RESEÑA DE LIBROS. Septiembre 2021.

Reseña libros.

Septiembre 2021

 

Los Machado y Unamuno: Cartas (Edición de Pollux Hernúñez)

Machado, Antonio / Machado, Manuel / de Unamuno, Miguel / Hernúñez, Pollux

40,00€

 

El epistolario completo entre los hermanos Machado y Unamuno, con 24 CARTAS INÉDITAS.Este copioso volumen, que recoge toda la correspondencia conocida entre los hermanos Machado y Unamuno, ahonda de manera exhaustiva en todo lo que se conoce de la relación epistola…
[Leer mas…]

Editorial OPORTET EDITORES
ISBN13 9788412001686
ISBN10 8412001680
Tipo LIBRO
Páginas 784
Colección De omni re scibili #
Año de Edición 2021
Idioma Castellano
Encuadernación Cartone

 

El epistolario completo entre los hermanos Machado y Unamuno, con 24 CARTAS INÉDITAS.

Este copioso volumen, que recoge toda la correspondencia conocida entre los hermanosMachado y Unamuno, ahonda de manera exhaustiva en todo lo que se conoce de la relación epistolar entre los dos hermanos y Unamuno, con el propósito de reunir y glosar lo que de ella se conserva, y al tiempo arrojar alguna luz sobre cada uno de ellos y de sus escritos. Con 24 cartas inéditas, más diversos artículos y textos prácticamente inaccesibles de periódicos de época, editados por Pollux Hernúñez, que añade más de un millar de notas sumamente clarificadoras.

Los hermanos Manuel (1874-1947) y Antonio (1875-1939) Machado son sobradamente conocidos como poetas. Pero aquí tienen una importancia especial por haber mantenido una singular y en ocasiones emotiva correspondencia con Unamuno a lo largo de más de 30 años.

 

 

LA FAMILIA MACHADO RUIZ Y LA PRENSA ENTRE 1929-1931

MANUEL ÁLVAREZ MACHADO

Resumen de LA FAMILIA MACHADO RUIZ Y LA PRENSA ENTRE 1929-1931

Este libro es el primero de una serie, probablemente de cinco volúmenes, que recorrerán la vida de la familia Machado Ruiz, desde julio de 1929 a finales de 1939, a través de las noticias y artículos publicados en parte de la prensa española durante estos años, y que hemos recogido para su estudio e información de la vida de los hermanos Machado Ruiz. Con este primer volumen relacionamos los hechos más significativos ocurridos entre julio de 1929 y el 31 de diciembre de 1931, que referidos, en su mayoría, a la familia Machado Ruiz y las noticias más destacadas de la política nacional e internacional, pudieran incidir claramente en la vida de nuestros personajes. Destacamos, que en el breve periodo que contempla este primer libro, se produce el final de la dictadura de Primo de Rivera, el conocido como Pacto de San Sebastián, el intento de golpe de Estado de Jaca, las frecuentes reuniones y actos pro República, las elecciones municipales del 12 de abril de 1931.

PRECIO

15,00€ (5% de descuento)

14,25€

Envío gratis a partir de 19.0 €

Tapa blanda

14,25 €

 

Otros vendedores (nuevo y usado) desde 14,25€

Ficha técnica de LA FAMILIA MACHADO RUIZ Y LA PRENSA ENTRE 1929-1931

Nº de páginas:

228

Editorial:

RILKE EDICIONES

Idioma:

CASTELLANO

Encuadernación:

Tapa blanda

ISBN:

9788418566134

Año de edición:

2021

Fecha de lanzamiento:

30/06/2021

 

PUEDES ADQUIRIR ESTE LIBRO EN :

Dirección

Ediciones Rilke
Calle Doctor Fleming Nº50 4ºD
28036 Madrid

Telf.- 91 999 13 12

e-mail: editorial@edicionesrilke.com

Librerías en internet 

https://gepa.es/

https://libreria.ws/

https://elrincondeloslibros.com/

https://lalibreria.com.es/

https://librodepoesia.com/

 

O EN TU LIBRERÍA HABITUAL

¿Has leído LA FAMILIA MACHADO RUIZ Y LA PRENSA ENTRE 1929-1931?

Deja tu opinión

 

 

 

Título: DESDICHAS DE LA FORTUNA O JULIANILLO VALCÁRCEL.
GUÍA DIDÁCTICA

Autor: MANUEL Y ANTONIO MACHADO. Edición y guía didáctica de José Luis  Abraham López

Año de Publicación: 2021

Colección: Teatro

 

ISBN-13: 978-84-18566-12-7

Editorial: Rilke

https://edicionesrilke.com

PVP: 12 Euros (IVA Incluido). Puedes adquirir el libro en tu librería habitual y en nuestras librerías en internet.

Págs. 180

 

RESEÑA:

Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel es la primera obra dramática que Manuel y Antonio Machado firmaron juntos. Independientemente de la historia del hijo bastardo del conde-duque de Olivares y del trasfondo histórico que recorre los cuatro actos, es en su amplia galería de personajes donde los autores ponen en práctica su teoría renovadora del teatro, fundamentada sobre todo en la importancia de los diálogos, monólogos y apartes, si tenemos en cuenta que es a través de la palabra como manifestamos nuestra auténtica individualidad.

 

Acompaña al texto dramático una guía didáctica con la que trabajar aspectos fundamentales como la comprensión y expresión escritas, el lenguaje y el estilo empleado por los autores, los personajes, etc., incluyendo actividades enfocadas al análisis, interpretación y debate sobre temas de actualidad que aparecen en la tragicomedia.

 

Teniendo esta como referencia, se ponen en relación otras expresiones artísticas (literatura, pintura, música y cine) con materias didácticas como la geografía e historia, el arte y la filosofía, la cultura clásica y el inglés, etc. con una visión plural, interdisciplinar e integra.

 

PUEDES ADQUIRIR ESTE LIBRO EN :

Dirección

Ediciones Rilke
Calle Doctor Fleming Nº50 4ºD
28036 Madrid

Telf.- 91 999 13 12

e-mail: editorial@edicionesrilke.com

Librerías en internet 

https://gepa.es/

https://libreria.ws/

https://elrincondeloslibros.com/

https://lalibreria.com.es/

https://librodepoesia.com/

 

O EN TU LIBRERÍA HABITUAL

Información tras publicar un libro: Título: DESDICHAS DE LA FORTUNA O JULIANILLO VALCÁRCEL. GUÍA DIDÁCTICA de MANUEL Y ANTONIO MACHADO. Edición y guía didáctica de José Luis Abraham López con la editorial de poesía Editorial Ediciones Rilke

Todos los derechos del libro Título: DESDICHAS DE LA FORTUNA O JULIANILLO VALCÁRCEL. GUÍA DIDÁCTICA pertenecen a MANUEL Y ANTONIO MACHADO. Edición y guía didáctica de José Luis Abraham López tras publicar un libro con la Editorial Ediciones Rilke.

Toda la promoción del libro Título: DESDICHAS DE LA FORTUNA O JULIANILLO VALCÁRCEL. GUÍA DIDÁCTICA la puedes ver en la página de la Editorial Ediciones Rilke y en la web que la editorial la hace a MANUEL Y ANTONIO MACHADO. Edición y guía didáctica de José Luis Abraham López tras publicar un libro.

 

Esperamos que en los próximos meses se publiquen las restantes obras de teatro de los Hermanos Machado y sus guías didácticas correspondientes

 

 

 Título: ANTONIO MACHADO CAMINO DEL EXILIO                                         

Autor: MANUEL ÁLVAREZ MACHADO

Año de Publicación: 2020

Colección: Poesía

ISBN-13: 978-84-949339-9-8

Editorial: Rilke

https://edicionesrilke.com

 

PVP: 14 Euros (IVA Incluido). Puedes adquirir el libro en tu librería habitual y en nuestras librerías en internet.

Págs. 112

 

RESEÑA:

En este trabajo hemos pretendido contar, sucintamente pero con la mayor objetividad posible, el definitivo camino hacia el exilio de Antonio Machado, iniciado el 22 de enero de 1939 en la “Torre Castañer” de Barcelona y que termina, a primeras horas de la tarde del día 27 del mismo mes en la frontera con Francia en lo alto del Coll Els Balitres, junto al pueblo francés de Cerbere, para continuar brevemente, ya en el exilio, hasta la estación de este pueblo francés, donde al llegar la noche tuvo que refugiarse y protegerse del frío, la lluvia y el viento, con su madre, familiares y algunos amigos, en un vagón de tren abandonado.

Añadimos el análisis de una carta, que recibida en Collioure el 24 de febrero de 1939, ya fallecido nuestro poeta, se cuenta cómo un mes antes fueron a buscarle a su domicilio de Barcelona para llevarles, a toda la familia, hasta Francia. Llegaron un día tarde, pues ya había salido Antonio Machado y los suyos camino del exilio. La carta la envían dos buenos amigos, Tina Modotti y Carlos Contreras, este último más conocido como “Comandante Carlos”.

 

EL AUTOR:

MANUEL ÁLVAREZ MACHADO, nacido en Madrid el 26 de julio de 1950. Hijo de Leonor Machado, y nieto de Francisco Machado Ruiz, uno de los hermanos de Manuel y de Antonio.

Estudió el bachillerato en el Liceo Italiano de Madrid, y se licenció en Derecho en la Universidad Complutense. Ejerció como abogado desde 1973 a 2015, compaginando el mundo del derecho con colaboraciones en consultorías en el ámbito museístico y en el de temas relacionados con el arte, y dedicándose en los últimos veinte años a la investigación sobre temas relacionados con la “saga de los Machado”, y en particular a ordenar, estudiar y clasificar, junto a otros familiares, los manuscritos que la familia Machado conservaba de Manuel, Antonio y Francisco Machado, sin olvidar la aproximación a la obra del padre de estos grandes poetas, Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” y del abuelo Antonio Machado Núñez, además de otros antepasados de brillante historial, literario, científico y político.

 

PUEDES ADQUIRIR EL LIBRO EN TU LIBRERÍA HABITUAL O EN NUESTRAS LIBRERÍAS

Librería GEPA

Dirección

Ediciones Rilke
Calle Doctor Fleming Nº50 4ºD
28036 Madrid

Telf.- 91 999 13 12

e-mail: editorial@edicionesrilke.com

Librerías en internet 

https://gepa.es/

https://libreria.ws/

https://elrincondeloslibros.com/

https://lalibreria.com.es/

https://librodepoesia.com/

 

O EN TU LIBRERÍA HABITUAL

 

 

 

Título: ANTONIO MACHADO. SU EXILIO EN COLLIOURE

Autor: MANUEL ÁLVAREZ MACHADO

Año de Publicación: 2020

Colección: Poesía

 

ISBN-13: 978-84-121643-2-9

Editorial: Rilke

https://edicionesrilke.com

 

PVP: 14 Euros (IVA Incluido). Puedes adquirir el libro en tu librería habitual y en nuestras librerías en internet.

Págs. 100

 RESEÑA:

El día 28 de enero de 1939 Antonio Machado llega en tren a Collioure y allí decide alojarse mientras espera tener los medios suficientes para viajar con los familiares que le acompañaban a la U.R.R.S., país que le acogía y esperaba. Los últimos días del mes, agotados por el camino recorrido desde Barcelona, descansan y probablemente tramitan sus pasaportes en el Consulado de España en la cercana ciudad de Perpiñán.

En los siguientes días, ya del mes de febrero, en contacto con la Embajada española en París, que les envía algo de dinero, y con otros españoles amigos que les ofrecen instalarse en Toulouse o en otras poblaciones francesas, esperan ofertas concretas de trabajo, además de la que ya tenían de Rusia, para decidir su destino mientras se recuperan en Collioure de unos muy quebrantados estados de salud, especialmente de Antonio Machado y de su madre Ana Ruiz.

Pero la esperada mejoría de su salud no llega y el 22 de febrero el corazón de Antonio Machado deja de latir, y tres días más tarde el de su madre.

Ese mismo día 22 de febrero se recibe en Collioure una oferta de trabajo y alojamiento para Antonio Machado de la Universidad de Cambridge.

EL AUTOR:

MANUEL ÁLVAREZ MACHADO, nacido en Madrid el 26 de julio de 1950. Hijo de Manuel Álvarez de Lama y Leonor Machado, y nieto de Francisco Machado Ruiz, uno de los hermanos de Manuel y de Antonio.

Estudió el bachillerato en el Liceo Italiano de Madrid, y se licenció en Derecho en la Universidad Complutense. Ejerció como abogado desde 1973 a 2015, compaginando el mundo del derecho con colaboraciones en consultorías en el ámbito museístico y en el de temas relacionados con el arte, y dedicándose en los últimos veinte años a la investigación sobre temas relacionados con la “saga de los Machado”, y en particular a ordenar, estudiar y clasificar, junto a otros familiares, los manuscritos que la familia Machado conservaba de Manuel, Antonio y Francisco Machado, sin olvidar la aproximación a la obra del padre de estos grandes poetas, Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” y del abuelo Antonio Machado Núñez, además de otros antepasados de brillante historial, literario, científico y político.

 

PUEDES ADQUIRIR EL LIBRO EN TU LIBRERÍA HABITUAL O EN NUESTRAS LIBRERÍAS

Librería GEPA

Dirección

Ediciones Rilke
Calle Doctor Fleming Nº50 4ºD
28036 Madrid

Telf.- 91 999 13 12

e-mail: editorial@edicionesrilke.com

Librerías en internet 

https://gepa.es/

https://libreria.ws/

https://elrincondeloslibros.com/

https://lalibreria.com.es/

https://librodepoesia.com/

 

 

 

 

MANUEL Y ANTONIO MACHADO. De Madrid 1.932 a Collioure 1.939. MANUEL ÁLVAREZ MACHADO

12,00€

Título: MANUEL Y ANTONIO MACHADO. De Madrid 1.932 a Collioure 1.939

Autor: MANUEL ÁLVAREZ MACHADO

Año de Publicación: 2020

Colección: Poesía

ISBN-13: 978-84-121643-5-0

Editorial: Rilke

https://edicionesrilke.com

PVP: 12 Euros (IVA Incluido).

Págs. 92

Categorías: Ediciones Rilke, Ensayo

 

RESEÑA:

Finalmente la salud no pudo sostener la vida de Antonio Machado en su exilio y 25 días después de llegar al pequeño pueblo de Collioure, junto al mar, y uno más desde que cruzó la frontera con Francia, nos dejó definitivamente. Tres días después le acompañó en este último viaje su madre Ana.

El día 28 de febrero llegó a Collioure su hermano Manuel, ya conocedor de los tristes acontecimientos acaecidos en su familia.

Manuel había conseguido salir de su “aislamiento” en Burgos para rendir su último adiós a su madre y a su querido hermano Antonio.

La historia, que supo valorar en su máxima expresión, tanto literaria como personal, a Antonio Machado, no supo o no quiso comprender ni entender el fatal destino de Manuel Machado durante la Guerrea Civil, quedando casi olvidado su gran valor literario, como poeta, dramaturgo o articulista y comentarista en la prensa. Ahora parece resurgir la lectura de su obra, su estudio y reconocimiento.

EL AUTOR:

MANUEL ÁLVAREZ MACHADO, nacido en Madrid el 26 de julio de 1950. Hijo de Manuel Álvarez de Lama y Leonor Machado, y nieto de Francisco Machado Ruiz, uno de los hermanos de Manuel y de Antonio.

Estudió el bachillerato en el Liceo Italiano de Madrid, y se licenció en Derecho en la Universidad Complutense. Ejerció como abogado desde 1973 a 2015, compaginando el mundo del derecho con colaboraciones en consultorías en el ámbito museístico y en el de temas relacionados con el arte, y dedicándose en los últimos veinte años a la investigación sobre temas relacionados con la “saga de los Machado”, y en particular a ordenar, estudiar y clasificar, junto a otros familiares, los manuscritos que la familia Machado conservaba de Manuel, Antonio y Francisco Machado, sin olvidar la aproximación a la obra del padre de estos grandes poetas, Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” y del abuelo Antonio Machado Núñez, además de otros antepasados de brillante historial, literario, científico y político.

Libros publicados: Antonio Machado y la familia Landa (Ediciones Rilke). Adriana Lecouvreur en el teatro de los hermanos Machado (Ediciones Rilke). Antonio Machado. Camino del exilio (Ediciones Rilke). Antonio Machado. Su exilio en Collioure (Ediciones Rilke).

PUEDES ADQUIRIR EL LIBRO EN TU LIBRERÍA HABITUAL O EN NUESTRAS LIBRERÍAS

Librería GEPA

Dirección

Ediciones Rilke
Calle Doctor Fleming Nº50 4ºD
28036 Madrid

Telf.- 91 999 13 12

e-mail: editorial@edicionesrilke.com

Librerías en internet 

https://gepa.es/

https://libreria.ws/

https://elrincondeloslibros.com/

https://lalibreria.com.es/

https://librodepoesia.com/

 

 

 

Título: LA ÚLTIMA CARTERA DE ANTONIO MACHADO. Nuevos Relatos.

Machado en Radio París

Autor:  MANUEL ÁLVAREZ MACHADO

 

Año de Publicación: 2021

Colección: Poesía

ISBN-13: 978-84-18566-07-3

 

Editorial: Rilke

https://edicionesrilke.com

 

PVP: 14 Euros (IVA Incluido). Puedes adquirir el libro en tu librería habitual y en nuestras librerías en internet.

 

Págs. 108

RESEÑA:

En este libro comentamos y relacionamos el contenido de los documentos que Antonio Machado llevaba en su cartera el 22 de febrero de 1939. Esa cartera de piel de cocodrilo, color negro, con las iniciales A.M. grabadas en su cara principal. Cartera que alguien, con seguridad, le regaló. Tal vez con ocasión de alguno de los estrenos teatrales de aquellos últimos años.

Igualmente reproducimos la primera carta y la última de nuestro poeta, manuscritas. La primera de 1892 a su padre y la última a su buen amigo Luis de Santullano el día 19 de febrero de 1939.

Comentamos las cartas recibidas de Manuel Bartolomé Cossío a lo largo de los años y en particular la que conservaba en su cartera.

Anunciamos, basándonos en una sucinta biografía de Antonio Machado escrita por su hermano Francisco, una posible obra teatral, de texto desconocido, escrita en el filo del siglo XIX por MANUEL Y ANTONIO y probablemente perteneciente al llamado “género chico”.

Referimos escrito homenaje de Jean Cassou y relacionamos los homenajes de aquellos que grabó Radio París entre 1964 y 1975 y cuyos audios se conservan.

 

EL AUTOR:

MANUEL ÁLVAREZ MACHADO, nacido en Madrid el 26 de julio de 1950. Hijo de Manuel Álvarez de Lama y Leonor Machado, y nieto de Francisco Machado Ruiz, uno de los hermanos de Manuel y de Antonio.

Estudió el bachillerato en el Liceo Italiano de Madrid, y se licenció en Derecho en la Universidad Complutense. Ejerció como abogado desde 1973 a 2015, compaginando el mundo del derecho con colaboraciones en consultorías en el ámbito museístico y en el de temas relacionados con el arte, y dedicándose en los últimos veinte años a la investigación sobre temas relacionados con la “saga de los Machado”, y en particular a ordenar, estudiar y clasificar, junto a otros familiares, los manuscritos que la familia Machado conservaba de Manuel, Antonio y Francisco Machado, sin olvidar la aproximación a la obra del padre de estos grandes poetas, Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” y del abuelo Antonio Machado Núñez, además de otros antepasados de brillante historial, literario, científico y político.

Libros publicados: Antonio Machado y la familia Landa (Ediciones Rilke). Adriana Lecouvreur en el teatro de los hermanos Machado (Ediciones Rilke). Antonio Machado. Camino del exilio (Ediciones Rilke). Antonio Machado. Su exilio en Collioure (Ediciones Rilke).

 

PUEDES ADQUIRIR EL LIBRO EN TU LIBRERÍA HABITUAL O EN NUESTRAS LIBRERÍAS

Dirección

Ediciones Rilke
Calle Doctor Fleming Nº50 4ºD
28036 Madrid

Telf.- 91 999 13 12

e-mail: editorial@edicionesrilke.com

Librerías en internet 

https://gepa.es/

https://libreria.ws/

https://elrincondeloslibros.com/

https://lalibreria.com.es/

https://librodepoesia.com/

 

 

El libro ‘Antonio Machado Núñez. Naturalista y político’ reivindica la figura «patriarcal» de una saga de intelectuales

El libro ‘Antonio Machado Núñez. Naturalista y político’ (Editorial Alupa), del escritor sevillano Daniel Pineda Novo, pretende reivindicar y revalorizar la figura de Antonio Machado Núñez «para que no se diga más que es el abuelo de los Machado, sino el patriarca de una saga de grandes intelectuales».

En una entrevista concedida a Europa Press, Pineda Novo, que presente este jueves la obra en la Fundación Machado en Sevilla, señala que esta saga comienza con el nacimiento de Antonio Machado Núñez en Cádiz en 1815, que fallece en Madrid en Madrid en 1896, aunque su trayectoria vital se forjó en Sevilla.

Por otro lado, ha explicado que se trata de un trabajo ensayístico con carácter «histórico, científico, literario y político, acogiendo todas las facetas que se engloban bajo la figura del Antonio Machado Núñez, «antropólogo, científico, estudió la carrera de Medicina en Cádiz, si bien su verdadera devoción eran las Ciencias Naturales», ha precisado.

Denominado «el médico del gabán blanco» llega a Sevilla en 1843, tras vivir en Guatemala y París, para instalar, «ya con cierto aureola», su consulta. Miguel Pérez Ferrero en su libro ‘Vida De Antonio Machado Y Manuel’, afirma, según Pineda Novo, que Antonio Machado deja de ejercer la medicina «cuando se le muere una enferma», si bien, precisa que lo hace porque «desde niño fue un naturalista».

El investigador sevillano ha expresado que la obra pretende «descubrir la genética de toda la familia Machado, desde Antonio Machado Núñez, a su hijo Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, y sus nietos Manuel y Antonio Machado Ruiz, quien era «exactamente igual que su abuelo», ha asegurado.

En este sentido, ha apuntado que le unían muchos aspectos como que eran «el pensamiento liberal, la heterodoxia o la masonería». Así, ha comentado que Antonio Machado Núñez fue masón en la logia La Fraternidad Ibérica en Sevilla, donde llegó a ser venerable maestro.

Por otro lado, ha resaltado que la figura del abuelo ejerce «enorme influencia» sobre toda la familia, pues, incluso, dependían económicamente del sueldo de éste, quien veía el concepto «idealista» de vida de su hijo, luchador en defensa del folclore y el flamenco.

Machado Núñez fallece en la Calle Fuencarral de Madrid en 1896, a los 81 años edad. Como dijera su discípulo Salvador Calderón, «muere tranquilo como el hombre justo que se despide del mundo después de haber cumplido con él». «La primera biografía estudiada de Antonio Machado Núñez», según el autor, reivindica «el gran personaje de la ciencia del siglo XIX que fue, demostrando la influencia sobre sus hijos y nietos».

En referencia a la relación con sus nietos, Pineda Novo ha explicado que éste veía el «futuro indeciso» de éstos. Además, ha añadido que las verdaderas personas que tomaron el timón de Antonio, Manuel, Francisco, Joaquín y Pepe Machado Ruiz fueron Cipriana Álvarez de Durán, esposa de Machado Núñez, y Ana Ruiz, la trianera, la madre de los niños.

La obra muestra, según el escritor, que presentará el libro este jueves en Sevilla junto a Manuel Álvarez Machado, heredero directo de los poetas, fotografía y cartas inéditas proporcionada por la familia del que fuera alcalde de Sevilla y rector de la Universidad Hispalense.

PUEDES ADQUIRIR EL LIBRO EN TU LIBRERÍA HABITUAL

 

 

Tercera parte de Guzmán de Alfarache

  • ISBN: 9788492417353
  • Editorial: Ayuntamiento de Sevilla
  • Fecha de la edición: 2010
  • Lugar de la edición: Sevilla. España
  • Encuadernación: Rústica
  • Medidas: 22 cm
  • Nº Pág.: 339
  • Idiomas: Español

Papel: Rústica

16,00 €

 

Resumen

El objetivo de esta tesis es acercar al lector la única novela del autor portugués Félix Machado de Silva y Castro, que es prolongación de uno de nuestros grandes monumentos literarios: la obra de Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache. La importancia y calidad literaria de esta continuación, dignas de mención, así como el escaso interés suscitado entre los estudiosos de la literatura, me han servido de impulso para elaborar la primera edición crítica del texto. El trabajo que aquí se presenta se compone, principalmente, de dos partes. La primera trata de clarificar los más de cuantos aspectos relacionados con el texto pudieran ser obstáculo para su lectura. Para ello, se ha elaborado un estudio donde se abordan algunas de las cuestiones fundamentales que permiten situar la obra dentro de su contexto histórico y literario, como también integrarla dentro de la tradición a la que pertenece, estableciendo todas las conexiones con su predecesora, así como con otros autores y obras de las que se advierten claras influencias. La segunda es, en sí misma, la primera edición crítica a la que esta Tercera parte de Guzmán de Alfarache se ha visto sometida. En ella, se han intentado limar todas las dificultades textuales que la novela plantea, mediante la fijación de los oportunos criterios y la inclusión de un aparato de notas que ayude a solventar cualquier incomprensión, ya sea de tipo lingüístico, cultural, histórico, gráfico o puramente literario. En definitiva, pretende ser el trabajo que aquí se ofrece material para futuros investigadores con semejantes inquietudes, pero quiere también poner en valor una obra hasta ahora desconocida por el lector común, testimonio inestimable, que arroja nueva luz sobre la evolución, declive y caída de un género capital de nuestra prosa áurea: el picaresco.

 

POESIAS y POETAS. Siglo XXI.

Poesías y Poetas

Siglo XXI.

 

 

      Ana María Olivares

Ana María Olivares nace en Novelda. A edad muy temprana pierde a sus padres por lo que se traslada a Jumilla. Es en este pueblo murciano donde toma contacto con la Literatura de la mano de una de sus primeras profesoras, Doña Ana Tomás Herrero quien le descubrirá los placeres de la lectura poética. Comenzará leyendo a los clásicos españoles, renacentistas y barrocos, pero será la figura señera de Antonio Machado la que le marcará el camino, que desde sus inicios a los 12 años de edad no habrá de abandonar hasta el momento.

 

Ha publicado cinco poemarios con anterioridad: Al viento voy a contarle (1994, Colección Jumillea), Ausencias (1999, Concejalía de Cultura de Jumilla), Noches de Sándalo (2004, DK Desarrollos, Estepona), Mareas de Otoño (Ediciones Cardeñoso, Vigo) y A solas con Selene (2010, Editorial Poesía Eres Tú, Madrid). Su ultimo poemario publicado es Escrito en la memoria (Antología Poética.  1976 – 2015)

 

Ana María además ha grabado el CD Acordes de Melancolía con Antonio Piñana a la guitarra (2007, Blues Proyect Música, Molina de Segura).

 

 

Recuerdo


Un tibio rayo de sol
intenta calentar la tierra
¡qué fría está la mañana!
¡qué paz se respira en ella!
qué bella tierra soriana,
los álamos, las riberas,
ese río que te baña
—río Duero por más señas—
en cuya orilla quizás
alguna enamorada tiembla.

Tu nombre, Soria, he grabado
como a fuego en mi cabeza
y en la corteza del olmo
como si de un rito fuera
he escrito tu nombre, Soria,
y he escrito también la fecha;
porque este día bendito,
el día que pisé esta tierra
quedará por mí grabado
aquí en mi corazón y en tu corteza.

 

A un árbol

¡Qué duro es verte sufrir
y estarse así tan quieto!

Quién pudiera rodearte
y abrazar tu esbelto cuerpo,
responder a tus palabras
ser guardián de tu secreto;
devolverte tus miradas,
susurrarte un te quiero…

¡Quién ha dicho que no siento!

Yo me aflijo con tu pena,
yo te arrullo en el silencio de la noche;
por no tener lágrimas
ni ojos para mirarte,
porque mi corazón no late…
será por eso que te llaman loca
cuando vienes hasta mí todas las tardes.

Sé de tu dolor y callo…
mecidas por el suave viento
mis frágiles ramas suspiran,
me abrazas, yo me estremezco.

¡Qué duro es verte sufrir
y estarse así tan quieto!

Quisiera a tu lado estar siempre
sonreírte, acariciarte…
pero no puedo moverme
tampoco puedo hablarte,
tan sólo soñar contigo,
amarte en silencio…
mas tu buscas consuelo y amor en otra parte;
no ves en mí sino a un viejo árbol
donde puedes refugiarte,
sin que nadie te moleste
sin que nada te delate,
no te das cuenta que sufro;
que me duele tu desaire,
maldigo el día en que árbol nací y no hombre.

¡Qué duro es verte sufrir
y no poder ayudarte!

 

A quienes se fueron

No es posible soportar tanta tristeza,

tanto desconsuelo, tanta soledad,

apenas si el aire a mis pulmones llega;

es irónico pensar que de niña no os extrañara

y ahora que soy una mujer

me sienta tan incompleta.

 

Me falta un beso de buenas noches,

una caricia cuando estoy enferma,

un abrazo cuando las cosas no funcionan,

una palabra de aliento que me haga sacar fuerzas.

 

Quiero que os vengáis conmigo de vacaciones,

que juguéis con mis hijos en la arena,

quiero que hablemos en las soleadas tardes

de vestidos, de chismes, de recetas;

quiero hacer todo eso que una hija hace

cuando sus padres están con ella.

 

Quiero que estemos juntos en Navidad,

que cenemos en Nochebuena,

quiero que sequéis las lágrimas de mis ojos,

que me abracéis en un día de tormenta.

 

Ya no puedo soportar más esta angustia,

ya no resisto el vacío que me apresa,

no me basta pensar que desde el Cielo,

veláis por la hija que dejasteis en la tierra.

 

No me basta contemplaros en las fotos

no quiero poneros flores…ni encenderos velas,

quiero que compartáis conmigo esta vida,

no quiero esperar a esa otra que llaman vida eterna.

 

Quiero despertarme mañana muy temprano,

pensar que todo ha sido una quimera

un mal sueño, una horrible pesadilla,

algo que la vida me robó tan sólo en mi inconsciencia.

 

 

Soneto de amor

Delirio, pasión, fuego, locura,

quimera, lujuria, ardor, deseo,

detener el instante en que te veo,

entregarme a ti plena de ternura.

 

Engañarme a mí misma cada día,

pensando que sientes lo que yo siento,

tratar de imaginar que te tendría,

soñar con la ilusión de que te tengo.

 

Amor prohibido que me está matando,

veneno que circula por mis venas

dolor que a mi puerta vienes llamando.

 

No quiero soltarme de tus cadenas

prefiero continuar esperando,

conocí el amor… ya me siento llena.

 

Pude ser tuya y tú mío

pude amarte, ser tu esclava

beber sedienta en tu boca…

…y nunca sucedió nada.

 

Te tuve tan cerca de mí

me miraba en tu mirada

rozaban mis dedos tu piel…

…y nunca sucedió nada.

 

Quise enredarme en tu pelo

quise entregarte mi alma

quise eternizar tu imagen…

…y nunca sucedió nada.

 

Ahora lejos aún te siento

me esquivas, no dices nada,

lloro por lo que tuvimos…

…y nunca sucedió nada.

 

Una noche cualquiera de hace años,

una habitación destartalada y vieja,

una pequeña mesa bajo la ventana,

dos niñas que estudian, ríen y sueñan.

 

Un perro ladra a lo lejos en alguna parte…

una fina lluvia se cuela entre las grietas,

el sonido del viento se entremezcla

con canciones de Serrat y voces nuevas.

 

Estancia anhelada y añorada,

donde pasé mis días más felices,

donde viví mis horas más intensas;

nada queda ya de aquella alcoba…

ya no están la ventana ni las grietas,

ya no se escuchan risas ni canciones…

ni siquiera el recuerdo de un poema;

las niñas, hoy mujeres se marcharon,

sólo habitan el silencio y la tristeza.

 

 

Aquel dos de marzo

La puerta se abrió de pronto,

el sol penetró a hurtadillas,

sólo se veía el negro

de las ropas que traían;

los velos sobre los rostros

las lágrimas en las mejillas.

 

Aquella tibia mañana

se volvió de pronto fría.

 

Sabía que te había perdido

aunque nadie lo decía,

y buscaba una respuesta

en las miradas vacías.

 

No, no puede ser cierto

me repetía a mí misma,

no puedes abandonarme

necesito tus caricias.

 

Me arrancaron de mi casa

como quien corta una flor

sin pensar en lo que hacía…

y nadie me preguntó

qué opinaba… qué sentía.

 

En aquella habitación

donde una vez hubo risas

quedaron mis ilusiones

y mi niñez ya perdida.

 

Todo acabó para mí

mas seguía estando viva…

y volvió a amanecer

y la vida proseguía.

 

Cuando mis ojos se apaguen,

cuando me falten las fuerzas,

cuando mis brazos te busquen

y se cierren con tu ausencia;

no llores por mí ni pienses

que tu culpa es mi pena,

búscame en un verso perdido,

búscame en una noche serena,

búscame en el plenilunio…

en una tarde violeta,

en el azabache de tus pupilas,

en el aroma del campo,

en el sentir de la tierra.

 

Yo estaré cerca de ti…

no te asustes cuando sientas

que el viento roza tu rostro

y con su aliento te quema,

pues no es él mi bien amado,

son mis labios que te besan.

 

Castilla que hasta mí te asomas

con timidez… con reparo,

Castilla que acunaste mis noches

de insomnios descontrolados.

 

Castilla de mi niñez…

Castilla que tanto amo,

paisaje árido y yerto

tarde gris… azul Moncayo.

 

Quiero perderme en tus calles,

olvidar todo lo antaño,

tibio sol, viento que soplas,

mi dulce y fiel aliado.

 

Conviérteme en suave brisa

deja que meza los álamos

y en las tardes solitarias,

tardes de reflejos dorados,

deja que mimosa roce

los labios de mi enamorado.

 

Acróstico

 Alma siempre solitaria,

Noches de frío en vela,

Tienes la mirada ausente,

Orate de amor por ella.

No perdiste la esperanza.

Ignoraste la evidencia,

Obstinado le imploraste

Milagro a la primavera.

Aquella tibia mañana,

Caminando por la ribera.

Hombre que se definió “bueno”.

Amante fiel y poeta.

Días aciagos vendrán.

Obscuro sino te espera.

 

Y lloré ante tu sepulcro Leonor

Late corazón… no todo

se lo ha tragado la tierra…

  1. Machado

 

Y lloré ante tu sepulcro Leonor

allí donde en paz reposas,

un ciprés vigilante te guarda

velada por un cerco de forja.

 

Y lloré ante tu sepulcro Leonor…

porque estás sola en la fría morada,

aquel hombre que tanto te amó

doliente yace muy lejos de España.

 

Y lloré ante tu sepulcro Leonor…

lágrimas de dolor, de tristeza, de rabia;

la muerte contigo no tuvo compasión,

la vida a mí me sumió en la desesperanza.

 

Y me marché de Soria, Leonor,

y ahora sé que los sueños se acaban,

la ilusión que hasta allí me llevó

la dejé a tu lado enterrada.

 

Quiero volver a Castilla

quiero volver a acunarte

con el murmullo del agua

y mis versos a la tarde.

 

Río manso que transcurres

por estos yertos parajes,

donde la primavera brota

de tus ramas invernales.

 

Quiero volver porque siento,

que allá… en alguna parte,

tengo que dejar mi huella

así como tú la dejaste.

 

Quiero volver pues mi sueño

sólo se cumplió en parte,

no vi los álamos dorados

ni el Duero susurró mi nombre.

 

Quiero volver al Espino…

subir y dejarte flores,

contarte toda la pena

que me traje en el equipaje.

 

Quiero volver… mas no creo en milagros,

ni en quimeras, ni en azares,

jamás escucharé las palabras

que tú con amor pronunciaste.

 

Muerta sí… pero qué dicha

haber sido su amante,

fiel esposa, mujer niña

compañera inseparable.

Muerta sí… pero yo te envidio

porque te amaron y amaste,

¿qué puede haber en el mundo

más hermoso y más grande?

 

Cuando yo ya me haya ido

Su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, más tendrá sentido;

polvo serán, más polvo enamorado”.

Quevedo

 

Cuando yo ya me haya ido,

cuando ya no esté en la Tierra,

cuando mi espíritu vague

errante entre la niebla;

no quiero que nadie llore

falsas lágrimas de pena

ni quiero que las beatas

murmuren… ¡qué buena era!

 

No quiero misas ni rezos

que contengan palabras huecas,

ni fotos, ni flores… nada…

nada que adorne la fría piedra.

No quiero que vistan negros lutos,

ya los tuve de pequeña…

y de nada me sirvieron;

cuando partes… no regresas.

 

Quiero que se me recuerde

pluma en mano… ante un albo papel

escribiendo algún poema,

con la mirada perdida

en una tarde serena.

 

Quiero que se me recuerde

como una mujer que amó

con pasión… con total entrega,

y nunca causó daño alguno

aunque nadie la creyera.

Quiero que se me recuerde

volando libre… como un ave,

sin ataduras ni rejas;

un alma que buscó incansable

el amor a manos llenas.

 

Quiero que mi legado sea

una vida de experiencias,

donde tuvo su cuna el dolor

mas también el placer y la belleza.

 

Cuando los años transcurran,

cuando ya nadie se acuerde

de aquella infeliz mujer

que esperaba temerosa

una eterna primavera…

alguien en algún lugar

encontrará una nimia libreta

y en ella recorrerá

verso a verso…su vida entera.

 

Quiero al fin que mis cenizas

duerman en aquella tierra

donde una vez fui feliz

…donde vivió mi poeta.

 

Que el viento haga con ellas

remolinos de quimeras;

corre viento, no te detengas,

concédeme la paz eterna.

 

Y quien quiera que me busque

en tu orilla Duero… en tu ribera,

en tu dorado paisaje,

en los álamos… en las estrellas.

 

Enfermo, melancólico, cansado, viejo,

apenas ya sin fuerzas para nada,
con el peso de los recuerdos sobre tus hombros
partiste exiliado de tu España.

Atrás quedó la rama verdecida,
la esperanza que un día fue tu aliento;
allí en el Espino dejaste tu vida
pues se puede respirar estando muerto.

Aquella funesta premonición de antaño
que quedó en tus nacientes versos reflejada
estaba pronta a cumplirse, tú lo sabías,
y sin mirar atrás caminabas con el alma atribulada.

 

Abriste los ojos Ana,

cuando nadie esperaba que despertarías,
y tu mirada perdida
buscaba a tu hijo…
¿Dónde está Antonio? Decías…

Tu voz débil, entrecortada
apenas se percibía.
“No te preocupes, madre
volverá… duerme tranquila”.

Un sombrío velo de tristeza
se instaló en tu rostro;
sabías que todo era mentira,
una madre lo presiente
el corazón se lo dicta.

Extenuada te entregaste al sueño eterno
ya nada te retenía
y te fuiste serena a buscarlo
a la agreste tierra de Castilla.

 

 

 

         Miguel Ángel Baamonde.

IINTERMITENCIAS

 

 

Poesía última

MIGUEL ÁNGEL BAAMONDE

 

 

Surcos vacíos,señal

Surcos vacíos,
sin materia;
señal de nada inducida al viento.

Yo,
curioso de mí mismo, siento en mí el latido extremado
que me señala en su ritmo cómo se cae el tiempo.

Y me duermo
sin saber
si ya
estoy muerto
o si continuo viviendo más allá del entorno
que quiere ceñirme, amortajándome el cuerpo.

La puerta,
de goznes callados,
se abre en silencio,
mientras la imagen se explica gracias al azogue del espejo.

Y está el misterio abierto.

Porque puerta y espejo son algo
que siempre se queda en las afueras

del tiempo,
aguardando
que alguien las abra o se asome
al permanente abismo de lo incierto.

Se mueve, inquieto, muy dentro de lo bruno que, cálido,
lo acoge en el seno.

Negro.
Tal vez lo maldito,
lo callado en la vida
y oculto
sea eso.
Tan solo un color: negro.

Lo negro no suma
sin la luz abierta al espacio,
ni esos ojos ensoñados que miran como el mundo se va diluyendo.
Lo negro es compacto,
espeso,
muy sólido,
no se borra
aunque transcurran eones de tiempo.

¡Tal vez algún día consiga
yo mismo
romper la aviesa cerraja
y escapar del ahogo,
saltando a la luz y a la vida
de un mundo luminoso y abierto!

¿Qué se desea ya a estas edades? Nada;
o quizá muy poco.
Tal vez la realidad de un sueño o el sonido inefable de una voz que entraña lo inapreciable.

Deseos;
suavidades que se deslíen
como agua escurridiza
entre los dedos.
Nada queda;
va quedando,
anclado siempre
entre los años del olvido
y los menos que todavía pretendemos.

Crecer.
Dar forma a la vida y al cuerpo. Alimentar
la mente,
el corazón
y el deseo.

Sentir que la carne se asienta en los brazos,
piernas
y pecho;

y que se enriquece lo íntimo
con lo que vemos y aprendemos.

Estar siempre en nosotros proyectándonos desde dentro a las afueras del cuerpo
y sentir que éste se tensa
al tropezarse con otro
que no se parece al nuestro.

Soy yo,
yo quien clama
por la locura del beso,
por los colores del cuadro, por lo que dicen los versos; y también
—¿Por qué no?—
por lo que pide mi cuerpo para mantenerse vivo
y no sentirse muriendo.

También el tiempo es cosa nuestra.

Lo llevamos dentro.
Interior más que externo,
ya que apenas vemos
que los cambios lo cruzan como el viento en las praderas, acariciando la hierba suave, brizando el pensamiento.

Por dentro; por dentro
sí que lo sentimos
correr por nuestras venas, golpeando, latiendo,

con fuerza.

Pasamos nosotros;
el tiempo está inmóvil sin que apenas se note que envejece la pena.

La mirada lejana
se duerme en la arena.

Estoy aquí,
plantado como algo inamovible sobre la tierra, sintiendo su latir bajo los pies desnudos.

Yo soy, en cierto modo, la vida que se expande en un cosmos sin límites ni tiempo,

infinito y eterno, sin medidas
que lo cerquen o ciñan a mí mismo.

Estoy aquí,
sintiendo que el aire me modela
como al mármol el cincel del escultor, sintiéndome progresar a cada instante en la sangre que, insistente,
me recorre.

Este soy yo,
yo mismo
respirando sin ahogos
la vida que empieza, al abrirse
cada mañana
a la luz del mundo nuevo,
como si empezase, desde dentro,
lo que siento latir cuando miro
la hierba, las nubes, el árbol o la mar.

Así soy yo,
nacido porque sí, en la naturaleza
que a cada momento va formando el mundo, al tiempo
que a mí me sitúa
y me coloca
como centro de todo lo que veo.

Yo;
la palabra más completa,
que acoge y abraza la vida toda que formamos el cosmos
y mi ego.

 

II

¿Existe el tiempo? —preguntaron—.

No existe.
Nosotros lo inventamos
para dar razón de nuestro ser al existir,
encerrándolo
en horas, días, años y milenios, y en su propia cárcel
nos hizo sus prisioneros.

Dios no es, está en mí
—no yo en él—
que lo levanto en mi idea hasta que lo alcanza el otro, que lo completa.

Le doy la forma que quiere, que desea,
unificándola con otros hasta dejarla ya plena.

Solo entonces,
y no previo,
dios es el Dios que nos crea, porque siempre, un poco antes, nosotros
le dimos su real existencia.

Vivir,
mirando hacia lo alto como los árboles.

Pero nunca quietos, inalterables;
creciendo en todo,
desde la hondura del pensar hasta el hábito de la rutina.

Vivir,
completar las ambiciones alcanzando plenos
el instante del gran salto.

Morir,
quedarse quieto
y cerrar los ojos.
Detenerse
en lo que se supone que es lo que medimos.

Atravesar la puerta
que separa los sentidos
y adentrarse
en la sorpresa de lo ignoto.

No volver
de lo que no se vuelve, y dejarse llevar
por un vuelo infinito sin saber
si llegaremos o no
a alguna parte.

Despedirse
de los que quisimos y aquí dejamos
y, tal vez,
gozar de lo nuevo tras el quicio
que se cierra. ……………….

Es, en lo hondo,
lo que soñamos en el último adiós.

¡Dormir!
¡Querer la paz!

Hundirse en la negrura

del descanso apetecido.

Esperar inútilmente
ese sueño que no llega,
y sentir que vibra todo el cuerpo
por la dislocada sensación de estar ahí. Tensar los nervios
y cerrar los ojos
en esfuerzo vano, aun con sentido
de buscar lo que no viene
ni se encuentra.

¡Insomnio!
Maldición de los dioses
que juegan con nosotros —desde siempre, desde siglos— al juego de los dados
y al azar.

¡Todo mío!
La vista lo abarca todo, sin buscar las cercas que lo ahogan.

El espacio es así; ilimitado,
amplio y sin perfiles que señalen dobleces en el mismo.

El Todo en su pureza,
que se expande ante mi vista
limpio,
sin que nada ni nadie lo enturbie
en su prístina transparencia.
Pero el hombre, nosotros,
los que pateamos entre el barro, pretendemos apresarlo
en nuestras manos,
sin constatar que siempre se disuelve como agua que resbala
entre los dedos.

¡Todo mío!
Y contento de sentirme en él,
envuelto.

La paz vacía
o la nada sin problema;
quedarse quieto sin pensar en nada, sin contar las horas
ni los días del calendario.

La mirada resbalada
por la nada de las cosas
al forzar a la desgana
que se nutre de sí misma
sin impulsos que interrumpan ese no hacer continuado.

Es la monótona existencia
de un tanto por ciento inusitado de ese monstruo que camina
en dos pies
y que llamamos ser humano.

¿Qué fue de aquellos dos
que un día vimos cogidos de la mano? ¿O de aquellos otros
besándose en el parque,
que acabaron entre odios?

La rutina,
¡la maldita!
La costumbre,
¡tan odiosa!,
que corrompe
y desgasta toda gracia a fuerza de pudrirla…

Nada más;
ni tragedia
ni tampoco una comedia. Lo vulgar
de cada día.

Solo eso. ¡Qué tristeza!

 

 

III

ATMÓSFERA

Aire envolvente, sutilidad sin forma que apenas se percibe en lo que es el todo de lo habitado.

Difuminando árboles camperos
o afinando perfiles de esquinas

que refuerzan el trazado lineal de las callejas, ahí está,
incorpórea,
intáctil a las yemas de los dedos, imprescindible sin embargo,

arropándolo todo
en su propia imprecisión.

Necesaria
para mantener
al ser aleteante
y también al no-ser que contrapone el sí y el no
de la existencia.

No es la nada,
pues lo llena todo;
pero sin perfiles
se asemeja a esa carencia
de lo que puede llegar a ser una definición de lo absoluto.

Necesaria,
invisible,
es ahí, en su no presencia,
sin dejar de lado
lo que consideramos vida nuestra.

El frío entra en nosotros como un torrente inquieto que busca el existir.

Una ausencia
de lo vivo
en el no-ser;
un vacío, una nada acogida a la oquedad de nuestro espacio.

Agazapado
espera
la oportunidad
del asalto último a la tierra
y en ella asentarse para matar la vida.

El viento está ahí.
Es —principio científico— tan solo aire que se mueve. Nada más.
Tan sencillo como eso.

Pero a veces
se vuelve airado
y se agita con furia, arrastrando en torbellinos aquello que encuentra
a ras de tierra.

Es así;
sin tacto;
sin sentirlo, apenas
una brisa
que agita las ramas
de los árboles que, agrupados,
conforman nuestros bosques.

A veces destroza
lo que encuentra
a su paso, cuando
la violencia desatada lo domina.

—Es el viento—
se dice cuando envuelve al hombre y lo lacera.

 

La lluvia es solo agua —verdad incuestionable—. Pero también puede ser Lágrimas del cielo
si nos sentimos cursis o poetas.

¡Qué tristeza trae
cuando la nube negra
se acumula, y abate
sobre la tierra
toda la carga que condensa!

Entonces todo se ablanda;

la tierra es barro
que humilla nuestros pies;

el cortinaje líquido enturbia la mirada

y difumina lo patente.

Los ríos cenagosos, los charcos en la tierra, y esta, ahíta,

apenas tiene fuerzas.

Solo el sol le devuelve
su alegría y su firmeza

Por eso es triste la lluvia

orque desvae la tierra!

Mar.
Limitado en lo profundo por la hondura
donde anidan abisales
las especies más extrañas. Y en la luz,
sin frontera que lo impida, siempre hacia arriba
solo cielos lo limitan.

Mar.
Es el acabar de todos los ríos —Manrique lo suscribe—
de nuestras vidas.
Nuestra muerte, ausentes las fronteras que impidan su llegada,
nos abre nueva experiencia
al otro lado,
donde todo es misterio,
todavía,
para el hombre.

El mar somos nosotros,
los que cada día que transcurre recordamos con nostalgia
las olas eternas en su linde.
Están ahí,
como la imagen
que vemos en marinas y postales, vírgenes todavía de contactos que contaminen su pureza. El mar somos nosotros,
permanece en nuestros ojos,
y la ola, ya rugiente, ya limítrofe, es la imagen permanente de la vida que contaminamos cada día.

Ese es el mar;
fluyente e incansable
en su ir y venir hacia la costa,
retrato nuestro que sin querer creamos como imagen fiel
que nos sustenta.

GuioMAR,
el hilo inexorable que nos conduce hacia nuestro final.

Yo estoy sentado aquí, en mi asiento.
Es de tablero claro, con vetas oscuras,

que dicen el bosque de donde las maderas que lo hicieron vinieron.

Tal vez en la cuenta del tiempo crecieron pujantes
las ramas,
y resueltas se alzaron

cargadas de frutos
que vencidos
cayeron.
Cosas que pasan
como nubes de cierzo
con rayos que buscan el árbol para abatirlo

contra el suelo.

Cuando no ocurre eso,
el filo del hacha
se encarga, por la mano del hombre, de hacerlo;
y con sierras mecánicas transforman al árbol sin vida
en cómodo mueble,
cama, mesa o asiento.

Siempre,
siempre estamos en deuda
con aquello que nos da la tierra sin que devolvamos
el trueque
cuando sería muy justo el hacerlo.

Y la tierra se calla,
y sigue ofreciendo la vida a los árboles, que altivos se engríen,
para que en todo momento
dependa de ellos este existir
que no merecemos.

Se perfila nítida, precisa,
como fondo del cuadro.

Emerge altiva, compacta, firme
como un seno de mujer.

Creo ver, o a tal vez me lo imagino, sus perfiles naturales,
sus señales de arboleda, jara, maleza, algún caminillo que serpea

al hilo del ascenso.

Muda, quieta,
como una verruga que le sale a la tierra, permanece.

La montaña es eso.
Una afirmación de la naturaleza
que está ahí, como enseñanza
de las cosas que nunca se comprenden.

creciendo en todo,

desde la hondura del pensar

hasta el hábito de la rutina.

 

 

 

 

 

 

 

Jesús García Moreno

nace en Valdeganga (Albacete) en 1953 y, de niño, se traslada a El Prat de Llobregat (Barcelona). Es Licenciado en Historia por la UNED, poeta y editor. Ha vivido en Madrid, donde se introdujo en distintos ambientes poéticos que contribuyeron a ampliar su bagaje literario. Ha participado en múltiples recitales, conferencias y homenajes.

Ha publicado dos cuadernos de poesía y dos poemarios: Entre palabras (Poesía eres tú, 2013) y Más allá de las palabras (Ediciones Rilke, 2019), este último escogido por la Asociación de Editores de Poesía del Estado español (AEP) entre los doce mejores libros de poesía del año 2019. Actualmente vive en el Prat de Llobregat y es miembro de Tintablava, Associació d’escriptors del Prat, entidad con la que colabora en sus tareas de difusión cultural y literaria.

Es, también, secretario del jurado del premio internacional de poesía Rafael Alberti. Su producción ha sido principalmente en castellano, pero posee también una parte de su obra en catalán, que espera vea la luz algún día.

 

PARTE I

 

De dónde viene ese olor

 

De dónde viene ese olor.

De dónde viene.

 

Como un invierno

marchita las plantas en los parques

y congela el agua en las fuentes.

Su hedor dobla esquinas,

recorre calles.

Atraviesa corazones.

Llena las colas del pan

y vacía los bares.

Envuelve en su niebla

escuelas y universidades.

Cierra fábricas.

Clausura hospitales.

 

De dónde viene ese olor.

De dónde viene.

 

Subasta la justicia

deshumaniza las leyes

corrompe conciencias

seduce voluntades.

Sube por los desagües

de las tramas financieras,

penetra en los bancos

como una tormenta,

arrasando presentes,

arruinando futuros.

 

De dónde viene ese olor.

De dónde viene.

Si no fuera otoño

 

Si no fuera ya otoño,

desde mi asiento en la barra del bar

diría que estamos en otoño.

Pero solo es una sugestión.

Desde este rincón de la ciudad,

inerte al paso del tiempo,

no pueden apreciarse

los cambios de estación.

Antídoto contra la desilusión

 

Cada vez son más atrevidos.

Se acercan y cogen las migas de pan

con el pico.

Un ojo redondo hacia arriba, despierto,

el otro mirando la miga en el suelo.

Cada día a la misma hora.

Cada día en el mismo banco,

el mismo rito,

como antídoto a la desilusión,

como medicina barata para el desengaño.

Ya no quedan obras para observar,

ni obreros que criticar,

al amparo de la ociosidad.

Solo ese ojo receloso,

sin una condescendencia a la generosidad.

En guardia, siempre pendiente de un gesto,

de una mueca mal interpretada

y… vuelta a empezar.

No lejos, en otros bancos,

voces recias lanzan brindis al sol del ayer,

entremezclados con improperios

al nublado pertinaz,

ese que no se nos quiere quitar de encima.

 

Los gorriones nunca serán astronautas

 

Los halcones tratan de romper,

con la fuerza de sus picos

y el impulso de sus alas,

la barrera azul

que los separa del infinito.

Pero al faltarles el aire

a medio camino,

caen extenuados.

Los gorriones nunca serán astronautas.

Ellos prefieren el suelo.

 

Presagio de futuras tormentas

 

Los hombres escondidos tras los árboles

incitaban con maña a las palomas

para lograr que entraran en los sacos,

luego, las golpeaban contra el suelo.

En la profundidad de los jardines,

ajenas al desastre, las abejas

recolectaban polen ya infecundo

por la contaminación del ambiente.

El lamento marchito de las flores

y el áspero quejido de las aves

se esparcían exhaustos

entre la hierba mustia y el aire denso.

Atrapadas en el vaivén

de sus columpios,

las criaturas sollozan impotentes

bajo una niebla gris

que, oscureciendo el cielo,

presagia futuras tormentas.

No les dejes jugar con tu futuro

 

No tendrás un mañana libre y pleno

si les dejas jugar con tu futuro.

No es un presentimiento

ni una vacilación.

Es una certidumbre

eclipsada por esa obscuridad

sobre cuyos límites pantalleas.

Obscuridad en la que buscas luz

rasgando con las uñas, a jirones,

un firmamento sin estrellas

en mitad de la noche.

 

Bajo de las alfombras de los pasos de cebra

 

Bajo las alfombras de los pasos de cebra

no hay restos de comida.

Allí nadie se para a merendar,

ni por fotografiar los monumentos.

Las envolturas de los bocadillos,

las bolsas de plástico, los cartones

y los envases vacíos

yacen, más arriba, en la acera,

bajo los soportales,

entre olores a orines, cartones

y alguna manta vieja.

Los pasos de cebra son como

vados de río inexplorados

que se atraviesan cargando con todo,

sin añoranzas ni rencores.

A la búsqueda de una nueva Icaria

conducido, tal vez, por el recuerdo

de algún sueño perdido

en cualquier bocacalle transitada.

 

Presencia que no se disipa

 

Él está allí, en la entrada.

Siempre está allí,

con su gorra y su sonrisa.

Como presencia de ébano

radiante, que no se disipa

cuando evitas su mirada

y con improvisación,

perfectamente ensayada,

a sus ¡Buenos días!

Un, buenos días, titubeante,

se te escapa.

De reojo has visto una sonrisa,

un gesto amable en su cara oscura.

Has pasado como otras veces junto a él.

Te ha saludado.

Te ha sonreído.

Y sigue sin pedirte nada.

Comprensivo con quienes lo ignoran.

Afable y cooperador con quien,

por unas monedas, le pide colaboración

al salir con el carro de la compra.

«¿Qué lleva siempre bajo el brazo?

¿Una revista, un diario?»

Al salir del supermercado

te fijas bien,

le miras directamente a los ojos.

—¡Adiós! —Escuchas.

—¡Hasta luego! —Respondes con voz clara.

«¿Es el mismo de siempre?

No. Se parece, pero es otra persona.»

Sí, puede que algo en ti

esté cambiando.

 

Un hombre canta, un niño escucha

 

Un hombre canta con una guitarra.

La luz de la tarde

alarga la sombra de su cuerpo

sobre la acera

y encoge los edificios de la calle.

Los viandantes

pasan con la cabeza gacha,

sin detenerse.

La gorra a sus pies, vacía.

Desde el fondo de un mundo

que se adivina reciente,

casi sin usar,

un niño retiene a su madre

estirándole la mano…

Parece escuchar atento.

—Mama, ¿Por qué canta ese hombre en la calle?

—No sé, hijo, quizás porque no encuentra trabajo.

Sus ojillos miran la gorra vacía.

Su madre deja caer una moneda.

El niño lo saluda con la mano.

Mientras se alejan, por los callejones

rebota el eco desilusionado

de una voz sin armonía…

 

Desde el zaguán del teatro

 

El Sol declina

por la pendiente de la vida

bajo el intenso rojo de las nubes.

Los tejados se yerguen

a través de la polución,

para mejor contemplar el crepúsculo…

—¡Cielo rojo, mal tiempo, mañana o lluvia o viento!

Las sombras cubren fachadas y aceras

mientras las nubes pierden su rubor

y formalizan su estructura.

Todo se vuelve gris…

—¡Todo se vuelve oscuro!

…Todo se vuelve gris por un momento.

Algunas farolas enseñan,

tímidas, su incipiente resplandor,

mientras que los anuncios parpadean

reincidentes mensajes mudos.

—¡Publicidad es lo que falta!

El rojo del semáforo

inmoviliza coches y autobuses,

deslumbrando a los peatones,

que con precipitada decisión

cambian de acera…

—¡Vaya! ¿Y por qué no de criterio,

para que algo más cambie?

Una tarde más…

—¡Una tarde menos!

…Una tarde más, se le ve recostado,

sobre los escalones,

en la puerta del teatro

—¡No deben ser las siete,

aún no me han echado!

 

Las hojas secas

Las hojas secas corren por la calle

jugando con el viento.

Las procesionarias transitan,

con obstinado celo, las aceras,

por entre botas de charol brillante

que con paso marcial

y con una adiestrada diligencia,

vigilan las hileras ordenadas

de las procesionarias.

De vez en cuando,

los perros se detienen,

levantan una pata

y orinan indolentes

sobre cualquier esquina.

Las botas, ajenas al hecho,

prosiguen impasibles con su marcha.

De cuando en vez, las botas de charol

aplastan algunas orugas.

Ellas lo aguantan todo,

sin gestos de dolor, sin un gemido,

siguen por las aceras transitando,

con su tenaz ofuscación.

Mientras, las hojas secas se rebelan,

se agitan libres y se elevan,

llevadas por el viento,

sobre el asfalto gris de la calzada.

 

La avenida de los bancos antropófagos

 

En aquel tranquilo paseo,

los viejos bancos de piedra,

una mañana fría, despertaron

hambrientos y, abriendo sus fauces,

engulleron a quienes descansaban,

confiadamente sobre ellos,

cerrándose luego, ya ahítos,

sobre sí mismos,

como viejos sarcófagos de iglesia.

Los perros desde los balcones

emitían aullidos lastimosos

al aire. Solo algunos transeúntes

vieron el incidente.

Las fuerzas públicas llegaron tarde,

aunque emitieron preceptivo informe.

Las autoridades se concentraron

para deliberar

en sus despachos oficiales.

Sin pésames ni abrazos.

Sin cruces ni responsos.

Sin juicio ni condena para nadie,

se dio por acabada la sesión.

¡Se hacía tarde!

 

Las ratas no lo saben

Las ratas al salir de sus cloacas se asombran:

¡Los humanos están disputando con ellas por la basura!

Y eso ha sido siempre patrimonio suyo.

Las ratas no lo saben. Ellas lo ignoran…

Esa acción solo es —bien lo sabemos—,

una excentricidad más de las personas.

Pero ya los guardianes de la moral,

que siempre velan por las buenas costumbres,

han tomado las oportunas medidas.

¡Los infractores serán severamente castigados!

Serán proscritos, confinados en las alcantarillas,

con aquellos que abusan de la caridad del Estado:

Con los vagos y maleantes, con los enfermos crónicos,

los parados, los viejos, y los molestos emigrantes…

Para evitar infracciones, se usará a la fuerza pública:

Un vigilante por contenedor de materia orgánica

y en la boca de cada cloaca, una pareja armada.

¡No puede estar permitido, por el bien de nuestra imagen,

que ningún ser humano les dispute la comida a las ratas!

Silencio en el comedor

Tras la cola angustiosa,

hay silencio en el comedor,

esperando la caridad

que les procura el alimento.

Ambiente denso. Luz irrespirable.

Tras el cristal un cielo gris, lloroso.

Sentado, los minutos son eternos.

La mano resignada, toma el pan,

y lo va migando, despacio,

dentro del plato, en la sopa caliente.

El peso de la falsa certidumbre,

de la seguridad perdida,

sigue martilleándole las sienes

con su recuerdo

Rapaces nocturnas

 

Las conciencias son duras

como las puntas de sus botas negras.

Odian la diferencia.

La pobreza rebelde y altiva

los alarma y enfurece.

Como las rapaces nocturnas,

avanzan por los callejones

en parvadas uniformes y compactas.

Buscando víctimas en la que descargar

su temor a la libertad.

En un zaguán, bajo un solitario portal,

las botas patean un cuerpo

dormido entre cartones.

Los eslabones de sus cadenas

chispean contra la acera.

No se oye ni un quejido,

ni un lamento que les alegre la noche…

La sangre y el dolor inundan la calle.

Brazo en alto, entre gritos y soflamas,

los agresores se disuelven

en la oscuridad de la noche.

Esto mañana no será «portada»

en ningún diari0.
Escrito en un cartón

 

Escrito en un cartón,

se diluye, ilegible bajo el agua,

la tinta de un mensaje.

En las aceras las baldosas brillan,

como espejos oscuros,

reflejando zapatos que caminan,

entre charcos y losas sueltas,

salpicando a los bultos

que yacen guarnecidos

debajo del dintel de los portales.

Por un momento

todo es prisa, motores en acción,

semáforos en ámbar, confusión.

Cuando el fragor decae,

derrotado por la inclemencia,

un oscuro rumor de soledad

acorrala a la noche,

quizás, solo quizás, humanizada

por el ritmo asonante

de las gotas de lluvia

al golpear en los cartones

extendidos sobre la acera.

 

Solo

 

Solo, siempre se le ve solo,

con la espalda encorvada

entre el bullicio de las calles.

Se le pueden contar

en las arrugas de la cara

los desengaños, las renuncias.

Solo, siempre se le ve solo,

a la deriva, solo y derrotado.

Sin rendición posible.

Sobre el asfalto se le ve

en cualquier rincón de la ciudad

exiliado de la existencia

tras tanta vida derramada.

 

Rey de un mundo sin tiempo

 

Si las esculturas del parque quisieran

podrían contarnos su historia.

Las estatuas oscuras,

con la tez llena de excrementos de paloma,

prefieren conversar entre ellas

a escuchar el silencio de la noche.

A la hora en que los sintecho

nos hacemos los dormidos

bajo la luz de las farolas,

ellas despiertan.

La oscuridad abre un lapso

entre pasado y futuro,

el ayer olvidado y el mañana perdido.

¡Ahora es ahora!

Dueño de uno mismo.

Rey de un mundo sin tiempo.

Abro un ojo, entre un pliegue de la manta roída,

espío los cuerpos bañándose en la fuente.

Gozo sus perfiles desnudos,

sus gestos sensuales, descuidados,

y al arrullo de sus conversaciones,

ya satisfecho,

me dejo vencer por el sueño.

 

Sin triunfos ni laureles

 

Bajo el asfalto no hay árboles

ni pájaros volando.

Debajo del asfalto no hay albas

ni pueden verse las puestas de Sol.

Hileras de seres humanos

convergen y divergen en oleadas

hacia los túneles abiertos

debajo del asfalto,

en donde no se puede oír

el rumor de la lluvia,

ni sentir la fragancia de las nubes.

Sus vidas, controladas

por vigilantes hieráticos

y contabilizadas

por algoritmos automáticos,

son dirigidas a una meta

tras de la cual, sin triunfos ni laureles,

su existencia culmina.

 

El cielo de Madrid

 

El cielo de Madrid llora
lágrimas de luz oscura
sobre las cúpulas huecas
de las iglesias barrocas.

 

El cielo de Madrid tiene
un aire turbio que hiere,
en sus mástiles enhiestos,
a las banderas de muerte.

 

El cielo de Madrid carga,
sobre sus ocres tejados,
crepúsculos oscuros,
noches sin luna
y miradas ausentes.

 

El cielo de Madrid sufre,

aterido entre la niebla,

dolores de amanecer

que le queman las entrañas.

 

El cielo de Madrid tiene,

para la gente honesta,

los accesos vigilados

y cerradas las puertas.

 

Ese quebradizo cielo

tiene sus días contados

porque el pueblo de Madrid,

soñando un futuro nuevo,

quiere tender el pasado,

por los tejados, al viento.

 

Perdido en un río de asfalto.

Náufrago bajo un ciel

y hallar, entre las ch

FELIX MACHADO SILVA CASTRO Y VASCONCELOS. MARQUÉS DE MONTEBELO.

Félix Machado Silva.

Felix Machado Silva Castro y Vasconcelos. Marqués de Montebelo.

 

Breve historia de Portugal hasta el siglo XVII.

A mediados del siglo III d.C. el Imperio Romano estaba en decadencia. En el siglo V el dominio romano en Portugal se derrumbó. En el año 409 los pueblos germánicos invadieron la Península Ibérica. Una raza llamada Suevi invadió Portugal.

Sin embargo, en el siglo VI, otra raza llamada los visigodos gobernó España y atacaron a los suevos. En 585 los visigodos habían conquistado a los suevos. Los invasores germánicos se convirtieron en la nueva clase alta. Eran terratenientes y guerreros que despreciaban el comercio. Bajo su dominio, el comercio estaba dominado por los judíos.

Edad Media

En el año 711 los moros del norte de África invadieron la península ibérica. Rápidamente conquistaron lo que hoy es el sur de Portugal y lo gobernaron durante siglos. Sin embargo, no pudieron someter permanentemente el norte de Portugal.

Una pequeña estatua visigoda creció lentamente en el norte. En el siglo XI se le conocía como Portugal. Los condes de Portugal eran vasallos del rey de León, pero culturalmente la zona era muy diferente de León.

En 1095 el rey de León concedió Portugal a su hija Doña Teresa y a su marido. Cuando su marido murió, Doña Teresa gobernó como regente para su hijo. Se casó con un noble gallego.

Sin embargo, los nobles portugueses se alarmaron ante la perspectiva de una unión con Galicia. Se rebelaron y liderados por su hijo Dom Alfonso Henriques derrotaron a Teresa en la batalla de Sao Mamede. Después Alfonso Henriques se convirtió en el gobernante de Portugal.

Portugal se independizó gradualmente de León. En 1140 Alfonso se llamó a sí mismo rey de Portugal y afirmó la independencia de su país. A partir de 1179 los diplomáticos papales también lo llamaron rey.

Mientras tanto, Alfonso se dedicó a recuperar territorio de los moros. En 1139 Alfonso derrotó a los moros en Ourique. En 1147 capturó Lisboa y trasladó la frontera al río Tajo. Más tarde capturó territorio al sur del Tajo.

Mientras tanto, el comercio siguió prosperando en Portugal. Los judíos seguían siendo importantes en las ciudades. El primer parlamento o Cortes se reunió en 1211. Al principio sólo estaban representados el clero y la nobleza. Sin embargo, el rey Dinis (1279-1325) permitió que la clase mercantil enviara representantes, una señal de su creciente importancia.

A partir de mediados del siglo XIII Lisboa se convirtió en la capital de Portugal. En 1290 se fundó la primera universidad de Portugal en Lisboa. (Aunque pronto se trasladó a Coimbra). También durante el reinado de Dinis se plantaron bosques de pino y se drenaron pantanos para la agricultura. La agricultura floreció.

Sin embargo, en 1348-49, al igual que en el resto de Europa, Portugal fue devastado por la peste negra, que probablemente mató a un tercio de la población.

A finales del siglo XIV, Portugal se vio inmerso en una guerra. Al morir el rey Fernando (1367-1383) su hija Beatriz se convirtió en reina. Sin embargo, estaba casada con Juan de Castilla. Algunos portugueses temían que Portugal se uniera a Castilla y dejara de ser independiente. Se levantaron en rebelión.

El rey de Castilla invadió Portugal para mantener a su esposa. La guerra duró dos años. Finalmente los castellanos fueron derrotados por un ejército portugués (apoyado por arqueros ingleses) en la batalla de Aljubarrota. Dom Joao se convirtió en rey y Portugal permaneció independiente.

En 1386 Portugal hizo una alianza con Inglaterra. Luego, en el siglo XV, Portugal se convirtió en una gran nación marítima. En 1415 los portugueses capturaron Ceuta en Marruecos. Madeira fue descubierta en 1419. Las Azores le siguieron en 1427.

En esa época, el príncipe Enrique el Navegante (1394-1460) hizo de la navegación un arte. También proporcionó barcos y dinero a los capitanes portugueses. Los marineros portugueses se aventuraron cada vez más lejos.

Cuando murió el príncipe Enrique, los portugueses ya habían zarpado a Sierra Leona. Luego Tánger fue capturada en 1471. Finalmente, en 1488, Bartolomeu Dias dio la vuelta al Cabo de Buena Esperanza.

En 1492 Colón descubrió las Antillas. Como las nuevas tierras estaban al sur de las Canarias, el rey portugués afirmó que eran suyas. Sin embargo, la discusión con los españoles terminó con el Tratado de Tordesillas en 1494.

Portugal y España acordaron que todas las tierras nuevas al oeste de una línea a 370 grados al oeste de las Islas de Cabo Verde pertenecerían a España. Cualquier tierra al este de la línea pertenecía a Portugal. Siguiendo el tratado de 1498, una expedición liderada por Vasco da Gama navegó alrededor de África y llegó a la India.

Siglos XVI-XVII

Asia era la fuente de especias, que eran muy caras en Europa. Se podrían obtener enormes beneficios importando especias por mar. Al principio, los portugueses dominaban el comercio de especias. En 1510 los portugueses anexaron Goa a la India. En 1511 tomaron Malaca en Indonesia. En 1514 llegaron a China y en 1557 establecieron un puesto comercial en Macao. Los portugueses también colonizaron Brasil.

Mientras tanto, en 1536 se formó la Inquisición en Portugal. La primera ejecución en Portugal tuvo lugar en 1541. La última fue en 1765.

El rey Sebastián (1557-1576) dirigió una expedición a Marruecos. Terminó en un completo desastre. Miles de portugueses fueron asesinados, incluyendo al rey y a la mayoría de la nobleza. A Sebastiao le sucedió Henrique, que murió sin hijos.

Después, el rey Felipe II de España reclamó el trono de Portugal alegando que era sobrino del rey Sebastián. Los españoles ganaron la batalla de Alcántara y Felipe II de España se convirtió en Felipe I de Portugal.

Desde entonces hasta 1640 España y Portugal compartieron un monarca. Sin embargo, el sindicato se fue haciendo cada vez menos popular. En 1640 los nobles portugueses dieron un golpe de estado en Lisboa. Destituyeron al gobernador de Portugal. El duque de Braganza fue nombrado rey Joao IV.

España no reconoció la independencia de Portugal hasta 1668, cuando se firmó el Tratado de Lisboa. Sin embargo, Portugal estaba en declive en el siglo XVII. En 1600 los portugueses dominaban el comercio de especias con Asia. Sin embargo, en el siglo XVII perdieron su posición frente a los holandeses.

 

Reyes de Portugal.

Casa de Borgoña (1139-1385)

Casa de Avís (1385-1495)

Casa de Avís-Beja (1495-1580)

Casa de Austria (1581-1640)

Casa de Braganza (1640-1853)

 

 

 

 

 

 

1ª Entrega.

 

Uno de los misterios sobre los antepasados de los hermanos Machado Ruiz es el de su posible origen portugués. Nos referimos, en este trabajo, solo a los posibles antepasados que llevaran el apellido Machado y que pudieran ser antepasados de nuestros poetas.

Manuel Machado escribió en París, en 1899, su poema “Adelfos”, en el que dice:

  De mi alta aristocracia, dudar jamás se pudo.

  No se ganan, se heredan elegancia y blasón…

  Pero el lema de la casa, el mote del escudo,

  Es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Sin duda en esta estrofa anuncia unos conocimientos sobre antepasados que, en aquellas fechas, solo podían tener su origen en la tradición familiar, en historias, ciertas o no, que debían repetirse entre los más cercanos y que él, o sus hermanos, recordaban haberlos oído de ellos.

Y sostiene un origen aristocrático del que se hereda elegancia y blasón, una “casa” y un escudo, aunque le llega tan difuso que le dificulta su concreción.

Pero Manuel Machado, como hombre que se mueve entre libros, que investiga en ellos, no cierra esta posibilidad. Sabe que, si cierta, puede aparecer en cualquier momento una pista que acerque este origen a la realidad.

No es que Manuel Machado busque un posible origen “nobiliario”, simplemente aplica sus inquietudes histórico-investigadoras a una información recibida, probablemente con cierta ironía dados los sentimientos republicanos, iguales a los de sus hermanos y anteriormente de su padre, Antonio Machado y Álvarez, y de su abuelo Antonio Machado y Núñez.

Y abierta la posibilidad escribe sobre ella ocasionalmente, cuando alguna lectura le suscita una revisión o actualización. En este sentido publica en el diario “La Libertad”, en 1920, varios artículos con referencias a un cierto marqués de Montebelo.

Pero no cabe duda que Manuel conoció algunos años después los libros que a continuación indicaremos y que contenían una muy amplia información sobre este “tema” y sus posibles antepasados portugueses.

 

Nos referimos a:

1º   “Memorial del Marqués de Montebelo”,

escrito o publicado en 1642, del que reproducimos las primeras cuatro primeras hojas, de un total de 316 que incluyen las dos primeras de portada/título y de diseño del escudo de las primeras armas que esta familia portuguesa Machado usó. (Ahora usamos copia obtenida de la “KAISERLICHE KUERIGLICHE – HOFBIBLIOTHEK – WIEN”.

 

 

 

 

 

 

2º “Vida de MANUEL MACHADO de AZEVEDO, SEÑOR DE ….”,

Que relata, en 138 páginas, a las que añadir portada/título, escudo e introducción, la biografía y genealogía de MANUEL MACHADO  de  AZEVEDO.  (Lleva sello de la Librería del Colegio Imperial – IHS ). El libro fue publicado en 1660, impreso en Madrid por Pedro García de Paredes.

Reproducimos hoja de portada, hoja con escudo de armas, y las dos primeras páginas, obtenidas de copia digitalizada de la Biblioteca de la Universidad Central, Facultad de Filosofía y Letras, (suponemos que de la Complutense de Madrid).

 

 

 

 

Destacamos que de los escudos de armas que se reproducen en los dos libros, en “El Memorial” aparecen tres hachas cortas (en portugués machados) y en la biografía de Manuel Machado Azevedo” cinco hachas.

Es claro que el apellido Machado significa en portugués hacha de mango corto.

El motivo de éste trabajo sobre los antepasados portugueses de la familia Machado Ruiz no es el reclamar títulos nobiliarios ni vinculaciones con la realeza de aquellos años en los que se escriben los libros de referencia, únicamente investigamos para constatar quienes fueron antepasados directos de los hermanos Machado Ruiz y así corroborar que el citado Félix Machado, Silva, Castro y Vasconcelos, Marqués de Montebelo, ( 1595 – 1662 ) que fue autor de un libro titulado “Tercera Parte de Guzmán de Alfarache”, de otro, del que no quedan restos pero del que se conoce el titulo como “Novela de Melano Arminda” y de una colección de Poemas, 72 octavas, que celebran los amores de Ameno y Arminda, también perdidos,  lo fue con algunos años de separación (algo menos de 100 años) de la conocida familia española de D. Antonio Machado Núñez (1815 – 1896, nacido en Cádiz) y de sus descendientes.

El nexo de unión temporal entre ambas líneas es el que hay que localizar. Sabemos que el padre de Antonio Machado y Núñez se llamaba Francisco Machado Rodríguez, nacido en Alosno, en la actual provincia de Huelva, y que su padre se llamaba Joseph Machado siendo natural de la misma población. Pero a estas investigaciones y a los datos reunidos al efecto volveremos más adelante.

Sabemos la fecha de fallecimiento de Félix Machado Silva, 1662, y podemos deducir que Joseph Machado nació hacia 1755  (calculamos para aquellas fechas unos 30 años por generación ).  Luego teniendo en cuenta los conocidos descendientes de Félix Machado da Silva ……….

Pues bien, estos libros si conocidos al menos por Manuel Machado, dentro del entorno de sus más próximos familiares, fueron sin duda objeto de estudio y análisis por nuestro poeta, sacando de ellos algunas conclusiones que motivarán algunos de los usos que izo en sus escritos, especialmente literarios, como luego veremos, aunque podemos adelantar que a uno de los personajes de la obra de teatro Adelfos, de  perfil mas bien cómico y poco serio, (la obra de teatro citada es obra de Manuel y de Antonio Machado) le dieron el nombre de Enrique, Marqués de  Montevelo.

 

Ahora vamos a hacer un breve resumen del contenido de estos dos libros.

Del primero (aunque fue su redacción el segundo en el tiempo, con solo dos años de diferencia, 1642 a 1640) diremos que comienza con una presentación del Marqués de Montebelo en la que se relacionan sus posesiones y titulación. Dice:

 

“Felix Machado de Silva, Castro, y Vasconcelos, Marqués de Montebelo, Señor de las Casas de Castro, Vasconcelos, y Barroso, y de los Solares de ellas, Machado (que es la Torre en el valle de Iaras de Riba Cadavo), Ribero, Fafes, Paço, Vilela, Sequeiros, Oteiro, Cernado, Paços de Trava, Perosselo, Dornelas, Bobadela, Nugueira, Hora y Solar de Piño, Scipioens, y de las Tierras de Entre Home y Cádavo, en que tiene la Villa de Amares con trescientos treinta lugares y aldeas de su jurisdicción, Comendador de San Juan de Coucieiro”.

Sigue:

“Representa a Vuestra Majestad los méritos de su Casa, y la justa esperanza que por ellos puede tener de Vuestra Majestad por su grandeza y no permita que pasen adelante las causas con que hoy se halla de dolor, por verme no solo en esta su Casa adelantada por otras que no merecieron mas, sino que le hayan quitado mucho de lo que poseía, y que a él se le nieguen los títulos de mercedes que Vuestra Majestad fue servido hacerle en la ocasión de su casamiento, por singularísimas consideraciones, no siendo menor la de sus Ascendientes, que se siguen”.

A continuación se refiere al Padre del Marqués de Montebelo, diciendo:

“ Es el Marqués hijo de Manuel de Araujo, Sousa, y Castro, Señor que fue de las Casas, Solares, Tierras, Villas y Lugares referidos, por casamiento que hizo con Doña Margarita Machado de Silva y Vasconcelos, su madre, en  consideración de lo cual Vuestra Majestad le hizo merced de las jurisdicciones de sus Tierras, después de proceder una sentencia sobre un largo pleito que se le puso en nombre de Vuestra Majestad y que duró desde el año 1582 hasta el de 1622, juzgándose que eran de sus padres aquellas jurisdicciones. Por ser el pleito con Vuestra Majestad no vencieron costas, habiéndose gastado en él mas de treinta mil ducados, sin que por este injusto dispendio se le diese remuneración alguna, como todo consta de la Donación.

      Sirvió su padre Manuel de Araujo, Sousa y Castro a Vuestra Majestad en todos los aprestos de expediciones de su tiempo, gastando en ello hacienda considerable, como se ve de las cartas de Vuestra Majestad, y de las Provisiones que hay en el Archivo de la Cámara de sus Tierras.”.

A continuación, en el Memorial, se relacionan, aportado datos, los antepasados del abuelo del Marqués, en la línea de Don Manuel de Araujo.

      “Diego Araujo, Sousa y Castro, Señor del Solar y Torre de Tora, fue el padre de Manuel de Araujo de Sousa y Castro, y abuelo del Marqués de Montebelo.”

      “Diego fue casado con Isabel Lobato de Zúñiga, que fue hija de Antonio Fernández de Zúñiga y nieta de Fernán Yáñez de Zúñiga, caballero gallego descendiente de la casa de Sotomayor, que se casó en la Torre de Calleiros con Isabel González de Calleiros”.

Siguiendo por esta línea de los “Calleiros”, el Memorial nos dice:

“Que Isabel González de Calleiros fue hija de Gonzalo Sánchez de Calleiros y de su mujer Leonor Pereira, siendo el primero hijo de Sancho Martínez de Calleiros y de Doña Angela de Sousa, y nieto de Martín Sánchez de Calleiros y de Doña Isabel de Prado, (familiar cercana) y bisnieto de otro Sancho Martínez de Calleiro,(que tuvo buenas relaciones con el Conde Don Pedro) que se casó con Doña Sancha Fenandez, hija de Fernando Martínez Camelo y de Doña Ouroana Pérez, que a su vez fue hija de Pedro Pérez Vello y de Doña Teresa Pérez de Pereira.  Esta última, hija de Pedro Rodríguez de Pereira y de Doña María Pérez Gravel, y hermana de Don Gonzalo de Pereira, a quien llamaba el Conde Don Pedro, El Grande Comendador de España en el orden del Hospital.”

Sigue indicando el texto:

“Que tanto Teresa Pérez de Pereira como su hermano Don Gonzalo de Pereira fueron nietos de Rodrigo González de Pereira y de su segunda mujer Doña Sancha Enriquez de Portocarrero y bisnietos, en esta misma línea, de Don Gonzalo Rodríguez (al que le llamaron Palmeira) y de Doña Froile Alfonso”.

Esta última “hija del Conde Don Alfonso, hermano del Conde D. Nuño de Celanova (que es un  Convento y tierras en el Reyno de Galizia, cercano a Entre Duero y Miño, y entierro de los Señores de Araujo).”.

“El referido Gonzalo Rodríguez de Palmeira fue hijo de Don Rodrigo Forjaz de Trastamara, que fue por esta línea, décimo tercer abuelo del Marqués de Montebelo, y por línea de su mujer, Orraca Rodríguez de Castro, ser hija de Don Rodrigo Fernández de Castro, conocido como El Calvo, y de Doña Estefanía Pérez, a su vez hija del Conde D Pedro de Trava y nieta de Doña María Álvarez de Castro y de su esposo Don Fernando, hijo del Rey de Navarra, que por ello y por el Solar de Calleiros  resulta el Marques de Montebelo décimo sexto nieto suyo”.

Volviendo a Doña Isabel de Prado, mujer de Martín Sánchez de Calleiro, decir que siendo ésta natural del Reyno de Galicia fue llamada La Gallega.

“Los Prado era una familia muy noble y antigua en aquel Reyno y en estos de Castilla, si bien en su origen han variado mucho los escritores, porque unos quieren darle su principio en la Infanta Doña Blanca, hija del Señor Rey Don Alfonso el Tercero de Portugal y hermana del Rey Don Dionís, siendo así que mucho antes hubo Cavalleros de este apellido, entre los que destacamos a Martín Díaz de Prado (en tiempo del Emperador Alfonso el Séptimo, al que hizo merced de la Villa de Alvirez, villa que está en el Reino de León, junto a Mayorica y de Xacar, por los límites de Villa Mudarra, como declara el honrable Don Fray Prudencio de Sandoval.

Otros consideran que este apellido tuvo su origen de uno de los Reyes de León, no se sabe cual, que andando por un Prado se aficionó de una Labradora o Pastora, de quien tuvo un hijo, al que le quedó el apellido Prado”.

Don Diego Fernandez de Mandoça dice: “Los de Prado vienen de los Reyes de León, por cuanto un Rey de aquel Reino trató a una doncella en un Prado, y hubo un hijo de ella, al cual tuvo este apellido.”, y Don Manuel Machado de Azevedo escribió:En este año de 1510, con las grandes avenidas de este rio Cavado, arruinó parte de la puente de Prado, y en una piedra de ella se escribieron estas letras: BLANCA, ET BLANCE, ET REX LEGIONIS FECERUNT, de lo que se colige que es verdadera la tradición de que antes de haber reyes en este Reyno, siendo entre Duero y Miño del de León, y existiendo un  Rey de aquel Reino en la ciudad de Braga, se enamoró de una Doña Blanca Gutierrez de Silva, que era Señora del lugar al que hoy llaman Villa de Prado, y que para verla las veces que quisiera sin que se lo impidiese el rio Cavados reedificó este puente. Que las armas eran un León rojo en Campo blanco, que al traer las armas de  los Silva pasó a León negro, por significar la noche el encubrimiento del amor de sus amos.

Doña Blanca fue hija de Gutierre de Silva. Dice Fray Prudencio de Sandoval quede esta familia ha avido muy señalados Cavalleros, i en el Reino de León, Galizia i Asturias hay muchas casas solariegas, aunque no ricas. Don Juan Núñez de Prado, Maestre de Calatrava, fue valiente i señalado  Cavallero en tiempo del Rey Don Alonso el onceno, y del Rey Don Pedro su hijo, con quien luchó contra los moros de Granada, siendo su hijo Don Pedro Estevez Carpintero, en Castilla llamado Carpentos, i de Doña Blanca, hija del Rey D. Alonso de Portugal i hermana del Rey Don Denis.”.

      Se entiende que por Doña Isabel de Prado, mujer de Martín Sánchez de Calleiros, sextos abuelos del Marqués de Montevelo, le alcanza al Marques la sangre de los Reyes de León. Y que por estos motivos el Conde don Pedro favoreció el casamiento de Doña Isabel de Prado con Martín Sánchez de Calleiros.

      Pero el poco interés que demostraron los Gallegos por esta familia, y otras de aquella región, es difícil seguir la línea de sangre real de sus Mayores, siendo solo las mas ricas las que mostraron interés. Que la pobreza hace que se pierda el crédito de antepasados y por el contrario la riqueza suele introducirlas muchas veces.

      Que decía el Rey Felipe Segundo (abuelo de v. Majestad) que solo había dos generaciones, tener o no tener.”.

Volviendo a D. Isabel Lobato de Zúñiga diremos que su padre, bisabuelo del Marqués de Montebelo, se casó con Doña Juana Lobato, hija de Pedro Lobato y de Doña Leonor Vello Barreto, hija de Payo Vello Barreto, llamado el Grande por sus heroicos hechos.

      Pedro Lobato (tercer abuelo del Marqués)   fue hijo de Juan Lobato, casado con Doña Beatriz Pereira. Y nieto de otro Pedro Lobato, que en tiempos del Rey Juan I se pasó de Galizia a Portugal a tierras de Melam con su padre Don Vasco Lobato, fundador del Monasterio de Santo Domingo de Viana de Lima.

La familia Lobato es una de las mas  antiguas de España, como de Claudia Luparia Reyna o Señora de Galizia y que aportó el cuerpo del Apostol Santiago. Y de estos descienden los Lobato, Señores de Melom, Señores del Castillo i tierras de Lobera, no muy lejos de la ciudad de Orense, i los Lobos; familias que alcanzan mas de 1600 años de antigüedad. Las armas de Lobato son tres torres en campo rojo, al modo de las que lleva el Reyno de Castilla, y nueve lobos que se dice fueron añadidos por caballero que se dedicó a la caza de ellos, en tierras de Galizia donde había muchísimos de ellos. De esto que se llamó Luparios a sus descendientes.

“A San Eufrasio i sus compañeros dio Claudia Luparia su Palacio para sepultura i Casa del Apóstol. después de convertida a nuestra Fe y después de que huyeran de la prisión en que los tenía Lucio Venonio Eluciano, Tribuno de la primera Cohorte de Galizia que se llamaba França, retirándose a una vida solitaria en los montes circunvecinos de la Ciudad que hoy llaman Santiago, allá por los años 60 de “la Reparación Humana”, montes que parecen ser los de Melom.  Todo lo dicho sería prueba de los orígenes del Solar de Lobato.

Decimos que la sangre de Doña Leonor Vello Barreto, tercera abuela del Marqués de Montebelo, comprende a la mayor nobleza de España por el apellido Vello, entre otras los Ossorio de León, Marqueses de Astorga….. Además por dos líneas alcanza esta antigua e ilustre sangre de los Vello a la realeza (vuestra):

Por Doña Orraca Vello casada con Martín Gómez de Silva, padres de Doña Aldonça Martínez de Silva y Vello, con quien el Rey D. Alfonso Nono de León y de Galizia tuvo a Rodrigo Alfonso de León, padre de Doña Aldonça Rodriguez mujer de Don Esteban Fernández de Castro, de cuyo matrimonio nació Don Fernando Rodríguez de Castro, padre de Don Pedro Fernández de Castro “el de la Guerra” que tuvo de Doña Aldonça de Valladares a Doña Inés de Castro segunda mujer del Rey Don Pedro de Portugal, que a su vez tuvieron a la infanta Doña Beatriz de Portugal que se casó con Don Sancho de Castilla Conde de Alburquerque, fueron los padres de la Reina Doña Leonor mujer del Rey Don Fernando Primero de Aragón i Sicilia, sextos abuelos de V. Majestad a la que dirijo este escrito Memorial, tal y como lo refiere el cronicón de los Ponce de León.

La otra línea comprende a esta misma sangre de Vello por otra hija del citado Rey Don Alfonso Nono de León, Asturias i Galizia y de Doña Aldonça Martínez de Silva i Vello, llamada Doña Teresa Alfonso y que fue casada con Don Nuño de Lara, que fueron cuartos abuelos del Señor Rey Don Juan primero de Castilla (séptimo abuelo de V. Majestad.).

 

 

Continuaremos este trabajo en los próximos post de este blog.  Probablemente uno mensual.

EL COLIBRÍ NOCTURNO. Por Walter Elías Álvarez Bocanegra.

Walter Elías Álvarez Bocanegra.

Pallasca, Ancash. Perú.

 

 

El colibrí nocturno

 

Después de casi un siglo de espera, por dos generaciones, he podido comprobar que existe el colibrí nocturno, fue a eso de las ocho de la noche del seis de enero de este año dos mil doce que lo pude ver, me quedé inmóvil y maravillado contemplando aquella aparición, mientras revoloteaba picó con tranquilidad las tres flores del cactus que se ubica a dos metros y medio frente a mi ventana y cuando hubo cumplido su objetivo continuó su vuelo surcando los aires de la noche, era noche de invierno, noche oscura y nublada, y llegaba hasta mi la penumbra de la bombilla de alumbrado público que se ubica a veintiún metros de mi ventana, entre la bombilla y mi ventana se encuentra el orgulloso cactus que por fin me entregó la maravillosa aparición, era, es el más grande de los colibríes que he visto en toda mi vida y el único que he visto revoloteando y picando flores por la noche, es del tamaño de un zorzal y a juzgar por el tamaño y forma de la flor de su preferencia su pico puede medir entre diez y quince centímetros de largo, tiene el plumaje opaco, pero ¿quién podría distinguir el color de un plumaje en una noche oscura a través de la penumbra de una bombilla distante de alumbrado público?, claro que, por ahí, más distantes, hay otras bombillas que iluminan las calles del pueblo, pero ni aún así se podría distinguir el color de un pajarillo.
Era noche oscura, como esta noche veinticinco de enero en que por fin me animo a narrar lo visto después de averiguar sobre la existencia del picaflor nocturno, ¡y no hay nada sobre esto!, y por lo mismo nadie creerá lo que escribo, felizmente estamos en el siglo veintiuno, la tecnología ha puesto modernos equipos al servicio de los investigadores y, si alguien se interesa, pronto se hará galardonado descubridor del colibrí nocturno porque podrá documentar la evidencia con filmaciones sonidos y fotografías y hasta un ejemplar vivito y volando de esta especie, como aquel recompensado que descubrió lo que los aborígenes ya conocían sólo que no se permitían saquear, mejor dicho como aquel de quién decían y dicen que dijo que descubrió Machu Picchu. Pero ¿qué importancia tiene un picaflor nocturno para que se ocupen de él?, son más importantes los chupa cabras porque destruyen, como importante es el abominable hombre de las nieves porque se parece a nosotros, aunque también son sumamente importantes los extra terrestres porque tenemos miedo de ser invadidos por ellos, ¿porqué tendrían que invadirnos si hace mucho tiempo ya que nos apartaron de su camino?, es por esta razón que se montan fotografías, películas y sonidos para hacerlos evidentes a la popular imaginación humana, pero, particularmente, a mí me place sobre manera ocuparme de un sencillo picaflor por cuya aparición esperé mucho tiempo.
Esto no es producto de la casualidad, no es una de esas diabólicas o celestiales apariciones, abrigué la esperanza que sucedería y por eso planté el cactus de siete venas frente a mi ventana en el año mil novecientos noventa y dos, hice mía la esperanza de mi padre después de su muerte, hasta puedo afirmar que soy la continuación de sus inquietudes y frustraciones, mi padre plantó un cactus en mil novecientos setenta y cuatro pegado al cerco limítrofe de nuestra casa, ahí mismo, justo tras del poste que sostiene la bombilla de alumbrado público que hice referencia y ahí está ahora ostentando hermosas flores; lo que me corroe la conciencia es que el pobre viejo me confió su inquietud por descubrir el color del plumaje del picaflor nocturno que de antaño lo conocía, pero yo sonreí incrédulo y con grotesca ironía ante aquella inquietud. 
Y a pesar de mi desinterés por lo que se proponía me contó que cuando niño y durante las vacaciones de escuela iba con su madre y abuela materna a vivir abajo en la chacra, en unas pequeñas parcelas que madre e hija supieron atesorar y que él bautizó como Emaús , y como era hijo de un padre que se casó con otra mujer el hermano de la madre de mi padre le tenía un maldito odio al pequeñín por haber venido de tal manera y más odio por estar económicamente desprotegido por el padre, y claro que ésta sÍ era la causa del infernal odio porque mi padre significaba una hambrienta boca más en la familia, así que cuando el iracundo tío llegaba hasta la chacra para quedarse mi padre desaparecía de su vista y tenía que pernoctar en la pequeña cueva al pie de la casa campestre, una cueva de la época de la abuela de mi padre que servía de hospedaje antes de que construyeran la casa y después, ya abandonada, nació frente a la cueva y antes que mi padre naciera un cactus de siete venas, uno de esos cactus conocido como San Pedro que llegan a medir hasta cinco metros de altura y usan los brujos del norte del País para preparar una bebida que hace delirar a los infortunados embrujados. Y esto del cactus frente a la cueva y las noches solitarias de mi padre en ella, esto sí fue una casualidad, porque en una de esas noches de enero vio por primera vez al picaflor nocturno “Es tan especial el animalito que sólo busca las flores vírgenes”, me dijo al final de su relato mientras plantaba pegado al cerco de la casa el cactus de siete venas.

Desde el seis de enero hasta ahora he vigilado el cactus frente a mi ventana que ya tiene nuevas flores y no he vuelto a ver al misterioso picaflor, ¿qué señal dejan estas avecillas en las flores de cactus para que no sean visitadas por otras de su especie? ¿son, acaso, tan escasas que nadie las conoce?, ¿quién podría buscarlas por dos generaciones para confirmar lo que he visto?.
Conscientemente yo ya me había olvidado del colibrí nocturno, pero mi mirada no se había olvidado y cada noche mientras paseaba meditabundo por mi habitación, tratando de descubrirme a mí mismo, de enero a mayo mi mirada chocaba con las bellas flores del cactus frente a mi ventana. 
¿Pero que importancia podría tener un colibrí nocturno sin importar el color de su plumaje?, miro a través de mi ventana y observo las dos plantas de cactus, la que sembró mi padre y la mía, la curiosidad me domina, tomo la linterna de mano y me dirijo a ellas, las observo por largo rato, ambas lucen espléndidas flores blancas, completamente abiertas con el sexo desnudo y desafiante a los apetitos reproductivos de la noche, quizá en espera de algún colibrí nocturno que hábilmente se desplaza en la oscuridad y que no tiene un pico de diez a quince centímetros conforme yo lo había supuesto al contemplar de día las flores semiabiertas. Me imagino la cantidad de cactus silvestres que hay en Emaús y en otros lugares de similar ecología y que florecen de enero a mayo con la humedad de la lluvia y conforme voy imaginando voy concluyendo que hay muchos colibríes nocturnos por ahí que prefieren la flor del cactus que se abre completamente por la noche, pero, ¿qué importancia puede tener la flor del cactus?.

Es catorce de febrero, día de sol como el día de ayer, no obstante el tiempo cambia desordenadamente, no es el invierno tradicional, hay días sorprendentemente nublados y de llovizna como sorprendentemente soleados, y también, dos a cuatro días seguidos de lluvia como tres a seis días seguidos de sol, noches parciales de neblina y noches cubiertas de neblina, puedo decir que en este invierno hay más sol que lluvia, pero las lluvias se producen tan intensas como extensas y ¡he aquí el peligro!. El cactus frente a mi ventana tiene nuevas y espléndidas flores y otras en botón, lluvia y sol, humedad y fotosíntesis. La noche llega, se apaga el día publicitado del amor, la pichuchanca en el pino del patio anuncia las siete de la noche, minutos después prendo la tele, inconscientemente, únicamente por el burdo hábito de prenderla, aburrido apago la bombilla de mi habitación, me desplazo inconscientemente por ella y luego mi mirada se dirige a la ventana sur, y ahí está el colibrí picando la flor oriental del cactus, es un colibrí más pequeño que el del otro día, apago la tele y me pego al cristal de la ventana, contemplo la aparición y luego salgo al balcón para escuchar el revoloteo, el colibrí pasa por sobre mi cabeza recorriendo el ala del tejado para luego posarse en el pino del patio, ingreso apresuradamente a mi habitación en busca de la linterna de mano, tan pronto la encuentro mi mirada cruza el cristal de la ventana, y ahí está, nuevamente, esta vez picando la flor occidental del cactus, con la linterna de mano descubro que se trata de una rutilante avecilla cual antracita recién exfoliada y más pequeña que la del otro día, ahí flor y picaflor en extasiado idilio, ¿quién se resiste al delicioso aroma de tal flor?, finalmente él se va acariciando el ala del tejado y ella, quizá, ¡no quiere que se vaya porque todavía son las ocho y media de la noche de su primera y única entrega!.

 

 

Doctor Dieter Goepfert

Doctor Dieter Goepfert

Por Walter Elías Álvarez Bocanegra 

de Pallasca, Ancash, Perú.

Dos semanas, nada más, había invertido el funcionario en el Informe de Impacto Ambiental, una en trabajo de campo y otra en oficina. Y ahí estaba, otra vez, ahí tras del escritorio, en lo que él llamaba su oficina, en un edificio de siete pisos de La Minera, en Surquillo, sentado en el sillón que se balanceaba con el bambolear del funcionario minero de confianza de La Minera, ahí ojeando algunos papeles y contestando el celular con la portátil computadora abierta alertando me gustas y comentarios por el nuevo estado del funcionario “Los pobres del país por fin serán ricos gracias a la explotación del oro”, mientras sonaba persistentemente el teléfono fijo… 
Sabía que la explotación minera llevaba implícita la idea de explotación del hombre en pro de una plusvalía del mineral para el crecimiento de La Minera, lo sabía muy bien pero no quería admitirlo, porque eso significaba contradecirse a sí mismo como profesional, y lo peor, dejar de ser personal de confianza de una de las empresas de clase A del país y que le había dado el estatus que se merecía permitiéndole vivir en uno de los barrios exclusivos de Lima. Justamente allá en La Molina, donde se mimetizaba el alto costo de su vivienda con el perfume andino del nombre de su calle, él vivía en Los Eucaliptos, una casa con garaje y piscina, además de parrilla en una esquina del amplio patio cubierto con césped artificial. Para qué entonces pensar en la explotación del hombre por el hombre, si él estaba bien y muy bien, eso sí, a mucho orgullo porque era hijo de un obrero minero, un obrero que miraba a sus superiores como algo inalcanzable.
Pero lo malo de todo era, que Pedro Bermúdez Lavado, el ingeniero y personal de confianza de La Minera, se sentía atosigado tras del escritorio haciendo todo lo que ahora estaba haciendo, por todo eso que le estaba sucediendo, y más que atosigado invadido por el encuentro que tuvo, durante la semana de trabajo de campo, con el doctor Dieter. 
Fue la semana anterior a la semana de trabajo de campo que el Directorio de la Empresa le había encomendado la ingrata tarea de buscarle justificación a la explotación minera en el paraje de Magistral, en la puna, al noreste del departamento de Ancash, de tal manera que el impacto ambiental de la explotación no tuviera efectos negativos que lamentar en la población. Él sabía que la contaminación era inevitable y a la larga arrasaría con la vida de todas las especies vivientes, especialmente de las truchas que tanto le gustaban, pero ni hablar, él tendría que convencer con su informe previo, convencer de que la contaminación unida a la gran tecnología no es contaminación, que el cianuro y el arsénico no son extremadamente venenosos, y que es más, las fuentes de trabajo y las ganancias obtenidas de la minería superarían con creces cualquier riesgo alertado por los quedados opositores de la minería.
Pero había regresado del trabajo de campo y de su excepcional encuentro con el doctor Dieter, regresó en tiempo record, cinco días incluido el largo viaje en camioneta, para que más. Había regresado, había elaborado y entregado el Informe, pero, estaba super perturbado, tan perturbado que ni la suculenta gratificación por fiestas patrias pudo equilibrarlo. Así que, entre lo que tenía que hacer dentro lo que le estaba sucediendo, es decir, entre la aburrida rutina diaria de oficina, ahora angustiosa por la llamada del teléfono fijo, y los recuerdos de Dieter, se armó una turbadora en su cerebro, una confusión de los mil diablos que, más turbado ya, no atinaba a qué hacer. Pero tuvo un mísero momento de lucidez y se paró para internarse en el servicio higiénico de su oficina, y ya dentro, luego de mirarse en el espejo, no encontró otra forma de entrar en lo maravilloso de aquel viaje que sentándose en el sanitario.
Antes de que le encomendaran aquella molesta tarea, se encontraba aturdido sentado en el mismo sillón del mismo escritorio con el mismo ajetreo de siempre y, además, una llamada de su esposa que le incitaba a comprar un nuevo televisor porque el que estaba en uso ya se encontraba fuera de moda, eso, ¡oye!, y también una portátil para mí ¡oye!, la computadora que tenemos es muy lenta y ocupa mucho espacio, ¡caramba!, pero no importa, esa la usan los chicos para sus tareas del colegio. Sí pues, los hijos aún estudiaban la secundaria porque se casó algo viejón, muy cuarentón, con una joven limeña del cerro El Agustino mucho menor que él, pero que tuvo la suerte re removerlo todas las hormonas masculinas. Y ahora qué, agradeciera que la saqué a vivir en un buen lugar, que se cree la cojuda de mi mujer, ¡carajo! si supiera el estado de cuenta de mi tarjeta VISA, ¡ni hablar!, tendré que inventar un viajecito a la sierra. Qué inventar ni qué nada, la propuesta le llegó a pedir de pensamiento porque ése, era su trabajo.
Ingeniero Bermúdez, le habló por el teléfono fijo una voz entre inglesa y española, le estamos adjuntando por correo electrónico un Acuerdo de Directorio para que se encargue de dar inicio al Estudio de Impacto Ambiental, usted mismo es, ingeniero.
Entonces armó el viaje en una toyota 4X4 alquilada. Y bien que le gustaban los viajes de comisión en toyotas, no sólo porque él tenía una, ni por lo relajantes que le resultaban los viajes a la sierra a pesar de todo, sino porque, además, esos viajes significaban suculentos viáticos y reembolso de otros gastos de representación. Dinero adicional que le serviría para ponerse en onda con los requerimientos de su esposa, y lo mejor, esa noche tendría una esposa alegre y cariñosa por la noticia. 
Y partió después del medio día, a toda máquina, que los neumáticos salpicaban el lodo del pavimento, era lunes de la segunda semana de julio, y lloviznaba en Lima. La panamericana en la variante de Pasamayo sería de tupida neblina, pero a él nada le inmutaba, estaba preparado, era proactivo por eso lo contrataron, no existía para él malos tiempos ni nada por el estilo, el generaba su propio tiempo, si llovía sólo tenía que pensar en que no llovía, así lo había aprendido en seminarios y cursos de capacitación pagados por La Minera. 
Pasó por la variante de Pasamayo y ni siquiera se percató de la tupida neblina. Después de cinco horas llegaba a Chimbote, y luego de aprovisionarse de gasolina, cigarrillos y comestibles rápidos, penetraba en la sierra. Conocía la ruta, aunque hacía tiempo que no iba por ahí, por esa carretera de penetración ahora asfaltada, la noche entraba conforme el penetraba aferrado al volante con la mente recorriendo su infancia en la mina de Pasto Bueno, justamente por ahí pasaría ahora, pero antes se quedaría en algún hotelillo del pueblo de Pampas, en la casa de algún amigo de su padre, o por último unas horas de sueño en la misma camioneta, nada era imposible para él. ¡Ah!, y al siguiente día luego de un caldo de carnero en doña Ursula, compraría una caja de cervezas para tomarla con los lugareños que hubieran mientras el radiante sol en cielo azul, pero, mejor, no, será cuando regrese, primero está el trabajo, cuando regrese sí, pediré una caja, y no sólo una, quizá otra, para dejarla con los amigos. Les hablaré de mi buen empleo en La Minera, ellos se encargarán de hacer saber a los demás, ¡carajo!, dejaré en alto el apellido de mi padre. Y seguía compenetrado en sus ayeres lastimeros y en sus mañanas comentados por gente del lugar, que vean, pues, quienes somos los Bermúdez. Diría que sus hermanos tienen un estudio de asesoramiento minero, en fin, ya lo pensaría en el momento adecuado. 
La camioneta comenzó el ascenso en zigzag y un aire frío penetró por la ventanilla a medio cerrar, Bermúdez lo sintió en la nariz con una alegría infantil y murmuró, ¡airecito de puna!, y apuntaló tarareando un huaynito. No era la puna, él lo sabía, recién empezaba el ascenso por las estribaciones de la sierra, pronto divisó unas luces de alumbrado público, ¡Llaymucha!, exclamó, y aceleró para hacer su entrada triunfal y se detuvo en la primera chingana abierta que encontró.
–Cigarrillos –gritó desde su asiento, dirigiéndose a los que estaban dentro.
Pero, para qué se paró con el pretexto de cigarrillos, si ya se había aprovisionado de ellos, ¿para qué, pues, si no para hacer notar que el ingeniero estaba pasando por ahí?. Los parroquianos se miraron mutuamente como preguntándose ¿qué dice el tipo ese?, Bermúdez no se inmutó y aceleró en neutro mientras pisaba el freno, apagó el motor y se bajó del vehículo cerrando la portezuela de golpe para dirigirse al que parecía el tendero, plantado tras de la mesa que hacía de mostrador. Entonces, disimuladamente accionó el control remoto de la alarma del vehículo y mientras sonaba pidió cigarrillos, naturalmente el interpelado no escuchó bien el pedido y con movimiento de cabeza se dirigió a los demás de ese ambiente, y todos rieron con grandes risotadas. Entonces Bermúdez cambió de táctica.
–Buenas noches señor –Le dijo al dependiente, soy el Ingeniero Bermúdez, me podría vender cigarrillos con filtro.
–Nacional, con filtro –respondió el tendero.
–No, no no no, eso no.
–Pal mal aire, ingeniero, pal aire de los pishtacos –corearon los parroquianos, burlonamente.
–Cuánto ha cambiado Llaymucha, antes vendían buenos cigarrillos aquí.
–¿Llaymucha?, esto es Ancos.
Efectivamente era eso, Ancos, un pueblecito fundado por los sobrevivientes de lo que fuera la mina Carbonera Ancos, Bermúdez se había desviado de camino siguiendo la carretera asfaltada, pero no quiso reconocerlo, y muy él se subió a la camioneta y siguió el ascenso, por ahí llegaría al mismo lugar sólo que, con mayor kilometraje, pero llegaría. Aunque ya no se quedaría en Pampas, la tierra de su padre, se quedaría en Cabana la tierra de Toledo, del presidente Toledo, ¡qué carajo!, el que mandó asfaltar esta carretera. Bermúdez, ahora pensaba en Toledo siendo de García. Iré por Cabana, algún día estaré con Toledo y le hablaré de su tierra, esto está mejor que quedarse en Pampas, compraré unas cervezas que tomen los lugareños, ¡ay chucha!, el alcalde es choledista, qué bien, me quedaré en el Hotel del Municipio. Y enrumbó cuesta arriba, cigarrillo tras cigarrillo, pensando en el mal aire y en los pishtacos, y salpicadamente en el impacto ambiental de la explotación minera, qué mal aire ni que nada, invenciones de serranos, igual que esa de los pishtacos. Y qué si convencemos a los ignorantes comuneros con una fiesta con mucha cerveza y whisky, nos dejarían trabajar tranquilamente, se mueren por tomar con nosotros, y claro que se morían como se moría él por entrar al circulo de ingenieros de la mina esa en la que trabajaba su padre, y en eso tenía acierto, sin esforzarse por pensarlo. Pero ahora eso del mal aire por la falta de cigarrillos, el mal aire de los pishtacos, ¡claro!, ¡los pishtacos!, él conocía que en Llaymucha existió uno de gran fama, pero ahora no iba por ahí para suerte propia, más le temía al rebrote de los de Sendero Luminoso, esos sí que son pishtacos, se dijo para sí, lleno de miedo, y entonces, mientras soplaba la brisa por la oscura pradera de Cabraespina, se olvidó de su proactividad y quiso retroceder. Pero qué, le daba igual, ya había avanzado lo suficiente, estaba cerca de la colina, de la que se mira Cabana la tierra de Toledo, el presidente cholo, cholo como él también pue, y a mucho orgullo, pero Toledo no había nacido ahí, nació más arribita, en Ferrer, los cabanistas lo adoptaron como suyo porque necesitaban subirse al carro del cholo, y a quién más, si no había otro. Aunque al final, ¡la cagaron!, pero yo no la cagué, porque si supiera el cargo que ahora tengo hasta me felicitaría. Él no, pues, porque tenía otro patrón, pero sus dos hermanos, uno en el Ministerio de Producción y otro en esa inconclusa carretera asfaltada, sí, y qué bien. Y pensando en el alto cargo que tenía el miedo se le fue por un segundo, luego sintió que ensordecía, se le había subido todo el torrente sanguíneo a la cabeza y pensó en el mal aire, no le quedaba otra que empezar a rezar después de persignarse, encomendándose a todos los santos desde San Valentín hasta sanseacabó, porque se le acabó el miedo al entrar en la montura de la colina desde la que se divisaba Cabana. Y aceleró su poderosa camioneta hasta entrar al pueblo de Tauca, alma madre de los mejores cocineros y bármanes, antes que Gastón Acurio, cuando el oficio era tal que al nombrarlo sonaba a desperdicio, que los enternados tauquinos de tal oficio con mucho dinero en las fiestas patronales, eso sí, se veían obligados a decir que eran administradores en esos tres y cinco estrellas en que trabajaban. Ahí, a la entrada del pueblo se detuvo un momento para llamar a su amada esposa e informarle dónde y qué bien se encontraba, el celular marcaba las diez de la noche. Bermúdez se engoriló, luego de la llamada, y se subió a la 4X4 dispuesto a llegar a Cabana a las once de la noche cuando más, pero apenas abandonó Tauca entró en polvorienta e irregular carretera y entraba al pueblo quince minutos después, sin ánimos de nada, y tuvo que hospedarse en el primer hotel que encontró a la entrada. Ahí recibió la noticia, de parte del dueño del hotel, que Cabana era más que Toledo, era orgullosamente la tierra de los Pashas, una civilización Inca que Toledo y su doctorada gringa habían subestimado, y eso le amargaba la vida al anfitrión, pero Bermúdez, tan pronto terminó de cenar, cabeceaba de fatiga y pidió su cama. Apenas se quitó los zapatos se quedó dormido.
Soñó que unas criaturas deformes lo degollaban, y así degollado como estaba lo hervían en una tremenda paila de cerámica inca mientras lo conjuraban a ebullición eterna, y en afán por explicar que era inocente se vio ahogado por su propia sopa y finalmente convertido en apacible vapor tranquilamente muerto. Muerto dormido hasta las ocho de la mañana del siguiente día. Durante el desayuno, mientras el ingeniero hablaba del efecto positivo de la minería, el anfitrión se acomodó con una taza de café junto a él para seguir hablando de los Pashas, y de las lagunas de la puna, atractivos turísticos indiscutibles del pueblo.
–La fortaleza es toda de piedra, yo diría misma cultura Chavín. Tenemos un museo en la Plaza. Y las lagunas, las lagunas…
El ingeniero, seguía en lo suyo y en anfitrión en lo de él. Terminado el desayuno Bermúdez abordó su vehículo. Ya al volante se acordó que debería dejar huella de su paso por ahí, y esa huella sólo sería visible si se pedía una caja de cervezas en la misma Plaza junto al municipio y pegado a la tremenda camioneta, para llamar la atención del alcalde y alardear sobre su trabajo como ingeniero minero, y fanfarroneó para convencer al anfitrión.
–¿Me acompaña a la Plaza?, señor, quiero conocer el museo, usted sabe, me interesa demasiado, a ver si les consigo algo del gobierno para colocarlo en el sitial que se merece como museo.
El anfitrión no necesitaba ser convencido, sin más se subió junto al ingeniero, y en la Plaza se estacionaron frente al museo, al ingeniero no le quedó más que seguir a su accidental guía y aguantar todas las explicaciones y emociones que éste resaltaba.
–Bien, ¡ahora llévame con el alcalde! –dijo el ingeniero.
–¿El alcaldeeeee?, no se encuentra, está de viaje haciendo gestiones.
¡Otro pendejo!, dijo para sí, el ingeniero. Pero no pasaría por alto eso de las cervezas, ya eran las diez de la mañana y el sol sofocaba refractando en el concreto de la Plaza, con sol o sin él, pediría las cervezas, ¡qué carajo! soy un Bermúdez, conozco mi trabajo, sé cómo lo voy hacer. Y pidió las cervezas, mientras se arremolinaban los notables y poco ocupados pueblerinos, unas y otras después de la primera caja, era un bebedor que había cogido maestría, necesitaba de licor para templar sus nervios, sabía hasta dónde bebería, y así fue. Dejó escrito su buen nombre con buenas cervezas y alardes de grandeza, y partió a toda máquina, no se estacionaría en ningún ¡pueblito de mierda! hasta llegar a Pampas, su tierra natal, y claro que, él no había nacido ahí había nacido más arribita, pero ahí pediría unas cervezas más y nada más, a trabajar, ¡carajo!. Qué trabajar ni que nada, solamente necesito informar que no hay peligro alguno, luego el equipo de ambientalistas arreglará mi Informe al estudio de ellos, esos conchasumadres que se basan en estándares y proyectos modelo para ajustar su estudio definitivo, por último hablaré de frente con el más más de La Minera y le diré que entre trago y trago he convencido autoridades y comuneros para que se echen a nuestro lado, ¡ah!, y en Pampas tomaré con el Presidente de la Comunidad y el Alcalde, ¡carajo!, igual en Conchucos, esos ignorantes no saben nada de impacto ambiental, les ofreceré chamba para ellos y su familia qué más quieren, a ellos les interesa el dinero, lo demás es puro cuento. ¡A la mierda!, se me aclaran las ideas, porqué no darles algunos miles a cada comunero, unos miles nada más, que son como un sueldo mío, La Minera es transnacional, plata como cancha de maíz paccho, ni siquiera plata, cheques, nada más, compromisos de pago, cartas fianza sobre otras cartas, dinero electrónico, ¡uy, carajo!, no me había dado cuenta de esto, si no me despejo por aquí, no me daba cuenta.
Pero no pasó de un solo tiro hasta Pampas, se detuvo donde confluyen los ríos Pampas y Conchucos, apenas se detuvo y fue cubierto por la espesa polvareda que había ocasionado en su carrera. Pero para qué esperar que se disipara, sacó la filmadora y gravó la confluencia, ahí donde se juntan las aguas turbias del río Pampas con las cristalinas de Conchucos, turbias estaban pues, desde mucho antes que él naciera, desde que empezó sus labores de explotación la mina de Pasto Bueno, turbias y sin vida mientras en las cristalinas ondeaban algunas pequeñas truchas, “y pensar que la mina de Pasto Bueno muchos años ya que ha parado, pero bueno…, ¡Pasto Bueno volverá a trabajar!, de eso estoy muy seguro”.
Y llegó a Pampas, un pueblo de gente abajo del metro sesenta de estatura que ha vivido por siglos subyugado al penoso trabajo de mina con pobre alimentación y rico alcohol de caña, y ¡eh ahí el porqué de su baja estatura!. Llegó seguido por densa polvareda, auto encumbrándose en sus logros, a eso de las tres de la tarde, y buscó autoridades, el Alcalde había viajado para gestionar, pero el Presidente de la Comunidad, ahí. Se aproximaron otros, no necesitó ni siquiera gastar, le bastó con ofrecer buenos empleos, y mientras departía con los pobladores su cerebro urdía el Informe en base a uno que tenía como patrón y que conocía de memoria como padre nuestro. Así que, después de la borrachera se quedó dormido en el hotel de la Plaza, no tenía casa ahí, ni siquiera la tuvo su padre, vivían más arriba en campamento minero y bajaba con sus padres y hermanos cuando niño, y solo después, hasta ese pueblo, de paseo. Quedó placidamente dormido con una sonrisa entre labios, había logrado escribir su buen nombre con cervezas que ni a él mismo le costaron, todo le salió a cambio de promesas, en un país tan rico lleno de gente pobre, pobre de todo, sólo es necesario un poco de pendejada. 
Al siguiente día armó el mismo ardid en Conchucos y entonces, ¡misión cumplida!, un día después regresó muy temprano por el mismo camino hasta Pampas y pasó a la mina abandonada de Pasto Bueno, donde había trabajado su padre como obrero de socavón. Menos mal que el viejo no era tan bruto, porque abandonó el socavón para convertirse en empleado de maestranza, nada menos que como jefe, por tener una hermana nada despreciable al gusto del Jefazo. 
Los deteriorados techos metálicos de instalaciones y campamentos reflejaban los rayos solares mañaneros del otrora asiento minero. Pasó por la planta procesadora ahora en sepulcral silencio, ahí el primer socavón del primer nivel colapsado, pasó frente a lo que fuera la instalación de la potente compresora de aire que insuflaba a los socavones y que veinticinco años atrás dejó de respirar, y luego le vinieron lágrimas porque pasaba frente a la maestranza a donde cuando niño corría, en cuanto podía, a abrazarse a las piernas de su padre, no quiso detenerse, aceleró dejando atrás tupida polvareda, y así pasó tratando de ignorar lo que era la sala de cine. Quiso seguir con la misma marcha rumbo a Magistral, una de las tantas minas de sus patrones y ahora motivo de su viaje, pero no, el recuerdo de sus días por ahí pudo más, y se estacionó frente al campamento en el que había vivido mientras estudiaba la primaria y más. O sea, loco que, o sea loco que mientras sus vacaciones cuando la secundaria y la facultad y no más, porque la mina paró cuando cayó la demanda de los minerales en el mercado internacional, del tungsteno más que todo. No obstante, no le cayó el optimismo de hacerse ingeniero aunque fuera para sentirse tal como se sentían los adustos ingenieros que admiraba por el buen sueldo que ganaban y las múltiples hembras que se les echaban. Le gustaría volver a trabajar en la mina La Buena Aventura en la sierra de Lima sólo por eso, por las hembras, pero qué, ya no ya, porque estaba en Lima, y en La Molina, por influencia de arriba y en Lima se quedó, y lo miraban para arriba y eso era lo importante, no importaba la limeña del Agustino que tenía como esposa y que administraba los ingresos que le venían, no importaba, porque él había vivido junto a sus padres y hermanos en Independencia, en la falda del cerro y muy cerca de la Universidad Nacional de Ingeniería. Y como no le cayó el optimismo para hacerse ingeniero de minas, ingresó cuando el prestigio de la carrera decrecía, justamente por la falta de empleo, que después los otrora adustos ingenieros tuvieron que migrar a la costa para establecerse y colocarse tras de un mostrador en negocios de poca monta, menos mal que el padre de Pedro Bermúdez se había jubilado junto con la mina y montó su propia chingana para ayudarse, si no, ¡sino que pue!. Y como la demanda de ingenieros se vino abajo, pudo ingresar sin mayor competencia a la universidad, y no a cualquiera, ingresó a la Universidad Nacional de Ingeniería, y cuando terminó marchó a la mina La Buena Aventura para realizar prácticas preprofesionales y ahí se quedó como Asistente de Seguridad Minera. Al finalizar el milenio la minería reaparecía con fuerza, entonces para la explotación del oro, y Bermúdez se hizo fujimorista. Lo de Ambientalista le quedó aquella vez que el Superintendente de La Buena Aventura le autorizó asistir al primer seminario internacional de impacto ambiental organizado por la embajada británica, luego asistió a diversos eventos de tal naturaleza, porque se hacía necesario e imprescindible que los Proyectos de Inversión estuvieran ligados a un Estudio de Impacto Ambiental que se ponía de moda en el país, y con la influencia de Fujimori en el poder ingresó a trabajar para La Minera. Así que ahora, enfrascado en su pasado, estaba frente al abandonado campamento minero de la mina Pasto Bueno, que fue como los demás campamentos, indistintamente de obreros y empleados comunes, ahí estaba, apoyado en el muro justo frente a la puerta del departamento que antes habitaba. Súbitamente llegó a su mente la misteriosa laguna de Pelagatos, la que se llevó a su amor platónico, aquella codiciada jovencita que era asediada por los ingenieros, y que subió con uno de ellos en un bote artesanal para pasear por la laguna, y como era tan bella la muchacha la laguna la atrapó devolviendo al feroz de su acompañante hasta la orilla. ¡Mierda!, tengo que ir, murmuró el ingeniero, y se subió a la camioneta. 
Se sentó al mismo borde de la laguna y lloró mientras su mirada se perdía en el otro extremo de la masa celeste. Y apareció por allá, por ese extremo, como saliendo de una luminosa neblina, una silueta informe, ¡Amatista!, exclamó el afligido hombre bañado en sollozos, la silueta se le acercaba tomando forma humana, ¡es ella!, exclamó el delirante. Y sí, para él, era ella. Pero cuanto la tuvo enfrente en tierra firme, sintió miedo, un gélido miedo que le produjo aturdimiento, no era ella, era él, un hombre con un gran crucifijo que pendía de su cuello, arriba del metro ochenta, mucho más alto que el robusto Ingeniero, un flaco desgarbado de frente prominente y cuadrada que con sonrisa franca le entregaba un ¡hola! amical. Se puso de pie como queriendo huir, pero, él conocía a ese gringo, bueno, para él todo rubio y alto era gringo, suficiente para sentirse subyugado. Como aquella vez cuando él apenas había terminado la secundaria, y no tan cincuentón como ya, lo vio por primera vez en la Plaza de Pampas, lo vio como a un Dios muy superior a todos los hombres superiores que conocía, los ingenieros mineros. Y ahora lo tenía ahí frente a él, ¡el doctor Dieter!, el que jugaba ajedrez con los escasísimos y desocupados rivales del pueblo en una banquilla de la tranquila y casi desierta Plaza, y jugó con Pedrito como enseñándole, y Pedrito no aprendió el juego porque, mientras lo enseñaba, el muchachito se concentraba en el celeste de los ojos de aquel maestro forastero. 
Doctor Dieter Goepfert, así se hacía llamar aquella vez que entabló una no disimulada amistad cuando el ingeniero era sencillamente Pedrito, le dijo que andaba por ahí en busca de pacra, una planta de flor verde y carnosos pétalos que crece arriba de los cuatro mil quinientos metros sobre el nivel del mar, y que, los ganaderos de la puna administran vía oral para activar el erotismo del ganado. Dijo que trabajaba para la Academia de Ciencias de Alemania Federal, y hasta le entregó su dirección, Sudstr 17, Stockdorf, Munich (Munchen), Alemania Occidental. Pedrito se prendió del gringo y se ofreció acompañarlo hasta la misma planta de pacra, arriba de la laguna Pelagatos. Dejaron el ajedrez y se subieron a la tolva de un camión hasta llegar al campamento minero de Pasto Bueno donde vivía Pedrito, ahí la madre, la atenta madre del muchacho se las arregló para hospedar al gringo. Y al siguiente día partieron carretera arriba rumbo al objetivo. Ya arriba de la laguna, por camino de herradura, el gringo empezó a jadear y Pedrito se asustó. Regresa hombre, le dijo el gringo, yo iré solo, regresa antes que se haga muy tarde. Favor a tiempo, pensó Pedrito, y sin más ni nada dio media vuelta sin mirar atrás, conforme avanzaba el cargo de conciencia lo atormentaba, pero qué, regresaré mañana domingo con mi padre a socorrer al gringo, ¡qué carajo!, por último, qué mierda, se hace noche. Ya en el hogar y mientras la cena, informó a sus padres y a sus tres hermanos menores, dos varones y una niña cerrando filas, los informó que el gringo había preferido quedarse solo en el rancho de la china Rosha.
–¡Jajajajajaja!… –el padre se desató en carcajadas y los hermanos también–, qué gringo pa pendejo, se enpiernará con la pastora.
–Mal pensado –murmuró la madre, muy molesta y todos callaron.
Así que el domingo Pedrito no fue a buscar al gringo, y el gringo no llegó. Mas, en casa todos estaban tranquilos menos Pedro, esa noche no durmió y al siguiente día se levantó con la aurora a buscar a uno de sus amigos de confianza para contarle todo y marchar al encuentro del gringo. 
–No cho, no, y si está muerto nos echan la culpa, carajo. ¡Mi cocho me saca la mierda!, yo no voy, cho, tú conoces a mi viejo.
Y Pedro, se sintió muy solo, se culpaba por el incidente, ese día no almorzó, perdió el apetito. Ya por la tarde, para aliviar su culpa, enrumbó carretera arriba, y cuando hubo avanzado algo más de un kilómetro su ánimo explosionó en alegría, en dirección opuesta venía el gringo con la mochila reventando por las plantas de pacra y otras yerbas de puna que contenía.
Un día más permaneció el gringo en compañía de la familia de Pedro, hablaba un castellano perfecto, instruyó que la gramática castellana era la más complicada de todas las gramáticas, pero que sin embargo, era la más florida. Además bromearon como si se conocieran de años, por la noche hasta se tomaron un gro para el frío, nada más que aguardiente y algo de jugo de limón diluidos en agua recién hervida, nada nuevo para el gringo porque en Alemania había tomado algo parecido. Y al otro día muy temprano se trepó en un camión que iba por la puna rumbo a Trujillo. Y nada más pue, desde entonces no lo he vuelto a ver hasta ahora que lo tengo aquí frente a mí, esta igualito no ha envejecido para nada.
–Sí –respondió el gringo dejando confundido al ingeniero, “cómo pudo adivinar mi pensamiento”–, justamente desde aquella vez.
–¿Has vuelto por más pacra? –ahora lo tuteaba, porque lo veía menor en edad, un hombre de cuarenta como cuando lo conoció, lo tuteaba porque además ahora era un funcionario de alto nivel de una gran compañía.
–No, ahora estoy buscando una piedra.
–¿Cuarzo, amatista, piedras preciosas?.
–Piedra granito, piedra común y corriente, sólo que, sólo que tiene un grabado especial, un símbolo.
–¿Qué símbolo?.
–Una cruz.
–¡Va!, cualquiera puede tallar una cruz en una piedra bruta.
–Sí, claro, pero lo importante es cuando y para qué, mejor dicho, cuando y para qué fue tallada, ahí está la importancia. Es una piedra precolombina.
–Deberías buscarla por allá, por donde crucificaron a Jesús, los incas no conocían la cruz.
–Eso crees tú, toda cruz tiene un significado que va más allá de lo que todos conocen, es una revelación disimulada, todas las civilizaciones antiguas la tenían y las modernas se han quedado con el legado. La cruz cristiana, la esvástica, la griega, la hoz y el martillo, la Chacana. 
–¡La chacana!, claro, el símbolo del cholo Toledo, la gringa malhumorada de su mujer fue la que la eligió como símbolo del partido. Pero, ¿la hoz y el martillo?, no te pases, Doctor, nada que ver con la cruz, la hoz y el martillo es un símbolo de muerte.
–Igual que las demás. En las civilizaciones antiguas el primer hombre que cometía la osadía de hacer una cruz era condenado a morir atado a ella.
El doctor siguió hablando de las cruces de las diferentes civilizaciones, mientras el ingeniero lo escuchaba, y a medida que el doctor se compenetraba en el tema el ingeniero se distanciaba, porque aún le faltaba completar su trabajo de campo en la misma mina Magistral, yo que tengo que ver con curses, yo vivo de la mina, tengo que ir a filmar y levantar todo eso, qué me importa lo que diga este gringo de mierda…
–Ingeniero –interrumpió el doctor– son las diez de la mañana y tú tienes mucho que hacer, así que súbete a la camioneta y aquí te espero.
–Sí, claro, mañana temprano, aquí mismo.
¡El ingeniero!, el ingeniero aceleró la maquina dejando una montaña de polvo en el ambiente, generando su propio impacto ambiental, y llegó tan pronto como pudo para ordenar un almuerzo a base de truchas y filmar, levantar, lo que debería, además de conversar con el personal subalterno de la mina aún en labores de exploración. Esa noche, después de la cena, se emborrachó con el whisky que para casos especiales reservaba el Jefe de la mina. Y al siguiente día después de un opíparo desayuno con truchas, mientras el encargado revisaba la camioneta para garantizar el viaje de retorno del ingeniero, con el frío de puna hasta los huesos se aferró al volante. Y aceleró cuesta abajo cual cometa sideral, muy tranquilo por la labor cumplida, y ahora sí al encuentro del doctor, que entonces ya no le parecía tan interesante como antes, le parecía un viejo loco, viejo loco con tremenda cruz en el pecho, claro, viejo y acomplejado, ¡carajo!, cuantas cirugías estéticas tendrá, debería reducirse esa horrible frente de Herman Monstruo, ¡mierda!, pero ¿cómo pudo caminar sobre el agua hasta llegar a mí?. Primero me pareció ver a mi amor imposible, Amatista, estaba tan confundido pensando en ella, pero más que todo en ese beso que ella me dio casi en la boca, por poco le doy un beso al gringazo ese, claro, él apareció mientras yo pensaba en ella, creo que la imaginé caminando sobre el agua, quién podría caminar sobre el agua, sólo Jesús nuestro Señor. Y ahora el gringo anda interesado por una cruz incaica, eso entendí, más loco que una cabra porque cree que la chacana es una cruz, ¡y la hoz y el martillo de los comunistas de mierda!, otra cruz. En un momento creí que adivinó mi pensamiento, pero luego me empezó a contrariar con su aburrido discurso, menos mal que se dio cuenta y fue él quien me sugirió continuar mi camino. Anoche con qué pastora se dormiría, le gusta la mugre al gringo este. En Alemania ¿no habrán mujeres?, ¡qué van haber!, aguachentas, quesos frescos, seguramente, si no porqué este gringo se viene a buscar hueco por aquí.
Y llegó el ingeniero, y luego de estacionarse cerca de la laguna prendió un cigarrillo muy tranquilamente, recorrió con la mirada todo su entorno, el gringo ni noticias. Así que se bajó de la camioneta y se sentó en el mismo lugar de ayer, y por allá, por el otro extremo de la laguna, agitándose dentro una impresionante neblina, cual aurora boreal, apareció una silueta, igual que ayer, e igual que ayer se acercaba, mientras muy dentro de sí, el ingeniero, percibía la voz del gringo amonestándolo “hombre de poca fe, te burlas de mí, pues aquí me tienes, trata de correr y no podrás porque te tengo controlado”. Lleno de miedo, el ingeniero, se preparó para huir de ahí a toda máquina, pero no pudo, estaba inmóvil, pegado al suelo, mientas el cigarrillo le quemaba los dedos, sin que pudiera percibirlo, ¡qué miedo!, “cuánto miedo tienen los soberbios incrédulos como tú, encumbrado ingeniero, te torturaría en tu propia cruz hasta que declines tu soberbia…”, aquella voz siguió en el cerebro de Pedro el ingeniero hasta que el doctor tocó tierra firme.
–Perdón, Doctor, no hice nada que le molestara.
–Mientras venías en ningún momento dejaste de subestimarme.
La respuesta hizo que el ingeniero entendiera perfectamente quién era el doctor, Dios, y nada más, para qué complicarse la vida, un Dios que lee el pensamiento y camina sobre el agua, un Dios que tomó la forma del doctor Dieter, un Dios que me está poniendo a prueba, lo sabe todo, no necesita buscar nada, para que buscar una cruz precolombina en piedra.
–No te confundas, no soy Dios, soy igual que tú, soy tu pasado.
–No más pruebas, Dios mío, aquí estoy y ahora me arrodillo ante ti, soy tu humilde siervo, puedes hacer de mí lo que sea tu voluntad, sólo te pido por mi familia y mis ancianos padres.
–Levántate no seas servil, ¡qué no soy Dios!, a Dios no le gustaría verte arrodillado, te condenaría al fuego eterno. Levántate, somos amigos, al menos yo me considero tu amigo, olvídate que soy Dios, por lo menos mientras estés frente a mí.
Entonces se abrazaron, en abrazo tan humano que el ingeniero así lo sintió, y sintió más, todavía, un Dios hecho hombre o un hombre hecho Díos. Pero Bermúdez se consideró, en aquel momento, un hombre ilimitadamente afortunado, tenía la confianza de La Minera porque tenía la facilidad de treparse en cualquier carro, y ahora estaba en fuerte abrazo con Dios, no menos que Cristo quizá, y más afortunado que Monseñor Bambaren que había logrado la santificación en vida haciéndose pintar recibiendo la mano de Cristo en camino al paraíso celestial, nada menos que en el altar mayor de la Iglesia de Nuevo Chimbote de la provincia de Santa. Estaba feliz y todos los malos pensamientos se le despejaron. Terminado el abrazo, y aturdidos por el frío, doctor e ingeniero se subieron a la camioneta.
–¿Y ese crucifijo?, antes, usted no lo llevaba –inició la conversación el ingeniero.
–Siempre, lo llevo conmigo , sólo que antes no lo mostraba.
–A propósito, me gustaría saber acerca de la cruz que usted está buscando.
–Es la aproximación más cercana a la esvástica, conozco la historia de la cruz sólo quiero ratificarla, sucedió en una sociedad antigua de por aquí –el doctor manipuló su crucifico y apareció una fotografía en un visor, tipo celular–, es ésta. 
–La tengo, Dios mío –dijo el ingeniero.
–¿Dónde la tienes, en tu casa?.
–¡En el museo de Cabana! – respondió en primera, no podía entrar en rodeos, el ingeniero, el doctor leería su pensamiento.
–Vamos a Cabana.
–Sí vamos, por ahí tengo que regresar, tres horas a Cabana.
–Que sean cuatro, para no contaminar el ambiente.
–Lo que usted diga, Doctor. Vamos.
–Vamos y trataremos de no entretenernos con los lugareños.
–Sí, de acuerdo. ¿Puedo preguntarle algo?.
–Sólo pregunta y te respondo.
–¿Sigue usted en Alemania?.
–Vivo en otro planeta, muy lejano a éste.
Mutismo en el preguntador, y miedo, incredulidad.
–¿Otra vez dudando? –dijo el doctor.
–No, no, no, cómo cree. No dudo para nada.
–Entonces sigue preguntando.
–¿Cómo llegó hasta la laguna?.
–Bueno, precisamente ahora no llegué, soy una réplica de mí mismo, estoy aquí y en otras partes si así lo quisiera.
–Como Dios en todas partes.
Y ahora estaba multiconfundido, el ingeniero, no podía dejar de dudar y creer a la vez. El doctor lo dejó sumido en dudas y cavilaciones, no quería interrumpir porque al ingeniero le resultaba imposible comportarse de otra manera, el doctor lo sabía, era la naturaleza humana, la misma que él tenía, dejó que la mente del ingeniero se portara como tal, iba al volante y otro golpe de sorpresa podría hacer que perdiera el control de la camioneta. Por fin volvió a preguntar.
–Aquella vez que le conocí ¿también fue una replica de usted mismo?.
–Aquella vez llegué en mi propia nave que estacioné en la laguna de Pelagatos.
–¿Cuántos años demoró en llegar?.
–Horas, menos horas que a Cabana.
–¿Tan cerca está el planeta de donde viene?.
–Infinitamente lejos.
Y nuevamente el infernal mutismo lleno de dudas en el ingeniero, mientras se desplazaban por la polvorienta carretera, que pasó de largo por el pueblo de Pampas sin fijarse en la multitud que lo esperaba, y eso estaba bien, funcionaba el viaje sin interrupciones sin que siquiera pudiera darse cuenta el ingeniero. Y ya en la serpenteante y polvorienta carretera que va a dar a la confluencia de los dos ríos para dar origen al Tablachaca, volvió a preguntar.
–¿Cómo se puede llegar tan rápido de un planeta infinitamente lejano, doctor?.
– Sé que conoces algo de magnetismo.
–Vagamente, muy poco, casi nada.
–Suficiente. Vine por un carril electromagnético, en otras palabras, por líneas de fuerza de diferentes campos magnéticos.
–Creo que tendré que estudiar mucho de magnetismo, mientras tanto no podría entenderle perfectamente.
–Te comprendo.
–¿Qué combustible usa su nave?.
–Ninguno, fuerza magnética. Aunque a veces se hace necesario usar hidrógeno.
Campos magnéticos, líneas de fuerza carril en el vacío, todo eso totalmente inalcanzable para un ingeniero de minas ensamblado para transformar rocas en minerales, pero seguiría preguntando porque ya se estaba acostumbrando a escuchar esa realidad, abstracta para él, y común y real para el doctor.
–Doctor, ¿o sea que aquella vez que abordó el camión rumbo a Trujillo, usted se fue a la laguna?.
–Exactamente.
–¿Y si yo le hubiera ido a buscar en Alemania, no le hubiera encontrado?.
–Sí, porque tenía que entregar la pacra allá, era parte de mi misión.
–¿Y su nave, se quedó en la laguna?.
–No, me estacioné en un lago de los Alpes. Ya había estado antes, ahí, y en otros lagos, también.
–¿Sabía usted que por esos días desapareció una muchacha en la laguna de Pelagatos?.
–¡Amatista!, sí, volví a la laguna para llevarla a mi planeta y regresé para establecerme en Alemania. Amatista era una criatura inocente aún, que merecía ser rescatada de este planeta. No, no sientas celos, no la llevé para mí, la llevé para salvarla, ella vive allá y es muy feliz.
–La buscaron en la laguna hasta agotar todos los medios, y ni rastro de ella, los buzos dijeron que posiblemente fue atrapada y digerida por las plantas acuáticas de lo más profundo de la laguna, los ingenieros decían que fue atrapada por un remolino que hay al fondo y al otro extremo de la laguna y que da origen a una corriente de agua subterránea, pero otros decían que fue engullida por un monstruo acuático que tiene un solo ojo como faro de camión y que por las noches emerge desde allá desde el otro extremo de la laguna para inspeccionar su dominio.
–Lo siento por todo lo que ocasionó su desaparición, pero fue por su bien, y si tú no me abandonabas aquella vez en la puna, también hubieses ido conmigo. ¡Caramba!, vieron el faro de mi nave como el ojo de un monstruo, interesante, eh. 
Pensar en esa pasada posibilidad le entregó un mundo de felicidad, imaginando su vida a lado de la mujer que amaba, hubiese sido su primer hombre y ella su primera mujer, en un paraíso desconocido que aún no imaginaba.
–¿Cómo era esa nave suya, la tenía sumergida en la laguna?.
–Ahora está ahí, y no sumergida, aunque podría estarlo.
–No la he visto.
–No podrías verla, nuestras naves tienen un camuflaje que refleja todos los rayos de luz y absorbe las ondas sonoras. En verdad, son naves muy simples, ¿no crees?. Son de forma cónica regulable, compuesta por troncos de cono huecos y concéntricos, que se alargan y se acortan según se necesite despegar, estacionar o navegar, y funcionan con energía magnética. Inicialmente, nuestras naves no respondían a la energía magnética cuando entraban a la atmósfera de los planetas, entonces se hizo imprescindible el uso de hélices y propulsión a reacción dentro de la atmósfera, usando hidrógeno como combustible, hélices para controlar el descenso, ascenso y movimiento radial dentro del planeta, y propulsión a reacción para despegar. Ahora nuestras naves, además de energía magnética, siguen usando hélices y propulsión a reacción en desplazamientos internos dentro de los planetas, como alternativa de diversificación de uso. Podríamos haber ido al museo de Cabana con la nave, pero, para qué, si además tiene sesenta metros de diámetro. Siempre nos hemos estacionado en lagos y mares para obtener el hidrógeno que necesitamos, pero preferimos los lagos de agua dulce porque la salada es corrosiva.
–¿Cómo es el planeta en el que vive?.
–Muy parecido a éste, sólo que un poco más grande.
–¿El doble?
–Sólo un 20 % más .
–Quiero preguntarle algo, pero no lo tome a mal.
–Sí ya sé, me ves igual que antes, para ti no he envejecido nada, es que nuestro promedio de vida es de mil años.
–¡Ay chucha!
Esa edad si le era familiar porque procedía de padres católicos y se formó en un mundo católico, y bien lo sabía por eso que registra la Biblia sobre Matusalén y los otros hombres bíblicos de larga vida.
–Justamente, lo que estás pensando, ahora comprenderás el porqué te dije que soy tu pasado.
–En un inició acepté la existencia de esos hombres de Dios, pero, después razonando un poco, pensé que los años de aquellos tiempos eran algo así como los meses de ahora.
–Razonamiento equivocado, porque aquí me tienes.
–¿Y porqué ahora nuestra vida es más corta?.
–La de los humanos terrestres, pero no la mía ni la de los demás de mi planeta, tengo cuatrocientos treinta y cinco años.
¡Cuatrocientos años!, con cuatrocientos años Pedro Bermúdez sería dueño del planeta tierra, para qué más, todo un planeta para el solito, a todo lujo y a todo dar, y hasta me lanzaría al espacio con mi propia nave a la conquista de otros mundos, ya quisiera yo tener la larga vida que tiene este…
–Justamente, la codicia, el egoísmo, la desmedida ambición y todo eso, propio de ustedes, han desgastado la vida de los terrenales, tú mismo lo estás explicando en tu pensamiento, mi querido ingeniero.
–Perdón Doctor, mi Doctor, Dios mío, he pecado de pensamiento.
–Pero también de obra.
–Perdón, no fue mi intención.
–No pidas perdón, es tu naturaleza moldeada en este planeta.
Su pensamiento se concentró en Amatista, la temprana mujer que removió su corazón, qué estaría haciendo por allá por ese planeta tan lejano, cuanto de vida tendría.
–Amatista vivirá mil años, si eso te tranquiliza.
–Me gustaría vivir con ella, dejaría todo en este mundo y me iría para allá si usted me concede el favor.
–Estás demasiado contaminado para ir allá pero no imposibilitado.
–Entonces, ¿me llevaría?.
–Primero vayamos a Cabana, quiero ver esa piedra, mientras tanto puedes seguir preguntando algo que quieres saber.
–Eso de que Adán fue hecho de barro y Eva de la costilla de él, me parece muy ingenuo –dijo eso, el ingeniero, y se persignó.
–Bueno, no precisamente fue hecho de barro, arcilla moldeable, es una forma de explicar que el humano es moldeable, adaptable, social y ecológicamente, lo cual explicaba la adaptación de mis antepasados en la tierra después de repetidos intentos. Luego, eso de la costilla, no es más que una explicación disimulada de lo que ustedes llaman ingeniería genética que tuvo que aplicarse para la adaptación en este planeta, ya que existía el antecedente de que todas las mujeres que antes vinieron en pareja en misión de colonización se aterrorizaban hasta no más en este mundo, que terminaban pariendo hijos de igual apariencia terrorífica. Eran sus hijos extrañas criaturas que se lanzaron a poblar las junglas.
Qué explicación era ésa que tiraba por la borda sin asco alguno todas las teorías del origen del hombre en la tierra, el ingeniero admitía que el hombre fue creado por Dios, pero también admitía que el hombre descendía del mono, pero jamás se preguntó el porqué Dios no sigue haciendo hombres tan puros como el primer hombre, como jamás se preguntó el porqué los monos no siguen originando más hombres. Estaba acostumbrado a trabajar con normas, normas técnicas y administrativas, normas de calidad, de calidad total, bajo las cuales debería enmarcarse, estaba acostumbrado a que lo impusieran, aunque nadie le había impuesto trepar y subordinar a como de lugar, lo practicaba porque era una norma impuesta de hecho por la sociedad, pero entonces nadie le imponía nada y no tenía porque aceptar la explicación.
–Perdón, Doctor, pero no me convence.
–No tengo porqué convencerte.
–No, no, usted es Dios. No hay más que comprender. Le he visto caminar sobre el agua.
–Bueno, sí, se puede levitar tranquilamente sobre el agua por magnetismo controlado por un ordenador, recuerda que el agua es un buen conductor de electricidad, y si a esto sumamos el poder magnético de la montaña, entonces también se puede levitar fuera del agua.
–Bueno, eso si no está a mi alcance, sinceramente.
…
–Usted dijo “Eran sus hijos extrañas criaturas que se lanzaron a poblar las junglas”, ¿ me podría explicar con mayor detalle?. 
–Con todo gusto, pero, pero para la camioneta para que puedas escucharme perfectamente.
–Justamente, me moría por un cigarrillo.
Frenó y estacionó la camioneta al costado derecho de la carretera, venía tan compenetrado en aquella conversación de otro mundo que no tenía ojos para admiran los campos amarillentos prometedores de buena y madura mies que tenía al frente, y le pareció que la camioneta había levitado hasta estacionarse ahí donde ahora estaban, porque no pudo percatarse de su paso por abajo por la confluencia de los dos ríos. Ahora estaban ya frente a la campiña de Shindol, en una saliente de la ladera, y por abajo circulaba el turbio río Tablachaca, que más turbio se tornaba con la avalancha de rocas y tierra que caían a su cause desde la misma cima del cerro Parihuanca. Ahí trabajaba otra minera a tajo abierto en busca de oro, y arrojaba sus desechos al río, la Minera SS, no de las cámaras de gas, sino, la de los ambientes de polvo, trabajaba por las noches para disimular la polvareda, y por eso los campos amarillentos y no por la mies madura. ¡Qué estupidez!, exclamó el doctor mirando al Parihuanca, eso y nada más, dijo, porque tenía que complacer al ingeniero.

–Ponte cómodo. Bien. Cuando mis antepasados se enteraron que nuestro planeta quedaría desierto en cinco millones de años, perfeccionaron la navegación espacial y empezaron a buscar planetas similares al nuestro para colonizarlos, y encontraron éste, entonces de exuberante vegetación, agua y agua limpia en todas sus formas, aves y más criaturas que las que ahora tiene. Los cosmonautas nunca regresaron porque les tomó casi toda una vida llegar hasta aquí, pero reportaron lo que encontraron. Con toda la información obtenida los científicos optaron por mandar hasta aquí jóvenes parejas de humanos en sendas naves, que controladamente se reproducían en el trayecto. Ya aquí, se estacionaron en diferentes lagos y mares entre lo que ustedes llaman trópicos, la reproducción arrojaba crías deformes en lugar de humanos, era de esperarse, porque el proceso de reproducción se estaba dando en condiciones diferentes a la naturaleza del planeta de origen, así que el humano deformó gradualmente hasta llegar a lo que ustedes llaman monos. Y ahí quedó todo, porque, mientras tanto, mis antepasados habían encontrado un planeta semejante al nuestro, y además unido a él por un carril magnético que reducía notablemente el tiempo de viaje. Y abandonaron el planeta de origen antes de que fuera demasiado tarde.
–¿O sea que usted?.
–Sí, yo vengo del planeta conquistado, el planeta moribundo gravita alrededor de un planeta de masa ochenta veces mayor.
–¿Y no tenía vida el planeta ese?.
–Sí, y tan cerca del planeta de mis antepasados, poblado con criaturas gigantescas, entre ellas seres que dominaban ese mundo, parecidos a nosotros, pero con un solo ojo.
–¿Porqué no lo colonizaron?
–No fue posible vivir ahí, los que iban quedaban pegados a la superficie, la adaptación hubiese sido muy penosa, ni hablar, además estaba superpoblado.
–Usted dijo “Y ahí quedó todo”. Si ahí hubiera quedado todo, usted no estaría aquí.
–Claro, quise decir que ahí quedó el intento de colonización de la tierra, pero, además, la tierra ya era parte nuestra, habíamos enviado aquí a nuestros semejantes y degeneraron, y vino la inquietud por ellos, el querer saber que pudo haberles pasado. Nuestra navegación espacial había alcanzado ya gran nivel, habíamos superado en eso a otros habitantes de otros planetas, y empezamos a venir como de paseo. Se dio inicio a un proceso de adaptación, ya te he mencionado, lo que aquí se llama ingeniería genética, se puso en práctica en eso que ustedes llaman Edén, se puso en práctica en lo que ahora se llama Europa, Asía, África y América, en épocas diferentes, estaban vigilados por nosotros. Y algunos milenios después los colonizadores perdieron la capacidad de comunicarse mentalmente, no resultó la adaptación conforme lo esperábamos. Los terrestres obtuvieron rasgos diferentes según sus colonias, se habían formado razas, las que todos conocen. No trabajaban, ¡para qué en un mundo de abundancia!, la ociosidad los llevó a inventar juegos para entretenerse y nació el odio entre contrincantes hasta destruirse mutuamente disputándose la supremacía. No atendían nuestros consejos y se sublevaron contra nosotros porque nos consideraban extraños, extraños pretendiendo apoderarse de la tierra que la consideraban suya. Por su rareza y maleabilidad les enseñamos a trabajar el oro, nada más para que se entretuvieran, y consideraron que nosotros estábamos interesados en el metal para construir nuestras naves, era natural que pensaran eso, las naves, ocasionalmente, brillaban y aún brillan como el oro, ya te había dicho que reflejan todos los rayos luminosos. Inspirados por el reflejo de nuestras naves se lanzaron a la conquista del oro, en todas las colonias, para construir sus propias naves y seguirnos, y al no poder construirlas le dieron al metal un trato divino, y lo apostaban durante sus juegos. Hubieron escasos humanos que conservaron intacta su naturaleza primigenia, así que con ellos manteníamos reuniones en nuestras visitas, y nos apartamos de las muchedumbres, sólo manteníamos comunicación con nuestros escogidos. Oro y más oro, se formaron grupos delimitando territorios, y se inventaron guerras para conservarlos, y para ganarlas reclutaban a los jóvenes ¡a la fuerza!, las madres lloraban estos arrebatos porque sus hijos no regresaban con vida, y se apoderó en ellas el miedo por procrear que de tanto miedo por perder lo mejor de lo creado, perdieron su capacidad de ovulación, aquella capacidad de procrear de por vida, y lo peor, en ese infierno de guerras sin sentido se les acortó significativamente la vida. Teníamos el poder para destruirlos, pero no es nuestra naturaleza usar tal poder, así que, los nuestros, para hacerse escuchar, tuvieron que decir que eran hijos de un Ser todopoderoso, creador del universo y dueño de las criaturas de la tierra, pero los líderes de los otros, en ciego afán por dominar, también se hicieron llamar hijos de Dios. Los dominantes sabían de nuestra existencia, y decretaron leyes que impidieran a los terrestres todo acercamiento con nosotros. Empezamos a recuperar a los nuestros, pero se quedaron los intermedios, ¡y nos imploraban!, y en sus manifestaciones artísticas disimuladamente nos perennizaban con la esperanza de que los llevásemos con nosotros, pero no podemos llevarlos a todos los que quieren, sino, a los que nosotros elegimos.
No hubo más, el doctor lloraba y el otro , el otro roncó su camioneta y a Cabana, inundando el ambiente con polvo de carretera. 
Ingresaron al museo, y el doctor acarició la piedra cuadrada recorriendo el grabado en bajo relieve. Y lloró como un niño. No era más que una hélice de cuatro aletas, idéntica a las hélices de las naves que él muy bien conocía. Y una escultura de piedra, ni más ni menos, la cabeza de un cosmonauta. Y todos esos gravados curvos en cerámicas y otras piedras, formas aerodinámicas, fluidos aerodinámicos, corrientes de aire expulsadas por las hélices. Y portezuelas, y añadiduras de naves espaciales, todo eso que cualquiera no podría ver. Celular a la oreja, el Alcalde y su séquito llegaban en busca del ingeniero, “unas cervezas antes del almuerzo”, corearon. El doctor Dieter, dijo el ingeniero, qué doctor ni que nada, ellos no podían verlo, sólo el Ingeniero. El doctor se subió en la camioneta y el ingeniero también, dejando perplejos a los demás, e iniciaron el retorno. Aún había interrogantes.
–Doctor, porqué te portaste insolente, ése era el Alcalde.
–Era inútil, ingeniero, ni él ni los demás podrían verme.
–¡Oh!, mi Dios, perdón, pero, ¿qué encontró usted en ese museo que se puso a llorar?.
–La cruz, mejor dicho la hélice, de esas que tienen nuestras naves, cosmonautas y mucho más.
–Bueno, sí, claro, lo que resaltan esas dos piedras, parecen hélices, pero no son más que molinetes de maíz de los indios. Pero, ¿cosmonautas y más?.
–¿Cosmonautas?, creo que no te diste cuenta, hay gravados que evidencian cosmonautas, pero hay una escultura reveladora semejante a las que ustedes llaman cabeza clava de Chavín. Por ahí, talvez se encuentre un cosmonauta en tamaño natural, parecido al lanzón de Chavín, expresión fundida de un cosmonauta y su nave.
Se le aclararon las ideas al ingeniero, se acordó, inclusive, que los fundadores del imperio incaico salieron del lago Titicaca, y el Dios de los mochicas, del mar. Todo estaba claro, ahora. Y el doctor, no era más que un científico de Alemania que había alardeado de su procedencia extra terrestre, y recién de su invisibilidad para los demás.
–¿Otra vez dudando?.
–Sí pues, Doctor, cómo es eso de que usted es una réplica de usted mismo.
–Es muy simple, me he subido en mi planeta a un ordenador y me he disparado por todo el universo donde hay una nave como la que tengo en Pelagatos.
–¡!.
–Se nota que no te has dado cuenta cómo funciona eso que ustedes llaman Internet.
¡Otro mutismo!, y ahora hasta llegar a la misma loma de Ferrer, la tierra de Toledo, ahí se paró el ingeniero, sin saber porqué lo hacía, sólo se detuvo en plena loma. El doctor manipuló la cruz que llevaba al pecho, y le dijo:
–Esta cruz, así como la esvástica, la hoz y el martillo, la cruz cristiana y tantas otras, son hélices muy bien disimuladas por artistas, hélices empotradas en las bases de nuestras naves. Ya te he dicho que se decretaron leyes para alejarlos de nosotros, se instituyó el terror en nombre de Dios, aquel que osaba revelar la verdad era condenado a morir. Bien, y de todas las cruces conocidas, la del museo de Cabana es la más reveladora, es idéntica, tallada por un gran hombre que no le temía a nada, lo rescatamos y vivió con nosotros. Ese hombre, ese hombre era mi bisabuelo, y por lo mismo, yo amo a este planeta.
Y manipulando la cruz apareció en la pantalla, ¡Amatista!, la mostró al ingeniero, y él la vio como en aquellos tiempos, muy hermosa, como en sus primaverales años. Sonó el celular del ingeniero, ¡Piter!, dónde estás, Piter, Piter porqué no llamas, nosotros por aquí preocupados y tú, ¡nada!… Sí, mi amor, mi reina, mira ve, es que, nada…
Nada, pues, nada se hizo el doctor desapareciendo en silencioso relámpago rumbo a Pelagatos, mientras el ingeniero enmudecía por la sorpresa.
Pero qué, no pasó mucho tiempo y salió de su ensimismamiento.
Dos de la tarde, se dijo el ingeniero, mientras guardaba el celular. Hinchó el pechó y se subió a la camioneta, ahí se detuvo un momento para decidir el viaje a Lima, ¿por Cabana o por Llaymucha?, mejor por Llaymucha, así tendré que pasar por Pallasca y hablar con las autoridades, no está demás, que me vayan conociendo por si La Minera tenga algo por ahí, sólo un saludo y nada más, debo llegar a Lima como sea. Mejor, ¡machete en tu vaina!, nunca dejes lo seguro por lo incierto, me repetía mi padre. Medía vuelta, carajo, pasaré veloz por Cabana, qué almorzar ni qué nada, tengo galletas y gaseosas, por aquí cocinan que es un asco. ¡A Chimbote! y luego a Lima.
Llegó a Lima, a la misma Molina, a las tres de la madrugada del siguiente día. Y la siguiente semana trabajó perfilando el Informe. La última de las siete recomendaciones contemplaba:
“Entregar veinticinco mil soles a cada comunero para aliviar la pobreza en la que se encuentran”.
No era una recomendación técnica, no encajaba en la plantilla que tenía como modelo, lo recomendó porque en fin, porque no tenía más que recomendar, y porque se le había ocurrido en el viaje. Lo recomendó sin imaginar que seis meses después La Minera compraría la felicidad de los lugareños con veinte mil soles por cada comunero. Llegaron en helicóptero para entregar el dinero, y los comuneros aplaudieron a rabiar desde antes que aterrizara hasta después que despegó y se perdió rompiendo el horizonte. 
Pedro Bermúdez Lavado, el ingeniero, había remitido un Informe de cien páginas, con fotos, estándares, monitoreos, mapas y tantos otros anexos de relleno.
Dos semanas, nada más, había invertido el funcionario en el Informe de Impacto Ambiental, una en trabajo de campo y otra en oficina. Y ahí estaba, otra vez, ahí tras del escritorio, en lo que él llamaba su oficina, en un edificio de siete pisos de La Minera, en Surquillo, sentado en el sillón que se balanceaba con el bambolear del funcionario minero de confianza de La Minera, ahí ojeando algunos papeles y contestando el celular con la portátil computadora abierta alertando me gustas y comentarios por el nuevo estado del funcionario “Los pobres del país por fin serán ricos gracias a la explotación del oro”, mientras sonaba persistentemente el teléfono fijo… Descolgó el teléfono, y ¡oh!, ¡sorpresa!, desbordante alegría, lo felicitaba por el Informe el mismo Presidente del Directorio, para que vean quiénes somos los Bermúdez, sí, pues, pero, también, de otro lado, el mismo Presidente lo destacaba a trabajar en Magistral como Jefe de Seguridad Integral, y esto, esto sí que lo catapultó. Comprendió que era el inicio del fin, luego lo despedirían, por eso entró en angustioso aturdimiento, y recordando se quedó dormido para siempre, muerto, sentado en el retrete.

 

Walter Elías Alvarez Bocanegra
  Chimbote, revolución industrial.
–Cuándo, cómo, dónde, nació Chimbote –pregunta el historiador.
–¿Chimbote?, ah, sí, claro –responde la fuente histórica:
Chimbote es un pequeño pueblo situado a 640 kilómetros al norte de la capital peruana, entre una hermosa bahía y una verde campiña. Por largos años vivió una vida apacible encerrado entre los altos picachos andinos y la costa del Pacífico. Nada turbaba la invariable y sosegada actividad de sus agricultores y pescadores, pero de súbito, un vértigo de modernidad sacudió todo y hoy el antiguo silencio es roto por el ruido de las excavadoras mecánicas y las explosiones de la dinamita, mientras el mundo entero vive la angustia de una guerra, socialismo y capitalismo brindan con el mismo vodka.
Todo el pueblo y la región que le rodea pasa rápidamente de la etapa agrícola a la industrial. Es muerte del feudalismo y nacimiento del capitalismo. Tres nuevas fuentes de riquezas, carbón, hierro y fuerza motriz, harán de Chimbote un importante centro industrial y abrirán al Perú un nuevo y amplio horizonte industrial que le librará de depender tanto de las importaciones, al mismo tiempo que ofrecerá miles de nuevos empleos a su mano de obra y diversificará su economía nacional. Los indios de hacienda de los andes dejaran a sus patrones a quines vienen sirviendo en forma gratuita y se emplearán en Chimbote.
Gigantescos afloramientos de carbón yacen en las altas montañas que se levantan al noreste del pueblo. Desde estas minas, en la provincia de Pallasca, dos angostas líneas ferroviarias zigzaguean a través del difícil terreno y convergen en una siguiendo hasta el valle del río Santa, y desde ahí hasta Chimbote. 
América para los norteamericanos, no, “América para los americanos”, Estados Unidos dicta las normas, Manuel Prado es Presidente, es el nuevo entreguismo para el nuevo colonialismo, ya lo volvería a decir Miguel de Unamuno “Y, en cambio, ahí están los grandes rapaces de la historia americana: Daza, Prado, etcétera: ¿qué hicieron con el fruto de sus rapiñas?. Ir a gastarlo a París o a cualquier otra parte. No eran grandes ambiciosos, no eran hombres sedientos de gloria; eran codiciosos, sedientos de goces”. Estados Unidos dicta las normas y crea instituciones de apoyo desde hace tres años atrás, por medio de un programa cooperativo de salubridad y sanidad en las repúblicas americanas, dicho programa crece ahora como garantía de prosperidad. La lucha de los países de América contra las enfermedades no es nueva, ya en 1873 se efectuaron algunas reuniones regionales con la idea de dominar ciertas epidemias, y la Oficina Panamericana de Salubridad ha estado funcionando desde hace mucho tiempo, pero nada de lo hecho hasta ahora se puede comparar con el programa de salubridad que se formuló en la Conferencia de Río de Janeiro a principios de 1942. Hoy día hay más de trece mil personas de ambos sexos ocupados en la tarea sanitaria panamericana, algunas proceden de Estados Unidos, pero los más son de los países latinoamericanos. Parte de su trabajo consiste en proteger la salud de individuos que también desempeñan trabajos importantes aunque de otra índole, por ejemplo, los caucheros del valle del Amazonas, los trabajadores que extraen fibras en Centro América, los mineros que arrancan al subsuelo sus tesoros, los cargadores de los puertos y los campesinos que recogen los frutos de la tierra. La misión de esos hombres, esparcidos en todo el territorio de América, es satisfacer las necesidades de las Naciones Unidas, y su participación es comparable con la de un soldado en el campo de batalla. Las bajas que producen las enfermedades entre ellos son comparables con las que causan las balas entre las tropas. El objetivo de la campaña sanitaria interamericana es evitar esas bajas o reducir el periodo de inutilización cuando ocurran.
Casi todos los países que hicieron convenios cooperativos, después del ataque a Pearl Harbor, los han prolongado por un termino de dos años. Los arreglos estipulaban que los Estados Unidos prestarían cierta asistencia técnica y monetaria por intermedio del Instituto de Asuntos Interamericanos, y que cada nación interesada aportaría el resto.
Que las enfermedades no respetan fronteras está probado por el hecho de que reinan en el sur de los Estados Unidos, tales como el paludismo, la disentería y las afecciones parasitarias hacen estragos igualmente en muchas repúblicas del sur.
Un análisis practicado recientemente revela que se han terminado o están en vías de realización unos setecientos trabajos de diversa naturaleza en las repúblicas americanas. Se han llevado a cabo unas trescientas obras de mejoramiento local, tales como la destrucción de criaderos de mosquitos, la construcción de acueductos y cañerías, y muchas otras obras semejantes. Se han erigido ciento cuarenta edificios para hospitales, clínicas, enfermerías y dispensarios, y, se ha prestado ayuda a doscientas instituciones. Se han practicado estudios de ciertas enfermedades, y se han abierto cursos de instrucción para enseñar a los que deben velar mañana por la salud pública. Las obras de sanidad que se han emprendido son tan variadas como los propios recursos de los países americanos, y abarcan desde la instalación de puestos para combatir el paludismo hasta la construcción de clínicas en ciudades grandes como Santiago de Chile. Hoy cuenta cada nación con cuerpos de peritos sanitarios y de médicos que han estudiado en las mejores universidades del continente y practicado en los mejores hospitales.
En tal sentido, el agua para consumo humano e industrial llegará a Chimbote desde allá del mismo valle del Santa, al norte del pueblo, donde se están construyendo grandes pozos tubulares. Además se está construyendo un canal de desagüe para eliminar así los criaderos de mosquitos, que son una de las principales causas del desarrollo del temible paludismo, así mismo los charcos son regados con petróleo para matar las larvas de mosquitos. No sólo los médicos e ingenieros del proyecto, sino los obreros gozan también de cómodos, higiénicos y modernas viviendas para proteger su salud.

La fuerza motriz será producida cuando se atajen en una represa las torrenciales aguas del río Santa.
Los yacimientos de hierro están mucho más remotos, a cerca de mil trescientos kilómetros hacia el sur, pero tan próximo al mar, que será fácil llevar la mena en barcazas hasta Chimbote.
La tarea de construir la represa, base fundamental del nuevo desarrollo industrial, fue acometida recientemente. Pero ello no fue idea nueva, por mucho tiempo se vio en esas aguas un preciado tesoro, para quien pudiera contenerlas y convertirlas en fuerza eléctrica.
Cierto día, antes de la primera guerra mundial, un joven ingeniero peruano pasaba por el escabroso Cañón del Pato, cerca de Chimbote, cuando se le ocurrió medir la vertiente del río. Después de caminar varios kilómetros consultó su barómetro aneroide, resistiéndose a creer lo que veía. Para comprobar la lectura del barómetro volvió atrás del terreno andado, obteniendo de nuevo el mismo resultado: un declive de mil cuatrocientos pies en solo diez kilómetros. He aquí, se dijo, fuerza suficiente para mover turbinas y producir electricidad suficiente para una colosal industria. 
Y hoy, en ese mismo desfiladero del valle del Santa, se levanta un campamento al que sus setecientos moradores llaman “Hidroeléctrico”. Esos mismos obreros levantan sobre la roca viva una obra que rendirá ilimitados beneficios a su país. Varios edificios han sido construidos: un hospital, una escuela, talleres oficinas y trece viviendas que alojarán, algún día no muy lejano, al personal que tendrá a su cargo el funcionamiento de la planta hidroeléctrica. Los planes son instalar cinco generadores, cada uno capaz de producir 25.000 kilovatios. Se espera que dos de ellos estarán construidos para fines del 1945.
Simultáneamente, Chimbote se transforma de una aldea agrícola en un importante puerto de mar. Numerosos camiones arrojan en el pacífico toneladas y toneladas de rocas arrancadas por la dinamita y las grúas en las inmediaciones del pueblo. Dentro de poco el promontorio artificial de rocas se adentrará dos mil seiscientos pies en la bahía de Chimbote. A su extremo se construirá un muelle de concreto, equipado con moderna maquinaria apropiada para el transporte de carbón y de la mena de hierro. Mediante estos nuevos métodos que permiten cargar cuatrocientas toneladas por hora, será posible para un barco que llegue de noche, zarpar de nuevo a la mañana siguiente. Además una profundidad de veintiséis pies permitirá a los barcos atracar al muelle. Ya está construido un muelle más pequeño que se extiende mil trescientos pies desde la costa, provisto de cuatro grúas para usarse por embarcaciones más reducidas. El Perú importaba casi todo el carbón que consumía. Ahora después de toda esta asombrosa transformación, le ha sido posible exportar en cinco meses 18.000 toneladas de carbón con destino a sus países vecinos.
Cuando la producción anual de carbón en Chimbote llegue a 300.000 toneladas que se calculan, Perú será también dueño de una reserva de 90.000 toneladas de residuos de carbón que resulta muy menudo para la exportación. Estos fragmentos pueden mezclarse con brea para fabricar coque que a su vez servirá de combustible en los hornos y fundiciones que convertirá a Chimbote en la Ciudad Siderúrgica del Perú, como también pueden mezclarse con melaza para fabricar briquetas para exportación. Los ingenieros han procedido a ensayar perforaciones en la zona de Marcona, al sur de Chimbote, e indican que el terreno guarda millones de toneladas de mena de hierro.
Por ahora no se podrán construir las fábricas de acero, ya que debido a las condiciones bélicas es imposible conseguir maquinarias. Pero de acuerdo a los planes, estarán dotadas de un gigantesco horno con capacidad de trescientas toneladas, así como toda otra clase de maquinaria moderna. Posiblemente la escoria que quede será utilizada para producir cemento, esto a su vez será el comienzo de otra industria. De ese mismo modo, el gobierno peruano proyecta desarrollar otras industrias para poder ofrecer gran variedad de productos al mercado exterior y para satisfacer las necesidades de la creciente población en dicha región. 
Para coordinar todas estas actividades de fomento industrial fue establecida la Corporación Peruana del Santa, con un capital autorizado de 100.000.000 de soles, subscritos por el gobierno, quien ya ha satisfecho cerca de una octava parte de esa suma. De acuerdo con los planes, el gobierno controlará las empresas de servicio público, tales como la central hidroeléctrica, los ferrocarriles y las minas, mientras que se estimulará a la industria particular a establecer fábricas y hacer uso de todas esas facilidades. Y también, se instalarán cantinas por doquier y burdeles hasta el amanecer para tranquilidad de la masa trabajadora.
–Está mal este artículo, todo el mundo sabe que la distancia de Lima a Chimbote no es más de 440 kilómetros –comenta el lector.
–Depende, depende de si se mide la distancia por tierra, aire o mar –sustenta el ingeniero.
–La medición tendría que ser en línea recta, en tal caso hay 370 kilómetros –afirma el matemático.
–Bueno, son datos nuevos de fuentes nuevas, todavía no son historia –aclara el historiador–, pero, cuándo y cómo nació Chimbote.
–Chimbote nació cuando, los serranos llegaron en manadas…, cuando los moches…, cuando los chavín…, cuando los españoles fundaron el Casino Español. Antes que utilizaran como pretexto el terremoto del 1970 para levantar la línea férrea. Antes que la siderurgia fuera tratada como tierra de nadie. Antes que la pesca fuese un pretexto para traficar con cocaína. Chimbote nació antes que Monseñor Bambaren se santificara en vida en la Catedral de Nuevo Chimbote, mucho antes que el cadáver del Monseñor desapareciera de las catacumbas del cerro de La Paz para ascender al cielo. Chimbote nació como Dios manda un día cuando él, aún no estaba enfermo. 
–Datos que tendrás que escribir para yo tener que contar –responde la historia.

  • 
07:03


Walter Elías Alvarez Bocanegra
El último afán.
Es ella otra vez, como ayer, como anteayer y como toda la semana, una semana ya, sólo que ayer no tenía esas manguerillas asidas a las narices. Ahí está, pegada al cristal de la ventana, su mirada se dirige al este, hace caso omiso a las celadoras de cama de hospital, luego baja la mirada y observa la vía congestionada de vehículos, la avenida Salaverry en Jesús María. Creyó que ayer saldría del nosocomio, se preparó para salir pero no pudo, su cuerpo no respondía, se desvanecía. Anteayer estuvo mejor y también creyó que saldría de ahí, pero no pudo, su cuerpo se desvanecía menos que ayer y creyó que debería ponerse mejor para salir y por eso espero al día de ayer, y no pudo, y esperó para hoy pero tampoco puede, está peor, y con manguerillas, todo está perdido. Pero saldrá, es su afán, conoce el hospital de memoria, como cualquier jubilado.
Sale de ahí sin manguerillas, caminando en retroceso, inicialmente los pies se le pegan al piso, luego se le van aliviando, va por el pasadizo, el ascensor se abre, se cierra, ella desciende, se abre nuevamente. Ella pasa entre el gentío, todos se apartan, jamás han visto caminar a una mujer de tal manera, sonríe mientras se desplaza por Rebagliati hasta la esquina. El mismo bus que la llevó está estacionado en la avenida Salaverry, justo en la esquina, le resulta difícil subir de espaldas, pero lo logra, su deseo de vivir es más fuerte que la buena voluntad de la buena mujer que quiere llevarla al hospital, una semana ya que la llevaba, entonces la buena mujer iba tranquila, ahora la buena samaritana regresa con pesadumbre porque ella no quiere quedarse en el hospital.
Le resulta muy pesado volver a casa de retroceso, pero la casa es la casa, la casa es la vida y en la casa la muerte es dulce. Y llega a la esquina de la casa, con el bus en retroceso, y ella se baja caminando con la espalda por delante, y a medida que avanza el cuerpo se le sutiliza, va caminando a la gloria, segura que la encontrará. La mujer que le acompaña voltea y la abandona en la misma puerta de la vieja casona, ahora infernalmente convertida en tugurio albergando a mucha gente. Ingresa hasta su habitación en el segundo piso, en el barrio Rimac, al costado del río, muy cerca de Palacio de Gobierno, un puente y una cuadra los aparta, se vuelve y queda frente a frente con la cerradura de la carcomida puerta; penetra la llave, cruje el madero entre telarañas y polvo, flamean las blanquisucias cortinas, y por fin.
Se siente libre y como volando ingresa al dormitorio, se sienta en la cama, chirrían resortes, jala la gaveta del velador y extrae un diario amarillento, su propio diario, lo abre sobre la mesita caoba.
“¡Oh!, diario, tú que sabrás de mí mucho más de lo que yo de ti, guarda todo lo que te entregue que será lo mucho que yo tenga. Porque a tus páginas llegue mi canto y que ellas sequen mi llanto o se llenen de encanto cuando una tenue sonrisa a mi rostro aparezca. Porque tus renglones sean mi cause de amor y aunque muerda el dolor no me aparten de él. Y si alguna vez el destino de mí te arrancare y el insensato a la basura te arrojare, escaparás de ahí porque tienes vida, la vida que yo te entregaré. Nací con efímera primavera una tarde de otoño, no importa de quién pero nací, me sorprendió el invierno y ahora que siento caluroso verano y cumplo 15, te tengo a ti. ¡Te amo! ”. 
Lo ojea, hoja por hoja, entre páginas hay pétalos y flores finamente disecados, se detiene entre páginas, 5 del día 13 del mes 12, ahí una flor de higuera y foto a todo color en el restaurante El Cordano, al costado de Palacio de Gobierno, muchos rostros femeninos alegres sólo el de ella disimuladamente alegre. Tiene 55 años, es un agasajo porque se ha jubilando del empleo, empleo que no quería dejar porque en algo aliviaba su pesar. Ya no es la mujer más bella de Correos y Telégrafos por dentro y por fuera, ya no, sólo por dentro. 
El diario tiene codificados los días de la semana del 1 al 7, no dice lunes, dice 1, no dice domingo, dice 7. Se detiene en el 7 del día 7 del mes 7, es una codificación personalizada, algo fuera de lo común quería hacer cuando niña e hizo un diario de vida cuando cumplió 15. Ahí junto a un pétalo de rosa roja una fotografía carné en habano, la coge delicadamente, sonríe llena de felicidad, y la besa como aquella vez. Es el primer beso que dio aquella tarde, mientras la brisa del río, en el puente Rimac, antes que él partiera rumbo a las minas de la Cerro de Pasco Corporation. Partió en tren, al siguiente día, desde la misma Estación de Desamparados rumbo a su prometedor empleo como geólogo y no volvió jamás, murió por Satipo, Junín, en una juerga de fin de semana, dijo la madre de ella. Fue el primer beso sabor a suspiro limeño, de esos suspiros que ella muy bien sabía preparar, el primer beso que dio y recibió mientras su cuerpo hormigueaba ávida, ella, de caricias y lujuria, porqué no, pero él la apartó porque la quería pura para la noche de bodas. Era el único hombre a quien se entregaría pasara lo que pasara. Pegada a la foto se siente en la gloria.
Era la mujer más bella de Correos y Telégrafos, la más bella del centro de Lima y de todo Lima y más, bella como bello su proceder, aunque empleada nada más, pero al fin empleada para distinguirse de las obreras.
Sigue ojeando las hojas del diario y encuentra a su madre en cuerpo entero y en sepia junto a una flor de cardo, su cuerpo se hace pesado, se resiste a caminar al pasado. No supo bien de su padre, el francés Leclerc de penetrante mirada azul que atrapó a su madre. ¡El gringo Leclere!, el que solía repetir que serrano era sinónimo de sumisión y de atraso, por cuanto no se explicaba el porqué de una raza dueña de incalculable riqueza y que, sin embargo, adormitaba terriblemente pobre y al servicio de sus saqueadores. Murió por borracho, repetía su madre. Leclerc, un experto fundidor de oro en La Oroya que de un día para otro resultó con la piel exfoliándose por los efectos de los reactivos que utilizaba en su rentable oficio, y por eso su madre se alejó de él, mejor dicho, ¡lo alejó!, le causaba repugnancia y vómitos cuando se le acercaba. Soriasis, diagnosticaron los médicos, Leclerc, decepcionado, se suicidó en La Oroya con una solución saturada de whisky y cianuro sin que ella, su hija, lo supiera, ya muerto se lo llevaron a Francia.
Difícilmente su pensamiento llega hasta el joven aquel, su padre, tan apuesto como su prometido el de la foto en habano. Inicia un canto, yaraví, dolorosamente triste, “Se fue mi amante por las montañas…”, ella tiene 18 y él 24, coloca la foto dentro de sus senos, se arrodilla cantando con la mirada fija en la ventana oriental de su sepulcral habitación, “Se fue mi amante por las montañas bajó a Satipo y ahí murió…”. Estruja la foto sepia de su madre, la escupe y la tira por la ventana.
Era la mujer más bella de Correos y Telégrafos, la única hija de la maestra de escuela en la metalurgia La Oroya y del gringo Leclere, vivía en esa casona que compró su padre y la legó íntegramente para ella antes de morir, y desde allí, todas las mañanas caminaba cruzando el puente hasta las oficinas de Correos y Telégrafos al costado de Palacio de Gobierno. La maestra era limeña piel canela de pura cepa, de Barrios Altos, a unas cuadras de la casa de los Prado, era maestra de escuela, pero llevaba el cuello bien estirado para que su mirada no tropezara con las de sus alumnos, y por eso dejó de trabajar luego que se unió de hecho con Leclerc. Después de la muerte de Lecrec la maestra se vio en apuros para seguir viviendo como había vivido, puso la mayoría de las habitaciones de la señorial casa en alquiler, y hasta ella se alquilaría de ser necesario, y fue un oficinista de Palacio de Gobierno, que entonces alquilaba una habitación ahí, que se compadeció de la hija de la maestra y del gringo Leclere y le consiguió un empleo en Correos y Telégrafos. El enamorado de ella era de Huancayo, serrano mal hablado, de qué vale que sea ingeniero, le repetía la madre maestra, serrano apestando a chuño y zapateando huaynos, ¡quí puis vaser tu marío!.
Estruja la foto sepia de su madre, la escupe y la tira por la ventana, “que el diablo la tenga a su lado”. Inicia una danza, mezcla de todas las danzas folklóricas peruanas, y baila hasta quedar exhausta, y canta el penoso yaraví “Corazón en bandolera partió mi amante, se fue mi amante por las montañas, bajó a Satipo, lo acribillaron y ahí murió, y ahí murió y ahí murió…”. ¿No fue la malaria?, no, lo acribillaron a balazos por hablar de revolución. Extenuada por la fatiga cae sobre el velador y el diario se estrella en el piso de madera. Fotos y flores en el piso opaco olor a petróleo, sobresale una foto en sepia pegada a una flor de lirio, la del gringo Leclere con ella muy niña en beso paternal en el patio de la casona junto a la pileta de mármol. Su mente se confunde, le llega intermitente la figura del ogro escamoso a veces rojizo y otras violeta genciana, eso decía su madre, el gringo Leclere era el ogro luego que fue atacado por la soriasis. Entre el ogro y Leclerc aparece su madre obligándola a comer: ¡Come, maldita!, ¿o llamo al ogro?. 
La orden le produce vómitos, arroja toda la bazofia a la misma cara de la celadora de hospital, para ella la cara de su madre, la anciana se desploma, cae pesadamente al piso, fuera de la cama de hospital, el cuerpo convulsiona y expira feliz. Es ella, sencillamente ella, la mujer más hermosa por dentro y por fuera.

CIPRIANA ÁLVAREZ DURÁN en Llerena (Badajoz)

 

RECEPCION Y APROPIACION DEL FOLKLORE EN UN CONTEXTO LOCAL: CIPRIANA ALVAREZ DURAN EN LLERENA (BADAJOZ).

Por MENA CABEZAS, Ignacio R.

 

 Cipriana Álvarez Durán.

Abuela paterna de Manuel y Antonio Machado.

 

El origen y evolución del movimiento folklorista en España y en las diversas Comunidades Autónomas cuenta ya con numerosos estudios y análisis comparativos. No ocurre lo mismo con los ensayos que enfaticen la perspectiva de la recepción, asimilación y conformación que las diferentes poblaciones y grupos sociales locales hicieron de las propuestas folkloristas decimonónicas. En las páginas que siguen trataremos de ofrecer el panorama cultural y social de una localidad extremeña con fuertes lazos con Andalucía: Llerena, para mostrar las contradicciones y logros de los procesos de apropiación social y local del Folklore.

De todos es sabido que a mediados del siglo XIX se extiende por toda Europa el interés por el conocimiento y conservación de las tradiciones populares. La literatura, los rituales, creencias, artesanías y saberes populares se convierten en objeto de estudio específico de las ciencias sociales en un proceso paralelo y generalizado de industrialización, urbanización y modernización de las sociedades europeas. Las transformaciones y cambios socio-económicos eran tan evidentes que llevaron a los intelectuales y científicos a tomar conciencia de una doble alteridad: por un lado, las culturas primitivas y exóticas que el colonialismo desvelaba, y por otro, las pervivencias y resistencias de las formas populares tradicionales en la vieja Europa. De este modo surgía la Antropología Social y el Folklore (2).

Movimientos tan aparentemente heterogéneos como el evolucionismo, el positivismo, el nacionalismo y el romanticismo sirvieron de marco ideológico para estas nuevas ciencias. En España el Krausismo, el liberalismo y los ideales masónicos completarán un panorama cultural en franco conflicto con el conservadurismo y catolicismo reinantes. Las polémicas filosóficas, ideológicas y políticas entre ambos frentes se explicitaban en las publicaciones periódicas de aquellos años. Las disputas entre razón y fe, progreso y tradición, evolucionismo y fixismo, se tiñeron de planteamientos políticos y alcanzaron también localidades como Llerena (3).

En España el movimiento folklorista tuvo en Antonio Machado y Álvarez su figura estelar. A partir de él y su círculo sevillano se extienden Sociedades de Folk-lore por las diferentes regiones con mayor o menor éxito. El movimiento folklorista redescubre y reinventa el concepto de pueblo, sin connotaciones marxistas y con un intento de sistematización y rigor científico en torno a los saberes y tradiciones populares. Los círculos intelectuales burgueses mitifican al pueblo con la nostalgia de la arcadia rural, natural, sencilla y auténtica. El pueblo lo componían “aquellos sectores, clases o grupos sociales no incorporados a la Modernidad, o lo que es lo mismo, no integrados a la sociedad industrial, ni elevados a los niveles de los conocimientos de las Ciencias.(…) Es la teoría de la evolución la que entonces recuperaba el saber popular como superstición, como supervivencia” (Velasco, H. 1988:27).

Pero el proyecto folklorista decimonónico partía de una contradicción fundamental. Un claro agente y exponente de la ciencia y de la modernidad que trataba de recuperar la cultura popular. En el fondo la paradoja consistía en que las tradiciones populares se recuperaban en la medida que se alentaban cambios sociales que tendían a suprimirlas. De ahí que los resultados fueran la negación-invención de lo popular. Por otra parte, no podemos pensar en lo popular al margen del proceso de constitución de las masas como hecho político. Una cultura hegemónica y reflejo ideológico de las clases dominantes sólo podía reconocer las culturas subalternas a costa de disolver sus componentes de diversidad, heterodoxia, complejidad y amenaza del orden. El pueblo quedaba encerrado en una estrategia de control ideológico, político y económico: su alusión abstracta desvela su exclusión concreta, es decir, un dispositivo que legitimaba las diferencias sociales y, en esos momentos ya, regionales. La invocación reiterada romántica y folklórica del pueblo justificaba el poder de la burguesía en la medida que el ideal articulaba la censura real de la cultura popular como in-culta. Por supuesto, hubo y hay excepciones.

Pese a ello, las culturas populares muestran siempre su resistencia al mostrar espacios de creatividad, actividad y producción oral, artesanal o ritual en coexistencia y separación del mundo cultural urbano, secularizado e ilustrado. El empeño de conservar y catalogar la actividad popular tradicional produce siempre el efecto contrario, su secuestro y negación, ya sea vía mercantilización o vía trivialización. La supuesta autonomía, originalidad y autenticidad de lo tradicional y popular oculta el proceso histórico de formación de los popular y de las diferencias sociales y culturales: la exclusión, la dependencia, el mimetismo, etc, (Martín Barbero, 1993: 15-21). De este modo, lo popular queda sin sentido histórico y lo rescatado acaba siendo una cultura cosificada, que ya no puede mirar más que al pasado, como cultura-patrimonio o museo. Lejos quedaban los conceptos actuales de cultura como motor endógeno del desarrollo sostenible.

Si comparamos lo que escribían los folkloristas de hace un siglo con lo que algunos folkloristas dicen ahora descubriríamos, dice Díaz G. Viana (1999:7 y ss.), lo poco que han cambiado los discursos. A la necesidad de salvar o conservar lo popular se añade la insistencia en la autenticidad y pureza de la recopilación o restauración como una dimensión de la defensa de la identidad colectiva. A este folklore se le confiere una capacidad moralizante frente a todo lo ajeno y moderno. En el fondo no le interesa el estudio de la cultura popular sino una parte concreta de esa cultura fácilmente instrumentalizable. Se olvida que el folklore es no sólo formas tradicionales sino un conjunto cultural vivo y funcional, dinámico y complejo, compuesto de elementos que desvelan las cicatrices de la historia, sus conflictos, logros y desventuras. Pero también de elementos recientes que hacen del conjunto de la cultura popular una síntesis anónima creativa y viva, capaz de evolucionar o cambiar.

El interés por lo popular nacía justificando un movimiento paralelo del capitalismo y de los Estados- Nación modernos que exigía la desaparición de las esferas tradicionales no integradas. La antropología también se inició como disciplina racionalizando y legitimando el colonialismo. El Folklore busca recopilar y estudiar la Tradición Oral para hacerla Historia. He aquí su recompensa y su fracaso. El pueblo se cosifica e instrumentaliza, se aisla y desaparece. Al tratar de fijar su actividad se cercena lo vivo (García Calvo, 1983). La Historia busca reificar y definir al pueblo, pero éste es anónimo, carece de espacio y de tiempo cronológico, tampoco puede contarse por eso es ajeno a los individuos concretos, por eso es anónimo y surge del común de las gentes.

En Extremadura el movimiento folklorista experimentó un dinamismo y creatividad singular. Ya en 1881 se funda la Sociedad del Folklore de Burguillos de manos de Matías Ramón Martínez. A ella le siguen el Folklore Frexnense (Romero y Espinosa), que se convertirá en el órgano difusor regional (4), y entre 1882 y 1884 dieciocho localidades extremeñas, (Marcos Arévalo, 1987:XX). Precisamente Llerena fue uno de los últimos centros sumados a toda esta efervescencia por el Folklore y donde la madre de Machado, Cipriana Álvarez, jugó un papel crucial.

Cuando Cipriana Álvarez recala en Llerena la ciudad arrastraba una decadencia iniciada a mediados del siglo XVII, y salvo ciertos intentos reformadores e ilustrados, lejos quedaba la mitificada época de esplendor de los siglos XV-XVI. En el último tercio del siglo XIX Llerena parece despertar de la modorra y peso de su propia Historia. El punto de inflexión es, al mismo tiempo, un eslabón más de la decadencia y el inicio de una etapa renovadora. La definitiva supresión del Priorato de San Marcos de León de la Orden de Santiago en 1874 provocó el conocido “Cisma de Llerena” orquestado por el Teniente-Gobernador: Francisco Maesso (Manzano Garías, A. 1960). Lo representativo es aquí el carácter singular y popular que adquirió el suceso, catalizando una forma crítica de conciencia histórica y ciudadana respecto al pasado, el presente y el futuro de la ciudad. Significativo es también que el hecho provocara una coyuntural alianza entre los elementos tradicionalistas y conservadores con los republicanos-liberales locales. No vamos aquí a entrar a analizar el Cisma porque se aleja de los objetivos de este trabajo pero si hemos querido mencionarlo porque refleja la complejidad de los procesos históricos y nos servía de referente alegórico del final y comienzo de una nueva era de la Historia Local.

Tras la revolución de 1868 y la I República se articuló en Llerena cierta clase media burguesa de rentistas, abogados, funcionarios, profesionales y técnicos que dieron lugar a una minoritaria pero activa élite local. La mayoría de ellos evolucionaron desde tendencias progresistas y republicanas, al hilo de la Restauración Borbónica y del propio liberalismo español, a formas regeneracionistas más o menos conservadoras frente al empuje de los movimientos obreros. Este grupo minoritario alentó el progreso, la educación, la literatura, las artes y el conocimiento de la Historia Local. Se trataba de un ambiente evolucionista y positivista de fe en el progreso y las ciencias, al mismo tiempo que el romanticismo miraba con nostalgia el pasado y lo propio. Por aquel entonces uno tras otro los lienzos y puertas de las murallas de la ciudad se derriban buscando abrirse a algo que no acabará de venir de fuera y que olvidará lo mejor de dentro. De repente, esta élite local, como otras por aquel entonces en otros puntos de España, descubre al “pueblo” de Llerena. Observan, registran y publican el “saber popular” de oscuros labradores y jornaleros, de mujeres hortelanas o escardadoras, de niños harapientos de los arrabales de las Ollerías, San Francisco, San Pedro y Tejeiro, como pasó con Cipriana Alvarez y Hernández de Soto, que por aquel entonces recopilaba materiales en Llerena para sus Juegos Infantiles de Extremadura (1884) o Publio Hurtado, que anotaba referencias locales para sus Supersticiones Extremeñas (1902). Derribadas las murallas los arrabales, huertas, molinos y cortijadas aparecen más cercanos. El pueblo muestra su anónima fisionomía en las primeras fotografías locales. Campesinos y cientos de jornaleros son el contrapunto de esa élite culta y literaria. Las transformaciones que se producen en el siglo XIX son vistas con una mezcla de recelo y esperanza pero ahí estaba el “pueblo” , el “saber popular” como una construcción de la diferencia, como imagen del propio poder y posición, objeto de didáctica paternalista, de higienismo y salud pública, manantial de lo tradicional y lo auténtico.

Por estos años la actividad socio-económica y cultural en Llerena trae consigo un peculiar esplendor de publicaciones periódicas, testigo de la incipiente y pujante burguesía local y literaria (Pulido & Nogales, 1989): El Tío Juan , La Corneja en 1871, El Cencerro (1871- 81), El Sur de Extremadura (1879-1881), El Tío Conejo (1881), El Látigo (1882-83), La Solución (1884), El Independiente (1884), El Domingo (1890-92), La Lealtad (1893), El Bético-Extremeño (1893-95), La Semana Llerenense (1897) o El Curioso Extremeño (1905-07). Y como personajes destacados: escritores, directores, impresores o redactores: Francisco Capilla (La Corneja); José Amaya, Manuel Henao (El Tío Juan); Pelayo Henao, Gazúl de Uclés (El sur de Extremadura); Felipe Muriel (La Solución, El Látigo); Francisco Monroy (La Lealtad); Pablo Grandizo, Soledad Martín Ortiz de la Tabla, Rufo Moreno y Alberni (El Curioso Extremeño); Emilio Martín (El Bético-Extremeño); César del Cañizo, Monroy, y Gazul en (La Semana Llerenense). A ellos hay que unir algunos de los nombres de la aristocracia agraria latifundista local, políticos y profesionales liberales. De forma paralela se suceden las logias masónicas, muchos de los personajes anteriores formarán parte de estos pequeños grupos influyentes con apenas una o dos docenas de miembros como: “Unión y Beneficiencia”. 1880-83.“Fraternidad”. 1880-83. “ Humildad, nº 275”. 1884-1886. Y “Regiana, nº 364” en 1885-1887. (López Casimiro, 1992).

Ni que decir tiene que la masonería constituyó por sus ideales y recursos el elemento catalizador y mediador en el desarrollo de las Sociedades del Folklore en Andalucía y Extremadura. También en Llerena debió ocurrir algo parecido cuando Cipriana Álvarez contactó a través de su hermano (registrador), su hermana Mª Luisa y su cuñado (abogado en Llerena) con el círculo masón de Felipe Muriel en su empeño por abrir la Sociedad local de Folklore o Folklore Regianense (cuyo nombre como vemos también coincide con la logia local de Felipe Muriel y Gallardo) el 22 de Abril de 1885. Pero lo curioso es que dicha fundación coincide con una clara decadencia ya tanto de las Sociedades de Folklore como de la masonería en la provincia de Badajoz. Estas son las amargas palabras del venerable masón Solís Panadero de la Logia Regiana y secretario del Tribunal de Llerena en aquellos años describiendo la situación: “En esta población indiferente de suyo a toda idea política y religiosa, merced también a influencias clericales dependientes de la tradición inquisitorial que este país tiene, hacen que la mayoría nos tenga en poco valor, un desconocer por esto que a causa de una sorda intestina y hábil combinada guerra de algunos ocultos jesuitas, se trate de quebrar en nuestro campo la desconfianza, las rencillas y hasta la separación de familias… Además el secreto de los trabajos impone hoy a ciertas creencias tímidas y timoratas aún de aquellos hombres conocidamente de ideas liberales, los cuales rehuyen la afiliación a nuestro orden por consideraciones pura y exclusivamente personales; hay más, se observa que, cuando cualquiera de nosotros ejecuta un acto censurable por insignificante que sea, se saca a la plaza procurando desvirtuar todo acto bueno que se ejecute” (Vázquez Domínguez, 1991).

En este contexto destaca el surgimiento de las primeras monografías históricas locales. Es como si los intereses de estas nuevas élites locales literarias y políticas de la Restauración, muy pronto y sin querer relacionadas con el clientelismo y el caciquismo, se manifestara alegóricamente en la formación de una conciencia histórica local que sintetizaba romanticismo y regeneracionismo. Faltas de una disciplina científica adecuada admiten de forma acrítica la tradición de eruditos locales anteriores y sustituyen la fiabilidad de los datos por un subjetivismo y extremado localismo. No obstante, constituyen escenarios de reinvención de la identidad local a través de la mitificación de lo propio construyendo una continuidad temporal frente a los cambios y transformaciones e indirectamente informan sobre conflictos sociales, personajes y espacios de la localidad. De este modo aparece la obra de A. Sabido y Martínez en 1888: Llerena, su pasado y presente. Madrid. Imp.Ginesta. Monografía que expresa un encendido alegato de la razón histórica local pero que incluye algunos comentarios etnográficos. En 1900 escribe E. Montero Santarén, maestro que ya colaboró en El Magisterio Extremeño su Monografía histórico-descriptiva de la ciudad de Llerena, algo más fiable que la anterior y con un breve capítulo sobre costumbres y tradiciones populares. En esos años finiseculares César del Cañizo, abogado llerenense, comienza su labor de acopio y publicación de documentos históricos. Así, colabora en 1897 en la revista La Semana llerenense y publica en la Revista de Extremadura de Cáceres en 1899 el Compendio o laconismo de la fundación de Llerena, obra de mediados del siglo diecisiete de Morillo de Valencia que constituye precisamente la referencia privilegiada y mítica de la Historia Local.

Para acabar hay que señalar otro hito cultural de enorme transcendencia etnográfica y que de alguna manera puso un interesante colofón a las actividades folklóricas iniciadas por Cipriana Álvarez. En 1901, Eulogio Montero y Joaquín Echávarri, médico por aquel entonces en Llerena, colaboran de forma entusiasta y decidida en el “Cuestionario sobre el Ciclo vital. Nacimiento, matrimonio y muerte” que el Ateneo de Madrid, sección de Ciencias Morales y Políticas, promueve en todo el ámbito estatal y que por el número de respuestas y la calidad de las informaciones constituye un documento único sobre las costumbres populares llerenenses, extremeñas y nacionales (7). Todavía la información obtenida en esas respuestas sirve de referencia a investigaciones sobre Medicina Popular como la que Yolanda Guío (1991) emprendió en Llerena y otras localidades extremeñas.

A continuación ofrecemos unas notas biográficas de Cipriana Álvarez Durán y de algunos de los personajes fundamentales en el origen y desarrollo de los estudios de Folklore y Etnografía en Llerena entre 1870 y 1910.

Cipriana Álvarez Durán, nació en 1828, seguramente en Zafra, de donde procedía parte de su familia. Era hija del pensador, político y militar José Álvarez Guerra, autor de obras filosóficas como La unidad simbólica y destino del hombre en la Tierra, y sobrina del insigne folklorista Agustín Durán, autor del Romancero General en 1851. De ellos heredó el gusto por la literatura y las artes, dado que al parecer también era una reconocida pintora.. En 1845 se casa con Antonio Machado Núñez, quien por aquel entonces pasó a ocupar la Cátedra de Física en la Universidad de Santiago, allí nace su hijo Antonio Machado “Demófilo”. En 1847 la familia se traslada a Sevilla al ocupar Machado Núñez la cátedra de Historia Natural. En 1868 participó en la Junta Revolucionaria de Sevilla. En aquellos años republicanos llegó a ser Rector de la Universidad hispalense y Gobernador Provincial. Machado es uno de los fundadores del darwinismo en España. Con ayuda de Federico de Castro, Catedrático de Metafísica, y discípulo de Sanz del Río, funda la Revista Mensual de Filosofía, Literatura y Ciencias portavoz del krausismo y el evolucionismo, y contribuye a crear la Sociedad Antropológica de Sevilla. Separado de su Cátedra en 1875 se relaciona con los integrantes de la Institución Libre de Enseñanza.

Por su parte, Antonio Machado Álvarez, “Demófilo”, sería el padre de los conocidos poetas sevillanos. Alumno de Federico de Castro, quien le inculcó el gusto por la literatura popular y el interés krausista por desvelar la verdadera esencia de la historia de los pueblos. Demófilo combinó romanticismo, positivismo, evolucionismo y krausismo como bases ideológicas de la nueva ciencia del Folklore. En 1878 se crea en Londres la Folklore Society y apenas tres años después Machado publica las Bases del Folklore Español, con el objeto de recoger y publicar todos los conocimientos del saber popular. En 1881 funda la Sociedad del Folklore Andaluz como órgano matriz de otros centros nacionales y junto a otros autores como Alejandro Guichot, Luis Montoto, Torre Salvador y Rodríguez Marín. La recopilación de cuentos populares tuvo un momento estelar a finales del siglo pasado con el auge de las sociedades folklóricas. Director de la Revista El Folklore Andaluz entre 1882-83 hasta que se fusiona con el Folklore Frexnense de Romero y Espinosa dando lugar al Folklore Bético-Extremeño. Demófilo es el director e impulsor también de la Biblioteca de Tradiciones Populares Españolas. Autor de la importante colección de Cantes Flamencos en 1881 y del Post-scriptum a Cuentos Populares Españoles en 1883. Además fue el traductor de la obra de Tylor Antropología en 1887.

Cipriana Álvarez colaboró con su hijo en la extensión del Folklore, siendo con Emilia Pardo Bazán una figura fundamental en la historia de la nueva ciencia. La reproducción de la tradición oral con textos de absoluta fidelidad reddere verbum verbo, era según Cipriana, el ideal del recolector. Fue la autora de una serie de Cuentos Populares que aparecen en la Revista El Folklore Andaluz entre 1883 y 1884:

– La mano negra.
– Una rueda de conejos.
– La serpiente de las siete cabezas.
– Las velas.
– Las tres Marías.

Para algunos autores: “Puesto que doña Cipriana recogió cuentos en Huelva y en Llerena, no sería extraño que la procedencia de estos cuentos sea Llerena; es decir, que estos tres cuentos formen parte del más de medio centenar recogido por la madre de Machado en su temporada llerenense. Se trata de los cuentos “ Una rueda de conejos”, pp. 355-357. “ La serpiente de siete cabezas”, pp 357-361 y “ Las tres Marías” pp. 457-459.” (Rodríguez Pastor, J. 1998:121.) De Llerena procede con certeza “Las cinco demandas” que publica en la Revista del Folklore Betico-Extremeño de Fregenal en 1883 ( pp.276).

Es autora de otros dos cuentos que proceden de Huelva: “El marqués del sol” y “La flor de lililá” que aparecieron en el Tomo I de la Biblioteca de Tradiciones Populares en 1883. En el Tomo VI de 1884 publicaría las Tradiciones referentes a algunos sitios de Extremadura. Es autora de Cuentos Extremeños, de los que pese a que su hijo habla de más de 50 sólo tenemos escasas referencias (8) y de una Culinaria Extremeña que no llegó a publicar (Guichot, 1922: 190 ). En carta a Aniceto Sela, fundador del folklore de Asturias, Demófilo señala que Cipriana “me ha recogido en Llerena sesenta cuentos , setenta coplas, 95 trabalenguas, tradiciones, explicación popular de nombres de sitios, chascarrillos, costumbres de casamiento, entierro y bautizo, tradiciones de minas y ermitas, en suma, el verdadero folklore de Llerena” (Marcos Arévalo, 1989.).

Un hermano de Cipriana: Francisco Álvarez, registrador de la propiedad en Llerena, había fundado el periódico Vígia de la civilización en 1870. La vinculación de la familia con Llerena continuó. Entre septiembre de 1883 y marzo de 1884 Cipriana Álvarez reside en Llerena en casa de su hermana Mª Luisa y al parecer será apodada “la mujer de los cuentos” por su afición a recopilar cuentos y tradiciones populares. A ese período como vemos se debe gran parte del acopio y producción de la madre de Machado. El propio Demófilo hace referencia a la estancia familiar y científica de su madre en Llerena en cartas a G. Pitré (9), médico y folklorista siciliano, autor de numerosos estudios históricos sobre tradiciones populares, en concreto, cartas fechadas el 29 de Septiembre de 1883 y otra de 24 de Enero de 1884 donde comenta. “ El Folklore como sociedad no necesita de hombres doctos en todas las comarcas, bástale con hombres de buena voluntad. Mi madre está coleccionando el Folklore de Llerena” (Baltanás, 2000: 268). En esta localidad entrará en contacto con la minoritaria élite literaria y funda la Sociedad del Folklore de Llerena o Regianense, “ Por iniciativa de Doña Cipriana Álvarez de Machado y Felipe Muriel Gallardo el 22 de Abril de 1885 se constituyó el Folklore local de Llerena, recogieron algunos materiales” (Guichot, 1922:190. Marcos Arévalo, J., 1987:XXI, 1989, 1995:396).

Felipe Muriel y Gallardo. Llerenense, abogado, poeta, masón y elocuente orador. Diputado provincial, miembro de la Junta Provincial de Instrucción Pública. Director y fundador de varias publicaciones periódicas en Llerena como El Látigo (1882-83), La Solución (1884) y La Lealtad (1893). En 1901 fue presidente del Ateneo de Badajoz. Junto a Cipriana Álvarez crea en 1885 la Sociedad del Folklore Regianense (10) llerenense. Lo cierto es que Felipe Muriel había tomado ya a su cargo mucho antes la instalación en Llerena de la Sociedad del Folklore y que seguramente la estancia en la ciudad de la madre de Demófilo supuso el espaldarazo definitivo a un proyecto que se había retrasado dos años. Así en una breve noticia de la Revista del Folklore Bético-Extremeño de 1883 se dice” Sin aventurar mucho podemos participar a nuestros lectores que en breve plazo quedará organizada por completo en la provincia de Badajoz la Sociedad del Folklore. A Los pueblos cabeza de partido donde se halla constituida seguirán pronto los diez restantes, pues en todos ellos gestionan activamente con este fin personas de reconocida ilustración, cuyo patrocinio es la mejor garantía del buen éxito de la empresa. He aquí la lista de los señores que han tomado a su cargo la instalación de la Sociedad en los pueblos a que nos hemos referido: Llerena, D. Felipe Muriel y Gallardo, director de “El Látigo”…” (1883:80).

Unos meses después la Revista inserta una nueva noticia al respecto, en este caso una columna de Felipe Muriel en la revista llerenense que refleja a la perfección las inquietudes de un contexto local sacudido por los ideales de progreso, ilustración e imitación, y de nuevo se explicitan los valores masónicos del director de El Látigo: “Folklore Regianense. A juzgar por lo que hemos leído en nuestro colega “ El Látigo” hace más de un mes, se halla próxima la constitución de la Sociedad del Folklore en aquella ciudad. Dice el periódico citado: Varias personas de reconocida ilustración se proponen constituir definitivamente el Folklore Regianense, y a la verdad, tal medida es digna de aplauso por su importancia y también porque pudiera contribuir a inclinar las numerosas aptitudes que encierra, a la constitución de otras asociaciones encaminadas a la propagación del saber en sus múltiples manifestaciones, elevando la Regiana de Plinio y Romey al nivel de otros pueblos que, seguramente, no disponen como ella con tantos elementos. Aquí, donde en círculo reducido, se halla un número considerable de juriconsultos, ingenieros, médicos, profesores en las facultades de Letras y Ciencias, donde aparte de estas especialidades, existen también personas ilustradas, no puede comprenderse la no existencia de círculos instructivos de asociaciones filantrópicas; casi no puede explicarse tanto quietismo ante los veloces corrientes de la época. Por algo, en fin, ha de empezarse, y abrigamos la fundada esperanza de que la instalación del Folk-lore producirá favorables resultados siendo, a la vez, el punto de partida para la formación de otras asociaciones científicas y literarias, las cuales despertando la afición al saber y atrayendo la emulación como consecuencia inmediata, nos haga entrar en el cauce por donde hoy marchan los pueblos que en algo aprecian su bienestar y su nombre.”

Pelayo Henao y Carrión. Militar de profesión, escritor y publicista. En 1875 funda en Llerena El Sur de Extremadura. En 1880 escribe en la Revista Extremeña, en 1883 en el Diario de Badajoz y en 1884 dirige en Almendralejo La Verdad. Pelayo forma parte en 1881 del grupo liberal que apoyó la creación del centro folklórico pacense. A su pluma se deben artículos como “Pensamientos” en El Eco de Fregenal o “Tradiciones Regianenses” en el Diario de Badajoz en 1883, también es el autor de “Los Difuntos” en el periódico El centinela de Almendralejo en 1884. (Marcos Arévalo, 1995: 338, 393).

Manuel Henao y Muñoz, padre de Pelayo Henao, republicano y masón, muy vinculado a Llerena, donde escribe en el periódico local El Tío Juan. Político destacado, llegó a ser diputado por Cuenca en 1871. Es autor de Crónica de la provincia de Badajoz (Madrid, 1870), con un claro sentido preregionalista y positivista. Así describe la herencia de atraso y fanatismo de la Inquisición en la localidad: “la Inquisición tuvo allí sus escenas persiguiendo en primer lugar a la secta de los alumbrados y a los sostenedores de sortilegios y hechicerías, que alcanzaron las persecuciones de aquellos tiempos; pudiendo asegurarse que al lado de la cruz roja de los santiaguistas ardía la hoguera del fanatismo, como símbolo del exterminio” (1870: 39-40).

Juan A. De Torre y Salvador. Escritor y folklorista, natural de Guadalcanal (Sevilla) pero muy vinculado en aquella época a Llerena y al contexto extremeño. Su padre, Lucas de Torre, era natural y vecino de Llerena, donde residía junto a otros familiares religiosos, dedicado a la administración de fincas. Conocido como “ Micrófilo” es autor de varios artículos en la prensa extremeña: El Eco en 1881, El Folklore Bético-Extremeño en 1883, Extremadura Literaria en 1884, todos ellos de Fregenal. En Llerena publica “Literatura popular. Dictados Tópicos” en El Látigo en 1883, texto que aparece también ese año en El Eco. El 4 de Mayo de 1884 funda la Sociedad de Folklore de Guadalcanal, que junto a la de Mairena del Alcor constituyen las dos únicas fundadas en la provincia de Sevilla. Unos años más tarde publica Un capítulo de Folk-Lore Guadalcanalense. (1891). “Micrófilo” influyó en la obra de su amigo y folkorista extremeño García-Plata (Marcos Arévalo, 1995:469).

Eulogio Montero y Santarén. Maestro de tendencia liberal y regeneracionista. En Llerena residía desde hacia una década cuando escribe la Monografía histórico-descriptiva de Llerena en 1900. Un erudito y completo trabajo histórico con las extrapolaciones típicas de las historias de los pueblos pero que incluye observaciones y comentarios jugosos sobre las tradiciones y carácter llerenense. En 1893 ya había colaborado en la prensa regional en El Magisterio Español. En 1901 responde con dedicación y entusiasmo, quizás no exento de exageración al enfatizar la singularidad de algunos rituales y creencias, el importantísimo Cuestionario sobre ciclo vital, rituales y creencias del Ateneo de Madrid. Con la colaboración de Joaquín Echávarri las respuestas llerenenses serán de las más numerosas y diversas de toda la región Extremeña.

Joaquín Echávarri Picó. Médico, liberal, afincado en Llerena a finales del siglo XIX, del que poseemos escasas referencias. Como Subdelegado de Medicina en el partido judicial de Llerena entre 1889 y 1908 redactó un “Libro-Registro”, curioso retrato de la situación sanitaria, social y política del momento en la comarca. Se le conoce vinculación en las logias masónicas locales. Participa en la Encuesta del Ateneo de 1901-1902 junto a Eulogio Montero. Es autor de un interesante informe social sobre la reforma del impuesto de consumos para el Congreso de los Diputados. Muere en 1910.

Para finalizar transcribo los textos publicados por Cipriana Álvarez en 1884 en la Biblioteca de Tradiciones Populares Españolas, Tomo VI, titulados: “Descripción de la Huerta llamada de las Higueras en Llerena”,y “Tradición sobre el pueblo de Reina y su castillo”. Los textos forman parte del conjunto de materiales recogidos por la mujer de los cuentos en Llerena pero que no llegaron a ser publicados. Así comienzan los comentarios introductores de su hijo Machado y Álvarez:“ …inserto a continuación algunos materiales referentes a nombres de sitios de localidades extremeñas recogidos por mi señora madre en una temporada de seis meses – Setiembre del año pasado a Marzo del que corre- que pasó en Llerena al lado de una hermana suya. Tan fructuosa fue esta temporada que los materiales recogidos durante ella darán para un tomo de esta Biblioteca; solo los cuentos pasan de cincuenta, y eso que mi madre limitó sus excursiones folklóricas a la huerta que más adelante se describe, a otras dos huertas próximas a la población, y a varias casas de las Ollerías, nombre de uno de los barrios bajos de Llerena, tomado de la industria a que sus habitantes se dedican: Las gentes de estas casas y de las huertas llamábanla la señora, y se apresuraban todos a decirle cuanto sabían. Los chiquillos, que también la enseñaban juegos y cuentecillos, bautizáronla con el, para mí muy poético, nombre de la mujer de los cuentos…” (Machado y Álvarez, BTPE, Tomo VI: 273-274).

Descripción de la Huerta llamada de las Higueras en Llerena (11).

“Esta posesión, de cabida de seis aranzadas, está sembrada de olivos escarriados, de almendros, perales, higueras, nogales, granados, membrillos, bruños y ciruelos, y según la estación de hortalizas, ahora, -en Febrero del año que corre tiene lechugas, escarolas, patatas, rábanos, remolachas, zanahorias, y he visto arrancar ya las matas de pimientos y tomates, sacándose la habichuela blanca de la que en el verano se vende verde.

Una gran alberca, a que surte de agua una noria tirada por un borrico, proporciona el riego a la huerta y el agua para beber, lavar y demás usos de la casa. Ésta tendrá de extensión en su fachada como 12 metros de latitud y 4 de profundidad, no contando con un corral y una cuadra que está detrás. Tiene solo piso bajo, y su fachada la componen una puerta en el centro y dos ventanas a los lados de ésta: unos poyetes de material antes de entrar en la casa y una parra sostenida por dos gruesos palos que da sombra a aquellos y constituyen la entrada. Dentro, y al lado izquierdo, está construida en el fondo una chimenea; de ella penden unas cadenas de hierro que llaman llares, a donde cuelgan el caldero, también de hierro, en que hacen las migas o las sopas. Un poyete de material a la derecha le sirve para colocar las cazuelas, pucheros y cántaros, con el agua para beber. Por encima de esta especie de mesa, están colgados una porción de cazos, sartenes y tapaderas, éstas de hierro y aquellos de azófar, que tienen tan limpios que relumbran. Enfrente de la puerta de entrada una especie de alacena de material contiene los platos, tazas, vasos, etc, y colgando por fuera, o mejor dicho, pendiente de clavos en la pared, algunos jarros bastos en que suelen trae vino.

A la derecha de la entrada está la puerta de una sala y alcoba que habitaban, en la del fondo los padres, y en la de fuera los hijos; detrás de la puerta de entrada colocan los aparejos y jáquimas de las caballerías, y en el techo tienen colgados de unas cuerdas, como hasta una docena de palos de castaño, en que cuelgan la chacina en los meses de frío, para que se seque y cure con el humo de la chimenea o fogarín y el viento.

La familia hortelana se levanta con el día; en seguida la mujer enciende la lumbre y se hacen las migas o sopas con aceite; apartado el almuerzo que queda al calor, echa de comer a los animales que están en el corral, éstos son: un cerdo, muchos conejos caseros y gallinas; asea la casa y almuerzan a las ocho; seguidamente la hortelana se pone a coser atendiendo mientras tanto a cuidar de la comida y del guisado de la noche, así como de ir a la huerta por la hortaliza para todo el que viene a comprarla. A las dos comen, y después de fregar los platos y dar un barrido de nuevo a la cocina, o entrada en que comen, se peina la hortelana, se asea y se pone a coser de nuevo. A la caída de la tarde viene el marido con el mozo (o más trabajadores, si es tiempo de mucho trabajo) y están un rato de conversación mientras son las ánimas, hora de cenar; después la mujer hace un rato de media mientras los hombres fuman, retirándose luego a dormir. El mozo solamente es el que queda en la huerta, pues si hay más trabajadores, marchan a sus casas a la caída del sol.

Los lunes hace la hortelana su lavado, al que generalmente le ayuda su madre, que viene a la huerta con este objeto; hacen el lavado al lado del estanque o alberca, en una pila de material con refregaderos de piedra, el lavado dura dos días, y al tercero planchan. La hortelana dedica el jueves al amasijo del pan que hace en su casa, después de traer media fanega de trigo de que saca, a más de la harina para el pan, como unos cinco cuartillo de afrecho que reparte entre el cerdo y las gallinas. De la harina amasada saca veinte y ocho panes de a dos libras, que coloca sobre un gran tablero que lleva en la cabeza al horno para cocerlo; este pan sirve hasta la semana siguiente. La hortelana va algunas mañanas a los pueblecitos inmediatos con su burro cargado de frutas y hortalizas. También trae a la huerta el trigo que escoge antes de molerlo; éste, en cantidad de media fanega, lo trae en la cabeza; después de escogerlo, vienen a recogerlo del molino en que tienen contratada por año dicha molienda, y lo vuelven a traer en caballería a la huerta hecho harina, con que amasa la hortelana los jueves, o antes si el pan se acaba. El agua la conduce a la casa desde la noria en cántaros que sujeta en el cuadril.

La casa de la huerta da espalda al camino de Reina, y por un lado de ésta tiene una verja que es la que da entrada a la posesión, que está cercada con una pared hecha de piedras sobrepuestas y de altura de un metro poco más o menos.”

Tradición sobre el pueblo de Reina y su castillo (12).

“Más abajo del pueblo de Reina se encuentran restos de otra antigua población, y existe una habitación abovedada, que se conceptúa del tiempo de los moros; también se encuentran en aquel sitio, a poca distancia, restos humanos, y asimismo varias jarras, con que se dice enterraban a los moros. Este sitio se llama hoy la Puerta del Moro. Han buscado tesoros que creen que existen, pero no se hallan.

Dentro del castillo de Reina (me contaron en una huerta donde se ve que existió), vivía un rey moro, y en la parte baja una reina cristiana, que pidió permiso al rey para hacerle una visita con sus doncellas, e hizo vestir a sus soldados de mujer y los hizo subir con ella al castillo del rey moro; éste les dió un gran convite y los llevó después a pasear y conocer el castillo. Llegados a un sitio desde donde se veía el jardín de la reina por la muralla, ésta dejó caer su pañuelo, y el rey, para ver si lo cogía, adelantó el cuerpo y la reina lo empujó, dejándolo caer al huerto. Muerto el rey, la reina con sus soldados se apoderó del castillo, y en satisfacción de este bien concedido por la Virgen de las Nieves, a quien se encomendó, edificó allí una capilla que hoy existe. Los enterramientos hallados eran dos grandes losas, una abajo y otra encima.

A la tradición anterior se refiere la siguiente copla:

La Virgen de las Nieves
Puesta en las alturas
Desde allí se divisa
Toa Extremadura.“

Datos sobre la cueva de Santiago en la sierra de Cazalla (13).

“En una de mis expediciones por Sierra Morena (14), oí hablar a un labriego de una tal Cueva de Santiago, le pregunté qué sabía de ella, y me contestó que, según la tradición de todos los cortijeros cercanos, decían era donde vivió mucho tiempo el apostol Santiago: lo tomé de guía para que me llevaran a dicha cueva, y después de cinco horas de marcha por grandes sierras y barrancos, llegamos a las cuevas, conocidas por el nombre de Cueva de Santiago.

La situación topográfica de ésta es la siguiente: el río o ribera de Benalija serpentea por la falda de la Sierra de la Cueva de Santiago, sirviendo éste como línea divisoria de las provincias de Badajoz y Sevilla; la cueva y sierra de Santiago se encuentra en el término de Cazalla de la Sierra, siendo también línea divisoria el río de Benalija del término de Guadalcanal y Cazalla; las bocas de las cuevas miran al N., y por un resbaladero de unos 20 metros se llega al río de Benalija.

Desde las cuevas a la cúspide del cerro vemos un corte casi vertical que mide unos 25 metros, su longitud es aproximadamente de 200 metros. Las cuevas son tres: la primera tiene una forma irregular, su entrada es de 1 metro 20 centímetros de alta por 2 metros 40 centímetros de ancha, es plana en su interior, y en una forma irregular, mide 2 metros de diámetro; la segunda es más chica y casi superficial; la tercera, también de forma irregular, mide una longitud de 12 metros, en pendiente, como queriendo buscar las entrañas de la sierra.

Una vez vistas las cuevas y los grandes despeñaderos que en el barranco de Santiago existen, pasé a lo alto de la sierra a ver la ermita del Santo, y no encontré más que ruinas, grandes paredones de mampostería, lo que nos demostraba había existido una buena ermita.

El cerro de Santiago al S. Forma una explanada de unos 2 kilómetros, como unos 400 ó 500 metros de radiop; a partir de la ermita hay una buena mancha de monte grande y espeso; al atravesar éste y buscar salida, me encontré a un pastor o mayoral de ganado, el que saludándome con un Dios guarde a Vd, me dijo: ¿Qué, se viene a ver el salto de santiago cuando mataba a los moros?, y señalando al corte vertical antes mencionado decía: ¿es un buen salto? vedle. Con este motivo le interrogué para que me contara cuanto supiera sobre aquel sitio.

El mayoral que es hombre de unos 52 años, principió su relató del modo siguiente: según se dice de público, y por los más viejos de estas tierras, con referencias a otras gentes más antiguas, que en las cuevas que hay allá abajo en el barranco y que antiguamente eran mayores, pues según yo le oí a mi abuelo, se corresponden hasta aquel otro barranco (en dirección S., y un kilómetro y medio de distancia), de modo que las cuevas esas atraviesan todo el cerro donde estamos; pues bien, el Santo se entraba por las bocas de las cuevas que dan a la ribera de Benalija y salía por aquel barranquillo que ya le he dicho a V.; por allá andaban los moros, y el Santo los comprometía; ellos salían a la carrera tras el Santo, y corriendo unos tras otros, llegaban a este corte, conocido por el Salto de Santiago, y sin detenerse ni perder la carrera que traía, saltaba el Santo, caía en la ribera, que como V ve hay más de 50 varas, y no se hacía nada, y los moros saltaban también, y todos se reventaban al porrazo tan grande que daban; así continuaba el Santo una porción de veces, hasta que conseguía concluir con todos los moros que había en estos circuitos.

Ya que concluyó con los moros, hizo vida de monge en estas cuevas, donde vivió muchos años; a su muerte le hicieron esa ermita que tenemos delante, y que hoy está arruinada porque se va perdiendo la fe, y más que todo, porque el Santo tenía aquí muchas tierras que unos y otros se han apropiado, no quedándole hoy más terrenos que este cerro y el barranco, y eso, porque como Vd ve, vale poco.”

____________

BIBLIOGRAFÍA.

AGUILAR CRIADO, E. Cultura popular y Folklore en Andalucía. Dip. Prov. Sevilla. 1990.

AGUILAR CRIADO, E. “Antropología y Folklore en Andalucía: 1850-1922.” En Antropología de los pueblos de España (Prat y Otros, Eds.) Taurus. Madrid. 1991: 58- 76.

ÁLVAREZ DURÁN, C. “La mano negra”. El Folklore Andaluz, Sevilla , 1883: 309-310.

ÁLVAREZ DURÁN, C. “Una rueda de conejos”. El Folklore Andaluz, Sevilla, 1883: 355-358.

ÁLVAREZ DURÁN, C. “ La serpiente de las siete cabezas”. El Folklore Andaluz, Sevilla, 1883: 359-361.

ÁLVAREZ DURÁN, C. “Las velas”. El Folklore Andaluz, pp: 401- 404. Sevilla, 1883: 401-404.

ÁLVAREZ DURÁN, C. “Las cinco demandas”. El Folklore Bético- Extremeño, Fregenal. 1883: 274-276.

ÁLVAREZ DURÁN, C. “Las tres Marías”. El Folklore Andaluz, Sevilla, 1884: 457-459.

ÁLVAREZ DURÁN, C. “Tradición sobre el pueblo de Reina y su Castillo”. Biblioteca de las Tradiciones Populares Españolas (BTPE). Madrid. 1884. TomoVI. 275-276. Madrid.

ÁLVAREZ DURÁN, C. “Descripción de la Huerta llamada de las Higueras en Llerena”. BTPE. Madrid. 1884. TomoVI. 277-280.

ÁLVAREZ DURÁN, C. “Datos sobre la cueva de Santiago”. BTPE.

Madrid. 1884. TomoVI. 281-284.

BALTANÁS, E. “El folklore como empresa europea y proyecto nacional en el siglo XIX: cuarenta y ocho cartas inéditas de Antonio Machado a G. Pitré”. Sevilla. Demófilo, 2000, nº: 33-34: 221-296 BASCOM, W. “ Folklore”, en Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales. (D. Sills, ed.). Aguilar. Madrid. 1974. Vol.V:20-23.

DÍAZ G. VIANA, L. Los guardianes de la Tradición. Sendoa Ed. Oiarzun. 1999. El Folklore Frexnense y Bético-Extremeño. Reedición facsímil. (Estudio preliminar de J. Marcos Arévalo). Dip. Badajoz-Fundación Machado. (1883) 1987.

FLORES DEL MANZANO, F.“ Formas tradicionales de vida en Extremadura en el tránsito del siglo XIX al XX”. Revista de Estudios Extremeños, Dip. Badajoz. Badajoz.1998,Tomo LIV, nº 3, pp:1031-1061.

GARCÍA CALVO, A. Historia contra Tradición. Lucina. Madrid. 1983.

GUICHOT Y SIERRA, A. Noticia histórica del Folklore. Imp. Hijos de G. Álvarez. Sevilla. 1922.

GUÍO CEREZO, Y. Salud, enfermedad y medicina popular en Extremadura. Madrid. Univ. Complutense. Tesis Doctoral. 1991.

LÓPEZ CASIMIRO, F. Masonería y Republicanismo en la Baja Extremadura. Pub. Dip. Badajoz. Badajoz. 1992.

MACHADO ÁLVAREZ, A.(Dir.) Biblioteca de las Tradiciones Populares Españolas. (XI Tomos). Imp. Fernando Fe. Madrid. 1883-86.

MANZANO GARÍAS, A. “El cisma del Priorato y sus repercusiones en Azuaga, Llerena y Mérida”, Revista de Estudios Extremeños, Badajoz. 1960. Tomo XVI,nº III: 457-466.

MARCOS ARÉVALO, J. “Cipriana Álvarez.” Gran Enciclopedia de Extremadura. Edex. Mérida. 1989.

MARCOS ARÉVALO, J. La construcción de la Antropología Social en Extremadura. Pub. Univ. Extremadura. Cáceres. 1995.

MARCOS ARÉVALO, J. Nacer,vivir y morir en Extremadura. Pub. Dip. Badajoz. Badajoz. 1997.

MARCOS ARÉVALO, J. “Caracterización del discurso folklórico-antropológico extemeño de fianales del XIX. Ámbitos temáticos y aportaciones metodológicas”, Revista de Estudios Extremeños.

Badajoz. 2000. Tomo LVI, nº II: 699-721.

MARTÍN BARBERO, J. De los medios a las mediaciones. Gustavo Gili. México. 1993.

MICRÓFILO (Torre y Salvador, J.A de) Folklore Guadalcanalense. (Edición de P.M. Piñero y E. R. Baltanás). Guadalmena. Alcala de G. (1891) 1992.

PRAT, J y Otros (Eds). Antropología de los pueblos de España. Taurus. Madrid. 1991.

PULIDO, M.& NOGALES, T. Publicaciones periódicas extremeñas. 1808-1988. Dip. Badajoz. Badajoz. 1989.

RODRÍGUEZ BECERRA, S. & MARCOS ARÉVALO, J. “Perfil sociológico e ideológico de los informantes de la Encuesta del Ateneo en Andalucía y Extremadura”, Demófilo, Fundación Machado. Sevilla. 1997, nº 21, pp:79-98.

RODRÍGUEZ PASTOR, J. “Los cuentos populares extremeños en el tránsito del siglo XIX al XX”. Revista de Estudios Extremeños. Badajoz. 1998.Tomo LIV,nº I, pp:113-150.

RUIZ BANDERAS, J. “Símbolos y funciones del urbanismo llerenense”, Revista de Fiestas, Llerena, 2000, pp: 45-58.

VÁZQUEZ DOMÍNGUEZ, J. R.. ”La logia Regiana nº 364” Revista de Fiestas. Llerena. 1991.

VELASCO, H. “El evolucionismo y la evolución del Folklore.” Rev. El folklore Andaluz. Fundación Machado. Sevilla. 1988, nº 2, pp: 13-32.

VELASCO, H. “El folklore y sus paradojas.” Revista Española de Investigaciones Sociológicas, CSIC. Madrid. 1990, nº 49,pp:122-144.

____________

NOTAS

(1) Este trabajo es una revisión y ampliación de la comunicación presentada por el autor en la I Jornada de Historia de Llerena. “Notas sobre el folklore en Llerena en el tránsito del siglo XIX al XX: Cipriana Álvarez Durán”, en Actas de la I Jornada de Historia de Llerena. Consejería de Educación, Junta de Extremadura. Llerena. 2000: 215-230.

(2) “Folklore significa sabiduría popular y abarca todos los conocimientos que se trasmiten oralmente y todas las habilidades o técnicas que se aprenden por imitación o mediante el ejemplo, así como los productos resultantes” (Bascom, W. 1974::20).

(3) En 1871 las publicaciones locales son testigos y agentes de agrias polémicas. El Tío Juan, periódico quincenal independiente y satírico arremete contra los “falsos” ideales de progreso y sufragio popular de La Corneja. En el cruce de acusaciones no duda en utilizar a la patrona de la ciudad, símbolo identitario local. He aquí una copla que insertan en sus páginas: “Oh virgen de la Granada / la plata te la han vendido. / Después, no has sabido nada? / Pues, yo tampoco he sabido. / Entre danzas tantas / y tanto jaleo / de siempre la canta / me gusta el jaleo / Más no te enojes por eso / patrona del alma mía / que la gente del progreso / se encuentra ya en agonía./ Con aquestas danzas / con aquestas guerras / en las contradanzas / te venden las tierras/ (…) / Y luego cautiva / ya sin caridad / te harán dar un Viva / A la libertad.” (El Tío Juan, 1871, nº4).

(4) Más aún, tras la desaparición de la revista El Folklore Andaluz, la revista frexnense decidió brindar sus columnas a los folkloristas andaluces dando lugar a El Folklore Bético-Extremeño desde Abril de 1883, (Marcos Arévalo, 1995: 334. Aguilar Criado, E. 1990:213).

(5) Todavía a mediados de siglo el recinto amurallado estaba casi completo. Ver Madoz ,P.(1847). Diccionario Geográfico-estadístico- histórico. Madrid. La Ilustración.

(6) Para mayor información sobre el significado, discurso y contenido de las monografías locales en Extremadura ver: Marcos Arévalo, J. 1995: 247-278.

(7) Un análisis exhaustivo y registro de las respuestas que ofrecieron los informantes de Llerena pueden verse en Marcos Arévalo, J. (1997) y en Rodríguez Becerra, S. & Marcos Arévalo, J. (1997).

(8) “Gran parte de los materiales recogidos por doña Cipriana se perdieron al morir Machado y Álvarez, ya que, según Guichot, sus hijos no pudieron atender a la conservación de lo que reunió su padre” (Rodríguez Pastor, 1998: 121.) (9) Cipriana Álvarez, que era además pintora, enviará a Pitré una copia de un cuadro de Murillo realizada por ella, (Baltanás, 2000: 223).

(10) Desde hacía algunas décadas la historiografía local junto a algunos Diccionarios Histórico-Geográficos nacionales relacionaban, equivocadamente, el origen de la ciudad con las cercanas ruinas de la colonia romana de Regina.

(11) La tradición hortelana en esta zona se remonta a siglos atrás, (Ruíz Banderas, 2000: 45-58). Incluso hay noticias de una Huerta con el mismo nombre en un censo de donativos reales de 1636. La descripción etnográfica, llena de afecto y sencillez, nos permite recrear la vida hortelana concreta de este lugar que permaneció prácticamente inalterable hasta finales de los años setenta de este siglo, y de la que, por tanto, muchos pueden recordar.

(12) La alcazaba de Reina fue conquistada por Pelay Pérez Correa, maestre de la Orden de Santiago al servicio de Fernando III en 1246. Las llanuras de la campiña sur llerenense inmediatas a la alcazaba lo habían sido en 1241 por el anterior maestre R. Iñiguez. Lo curioso en relación a esta leyenda es que el castillo fue donado a la Orden antes de su conquista.

(13) Estos datos fueron recogidos por la tradición oral por el Sr. Cervantes, propietario de unas minas en Extremadura, que reside habitualmente en Llerena (Nota de la autora).

(14) Resulta extraño que Cipriana desconociera u olvidara los trabajos, excursiones y excavaciones realizadas por su marido Machado y Nuñez en los campos de la Geología y Prehistoria en esta zona entre 1868 y 1874; y que incluyeron, seguramente, esta cueva (Aguilar, 1991: 61).