Museo pictórico (1911) donde recoge toda una suerte de sonetos parnasiano-simbolistas, que rinden homenaje a diferentes obras maestras de la pintura.

Manuel Machado se acabará casando en 1910, cuando el modernismo empezaba a dar muestras claras de agotamiento, y cuando el espíritu inquieto del vate mostraba también los pródomos del cansancio. A partir de esos años la quietud y estabilidad serán su preferencia. En 1912, conseguirá aprobar un plaza en el Cuerpo Facultativo de Archivero, Bibliotecarios y Arqueólogos; y por otro lado continuarán sus colaboraciones periodísticas en títulos de prensa como La Libertad o El Liberal, llegando incluso a desarrollar una prolija obra dramática en colaboración con su hermano, aunque todo esto corresponde a otros capítulos que no nos toca relatar aquí pues otros vendrán y cantarán mejor5.

Recopilando para lo que nos trae aquí el asunto, Manuel Machado trajo de París para sí, un peculiar matiz verleiniano que hoy se puede rastrear en Alma y Caprichos respectivamente. También el uso de versos cortos, rimas internas, vagas y atonales así como unas temáticas sacadas de “La comedia del arte” Ejemplo: Patomima, Pierrot o Arlequín; o del ambiente versallesco y la pintura, ejemplos: Watteau en Figulinas, Versailles, etc. 

Gilles, personaje de La comedia del arte, A. Watteau

Veamos algunos ejemplos:

Pierrot y Arlequín,
       mirándose sin
       rencores,
       después de cenar,
       pusiéronse a hablar
       de amores.

Pierrot y Arlequín, Caprichos (1905)

Ha llamado a mi puerta

el Carnaval, vestido

de Pierrot. “Está abierta

mi puerta. Pasa…” Y ante mí, aterido

blanca la faz de harina

las manos exangües, ha caído

muerto el pobre Pierrot. ¿Y Colombina?

Colombina… se ha ido.

Escena última, Caprichos (1905) 

2. Manuel Machado y la pintura.

2.1 Los orígenes de la sensibilidad.

Manuel Machado fue uno de los poetas modernistas que mejor, y con más ahínco, supieron tratar el mundo de la pintura a través de las Letras. En el apartado anterior nos referimos a París como uno de los principales focos que iluminó al bardo para configurar su propio bagaje intelectual. Pero no fue solo la influencia de París, con sus efluvios simbolistas y parnasianos, quien configuró el intelecto del tañedor hispano. El contacto de Manuel Machado y sus hermanos con las Bellas Artes era atávico. No andaríamos desacertados imaginando a los pequeños Machado saciando su sed con los prodigosos búcaros de Atenea y las nueve musas para mayor gloria de nuestras artes y letras.

Y es que la atracción de la familia Machado por la cultura venía ya de lejos, su padre, Antonio Machado Álvarez fue un importante folclorista que recogió y estudió la lírica tradicional española; por otro lado su abuela paterna fue una respetada pintora —entre otras cosas— de la época isabelina. Tampoco podemos olvidar que uno de los hermanos, José Machado, dedicó los esfuerzos a blandir sus pinceles contra los lienzos. Por así decirlo, el ambiente familiar en el que creció Manuel era tan propicio culturalmente hablando, que de una u otra forma, la pintura formó parte fundamental de su desarrollo.

Hay un tercer factor que no puede obviarse para comprender la intelectualía machadiana: y es la influencia del Krausismo a través de la Institución de Libre Enseñanza6. Fue alumno de esta escuela entre 1883 y 1889, y además, esa institución colaboró en su día con el padre en sus estudios de folclorismo. Así, una formación pedagógica y liberal que fomentaba el aprendizaje directo, evitando en todo lo posible la mera absorción de datos por medio de excursiones al campo, museos, etc., terminó de moldear el abierto intelecto de Manuel Machado y sus hermanos.

2.2 Las formas pictóricas modernistas.

La ideas de la poesía hermanada con la pintura no era invento del siglo XIX, varios siglos de tradición corrían sobre sus espaldas. Pues desde la época de los antiguos clásicos estas habían sido declamadas: el poeta Símónides de Ceos (s VI/V a.C) decía al respecto.

«La pintura es poesía silenciosa, y la poesía es pintar con el regalo de la palabra»

Otros como Horacio (s. I a.C) o el propio Leonardo da Vinci (s. XVI) también recogieron frases semejantes.

“Como la pintura, así es la poesía: una te cautivará más cuanto más cerca estés de ella, y otra cuanto más lejos te encuentres; ésta requiere ser vista en la oscuridad, aquellaotra a plena luz, pues no teme el examen penetrante del crítico; ésta gustó una sola vez, aquélla, aun diez veces vista, seguirá gustando” Horacio

Lo que pasó entonces es que la vieja creencia en la fusión de las Bellas Artes fue recogida por el modernismo, que la desarrolló y quizás amplió hasta límites insospechados, usando para ello las herramientas que proporcionaron el simbolismo, impresionismo y prerrafaelismo.

Veamos ahora las principales corrientes pictórico-literarias que sirvieron a los poetas en su mímesis:

El impresionismo: El poeta pinta la naturaleza, pinta el exterior, pero no de forma realista, se representa una naturaleza filtrada a través de los sentidos, la captación de matices llega por los estímulos que el paisaje ha producido. En ocasiones la utilización de sinestesias, de versos cortos y repetitivos, del uso de metáforas, anáforas, aliteraciones, etc, actúan a imitación de esas pinceladas cortas y repetitivas que se dieron tantas veces en las pinturas de los impresionistas.

Alma son de mis cantares,

tus hechizos…

Besos, besos

a millares. Y en tus rizos,

besos, besos a millares.

¡Siempre amores! ¡Nunca amor!

Encajes, Alma (1902)

Es la mañana

el sol está

nácar y grana—

peinado ya.

Y el campo, ahora,

dora y colora.

Su oro deslíe

en el azul.

El río ríe.

La brisa de tul

nocturno pliega

…Y huyendo juega.

Es la mañana, Alma, museo los cantares (1905)

El prerrafaelismo: recordemos antes que nada que el gran guía de ese movimiento pictórico —Dante Gabriel Rossetti— manejó con sobrada destreza tanto el pincel como la pluma. Aún hoy, entre los espíritus sensibles de la poesía se recuerdan con admiración aquellos versos dedicados a la gran musa de la Hermandad: Elizabeth Siddal. La frescura de esta corriente estética amiga del primitivismo y medievalismo, cargado de simbolismos —especialmente en su vertiente dantiana—, como el lirio emblema de pureza, mujeres misteriosas y hechizantes, jardines y florestas coloristas u oscuradas, hacen sumergirse al receptor en una embriaguez de sensaciones. Estos recursos fueron bien recogidos por los modernistas. Otros como la meretriz, la femme fatal y la femme salvífica, también encuentran su hueco, pues las mujeres desplazadas de los cánones burgueses se hermanan con los mismos artistas, que al igual que ellas, se ven así mismo como una suerte de marginales.

El despertar de la conciencia, de W. H. Hunt. Esta obra fue muy criticada por lo libidinoso de la escena.

Veamos un ejemplo en Machado:

Crucemos nuestra calle de la amargura

levantadas las frentes, juntas las manos…

¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura;

hetairas y poetas somos hermanos!

Antífona, Alma (1902)

También las historias y personajes de la biblia atrajeron a la Hermandad Prerrafaelita, especialmente a Everett Millais y Holman Hunt pero estas imágenes se alejaban del tradicional hieratismo academicista cargado de clichés. 

Cristo en casa de sus padres de John Everett Millais. Asombra la naturalidad de la escena, alejada de cualquier tipo de representación pasional o nimbática.
Ruth y Noemí de Philip Hermógenes Calderón, pintor que sin ser de la Hermandad recibió influencias de estos, especialmente de Millais.

Veamos un ejemplo bíblico en la poesía machadiana.

Una noche esto vio la última estrella…

y en aquel mismo día

pan y amor—, de Israel sobre la tierra,

tomó Booz por mujer a Ruth Moabita.

Ruth, Caprichos (1905)

El simbolismo: se trata de la corriente estética más importante del modernismo, corriente que al igual que pasó con el prerrafaelismo, alcanzó a pintores y literatos por igual, aunque en este caso tuvo a bien prodigarse con mayor profusión en los campos del papel y la pluma. El simbolismo resultaba una mirada hacia el interior, donde las metáforas cobraban una independencia nunca antes conseguida. La palabra pierde el sentido original, se transforma en un símbolo para alumbrar un mundo nuevo de imágenes delicuescentes y vagorosas, los colores dejan de ser meros elementos decorativos para convertirse en transmisores de emociones, etc. En este sentido Francia y poetas como Verlaine y sobre todo Mallarmé son sus más famosos representantes. En pintura el simbolismo tiene entre sus precursores al mencionado Dante Gabrielle Rossetti o a Gustave Moreau, entre otros.

Flora y los céfiros, de John William Waterhouse, pintor a medio camino entre el prerrafaelismo y simbolismo.

Veamos un ejemplo en Manuel Machado:

De violines

fugitivos

ecos llegan…

Bandolines

ahora son.

Y perfume

de jazmines,

y una risa…

Es el viento

quien lo trae…

El viento, Caprichos (1905)

2.3 Hacia Apolo, Teatro pictórico. Museo y Felipe IV

       Apolo. Teatro pictórico fue el intento más claro del poeta Manuel Machado por llevar a cabo esa comunión bendita entre la poesía y la pintura. Pues si en Alma, Museo, Los Cantares (1907)los poemas tratados rebasaron el campo de lo pictórico hasta llegar a los literarios, en Apolo. Teatro pictórico todo son obras pictóricas plasmadas en el lienzo del soneto. En el caso de Museo, además, ni tan siquiera son todos sonetos. Prestando atención a su versión primigenia, aparecida en Alma (1902), y formada por tres poemas, solo el soneto a Felipe IV hace una referencia clara a una obra pictórica —y con todo, tampoco se especifica cuál, pues son varios los retratos del augusto Felipe IV con esa descripción—, los otros: Oliveretto de Fermo7, y La corte8 son más bien evocaciones literarias.

Veamos el soneto de Felipe IV.

Nadie más cortesano ni pulido

que nuestro rey Felipe, que Dios guarde,

siempre de negro hasta los pies vestido.

Es pálida su tez como la tarde,

cansado el oro de su pelo undoso,

y de sus ojos, el azul, cobarde.

Sobre su augusto pecho generoso

ni joyeles perturban ni cadenas

el negro terciopelo silencioso.

Y, en vez de cetro real, sostiene apenas,

con desmayo galán, un guante de ante

la blanca mano de azuladas venas.

Retratos de Felipe IV por Velázquez.

Obsérvese el detalle de la mano.

Retrato del Infante don Carlos. Obsérvese como este sí lleva un guante cogido «con desmayo galán».

El poema responde al canon parnasiano,con su predilección por el uso de las formas pictóricas aplicadas a la poesía, así como por los temas históricos o pasados. Además no es casual la elección de la forma del soneto, pues uno de los caballos de batalla en los parnasianos fue siempre la perfección formal. Dicho lo cual, los lectores más avezados también podrán percatarse de esa fragancias simbólico decadentes que expele: cansado el oro de su pelo undoso,/ y de sus ojos, el azul, cobarde. Esas sinestesias actúan como discursos de la decadencia del propio Imperio que tuvo que arrastrar el monarca en su reinado.

En la edición de 1907 de Museo se añadieron otras composiciones provenientes en su mayoría de otras colecciones poéticas, en total Museo se configura con diecinueve poemas distribuidos en cuatro secciones: 1ª ORIENTE: Abel, Ruth, Flores; 2ª PRIMITIVO: Castilla, Alvar-Fáñez, Retablo, Don Carnaval, El rescate, Oliveretto de Ferno; 3ª SIGLO DE ORO: Madrid Viejo, Felipe IV, La corte, Don Miguel de Maraña Vicentelo de Leca, Un hidalgo; 4ª FIGULINAS: Figulinas, Jardín neoclásico, Versailles, Fin de siglo, Aquí, en España.

Veamos ahora un ejemplo de poema alejado de los cánones parnasianos, más cercano al gusto Fin de siécle, con referencias al alambicado fin de siglo XVIII, temática francesa:

Fin de siglo

Fue Florián el poeta

de las mejores Amintas

y Batilos, rimador

de una Arcadia elegantísima,

correcta… y un poco sosa

para los que no sabían

que Filis era en la Corte

dama de honor, y Clorinda

mariscala, presidenta,

senescala o camarista.

Estas Filis, Tirsis, Cloris,

Amarilis9… estas lindas

pastoras de porcelana

de Sévres, eran la vida

del dieciocho francés,

siglo de encajes y rimas,

minuetos, clavicordios…

galante, enciclopedista,

que pintó las miniaturistas

e inventó la guillotina.

Madrigalesco y eglógico

y cortesano, sabía

hacer la guerra entre encajes

y enamorar entre rimas

sonriendo… Entonces era

la religión la sonrisa;

la ley, ser cortés; la moda,

las pastoriles poesías…

y Florián, el mejor

de los cantores de Amintia…

Se sabe que Florián10

le pegaba a su querida 11.

2.4 Apolo. Teatro pictórico.

Si en Museo vimos referencias no solo pictóricas, como si de un museo de historia se tratara, en Apolo. Teatro pictórico, estamos ante una verdadera pinacoteca, quizás la écfrasis sea más evidente cuando al referirse a obras concretas e individualizadas, salvo en casos como las de la escuela sevillana o escuela francesa, pero no por ello se dejan de transmitir las sensaciones y emociones del poeta, los símbolos están tan presentes o más que en el soneto de Felipe IV. Así, Manuel Machado aparece ante el lector como un guía, un guía poético que ante obras concretas e individualizadas nos explica líricamente cada uno de los lienzos que ha tenido a bien plasmar en su sala. El parnasianismo es claro, todas las composiciones son sonetos, y estos actúan como un nuevo lienzo donde trasladar el dibujo a un nuevo formato: el de los versos. La versión de 1911 añadió una novedad que no hizo sino mejorar la ya mencionada hermandad de las artes: en doce de los veinticinco poemas de Apolo hay ilustraciones encartadas con el objetivo claro de hacer que esa écfrasis sea mejor captada por el receptor aumentando así la fruición producida con la cadente corriente de versos que dejan fluir las páginas de Apolo.

Veremos ahora el índice con la lista de cuadros y artistas que aparecen en la obra de Machado y por último algunos ejemplos.

Índice de ilustraciones:

ArtistaCuadroCon o sin ilustración
Beato AngélicoLa anunciaciónIlus.
Van-LaetDña Juana la LocaIlus.
Sandro BoticelliLa primaveraNo ilus.
Leonardo da VinciLa GiocondaIlus.
TizianoCarlos VIlus.
Desnudos de mujerIlus.
VeronésAsuntos bíblicosNo ilus.
RubensLa KermesseNo ilus.
RembrandtLa lección de anatomíaNo ilus.
ZurbaránEntierro de un monjeNo ilus.
GrecoEl caball. de la mano en el pechoIlus.
VelázquezLa infanta MargaritaIlus.
Don Juan de AustriaIlus.
MurilloEscuela sevillanaNo ilus.
Van-DyckUn príncipe de la casa de OrangeIlus.
TeniersEscenas de costumbresNo ilus.
Escuela francesaSiglo XVIIINo ilus.
WatteauL’ indifferentNo ilus.
GoyaLa reina Mª LuisaIlus.
Carlos IVIlus.
Los fusilamientos de la MoncloaNo ilus
Gavarni1850No ilus.
ManetEl balcón abiertoNo ilus.
SergentCarmencitaIlus.

Ejemplo 1º

La campanada blanca de maitines 

al seráfico artista ha despertado

y, al ponerse a pintar, tiene a su lado

un coro de rosados querubines

Y ellos le enseñan como se ilumina

la frente, y las mejillas ideales

de María, los ojos virginales,

la mano transparente y ambarina.

Y el candor le presentan de sus alas

para que copie su infantil blancura

en las alas del ángel celestial,

que, ataviado de perlinas galas,

fecunda el seno de la virgen pura,

como el rayo del sol por el cristal.

La anunciación de Beato Angélico.

Este poema abre la serie Apolo, su autor Fra Angélico fue un fraile dominico y artista cuatrocentista, vemos como el soneto parece aludir a las diversas partes de la enunciación, de esta forma no se limita a describir la obra, de echo lo hace vagamente y tomándose las libertades ya acostumbradas como en el caso del ángel ataviado de perlinas galas, las alas del ángel tampoco son blancas, pero como simbología tiene completo sentido al relacionar el blanco con la pureza. La écfrasis en este poema se refleja más en la descripción de la piel de la virgen y y en la acción del rayo. No resulta casual que este soneto inicie la obra con referencias al artista que se pone a pintar guiado por los querubines, pues esto no deja de ser una versión renacentista de la idea más moderna del poeta iluminado por su estro; así, de la misma forma Manuel Machado también inicia Apolo inspirado como lo hiciera Fra Angélico con sus querubines.

Ejemplo 2º

A este joven señor, tan bellamente vestido, 

blanco el traje y la gorguera,

blanca la tez, envuelve en luz poniente

el oro viejo de su cabellera.

De su apostura la elegante gracia

tiene una laxitud de laxitudes,

y en el pecho podridas las virtudes

de su clara y fatal aristocracia.

Tedio y desdén en la orgullosa frente

vago pesar en la mirada infausta…

Lujosísima espada en joyas rica.

Cruza una banda el gusto indiferente.

Blanca mano espectral, de sangre exhausta,

y en la mano un limón, que significa…

Un príncipe de la casa de Orange de Van-Dyck.

Otro caso donde lo que se busca es interpretar más que que representar, donde la etopeya se hace más clara; vemos a un príncipe del siglo XVII, y los versos recuerdan ligeramente a los de Felipe IV, pero si en el caso del monarca la decadencia que se quería plasmar se mostraba con cierta condescendencia, en el de este príncipe de Orange —que no lo es— la decadencia es reforzada con epítetos negativos que se corresponden con diversas partes del cuerpo: pecho/ podridas virtudes; frente/ tedio y desdén; mirada/ infausta; sangre/ exhausta. Así los rasgos físicos y espirituales aparecen totalmente ligados. Con respecto al personaje representado se trata realmente de un noble escocés, James Stuart duque de Richmon.

       Ejemplo 3º

Esta española yanki, y tan francesa,

que es toda España —para el mundo— tiene

un ardor en los ojos, que le viene

de un corazón de virgen satiresa.

Mística, y tan carnal, sabe de amores

únicos y de espamos indecibles.

Y coloran sus labios los terribles

rojos de las heridas y las flores.

Pasión rugiente duerme en su ancha ojera,

y en el seno magnífico, que exulta,

un gran valor y un miedo milenario…

Puesta la mano en la gentil cadera,

junto de la morena carne oculta

una navaja y un escapulario.

La Carmencita de John Singer

No resulta casual que Machado cierre Apolo. Teatro pictórico con una obra contemporánea del artista John Singer, este autor de origen norteamericano había recibido su formación en Europa, y entre sus más influyentes pintores estaba Velázquez. Singer se convirtió en un afamado retratista de la sociedad acomodada de su tiempo, incluso en su obra Las hijas de Edward D. Bolt, supocaptar las figuras de unas niñas en un interior como lo hiciera en su día el genio sevillano con Las Meninas. Con respecto al cuadro la mujer representada de forma galana y ademán orgulloso,era una bailarina española famosa en la época, conocida en un primer momento por el pintor en París (1889); después viajó a la costa este de EEUU para llevar a cabo una gira, y en Nueva York Singer volvió a coincidir con ella, será allí donde le pedirá posar por dos veces para unos encargos. Machado, sin duda, debía conocer bien los movimientos de la bailarina pues alude en sus primeros versos al recorrido de la misma. La formula utilizada en la descripción condensa los tipismos de la mujer andaluza tan retratada en el romanticismo, no es extraño ver en ella una nueva Carmen, una mujer pasional y femme fatal, que porta escondida una navaja y un escapulario. Así este Machado, poeta andaluz y aficionado a los toros pone la guinda final a su Apolo con un soneto cargado con los tipismos casticistas de las mujeres de su tierra.

3. Conclusión y poema.

Manuel Machado fue en su momento el gran pintor de la poesía, nadie como él prestó y rindió tal tributo a la relación de las Bellas Artes y la Literatura. Hemos visto como la elaboración de Apolo no es más que la culminación de ese interés por la pintura que tuvo desde niño, y así, echando la vista atrás, encontramos que la pronta influencia familiar —su abuela y hermano practicaron con la pintura—; la instrucción en la Institución de Libre Enseñanza —que llevaba a sus alumnos a visitar museos—; y sus estadías en París —que le permitieron tomar contacto con las más innovadoras corrientes estéticas así como conocer el Louvre—, sirvieron para hilar un tapiz de bellos versos donde los pinceles transmitieron sus colores en forma de una poética simbolista. El parnasianismo, simbolismo y decadentismo se dejan ver por los diferentes cuadros machadianos, desde los primeros atisbos en la sección Museo de 1902, hasta su culminación en 1911 con Apolo.

Hoy, más que nunca, se hace necesario una nueva reedición crítica de esa colección de poemas pues los avances en el estudio y estética del poeta, y el interés práctico en el campo de las relaciones de hiepertextualidad merecen, por sí mismos, una atención especial a la obra de Manuel Machado.

Para concluir dejo aquí mi aporte lírico a una causa que nunca estará perdida mientras haya espíritus inquietos que vibren todavía con la experiencia de la unión de las Bellas Artes.

Las letras y las artes.

Las letras y las artes

se corresponden a una hermosa pareja,

que cual buenos amantes

devora los frutales de la naturaleza.

Allí ricos pintores

dan trazadas de signos y lazadas de letras,

y plastifican guiones

que narran irisadas y picantes escenas.

Literatos escriben

en lienzos de algodón imprimados de poemas,

también prosan sus tristes

matices en collages de cuentos y novelas.

Los músicos más clásicos

tocan discursos de pensadoras corcheas,

propugnan sus teclados

justos acordes y resonancias perfectas.

Y esos locos filósofos,

exquisitos compositores de almas creencias,

toman restos sinfónicos

trasladando las mentes a etéreas orquestas.

Las letras y las artes

se corresponden a una hermosa pareja

que mirándose yace

embriagada por tintos colores de acuarela.

 ————————————–

1Esta afirmación figuraba en un prospecto publicitario de la librería-editorial Fernando Fe de Madrid cuando editó la 1ª traducción al español de Fiestas Galantes del Paul Verlaine, por la pluma de M. Machado.

2Jean Moreás fue el artífice del manifiesto simbolista de 1886, sin embargo en 1891 rompió con este y lanzó el manifiesto de la escuela romana.

3El País 25/2/1900 con fecha la crónica de 10 de agosto.

4Rubén Darío y Amado Nervo fueron también devotos admiradores del fauno Verlaine. Darío le dedicó Responso a Verlaine. Amado Nervo le dedicó A la católica majestad de Paul Verlaine.

5Cita libre del Orlando Furioso, Forse altro cantera con miglior plectro.

6Giner de los Ríos funador de la institución y M. B. Cossío, miembro y profesor de arte, influyeron de forma decisiva en los Machado, tal es así que la sección Museo de 1902 aparece dedicada “A D. Francisco Giner de los Ríos, el maestro admirable.” En Apolo tendrá también una dedicatoria.

7Se trata de Oliverotto da Fermo, mencionado en la obra de Maquiavelo El Príncipe. Este, usurpó el poder de Fermo ejecutando a los principales de dicha ciudad tras un banquete trampa, un año después, sería él mismo apresado y ejecutado por Cesar Borgia. Cap. VIII. De los que llegaron al principado mediante crímenes.

8Hace referencia al conde Villamediana, Juan de Tassis (1582-1622) famoso en su época por su carácter libertino y procaz—llegó a tener un proceso secreto por sodomía—, gran amigo de los naipes, también desempeñó con gracia la poesía satírica. En el poema se recrea una escena de alcahuetería entre este y un paje mandado por la reina. El soneto apareció por primera vez en la revista Electra en 1901 bajo el título de Villamediana.

9Nombres clásicos de las novelas pastoriles.

10Jean-Pierre Claris de Florian 1755-1794 Escritor francés y sobrino del gran Voltaire, cultivó novelas pastoriles, églogas, teatro y cuentos. También apoyó la Rev. Francesa, aunque bajo el gobierno de Robespierre fue acusado de conspirador. 

11Sea cierto o no este dato, Manuel Machado busca con sarcasmo romper ese pomposismo refinado y lleno de encajes prodigado durante el poema.

Publicado por Delgado en 23:27

Las 3 iniciales. Novela de história contemporánea y de costumbres. Parte Segunda. Por FRANCISCO ÁLVAREZ DURÁN. Madrid 1849. (Tío abuelo de Manuel y Antonio Machado).

4ª ENTREGA FIN PARTE SEGUNDA

Puerta del Sol. Madrid. 1830. Al fondo el inicio de la calle Mayor y de la calle Arenal.

The Fuente de Alcachofa or Artichoke Fountain in Madrid, circa 1835. Initially located in the Puerta de Atocha, it was moved to Retiro Park in 1880. Engraving by Cousen from a drawing by D. Roberts. (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

UMBRALES DE ANTONIO MACHADO. Por Miguel Ángel Baamonde.

Hoy, 15 de octubre de 2020 se ha publicado el último libro escrito por MIGUEL ÁNGEL BAAMONDE sobre nuestro poeta ANTONIO MACHADO.

El título es «UMBRALES DE ANTONIO MACHADO, su ambiente histórico-social y su obra primera».

En un extenso volumen de 490 páginas se desarrolla un estudio pormenorizado del ambiente familiar y social que acogió a nuestro poeta en sus primeros 32 años, de 1875 a 1907 y que le condujeron a la publicación de SOLEDADES (1903) y de su segundo poemario SOLEDADES. GALERÍAS. OTROS POEMAS en 1907.

«El trabajo responde a una intención, imposible ya por parte del autor, en la presente fecha cuenta con 89 años, de llevar a cabo una «gran» biografía – necesaria por otra parte – del gran poeta internacional qu es Antonio Machado, con esta apertura a toda una vida, no demasiado larga, de aciertos rotundos y caminos a seguir para comprenderlo en su totalidad», leemos en el inicio de la contraportada del libro.

«El autor del presente trabajo espera que esta apertura a su vida y su obra sea un acicate para posteriores acercamientos para aclarar de una forma definitiva los escasos puntos oscuros que todavía permanecen, sobre ANTONIO MACHADO

Podéis adquirir en libro en vuestra librería habitual o en las librerías digitales electrónicas que la Editorial Rilke tiene, y que encontraréis en https://edicionesrilke.com

Miguel Ángel Baamonde