Bibliografía : ANTONIO MACHADO

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Obra poética de JUAN ANTONIO de TORRE SALVADOR

Obra poética de Juan Antonio de Torre Salvador – Micrófilo.

Posted By Manuel Alvarez Machado on 12 julio, 2021

MANUSCRITOS  de  JUAN ANTONIO de TORRE SALVADOR   –  1884 / 1894

 

 

A primeros de este año de 2010 tuve la suerte de encontrar – realmente me ofrecieron – el cuaderno manuscrito que en este artículo presento.

El cuaderno tiene 452 páginas, de ellas escritas – manuscritas – las primeras 439 (con las excepciones de las páginas 2ª, 3ª y 4ª  que están en blanco). Fueron escritas entre el 24 de septiembre de 1884 y el 12 de diciembre de 1894.

Su autor es Juan Antonio de Torre Salvador (n. Guadalcanal, 15 de diciembre de 1857 – † Guadalcanal, 7 de febrero de 1903), conocido también por «Micrófilo», pues con este nombre firmó buena parte de su obra investigadora y literaria. El contenido del cuaderno consiste en una recopilación de la obra poética por él creada ente las fechas indicadas en el párrafo anterior, y en algunas poesías publicadas dos o tres años antes en revistas de contenido literario o de divulgación antropológica. En cuanto a la indudable autoría de J. A. de Torre Salvador hay que hacer las siguientes salvedades: las páginas cinco a quince contienen poesías – traducidas al castellano y también manuscritas por Micrófilo – de  A. de Lamartine (El poeta moribundo), de T. Gautier (La Nube), de Meranger (El viejo vagabundo), de Musset (Adios) y de Horacio (A Leuconoe), y la página 429 que contiene un poema de su amigo Manuel Cano y Cueto, dedicado a Micrófilo, al que contesta Micrófilo en el poema manuscrito a continuación.

Sabemos que este cuaderno manuscrito, de contenido – en su mayoría – desconocido hasta la fecha, o al menos olvidado por el paso de los años, tiene un importancia relevante en el contexto de la literatura española, y especialmente de la andaluza, por lo que a partir de esta fecha y en esta revista electrónica iremos publicando y divulgando su contenido, tanto con las oportunas transcripciones como publicando digitalizadas sus páginas. Todo ello sin perjuicio de ser receptivos a cualquier sugerencia de trabajo, estudio o crítica literaria, que sobre dicho cuaderno se pudiera plantear.

Hoy iniciamos este trabajo con la reproducción de la portada del estuche en el que se conserva y protege el cuaderno , la portada del mismo,  y la reproducción de las páginas numeradas 1, 5 a 15 (realmente incluyendo el principio de la 16), y las 429 a 433;  por cierto son de 30,20  x  20,40 centímetros todas las hojas o páginas. Dado el tamaño de la letra de los manuscritos, excesivamente pequeña, hemos escaneado cada página dividiéndola en dos, facilitando así su lectura.

En breve incluiré la transcripción de estas páginas manuscritas; podría haber esperado a publicar las páginas ya digitalizadas, con sus transcripciones, al momento en que tuviera este trabajo realizado, pero en el Ayuntamiento de Guadalcanal, al que recientemente informé del hallazgo del cuaderno, me solicitaron un artículo o reseña sobre el cuaderno para publicarlo en el número de una revista que editan a finales de julio, creo que con motivo de fiestas patronales,  con la que dar también ellos a conocer la existencia de los poemas manuscritos de su conciudadano Juan Antonio de Torre Salvador, «Micrófilo», y me satisface el poder aportarles este sencillo escrito y las páginas digitalizadas que en él se reproducen.  Tienen mi total conformidad para publicar lo que estimen adecuado. Esperemos que entre todos se recupere la imagen y la obra del ilustre poeta, periodista, antropólogo, etnógrafo y folklorista guadalcanalense.

Tal vez se pregunten el motivo por el que me ofrecieron este manuscrito, a mi y en Madrid; les diré que cuento entre mis amigos con profesionales en la búsqueda y localización de «libros antiguos» o «libros de viejo», que conociendo mi interés por aquellos que de alguna forma se refieran a mis antepasados, pertenecientes a la que llamo, como veis por el título de esta revista, «Machado. Revista de estudios sobre una saga familiar», no dudaron en ofrecerme los manuscritos del que fue amigo y colaborador de mi bisabuelo Antonio Machado y Álvarez. Siempre les estaré agradecido.

La realidad es que de Juan Antonio de Torre Salvador apenas se conocía, a la presente fecha, su obra; algunas referencias sobre su libro «Un capítulo del folklore guadalcanalense» (Sevilla 1891), libro difícil de encontrar, y básicamente sus trabajos y poesías publicadas en revistas científicas y literarias de su época, entre las que se encuentran  «El folkolre Andaluz», «La Biblioteca de las Tradiciones Españolas», ambas dirigidas por Antonio Machado y Álvarez, que firmaba con frecuencia como «Demófilo», y «El Folklore Frexnense y Bético-Extremeño». Por cierto entre las poesías que se encuentran en el cuaderno tenemos una dedicada a «Bravo Murillo», que, conocida, publicó en su momento en la revista «La América» del 28 de octubre de 1883 con ocasión de homenaje que se tributó a Bravo Murillo en su pueblo natal. (Bravo Murillo nació en 1803 en Fregenal de la Sierra, siendo por lo tanto frexnense).

Espero completar este artículo en breve y continuar publicando los poemas de este poeta gadalcanalense.

Mientras y como homenaje a Juan Antonio de Torre Salvador reproduzco los datos biográficos que sobre él escribió a principios del siglo xx  D. Juan Collantes de Terán y  más recientemente D. José Mª Álvarez, este último en la Revista de Guadalcanal del año 1990, que cito y transcribo de artículo publicado el jueves 6 de agosto de 2009 por la Asociación Cultural Benalixa – Guadalcanal.

Juan Collantes de Terán “… La expresada descripción del pueblo corresponde, en líneas generales, a la villa en donde doce años más tarde nace Juan Antonio de Torre Salvador, el día 15 de diciembre de 1857, hijo de Lucas de Torre y de Salomé Salvador. Era su padre natural y vecino de Llerena; ascendencia soriana y palentina llevaba en su sangre, lo mismo que su madre que llega al pueblo acompañando a sus hermanos sacerdotes, quienes ejercerán su ministerio sagrado junto con la administración de diversas fincas. Fruto de ese matrimonio nacerán los siguientes hijos: José, que se casará con la cazallera Dolores Pérez, Miguel que lo hará con Carmen Caballero, Juan Antonio -a quien dedicamos estas líneas- y Norberto casado con Ana Franco-Romero Castelló, la cual a la muerte de su marido se desposa con su cuñado Juan Antonio; sin embargo, estos serían sus primeros esponsales ya que, estando viudo muy poco tiempo antes de morir, casó nuevamente con la malagueña Aurora Fuster Gallardo, de veinticuatro años, que vivía por entonces en Guadalcanal. Del primero de sus matrimonios tuvo una única hija, Ana María de Torre Franco-Romero, que murió el mismo año de su padre, a los diez y ocho años, a consecuencia de una tuberculosis pulmonar. Ignoro en estos momentos por qué motivos familiares Juan Antonio de Torre estudió primera y segunda enseñanza en el Colegio de las Escuelas Pías, de Getafe, incorporado al Instituto San Isidro de Madrid primero, y en el Colegio de Villacarriedo que dependía del Instituto de Santander después. De la misma forma que ignoro las razones que le llevaron a realizar los exámenes del grado de bachiller en Artes, el año 1865, en el Instituto de Valladolid. Al matricularse en la Universidad de Sevilla para comenzar sus estudios de Derecho vivía en el número ocho de la calle Placentines de aquella ciudad; y cuando en 1869 se vuelve a matricular en las asignaturas que le quedaban pendientes en la misma Facultad, vive entonces en la calle San Eloy, por lo que llego a sospechar que se trata de las diversas pensiones donde se alojaba cuando iba a Sevilla a inscribirse o matricular se en la Universidad. Durante el curso académico de 1877-1878 aparece como alumno de Derecho en la Universidad Central de Madrid; para volver de nuevo a Sevilla donde de be concluir sus estudios, aunque no me consta que terminara definitiva mente la carrera de Derecho, ya que en 1880, viviendo en la calle Arguijo, frente a la Universidad, no se presentó al examen de ninguna de las tres asignaturas en que estaba matriculado todavía. Después ya no se tienen más noticias. Muy joven comienza a colaborar en importantes revistas científicas y literarias españolas, especializándose enseguida en estudios sobre antropología, etnografía y folklore, manteniendo estrecha amistad con Antonio Machado Álvarez, padre de los poetas Antonio y Manuel; y así como éste utilizó con frecuencia el seudónimo de «Demófilo», muchos trabajos de Juan Antonio de Torre están firmados con el de «Micrófilo». Formó parte de la Sociedad de Bibliófilos Andaluces, que presidía en Sevilla el Duque de T’Serclaes, su hermano el Marqués de Jerez de los Caballeros, Rodríguez Marín, Collantes de Terán, Montoto, Guichot, Asencio y otros eruditos sevillanos, que se preocuparon por editar bellísimamente libros incunables y raros sobre temas andaluces. Juan Antonio de Torre Salvador asistió con frecuencia a las más importantes tertulias sevillanas de la época, caracterizándose por su espíritu mordaz y cáustico. Su libro más importante se titula «Un capítulo del folk-lore guadalcanalense», publicado en Sevilla, en la imprenta de Francisco Leal y compañía, en 1891, muy difícil de encontrar hoy día. Era Torre, además, desde muy joven redactor y colaborador de «La Enciclopedia», una revista científica y literaria, “El Alabardero”, “El Posibilista”, un diario democrático de intereses materiales, ciencias y noticias, según se expresaba en un subtítulo, “Folk-lore Andaluz”, entre otros; escribió en varias ocasiones en el “Boletín Folk-lórico Español”, en el periódico satírico “Perecito”, en “El Aviso”, “Miscelánea” y otros. Así mismo fue director de “El Pacto”, un periódico republicano federal que se publicaba en Sevilla entre 1886 y 1887; también fue el último director de “El Cronista”, diario político mercantil, así como del seminario festivo titulado “Sevilla en Broma”, que comenzó a publicarse en abril de 1883 y sólo alcanzó diez y seis números. Colaboró igualmente en periódicos y revistas extremeños. Enfermo de una grave lesión pulmonar residió los últimos años de su vida en el pueblo que le vio nacer. Aquí murió y la fría redacción del acta de defunción no puede ser más escueta y trágica; dice así: «En Guadalcanal, a las once del día ocho de febrero de 1903. Juan Antonio, edad cuarenta y cinco años, ocupación propietario, domicilio en calle Guaditoca número 6, y murió a las diez y seis del día 7 de febrero en su domicilio, a consecuencia de un ataque de disnea // Estaba casado en el acto del fallecimiento con doña Aurora Fuster Gallardo y que lo estuvo en primeras nupcias con doña Ana Franco-Romero y Castelló, de cuyo matrimonio deja una hija menor de edad, llamada María de Torre Franco-Romero.// Que no otorgó testamento y que a su cadáver se habrá de dar sepultura en el Cementerio Civil de esta población». (Fol. 377, núm. 11). Así ocurrió. Hace algunos años Pedro Porras y yo, con la ayuda de Rafael, el sepulturero, pudimos reconstruir trozo a trozo la lápida de mármol que inútilmente, debido a la acción del tiempo, cerraba de mala forma su sepultura. Entonces pudimos averiguar, según se expresa en la piedra, que fue costeada como “tributo de amistad de D. Sebastián Gómez Ferreira». Era entonces también lo que quedaba del recuerdo de un importante personaje de Guadalcanal; y como ocurre con frecuencia, la trágica frecuencia de siempre, en este caso la tierra no le fue leve en su tierra. Vaya en esta ocasión un sincero recuerdo a su memoria.

José Mª Álvarez escribió sobre él en la Revista de Guadalcanal del año 1990:
“… Ni si quiera descendencia de la familia Torre queda hoy en Guadalcanal, ya que según parece los últimos miembros emigraron a Argentina antes de la última Guerra Incivil. Precisamente pocos años antes de la contienda, en la que fue casa de los Torre, situada en la calle Guaditoca, se produjo el triste espectáculo que parafraseando a Cervantes se podía titular: «Del donoso y grande escrutinio que el cura y el médico hicieron en la librería de nuestro impío escritor». La llama de la intolerancia redujo a cenizas los libros de la biblioteca de Micrófilo que se consideraron nocivos para el orden público y las buenas costumbres, entre ellos un ejemplar en pergamino de la Constitución de 1812, la popular «Pepa» .
En el nuevo barrio levantado en Guadalcanal, a espaldas de los Grupos Escolares, se recordó a uno de los escritores guadalcanalenses consortes, el poeta de Guareña, Luis Chamizo, dándole su nombre a una calle . ¿Por qué no recordar a Micrófilo?. Tras haber sugerido sin éxito agradecer al farmacéutico catalán Joaquím Isern sus afanes en documentar en el Archivo de Indias el descubrimiento de la isla de Guadalcanal, lanzo la peregrina idea de rescatar a Micrófilo del olvido y desconocimiento de los actuales guadalcanalenses. Con la seguridad de que no se me va a hacer caso, hasta me atrevo a redactar el texto de una hipotética placa que bien podría estar situada en la fachada de la Biblioteca, cobijada bajo los frondosos árboles de «El Palacio», y que podría decir más o menos:

En memoria de JUAN ANTONIO TORRE Y SALVADOR «MICROFILO» (Guadalcanal 1859- Guadalcanal 1903).
Periodista, poeta y folklorista Autor de «Un capítulo del folk-lore guadalcanalense»
editado en Sevilla en 1891. Su pueblo agradecido.
Guadalcanal ….19…»

Según Cascales  y Muñoz, Juan Antonio de Torre Salvador, como poeta «ha escrito muchas y buenas poesías, aunque no se sabe que admirar más, si la galanura y corrección de la frase o la profundidad y novedad de los pensamientos». Fue su poesía clara con influencia popular y versos muy vinculados a personajes y hechos de la política sevillana.

Manuel Álvarez Machado

ANTONIO MACHADO y NUÑEZ y ANTONIO MACHADO y ÁLVAREZ, TERREMOTOS 1885,

 

LOS TERREMOTOS. ANTONIO MACHADO NÚÑEZ y ANTONIO MACHADO ÁLVAREZ.

Antonio Machado Núñez

Antonio Machado Álvarez

Escribir en estos días sobre los fenómenos naturales conocidos como terremotos nos obliga a hacer una referencia, por otro lado voluntaria, del acaecido el 11 de mayo de este año de 2011 en el sureste de la península ibérica, en el que la ciudad de Lorca (Murcia) ha resultado la más afectada.

El terremoto a dejado ocho víctimas mortales y varios centenares de heridos, además de dejar irrecuperables, por los daños, casi un 15% de los edificios. Desde estás páginas queremos transmitir nuestras condolencias a los familiares de las víctimas y a todos los habitantes de Lorca.

Este dramático suceso natural nos sugiere el exponer, aunque sea de forma muy sucinta, que son los terremotos y su forma de valorarlos o clasificarlos. También nos hace recordar los terremotos más importantes que han afectado a nuestra península, y en particular los desencadenados en los últimos doscientos cincuenta años.

Finalmente comentaremos cómo fueron recogidos en sus trabajos y estudios por la miembros de la saga de los Machado, concretamente por Antonio Machado Núñez y por su hijo Antonio Machado Álvarez.

 

LOS TERREMOTOS.

De forma simplificada podemos decir que los terremotos, y los fenómenos naturales asociados tales como los maremotos y los tsunamis, son movimientos terrestres ocasionados por  la liberación de una energía acumulada por el movimiento de las placas tectónicas.

Como ejemplo para facilitar la comprensión de los terremotos encontramos frecuentemente, tanto en libros sobre la materia como en artículos sobre la misma, el símil con dos bloques pétreos, con superficies no lisas, que se rozan uno contra el otro provocando entre ellos tanto una trabazón como un bloqueo o freno al movimiento natural que ambos pudieran tener. Si este movimiento, en un momento determinado, quiebra la resistencia de la trabazón de los dos bloques, éstos súbitamente se mueven y se desplazan violentamente, probablemente, además, uno sobre el otro y hasta que nuevamente, liberada la tensión o energía, se paran o tal vez se vuelven a acoplar.

Así sucede con las placas tectónicas contiguas, que como consecuencia de los rozamientos entre ellas, estos producen «enganches» entre la placas que actúan de freno a los movimientos de ambas, generando una tensión o energía acumulada que, cuando consigue romper dichos enganches, libera súbitamente una inmensa cantidad de energía, que sacude las zonas más o menos próximas ocasionando lo que llamamos terremotos terrestres. Concluyendo, el terremoto es el movimiento ocasionado por una liberación de energía.

Cuando esta liberación de energía afecta a las aguas marinas, éstas pueden ocasionar, por desplazamiento inhabitual de las mismas, lo que llamamos maremotos o tsunamis.

MEDICIÓN DE LOS TERREMOTOS .

Los terremotos se valoran midiendo su intensidad o su magnitud.

La intensidad atiende a los daños causados por el terremoto, siendo por lo tanto una forma de medir la percepción del mismo, percepción humana que por lo tanto resulta intuitiva y tangible. Existen varias escalas para medir la intensidad de un terremoto, todas ellas gradúan los niveles de intensidad en función de los daños ocasionados (o que podrían haberse producido realmante) y su percepción. La escala más conocida para la intensidad sísmica es la escala de Mercali. Obsérvese que la intensidad de un mismo terremoto varia según el sitio, pues los efectos son distintos de un lugar a otro. Lógicamente la proximidad o distancia al epicentro del terremoto, la profundidad del mismo, las característica geológicas del terreno y el ángulo de llegada de las ondas a un determinado sitio, producen una diferentes efectos, cuya medición o valoración facilitarán un grado diferente en la escala aplicada. Estos grados, tomados en diferentes lugares permiten trazar un mapa de líneas que unen sobre un mapa puntos de igual intensidad, determinando zonas de similar o igual daño.

La magnitud atiende a la cantidad de energía liberada por el seísmo. Esta magnitud es única para cada terremoto y la escala que normanlente se usa es la conocida como escala de Richter. Se calcula la magnitud a partir de  la amplitud de las ondas que genera el terremoto. La escala de Richter es una escala potencial, que indica por cada grado una cantidad de energía liberada mil veces superior al grado anterior. No es una escala cerrada, es abierta pues teóricamente los grados pueden ser infinitos, aunque la realidad nos dice que difícilmente se supera el grado 10. Esta medición de la magnitud, aunque más precisa que las que miden la intensidad, es, como hemos ya dicho, menos intuitiva, pues lo que se percibe de un terremoto es la vibración, el movimiento y los daños materiales causados.

TERREMOTOS EN ESPAÑA.

España se encuentra en un borde de la placa tectónica euroasiática, que contacta con la placa tectónica africana, siendo el rozamiento entre ambas el que origina el movimiento sísmico de nuestra península, que a lo largo de la historia ha ocasionado importantes terremotos.

Se tienen registros desde el año 1048, pero se consideran los más importantes, atendiendo fundamentalmente a su intensidad, el de 1755, conocido como el terremoto de Lisboa o maremoto de Cádiz; este terremoto destruyó totalmente gran parte de la ciudad de Lisboa, ocasionando un maremoto que asoló, con graves daños, la costa gaditana y onubense,

El siguiente terremoto, en importancia y en el tiempo, fue el que el 21 de marzo de 1829 desencadenó la tragedia en la Vega Baja del Segura, con casi cuatrocientas víctimas mortales,otros tantos heridos y unas tres mil casas totalmente destruidas (otro tanto afectadas). Este terremoto fue precedido, desde el mes de septiembre del año anterior de más de 300 sacudidas, y hasta agosto del mismo año de 1829 otra 300 réplicas.

El día de navidad de 1884 tuvo lugar en las provincias de Granada y Málaga un terremoto, que por su virulencia y daños se considera como el mayor de todos los tiempos en al península ibérica. La magnitud fue de 6,5 en la escala de Richter y su intensidad máxima, de grado IX-X en la de Mercali, se midió en la Localidad de Arenas del Rey. Se contabilizaron 745 fallecidos, 1485 heridos, los edificios totalmente destruidos fueron 4399 y más de 6300 en ruinas.

El pasado 11 de mayo de este año de 2011 fue la localidad de Lorca, en Murcia, la afectada por un terremoto, cuyas víctimas, heridos y daños materiales ya conocemos por la prensa y medios de comunicación de estos días.

España tiene, como se puede apreciar, una actividad sísmica importante, pero, en principio de magnitudes inferiores al grado 7 en la escala de Richter. La zona de riesgo de mayor importancia se extiende por todo el sur y sureste  peninsular.

ANTONIO MACHADO NUÑEZ  y  ANTONIO MACHADO ÁLVAREZ

Ni la literatura ni los artículos o trabajos publicados en prensa o revistas sobre los terremotos en España han sido frecuentes. Referencias si tenemos desde desde los albores del siglo XI, pero son escasos los datos y los comentarios. Digamos que los justos, aunque probablemente no los necesarios.

Por ello tienen más interés aquellos que sí hacen referencia a estos fenómenos naturales. Fenómenos que ya sabemos suelen ir acompañados de pérdidas de vidas humanas y de cuantiosos daños materiales.

Sabemos que en tiempos pasados las reacciones de ayuda y solidaridad eran siempre tardías, los medios de transporte y de salvamento eran escasos en número y en utilidad, y a duras penas los auxilios a las gentes afectadas los realizaban los vecinos más próximos. Las crónicas y noticias del terremoto de 1829 son dramáticas y dejan entrever una dura situación de los supervivientes de las zonas afectadas en los días o semanas siguientes al seísmo. Lo mismo sucedió en el trágico terremoto de 1884, cuyos damnificados tuvieron que afrontar unos crudos, gélidos y nevados días de aquel invierno.

Hoy, aunque muchos de estos efectos posteriores de salvamento y ayuda son infinitamente más eficaces y sobre todo rápidos (en la medida que cabe o es posible), el dramatismo y fuerza de los efectos de un terremoto siguen siendo duros y traumáticos en todos los sentidos.

Por ello, no solo por el valor científico o por las sugerencias de las medidas a tomar una vez sucedida una de estas catástrofes sísmicas, sino por el afectivo y de solidaridad con los damnificados por el terremoto del 25 de diciembre de 1884 reproducimos unos trabajos o artículos que Antonio Machado Núñez y su hijo Antonio Machado Álvarez (abuelo y padre de nuestros poetas Antonio Machado y Manuel Machado) publicaron en los primeros días de febrero de 1885 sobre los terremotos.

Así, en los números de los días 1 y 8 de febrero de 1885 del periódico Las Dominicales del Libre Pensamiento, de Madrid, cuyos directores eran Ramón Chíes y Fernando Lorenzo – que firmaba con el nombre de Demófilo, como Antonio Machado y Álvarez -, leemos, escrito por:

ANTONIO MACHADO NÚÑEZ en el del día 1 de febrero:

Terremotos I.

Nuestro globo cumple su misión providencial e ineludible: es un organismo viviente que pasa por las distintas fases que han de constituir su evolución definitiva. Nacido de la condensación de principios o elementos desprendidos de la nebulosa, arsenal de materia y de fuerza inagotable, donde se se forman los mundos en el espacio y el tiempo, el globo sufre transformaciones diversas que modifican lentamente su estructura. ¡Qué larga serie de energías, de fenómenos extraordinarios, vienen acompañando la existencia de este gran ser, en el que viven como parásitos las plantas y los animales, y entre estos últimos el hombre, cuyo insolente orgullo le proclama a sí mismo Rey de la creación; y no comprende que es el humilde e inconsciente esclavo del planeta en que vive, a quien basta solo un débil esperezo de su piel, para que las montañas se desquicien, desaparezcan los ríos, se destruyan y caigan como castillos de naipes los pueblos y las ciudades, su¡in que pueda contener tales extragos la inteligencia humana ni alcance en su impotencia a prevenir ni evitar la causa productora de tan inesperadas catástrofes.

El calor central del globo, fuente de su actividad y de su vida, consumiendo los materiales encerrados en su envoltura sólida,oxidando unos y descomponiendo otros por su contacto con las aguas atmosféricas y de los mares, da origen a abundantes gases que no pudiendo contenerse en las cavidades subterráneas, buscan su libertad en la atmósfera, pugnan primero por romper la envoltura que las aprisiona, y después de recorrer las sinuosidades del interior de la corteza sólida de la tierra, vence al fin su resistencia en los puntos más débiles y produce hundimientos en los terrenos, grietas, rasgaduras, cráteres y levantamientos que conmueven el suelo, impulsan las aguas de los mares, forma poderosas olas que invaden los continentes, recorren espacios inmensos sembrando el extrago y la muerte en las ciudades colocadas en elm trayecto que recorren.

Las aguas penetrando a una profundidad de 2000 a 3000 metros en el interior del suelo (que tiene diez leguas de espesor) aumentada su temperatura hasta 100 centígrados, ocasiona acciones mecánicas por efecto de la capilaridad, disuelve, disgrega y corroe los terrenos produciendo extensas oquedades donde se acumulan y forman lagunas o ríos subterráneos o rasgaduras y huecos diversos.

Además estos líquidos, evaporados en su más alta temperatura, dan origen a multitud de reacciones químicas y fenómenos de distinta índole que conmueven el suelo, producen terremotos, dislocaciones y volcanes transformando la superposición de los terrenos e de su orografía superficial.

Así nuestro globo va pasando en los inmensos períodos de su larga vida por multitud de evoluciones desde su orígen hasta que desaparezca: modificará lentamente su naturaleza disminuyendo su actividad y la enérgica manifestación de su primordial temperatura, enfriada la masa de la tierra, en lo porvenir, se convertirá en satélite de otro astro de la misma manera que la luna lo es actualmente, hasta que extinguida su fuerza, como si dijéramos su espíritu, vuelva otra vez a confundirse en la materia eterna de que procede: de este modo puede decirse se cerrará el círculo de la vida sideral de nuestro globo.

Cuando la humanidad estudia esos fenómenos tan frecuentes en el planeta que habita. no comprende que son una consecuencia inevitable de su manera de ser, de su especial existencia y de las relaciones con los demás astros, cuyas dependencias mutuas están reguladas por leyes universales, incontrastables y eternas, que  nada ni nadie pueden variar, pues bastaría un instante de interrupción en su marcha majestuosa para que el universo entero cayese en un caos inexplicable.

Pueden considerarse los terremotos como naturales perturbaciones del organismo planetario, semejantes a las fiebres de crecimiento o de consunción de los seres vivos y consecuencia de su actividad fisiológica.

La masa incandescente de la tierra en los comienzos de si vida sideral.lanzada en los espacios frigidísimos del universo, ha ido perdiendo lentamente su calor exterior, coagulándose la superficie para formar una película sólida que al través de los tiempos va engrosando y da al suelo mayor consistencia y espesor por efecto de los materiales que se precipitaron de su atmósfera y otros no menos abundantes arrojados del interior por multitud de volcanes.

Estos fenómenos, perdiendo lentamente su energía y su frecuencia, quedaron limitados después en el trascurso de los siglos a conmocionar enérgicas en algunos puntos, más débiles en otros, pero siempre repetidas con intermitencia, porque la disminución del volúmen del globo supone la contracción de su corteza sólida, y el rellenamiento interno de sus cavidades, causa por lo tanto de sacudidas continuas, que ha hecho decir al Barón de Humbolt que «no pasa un día,una hora, sin que la consolidación del globo de origen a temblores de tierra, en las diferentes regiones de los continentes».

Antonio Machado y Núñez

Catedrático de la Universidad de Madrid.

 

ANTONIO MACHADO Y NÚÑEZ  y en el número del día 8 de febrero siguiente:

Terremotos II.

De lo expuesto se deduce que los terremotos, siendo inevitables por juro de naturaleza, el hombre nada puede hacer para impedirlos; pero los gobiernos ilustrados deben con toda energía y previsión ocurrir a sus consecuencias desastrosas y arbitrar reflexivamente los medios más fáciles de repararlas: excitar los sentimientos benéficos de los poderosos y la caridad de las muchedumbres que no niegan su óbolo a las desgracias de sus hermanos; aplicar los productos que se recauden a la reparación de los edificios y habitaciones para los pobres; proporcionar materiales de construcción, de las canteras inmediatas, cales, yesos, arcillas, maderas, etc.; todo ello de la propiedad nacional, a un precio módico y equitativo; dar ocupación a los trabajadores, jornaleros y artesanos de la misma comarca, a los maestros de obras, albañiles y carpinteros, para que reparen las casas y construyan los edificios indispensables para la vida de los pueblos cultos, principalmente las escuelas, asilos, hospitales y casas de corrección, antes que el producto de la caridad se evapore en limosnas, se extinga o distraiga para otras atenciones que, aunque parezcan muy importantes, no son de las que exigen perentoriamente su realización.
Muy justa podrá ser la reparación de los templos arruinados; pero el culto puede darse interinamente en una habitación segura, en las plazas o lugares públicos o en último resultado en el corazón y la conciencia de los fieles atribulados, a quienes sus mismas desgracias excita para implorar clemencia del Hacedor Supremo.
Los arquitectos deben contribuir con generosidad, filantropía y el conocimiento de los métodos de edificación, a construir habitaciones cómodas y baratas, teniendo presente los preceptos de la higiene y de la salubridad pública.
En los países azotados por frecuentes conmociones del suelo, el sistema de construcción es distinto del que generalmente se usa en Europa: las casas son bajas, de un solo piso; sus paredes son anchas; el terreno firme, compacto; los techos ligeros: en las regiones de América, donde son frecuentes los terremotos, dejan siempre en el centro un gran patio donde se refugian provisionalmente los vecinos al sentir las primeras oscilaciones del suelo: evitan con eso abandonar sus moradas y tienen un lugar de refugio tan seguro como la plaza o el campo. Un terror momentáneo puede solo aconsejar el traslado de un pueblo o ciudad a otro emplazamiento distante; pues la experiencia tiene acreditado que las catástrofes no se repiten sino rara vez en los mismos sitios o lugares o son por lo menos tan largos los periodos entre accidentes que es rara su persistencia por lo menos cuando no proceden de los volcanes; y hay una razón científica que lo explica hasta cierto punto: si las sacudidas son el efecto de las contracciones de la corteza sólida del globo o de los rellenamientos de las cavidades subterráneas, claro es que la región donde tienen lugar tales fenómenos quedan más firmes y sólidas al menos por mucho tiempo.
La antigua capital de Guatemala, fue fundada por los españoles en la conquista, al pié de un volcán apagado; sufrió este una nueva erupción y sacudidas tan violentas en su suelo que quedó casi arruinada. Las autoridades y vecinos, atemorizados por tan temibles desgracias decidieron abandonar la población y se trasladaron a otro sitio distante ocho leguas, donde se edificó la ciudad nueva que es hoy la capital de aquella república. Pero muchos de los vecinos más animosos y apegados al lugar donde habían nacido, permanecieron es sus hogares y allí viven contentos y felices en su bella ciudad, una de las más ricas y populosas de aquel Estado, situada en un valle delicioso, sin haber presenciado otra catástrofe aunque van transcurridos cien años.
La Italia nos ofrece otro ejemplo de estabilidad de sus pueblos y ciudades aunque tan combatidos por los temblores de tierra no abandonan sus hogares aunque desvastados por aquellos movimientos, ni les arredra el ejemplo de Herculano y Pompeya, ni las ruinas de tantas ciudades, ocasionadas por los volcanes que agitan siempre el terreno de Sicilia, la populosa Nápoles y casi toda la Península; viven contentos bajo las erupciones lávicas del Vesubio, amagados doblemente por las lluvias de fuego, de cenizas y materiales incandescentes, sin ocurrírseles desalojar los países donde vivieron sus padres. Y lo mismo sucede a los habitantes de otras regiones: permanecen tranquilos en medio de circunstancias difíciles, contrariados por los medios ambientes, con una existencia precaria, combatida por el clima, los hielos y las inundaciones y multitud de calamidades con que la naturaleza sorprende al hombre individualmente y a las colectividades humanas que buscan con su actividad e incesante trabajo los medios de luchar por la existencia propia y por la de sus hermanos.
La limosna degrada al hombre y le hace indolente y perezoso:el trabajo, por lo contrario, le engrandece; las conciencias honradas viven satisfechas cuando triunfan en la lucha por la existencia, en ese combate continuo que sostiene nuestra especie contra los medios que nos rodean y nos convierten en un agente geológico que detiene y neutraliza muchas veces con su inteligencia las leyes y fenómenos de la naturaleza.

Antonio Machado y Núñez

Catedrático de la Universidad de Madrid.

 

 

Igualmente su hijo, ANTONIO MACHADO Y ÁLVAREZ, publica en el número del día 16 de febrero de 1885 del periódico Los lunes del Imparcial lo siguiente:

Los terremotos y la tradición popular.

Los terremotos, que, según las opiniones científicas más admitidas, obedecen al trabajo lento y continuo que la tierra verifica alm enfriarse para consolidar su corteza y seguir su misteriosa peregrinación hacia el estado en que actualmente se halla la llamada por los poetas reina de la noche, han sido objeto de las creencias, imaginaciones, ideas e hipótesis de todos los pueblos, especialmente de aquellos en que estos fenómenos ocurren con mayor frecuencia. El hecho anómalo – no obstante verificarse todos los días en algún punto del globo – de sentir temblar y estremecerse la tierra bajo nuestros pies y ver oscilar a nuestro alrededor los edificios y objetos que estamos acostumbrados a considerar como inmóviles es, aunque no venga acompañado de la cohorte de siniestros y desgracias de que están siendo actualmente víctimas gran número de pueblos de las provincias de Málaga y Granada, de tal importancia y trascendencia que el vulgo no puede menos que querer explicárselo de algún modo.

En los países católicos la explicación del fenómeno en que nos ocupamos y de sus tristes consecuencias es la misma que se da a las inundaciones, hambres, pestes, guerras y toda clase de calamidades: Dios, causa consciente de todo cuanto es, existe y ocurre en este mundo, se vale de tales medios para castigarnos por nuestros pecados.

Los temblores de tierra, como los cometas, auroras boreales e inundaciones son solo señales de que el Señor Dios se sirve para mostrarnos su cólera y la irritación que le produce nuestra desenfrenada conducta. De aquí que el clero, interpretando los sentimientos de todas las muchedumbres, ordene rogativas inmediatamente que estas calamidades sobrevienen: si no han llegado a sobrevenir, para desagraviarle antes que descargue su furor sobre nosotros.

Dos composiciones poética populares, recogida una de ellas por el Sr. Pitré en su obra Canti popolari siciliani, y otra publicada en la que lleva por título Legende popolari siciliani, de Salvatore Salomone Marino, prueban una vez más la verdad de la opinión que indicamos en otro artículo y confirmamos hoy. Aludiendo al terremoto que produjo la cosnternación de la ciudad de Palermo en el año 1823, la leyenda de Borgetto dice:

Gesú ¡misericordia!

la terra trema tutta

s a’funna, si subbissa

comu na varca rutta:

Li mura annaculiann,

cadino en ruina:

é  l’urtima stirminiu

l’urtima siritina.

…………………………..

Senti sta vuci, populu!

facemu pinitenza:

lu Summu Diu sdignatu

chi fragelli dispenza!

Del terremoto de Sicilia ocurrido en 1693, la leyenda citada por Pitré dice, entre otras cosas, lo que sigue:

Trema la terra ea nun piccatu:

Pensa como tremu iu ca peccu ogn’ura.

y en otro pasaje:

Contra Catania fu adiratu Diu

La nissunu di chiddi si sarvau.

La idea de que todos estos males, como las tempestades, aluviones, etc… etc.., son debidos a la voluntad de Dios irritado y ofendido por los hombres, hállase confirmada en estas explícitas y autorizadas palabras de Salomone Marino: «La representación del Cristo indignado por los pecados de los hombres, a los que manda un terrible azote, y de María, que, con sus ruegos e interponiendo su autoridad de madre, se opone a sus deseos y aplaca sus rigores, se encuentra con frecuencia en las leyendas populares sicilianas referentes a los terremotos, aluviones, epidemias y desastre de toda clase».

Los pobres vecinos de Albuñuelas, Benzar, Churriana, Aleaucin, Macharaviaya, Archidana, Puebla, Algarrobo, Periana, Jayena, Murchas, Santa Cruz, Vélez Málaga, Nerja y tantos otros pueblos de la provincia de Granada y Málaga como han sufrido las desgracias consiguientes a los temblores de tierra allí ocurridos desde el 25 al 31 del próximo pasado, no podrán menos de leer con amargura la explicación que da elpueblo siciliano de las desgracias ocurridas en Catania, por la cual vienen a resultar ellos mas pecadores que los de otras provincias y capitales de España, donde, como en Madrid ha acontecido, apenas si nos hemos percatado del temblor de tierra, sin duda poque la Divinidad ha elegido para castigarnos en sus altos e inescrutables designios otro género de calamidades.

La tradición que atribuye a la venganza de la Divinidad los males con que de continuo nos vemos afligidos y castigados, se halla extendida por todos los pueblos católicos; quizás estudiada a fondo, no es más que la repetición de una sola voz que se impone y mata los ecos particulares que un oído fino puede percibir dentro de esa inmensa voz que se llama voz popular.

Semejante tradición, resultante de un mundo menos interesante para el folklorista y para el hombre de ciencia que esas otras concepciones de la mente humana que, aunque más primitivas, dan una idea más clara acerca del fenómeno a que se refieren: concepciones de mucho más interés para los que pretenden seguir el curso de las evoluciones del pensamiento humano desde sus primeras fases hasta el grado de adelanto que alcanzan en los sistemas científicos de los pueblos modernos.

¿Por qué tiembla la tierra, se preguntan también los habitantes de la Pilinesia, los indios de la América del Norte y otras muchas tribus de que nos habla Tylor, en su excelente obra Civilización Primitiva?. Para que la tierra tiemble, contesta, preciso es que haya un ser encargado de hacerla temblar. Este poder.que los católicos conceden a la Divinidad irritada, lo atribuyen muchos pueblos salvajes a monstruos de naturaleza diversa que presentan ora caracteres de hombres.ora caracteres de animales. Para los Tonganos, Mauy sostiene la tierra sobre su cuerpo extendido: cuando se vuelve para tomar una posición más cómoda se produce un terremoto. Otra versión mítica, en que se enlaza el mundo subterráneo al que el sol se retira todas las noches con la regiones volcánicas, supone que el viejo Mauy, que custodiaba el fuego en el Bolotá o mansión de los muertos, fue sorprendido por el joven Mauy, que pretendió y consiguió arrebatárselo, presentándose para ello a la entrada de la caverna. Tras una encarnizada lucha, el joven venció, y el viejo Mauy, rendido de fatiga y aporreado, quedó tendido en tierra cuan largo era: cad vez que el anciano vuelve de su letargo, la tierra tiembla.

La explicación de qque el robo del fuego subterráneo influye en los terremotos, es muy digna de estudio para los hombres científicos: un filósofo, un  metafísico, que tanto monta como decir un mistificador de nuestro días, hallaría en la coincidencia de este mito salvaje y la teoría científica dominante un asunto digno de sus elucubraciones y de repetir una vez más el aforismo tan mal interpretado como socorrido de que nihil novum sub sole. Después de todo, diría, si el enfriamiento de la tierra y el desprendimiento del fuego central por los cráteres de sus volcanes influye en los terremotos, ¿qué alusión más palpable a este fenómeno que la lucha entablada entre el joven y el viejo Mauy por apoderarse del fuego subterráneo, cuya pérdida produjo el letargo del anciano y los estremecimientos de nuestro globo?

La idea de que la tierra está sustentada por animales, hállase muy extendida. En las islas Célebes se supone que la sustenta un animal que solo con perdón puede nombrarse. Los elefantes entre los indios, las ranas entre los mongoles, el toro entre los musulmanes, son los animales encargados de sostener la tierra: cuando ellos cambian de posición, la tierra se estremece y tiembla.

Entre los telscalas, según nos informa Tylor, las divinidades encargadas de sustentar el mundo se cansaban de sostenerlo y se lo pasaban de unos a otros: entonces la tierra temblaba; este mismo mito se encuentra en Asia.

Los canchadales refieren que Tuil, el dios de los temblores de tierra, se pasea en trineo por bajo del suelo, y que cuando el perro que tira de este trineo se sacude las pulgas o la nieve, se produce un terremoto. ¡Malas pulgas, dirán los canchadales, tiene el perro de Tuil!.  Ta-Ywa, héroe solar de los karens, colocó a Sbie-Soo bajo tierra para que la llevase: cada vez que se mueve produce un terremoto.

Estas ideas y creencia, y mitos referentes a la causa que produce los temblores de tierra, son dignos de estudio y envuelven una explicación del fenómeno mucho más interesante que la que nos suministra la tradición católica, y no muy diversa, acaso, de la qwue encontramos en los libros de los siglos pasados; prueba de que la ciencia tiene en el Folk-Lore documentos de estudio muy importantes.

La opinión de que entre los volcanes y los terremotos existe una relación que a la geología toca explicar científicamente, es una creencia extendida sin duda en las repúblicas del Centro América, país eminentemente volcánico.

Un primo hermano mío, el Sr. D. Angel Machado, que tiene su residencia habitual en Guatemala, me ha referido una creencia por extremo curiosa y al parecer bastante arraigada entre los indios. Existe no lejos de Petapa, pueblo de la jurisdicción de Amatitlan, una finca llamada Las Pedreras, y enclavada en ella un cerro al que, por su configuración especial, dan los habitantes de aquella comarca el nombre de La Cerra. Este cerro redondo y desnudo de vegetación, que tiene en una se sus prominencias una grieta semejante en forma a la linda concha, también de América, conocida por los naturales con el nombre de Dione Lepandría, suponen los indios que sostiene relaciones con el volcán Pacaya, distante de él unas cinco leguas y que desempeña en ellas el papel de hembra. Cada vez que el volcan y La Cerra desean unirse se producen los temblores de tierra.

Añade mi primo que el temor que los indígenas tienen a perpetuar dichos amores es tal, que habiéndosele escapado una noche una yegua cerca de la Cerra y mandado a uno de sus capataces que fuese a buscarla, éste, no obstante ser hombre de gran valor, y por todo extremo sumiso, se negó  a obedecerlo, confesándole el espanto que le producía el atravesar aquellos sitios pasada la media noche, hora que acaso consideraba la más a propósito para las caricias conyugales del volcán, hoy apagado, y el cerro en cuestión.

La curiosa creencia que acabamos de referir, y la ciscunstancia de llegar este periódico por su inmensa circulación a las repúblicas centro americanas, nos mueve a rogar a los amigos que tenemos en ellas, que tengan la bondad de recoger y remitirnos las creencias, supersticiones y leyendas vulgares que en aquellos Estados circulen respecto a las relaciones que existen entre volcanes y los terremotos, con lo que prestarán

Referencia a los trabajos de Antonio Machado Álvarez publicada el periódico «La Alhambra» el día 30 de enero de 1885

La Alhambra – pág. 7 – 30 01 1885

Manuel Álvarez Machado

MANUEL MACHADO y su relación con AHILLONES y la CAMPIÑA SUR

MANUEL MACHADO Y SU RELACIÓN CON AHILLONES Y LA CAMPIÑA SUR

Hace unos días descubrí este artículo, escrito en dos partes, sobre la presencia, repetidas veces, de MANUEL MACHADO y su esposa Eulalia Cáceres en el pueblo de  Ahillones, en la Campiña Sur de Badajoz.

La verdad es que algo había oído en el entorno familiar, pero apenas habían sido unas pocas referencias amparadas en escasos datos. En principio solo eran breves recuerdos sobre unos familiares que estuvieron afincados, allá por los años de 1920, en esta población extremeña, de los que se acordaban tanto Manuel Machado como su esposa Eulalia, sin más aclaraciones que indicaran las causas y los motivos.

Creo que queda mucho por investigar sobre estos hechos, pero el tiempo nos aportará novedades o matices sobre los Machado y Ahillones.

Ahora puedo añadir que en un pueblo cercano, Guadalcanal de la Sierra, hoy provincia de Badajoz, antaño lo fue de Sevilla, Antonio Machado y Álvarez tuvo un buen amigo que había sido compañero de estudios en la Universidad de Sevilla, que se llamaba Juan Antonio de Torre Salvador. Fue con frecuencia a visitarle y probablemente aprovechara el viaje para visitar Llerena, Puebla del Maestre y Ahillones, y a los amigos y familiares que en estas poblaciones tuvo y tenía por parte de su madre Cipriana Álvarez Durán.  Mujer que colaboró con su hijo en la búsqueda y recopilación de poesía y cuentos populares, además de todo tipo de referencias con la cultura popular, lo que se llamó, con terminología inglesa, Folk-Lore; tanto es así que en la zona llegaron a conocerla por el nombre de “la mujer de los cuentos”.

En relación con Juan Antonio de Torre Salvador, creo que falleció en 1904, fue abogado, periodista y poeta. Publicó bajo el nombre de “Micrófilo”. Pocos fueron sus poemas conocidos, solo algunos que publicados en diarios de la época fueron recogidos por algunos estudiosos del autor. Se sabía que a su muerte en Guadalcanal, ciertas “fuerzas vivas” de la población quemaron su librería y todos los documentos que encontraron con la intención que no quedara rastro ni de él ni de su obra, pero… alguien pudo evitar la quema de un voluminoso libro con sus poemas rcopilados y manuscritos por el autor;  no se si en manos de la misma persona y supongo que herederos, estuvieron “escondidos” durante cien años, hasta que… en una “librería de viejo” de Madrid, apareció el libro, y gracias a un especialista en la búsqueda de este tipo de libros “especiales” al que le había solicitado todo aquello que tuviera relación con mi bisabuelo Antonio Machado y Álvarez, me lo ofreció. No lo dudé y lo compré. Contiene toda la obra literaria, en verso, manuscrita, de Juan Antonio de Torre Salvador, entre la que se encuentran los versos dedicados, estos sí conocidos, a su paisano, escritor y político Bravo Murillo.

El libro manuscrito lleva el siguiente título y fecha:

 

Versos de Micrófilo

Guadalcanal, 24 del 9º. de 1884.

Este manuscrito se lo ofrecí a instituciones culturales del mayor prestigio en España y sus Comunidades y no manifestaron ningún interés más allá del “ya veremos”. Han pasado más de quince años y seguimos esperando “el que lo vean”.

Bueno, en una revista digital que publiqué hace más de diez años, y que respondía al nombre de antoniomachado.com o revistamachadiana.com aporté copias digitalizadas de la portada del libro y de alguna de sus más de cuatrocientas páginas.

Pero, en fin, en otro momento volveremos sobre el tema, aunque pocos deseos me quedan de ceder el libro a nadie, a lo sumo prestarlo para alguna exposición sobre el autor.

 

 

Ahora pasemos a los trabajos realizados y escritos por Antonio Marín Guerrero.

 

Antonio Marín Guerrero·

MANUEL MACHADO Y SU RELACIÓN CON AHILLONES Y LA CAMPIÑA SUR

 

A). PRIMERA PARTE

 

Una mañana de un día cualquiera de verano, mediados de la década de los setenta, llevé a casa un suplemento dominical, creo, del periódico “HOY”.

 

En sus páginas, un amplio reportaje sobre los hermanos Machado ilustrado con fotografías diversas. Cuando la curiosidad de mi abuela Josefa la llevó a hojear y a ojear la revista, repara en unas fotos que para ellas son familiares.

 

Se trata de aquéllas que recogen instantáneas de don Manuel Machado y de su esposa doña Eulalia Cáceres.

 

La curiosidad de mi abuela despierta la mía y ella la satisface comentándome que la pareja antes citada solía pasar, tiempo ha, algunas temporadas en Ahillones, acompañada de doña Carmen Cáceres, hermana de la mujer de Manuel Machado, siendo anfitriones de tan ilustres personajes los hermanos don Luis y doña Matilde Durán, esta última esposa de don Narciso Maesso, con los que el matrimonio Machado – Cáceres mantenía una estrecha relación de parentesco y amistad.

 

En aquella época, el mayoral de la casa de don Narciso era José Dolores Durán, padre de mi abuela y, consiguientemente, bisabuelo materno mío. Y, según testimonio de mi abuela, el poeta solía acompañar a su padre, el mayoral, por las vastas posesiones de su patrono, incluidas las tierras de Reina, en las diferentes ocupaciones de éste, que su cargo requería. Y mantenían amigables charlas. El poeta mostraba mucho interés por todas las cuestiones relacionadas con la agricultura y la ganadería, prestaba atención especial a las relaciones amos-criados y le comentaba algunas curiosidades de su actividad literaria, que a mi bisabuelo deberían parecerles “un poco raras”; entre otras, que estaba trabajando en una obra llamada “La Lola se va a los puertos” y en la que incluiría algunas de sus vivencias en Ahillones.

 

Hasta ahí el testimonio de mi abuela, que yo recuerde. Poco después falleció.

 

Desde hace tiempo, rondaba por mi cabeza comprobar datos y ordenarlos. Y gracias a la inestimable colaboración y al interés de mi madre, que mantenía vivos esos recuerdos, pude reconstruir la mayor parte de la historia. Poco tiempo después de publicar este trabajo murió con la satisfacción de haber visto recompensado su esfuerzo. También he contado con otras colaboraciones, tal como queda recogido al final del mismo.

 

  • -MANUEL MACHADO (Sevilla, 1874, Madrid 1947). Carácter extrovertido, bohemio, juerguista, de “alma andaluza”. Destaca en el mundo de la literatura, principalmente, como lírico, siendo uno de los más destacados exponentes del Modernismo. También cultivó el teatro en el que, en colaboración con su hermano Antonio, cosechó grandes éxitos en obras como Las adelfas, La duquesa de Benamejí o la más aplaudida de todas: La Lola se va a los puertos.

 

Aunque ambos hermanos tenían caracteres diferentes, su compenetración literaria y humana fue ejemplar. Desgraciadamente, La Guerra Civil Española, como sucedió con otras muchas familias, deparó para ambos finales bien distintos. Mientras el autor de Campos de Castilla murió en Colliure (Francia) fiel a sus principios republicanos, Manuel Machado terminó, parece ser que, condicionado por las circunstancias, compartiendo la causa de los militares rebeldes.

 

La relación de los Machado, no sólo con Ahillones, sino con la zona, viene de muy lejos. Rastreando en la obra del célebre hispanista de origen irlandés, hoy nacionalizado español, Ian Gibson “La vida de Antonio Machado ligero de equipaje” (Editorial Aguilar 2006) podemos extraer los siguientes datos:

 

  • JOSÉ ÁLVAREZ GUERRA: nacido en Zafra en el seno de una familia culta, liberal y hacendada. Biografía interesante y original. Participó activamente en La Guerra de la Independencia y ejerció gran influencia en la vida política de su época. Era el bisabuelo paterno de los Machado.

 

  • CIPRIANA ÁLVAREZ DURÁN: Hija del anterior y esposa de Antonio Machado Núñez, abuelos paternos de los hermanos Machado. Residió en Llerena gran parte se su niñez. Recibió una formación privilegiada para su época. En Llerena era conocida con el apodo de “La Mujer de los Cuentos”. Gran aficionada a la literatura, era una apasionada de los romances y de las coplas. Llevó a cabo, sobre todo en Llerena, sus propias investigaciones folklóricas y publicó un libro sobre cocina extremeña. La relación abuela–nietos fue siempre muy entrañable. Éstos dicen de ella: “Era una gran conversadora, de admirable carácter lleno de simpatía”.

Ignacio R. Mena Cabezas aporta datos muy interesantes sobre la figura de esta gran mujer en su trabajo “Notas sobre el folklore en Llerena en el tránsito del siglo XIX al XX: Cipriana Álvarez Durán” (I Jornada de Historia de Llerena). Siguiendo sus pistas, nos topamos con una leyenda sobre EL CASTILLO DE REINA tomada de la Biblioteca de las Tradiciones Populares Españolas, TomoVI, 1884, de Antonio Machado Álvarez (Demófilo), padre de los hermanos Machado. Dice que la escuchó su madre en una huerta de Llerena. La transcribo a continuación.

 

EL CASTILLO DE REINA

 

“Reina es una pequeña población, en la carretera que va de Llerena a Cazalla de la Sierra. Colocada en la falda de un castillo, está sólo a unos kilómetros de Casas de Reina y la antigua ciudad romana de Regina. La leyenda sobre el castillo es la siguiente:

 

Dentro del castillo de Reina vivía un rey moro, y en la parte baja una reina cristiana, que pidió permiso al rey para hacerle una visita con sus doncellas, e hizo vestir a sus soldados de mujer y los hizo subir con ella al castillo del rey moro; éste les dio un gran convite y los llevó después a pasear y conocer el castillo. Llegados a un sitio desde donde se veía el jardín de la reina por la muralla, ésta dejó caer un pañuelo y el rey, para ver si lo cogía, adelantó el cuerpo y la reina lo empujó, dejándolo caer al huerto. Muerto el rey, la reina con sus soldados se apoderó del castillo, y en satisfacción de este bien concedido por la Virgen de las Nieves, a quien se encomendó, edificó allí la capilla que hoy existe. A la tradición anterior se refiere la siguiente copla:

La Virgen de las Nieves

 

puesta en la altura

desde allí se divisa

toa Extremadura “

 

Es de suponer que los hermanos Machado estarían al tanto del origen de su abuela y de su vinculación con la Baja Extremadura, toda vez que el peso e influencia de esta en la familia eran muy importantes.

 

Fernando T. Pérez González en su obra “La genealogía extremeña de Agustín Durán (erudito bibliófilo), dice:” El detalle de la mitad extremeña de D. Agustín Durán no es insignificante (…). La familia conservó sus vínculos y propiedades en Extremadura (…) Ese año, doña Cipriana otorgaba poder a su cuñado Juan Álvarez Guerra para que la representase en la liquidación de la herencia de su padre. (…) . Pero (…). Y delegó finalmente en los hermanos de doña Cipriana, don Agustín, abogado en Madrid, y don Luis María, presbítero en Ahillones.”

Ahillones, 7 de junio de 2021.

(A.M.G

 

 

 

B).   SEGUNDA PARTE

 

En el año 1910, Manuel Machado contrae matrimonio con su prima Eulalia Cáceres. Y es a partir de esta fecha cuando hay que situar las venidas del matrimonio al pueblo de Ahillones, siempre acompañado de Carmen, hermana de Eulalia. Los tres solían pasar algunas temporadas, como más arriba queda reseñado, en las casas de don Narciso y de doña Matilde (hoy propiedad de la familia Muro-Ruano) y de Don Luis Durán (hoy propiedad de las familias Castillo-García y Barthe-Céspedes), después de que fuera dividida en dos mitades. Las hermanas Eulalia y Carmen son recordadas como dos mujeres muy discretas y piadosas. (Ambas terminaron en un convento).

 

LA LOLA SE VA A LOS PUERTOS:

 

Comenzó a gestarse hacia 1919 y se estrenó en Madrid el 8 de noviembre de 1929, siendo sus actores principales los inolvidables Lola Membrives y Ricardo Puga. La autoría de la misma es de los hermanos Antonio y Manuel. Pero ambos debieron trabajarla por separado y, periódicamente, se reunirían para unificar criterios, perfilar los caracteres de los personajes, fijar el texto… Se sabe, antes lo comentaba, que, coincidiendo con sus estancias en Ahillones, Manuel trabajaba afanosamente en la parte de la obra a él encomendada, lo que hace suponer que sus visitas a este pueblo seguirían produciéndose hasta próximo el estreno de la misma.

 

Invito al lector a que lea esta obra para que pueda comprobar hasta qué punto es deudora de las vivencias del mayor de los hermanos entre nuestros antepasados, como él mismo se lo había hecho saber al mencionado José Dolores.

 

He aquí algunos ejemplos:

 

  • Don Luis es uno de los personajes centrales de la obra.
  • Don Narciso es otro personaje de cierta relevancia.

 

Ambos encarnan papeles de señoritos y sus nombres coinciden con los de sus anfitriones. ¿Pura coincidencia?

 

– En la escena XI del segundo acto puede leerse (transcripción literal):

JOSÉ LUIS

 

Yo no entiendo una palabra

de fiestas de campo…

DON DIEGO

“Eso

es lo de menos… Tú hablas

con el mayoral, José

Dolores, para las vacas

y los becerros; Guerrero,

el picador, de las cuadras

puede sacar hasta doce

caballos.”

(…)

 

Como antes vimos, el mayoral de don Narciso se llamaba José Dolores; y Guerrero, además de ser uno de los apellidos más comunes de Ahillones, era el apellido de un caballista de don Narciso, según información que he podido recabar. ¿Pura coincidencia también?

 

Escena X, primer acto:

 

JOSÉ LUIS

“O me iré con los criados

a la cocinilla…”

¿Eso de irse con los criados a la cocinilla no es una expresión muy común por nuestra zona?

 

Pero la obra aporta otros elementos que a mí me parecen deudores de lo observado por el poeta en Ahillones: descripciones de lugares (en las acotaciones), ciertas expresiones locales, aspectos referentes a las relaciones amos-criados… Aunque éstos son más discutibles.

 

Por eso, el lector interesado debería recurrir a la lectura de la misma para sacar sus propias conclusiones. Igualmente, con el mismo fin, recomiendo la lectura de los poemas Paisaje y Regreso.

 

Hace unos años, Carmen Muñoz Martín encontró en su casa de “La Madrileña”, antes de que pasara a ser propiedad de la familia Barthe-Céspedes, un ejemplar de La Lola se va a los puertos con dedicatoria manuscrita de Manuel Machado a doña Luisa Durán Laguna, hija de don Luis Durán. Este ejemplar, desgraciadamente, ha desaparecido. Como desaparecidos están unos poemas manuscritos compuestos por el poeta para las hermanas doña Dolores y doña Nieves Maesso Maesso, según testimonio de su sobrina Pilar Maesso Delgado, para ser recitados por aquellas con motivo de una celebración de carácter religioso. Según me comenta Pilar, doña Victoriana Delgado Guerrero (persona muy vinculada a Reina, ya que su familia trabajó en la finca de Torres, propiedad de la familia Maesso, durante muchos años) mantuvo estos versos vivos en su memoria hasta su fallecimiento. Hecho que también es confirmado por su hija Mari Marín, Como también me comenta Pilar que en la casa de su tía Narcisa (familia Muro Ruano) a la habitación que ocupaba el matrimonio formado por don Manuel Machado y doña Eulalia Cáceres en sus estancias en Ahillones la siguen denominando la de tío Manuel, en recuerdo al insigne poeta.

 

EPÍLOGO

 

Con este trabajo he pretendido aportar y aportarme un poco de luz sobre la noticia difusa de la presencia de Manuel Machado en Ahillones y la vinculación de su familia con la Campiña Sur. No sé si lo habré conseguido. En cualquier caso, es un trabajo revisable y susceptible de matizar; y puede ser el esbozo de otro más elaborado y documentado. Se trata, en suma, de un trabajo abierto. Por eso, si alguna persona quisiera hacer cualquier aportación, gustosamente la recibiré.

 

Han colaborado: María Guerrero, Mari Carmen Guerrero, Eva Rangel, Juan Antonio Noriego, Carmen Muñoz, Pilar Maesso, Victoriana Delgado, Mari Marín.

 

A todos y todas, mi más sincero agradecimiento.

Ahillones, 9 junio de 2021

 

 

Antonio Marín Guerrero.

Fachadas de las casas en las que solía quedarse el matrimonio formado por don Manuel Machado y doña Eulalia Cáceres.

 

 

A continuación reproduzco comentarios que añadí, “sobre la marcha” en Facebook a lo artículos de Antonio Marín Guerrero y Marisa Guerrero Martín el día 8 de junio de 2021.

 

  Manuel Alvarez Machado

Manuel Machado Ruiz y Eulalia Cáceres Sierra no tuvieron hijos; Tampoco su hermano Antonio, pero sí sus hermanos José y Francisco. Cada uno tuvo tres hijas, siendo las mayores las hijas de Francisco Machado. Las seis ya han fallecido.

 

La segunda y la tercera de José en Santiago de Chile. La mayor, de nombre Eulalia en MADRID a principios de este siglo XXI. Las tres hijas de Francisco también han fallecido. La última, la más joven de las tres, falleció en 2017 en Madrid, con 93 años, se llamaba Leonor (era ahijada de su tío Antonio Machado) y fue mi madre.

 

 

  Manuel Alvarez Machado

Parte de los antepasados de los hermanos Machado Ruiz eran extremeños. De Zafra, y de Puebla del Maestre, pero vivieron también en LLerena, y en Ahillones. Habiéndose, algunos, desplazado para vivir en Madrid, El Escorial, Sevilla, Utrera, Alcazar de San Juan y Lillo.

 

 

  Manuel Alvarez Machado

Manuel Machado se casó con su prima segunda Eulalia Cáceres Sierra, siendo sus abuelos maternos Don Manuel Sierra y Gatto, natural de Sevilla y Doña Eulalia Durán Llamazares, natural de Ahillones.

 

El parentesco con la familia Machado es por parte de Manuel Sierra Gatto, que aunque sevillano, su familia – los Gatto Durán – provenían de Puebla del Maestre. De esta población cercana a Ahillones, Llerena y Zafra, fue el padre de Agustín Gatto Durán de Vicente Yañez (abogado en Madrid, primer director de la Biblioteca Nacional y recopilador, entre otras obras y trabajos, del Romancero General) y de Cipriana Gatto Durán de Vicente Yañez, bisabuela de nuestros poetas Manuel y Antonio Machado, y madre de la abuela de los mismos, Cipriana Alvarez Durán, que pasaba largas temporadas en Llerena, donde vivían dos de sus hermanos, (a veces tres), viviendo uno más en Zafra

 

  Manuel Alvarez Machado

Los padres de Cipriana Álvarez Duran y sus hermanos,. fueron José Álvarez Guerra y Cipriana Durán de Vicente Yañes. El primero nacido en Zafra y la segunda en Madrid.

 

  Manuel Alvarez Machado

Los padres de José Álvarez Guerra fueron Francisco Javier Álvarez Martínez y Ana Guerra Caballero, ambos nacidos en Zafra. El hermano mayor de José Álvarez Guerra, Juan Álvarez Guerra, fue dos veces ministro, con Fernando VII la primera y con la reina Isabel la segunda, siendo regente María Cristina, en 1814 y 1834, respectivamente. En 1814 fue detenido por el rey por ser liberal y anti-absolutista, cuando aquél regresó a Madrid, imponiendo sus poderes absolutistas gracias al conocido Manifiesto de los Persas.

 

  Manuel Alvarez Machado

Yo, personalmente conocí a Eulalia. La primera vez en casa de mis padres en Madrid, adonde había ido con autorización de sus superioras en la orden del Cottolengo, por asuntos particulares; la segunda en el año 1973 en Barcelona,  pues fui a visitarla al estar yo unos días en la ciudad Condal. La recuerdo perfectamente y ella me reconocíó de su visita a Madrid que he indicado

 

 

  Manuel Alvarez Machado

Mi correo e-mail es m.alvarezmachado@gmail.com Para cualquier duda o pregunta que estiméis oportuna, no dudéis en preguntarme. Y podéis leer un blog sobre temas machadianos que edito y escribo en antoniomachado.blog o en facebook con mi nombre Manuel Álvarez Machado

 

  Manuel Alvarez Machado

Aprovecho este correo para indicaros mi satisfacción por este encuentro familiar, casi olvidado o con escasas referencias.

 

  Manuel Alvarez Machado

Lástima no habernos conocido antes. En 1912, creo, estuve en Zafra con el historiador de la ciudad José María Lama, y junto a mi buen amigo Ian Gibson ofrecimos unas conferencias, en el PARADOR, sobre los antepasados extremeños de los Machado. Inclusive estuve presente, poco tiempo antes, en la inauguración de escultura dedicada a los «doceañistas de Zafra», entre los que figuraban Juan Alvarez Guerra y José Álvarez Guerra, escultura instalada frente a la puerta del Parador y en la plaza jardín que allí se encuentra.

 

Espero que en breve sigamos estas investigaciones.

 

 

 

 

Jean Ferrat – Les Poetes

 

Letras
Je ne sais ce qui me possède
Et me pousse à dire à voix haute
Ni pour la pitié ni pour l’aide
Ni comme on avouerait ses fautes
Ce qui m’habite et qui m’obsède
Celui qui chante se torture
Quels cris en moi quel animal
Je tue ou quelle créature
Au nom du bien au nom du mal
Seuls le savent ceux qui se turent
Machado dort à Collioure
Trois pas suffirent hors d’Espagne
Que le ciel pour lui se fît lourd
Il s’assit dans cette campagne
Et ferma les yeux pour toujours
Au-dessus des eaux et des plaines
Au-dessus des toits des collines
Un plain-chant monte à gorge pleine
Est-ce vers l’étoile Hölderlin
Est-ce vers l’étoile Verlaine
Marlowe il te faut la taverne
Non pour Faust mais pour y mourir
Entre les tueurs qui te cernent
De leurs poignards et de leurs rires
A la lueur d’une lanterne
Etoiles poussières de flammes
En août qui tombez sur le sol
Tout le ciel cette nuit proclame
L’hécatombe des rossignols
Mais que sait l’univers du drame
La souffrance enfante les songes
Comme une ruche ses abeilles
L’homme crie où son fer le ronge
Et sa plaie engendre un soleil
Plus beau que les anciens mensonges
Je ne sais ce qui me possède
Et me pousse à dire à voix haute
Ni pour la pitié ni pour l’aide
Ni comme on avouerait ses fautes
Ce qui m’habite et qui m’obsède

 

Pilar de Valderrama no es la Guiomar poética de Antonio Machado

Pilar de Valderrama no es la Guiomar poética de Antonio Machado

Libros consultados para realizar este artículo donde afirmo que Pilar de Valderrama no es Guiomar

Pilar Valderrama no es la Guiomar poética de Antonio Machado

Ángel Almazán de Gracia

Soy de los machadistas  (especialmente  quiero citar a Miguel Ángel Baamonde)I que niegan que el personaje poético femenino «Guiomar» corresponda a Pilar de Valderrama. Compilemos fechas porque la cronología ayuda a elucidar cuestiones diversas que confluyen en la vida-obra de Antonio Machado.

Conocido es que Antonio Machado y Leonor Izquierdo se casaron en Soria el 30 de julio de 1909: él con 33 años, ella con 15 (la edad jurídico-legal autorizada entonces). Lo que ya no es tan conocido es que junto a la desembocadura del Bidasoa en el Cantábrico, asentados en Fuenterrabía, vivieron su luna de miel, que imaginamos fue apasionada. Estuvieron en Fuenterrabía al menos mes y medio.

Sabemos que el matrimonio con Leonor finaliza con la muerte de ésta en 1912, el 1 de agosto, día pancelta de Lugnasad por cierto. Machado se marcha inmediatamente  de Soria y no regresará hasta que le homenajean el 5 de octubre de 1931 (importante fecha a registrar para el affaire Machado-Pilar de Valderrama). Y Leonor, su Leonorina (como así la llamaba en vida), se convierte, tras su muerte, en la gran musa cuando, ya en Baeza, su ausencia se hace presente «cada día, todavía» en su imaginación creadora poética.

A finales de mayo de 1928 conoce a Pilar de Valderrama en Segovia. Ella está casada, tiene 22 años menos que él, es una mujer culta y poetisa, pero está casada con un hombre que le ha sido infiel y, además, su casta social es la alta burguesía y, para más inri, es católica-apóstólica-romana y políticamente monárquica y de derechas, o sea,  muy opuesta a la ideología republicano-institucionista-krausista del anticlerical Antonio Machado. Y pese a ello, una de las «partes heterogéneas» o «conciencias individuales» de Antonio Machado se enamora de Pilar Valderrama, sólo una de ellas, la que se plasma en las 36 cartas conservadas suyas, escritas desde el 11 de enero de 1929 a julio de 1932.

Así que para nada niego que Pilar Valderrama (1889-1979) deja embobado-abobado al poeta sevillano, pero rechazo que ella sea Guiomar, y ciertamente nunca la llamó así en sus cartas, pero sí que se apropió ella de tal nombre décadas después con su libro póstumo, de 1981, Si, soy Guiomar. Memorias de mi vida (recordemos que Machado había fallecido en 1939).

¿Cuándo aparece la figura-imago literaria de Guiomar con su nombre propio? Si vamos a las Obras Completas de 1933, con el numeral CLXXIII, vemos agrupados tres secciones poéticas bajo la denominación Canciones a Guiomar completando De un Cancionero apócrifo. ¿Pero qué heterónimo es el autor de tales Canciones a Guiomar? No se adscriben ni a Abel Martín -pese a encuadrarse en su teoría erótica-, ni tampoco a Juan de Mairena, ni al discípulo de éste, Jorge Meneses…

¿Qué consciencia individual del caleidoscopio de autorías machadianas puede ser su autor entonces..? La respuesta que encuentro es el heterónimo homónimo al poeta demiúrgico, esto es, el apócrifo Antonio Machado, uno de los 34 autogenerados (cinco ensayistas, seis filósofos y veintitrés poetas). Un apócrifo Antonio Machado que surge en su primer Cancionero apócrifo recogido en los papeles Los complementarios, y del que aporta esta breve e irónica biografía: «Nació en Sevilla, en 1895. Fue profesor en Soria, Baeza, Segovia y Teruel. Murió en Huesca, en fecha no precisada. Algunos lo han confundido con el célebre poeta del mismo nombre, autor de Soledades,  Campos de Castila, etcétera».

Guiomar reaparecerá en poemas insertos en el octavo artículo de la serie periodística Juan de Mairena publicado el 3 de enero de 1935 en Diario de Madrid y que se incluyen después en la edición de Obras completas del año siguiente, 1936, con el numeral CLXXIV bajo el título agrupado de «Otras canciones a Guiomar. A la manera de Abel Martín y de Juan de Mairena« (en donde se incorporan los poemas VII y VIII, ausentes en Diario de Madrid que son los que cabe suponer están escritos «a la manera de Juan de Mairena» ya que los anteriores, en Diario de Madrid, Mairena los atribuye a Abel Martín, su maestro).

El heterónimo Abel Martín surge en 1925 aunque su obra, su segundo Cancionero apócrifo, se publica en Revista de Occidente, nº XII y XIII (mayo-junio de 1926), por tanto ambos (Abel Martín y su Cancionero apócrifo) son coetáneos del inicio de la colaboración teatral de los dos hermanos, Antonio y Manuel, ya que el 1 de junio de 1925 concluyeron el primer acto de Desdichas de la fortuna, o sea, que son contemporáneos de otra de las personalidades caleidoscópicas machadianas, la del demiúrgico creador de personajes teatrales.

Y dicho todo lo anterior, retorno al origen de este artículo. Decía al inicio de mi escrito que los poemas «apócrifos» de «Otras canciones a Guiomar» van a servirme para demostrar que Guiomar no es Pilar de Valderrama.

He aquí los versos de la primera canción, la que tiene como referencia geográfica la playa de Fuenterrabía y en cuyos tres primeros versos, por cierto, encuentro una evocación a la Dama Blanca becqueriana de El Rayo de Luna.

I

¡Sólo tu figura,
como una centella blanca,
en mi noche obscura!

 ¡Y en la tersa arena,
cerca de la mar,
tu carne rosa y morena,
súbitamente, Guiomar!

 En el gris del muro,
cárcel y aposento,
y en un paisaje futuro
con sólo tu voz y el viento;

 en el nácar frío
de tu zarcillo en mi boca,
Guiomar, y en el calofrío
de una amanecida loca;

 asomada al malecón
que bate la mar de un sueño,
y bajo el arco del ceño
de mi vigilia, a traición,
¡siempre tú!
Guiomar, Guiomar,

 mírame en ti castigado:
reo de haberte creado,
ya no te puedo olvidar.

Me ha resultado asombroso que, en la biografía novelada de la extraña relación mantenida entre Pilar Valderrama y Antonio Machado que ha escrito la conocida periodista Nieves Herrero y titulada Esos días azules, partiendo fundamentalmente de este poema haya escenificado una noche erótica tormentosa de julio de 1931 entre ambos en la playa de Hendaya (al otro lado de la desembocadura del Bidasoa, en tierra ya francesa). Y he sentido indignación al comprobar que no cita para nada la luna de miel de Antonio y Leonor en el verano de 1909. Pero es que, después, leyendo las memorias de Pilar de Valderrama constato que no menciona ni lo más mínimo a tal estancia de Antonio y Leonor en Fuenterrabía y, por tanto, en Hendaya.

Ahora bien, Pilar de Vallderrama, que tanto insistió en que la relación que tuvo con Machado fue pactada-impuesta por ella en el sentido de ser tan sólo una amistad sin contacto físico alguno (fiel a su ideario católico del cómo comportarse una mujer casada, madre y creyente), aclara ella misma que el acontecer erótico de este primer cantar no acaeció nunca con ella.

Transcribo su nota 1, a pie de las páginas 50-51 de sus memoria, porque son fundamentales en la dilucidación que planteo: que Pilar de Valderrama no es Guiomar.

«En el libro de Justina Ruiz Conde «Antonio Machado y Guiomar»? -1964- hay algunas versiones alteradas de la realidad… En la pág. 144 de dicho libro dice textualmente: ‘A San Sebastián, donde pasó Guiomar algún verano, fue más de una vez [Machado]’ y añade más abajo: «La escena pasa en La Zurriola, en una noche encendida de verano, ya casi al amanecer; los enamorados bajan después a la playa. Pretende besarla, pero ella se retrae, vuelve bruscamente la cabeza y el beso se pierde, porque cae en el pendiente». Y copia del poeta:

Y en la tersa arena
cerca de la mar…

 Yo afirmo que Antonio no fue a verme nunca a San Sebastián y, por tanto, es incierto (e increíble) que no estuviera en La Zurriola a últimas horas del anocher, «casi al amanecer»… ¿Qué hubieran dicho en mi casa? Tan sólo en el verano del año 31 fue a Henndaya, a donde nos marchamos [ella y su prole] a poco de fallecer mi madre [el 8 de mayo]. En estas fidedignas páginas explico este viaje en el que sólo estuvo dos días y en el que no nos vimos en la playa, sino en un camino que partía casi enfrente del hotelito que habitábamos, situado en la carretera que conduce a la playa. El camino iba subiendo y desde lo alto -donde estuvimos un rato sentados a media tarde- se veía el mar».

No seamos, por tanto, más papistas que el papa, como aconseja el refrán. En las 36 cartas que se conservan de Machado para Pilar de Valderrama (de ella no se conserva ninguna), en ningún momento la llama Guiomar, nunca. Y en el único poema a ella dedicado (soneto cuyo autógrafo no existe, por lo que hay que fiarse de lo que dice ella, esto es, que Machado se lo incluyó dentro de un ejemplar de La Divina Comedia de Dante que le regaló), tampoco aparece en nombre de Guiomar en verso alguno (es el soneto que empieza así: «Perdón, Madona del Pilar…«).

Y es que Guiomar forma parte de la concepción del Eros Femenino que tiene Machado plasmada por su heterónimo Abel Martín y que, en ocasiones, rememora y trata de explicar por medio de su heterónimo más conocido, Juan de Mairena. Guiomar no es una mujer física, sino una evocación poética de varios aspectos del Anima junguiana-machadiana, evocación de un amor pasado, caído en el olvido, que «se actualiza simbólicamente renovado» mediante el acto creativo poético al «mejorar el pasado» (o sea, de manera apócrifa en la terminología machadiana). Esta es mi opinión, que espero poder explicar en un futuro libro, incluida mi propuesta del posible origen de su nombre, Guiomar, distinto a todos los que han ido sugiriendo-planteando otros machadianistas.

A este respecto quiero recordar que Mairena, explicando a su maestro Abel Martín, dice a sus lectores: “Merced  al  olvido  puede  el  poeta  -pensaba  mi  maestro-  arrancar  las  raíces  de  su  espíritu,  enterradas  en  el  suelo  de  lo  anecdótico  y  trivial,  para  amarrarlas,  más  hondas,  en  el  subsuelo  o  roca  viva del sentimiento, el cual no es ya evocador,  sino  -en  apariencia,  al  menos-  alumbrador  de  formas  nuevas”.

Poética de la Imaginación Creadora, transformadora de lo vivido, que se corresponde, a mi entender, con estas reflexiones que publicara en La Vanguardia  «Notas inactuales, a la manera de Juan de Mairena» (27/03/1938):  «Si tenemos en cuenta la reversibilidad ideal de lo pasado y la plasticidad de lo futuro, no hay inconveniente en convertir la historia en novela, sin que, por ello, pierda la historia nada esencial, como espejo más o menos limpio de la vida humana. Solo así podremos sacudir la tiranía de lo anecdótico y de lo circunstancial. Creemos que no hay suficientes razones para aceptar la fatalidad de lo pasado. Reconocemos, sin embargo, que los deterministas nunca han de concedernos que lo pasado debió ser de otro modo, ni siquiera que pudo ser de muchos. Porque ellos no admiten libertad para lo futuro, y con doble razón han de negárselo a lo pretérito.Y para no entrar en discusiones, que nos llevarían más allá de nuestro propósito, nos declaramos al margen de la historia y de la novela, meros hombres de fantasía, como Juan de Mairena, cuando decía a sus alumnos: «Tenéis unos padres excelentes, a quienes debéis cariño y respeto; pero ¿por qué no inventáis otros más excelentes todavía?»…«

A tenor de esta Poética de la Imaginación Creadora, que modifica el pasado, mejorándolo como apócrifo machadianista, es fácil entender el apotegma machadiano «Hoy es siempre todavía».

Pero volvamos a Antonio Machado y Pilar Valderrama. Ambos se conocen en Segovia en marzo de 1928, según ella misma confiesa en dicha autobiografía. Y quiero recordarte que Machado reitera en más de una ocasión que «se canta lo que se pierde«, y que afirma, en sus apuntes de Los complementarios, «que toda composición requiere, por lo menos, diez años para producirse» y, por lo tanto, estos Otras canciones a Guiomar publicadas en enero de 1935 han ido formándose desde, al menos, varios años atrás, en las «galerías anímicas» de Machado. Y, vuelvo a insistir, Antonio y Leonor pasaron allí, en aquellas playas de Fuenterrabía-Hendaya, su luna de miel en 1909.

Así que no puede ser que el primer cantar de Otras canciones a Guiomar, publicado en enero de 1935, se corresponda con algo vivenciado recientemente, porque, en su creatividad poética, Machado se remonta a un tiempo bastante distanciado al momento en que escribe sus versos. Y en este proceso creativo no hace sino seguir la estela de Gustavo Adolfo Bécquer cuando afirmaba que él no escribía tras la vivencia emotiva, sino que la guardaba en el recuerdo y,  tiempo después la rememoraba vinculándola a la emoción antaño sentida, aunque ciertamente, modificada en mayor o menor grado, recreada poéticamente (a la manera apócrifa en la terminología machadiana).

Queda confirmado la distinción Pilar de Valderrama/Guiomar en el cantar segundo «apócrifo» de Otras canciones a Guiomar que Mairena nos dice que escribió su maestro Abel Martín (al que yo redenomino hermenéuticamente Abelmar Tin, así como a Leonor la veo como Guionor Leomar]:

Todo amor es fantasía;
él inventa el año, el día,
la hora y su melodía;
inventa el amante y, más,
la amada. No prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jamás.

Escrito en Soria, 1 y 6 de mayo de 2021

A la sazón, Ángel Almazán es secretario general de la Red de Ciudades Machadianas, más este artículo lo redacta, independientemente, a título personal como investigador machadista.

 

 

 

ANTONIO MACHADO vino a Getafe en tren para hacer de Rey y tuvo que volver andando

Antonio Machado vino a Getafe en tren para hacer de Rey y tuvo que volver andando

29 Abr 2020

Tenga en cuenta el lector que esta anécdota está relatada en el libro ‘Las últimas soledades de Antonio Machado. Recuerdos de su hermano José‘, siendo difícil de adaptar a ese género que mezcla la historia con la ficción, como una más de nuestras historietas. Se trata de una biografía emocional escrita en el exilio (Chile) en 1940 por el pintor José Machado Ruiz, regalo de nuestro amigo el poeta Manuel Antonio Martínez Castillo, a quien debo la idea de escribir —sabiendo él de mis manías— sobre este hecho acaecido en Getafe aunque poco conocido y del que no habíamos tenido noticia. Utilizaremos los textos de José Machado Ruiz, y de otros, entrecomillados, intercalando aclaraciones sobre el mundillo literario y artístico de la época y algunas digresiones propias de ámbito local.

La anécdota, «quizás lo menos interesante y trivial en los autores de una obra», no está fechada exactamente aunque el tercero de los hermanos Machado segura en uno de los párrafos previos que tratará de «recordar los tiempos en que [Antonio] hacía la preparación para sus oposiciones a cátedras de Francés en los institutos de provincias». Un objetivo que el autor de Campos de Castilla consiguió en 1907. También parece que aún no había aparecido la primera edición de Soledades (1903) en la que junto a otros autores, incluido su hermano Manuel o su amigo Antonio de Zayas, Francisco de Villaespesa o Juan Ramón Jiménez se aparta de los amarres y lamentos de la generación del 98 para embarcarse en el modernismo en pos de Rubén Darío, el ‘príncipe de las letras castellanas’. Suponemos, pues, que el acontecimiento que nos ocupa tuvo lugar en torno a 1900. Reseñemos entonces que Manuel Machado, nacido en 1874, tenía 26 años; Antonio, 25; y José, 21. Afortunadamente, a pesar de las numerosos reclutamientos de jóvenes para la guerra de Cuba desde 1895, ninguno de ellos tuvo la obligación de acudir a pelear en la sangrienta manigua en la que murió el poeta José Martí.

El caso es que Manuel, Antonio y José Machado Ruiz vivieron su infancia y juventud en Madrid junto a sus otros hermanos. A punto de doblar el siglo XIX, Manuel y Antonio estuvieron una temporada en París, lugar que Antonio visitaría otro par de veces, la última en 1911 con su esposa Leonor.

Ociosos tras acabar los estudios en la Institución Libre de Enseñanza y en el Instituto, los tres jóvenes hermanos Machado, inseparables como un valioso mineral amalgamado del que, con el tiempo, se extraerían tres metales preciosos, se entregaron a la vida bohemia de finales del siglo XIX y principios del XX. Una vida despreocupada, sentimental y picaresca, rica de ilusiones. Cafés de artistas, tertulias literarias, tablaos flamencos, los toros o las mujeres; todo les interesaba. José lo describe de esta forma:

«Según era nuestra costumbre, todas las tardes salíamos a dar un paseo para alejarnos de la ciudad. La camitanata solía ser muy larga y al final, invariablemente recalábamos en el café, para reunirnos con nuestro hermano Manuel, formado así la tertulia de los tres hermanos que duró hasta que llegó la guerra».

«El cariño entrañable de estos hermanos [Antonio y Manuel], —escribe el tercero, siempre en armonía— y su conjunto amor a la poesía los une en el transcurso de la existencia». Además de los tres hermanos Machado, el grupo se agrandaba con otros amigos de la infancia como el poeta Antonio de Zayas, los actores Ricardo Calvo y Antonio Vico o el poeta y dramaturgo modernista Francisco de Villaespesa. A todos les deslumbraba el azul de Rubén Darío y la rebeldía de Valle-Inclán. En unas reuniones y en otras, en todas, al fin y al cabo, se armaban, casi en ‘zafarrancho de combate’, «acaloradas disputas, discusiones y polémicas que tan frecuentes son entre las gentes de letras», y más aún, entre los poetas, como dice nuestro amigo Mariano García.

Sin embargo —relata José Machado—, «Antonio gustaba de la intimidadad y, en esas horas de recreo, de diálogo cordial, prefería la compañía de los suyos y de las personas que merecían sus estimación. De ahí que la tertulia de los Machado fuese inestable e itinerante dentro de la ciudad, esto para evitar el crecimiento excesivo del grupo, según acontecía, una y otra vez, y dar esquinazo a los tertulianos excesivamente locuaces que el poeta no soportaba».

Eran, como son siempre, «tiempos en que se preparaba —digamoslo así— el asalto al poder… literario, echando por tierra a los pobres vejetes y en el que se llegaba a veces al insulto personal. Por ejemplo, llamaban a Echegaray los neófitos más inflamados ‘el viejo idiota. Naturalmente que estos vocingleros no han sido, ni lo serán nunca, ni los mejores ni los más inteligentes, sino los más osados». Era sin embargo una época en la que resultaba fácil recoger estímulos de los intelectuales de la época.

Antonio y Manuel Machado

Antonio y Manuel Machado amaban la poesía y el teatro, de una forma irrefrenable. Es conocida la «extraordinaria» afición de Antonio al teatro. «Desde niño lo frecuentaba. Allá por el año 1900 llegó hasta tal punto que, que no solo trabajó en funciones de aficionados, sino que logró entrar en la compañía de la Guerrero, como ‘meritorio’. Estuvo toda una temporada sin conseguir en ella más que un papel de cuatro palabras. Y para eso tenía que compartirlas con otro meritorio. Una noche le tocaba decirlas a él, y otra al compañero. Al cumplirse así, una vez más, el brillante porvenir de casi todos los meritorios, que en el mundo han sido, acabó por dejarlo».

«Durante ese noviciado se pasaba las horas ante el espejo haciendo gestos y contracciones con los músculos de la cara para conseguir diversas expresiones, tomándose muy en serio —como todo lo suyo— el estudio fisiognómico».

«Por aquel entonces se gastaba el poco dinero de que disponía en ir a ver a los actores italianos y franceses que algunas temporadas venían a España. Por lo tanto conoció ya desde niño el teatro de fuera y del de dentro, por ir casi todas las noches al Teatro Español en compañía de su inseparable hermano Manuel, por el que sentía tanta admiración como cariño. Allí conoció al futuro actor Ricardo Calvo [Agostí] y al poeta Antonio de Zayas que, desde entonces, fueron sus dos íntimos amigos».

Ricardo Calvo Agostí nació el mismo año que Antonio Machado; era nieto e hijo de los también actores José Ramón Calvo Rubio y Ricardo Calvo Revilla respectivamente, así como sobrino del dramaturgo Luis Calvo y del actor Ricardo Calvo. Menuda saga teatral.

Con estos antecedentes familiares, Ricardo Calvo lo tenía escrito casi en los genes. Desde esos primeros años de juventud, antes de iniciar su carrera profesional como director escénico, el actor organizó diversas compañías de teatro aficionado para actuar en escenarios de Madrid y alrededores, y graduarse como director teatral.

Antonio Machado pintado por su hermano José en 1940

Desconocemos, a pesar del libro de José Machado, si la compañía de Ricardo Calvo allá por 1900 tenía algún nombre o solo era una confluencia de amigos, artistas, comediantes y otras gentes de la farándula. Lo que sabemos es que Antonio Machado era el actor principal dentro del elenco. Además , participaba su hermano, el pintor José Machado, que lo relata en el libro citado arriba y en mayor o menor medida, sin atisbo de seguridad, Manuel Machado y Antonio de Zayas.

Antonio trabajaba «en no pocas ocasiones como aficionado en casa de amigos particulares, y más adelante, en algunos salones que se arrendaban y en los que las entradas eran de pago. En el Salón Zorrilla, que era el que estaba más en boga en aquella época, desempeño dos papeles de muy distinta índole. Uno en el drama de Guimerá ‘Mar y cielo’, en el papel de carácter del intransigente padre de la joven protagonista. Y otra, en el papel de un atribulado don Juan, de una pieza cómica de don Miguel Echegaray, hermano del célebre don José».

Antonio Machado, en contra de lo que luego describiría como su «torpe aliño indumentario» era un hombre bien parecido, delgado según la foto que existe de 1910, que procuraba vestir de forma elegante y discreta, aunque no era partidario de lo que calificaba como trajes ‘ratoneros’ [ceñidos y estrechos] que tras un tiempo reviven en la moda masculina, sin importar la anchura de hombros, el tamaño del culo o, en demasiados casos, la escasa cintura y abultada barriga. Aquel domingo, supongamos que del mes de mayo, Antonio Machado se vistió de punta en blanco, como era habitual entre las gentes del teatro y más en su caso al figurar como la estrella de la compañía.

«Esta afición le llevó en cierta ocasión a Getafe, pueblo inmediato a Madrid para hacer el papel del Rey don Pedro III de Aragón, en la leyenda trágica en verso de José de Echegaray titulada: ‘En el seno de la muerte’ (1879). La compañía quería representar este sombrío drama un domingo por la tarde. Todos íbamos en el supuesto de, cuando menos, pagarnos el billete de vuelta del tren, una vez hecha la función. Pero el hombre propone y…»

Tendremos que aludir, o reseñar al menos la coincidencia; el autor de la obra, el ingeniero, matemático, físico, político y dramaturgo José Echegaray había dedicado este drama —según consta en el ejemplar de la Biblioteca Nacional consultado— y otras obras al «eminente» actor Rafael Calvo Revilla (1842-1888) patriarca de una saga familiar dedicada al teatro. La dedicatoria de Echegaray al actor dice así en el libro consultado:

«Al eminente actor Rafael Calvo. A usted, que con su gran talento y con su altísima inspiración, ha dado vida a este drama, el sublime horror trágico a que yo aspiraba a su pensamiento, y a mí un triunfo que nunca olvidaré, dedico esta obra, en prueba de gratitud, de amistad y de admiración».

El otro amigo íntimo de los hermanos Machado y de Ricardo Calvo era Antonio de Zayas, un aristócrata de origen granadino que militó en el modernismo contra el academicismo y la retórica decimonónica. Tres o cuatro años después, Antonio de Zayas protestaría junto a Valle-Inclán y otros modernistas como Villaespesa por el orenui Nobel de Literatura concedido a José Echegaray. en 1904

Plano de Getafe en 1910

El Gran Teatro de Getafe

La mesnada del Rey don Pedro III de Aragón [Antonio Machado], el director de la compañía, Ricardo Calvo, la joven dama que encarnaría el papel [suponemos] de de la Condesa Beatriz, de la que no tenemos su nombre, y el resto de vasallos, capitanes y escuderos, se bajó del tren y enfiló el paseo de la Estación que conducía al pueblo, flanqueado por jóvenes y aromáticas acacias, dejando siempre a la derecha la modesta edificación donde se había hecho realidad el sueño del Padre Faustino Míguez, unconvento de monjas que educara a las niñas y la verja de los jardines y los testeros del colegio de los Escolapios.

Portón de entrada entrada al jardín de los Escolapios en torno al año 1920

La elegante comitiva, ante la sorpresa de los vecinos, llegó hasta la calle de Olivares a la altura de la casa del raro e irreverente Silverio Lanza, giraron a la derecha en dirección al Ayuntamiento, cerca del cual se encontraba el ‘Gran Teatro’ de Getafe. Aquí, residía el dramaturgo Ricardo de la Vega. Antonio Machado y Ricardo Calvo, quizás lo recordaron, se burlaban de su obra. De Getafe al Paraíso o la familia del Tío Maroma. Quizás debía haber dejado como única y definitiva la segunda parte del título. El pueblo triste y polvoriento, como cualquier villa manchega de la época, no destacaba por su belleza ni por su comodidad.

En ese año, el teatro de Getafe estaba ubicado en la Travesía de la calle Leganés [a la Plaza de la Constitución], denominada años más tarde como Don Fadrique [de Toledo], en honor de un personaje que estuvo al servicio de los Reyes Católicos.. El local estaba adosado a la antigua farmacia, en lo que hoy es la Casa de la Juventud y la antigua Casa de la Cultura. De uso múltiple, funcionaba como escenario teatral y como recinto de baile, especialmente durante las fiestas patronales en honor de Nuestra Señora la Virgen de los Ángeles; el edificio, yantes del siglo XIX , había sido, como la antigua cárcel, alfolí y pósito de grano..

Plano del casco urbano y de los futuros ‘ensanches’ de Getafe en el año 1900

En los años 50 del siglo XIX, María Fernández Gómez, —más conocida como Mariquita la Música— adquirió los terrenos de la ‘huerta de Lártiga’ [apellido del propietario del solar que ahora ocupan los edificios antes citados, la calle Guadalajara que entonces no existía y el actual colegio del Sagrado Corazón], delimitados por la citada travesía de Leganés, la calle Leganés y Lártiga. Allí, construyó Mariquita un teatro que bautizó como ‘El Talismán’ y que se inauguró en 1862. Lugar indispensable en el recreo y el ocio de los getafenses de la última mitad del siglo XIX.

Ricardo de la Vega lo cita en un poema que publicó en El liberal a principios de siglo con motivo de las fiestas patronales de Getafe:

« —¡A bailar los de Jetafe!
» —¡A bailar los forastero…!
» Allí bailaban [en la plaza del Ayuntamiento] alegres las Cervera, las Deleitos, las Benaventes, las Gómez, las Cifuentes, las Herreros, las Valtierra, las Varas, las Butragueño, […] y cien más que no recuerdo. Y vengan valses y polcas, muy íntimas, por supuesto, mientras las bombas estallan y arde el castillo de fuego.
» ¡Muchachas! ¡Tregua un instante y a seguir el bailoteo en el teatro, si doña Mariquita accede a ello!.
» —¡Doña Mariquita accede!
» —Bendito sea su genio!
» —¡Viva doña Mariquita!».

Preguntará el lector, supongo, ¿pero quién era tan importante personaje? ¿Quién era el dueño del inexpugnable local, rotulado tan pomposamente como ‘Gran Teatro’ de Getafe?

A finales del siglo XIX, desconocemos una fecha más exacta—, Mariquita la Música vendió el enorme solar, incluidos el teatro, a Antonio de la Fuente, un personaje, algo vanidoso, con muchas y poderosas influencias en la política de Madrid, con ínfulas de predominio social y, sobre todo, creso. Tras su adquisición, el recinto pasó a llamarse Gran Teatro, no siendo hasta 1910 que procedió a su reforma e inauguración.

En su obra ‘Getafe’ publicada en 1890, dentro de la colección ‘Biblioteca de la provincia de Madrid, su autor, Juan Francisco Gascón, cita a Antonio de la Fuente: «El Registro de la Propiedad, establecido en la calle de Leganés, y dirigido por don Antonio de la Fuente, tiene a su cargo infinidad de asuntos que hacen imposible el pronto despacho de los mismos, a pesar de la laboriosidad de tan distinguido Registrador. Le auxilian en su tarea un Oficial mayor y cuatro Auxiliares». En cuanto al teatro, Gascón escribe: «Getafe levantó en 1862 un bonito teatro. En él pueden acomodarse perfectamente más de trescientas personas. Funciona muy irregularmente, sin que podamos comprender la causa de esa pasividad que se nota en el vecindario teniendo cerrado la mayor parte del año un centro que tantos elementos de cultura representa en un pueblo, cuando existen personas de iniciativa y de ilustración, amantes de la reforma de nuestras costumbres y con desarrollo de espíritu de sociabilidad».

La reforma del Teatro, suponemos que posterior, al intento de Pedro III de Aragón de tomar Getafe, dotó al Gran Teatro de asientos decentes en la platea, palcos en la primera planta y el gallinero, así como un escenario de 120 metros cuadrados y 11 camerinos. Columnas de hierro fundido y un techo decorado con cuatro medallones pintados al óleo con los retratos de Chapí, Calderón de la Barca, Caballero y Ayala; el lector habrá notado que que Antonio de la Fuente no era muy amigo de Ricardo de la Vega. Además del Gran Teatro del Registrador había otros locales en Getafe con pretensión de teatros, siendo el más importante el regentado por la Asociación la Gran Piña, en la Plaza del General Palacio esquina a calle Cruz, y que, de vez en cuando, ofrecía sesiones de zarzuela.

Mutis por el foro

«El caso fue que creyendo que ya estaba todo hablado con el dueño del teatro nos encampamos allí. Cuando hete aquí que como nadie le había dicho una palabra, el teatro estaba cerrado a piedra y lodo. Inmediatamente se procuró buscar por todo el pueblo a tan importante personaje para que diese la orden de que se abriera —Oh, llaves del cielo—, el anhelado local y poder representar el trágico drama. Hay que tener en cuenta que ya debía venir camino para Getafe [en un tren posterior] un gran cajón y un inmenso baúl con todos los trajes, las cotas de malla, espadas, cascos etc., que una tan inmensa tragedia requería».

«En aquellos momentos [de la aún plácida tarde dominical] llegó el peluquero de la compañía diciéndonos que habían resultado inútiles cuantas pesquisas se habían hecho para encontrar al dueño del teatro y que, por lo tanto, no se podría realizar la función».

«Tuvimos que retirarnos, —continúa la narración de la anécdota José Machado mohinos y cabizbajos hacia la estación. El frustrado Rey don Pedro oyó que a su paso las gentes del pueblo cuchicheaban diciendo: Este es uno de los cómicos que se escapan para no trabajar, Esto nos lo dijo el monarca ya en el andén. Claro que allí estalló otro conflicto. Se hizo el arqueo de las monedas que cada cual llevaba y se vio claramente, que la mayoría del elenco forzosamente tendría que volverse a pie a Madrid. Solamente se logró conseguir que regresaran en tren la dama joven y el peluquero, que frisaba ya los setenta años. Y esto pudo ser gracias a la generosidad del poeta [Antonio] que no dudó un momento en sacar del bolsillo las tres únicas pesetas que tenía».

Y lo peor, sin duda, aún estaba por llegar. José Machado lo hace con la picardía del que, viviendo desde hace años fuera de su lugar de nacimiento, aún conserva el gracejo andaluz.

«Pocos minutos después de haber salido para Madrid la dama joven [parece que José Machado tampoco recordaba su nombre] y el peluquero viejo ¡oh sarcasmo!, teníamos instintivamente que retroceder en la acera del andén, ante la impetuosa llegada del tren que nos traía los baúles con la indumentaria y las armas del Rey, del Conde de Argelez, etc., elementos todos tan precisos para dar la sensación histórica del drama en el pueblo de Getafe. En esto estábamos cuando, por la otra puerta del andén, apareció corriendo y con la lengua fuera el propietario del teatro, el mismísimo Antonio de la Fuente diciéndonos a grandes voces que se podía dar la función».

Y efectivamente, ya se oía el tambor que alguien hacía redoblar, anunciando al pueblo que por la noche se representaría el drama de Echegaray ‘En el seno de la muerte’.

Nuestro poeta, en el papel aún de rey don Pedro, se mostró consternado al oír el pregón y el tamborilero, hizo el gesto de arrojar los baúles y cajones, que ya reposaban en el suelo del andén, al dueño del teatro.

Busto de Antonio Machado, por Emiliano Barral

«Y tomando una resolución suprema —y tremendamente teatral— salió del andén pitando, digo pitando porque salió a toda velocidad por la vía del tren, seguido del Conde de Argelez, protagonista del conflicto de la obra y del que nos veíamos en aquel momento. Los vasallos, claro, los seguimos sin rechistar».

«El propietario del teatro, atónito, cayo materialmente sentado sobre uno de los cajones contemplando aquel mutis de toda la compañía».

La comitiva siguió su «acelerada marcha haciéndose de noche. Y cayendo aquí y resbalando allá, por los lados del pedregoso terraplén que sostenía los rieles del ferrocarril y dándonos, además, de trecho en trecho, algunos encontronazos en los postes del telégrafo, llegamos todos, ¡al fin!, a Madrid, sin representar el drama que mejor pudiera haberse llamado: ‘El rigor de las desdichas’».

Antonio Machado. Óleo sobre lienzo de Joaquín Sorolla (1917). Hispanic Society of America (Nueva York)

A lances como este llevó a Antonio Machado su afición por el teatro.

«Por cierto —termina la anécdota el tercero de los hermanos Machado—, que eran ya más de las doce y media de la noche cuando llegamos a la Villa y Corte y aún no habíamos probado bocado. En vista de lo cual se decidió, por aclamación, el empeño de un bastón con puño de plata del director de la compañía, Ricardo Calvo. Todavía no se haabía dedicado en serio al teatro y ya le pasaban cosas tan serias. Con su importe no diré que comimos: engullimos, haciendo almuerzo, comida y cena de una sola vez». La gazuza y los trajes raídos eran parte de la vida bohemia en la capital de la monarquía.

«Pero eso sí, encantados de la aventura».

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS

IMAGEN SUPERIOR: Retrato de Antonio Machado en 1910. Museo Nacional de Teatro de Almagro.
—LIBRO: Últimas soledades del poeta Antonio Machado. Recuerdos de su hermano José. José Machado Ruiz. Ediciones de la Torre. Madrid, 1999.
IMAGEN DE ANTONIO Y MANUEL. Portada de La Lola se va a los puertos de Antonio y Manuel Machado.
RETRATO AL ÓLEO. José Machado pintó a su hermano Antonio Machado en 1940, después de su fallecimiento en Colliure (Francia).
FOTOGRAFÍA DE ANTONIO MACHADO. Revista La Esfera 2 abril de 1927, con motivo de su ingreso en la RAE
—LIBRO: Getafe. Juan Francisco Gascón. Biblioteca de la provincia de Madrid. Diputación Provincial de Madrid. 1890.
PLANO de la Villa de Getafe y proyecto de su reforma y ensanche. Copiado por Inocencio Hernández. Instituto Geográfico Nacional.
PLANO de Getafe en 1910
—LIBRO: Las calles tienen su historia. Manuel de la Peña. Ayuntamiento de Getafe 1999.
BUSTO DE ANTONIO MACHADO. Emiliano Barral presentó este busto de Machado (creo que el original está desaparecido) en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1922, según informó la revista la ‘La Esfera’ y, a cambio, el poeta le dedicó la composición «Al escultor Emiliano Barral», publicada en Los Lunes de El Imparcial (28 mayo 1922) y luego recogida en Nuevas canciones (1924). En la Casa-Museo Antonio Machado en Segovia hay una copia del busto realizada por Pedro Barral.
RETRATO de Antonio Machado, Joaquín Sorolla. Öleo pintado den diciembre de 1917

 

Juan Álvarez-Guerra Castellanos: «Viajes por Filipinas»

Juan Álvarez-Guerra Castellanos: «Viajes por Filipinas»

Posted By Manuel Alvarez Machado on 8 diciembre, 2010

Juan Álvarez-Guerra Castellanos: «Viajes por Filipinas».

La investigación sobre la «saga de los Machado» no cesa de ofrecernos sorpresas y entre ellas hoy podemos decir que un nuevo escritor, incluible en ella, surge desde el olvido. Sí, olvido pues nadie recordaba este parentesco entre los miembros de la «saga machadiana» y Juan Álvarez Guerra Castellanos.

Diremos que Andrés Alvarez Guerra, abuelo de Juan Álvarez Guerra Castellanos, era hermano de José Álvarez Guerra, que  fue el  suegro de Antonio Machado Nuñez y por lo tanto el abuelo de Antonio Machado Álvarez, «Demófilo», y  bisabuelo de nuestros grandes poetas Manuel Machado y Antonio Machado.

Un hijo de Andrés, Juan, unió los apellidos de su padre y pasó a llamarse Juan Álvarez-Guerra Peña, y un hijo de éste fue Juan Álvarez-Guerra Castellanos. Esta unión de apellidos, unido a que los dos últimos vivieron gran parte de sus vidas en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y no en la ciudad de sus antepasados, Zafra (Badajoz), provocó, sin duda, este olvido familiar con el paso de los años.

Pero llegado a este punto tengo que decir que el conocimiento, hoy, de este nexo familiar se debe a la labor investigadora de mi buen amigo José María Lama, escritor e historiador, por lo que me limito ahora a indicar solamente los datos anteriores, a aportar la documentación que al final de este breve artículo se incorpora, y a transcribir la noticia tal y como él la publicó en la nota 6 del Libro Conmemorativo del Bicentenario de las Cortes de Cádiz, 1810 -2010 «Zafra y los primeros liberales del siglo XIX», dejando que sea él el que publique en primer lugar los resultados de la investigación en el trabajo que, según me dice, esta realizando y que saldrá a la luz en los primeros meses de 2011.

» 6/    No hay que confundir a Juan Álvarez Guerra con Juan Álvarez Guerra Castellanos o con Juan Álvarez Guerra y Peña, familiares suyos que aparecen en las fuentes de la época con el mismo nombre. Juan Álvarez Guerra Castellanos fue magistrado de la Audiencia de Manila (Filipinas), miembro del Consejo de Ultramar y Comisario de la Exposición de Filipinas en 1887. Natural de Lillo (Toledo). se casó el 24 de junio de 1882 con María Soledad Gutierrez y Bory, natural de Santiago de Cuba y  falleció el 9 de julio de 1905. Vivió la mayor parte de su vida en Alcázar de San Juan. Fue autor de las obras: Viajes por Filipinas. De Manila a Marianas (1ª ed. Manila, 1871; 1ª ed. Madrid 1887), De Manila a Tabayas (1ª ed., Manila, 1878, 1ª ed. Madrid, 1887), De Manila a Albay (1ª ed., Madrid, 1887), y Memoria sobre la Exposición de los objetos traidos por la expedición científica del Pacífico (Madrid, 1886). Su padre, también llamado Juan Álvarez Guerra, aunque Peña de segundo apellido, era natural de Zafra y fue autor de «El sol de Cervantes Saavedra, verdadera patria del autor del Quijote» (Madrid, 1877), donde reivindica a Alcázar de San Juan como localidad de nacimiento de Cervantes. Alcalde de Alcázar de San Juan en 1836, fue diputado del Congreso durante unos meses, de noviembre de 1850 a abril de 1851, por el partido progresista. Álvarez Guerra y Peña era hijo de Andrés Álvarez Guerra, hermano del ministro y agrónomo (Juan Álvarez Guerra, hermano también de José Alvarez Guerra)».

Quisiera indicar que aunque no sean muy conocidos los libros de la trilogía «Viajes por Filipinas», todavía se siguen reeditando, tanto en castellano como en inglés.

Aportamos copia de las portadas de los libros sobre los viajes a Filipinas, el primero de ellos dedicado y con firma autógrafa de Juan Álvarez-Guerra Castellanos, ejemplares que he encontrado y adquirido en «librería de viejo» de Madrid hace unos meses. (corresponden a las primeras ediciones de Madrid, 1887)

 

 

 

 

Antonio Machado. Revista: Horizonte – 30 del XI de 1922 (Página 9)

Antonio Machado. Revista: Horizonte – 30 del XI de 1922 (Página 9)

NUEVAS CANCIONES.   CANCIONES DE TIERRAS ALTAS.  CANCIONES.

 

 

Pag. 9  de la revista HORIZONTE,  30/XI/1922.

Esta composición, titulada simplemente CANCIONES, se publicó en la revista HORIZONTE el 30 de noviembre de 1922, en su página 9.

Obsérvese la fecha de octubre de 1922 en el ángulo inferior izquierdo, que parece indicar aquella en la que el autor decidió su inclusión en la revista, tal y como finalmente se publicó.

La composición, bajo el título de CANCIONES consta de tres estrofas, numeradas I, II y III.

Los versos amparados por el número I corresponden al número IV de CLVIII (Canciones de tierras altas) de «Nuevas Canciones», según la numeración y orden recogido en la Edición Crítica de Oreste Macrí, tomo II  «Poesías completas». Escrita en Baeza, probablemente en enero de 1913.

La estrofa numerada III corresponde  a  s.XXIX,  Canciones (La ciudad desierta), de Poesías Sueltas [Campos de Castilla (1907-1913)], según la misma edición de O. Macrí. También se recoge en la edición de Manuel Alvar en Austral, «Poesías Completas», pág.408, dándose como fecha Baeza, enero, 1912.

¿Y la numerada II?. Parece que este poema nunca se ha recogido, ni en O. Macrí ni en M. Alvar, ni en ninguna edición de «Poesías Completas».

La canción amarga:

ni te conociera

si se despertara

Entre los manuscritos de la «Colección Unicaja. Manuscritos de los Hermanos Machado«, se conservan y se publicaron en el Tomo 2, {fol.3r’}, {fol.5r} y {fol.6r}, parte y variante de los aquí números I y II, e igual el numerado III. Transcribimos:

Canciones

I

Es la parda encina

y el yermo de piedra …

¡Oh montes lejanos

de malva y violeta!

¡Luna amoratada

de una tarde vieja,

sobre un campo frío

mas luna que tierra!

….

En el espino.

Cuando el sol tramonta

El rio despierta.

En el aire en sombra

solo el rio suena.

¡Oh canción amarga

del agua en la piedra!

Hacia el alto Espino

bajo las estrellas …

 

Solo suena el rio,

al fondo del valle,

bajo el alto Espino.

….

I

La canción amarga:

¿Te conocería

si se despertara?

 

La ciudad desierta.

Se sale a los montes

por las siete puertas.

Queda para especialistas en la obra de Antonio Machado el estudio y análisis de estas estrofas y de su orden en esta revista de finales de noviembre de 1922.

M.A.M.