ANTONIO MACHADO. «El último reportaje hecho al gran poeta español Antonio Machado». ESPAÑA DEMOCRÁTICA. 28 de febrero de 1940, Montevideo (Uruguay).

 

ANTONIO MACHADO. «El último reportaje hecho al gran poeta español Antonio Machado». ESPAÑA DEMOCRÁTICA. 28 de febrero de 1940, Montevideo (Uruguay).

ANTONIO MACHADO.

«El último reportaje hecho al gran poeta español Antonio Machado».

ESPAÑA DEMOCRÁTICA. 28 de febrero de 1940, Montevideo (Uruguay).

Transcribimos artículo de referencia y a continuación reproducimos fotocopia obtenida del periódico “España Democrática” del 28 de febrero de 1940, publicado en Montevideo – Uruguay.

 

Vivió Junto a su Pueblo. Luchó Junto a él por la Libertad. Evoca la Pasión Española. Recuerda su Obra y su Vida.

En estos días se ha cumplido un año que murió, exilado en Francia, el gran poeta español Antonio Machado. El dolor de ver a su pueblo derrotado fue mortal para este prócer español. El que vivió profundamente la lucha titánica de España contra la invasión y la traición y por la defensa de la República del pueblo no pudo sobrevivir. Su vida, puesta al servicio de los anhelos del pueblo, diezmada por los sufrimientos del éxodo y del confinamiento de Francia, deja de latir. Queda, sin embargo, su obra, su recia y popular obra de cantor de España. En ella seguirá encontrando su pueblo savia y energías para continuar buscando la España que deseaba el poeta, la España redimida de la dominación extranjera, de la esclavitud y de la ignorancia.

Con este motivo, y como homenaje a su memoria, reproducimos el último reportaje que un periodista español le hiciera en los días postreros que vivió en Barcelona.

Ser poeta, es quizá fácil. Pero ser poeta y seguir siendo hombre – en la más elevada alcurnia del concepto – es, a lo que vemos, coyunda difícil de lograr. Tal, sin embargo, el caso de “nuestro” Antonio machado. Mientras algunos versificadores convierten a las masas que le son propicias en coquetas meretrices, que han de aportarles diariamente los honores y las influencias logrados con la venta de sus gracias, Antonio Machado – honra de España, a la que sirve su devoción exquisita de hijo amantísimo – , guarda para su inspiración sus más fervorosos respetos.. Cuando nos acercamos a él y estrechamos su mano – una mano llena de nobleza, de sencillez y de cordialidad – , lo hacemos un tanto cohibidos y respetuosos, sabedores de que esta figura que tenemos ante nosotros es uno de los más altos símbolos de esta España transida de dolor. Y es su palabra – acento andaluz, limpia sintaxis castellana – la que con su calor de humanidad va fundiendo el hielo de nuestra timidez.

– Mi vida – dice – es sencilla y modesta. Aunque sevillano de origen (nací en el Palacio de las Dueñas, el año 1875), me eduqué en Madrid, adonde fui cuando apenas tenía siete años de edad. Estudié en la Institución Libre de Ensañanza y tuve por maestros a Giner de losRios, Cossí y Salmerón, teniendo como condiscípulo a Basteiro. No es difícil, por tanto, deducir que mi formación había de ser liberal y republicana, que por otra parte había de coincidir con la historia política de mis antepasados, ya que mi abuelo y mi padre eran republicanos fervorosos.

– Entonces, ¿su relación con la generación del 98…?

– Soy posterior a ello. Mi relación con aque3llos hombres – Unamuno, Baroja, Ortega, Valle Inclán -, es la de un discípulo con sus maestros.

Cuando yo nacía a la vida literaria y filosófica, todos aquellos hombres eran valores ya cuajados y en sazón.

– ¿Sus primeras colaboraciones?

– Yo de siempre, he escrito relativamente poco en periódicos, habiéndome dedicado con preferencia al libro y a la revista. Recuerdo, no obstante, que allá por el año 96 colaboré en un periódico de Madrid, que se llamaba la “Caricatura”. Luego escribí en “El País” y más adelante en aquellos inolvidables “Lunes de El Imparcial”.-

– ¿Y en su labor teatral?

– Esta ha sido muy posterior. Mi labor teatral se ha desarrollado a partir del año 24. Comencé por unos arreglos del teatro antiguo y por una traducción del “Hernani”, de Victor Hugo. Después, en producción ya original, hice el “Julianillo Valcarcel”, que, por cierto, estrenó María Guerrero en su último beneficio. “Juan de Mañara”, 2Las Adelfas”, “La Lola se va a los puertos!, que es la que mayor éxito de público ha tenido, y, por último ya proclamada la República, “La prima Fernanda” y “La Duquesa de Benamejí” estrenada por Margarita Xirgu.

Recordamos a Machado cómo toda su obra poética está influenciada por dos temas preferentes: el tema castellano – sobrio y austero – y el tema andaluz, más lírico e impregnado de sabor popular.

– No es extraño – responde -. Soy hombre extraordinariamente sensible al lugar en que vivo. La geografía, las tradiciones, las costumbres de las poblaciones por donde paso, me impresionan profundamente y dejan huella en mi espíritu. Allá, en el año 1907, fui destinado como catedrático a Soria. Soria es lugar rico en tradiciones poéticas. Allí nace el Duero, que tan importante papel juega en nuestra historia. Allí, entre San Esteban de Gormáz y Medinaceli, se produjo el monumento literario del poema del Cid. Por si ello fuera poco, guardo de allí el recuerdo de mi breve matrimonio con una mujer que adoré con pasión y que la muerte me arrebató al poco tiempo. Y “viví y sentí” aquel ambiente con toda intensidad. Subí a Urbión, al nacimiento del Duero. Hice excursiones a Salas, escenario de la trágica leyenda de los infantes. Y de allí nació mi poema de Alvargonzález.

– ¿Inspirado, acaso, en alguna tradición popular?

– No. El poema es, ante todo, creación mía. En mis correrías por pueblos y sierras de España no he descubierto el rastro de ningún viejo relato desconocido. En España, toda la tradición poética está descubierta ya vertida al Romancero, y sólo pueden hallarse, a lo sumo, algunas variantes de los romances ya conocidos…

– ¿Y el tema andaluz?

– Este tiene en mi dos orígenes. De un lado, una tradición familiar que vive entre Sevilla y los Puertos. CDe otro, mi traslado desde Soria a Baeza, donde permanecí siete años. Y aquí, lo mismo que en Castilla antes, mi contacto íntimo con la masa popular – gustándome mi manía andariega y perderme dn las serranías -, produjo esas composiciones a que se refiere. En Castilla empleé el romance, que buscaba el entronque con nuestros viejos poemas de gesta; en Andalucía fue el cantar, la composición breve, concisa, sentenciada de saber popular, que refleja el modo de ser de aquellas gentes…

– Hace una pausa en la charla, y continúa:

– Por cierto que allí conocí, hace ahora veintiún años, a García Lorca. Era entonces un chiquillo e iba de excursión entiendo, no en busca de temas poéticos, sino de motivos musicales populares, pues ya sabe usted que Lorca era excelente músico. ¿Pobre Lorca! Muchos años después, implantada la República, supe que había hecho un ligero arreglo de mi “Alvargonzález” para que lo representara el cuadro de “La Barraca”.

– Deliberadamente, iniciamos un tema que sabemos grato al maestro.

– ¿Podría decirnos algo de Juan de Mairena?

– ¿Juan de Mairena? Sí… Es mi “yo” filosófico, que nació en época de juventud. A Juan de Mairena, modesto y sencillo, le placía dialogar conmigo a solas, en la recogida intimidad de mi gabinete de trabajo y comunicarme sus impresiones sobre todos los hechos. Aquellas impresiones, que yo iba recogiendo día a día, constituían un breviario íntimo, no destinado en modo alguno a la publicidad, hasta que un día…

Un día saltaron desde mi despacho a las columnas de un periódico. Y desde entonces, Juan de Mairena – que algunas veces guarda sus fervorosos recuerdos para su viejo Profesor Abel Martín – se ha ido acostumbrando al público sus impresiones sobre todos los temas.

– Sigue sonriendo Machado, “feliz cuando se le habla de este hijo de su ingenio, y a preguntas responde:

– Juan de Mairena es un filósofo amable, un poco poeta y un poco escéptico, que tiene para todas las debilidades humanas una benévola sonrisa de comprensión y de indulgencia. Le gusta combatir el “snob” de las modas en todas las materias. Mira las cosas con un criterio librepensador, en la más alta acepción de la palabra, un poco influenciado por una época de fines del siglo pasado, lo cual no obsta para que ese juicio de hace veinte o treinta años pueda seguir siendo completamente actual dentro de otros tantos años.

– Rozamos, por último, el tema político actual.

– Jamás – nos dice – he trabajado tanto como ahora. De ser un espectador de la política, he pasado bruscamente a ser un actor apasionado. Y el motivo que me ha hecho, a mis años, saltar a este plano, ha sido el de la invasión de mi patria. ¡España, mi España, apunto de ser convertida en una colonia italiana o alemana…! La sola posibilidad de hecho semejante hace vibrar todos mis nervios y conduce mi pluma sobre las cuartillas, despertando energías insospechadas y rebeldías que creí apagadas para siempre. A España no se nos domina. Mucho menos, por complacer a un puñado de traidores….

– A la estancia llega la madre del poeta. Una anciana y venerable dama que se desliza quedamente, en silencio, con la ingravidez de un pájaro. Entran unas chicuelas, alegres y revoltosas, que recuerdan al maestro que es la hora del yantar. Y la mano de Antonio Machado vuelve a tenderse hacia nosotros con nobleza, sencillez y cordialidad.

La entrevista se realizó en Barcelona, en la Torre Castañer. Probablemente en el mes de julio o agosto, creo que mediados de agosto, pues la presencia de sobrinas “chicuelas” indican que fue antes de finales de este mes al haber sido enviadas a finales de agosto de 1938 a Moscú, para evitarlas los bombardeos y para que siguieran estudiando. Estas sobrinas tenían 7, 9 y 14 años. En los meses de septiembre a diciembre de 1938 solo estaban en Barcelona, en la zona de las ramblas (Hotel España) las tres hijas de Francisco Machado Ruiz, pero la más joven, de 14 años era Leonor Machado, la que fue mi madre, y sus hermanas, de 19 y 17 años no eran, sin duda “chicuelas , alegres y revoltosas”, por lo que hay que descartar fechas anteriores a finales de agosto de 1938.

 

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