Baeza 1966. Homenaje a Antonio Machado

 

VIERNES 30 DE ABRIL DE 2010

1966: EL FRUSTRADO HOMENAJE A ANTONIO MACHADO EN BAEZA SEGÚN UN TESTIGO OCULAR

EL HOMENAJE A MACHADO DE 1966, SEGUN UN TESTIGO OCULAR

Ha sido enviado de España este relato de un testigo ocular de la violencia empleada por la policía de Franco el 20 de febrero pasado con ocasión del homenaje al poeta Antonio Machado a un cierto número de direcciones extranjeras. Naturalmente, después de la acostumbrada violencia, las habituales multas de miles y miles de pesetas. También, las habituales distorsiones o minimizaciones o, qué duda cabe, el silencio de los grandes medios de comunicación. En cambio, se publican muy rápidamente, con comentarios tranquilizadores, las fotos de un autorizado fascista español en traje de baño en las aguas de Palomares junto al embajador de Estados Unidos. Sus sonrisas y sus pantalones de baño son otra contribución a la terapia hipnótico-sedativa de todos los hombres libres (Nota de la Redacción).

Para el día 20 del presente mes de febrero, con el permiso de la autoridad, se había fijado el homenaje al gran poeta español Antonio Machado, muerto en 1939 en el Sur de Francia, poco tiempo después de su forzado exilio. El homenaje iba a consistir en la inauguración de un monumento, un busto de bronce, de Pablo Serrano, en la pequeña ciudad de Baeza (Jaén), donde machado había enseñado francés en un instituto situado en un bello espacio de la ciudad, con agradables calles por las que el poeta solía pasear frecuentemente.
El homenaje llevaba el título de «Paseos con Antonio Machado». La Comisión Organizadora, algo compleja, estaba compuesta por el juez de Baeza y por escritores y artistas residentes en Madrid.
Algunos días antes de su celebración se publicó a toda página en el semanario Triunfo de Madrid una foto del busto acompañada de un artículo de Moreno Galván. También se publicaron otros artículos de adhesión a dicha celebración en algunos periódicos, así como otros testimonios públicos de solidaridad con el proyectado homenaje.
Pero el día de antes apareció en algunos diarios una breve nota, de fuente desconocida, que anunciaba la supresión de la celebración. En aquel momento, la mayor parte de las personas que había decidido asistir al acto había partido ya desde diversos puntos de España: Alicante, Sevilla, Córdoba, Valencia, Barcelona, Bilbao, Madrid. La Guardia Civil esperó la llegada de los asistentes en las entradas de las diversas carreteras, cerrándolas. Dejó pasar a los turistas en un primer momento tras haber tomado nota de su documentación. Muchos, una vez apeados, continuaron el viaje en fila india. En estas condiciones llegaron a Baeza el día 20 cerca de 2.500 personas. Mientras, otros no consiguieron romper el cordón policial. El diario Jaén de aquel día anunciaba que «hoy Baeza homenajeará a Machado». Se inició el desfile hacia el lugar de reunión. Era una larga fila silenciosa de admiradores del poeta. Antes de llegar al punto de encuentro había algunos policías armadas (llamados vulgarmente «grises» por el color de su uniforme) que impedían el acceso.

Algunos participantes se adelantaron para pedir explicaciones, explicaciones que los policía no dieron. Llegó un teniente y otros refuerzos. El ambiente era muy tenso. El teniente dijo solamente que el homenaje había sido suspendido y que tenía orden de impedir el paso a quienes quisieran reunirse en dicho lugar. El ignoraba las razones de esa orden. Se le pidió que hiciera llegar a cualquier autoridad (el alcalde u otro) el deseo unánime de obtener una aclaración. Pero el teniente no aceptó y amenazó con hacer que cargaran sus hombres.
La gente se agrupó y manifestó su abierta decisión de esperar la llegada de cualquier autoridad que diera una clara explicación.
El teniente retrocedió un paso e hizo una señal: los policías se alinearon y sacaron sus porras. El teniente citó un apartado referente al incumplimiento de la Ley de Orden Público y anunció que a la tercera señal la policía cargaría sobre la gente. Algunos se mostraron impasibles, dispuestos a mantener la anterior decisión. La policía, entonces, cargó. Los «grises» vacilaron ligeramente, pero el oficial tomó la pistola y gritó: «¡Cargad! ¡Cargad!». Un policía de la Brigada Político-Social tomó también su pistola, fuera de sí: «¡Cargad! ¡Cargad!».
Todo el resto fue violencia y brutalidad. La multitud gritaba: «¡Asesinos! ¡Asesinos!». Muchos cayeron bajo los golpes; se oían gemidos, gritos y muchos niños lloraban aterrorizados. Los «grises» persiguieron, implacables, a los pocos que al comienzo echaron a correr y golpearon brutalmente a los que se paraban enfrentándose para ayudar a los que se habían caído.
La gente, en masa, tras una carrera de dos kilómetros, llegó a la Plaza en un clima de cólera, exasperación y terror. Algunos se refugiaron en un bar, pero los policías los sacaron violentamente a la calle de nuevo, siendo recibidos con una violencia todavía más terrible: golpes, insultos y todo tipo de brutalidad. Muchos fueron detenidos y después comenzaron las redadas, la caza del hombre por todas partes: nuevas detenciones.
El pueblo asistió atónito a este horror. Los «grises» gritaron «A los coches», empujando a todos con violencia y siendo ayudados por los «sociales». Aquellos que no disponían de coche para alejarse de Baeza fueron sacados de cualquier modo. Un grupo huía por la carretera. Los que llegaron a Úbeda (una ciudad próxima) vieron que en el cuartel de la Guardia Civil los oficiales esperaban órdenes para dirigirse a Baeza.
De este modo acabó el homenaje a Antonio Machado en Baeza (Jaén), el 20 de febrero de 1966.
Fueron detenidas 27 personas. Entre ellas, Moreno Galván (autor del citado artículo), Pedro Caba (médico), Eduardo Úrculo (pintor), Alfredo Flores (abogado), J. A. Ramos Herranz (ingeniero), Pedro Bicenta (maestro), Carlos Álvarez (poeta), etcétera.
Este es el relato de un testigo ocular. La prensa española no ha publicado nada sobre estos hechos.
Las Agencias extranjeras han dado bien poca información. La mayor parte de las noticias, a través del propio ministro. Algunas de ellas son ignominiosas, como las redactadas por una agencia americana que tergiversaba los hechos, presentándolos como un enfrentamiento entre dos grupos, lo que había obligado a la policía a intervenir para mantener el orden.
De los 27 detenidos, 16 fueron puestos en libertad por la noche; 11 fueron retenidos y conducidos a Jaén, donde fueron puestos en libertad al día siguiente tras haber pagado una multa que oscilaba, según los casos, de 5.000, 10.000 y 15.000 pesetas a las 25.000.

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Texto aparecido en Il Ponte (Firenze, XXII, 3-marzo-1966) y traducido del italiano por Antonio Chicharro. Fue recogido en la segunda edición de Antonio Machado y Baeza a través de la crítica (Granada, Universidad de Granada, 1992).