Sobre MANUEL MACHADO Y SU LÍRICA DIALÓGICA. Por Francisco Javier Díez Revenga. Universidad de Murcia.

SOBRE MANUEL MACHADO Y SU LÍRICA DIALÓGICA

 

Por Francisco Javier Díez de Revenga Universidad de Murcia

Uno de los aspectos más interesantes del Modernismo español, y que más trascendencia ha de tener a la hora de valorar su interpretación por las generaciones poéticas españolas subsiguientes y por la posteridad, es el establecimiento de los procesos de superación de la poderosa influencia de Rubén Darío, y la indagación de los modos y formas que forjaron y consolidaron un movimiento tan importante para la poesía española de los comienzos del siglo XX, del que surgieron los dos más grandes poetas de nuestra modernidad: Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Mucho se ha investigado ya sobre cómo superaron la estela del modernismo estos dos significativos poetas, pero no tanto se ha indagado sobre el momento y las formas en qué y cómo lo hicieron los demás. Porque si el Modernismo fue importante como movimiento innovador, lo fue mucho más porque en él se formaron muy grandes poetas que luego se independizaron. Y cómo alcanzaron esta independencia los demás es algo que no se ha aclarado hasta ahora lo suficiente, por lo menos en el caso de Manuel Machado, como tampoco se ha apreciado la trascendencia histórica que para muchos poetas posteriores tendrá esta superación por el poeta de Alma.

No suele ser el poeta español Manuel Machado (Sevilla, 1874-Madrid, 1947) objeto de muchos estudios y tampoco ha tenido mucha suerte en lo que se refiere a sus analistas, sobre todo si lo comparamos, como se suele hacer siempre con su hermano Antonio, sobre quien tantos y tan enjundiosos estudios se han llevado a cabo a lo largo de los últimos setenta años. En el caso de Manuel, hay que hacer, sin embargo, alguna excepción. El gran poeta Gerardo Diego le dedicó un estudio muy ambicioso y serio en 1974 y Gordon Brotherston otro, pionero y objetivo, en 1968-1976. Pero, afortunadamente, esta situación ha cambiado en España, ya que en la última década, Rafael Alarcón Sierra, profesor de la Universidad de Jaén, le ha venido dedicando estudios y ediciones que han llegado a convertirse en modelos de análisis objetivo y de aproximación imparcial (de la que Manuel estaba tan necesitado) a tan interesante poeta.

El último trabajo de Alarcón es el libro, publicado por Biblioteca Nueva, en 2008, titulado “El mal poema” de Manuel Machado. Una lírica moderna y dialógica, que culmina una serie de trabajos previos suyos, entre los que hay que destacar La poesía de Manuel Machado: Alma, Caprichos, El mal poema (estudio y edición crítica) (1997), que posteriormente fue la base para editar Alma. Caprichos. El mal poema, para la colección Clásicos Castalia (2000). Pero hay que citar otras aproximaciones ineludibles y fundamentales para un conocimiento actual de la obra del poeta sevillano: «”¡Pura farsa!”. La genealogía moderna del arte como juego y lo lúdico en la poesía de Manuel Machado (con cine y toros)», en Gabriele Morelli (ed.), Ludus. Cine, arte y deporte en la literatura española de vanguardia (2000); la edición de Manuel Machado, Impresiones. El modernismo (Artículos, crónicas y reseñas, 1899-1909) (2000); «Contra Manuel Machado: la deconstrucción de su no-identidad en El mal poema», Hispanic Review, 68, 2 (2000); «Manuel Machado: “Cordura”», en P. Fröhlicher, G. Güntert, R. C. Imboden e I. López Guil (eds.), Cien años de poesía. 72 poemas españoles del siglo XX: estructuras poéticas y pautas criticas, (2001), o «Valores simbolistas en la literatura española del primer tercio del siglo XX», en M. A. Lozano Marco (coord.), Simbolismo y Modernismo, Anales de Literatura Española Universidad de Alicante (2002).

En este ensayo se enfrenta Rafael Alarcón Sierra nada menos que al libro titulado El mal poema, sin duda porque está considerado este volumen la mejor y más renovadora aportación de Manuel Machado a la lírica española, ya que como señala Alarcón «se trata de una poesía moderna, urbana, irónica, prosaica, dialógica e incardinada en la propia experiencia, con la que su autor transgrede una serie de expectativas tanto éticas como estéticas». Por otra parte, advierte el autor que El mal poema no sólo superó el Modernismo más convencional desde su interior, sino que conectó con la modernidad europea de una forma decisiva y estableció vías que posteriormente han sido transitadas por la mejor poesía española del siglo XX.

Y, para llevar a cabo su estudio, metodológicamente impecable, lo que hace Alarcón Sierra es, en primer lugar, desarrollar una revisión detallada de cómo está compuesto y estructurado el poemario y cómo se fue estableciendo su contenido en las sucesivas ediciones que conoció, porque este proceso de construcción o de creación del libro, su estructura como obra terminada en definitiva, tan importante en la poesía desde el modernismo como obra de autor, es básico para entender su contenido, y sobre todo el resultado final.

Estudia a continuación como está caracterizado El mal poema, tanto desde el punto de vista personal, como social o literario, y las circunstancias históricas que condujeron a Machado a la realización de ese poemario de tal forma precisamente y no de otra. Por ejemplo, es muy importante la dilucidación del título, el análisis del significado de esa denominación y de su contenido. Como lo es también la reflexión sobre la autocrítica que realizó el poeta sobre esta obra, su condición de poesía dialógica, su justificación y su sentido, como signos de una modernidad nueva y desconocida en la España del momento. Este estudio, que podríamos denominar previo, se completa con el análisis de la recepción crítica de El mal poema desde el momento de su publicación hasta la actualidad.

Pero lo mejor del libro, y lo más útil para los lectores de poesía, para los estudiosos, para los investigadores o para nuestros estudiantes en formación, es la segunda parte del libro, en la que Alarcón lleva a cabo un concienzudo, detallado y completo estudio de las diversas composiciones que conforman el poemario en su edición definitiva.

Lo cierto es que, como nos informa con detalle nuestro ensayista, El mal poema es poemario de gestación compleja y dilatada en el tiempo, y el libro que, entre los de Manuel Machado, más revela estas cualidades o características, porque el proceso se desarrolló en un lento camino pero también muy complicado que se inicia en 1905, aunque ya en 1903 se había publicado una primera composición perteneciente, en una primera versión, a lo que solamente era una sección de otro poemario. Y ese proceso no finaliza nada menos que hasta 1924, cuando el poeta lo ordena definitivamente. Sin embargo, en 1909 es cuando Alarcón establece «su auténtica fecha fundacional».

Y es que en realidad, tras aceptar las consideraciones de este ensayo, tenemos que hablar de un ambicioso ciclo poético, en el que tanto hay que considerar los textos que, en definitiva, hubieron de constituir el libro, como también todas aquellas poesías que fueron en los diferentes estadios del proceso añadidas o suprimidas en cada nueva publicación. Y, por supuesto, con ellas, todas aquellas que, sin ser incluidas en el libro final, sí formaron parte por su mismo propósito estético.

Porque «El mal poema», ya titulado así, no fue otra cosa en principio que la cuarta sección de las cinco que en 1905 constituían el poemario Caprichos, y que estaba integrada por siete poemas: «Serenata», «Neurastenia», «Nocturno madrileño», «Prosa», «Alcohol», «Mutis» y «Escena última». De ellos, dos poemas se había adelantado en la revista Helios: «Serenata» con el título en francés de «Sérénade» en el número 3, en junio de 1903, y «Mutis» en el 14, en mayo de 1904. El proceso continúa en los años siguientes y pone de relieve la intención de Machado de escribir un libro completo que se titularía El mal poema. Hay una mención de Andrés González Blanco en Nuestro Tiempo, en julio de 1906; en octubre de 1907, un anuncio de la Librería de Pueyo, incluido en la contraportada de la Revista Latina de Francisco Villaespesa, se refiere a este libro «en preparación», hasta llegar a finales de 1909 cuando, por fin, aparece la primera edición de El Mal Poema editado en la Imprenta Gutenberg, Castro y Compañía con una tirada de 1.000 ejemplares, en Madrid. La edición definitiva del poemario se establece en Poesías. (Opera Omnia Lirica), publicadas por Editora Internacional, en Madrid, en 1924. El libro en su ordenación final constará de veintiséis poemas, con diversas incorporaciones y supresiones muy significativas. Los poemas que componen el libro están escritos entre 1903 (“Serenata”) y 1918 (“Cordura”), aunque el grueso del libro se escribe entre 1905 y 1912.

Naturalmente, el estudio de Rafael Alarcón Sierra está tan bien establecido y argumentado, además de cuidadosamente documentado, que sus conclusiones hemos de considerarlas definitivas a la hora de juzgar y valorar la poesía de Manuel Machado y su trascendencia posterior, ya que tras este libro, tras El mal poema, su autor estaba ingresando por la puerta grande en un espacio de modernidad hasta ese momento desconocido, hecho que no ha sido valorado por la crítica ni en su significación ni en su alcance históricos. Porque, como señala Alarcón Sierra, si una de las objeciones permanentes que se ha venido haciendo al Simbolismo, en el que teóricamente encuadramos a Manuel Machado, es «su falta de curiosidad por la vida» y su consideración de «la poesía como un refugio, como una escapatoria, de la horrible realidad», Manuel Machado con este libro supera claramente estos límites establecidos.

De interpretar la existencia cotidiana como una ilusión vana y mediocre, y no aportar más que una estética, pero no una nueva ética; de renunciar a la experiencia del mundo exterior a favor de la sola experiencia del reino interior, del alma, al margen completamente de la sociedad y la vivencia diaria, Manuel Machado pasa a otro espacio, supera todos esos planteamientos, y «enérgicamente», en El mal poema, ya que no hace otra cosa que dar entrada en el poemario a las experiencias vitales y morales ordinarias y romper, con ello, el ideal cerrado y monológico del Modernismo desde su misma base y su centro. Y lo consigue, como señala Alarcón, «al interrelacionar ética y estéticamente los polos de la objetividad y la subjetividad, lo social y lo individual, lo “realista” y lo “simbolista”, dando así una visión más rica, más sutil, más compleja y abierta del arte como reflejo incesante de la vida humana». Lo que, como definitivamente establece nuestro autor, «demuestra la importancia anticipatoria de esta vía poética, que no sólo quebró el Modernismo desde su interior, sino que se abrió a una estética más moderna y vital, hondamente entrañada en la propia experiencia, iniciando así un fecundo camino para buena parte de la lírica española del siglo XX».

Como decíamos al comienzo, tan importante para la historia literaria es valorar la trascendencia del Modernismo y su fuerte poder innovador, como establecer los momentos y condiciones en que los grandes poetas superan la estela indeleble, sin embargo, del maestro del movimiento modernista. Y este ensayo establece con claridad esta última situación en el caso de Manuel Machado.

Rafael Alarcón Sierra. “El mal poema” de Manuel Machado. Una lírica moderna y dialógica. Madrid: Biblioteca Nueva, 2008.

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