LOS MACHADO y LUIS MONTOTO. Por Daniel Pineda Novo

Los Machado y Luis Montoto.

Daniel Pineda Novo

Antonio y Manuel Machado
Luis Montoto
Daniel Pineda Novo, el día de la presentación de su biografía sobre
Antonio Machado y Nuñez

(Publicado por primera vez en «El Correo de Andalucía», Sevilla, 13-1-1989).

(También se publicó en el Boletín del Congreso Internacional Conmemorativo del 50º de la muerte de Antonio Machado, en Sevilla, 16 de febrero de 1989, nº 8)

Los Montoto, como aquellas ilustres y antiguas familias sevillanas de los Lasso de la Vega o los Sánchez Arjona…., fueron una auténtica familia de intelectuales. Y encontraron cierto paralelismo entre los Machado y los Montoto, aparte de la íntima, entrañable amistad entre los padres, que venía de los abuelos, los patriarcas: la relación de Don José María Montoto y López Vigil, defensor de Pedro I, y que fue gran aficionado al Folklore, sobre el que escribió un estudio histórico, titulado «Un adagio», publicado con el seudónimo de Mosén Oja Timorato, en la revista «El Folk-Lore Andaluz», que en 1882 fundó Demófilo, en Sevilla, y don Antonio Machado y Núñez, catedrático y rector de nuestra Universidad, naturalista eminente y político de vocación, que publicó en la misma revista su artículo «El folk.Lore del perro».

Pero la amistad se hace intensa, fraterna, entre Luis Montoto y Antonio Machado y Álvarez, forjada en las aulas de la Universidad sevillana… Desde entonces, solo los separará la muerte. Años de intensa actividad literaria, de recoger material para ña fundación de «El Folk-Lore Andaluz y Español», y tiempos de desengaños para Machado en Madrid, animado por el amigo desde Sevilla…… Se admiraban mutuamente, a pesar de las diferencias religiosas e ideológicas; por encima de todo estaba la amistad, la cultura y el Folk-Lore …  En esta tríada valoraban, tanto Machado como Montoto, su inquebrantable vinculación…

Vinculación casi familiar, pues Machado y otro entrañable amigo, Alejandro Guichot, habían sido testigos en el Registro Civil de Sevilla, del nacimiento del tercer hijo del poeta, Luis, nacido el día 1 de febrero de 1883, el mismo año en que los Machado marchan a Madrid,,, Por ello, Demófilo llamaba a Montoto compadre.

Luis María Montoto, el tercer hijo del poeta, era casi de la misma edad que Joaquín Machado, el cuarto hijo del folklorista, y al que dedicará si interesante estudio filológico «Titín», animando a Montoto a que hiciera lo mismo con su hijo…

Manuel y Antonio Machado, al fallecer su progenitor, continuaron con don Luis la amistad que aquél les había dejado por herencia; y les enviaron sus libros con expresivas y sinceras dedicatorias. Antonio sus «Poesías Completas» (Madrid, Espasa-Calpe, S.A., 1928), con este sentido autógrafo, en donde recuerda la amistad paterna; «Al ilustre poeta don Luis Montoto con admiración que sería adquirida si no fuese heredada / Antonio Machado (rubricado). Madrid 2 de mayo 1928».  Y Manuel, que frecuentó más asiduamente la casa del poeta, en sus años universitarios, le llevó su libro «Apolo» (Teatro Pictórico). (Madrid, V. Prieto y Compañía. Editores, 1911), en cuya anteportada, estampó: «Al señor don Luis Montoto y Rauntenstrauch como recuerdo de admiración y de afecto. Un admirador /rubricado)».  También le elogió, destacándole, junto a Ferrán, Trueba y Enrique Paradas, en la introducción de su libro «Cante Hondo» (Madrid, 1912). Además, Manuel Machado escribió con el primogénito del poeta, el comediógrafo José Luis Montoto la comedia en un acto «Amor al vuelo» (Madrid, Sociedad de Autores Españoles, 1904, 31 págs.), que fue estrenada, con éxito, en el desaparecido teatro del Duque de Sevilla, el 2 de enero del mismo año, y que va dedicada «A Jacinto Benavente, Gloria del Teatro Español, Los Autores».

También extendió Manuel Machado su amistad al sexto hijo de don Luis, Santiago, al que envió su discurso de ingreso en la Real Academia Española, en forma de libro y tirada especial:

«Unos versos. un alma y una época» (Madrid, 1940), aunque desde 1924 ya se habían intensificado sus relaciones, unidas por un personaje genial: Lope de Vega; y fruto de las investigaciones de Montoto, Manuel le publica en la «Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid». que él dirigía, sus artículos sobre el » Fénix de los Ingenios»; también coincidirán sus colaboraciones – en prosa y verso -, en las páginas literarias de los mismos diarios de Madrid y Sevilla. Y como anécdota, cabe decir que don Santiago se sabía de memoria multitud de versos de Manuel Machado, teniendo predilección por el poema titulado «Antífona» y por los cantares…

El dolor también fue vínculo entre las familias: Machado y Álvarez perdió a su única hija, Cipriana, nacida en Madrid en 1885, y que murió en 1900, y don Luis, en plena juventud, también perdió a su única hija, María de los Ángeles, nacida en Sevilla en 1886… De tal belleza gozaba María, que dicen se enamoró de ella el propio Juan Ramón Jiménez…. Los poetas le dedicaron versos y prosas en postales y abanicos, muy de la época… Manuel Machado, fiel a la amistad, también le envió sub tarjeta con estaa poesía que hemos rescatado, ya que multitud de veces me la recitaba de memoria mi recordado maestro don Santiago Montoto:

Con su tibio perfil de estatua helena

sentimental, nostálgica y serena,

como hasta entonces no soñé ninguna,

me pareció tan pálida y tan blanca,

fija en el cielo su mirada franca,

un lirio enamorado de la luna.

POEMA A LEONOR. Autor Miguel Timón Cañadas.

POEMA A LEONOR

Luce el olmo que es movido

por el viento

vagan en el aire

el dolor y el duelo.

Blancas palomas se posan en sus ramas

lo adornan flores rojas empapadas por amor

y le lloran las lluvias amargas

al olivo de Soria sin savia y sin canción.

¿Esqueleto de madera y muerte?

Pero ¿Qué dices tú muerte?

¿Qué el tiempo se para

y queda el alma inerte?

Mentira muerte, mentira

Soria y Machado por ti Leonor respiran

y en una silla de ruedas

vas hacía las estrellas infinitas.

Leonor no te espera la muerte

te espera la vida

al lado de Don Antonio

es tu alma poesía.

¡Cuídame niña! dice el poeta

y la niña con ojos de muerte abandona

este mundo hiriente.

¡Quiéreme niña!

y la niña tiene en los ojos la muerte

al lado del poeta

herido de verte.

De verte enferma y dolida

y la niña cierra los ojos y…

¿Queda la luz encendida?

Al cementerio la llevan,

al cementerio la entierran

la honran y la cuidan.

¿Y qué dices tu muerte

que detrás de ti no hay vida?

Mentirosa, Antonio

te lleva en una silla de ruedas hacia la vida

¡Bien viva hacia las estrellas infinitas!

                                   Miguel Timón  Cañadas

ANTONIO MACHADO en AGENCE ESPAGNE. 1937.

Durante la Guerra Civil española fueron varias las Agencias de Noticias que ofrecieron noticias sobre España. entre éstas destacamos ahora la llamada AGENCE ESPAGNE, cuya información telegráfica y telefónica, además de su boletín puntual, se difundió en la zona republicana española, formando parte de la propaganda republicana que para el extranjero se organizó en los territorios leales. El primer responsable de este boletín fue Julio Alvarez del Vayo.

Julio Alvarez del Vayo

Según los vayamos localizando iremos añaiendo a este post los boletines que encontremos y se difundieran entre 1937 y 1938 con referencias a Antonio Machado. A continuación reproducimos los ya localizados.

Agence Espagne: 4 de marzo de 1937.

En esta notificación se hace referencia a «la respuesta de intelectuales españoles a un artículo de M. Marañón publicado el 21 cde febrero en «Petit Parisien». Firman esta respuesta Jacinto Benevente, León Felipe, Victorio Macho y Antonio Machado, entre otros.

Agence Espagne: 22 de marzo de 1937.

En esta noticia se comentan los discursos de Jacinto Benavente y Antonio Machado en reunión que se celebró en Valencia a favor de las victimas del fascismo en los territorios ocupados por los «rebeldes», destacando y proclamando, ambos escritores, su am,or a España y su rechazo al fascismo.

Agence Espagne: 5 de junio de 1937.

En este manifiesto de 5 de junio de 1937 se protesta contra las agresiones de Alemanisa e Italia contra poblaciones civiles y navíos mercantes con el pretexto de ser represalias.

Firman el manifiesto Jacinto Benavente, Antonio Machado, Pablo Picasso, Joan Miró y Rafael Alberti, entre otros.

Agence de Espagne: 11 de julio de 1937.

En esta noticia se hace referencia a los discursos de la sesión de clausura del Segundo Congreso de la Asociación de Escritores para la defensa de la Cultura.

Hablaron M. Martínez Barrios, M. Roces, Fernando de los Rios, Margarita N elken, Antonio Machado, Ilya Ehrenbourg, Julien Benda, Claude Aveline y André Malraux. entre otros participantes en el Congreso.

Agence Espagne: 20 de noviembre de 1937.

“Altas personalidades republicanas dirigen un telegrama de agradecimiento a los artistas de cine de Hollywood por su apoyo a la infancia española”.

Barcelona 20 de noviembre de 1937: El Ministerio de Instrucción Pública comunica que, en respuesta a la iniciativa del Comité de artistas cinematográficos de Hollywood en favor de los niños republicanos españoles, las personalidades más importantes de la España legal les han enviado un telegrama de agradecimiento.  Entre los signatarios figuran, el general Miaja, Mr. Hernandez, Ministro de Instrucción Pública, Mr.  Ossorio y Gallardo, Embajador de España en Paris, Mr. José Picasso,  José Bergamín, Jacinto Benavente  y Antonio Machado

Agence Espagne: 14 de octubre de 1937.

Agence Espagne : 5 de julio de 1937.

Agence Espagne, 11 de mayo de 1937.

Julio Álvarez del Vayo

Apuntes sobre MANUEL y ANTONIO MACHADO. De 1932 a 1939.

ANTONIO Y MANUEL MACHADO

         En septiembre de 1932 Antonio Machado es designado titular de la Cátedra de Lengua Francesa del Instituto Calderón de la Barca en sus instalaciónes de la calle Areneros (hoy Alberto Aguilera) que hacía pocos meses habían sido incautadas a los jesuitas. Estas habían sido las ubicadas en el magnífico edificio del anterior Instituto Católico de las Artes y las Industrias que los jesuitas tuvieron en él. Hoy en día, 2020 es posible visitar el aula en las que dio clases de francés nuestro poeta,

«ARENEROS». INSTITUTO CALDERON DE LA BARCA AL QUE FUE DESTINADO ANTONIO MACHADO

         Manuel Machado vivía en la calle Churruca número 15, principal derecha, vivienda cercana al Museo y a la Biblioteca Municipal del Ayuntamiento de Madrid, donde trabajaba como funcionario desde 1919, llegando posteriormente a Director del centro.

         Manuel y Antonio Machado se reunían casi todos los días de aquellos años en los que Antonio vivió en Madrid, posteriores a su regreso de su destino en Segovia en el que había permanecido desde 1919 a 1932. Normalmente eran por la tarde, aunque ocasionalmente también se encontraran algunas mañanas, especialmente los domingos o días festivos.  En los años anteriores éstas reuniones las tenían ambos hermanos en aquellos días en los que Antonio o bien estaba de vacaciones en la capital o bien regresaba a Madrid desde sus destinos en Soria, Baeza o Segovia; en estas últimas ocasiones solían coincidir con sábados y domingos, o días festivos o no lectivos. Realmente Antonio Machado siempre procuraba estar en Madrid si su trabajo le permitía desplazarse, en sus siempre presentes vagones de madera de tercera.

         Básicamente utilizaban los locales, de bares o cafeterías, en los que tenían sus conocidas tertulias, pero también en otros sitios en los que se encontraban más tranquilos al frecuentarlos solo ellos y alguno de sus hermanos.  Entre los primeros, donde se reunían por las tardes, merece mención especial el Café Varela, en la calle de Preciados. A horas menos habituales, mañanas o primeras horas de la tarde, era fácil encontrarlos en el Café Comercial de la glorieta de Bilbao, muy cercano a la calle Churruca, o en La Criolla, al lado del Museo Municipal en la calle Fuencarral.

CAFE VARELA EN LA CALLE PRECIADOS
CAFE COMERCIAL EN LA GLORIETA DE BILBAO

         Tenían otros cafés y otros horarios de los que apenas dan noticias y que utilizan para sus trabajos y colaboraciones teatrales. 

         Además siempre había, en el caso de Antonio, un café próximo a su casa donde desayunar antes de acudir al trabajo.  Salía de su casa en la calle General Arrando número 4, y en la contigua Santa Engracia solía entrar en algún café, donde si no tenía clase ese día, permanecía un buen rato escribiendo o sumido en sus pensamientos. Si tenía clase en el Instituto Calderón de la Barca bajaba caminando por la calle Luchana hasta la Glorieta de Bilbao, para desde ésta seguir por la calle Areneros / Alberto Aguilera hasta que legando a la Calle (ahora llamada) Blasco de Garay llegara a su destino, que estaba en la acera contraria.

CASA DE ANTONIO MACHADO EN LA CALLE GENERAL ARRANDO
CASA DE MANUEL MACHADO EN LA CALLE CHURRUCA 15

         En este recorrido pasaba por delante de un edificio situado en la citada calle Luchana esquina con la calle Covarrubias. En este inmueble, en una vivienda situada en un semisótano vivía una tía lejana de la familia Machado, por parte del apellido Álvarez. Era la tía Asunción Álvarez Guerra, muy mayor, que vivía sola y a la que Antonio Machado, y también el resto de sus hermanos, procuraban tener siempre presente y controlada. Mi madre, Leonor Machado Martínez, hija del hermano menor de Antonio y Manuel, Francisco, recordaba y me contaba que cuando con sus padres y hermanas iban a la casa de Antonio, en General Arrando,  él solía recordar y sugerir a su madre y a sus cuñadas que acudieran a visitar a la tía Asunción. Mi madre recordaba varias de aquellas visitas, en las que escuchaban a la tía Asunción contar historias de su juventud y adolescencia en tierras americanas, especialmente en Cuba y Puerto Rico.

         ¿Quién era esta tía llamada Asunción Álvarez Guerra?.  Poco sabemos salvo lo que  mi madre, Leonor. Machado, me contó y las deducciones e investigaciones que estas informaciones sugirieron y sugieren.

         Uno de los bisabuelos de Antonio Machado, de los hermanos Machado Ruíz, fue el extremeño, de Zafra, José Álvarez Guerra (en otro artículo o trabajo intentaremos apuntar una biografía de este abogado, político, militar, escritor y filósofo). Un hermano de José, el mayor de ellos, fue Juan Álvarez Guerra, también abogado, que desempeñó el cargo de Ministro de Gobernación en 1814, hasta que regresó Fernando VII, y que dejó de serlo con ocasión del golpe absolutista que impuso este monarca tras el conocido Manifiesto de los Persas, siendo detenido y condenado a 8 años de prisión junto a otros conocidos políticos liberales como Arguelles, Martínez de la Rosa, Quintana y otros. Años más tarde, a la muerte del “deseado”, fue nombrado Ministro de Agricultura. Fallecido en 1845 su mujer y sus cinco hijos decidieron irse a vivir, primero a Cuba y luego a Puerto Rico.

JUAN ÁLVAREZ GUERRA, tio abuelo de Manuel y Antonio Machado, fue en dos ocasiones ministro, primero de Interior y después de Agricultura.

         Casi con seguridad Asunción Álvarez Guerra fuera hija de uno de aquellos hijos que con su madre partieron para las islas del Caribe.  Por las causa que fuera, ésta mujer regresó a España y contactó con los familiares que aquí vivían, como los bisnietos del hermano de su abuelo Juan.

         ¿Puede ser normal este reencuentro familiar, ya distante en el tiempo y en el vínculo? ¿Había una causa especial que propiciara y motivara una frecuente relación?. Probablemente, y aunque no tenemos pruebas ni documentos que lo atestigüen, pensamos que tal vez cuando el padre de los hermanos Machado, Antonio Machado y Álvarez, fue en busca de mejor fortuna y trabajo a Puerto Rico en 1883, fue recibido por esta familia Álvarez Guerra que allí vivía, y que ésta le cuidó en la grave enfermedad con la que se encontró en aquellas tierras hasta que consiguió regresar a España en compañía de un hermano, marino, de su madre Ana Ruíz.  Esta posible atención en aquellas tierras pudiera ser una de las causas que nunca olvidara Ana Ruiz ni sus hijos, y menos al saber de la venida a España de Asunción Álvarez Guerra, a la que sin duda debió de conocer en aquellas tierras americanas el padre de los Machado Ruíz.

         Me contaba mi madre que cuando en noviembre de 1936 los Machado iban a partir para Valencia, hubo sugerencia por parte de Antonio Machado de decir a esta buena mujer, que debía tener cerca de ochenta años, que si quería se fuera con ellos, pero que dijo Asunción que era ya muy mayor para iniciar viajes. Cuando regresaron a Madrid en 1939 Manuel Machado y mi abuelo Francisco, esta buena mujer ya no vivía.

         Diremos que en aquellas fechas de 1936 vivía con mis abuelos, Francisco y Mercedes, una tía de mi abuela de nombre Carmen. Esta mujer, de la que me cuentan que era todo bondad y agradecimiento sí dejó Madrid con la familia Machado hacia Valencia, luego Rocafort para llegar en el 1938 a Barcelona. En este año falleció la “tía Carmen” en el Hotel España, junto a las Ramblas, hotel en el que estaba alojada toda la familia de Francisco Machado.

         En estos años Manuel y Antonio estuvieron dedicados, en cuanto a trabajos literarios, fundamentalmente a las obras dramáticas y a los trabajos y artículos para revistas y prensa. El teatro tendrá en su momento y por nuestra parte su trabajo específico.

         Ahora comentaremos que a lo largo de la primera mitad de 1936 una gran parte del tiempo de las tertulias se dedicaba a las noticias de índole política, a los sucesos que iban creando alarma social y a los rumores de posibles asonadas. El ambiente se iba tensando y los españoles comenzaban a tener sus confidencias y  comentarios entre los que creían pensaban de forma similar. La discreción y la prudencia se iba instalando en la sociedad, mientras el calor del estío se acercaba.

         Llegaron los días de asueto que en el verano una parte no amplia de la sociedad disfrutaba, y el domingo día 12 de julio de ese año de 1936 se reunió toda la familia Machado en la casa de Manuel. No eran frecuentes en aquellos tiempos las comidas familiares, pero aquel día sí se reunieron. El motivo, siempre hay que encontrar un motivo, era el inicio de las vacaciones de Manuel y Eulalia.  Como en los años anteriores el día 15 de julio el matrimonio iba a iniciar sus vacaciones por el norte de España, pero comenzarían su periplo por la ciudad de Burgos en la que paraban para felicitar el 16 de julio el santo a la única hermana de Eulalia, de nombre Carmen, que era monja en esa ciudad castellana.

         Durante la comida, además de los temas normales en estas celebraciones familiares, se habló de las situaciones tensas en la que España vivía en aquellas fechas que en opinión de Antonio no aconsejaban el iniciar viajes. Manuel compartía esta opinión, igual que sus otros hermanos allí reunidos, pero Eulalia, que tenia como muy importante para ella el ver el 16 de julio a su hermana Carmen, insistió en que no había motivos suficientes como para aplazar el viaje ya organizado. Se Insistió en que la prudencia era aconsejable en aquellos días ya que los rumores y las informaciones que se tenían eran preocupantes, pero acabó imponiéndose el criterio de la mujer de Manuel.

         Es posible que Antonio y Manuel se vieran el 13 y/o el 14 de julio en algunos de sus sitios de encuentro en Madrid, pero no tenemos constancia. 

         Sabemos que aquel 15 de julio salieron Manuel y Eulalia en tren con destino Burgos y que el 16 se reunieron con la cuñada y hermana Carmen en el Convento del Sagrado Corazón en el que profesaba.

         Pensaban pasar dos o tres días en Burgos, y por ello se habían instalado en una pensión que conocían de años anteriores y que se llamaba “Pensión Filomena”. Esta pensión era frecuentada por gentes del mundo taurino, y en esta ocasión coincidieron con el conocido torero Marcial Lalanda y dicen que también con Manuel Bienvenida, y del mundo teatral.

MARCIAL LALANDA
MANOLO BIENVENIDA

         El día 17 de aquel mes empezaron a oírse en las calles rumores de golpe de estado, pero fue en el atardecer cuando llegaron las primeras noticias, por emisoras de radio, del inició de éste “golpe de estado” desde las ciudades de Ceuta y Melilla, donde el movimiento de tropas ya era manifiesto y comprobado.

         La alarma en el matrimonio Machado fue incuestionable y decidieron regresar a Madrid en el primer tren que saliera con este destino en la mañana siguiente, día 18 de julio.

         Y así decidido fueron a primera hora de la mañana de aquel sábado a la estación de Burgos, pero ya fue tarde pues los viajes en tren estaban ya suspendidos por el ejercito que apoyaba el golpe de estado.

         De regreso a la pensión les dieron el alto y detuvieron a Manuel Machado, que fue conducido a una comisaría.  Su mujer, Eulalia, se dirigió rápidamente al convento donde estaba su hermana para pedir ayuda, y afortunadamente entre ésta y la Superiora del convento consiguieron que dejaran en libertad, sin cargos, a Manuel Machado.

         Regresaron a la pensión, preocupados por la situación que se estaba gestando. Las noticias que llegaban de las ciudades del norte de África eran ya incuestionables, de la misma forma que aquellas que indicaban que los movimientos militares en Sevilla aumentaban. Todas ellas creaban una notable situación de alarma y desasosiego.

         Silencio y discreción eran las pautas, y esperar que la situación se aclarara definitivamente, en un sentido o en otro.

         Se dice que en estos días finales de julio Manuel pudo hablar con Antonio por teléfono y tal vez por algún otro medio, pero ni hay constancia de ello ni se comentó en la familia esta posible realidad, ni en Madrid en aquellos días ni posteriormente, acabada la guerra civil.

         Si  sabemos que tanto en Madrid como en Burgos se sentía una gran preocupación por los familiares que estaban en la otra ciudad. Los inicios de los conflictos armados suelen ser los más peligrosos.

         En estas circunstancias a Manuel Machado le surge una entrevista con la periodista francesa Blanche Messis, de la revista Comoedia, a la que contestó “que se veía obligado a permanecer en Burgos y que esto podría durar, como duró la guerra carlista, siete años”.  Estas palabras, publicadas en Francia, fueron interpretadas por algunos como frías y pesimistas para  el iniciado Alzamiento Nacional, y así el 27 de septiembre el corresponsal en París del diario ABC de Sevilla Mariano Daranas escribe en dicho diario una crónica desde Paris titulada “El comentario de un lírico burócrata”, en la que vierte duras acusaciones para Manuel Machado: “La contrarevolución – la revolución nacionalista – observada en su propia cuna, no ha suscitado entusiasmo, complacencia ni aprobación en este funcionario y periodista del Frente Popular. A la hora en que toda España vibraba y crujía bajo un huracán de sangre y de fuego, Machado disertaba en la ciudad del Cid sobre el teatro español y la poesía francesa, no sin cierta egolatría. Por una vez, el eminente lírico y afortunado burócrata ha perdido de vista las nóminas del Municipio y el Estado”.  El 29 de septiembre Manuel Machado fue detenido en Burgos por la policía, siendo puesto en libertad el uno de octubre. (Parece ser que José María Pemán y el alcalde de la ciudad intervinieron en su favor para obtener su libertad). Manuel Machado ya había sido detenido en la estación de Burgos, al intentar regresar a Madrid, el 18 de julio del 36.

EUGENKO D’ORS

         Sabemos, básicamente por recuerdos familiares sobre aquellos días y hechos, que desde aquel 27 de septiembre en el que es cuestionado por Mariano Daranas desde el ABC de  Sevilla, Manuel Machado no cesa de defender su honor mediante cartas a Abc de Sevilla, y publicaciones en la prensa local, manifestando posturas de conveniencia referentes a la “nueva España”. Evidenteme3nte era consciente de la peligrosa situación en la que se encontraba como consecuencia del artículo de citado Daranas.

JOSÉ MARÍA PEMÁN

         Manuel Machado había sido durante años crítico teatral en varios diarios y publicaciones, con gran éxito, y el citado Mariano Daranas intentaba, con escaso éxito, ser su opositor en estos menesteres de crítica teatral. Parece que tenía una cierta inquina a Manuel Machado, pero, evidentemente, estaba bien situado en la “nueva España”.

         El 1 de octubre Manuel Machado es puesto en libertad en virtud de Orden del Excmo, Sr, General de esta División, con las firmas del director y subdirector del Cuerpo de Prisiones, que concluyen el expediente con la orden de poner en libertad al detenido. 

         Se comentó que esta pronta liberación se debió a gestiones de José María Pemán y de Eugenio D’Ors, que salieron garantes de su conocido y amigo Manuel Machado.

         Nos contaron medios familiares que Pemán y D’Ors fueron a recogerlo a su salida de la cárcel y que le dijeron que tenía que ser “amable” con las nuevas autoridades, pues se jugaba la vida, y que era recomendable que les acompañara a darse de alta en los medios de prensa y propaganda de la “nueva España”. Y así se tuvo que hacer y aceptar. Manuel Machado, por supervivencia, sabía que tenía que seguir las indicaciones de José María Pemán y de Eugenio D’Ors.

         Durante los meses siguientes Manuel sufría en Burgos y vivía recluido en la pensión “Filo”, como la llamaban,  con buenos amigos pero con gran discreción pues eran conscientes que había un huésped policía vigilando sus palabras y movimientos.  Le sugerían que escribiera panegíricos a Franco, al nuevo Estado y a otros personajes de esta nueva España. No era de su agrado, pero no quedaba más remedio, pues o era encarcelado y posiblemente condenado a muerte o se comía el orgullo y sus ideas y seguía viviendo. Eligió la segunda opción.

         Se empleó como corrector de pruebas en El Castellano, periódico de un tradicionalismo vehemente, y se fue convirtiendo, a su pesar, junto a José María Pemán en el poeta apologista de los sublevados.

         De estos meses se le atribuyen sonetos elogiosos a Franco, que se difunden, en clara propaganda del nuevo Estado, con intensidad. ¿fueron escritos total o parcialmente por Manuel Machado?, o simplemente ¿se los dieron para que estampara su firma?, o ni eso, se publicaban como si fueran suyos aunque fueran escritos por otro.

         Es seguro que estos escritos llegaran a oídos de Antonio y es posible que éste dirigiera a su hermano alguno de sus versos publicados en Hora de España, “Mi Sevilla infantil ¡tan sevillana! / ¡cual muerde el tiempo tu memoria en vano! / ¡Tan nuestra! Aviva tu recuerdo, hermano. / No sabemos de quién va a ser mañana”-

         Son claros mensajes a la conciencia, al pasado y a la memoria de su hermano Manuel.  Aunque hay que recordar que con frecuencia la madre de ambos, “mama Ana”, como la llamaban, preguntaba con profunda preocupación a Antonio por su hermano Manuel, y Antonio la respondía que no se preocupara, que Manuel sabía como protegerse y evitar los problemas más duros y acuciantes.

         Manuel, en Burgos, conocedor de su alambicada situación y de sus conocidos antecedentes, comenzó pronto a reunirse y frecuentar círculos conservadores de aquella ciudad castellana, con el ánimo de no levantar sospechas, y entabló buena amistad con el clérigo Bonifacio Zamora y con el periodista José María Zugazaga.

         Aunque casi nada le unía ni a Bonifacio Zamora ni a José María Zugazaga, mantuvo con ambos una larga amistad, hasta su muerte en el año de 1947. Sabía que eran una especie de seguro de vida, para él y para su mujer, aunque para ésta resultaba más fácil el sentirse segura dadas sus profundas creencias católicas.

Texto recogido taquigráficamentre por el redactor de «El Castellano» José Mar-ia Zugazaga

         Ambos “amigos” ayudaron a Manuel en su aparente “aproximación a los valores del régimen nuevo franquista” y recomendaron a Manuel para que colaborara en la redacción del periódico conservador “El Castellano”.  Años más tarde Zugazaga contaría que fue Manuel Machado el que se ofreció a colaborar con el periódico y de forma gratuita, y que compaginó este trabajo con el de archivero en la Delegación de Hacienda de Burgos.

         No obstante estas amistades, el 5 de enero de 1938 con el apoyo de Pemán, le nombran Académico de la Lengua Española y el 18 de febrero pronuncia su discurso de ingreso en el Palacio de San Telmo de San Sebastián, que titula “Semipoesía y posibilidad”.

         En relación al discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua Española, titulado “Semipoesía y posibilidad” hay que decir que si hablaba de “su semipoesia” era por que consideraba que su poesía no alcanzaba la talla o nivel de la de su hermano Antonio, “posibilidad” porque consideraba que su vida no era un ejercicio pleno sino un ejercicio de supervivencia. Así dice en su discurso: “Yo no llamo a mis versos sino semipoesía, y a mis realidades, que obedecen a la ley de vida de los simples mortales (que es vivir como se pueda), no oso llamar otra cosa que posibilidad”.

Discurso de Manuel Machado para su ingreso en la Real Academia de la Lengua Española.

         Realmente estaba negando su identificación, con este discurso, al nuevo régimen franquista, pero con la mínima necesaria forma, discretamente, pasando levemente por encima.

Poemario escrito por Manuel Machado y José María Pemán

         No olvidemos que en junio de 1931 Manuel Machado compuso un borrador de Himno para la Segunda República, con música de Oscar Esplá, que se presentó en el Ateneo de Madrid bajo la presidencia de Manuel Azaña, y que no llegó a ser el oficial por estimarse que era preferible seguir con el conocido “himno de Riego”.

Foto de Azaña, Ramón Franco y un grupo de ateneístas asistentes al concierto de la banda de alabarderos en el Ateneo. En el grupo Manuel Machado y Oscar Espla. Letra y música del himno que se presenta para ser el de la II República Española.

         Su hermano Antonio conocía bien a su hermano, y dentro de las lógicas incertidumbres de aquellos años de guerra estaba relativamente tranquilo y con la idea clara que debía evitar todo comentario sobre Manuel, pues podía ser fácil que fuera aprovechado en contra del hermano. Seguro que Manuel pensaba igual y por eso también fueron escasas sus referencias a su hermano Antonio durante aquellos años.

         En este sentido el poeta Luis Felipe Vivanco señaló, en años posteriores, que en su opinión Manuel Machado se encontró con la necesidad de “no oponerse” al “Glorioso Movimiento Nacional” ya que esto habría constituido un acto temerario y absurdo, temerario pues se hubiera jugado la vida y absurdo por ser Manuel Machado, en el fondo, una persona escéptica y, en buena medida, un indiferente que sabía plegarse  al viento dominante, como dice en su poema Adelfos: “ que las olas me traigan y las olas me lleven, y que jamás me obliguen el camino a elegir “. En este sentido es importante la lectura completa de este poema de Manuel, en el que expone una forma de pensar y entender la vida

LUIS FELIPE VIVANCO

         En 1997 Andrés Trapiello sostuvo que el poema  “Voyou” (que significa en francés granuja , chulo) contenía una clara alusión despectiva hacia el dictador, pues bastaba en sustituir Blanco por Franco para descubrir la verdadera opinión del poeta sobre el general: “Su mirada / no es una espada, pues / se oculta.  Brilla, dura y cobarde, despiadada— / Ahí está … Blanco… /  Lo peor de todo es que sonría”.  Rafael Alarcón Sierra refuta esta tesis de Trapiello argumentando que este poema se publicó por primera vez en 1929.  (¿tal vez fuera dirigido entonces a otro general?). En cualquier caso decimos que el verso fue incluido en “Cadencias de cadencias” publicado en 1943, y pensamos que si incluyó este verso en este poemario de 1943 ¿no lo querría aplicar en esas fechas al general Franco, de forma, nuevamente discreta y sin grave compromiso y con una explicación fácil?.

       El día 2 de abril de 1946, en la página tercera del ABC, le publican a Manuel Machado un breve artículo titulado “EL QUINTO NO MATAR”. Sorprende que fuera publicado, sorprende que la censura no aplicara sus habituales cortes y modificaciones, es más, en este caso sorprende que las tijeras censoras no hicieran trizas todo el artículo. Pero, afortunadamente, se publicó, y Manuel Machado dejó una prueba más de su auténtica forma de pensar, esa que le tergiversaban modificando sus artículos o incluyendo en ellos frases o alabanzas ajenas, frases que luego tachaba, o restauraba a su redacción original, con su puño y letra, en los recortes de prensa que de dichos artículos en su casa guardaba. En este caso, en el recorte de este artículo no hay tachaduras ni correcciones, solo escribió, en el lado izquierdo del papel en el que esta pegado,  ABC 2 de abril 1946.

       Sobre este artículo se dice, incluso, que fue un velado pero claro comentario crítico de los fusilamientos de Cristino García y otros nueve maquis del partido comunista el 21 de febrero de ese mismo año. Tal vez, pero el alcance era mayor, era de profundo calado.

       ¡Duros momentos para el que estando en esos años en España solo tenía, además de 65/70 años, una pluma para vivir!. Y hay que convenir que el enviar para su publicación el artículo que luego transcribiremos, fue una muestra de valor, de osadía frente al poder, de notable oposición y crítica.

ABC DEL DÍA 2 DE ABRIL DE 1946 EN EL QUE PUBLICA EL ARTÍCULO DE MANUEL MACHADO : » EL QUINTO NO MATAR»

Resulta curioso que en la misma página del ABC, y precediendo en orden al de Manuel Machado, figura un artículo firmado por Mariano Daranas, titulado “Mi amigo Don Armando”, que dice: “….. evoco, no una fundación intelectual, sino cierta rebotíca sediciosa, lugar de cita y acción de pedantes, resentidos y logreros. El Ateneo de Madrid o un cuarto de siglo – ya entrado el que ahora abomba el pecho sin desarrugar el ceño – de bajezas, apostasías, sectarismos y negaciones. La historia de este bufo y funesto inmueble de la Decadencia, esta por escribir.”

       Mariano Daranas, el mismo Mariano Daranas que el 27 de septiembre de 1936 escribió en el ABC  una crónica desde Paris titulada “El comentario de un lírico burócrata”, en la que virtió duras acusaciones para Manuel Machado. Como ya hemos escrito en este trabajo el 29 de septiembre Manuel Machado fue detenido en Burgos por la policía.

El artículo “EL QUINTO NO MATAR” dice así:

Se puede morir por una idea.

No se puede matar por una idea.

Idea que empieza por matar no triunfa. Nunca.

… No se trata aquí de un humanitarismo cuáquero ni de otro tipo cualquiera de humanitarismos.

La Humanidad puede no interesarnos lo más mínimo …

A algunos puede, inclusive, repugnarles más o menos vagamente.

Pero ella es así. La realidad nos lo está diciendo a cada paso

El nazismo y el fascismo …. Cayeron vencidos.

Porque empezaron matando, drásticos y violentos.

No se debe matar:

a)   Porque el quinto Mandamiento lo prohibe.

b)   Porque no conviene.

A los que se acogen al finis coronat opus, el fin justifica los medios, hay que decirles que no; que el bien no basta con hacerlo. Hay que saberlo hacer.

Si la más elemental inteligencia no penetrara esta verdad, ahí está la experiencia para demostrarlo cada día.

Los pueblos no estiman, ni mucho menos agradecen, los desvelos que “por su bien” pueden tomarse si ese bien se les quiere imponer de un modo violento, agrio, tiránico.

Esa resistencia al “favor impuesto” es universalmente humana …

No. El bien hay que saberlo hacer.

No basta ser generoso. Hay que buscar el modo de que nuestras mismas dádivas no ofendan ni depriman …. “Da y parece que ha pedido”, se dice en una comedia de Alarcón

a propósito de la liberalidad de cierto personaje. La frase es maestra. Y bellísimamente exacta y expresiva … “Da y parece que ha pedido”. No alardea del regalo hecho. Antes

perece pedir perdón por favorecer y absequiar.

… Y en cuanto a los que proclaman la necesidad de destruir y de aniquilar al enemigo vencido …., bastará recordarles que esa tendencia homicida y feroz revela en el vencedor más

desconfianza, más miedo que fuerza, y, en último caso, falta de seguridad en el triunfo.

El poeta ha dicho:

Del primero

que sabe perdonar es la victoria.

Y el buen poeta tiene razón. Porque, entre otras cosas:

Siempre tiene razón un buen Poeta.

Manuel MACHADO

De la Real Academia Española.

         En cualquier caso pensamos que si Antonio Machado pasó toda la Guerra Civil, manteniendo, desde la zona republicana en la que se encontraba, su firme adhesión a la República, al pueblo, a su forma de entender la vida y a sus ideas progresistas, lo mismo pudo hacer Manuel en la zona en la que le tocó vivir si sus ideas y apoyos hubieran coincidido con las que mantenía la “nueva España”, y si no fue así, pues salvo algunos escritos o poemas de dudosa o auténtica autoría, nada demuestra una adhesión indubitativa al régimen impuesto por los sublevados, más bien acredita todo lo contrario, un rechazo que por subsistencia tuvo que acultar.

         “Mi voluntad se ha muerto una noche de luna / en que era muy hermoso no pensar ni querer… / Mi ideal es tenderme sin ilusión ninguna…”.  “¡Que la vida se tome la pena de matarme, / ya que yo no me tomo la pena de vivir!”.

         Mientras estas fueron las vivencias de Manuel en Burgos, las de Antonio en Madrid, Valencia, Rocafort, Barcelona y Collioure son diferentes y muy conocidas. Su apoyo a la República, sus manifestaciones, alocuciones y escritos, en verso y en prosa son muy conocidas y han sido analizadas y estudiadas por muchísimos estudiosos de su obra, por lo que no resulta ésta ocasión la adecuada para repetirlas y glosarlas. Sabía que su hermano Manuel hubiera actuado con la misma claridad y posición que él, pero no podía al estar en la “otra zona”, en la que su forma de pensar, si  manifestada, le hubiera costado la visita a una tapia y un disparo mortal.

         Ambos hermanos estaban pendientes de las escasas noticias que del otro les podían llegar por los medios de comunicación, pero apenas llegaban. Los contactos directos, teléfono o correo eran impensables, además de tremendamente peligrosos si se hubieran conseguido realizar, por lo que lo mejor era evitarlos.

         Y en esta distante localización sobre las tierras de España, una mañana, posiblemente el día 23 de febrero de 1939. Manuel Machado se entera de la muerte de su hermano Antonio.  Diversas son  las afirmaciones escritas sobre como le llegó esta noticia a Manuel Machado, se ha escrito que fue en una barbería de Burgos, que fue mediante la prensa o mediante la radio, que fue en la oficina de prensa de la capital burgalesa, que fueron amigos los que le comunicaron la noticia. Pudo ser por algún o de estos medios pues la realidad es que el 23 de febrero la noticia, aunque limitada y escasa en contenido, se había dado en alguna emisora de radio y la habían recogido en redacciones de algunos diarios, y de esto a circular en las calles, aunque todavía de forma incipiente, solo hay un paso.

                  Pero la realidad, aquella que se trasmitió en la familia, por así comentárselo, en su momento posible, Manuel y su mujer Eulalia, es que fue un cartero el que el día 23 de febrero le pregunta: “Don Manuel, ¿Vd tiene algún familiar que se llama Antonio Machado?. He oído que este señor ha fallecido en Francia”.

         Manuel casi no pudo contestarle y corrió a ver la prensa extranjera donde comprobó tan triste suceso. Decía Eulalia que en la vida lo había visto tan abatido: que eran unos hermanos que hubieran dado la vida el uno por el otro. Que como no sabe nada de la madre, después de varias gestiones y consegue el permiso necesario para desplazarse a Francia. Parece que no tuvo problemas importantes para ello gracias a su aparente sintonía con el nuevo sistema y a los apoyos y garantías ofrecidas por amigos y personas de reconocido prestigio en aquella zona franquista, arregla los pasaportes o/y salvoconductos y salen inmediatamente hacia Francia, para recoger a la madre y ver a su hermano José, que sabía estaba con Antonio, y tal vez a alguno más de sus otros hermanos.

         Salen de Burgos en automóvil, parece que de unos conocidos que lo ponen a su disposición. Sí que les acompañaba además de un conductor otro acompañante, ¿policía u otro conductor de relevo?. No tenemos certezas.

         No es seguro tampoco la fecha en la que inician el viaje, suponemos que debió ser a primeras horas del 25 de febrero o el 26. Cruzan la frontera con Francia por Hendaya y allí consiguen la confirmación de que Antonio había fallecido en Collioure y que en este pueblo había sido enterrado y no en París como habían pensado en principio por informaciones recibidas.

         Y salen, probablemente el 26 o el 27 hacia Collioure. Antes de partir habla Manuel con amigos que estaban en París y le comentan que también había fallecido su madre el día 25, es decir, el día anterior.  El golpe es tremendo.

         No esta claro, pues no hay información de ellos que se recuerde famiiarmente, ni ningún dato de otros que lo especifique, si desde Hendaya hasta Collioure fueron por carretera o si este desplazamiento lo fue en tren, probablemente via Burdeos y Touluse. Teniendo en cuenta lo complejo y el estado de la carretera que por encima de los pirineos discurría y las líneas férreas que existían en aquellas fechas, podemos pensar que el viaje de Hendaya a Collioure podía exigir dos días. Por ello si  iniciaron este trayecto, en coche (suponemos que alquilado) o en tren el 26 o el 27 de febrero, pudieron llegar a Collioure entre el 28 y el 29 de febrero. Nosotros, por otras datos que mas adelante se comentarán creemos que Manuel y Eulalia llegaron al pequeño pueblo costero de Collioure el día 28.

         Años mas tarde contaba Matea, ya en Madrid, que estando ella y José mirando desde una ventana del hotel Bougnol-Quintana, en silencio, ella exclamó: ¡Ahí llegan Manuel y Eulalia!.  José la contestó: “Dejate de alucinaciones”, no la creyó en aquel primer momento, pero a medida que se iban acercando, comprobó que, efectivamente, eran ellos.  El reencuentro de los dos hermanos  fue de infinita amargura.

         ¿Qué se dijeron y comentaron los hermanos? Mucho se ha especulado sobre ello, insinuándose incluso reproches y tensiones, pero tampoco hay nada que avale esto, ni nada que pueda hacerlo pensar, más bien hay datos que indican todo lo contrario.

         Veamos, Manuel a su regreso a España se trajo en famoso bastón de su hermano Antonio, que durante ochenta años se conservó en la familia hasta que se cedió a la Fundación Unicaja para que lo acompañara en sus actuales exposiciones sobre los hermanos Machado, como así ha sido.

         Por documentos y cartas que se conservan en la familia Machado y por comentarios posteriores de los hermanos y sus esposas, Manuel se ofreció a facilitar el regreso a España de su hermano José, tanto con soluciones políticas como económicas.  Y así parece que lo acordaron, aunque el que las hijas de José y Matea estuvieran en Moscú complicaba algo las cosas.

         Si pasados algunos meses tuvieron que desistir, al menos José, del regreso a España fue por estar precisamente las hijas en Rusia y ser problemática la repatriación de éstas a España, y por las cada vez más intransigentes y no estables posiciones que se daban en la nueva España con los exilados. Así se lo hacían ver, además amigos que como ellos estaban en Francia, como Santullano o Giner Pantoja.

         Pero sabemos que Manuel estaba dispuesto a “moverse” lo necesario para conseguir el regreso de sus hermanos, y en este caso de José. Hay cartas de Manuel a José facilitándole nombres y direcciones en París, de amigos a los que recurrir para solicitarles dinero en nombre de Manuel.

         Hagamos números. Sabemos que  llegaron Antonio y José, la  madre de ambos y Matea a Collioure sin ningún  dinero en francos, el que tenían en pesetas eran billetes republicanos que no tenían ya ningún valor ni nadie los quería.  Es decir, cero francos de partida. Recibieron de la Embajada de España 2.000 francos el 2 de febrero del 39 y 4.200 francos, de la misma procedencia el 10 de ese mismo mes. Nada Mas, es decir sus ingresos fueron de 6.200 francos, al menos hasta que salieron de Collioure el 2 de abril de ese año.

         Sabemos por la factura que pagaron ese día 2 de abril al Hotel Bougnol-Quintana, fue de  50 francos por día, en pensión completa,  siendo 34 los días facturados, del 28 de febrero al 2 de abril. Resultando un importe total de 1.700 francos.

         Si suponemos que el precio fue el mismo desde el 28 de enero al 28 de febrero, y siendo cuatro personas subiría el coste de cada día a 100 francos, que por 28 días serían 2.800 francos.

         Total entre las dos facturas del Hotel de Collioure el coste sería de 4.500 francos.

         ¿Con lo que les quedara llegaron a París y de esta ciudad a Meurville, para regresar a París y finalmente llegar a Burdeos.? No parece posible.

         ¿Pagó Manuel Machado toda o parte de la factura pendiente en el hotel Bougnol-Quintana a 28 de febrero?. Es posible que directamente o indirectamente, máxime si se estaba hablando de que regresara su hermano José y su mujer a España y que  mientras tanto tuvieran algo de dinero para vivir.

         Lo importante de estas consideraciones no es que Manuel les diera dinero o les pagara alguna factura, lo importante es saber que la finalidad era el facilitar su regreso a España apenas pudieran.  Y que ello significaba que entre los hermanos no había ninguna diferencia o tensión de índole ideológica ni de ningún tipo. En todo caso eran hermanos, queridos, y esto era suficiente.

         ¿Cuántos días estuvo Manuel y Eulalia en Collioure?  ¿Los dos, tres o cuatro días para los que tenían salvoconducto?.  No lo sabemos con  certeza, aunque nos sorprende que no supieran  que el lunes 4 de marzo se iba a celebrar un funeral en la Iglesia de Collioure por su hermano Antonio y que no se quedaran   hasta esa fecha para asistir al  mismo, teniendo además la presencia de la muy católica Eulalia y que el funeral se ampliaría a la madre.

         Nos complican nuestras indagaciones las escasas informaciones que tenemos de aquellos días y de la presencia en Collioure de Manuel y Eulalia, Sabemos por Eulalia y años más tarde por Matea, que Manuel pasó mucho tiempo en el mas absoluto silencia en el cementerio, ante el nicho en el que reposaba su hermano y la tierra o sepultura en la que estaba enterrada su madre.

         Y para colofón tenemos las declaraciones de Gaston Prat realizadas a Radio París en Collioure el 2 de noviembre 1975, ya que en éstas afirma que  tres o cuatro días después de la muerte de Ana Ruiz llegó a éste pueblo Manuel Machado con un salvoconducto para dos o tres días. Nos dice Gaston Prat que no solo tuvo la ocasión de conocerle si no la oportunidad de hablar con  él para finalmente acompañarle a la estación, suponemos que de Perpiñán, para ir a París, desde donde regresaría a España.

         Si estas manifestaciones de Gastón Prat son ciertas, y en principio no hay motivos para dudar de sus palabras, corroborarían la posibilidad de que Manuel Machado y su mujer Eulalia llegaran a Collioure en tren (tal vez desde Burdeos), después de haber dejado el coche en la frontera, en Hendaya. Es creible esta posibilidad, pues sería extraño que un automóvil de España, proveniente de la llamada Zona Franquista tuviera permiso para desplazarse libremente por Francia.

         Si es así lo que sucedió, ¿porque fue hasta París en vez de ir directamente a Burdeos desde Perpiñan?. ¿solo por cuestión de horarios y frecuencias de los trenes?, ¿por ser trenes y línea más rápìda? o además ¿por aprovechar y contactar con “alguien” o “algunos”?.

         Salvo nuevas fuentes, ahora no conocidas, o documentos que pudieran aparecer, no creemos que nunca podramos saber con total certeza estos posibles hechos.

         El caso es que Manuel y su mujer regresaron a Burgos. Que a primeros de agosto contactó con ellos mi abuelo Francisco Machado, que acompañado de su mujer y de sus dos hijas mayores, pretendía regresar a España desde Francia. Las gestiones de Manuel fueron válidas y todos ellos llegaron a Burgos, para desde esta ciudad regresar con Manuel y Eulalia a Madrid, a su casa en la calle Churruca 15.

Francisco Machado y sus tres hijas, Ana, Mercedes y Leonor a finales de los años 40 en Madrid.
Leonor Machado y su prima Eulalia en Madrid (Eulalia, hija mayor de José Machado)

         A primeros de septiembre regresó a España mi madre, Leonor Machado, hija de Francisco, que por aquellas circunstancias que frecuentemente se dieron en los días en que se cruzaba la frontera con destino Francia quedó separada de sus padres y hermanas, menos mal que en compañía de familia conocida. Curioso, finalmente el dinero que la dieron a mi madre para regresar vía Barcelona a Madrid, se lo facilitó en Monpellier la familia Hauser, la misma que meses mas tarde, en noviembre del 39, avalaron, junto a José Giner Pantoja, (sobrino de D. Francisco Giner de los Rios) a José Y Joaquín Machado y señoras para obtener la autorización de la Republica de Chile para entrar en ese país americano.

RECUERDOS Y VIVENCIAS CON MANUEL Y ANTONIO MACHADO.

Por Leonor Machado

Manuel y Antonio Machado

Yo misma me voy a presentar; soy Leonor Machado, autora de este modesto librito que desearía al lector le resultara simplemente entretenido como me ocurría a mí cuando lo estaba escribiendo, recordando tiempos pasados.

Afectuosamente Leonor

LEONOR MACHADO MARTÍNEZ

He tratado de incluir, en esta segunda versión, algún dato nuevo que pueda ser de interés, no se si lo he conseguido dadas las muchas y valiosas biografías que se conocen de los poetas Antonio y Manuel. Esta recopilación por mi parte, sin pretensiones literarias, son recuerdos escuchados a varios familiares allegados y algunos casos vividos.

Para empezar voy a referirme a los más próximos ascendientes.

Antonio Machado Núñez, abuelo de los poetas, nació en Cádiz en 1.815, bautizado en la Iglesia Catedral. Sus padres, procedían de la onubense Alosno.

Antonio Machado Núñez

Machado Núñez, con un bagaje cultural extraordinario, estudió medicina en Cádiz, y tras un breve ejercicio de su profesión en España, se trasladó a Guatemala para reunirse con su hermano Manuel, que ya había logrado encauzarse en diversos negocios en aquellas tierras. Puede decirse que con su hermano Manuel terminaron las vocaciones comerciales en la familia, tomando, ésta, definitivamente el rumbo cultural que todos conocemos.

Regresó pronto de las Américas. No quería encariñarse con las riquezas materiales que ya empezaba a conseguir, decidiendo dedicarse a la investigación de la naturaleza, que le hacía tan feliz y que había descubierto entre la selva tropical, la fauna y los volcanes centroamericanos.

De regreso al viejo continente trabajó en la Universidad de la Sorbona de Paris como ayudante del profesor Orfila, destacado naturalista y profesor científico, famoso por sus estudios sobre toxicología, los venenos y sus antídotos. Conoció y colaboró con el químico Bequerel y el geólogo Prevost.

En 1846, ya en España, fue nombrado catedrático de Física y Química, siendo su destino la Universidad de Santiago de Galicia.

Antes de partir contrajo matrimonio con Cipriana Álvarez Durán, sevillana de orígenes extremeños.

Cipriana Álvarez Durán

En esta ciudad de Galicia nació su único hijo, el 6 de abril de 1846, en la Rua Nueva número 33. Ese mismo año regresaron a Sevilla, por motivos de salud de Cipriana, donde había obtenido la cátedra de Mineralogía y Zoología en la universidad hispalense.

Durante más de treinta años se dedicó a la docencia, desempañando, además de la cátedra de la que era titular, el cargo de Decano de la facultad de Ciencias, en el edificio universitario de la calle Laraña de Sevilla.

Entre 1869 y 1873 fue Alcalde y Gobernador de Sevilla, y Rector de la Universidad.

El 26 de octubre de 1878 se inauguró el Ateneo de Sevilla, y Machado Núñez asumió la Presidencia de la sección de ciencias exactas físicas y naturales; también impartió conferencias sobre geología, materia en la que había profundizado en Francia de la mano de su amigo, ya citado, el eminente geólogo Constant Prevost.

Llegó a ser de los primeros naturalistas de su tiempo, iniciando incluso los más serios estudios paleontológicos, fundando revistas científicas y museos, como el de geología de la Universidad de Sevilla o el arqueológico de ésta misma ciudad. Fue el primero, en España, en divulgar las teorías evolucionistas de Charles Darwin, lo que le ocasionó una fuerte animadversión de los sectores más conservadores de la sociedad y de la Iglesia.

Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Sevilla en la calle Laraña

Muchos fueron sus trabajos científicos, destacando, entre otros, aquellos sobre la fauna de Doñana, sobre los peces de las costas andaluzas, sobre herpetología, sobre los meteoritos caídos en la mitad sur de la península, sobre geología y mineralogía y sobre la antropología del hombre andaluz.

Como alcalde de Sevilla se ocupó de la sanidad e higiene de la ciudad y de la actualización de un sistema integral de alcantarillado que evitara las contaminaciones. Así se evitó en Sevilla una epidemia de malaria que asoló otras ciudades andaluzas.

Antonio Machado y Núñez

En 1.883, obtiene la Cátedra de Zoología de la Universidad Central de Madrid. Con este motivo se traslada con toda la familia a la capital, donde vivirá el resto de sus días, dedicándose a la docencia, la investigación y la política, llegando a ser candidato a senador por el partido radical de Ruiz Zorrilla. Entre los amigos que más frecuentaba se encontraban Salmerón, Pi y Margall, Joaquín Costa y Francisco Giner de los Ríos.

Como ya indicamos, su único hijo, Antonio Machado Álvarez, nació en Santiago de Galicia, como se decía entonces, el 6 de abril de 1846; bautizado con los nombres de Antonio, José, Cipriano, Francisco y Celestino.

Antonio Machado y Álvarez

Su infancia y juventud se desarrolló en un ambiente sevillano en el que no faltaba una fuerte impronta cultural, tanto por la actividad científica de su padre, por la actividad pictórica y antropológica de su madre.

Antonio Machado y Álvarez

Cursó Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Sevilla y el doctorado en ambas facultades de la Universidad Central de Madrid.

Durante su estancia en Sevilla, ejerció brevemente como abogado, fue Juez en Dos Hermanas, dedicándose siempre a la docencia y a la investigación, en particular a la iniciación en la nueva ciencia llamada folklore, (ciencias del saber popular en todas sus manifestaciones).

Organizó en Sevilla estos estudios que por su iniciativa se fueron extendiendo a casi todas las regiones de España. Fue miembro honorario de algunas sociedades Folk-loricas en Europa, Inglaterra, Alemania, Portugal e Italia; sus trabajos sobre literatura popular, se tradujeron en varios idiomas europeos.

De 1869 a 1872 publicó una serie de artículos titulados “estudios de literatura popular”, y en 1886 una selección escogida de “cantes flamencos”, siendo su trabajo más reconocido la edición de la “Biblioteca de las Tradiciones Populares” , once extraordinarios tomossobre el folck-lore español, en los que colaboraron, entre otros Doña Emilia Pardo Bazán, D. Francisco. Rodriguez Marín, Teófilo Braga y Giuseppe Pitré, con los que mantuvo una gran amistad y sus incondicionales amigos Luis Montoto y Alejandro Guichot.

Antonio Machdo y Álvarez y su esposa Ana Ruiz Hernandez

Ya en Madrid fue director del diario “La Justicia” fundado por don Nicolás Salmerón, donde divulgó más de seiscientos artículos jurídicos, profesor de estudios antropológicos y folklóricos en la Institución Libre de Enseñanza, colaborador de diversos periódicos madrileños

José Álvarez Guerra

En la mayoría de sus trabajos utilizó el nombre de Demófilo como pseudónimo, tal vez en recuerdo de su abuelo materno José Álvarez Guerra que firmó sus obras con el nombre de “un amigo del hombre” .

Antonio Machado Álvarez, con 27 años de edad y a orillas del Guadalquivir, observando como saltaban unos delfines, todo un espectáculo enmarcado en una expectación desbordada, coincidió con Ana y se enamoro de ella desde el primer instante de haberla visto. Antonio preguntó quien era aquella joven y donde vivía: le contestaron con esa forma de decir típica de Andalucía ¡en Sevilla, búsquela Vd!, ¡y vaya si la encontró!.

Ana Ruiz Hernández nació en Sevilla en la calle Orilla del Rió, hoy calle Betis de Triana, fue bautizada con los nombres de Ana, Josefa y Felipa el 28 de febrero de 1854, en la iglesia parroquial de Santa Ana, la iglesia más antigua de la ciudad de Sevilla, ordenada construir por Alfonso X en el año 1.276, de estilo gótico-cisterciense.

Ana nació a orillas del río Guadalquivir, ese del que una famosa sevillana del siglo XVIII dijo:

¡Ay, río de Sevilla que bien pareces lleno de velas blancas y ramas verdes!

Pasado algún tiempo se casan el 22 de mayo de 1873 siendo testigos de la boda don Manuel Sierra Durán y don José Jiménez Jiménez, los dos de Sevilla.

El primer hijo de este matrimonio fue Manuel, que nació en Sevilla el 29 de agosto de 1.874, en la calle San Pedro Mártir no 20, barrio de la Magdalena.

Antonio Machado y Álvarez y Ana Ruiz

A unas dependencias del Palacio de Las Dueñas, propiedad de los Duques de Alba, se trasladó esta familia a vivir, donde nació Antonio el 26 de julio de 1875 día de Santa Ana coincidiendo con el día del santo de la madre.

Palacio de las Dueñas

Muchos años después el Excmo. Sr. Duque de Alba ordenó colocar en la fachada de la Casa de las Dueñas, una placa que contiene la inscripción siguiente: “En una vivienda de este palacio, nació el poeta Antonio Machado. Aquí vió la luz, el huerto claro, la fuente y el limonero”. El Palacio de las Dueñas, fue construido en el siglo XV.

A primeros de 1879 deciden cambiarse a la antigua calle de las Navas, número 1, donde nacen dos hermanos, José el 18 de octubre de 1879 y Joaquín el 17 de agosto de 1881, bautizados en la Parroquia de Santa María Magdalena. En esta misma iglesia, en 1618, bautizaron al gran pintor Murillo, de nombre Rafael Pérez Delgado.

Pocos años después pasaron a residir con los abuelos paternos a la céntrica calle de O’Donell, número 22, de Sevilla.

Los abuelos maternos fueron Rafael Ruiz e Isabel Hernández, de Sevilla y Totana (Murcia).

Cuando Manuel y Antonio tenían 9 y 8 años, con ocasión del nombramiento del abuelo como titular de la Cátedra de Zoología de la Universidad Central, los padres deciden trasladarse con toda la familia a Madrid.

Lo comentan con los dos hijos mayorcitos pero a ellos no les hace ilusión de momento. Dicen que de salir de Sevilla les gustaría a una ciudad con gran puerto de mar porque quieren ser marinos.

Ésta parece ser la primera y prematura vocación tal vez heredada de los marinos habidos por línea materna. No llegaría a realizarse como todos sabemos, pero si se definen por primera vez. Sin duda la inspiración es el mar, aunque la manera de ser de cada uno es distinta.

Manuel dice que quiere ser capitán de un buque de guerra, Antonio de un viajero mercante.

Antonio y Manuel Machado. Sevilla 1883.

El padre los había llevado al puerto de Huelva donde quedaron impresionados. Era la primera vez que vieron el mar. Les hacen comprender que en la Villa y corte encontrarían más facilidades de futuro y podrían iniciarse oportunamente en sus vocaciones. Les hablan como si fueran hombrecitos.

Llegan a Madrid y se instalan en una casa de la calle Claudio Coello no 16, esquina con la calle de Villanueva, donde nacen los dos últimos hermanos: Francisco el 19 de febrero de 1885, mi padre, y una hermana que se llamó Cipriana como la abuela, bautizada en la parroquia de Santa Teresa y Santa Isabel, de Madrid, que falleció a los quince años, en 1900.

Cipriana Machado Ruiz.

El abuelo que tenía gran amistad con don Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de la Enseñanza, le habla de sus nietos mayores pensando en la formación humanística y cultural de los chicos. Fueron admitidos, y les entusiasma a los muchachos el sistema de estudios dirigido por aquellos grandes pedagogos. Fueron alumnos de estudios primarios Manuel desde los 9 años los 14 y Antonio de los 8 a los 13. Después ingresaron en el Instituto San Isidro, de Madrid, y, más tarde, en el Instituto del Cardenal Cisneros.

Decía Manuel que cuando pasaba por la Institución sita en la calle Martínez Campos, recordaba emocionado que siendo niño, se empinaba para llegar al timbre o llamador de la puerta, pintada de verde.

Francisco Giner de los Ríos

En sus mentes, quedaron registradas cantidad de cosas dignas de reflexión, a pesar del tiempo transcurrido.

Antonio sentía gran amor por la naturaleza, hay paisajes que le acompañan siempre. No le cansaba dar grandes paseos por el campo, sin embargo en la ciudad cogía muchos taxis, no le apetecía andar entre calles.

Creo que en la sierra de Guadarrama se le iluminaban los ojos y se olvidaba del tiempo y de todo extasiado mirando “los azules montes del ancho Guadarrama”, como más tarde él cantara. Antonio decía que la obra creada, no podía nunca superar a la naturaleza aun pensando en el maravilloso colorido de los cielos que pintó Velázquez.

Antonio afirma en su biografía: “me eduqué en la Institución Libre de Enseñanza, a sus maestros guardo vivo afecto y profunda gratitud”.

La Institución comprendiendo la trascendencia de los estudios folklóricos para nuestra historia y nuestra cultura creó una cátedra con fecha 27 de septiembre de 1885 en Madrid, proponiendo en carta firmada por el Rector de la Universidad don Juan Uña a Machado Álvarez que se hiciera cargo de la mencionada cátedra en el curso académico de 1885-86, que pasó a desempeñar. Publicaba asiduamente artículos en el boletín de la Institución.

La amistad de Machado Núñez con Giner de los Ríos, data de los años pasados anteriormente en Ronda, provincia de Cádiz, su bello pueblo natal, de donde partían sus raíces. Se profesaron tal admiración y cariño que este duró para siempre. También otro personaje era don Manuel Bartolomé Cossio que Giner de los Ríos lo veía como eminente colaborador suyo, y a su mas digno continuador.

La influencia que ejerció la Institución en la formación cultural de Antonio y Manuel la podemos observar en el hermoso tema del agua -origen de la vida- que tienen siempre presente en su obra. La fuente, el rio, el mar…, la importancia de las fuentes. “En la Biblia se decía que el señor cuando quería favorecer a sus servidores, les regalaba una fuente. En la canción popular las fuentes son claras y serenas, en las leyendas son santas y sagradas, en verano las aguas son fresca y en invierno calientes, según los ingenuos poetas medievales” las fuentes son para la salud del pueblo, ornato de las ciudades y pacificación de los espíritus según opinaba don Manuel Bartolomé Cossio. ”Nada se a multiplicado tanto en los pueblos y ciudades como las fuentes, riqueza material de bienestar utilitario, de mejora de vida y de progreso”.

Algo poco conocido es que en un pueblo de León, llamado Villablino perteneciente el valle de Laciana,

varios profesores de la Institución fundaron unas escuelas que llamaron de Sierra Pambley, nombre de su benefactor Francisco Sierra Pambley, don Paco, como se le llamaba en el pueblo cariñosamente.

Decían por aquellas tierras, que desde que se fundaron allí las escuelas, no se había dado ningún caso de analfabetismo y que los moradores lo tenían muy “a gala”.

A don Paco, se le profesaba gran cariño y agradecimiento.

La apertura de estas escuelas fue desde 1886 hasta 1916 que se cerraron. Se volvieron a abrir en 1918 hasta 1936 que se clausuraron. Sin más detalles me han informado que ahora en estos locales, rehabilitados y remodelados se celebran actos culturales importantes.

El pueblo es muy pintoresco. En los años 50 todavía llevaban el ganado vacuno por las calles. Lo iba dirigiendo un mozo con una varita hasta subirlo a las brañas, ahí pastaban durante el día hasta la noche que iban a recogerlo.

Antonio Machado no quiso nunca gravar su voz, decía humorísticamente que la grabaran por él, diciendo que era la suya y en paz. Tenía toda la razón porque verdaderamente la voz grabada resulta casi irreconocible para el interesado.

De su torpe aliño indumentario, me refiero a Antonio, el decía; ante la imposibilidad de vestir bien como seria mi deseo, trato de no darle demasiada importancia. Vestía colores pardos, gris oscuro, azul marino de confección amplia.

Protestaba de la moda de su época que la encontraba cursi y amanerada. Pensaba, con estos trajes parece uno, un figurín de sastrería. Para el aseo personal era extremado, algo que le horrorizaba era que lo vieran sin afeitar, tan es así, que en sus ultimas horas de vida, pidió que le cortaran el pelo y le afeitasen. Tenía fobia a las melenas en las mujeres y al pelo largo en los hombres.

Manuel seguía la moda, iba impecable, cuidaba su figura siempre erguida y hasta cuando se sentaba seguía tan derecho; eso le hacía conservar la ropa en mejor estado.

Manuel Machado

Antonio era menos hábil que Manuel, hermético y poco hablador, en las cuestiones personales, y, en general en todo lo intimo aunque por sus rasgos nobles y su obra nos haya dejado bastante clara la idea de cómo podía ser en el fondo, unido a sus versos “soy, en el buen sentido de la palabra bueno”. Creo que su obra tanto poética como filosófica es la que habla.

Retrato

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero.
mi juventud, veinte años en tierra de castilla:
mi historia algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Brandomín he sido-, ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,

mas recibí la flecha que me asigno Cupido,
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; más no amo los afeites de la actual cosmética ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna. A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera mi verso, como deja el capitán su espada;
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo – quien habla solo, espera hablar a Dios un día -, mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y este al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontrareis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado.

Manuel en un viaje que hace a Sevilla se compromete en noviazgo con una muchacha hija de un farmacéutico que se llama Eulalia Cáceres y Sierra, prima en segundo grado de ellos.

La madre muy complacida con estas relaciones le dice: Manuel, no le hagas una felonía a Eulalia.

Manuel junto con Antonio siguen su vida, leen mucho a los clásicos y cuanto cae en sus manos. Salen todas las noches para reunirse con los amigos y escritores de la época como Valle-Inclán, Unamuno, Juan Ramón, Maeztu y Villaespesa. Pasan los años y volvemos con los hermanos Antonio y Manuel que continúan con sus vocaciones por el teatro: cuando le preguntan a Antonio que le gusta del teatro dice que todo pero más que nada representar. De Manuel piensa que podría ser un buen director. Empiezan a frecuentar tertulias literarias, escriben verso y prosa, publican en “La Caricatura”, Manuel con el pseudónimo de “polilla”, Antonio con el de “cabellera” basado en su abundante pelo.

En cierta ocasión que llegó de visita Valle-Inclán, embozado en su capa, a casa de Antonio comentó al entrar: hace un frió que pela, entonces Antonio, dijo….allá voy yo. Lo del pelo era una verdadera obsesión.

Manuel y Antonio colaboran entre otras en las revistas Helios, Blanco y Negro y Alma Española. Manuel con otros escritores, fundaron otras revistas entre ellas Electra, Renacimiento, Revista Ibérica. Manuel es considerado como un maestro de la escuela modernista. En el tercer número de la revista Electra figuran como colaboradores Manuel con un diálogo entre sus personajes Pierrot y Colombina, y Antonio con un poema que titula “del camino”

En 1892 Antonio Machado Álvarez, residiendo en Madrid, partió hacia Puerto Rico buscando mejorar la situación económica familiar, pero tuvo la fatalidad de enfermar gravemente. Un cuñado suyo, Manuel Ruiz, fue quien se encargó de trasladarlo de Puerto Rico a España (Sevilla) sin que la ciencia pudiera hacer nada para salvar su vida. Entre los doctores que le atendieron estaba su otro cuñado, medico, Rafael Ruiz. En Sevilla le esperaba Ana su esposa que estuvo a su lado hasta el último momento. Falleció el 4 de febrero de 1893, a los 47 años, siendo enterrado en el cementerio de San Fernando de Sevilla.

El Abuelo Antonio Machado Núñez en 1896 desempeñaba en Madrid, donde estaba destinado desde 1883, la cátedra de malacología. Aquel mismo año falleció, siendo enterrado en el Cementerio Civil de Madrid, quedando la madre y la abuela al cargo de los muchachos. Ellas eran las responsables de aquella casa, que dirigieron con cariño y talento, pero así y todo, los mayores se les escapaban de las manos, cosa normal en todos los tiempos.

Paco, mi padre, tenía once años cuando falleció el abuelo, por el que sentía gran cariño. Le oí decir que salía con él cogido de la mano y que ya adulto le parecía sentir todavía el calor de su mano en la suya, nada extraño dada la imaginación y sensibilidad de esta familia.

La abuela Cipriana pasó parte de su infancia en Llerena donde recibió una formación privilegiada para su época. Buena escritora, decían sus nietos que también era una gran conversadora. Cipriana, en su día en estrecha compenetración con su hijo, “Demófilo”, había publicado algunos cuentos populares, llegando a ser conocida en aquellas tierras por el apodo de “la mujer de los cuentos”. Fue además una excelente pintora.

Agustín Durán

Otros personajes dignos de mención fueron los ascendientes de Cipriana Álvarez Duran. Entre estos, el padre de Cipriana, José Álvarez Guerra, filósofo y autor de un libro titulado “La Unidad Simbólica o destino universal del hombre”. Este personaje fue uno de los patriotas heridos en la Puerta del Sol el día dos de mayo, siendo posteriormente capitán en el batallón “Cazadores de Zafra”, enfrentándose con él a las tropas napoleónicas. Durante la guerra de la Independencia llegó a ser capitán del Estado Mayor del general Castaños.

Agustín Duran, tío abuelo de Cipriana, fue Director de la Biblioteca Nacional y recopilador del romancero español, en el que aprendieron a leer Manuel y Antonio. Los poetas no llegaron a conocerlo en vida.

La abuela Cipriana les dedicaba una lectura todas las noches. Era una dama muy interesante y cultivada. Seinició en la pintura como un hermano de la madre, copista de la escuela Sevillana, concretamente de Murillo.

Seguimos con ascendientes de Cipriana. Juan Álvarez Guerra, hermano del padre, fue ministro de Agricultura y de Interior, primero en 1814 y posteriormente en 1835, en gobiernos liberales de Fernando VII. Amigo personal de muchos escritores y políticos de la época, como José Quintana, Argüelles, Martínez de la Rosa y Álvarez Mendizábal.

Juan Álvarez Guerra.

La afición por el teatro le duró a Antonio toda la vida. Consiguió entrar como meritorio, sin conseguir más que pequeñas intervenciones de decir cuatro palabras (por algo se empieza), que tenia que compartir con otro meritorio. Una noche le tocaba a él decir aquellas palabras y otra noche al compañero. A la vista de la falta de porvenir, Antonio acabó por dejarlo.

Sus amigos en este mundo del teatro fueron el joven Ricardo Calvo, hijo del gran actor Rafael Calvo, y Antonio Zayas, otro meritorio como ellos, que de cuando en cuando, también conseguía algún papelito.

Hablando de la familia Calvo, quiero recordar que en Toledo se comentaba que aparecían fantasmas -claro esta que no había tales-, pero sí unos hombres que para asustar y algo más, salían envueltos en sábanas blancas por las noches y andaban por los extrarradios. Un día se acercaron a Rafael Calvo y le dijeron…. “la bolsa o la vida”, el actor tuvo la gran ocurrencia y serenidad que le salvó de ser atracado diciendo con el mayor énfasis, como si estuviera representando en el teatro. ¡Antes…. “la vida”!. Se asustaron y salieron corriendo. Este suceso se lo contó Ricardo a Manuel, y Manuel en casa.

Los poetas frecuentan ensayos, escuchan lecturas entre bastidores…. en suma les apasiona el teatro. Por supuesto que también les gusta la música, su preferido es Mozart.

Sienten no tener conocimientos musicales suficientes; según Antonio éstos les hubieran sido muy útiles en la poesía, pues encontraba que “determinados momentos líricos solo podían expresarse plenamente a través de ella”.

De pintores, el Greco, Goya y Velázquez. A Manuel le oí hablar con mucha admiración del pequeño cuadro expuesto en el Museo del Prado, “El tránsito de la Virgen”, de Mantegna. También era muy del gusto de Antonio.

Viajan a Paris, y trabajan para la casa Hipolite Garnier como traductores, primero llegó Manuel en marzo de 1899, tres meses después Antonio. Le recibe Manuel en su hospedaje de la calle Monsieur le Prence, hotel Médicis, uno de los que habitó Paul Verlaine en el barrio latino. El gran poeta francés falleció en 1996, como Antonio Machado Núñez

Conocen en Paris en 1902 a Rubén Darío poeta de lengua castellana, como todos sabemos de corriente modernista, y al gran escritor y periodista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, asesor literario de la editorial Garnier. Con éste y Rubén Darío, a quien el maestro Ortega y Gasset le llamaba “el indio divino”, se reúnen y leen sus versos. Rubén repite una y otra vez, “admirable, admirable”.

El amigo Enrique Gómez Carrillo, estuvo casado con la artista Raquel Meller, mujer de personalidad arrolladora. Surgió un nuevo género musical que se llamaba “varietes” (espectáculo de variedades).

Enrique Gómez Carrillo

Compitieron Raquel Meller, “La Argentina” y “Pastora Imperio”. Estas tres grandes artistas se hicieron muy famosas en su género que se mantuvo con el mayor éxito muchos años. De las canciones más conocidas de Raquel, fueron “La violetera”, “El relicario”, “Flor de the” y “Si yo tuviera un millón”. Era un estilo el de Raquel Meller que podría compararse hoy con el de Edith Piaf, francesa que apareció en escena muy posteriormente.

Decía Gómez Carrillo en unos versos dedicados a Raquel:

Yo solo quiero añadir Que si cuando canta encanta, No se sabe cuando canta, Si es más de ver que de oír.

Raquel Meller

En un viaje que hizo Rubén Darío dede su país a España, en representación del gobierno que presidía don José Santos Zelaya, en 1908, tenía que presentar las cartas credenciales que lo acreditaban como embajador de su país ante el Rey de España, S.M. don Alfonso XIII. Rubén apunto de llegar al palacio se da cuenta de que se le habían olvidado las cartas y tuvo que volver a buscarlas. Al preguntarle que tal se le habían dado las entrevistas, Rubén Darío contestó: “Su Majestad, palabras cariñosas, y no dijo más”. También tenía muchas facetas de carácter casi siempre encantador pero alguna vez se ponía tozudo. En una ocasión que tomo unos vinillos de más, Antonio que no sabia que hacer con él, pensó en llevárselo a su casa, pero no lo encontró adecuado al vivir con su madre y en familia, acordándose finalmente de su buen amigo Vargas Villa que vivía solo y allí lo llevo donde fue recibido cariñosamente. Antonio se marchó y en las primeras horas de la mañana regresó a ver a Rubén, preparando alguna alusión al exceso de la noche anterior, pero de entrada le dijo Rubén: “estoy muy bien, ¿te acuerdas Antonio de los vinos y las anchoas que tomamos anoche? Pues me sentaron mal las anchoas”. Antonio no se atrevió a decirle nada.

Los hermanos Machado se sintieron muy atraídos por la gran ciudad que es y fue siempre Paris. Decía Manuel que todo hombre de espíritu, tiene dos patrias, la suya y Paris. De todas formas, se sintieron nostálgicos y regresaron a España.

Manuel consideraba Paris la ciudad encantada, del amor fácil, de la libertad y del arte.

Conocieron también a Oscar Wilde, esto se lo oí referir a Manuel, y que el arrogante Oscar había perdido su pose convertido en la sombra de lo que fue. Decía que le produjo gran tristeza encontrarle tan acabado físicamente, AQUEL “adonis”. Eran unos apasionados de la obra del insigne escritor irlandés, que nació en Dublín el año 1854 y falleció en Paris en 1900.

A propósito de Oscar Wilde, leí en un diario que se presento a un examen de griego y le hicieron traducir unfragmento de la obra Éxodo. Conforme terminaban los alumnos éstos iban levantándose y saliendo, menos Wilde. Le dijeron que también su prueba había terminado, invitándole amablemente a que se retirase. El dijo, “señores quisiera saber como termina esta historia les ruego que me dejen hasta el final.” Era de lo más sorprendente.

De las imitaciones opinaba Antonio que generalmente eran una exaltación de los defectos, nunca de las bellezas. Opinando sobre los niños decía, aunque a un niño le vistan sus padres con mal gusto, jamás estará en ridículo, eso se queda para los mayores.

La primera edición de Soledades fue publicada en 1903 al precio de 0,25 céntimos el ejemplar. En las siguientes ediciones el poeta agregó algunos poemas y excluyó varios; el decía siempre que los sentimientos en toda obra eran imprescindibles para transmitirlos.

Del marcado acento modernista, Antonio cambió la trayectoria y el titulo de Soledades por Soledades, Galeríasy otros poemas. Antonio nos va dando la impresión de recogimiento en si mismo y de belleza grave y serena. Cuando salió publicado Soledades, Antonio estaba en Granada para asistir al estreno de la traducción del “Andrea Doria”, hecha por Valle Inclán, representada por Ricardo Calvo.

Antonio le dedicó a don Miguel de Unamuno un ejemplar de su libro Soledades a la manera siguiente, “a don Miguel de Unamuno, al sabio y al poeta, devotamente”.

Antonio machado.

Antonio decía que en lo literario su maestro era Unamuno.

A todo esto, la novia de Manuel en Sevilla, éste decide ir a verla para decirla que tienen que cortar las relaciones por que le queda mucho por hacer y ella tiene una edad crítica y preciosa para quedar en libertad.

Eulalia le escucha con serenidad y dolor diciéndole “tu, puedes hacer lo que quieras, Manuel, yo te esperaré siempre”.

Los poetas un tanto animados pensaron en emprender viaje a Guatemala donde residía desde hacía algunos años su tío Manuel Machado Núñez, hermano del abuelo (el medico del gabán blanco). En realidad era tío carnal de Antonio Machado Álvarez padre de Antonio y Manuel. Este señor, hizo una gran fortuna, parece que tuvo una importante librería en la capital centroamericana, y siempre se ofreció a los familiares para ayudarlos y encauzarlos en ese país, pero las cosas no andaban propicias en las lejanas tierras y tuvieron que desistir. No sería su destino. Manuel tenía cuatro hijos, uno, el mayor, Antonio Machado Palomo, guatemalteco e hijo de su primera esposa, llegaría a ser jurisconsulto de alto prestigio, -aún hoy se concede todos los años el más importante galardón jurídico de Guatemala con el nombre de “Antonio Machado Palomo” – y los otros tres, habidos de regreso a España al enviudar, españoles e hijos de su segunda mujer, bilbaína ella, que se llamaron Manuel,

Miguel y Maria Machado Ugarte, ésta última de pequeña estatura pero de rostro precioso y elegante, fina y dotada de mucho talento. La recuerdo físicamente por fotografías y de oír en casa hablar de ella. Los otros dos hijos vivieron en Sevilla y Bilbao, donde Maria, la hermana pasaba temporadas con ellos indistintamente. María fue durante muchos años la novia de Francisco Giner de los Ríos, amigo de la familia y fundador de la Institución Libre de Enseñanza; presiones familiares les hicieron dejar sus relaciones afectivas.

Muchas aficiones tenían los dos hermanos, pero se dan cuenta que su “modus vivendi” tendría que llegar por otros derroteros. Manuel decide ir a la Universidad, y cursar Filosofía y Letras en Sevilla. Se hospeda en casa de los abuelos maternos, que vivían en el barrio de Triana. Atravesar como hacia Manuel el puente que unía Triana con Sevilla dos o tres veces al día, a la abuela debía parecerle algo insólito: ella lo había pasado media docena de veces en su vida.

Un día Manuel elegantemente vestido, mezcla de chic y algo torero, se cruzó con un mendigo en el puente y éste le dijo: “señorito, to se acaba”. A Manuel le dejó pensativo meditando……

Pasan dos años y termina sus estudios y se inclina por la rama de archivos, bibliotecas y museos.

Manuel Machado

Antonio obtiene la cátedra de francés en 1907. Su primer destino fue el Instituto General Técnico de Soria. Al llegar lo recomendaron a casa de una familia donde se alojaría. Estuvo unos días y quedó en volver para el inicio del siguiente curso que ya le correspondía atender. Se hizo cargo de la cátedra el 21 de septiembre de 1907. Esta vez además del matrimonio con dos hijos estaba otra hija, Leonor, que había llegado de Almenar de Soria con sus tíos. Leonor había nacido en un castillo habilitado como casa cuartel de la guardia civil, donde su padre, que era del cuerpo, estaba destinado. Decían por allí que Antonio había nacido en un palacio y Leonor en un castillo. En Almenar se conservaba una placa conmemorativa desde no hace muchos años.

Para Antonio Leonor fue “la flecha que le asignó cupido”, un amor romántico y apasionado que acabó en matrimonio, celebrado en Soria el día 30 de julio de 1909 en la iglesia de Santa Maria la Mayor.

Conociendo a Antonio podemos imaginar el suplicio de verse, como protagonista que era de la boda, blanco de todas las miradas, deseando terminar y desaparecer; no obstante, se celebró espléndidamente con los familiares y amigos. A la boda asistieron la madre y los hermanos José y Joaquín. Los padrinos fueron Ana, la madre de Antonio, y Gregorio Cuevas, tío y padrino de Leonor.

Antonio colabora en los periódicos sorianos, uno de ellos dirigido por su buen amigo José María Palacio, “El porvenir castellano”.

Extraordinariamente felices, Antonio leía a Leonor sus versos y le hablaba de sus viajes a Paris. A Leonor se le abrían los ojos a un mundo nuevo. También la idea de ir a Paris suponía para Leonor una gran ilusión. Antonio trata por todos los medios de complacerla y al conseguir

una beca de la Junta de Ampliación de Estudios de Filología Francesa que, unido a su sueldo de catedrático, permitía a la pareja desenvolverse con holgura, viajan a la ciudad de la Luz. Además, el poeta tiene una buenísima noticia para Leonor, su libro de poesías “Campos de Castilla” lo acaba de admitir para publicarlo la editorial de Martínez Sierra. En su día, le dedicó el primer ejemplar a Leonor que años después guardaría Antonio como una reliquia.

Llegan a Paris y se hospedan en el pequeño Hotel de la Rue Perronet, dando la ventana de su dormitorio a la calle Saint Pères. Salen todos los días y las primeras semanas lo ven todo, están dichosos. Cuando Antonio preparaba algún trabajo sobre filosofía, que despertaban en Antonio el mayor interés, atiende a sus estudios pero dando siempre prioridad a complacer los deseos de Leonor, que salía con frecuencia con Francisca, la compañera de Rubén Darío, y su cuñada Maria Sánchez del Pozo, que parecía simpatizaba con Manuel. Según Francisca, Rubén estimaba profundamente a Manuel pero admiraba a Antonio.

Manuel, en carta a Juan Ramón Jiménez, le dice: “mi hermano Antonio vive por este año de 1.911 en Paris. Le acompaña su mujer de quien esta contentísimo y enamorado, se casó hace dos años. Trabaja mucho. ¡ que divino poeta ! El mejor de todos, ¿verdad?. Su próximo libro “Campos de Castilla” maravilloso”.

Podemos decir que Leonor, la bien amada por Antonio, fue el decisivo influjo del poeta, hasta el punto que el hermoso paisaje de Soria lo llevaba el poeta siempre en sus ojos.

Un día se presentó Leonor empapada de agua medio llorando. Antonio le dijo: “¿que te ha pasado mi amor?. La ayudó a cambiarse de ropa y la tranquilizó. Había pasado lo siguiente: Leonor estuvo de compras y de pronto echó en falta el bolso que el poeta le había regalado. Volvió al comercio donde había estado y preguntó si habían visto el bolso, pero la dijeron que no. Lo había perdido. La criatura se llevó un disgusto enorme ya que se trataba de un regalo de Antonio, por eso, lloviendo torrencialmente

estuvo de allá para acá buscándolo. Por tal motivo llegó como una “sopa”.

Parece una anécdota, pero en realidad habría que considerarla patética si por ésta, quien sabe, se desencadenó la terrible enfermedad que padeció. Desde entonces ella no se sintió bien.

Tienen en proyecto ir a Bretaña el mes de julio, pero no se realiza. Poco antes, como dice Antonio sin vislumbrar lo más mínimo, a Leonor se le a presentado una hemoptisis. La atienden en una clínica de la calle Saint Denis de Paris. Durante mes y medio, algo repuesta, el médico aconseja a Antonio que regresen a Soria, clima favorable en estos casos, pero sin grandes esperanzas. El sufre en silencio lo indecible y se dedica a Leonor día y noche.

El poeta se ve en la necesidad de hacerse fuerte y regresan a España.

Ya en Soria, con Leonor enferma, Antonio escribía a su madre en los siguientes términos: “mi tristeza es infinita, siempre tenemos motivos para sufrir, pero los únicos dolores que no denigran son los que pasamos por los demás. El plan mío y el de Leonor, desde luego, es ir a Madrid si la mejoría se acentúa pronto. En caso contrario que tú vengas aquí. Leonor me decía hoy, – ahora puede venir la mamá Anita a ver a su niña, si la niña no va a verla a ella”.

Leonor se integró en la familia de Antonio. La madre y los hermanos la consideraban como una hija más y una hermana; se trataron con mucho cariño.

Como era Leonor: Era una joven sin complejos, muy interesada en aprender, escuchaba con el mayor interés al poeta cuando le leía sus versos.

Escribía cartas a Ana, la madre de Antonio, y si cometía alguna falta de ortografía su marido no la corregía para no humillarla. Antonio pensaba irla preparando poco a poco para que adquiriera una buena formación cultural.

Leonor tenía el buen gusto de no quejarse de su enfermedad. Antonio se dominaba para no transmitir sensaciones de la angustia que sentía. Siempre la hablaba en positivo haciendo un verdadero esfuerzo e intentando que nunca faltara la esperanza de superar la enfermedad.

Se pusieron en contacto con el doctor Hauser en Madrid, muy amigo de la familia desde los ya lejanos tiempos en que vivían en Sevilla, para que tratara a la enferma. Pero en este caso fue la muerte la que tomó la iniciativa.

Él no lo quiere creer. Es cuando Antonio en su desesperación se revela contra la voluntad divina en sus versos.

“señor, ya me arrancaste lo que yo más quería, Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo señor contra la mía, Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.”

Antonio, ya en soledad, evocó a Leonor continuamente, a través de sus escritos, tanto en verso como en prosa, siguiendo sus filosóficas ideas del olvido, de la ausencia y del recuerdo.

“Se canta lo que se pierde”

Recuerdo que se comentaba en nuestra familia que Leonor era una muchacha inteligente, angelical y alegre.

Pienso que la alegría de la juventud la hubiera aportado Leonor a su pareja de no haberse malogrado su gran amor. Antonio, junto a ella se hubiera sentido el hombre más feliz de la tierra. El súbito desenlace sumió de tristeza al poeta cuando la muerte rompió “el hilo entre los dos”

En Soria, ciudad bañada por el Duero, la felicidad le duró poco tiempo. Como cantó el poeta:

“Cinco años en tierras de Soria, hoy para mi sagradas, allí me casé, allí perdí a mi esposa a quien adoraba”.

Con motivo del centenario de la llegada a Soria del poeta como profesor de lengua francesa recorrí los caminos hasta San Saturio y la Placeta del Mirón, por donde paseaba Antonio con Leonor. ¡qué emoción sentí !.

En aquellos parajes solo se escucha el silencio.

Antonio solicita de inmediato el traslado, le conceden Baeza, donde estuvo destinado de 1.912 a 1.919.

Ya en la ciudad jienense, escribe a su querido amigo José María Palacio y le pide, de manera muy sutil, que lleve a la tumba de Leonor unas violetas:

“En una tarde azul, sube al Espino al alto Espino donde está su tierra”.

Comienza a escribir versos que son claramente recuerdo emocionado de Leonor.

“Adiós, Campos de Soria, donde las rocas sueñan.

Cerros del Alto Llano
y montes de ceniza y violeta,

Adiós, ya con vosotros
quedó la flor más dulce de la tierra. Ya no puedo cantaros,
No os canta ya mi corazón, os reza”.

“No ves Leonor, los álamos del río con sus ramajes yertos,
mira el Moncayo azul y blanco, dame tu mano y paseemos”.

“Por estos campos de la tierra mía bordados de olivares polvorientos, voy caminando solo, triste, cansado, pensativo y viejo”.

En Baeza, procedente de Granada, recibió la visita del profesor Don Martín Domínguez Berruela, amigo de Antonio, y varios alumnos jóvenes, uno de ellos, de tez aceitunada resultó, ser Federico García Lorca. El profesor

Domínguez Berrueta impartía las clases en muchas ocasiones al aire libre, viajando en los trenes y hablando con los alumnos como un compañero más. Esto parece influencia de la Institución Libre de Enseñanza.

Con otros profesores y amigos organizaron una reunión en el casino que por cierto resultó muy brillante. Para agasajar a los forasteros, Antonio leyó algunos fragmentos de “La Tierra de Alvargonzalez” de su libro “Campos de Castilla”, al terminar, le dedicaron una ovación delirante. Federico García Lorca, interpretó al piano, apasionadamente, “Danza de la vida breve” del gran Manuel de Falla. Decían que la música le había interesado a través de Falla, que le quería mucho y le había enseñado cuanto llegó a saber. En un aparte le dijo Federico a Machado que a él le gustaba la música y la poesía por igual.

Antonio con el tiempo, va asumiendo, aunque muy lentamente el paisaje andaluz:

Sobre el olivar
Se vio a la lechuza Volar y volar.
Campo, campo, campo, Entre los olivos
Los cortijos blancos.

En Baeza, Antonio recibe la triste noticia de la muerte de don Francisco Giner de los Ríos el 18 de febrero de 1915, el día 21 le dedica el más emocionado poema que titula: “A la muerte de don Francisco Giner de los Ríos.

Al año siguiente en febrero de 1916, en sus tierras de oro de donde nos traía su verso divino, muere Rubén Darío. Antonio en la revista España, publica el poema “a la muerte de Rubén Darío”, “la poesía es la palabra esencial en el tiempo”, decía Antonio.

Los poemas a Giner de los Ríos y a Rubén Darío, dan prueba de la gratitud y admiración que Antonio sentía por sus entrañables amigos.


(A DON FRANCISCO GINER DE LOS RIOS)

Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja. ¿Murió …? solo sabemos

que se nos fue por una senda clara diciéndonos: hacedme
un duelo de labores y esperanzas.

Sed buenos y no más, sed lo que he sido entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan; lleva quien deja y vive el que a vivido. ¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba, del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.

…. ¡Oh, sí! llevad, amigos, su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.

Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.

Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan Mariposas doradas…
Allí el maestro un día
Soñaba un nuevo florecer de España.

Baeza, 21 de febrero de 1915. Antonio Machado.

(AL MAESTRO RUBEN DARIO)

Este noble poeta, que ha escuchado
los ecos de la tarde y los violines
del otoño en Verlaine, y que ha cortado las rosas de Ronsard en los jardines
de Francia, hoy, peregrino
de un ultramar de Sol, nos trae el oro
de su verbo divino.
¡Salterios del loor vibran en coro!
La nave bien guarnida,
con fuerte casco y acerada proa,
de viento y luz la blanca vela henchida, surca, pronta a arribar, la mar sonora.
Y yo le grito: ¡salve! a la bandera flamígera que tiene
esta hermosa galera,
que de una nueva España a España viene.

Antonio machado.

Estando Antonio todavía en Baeza, asistió y fue testigo en la boda de su hermano Paco con Mercedes en el Puerto de Santa María, el día 15 de octubre de 1915. El año 17, volvió para apadrinar a la primera hija de Paco y Mercedes, que se llamó Ana como la abuela paterna.

Al hermano Paco, como familiarmente le llamaban, le destinaron a Cartagena y de allí a Toledo, como subdirector de la prisión provincial, donde estuvo once años. En una de las varias visitas que Manuel y Antonio les hicieron a esta ciudad, este redactó el prólogo a la segunda edición de su obra “Soledades, galerías y otros poemas”.

Antonio pidió a Manuel que mandara algunos ejemplares a varios amigos, entre ellos a Juan Ramón Jiménez.

Manuel se lo dedicó de la manera siguiente: “A Juan Ramón, de parte de Antonio”

Manuel.

Paco y Mercedes tuvieron cuatro hijos, la primera como hemos dicho, nació en el Puerto de Santa María, y los otros tres en Toledo: Maria de las Mercedes, Manuel, al que su tío Manuel ya se había ofrecido para apadrinarle y hasta le había prometido un caballo para cuando fuera mayor, pero al que el destino quiso llevárselo recién nacido quebrando las ilusiones en él imaginadas, ¡el único varón entre todos los sobrinos del poeta!, y Leonor.

Francisco era abogado y del cuerpo de prisiones, procedente de la Escuela de Criminología. Hacia suyo, el lema de Concepción Arenal “odia el delito y compadece al delincuente”.

Ascendido a director, fue destinado a la ciudad de León, donde siguiendo la vena poética familiar compuso varios poemas, entre ellos “El reloj de la cárcel” y “Plaza recóndita” que incluyo a continuación.


“ EL RELOJ DE LA CARCEL”

Hay una luz redonda
En la plaza desierta,
El reloj de la cárcel
Con su campana vieja Sus tañidos al viento Toda la plaza llenan. Cuando suenan las horas, Parece que se quejan.

¡Corazón de la cárcel! ¡Alma de la siniestra mansión del infortunio donde mora la pena! ¡Donde el pobre recluso pasa su vida, muerta, contando del minuto

la intensidad inmensa! ¡Que lentas van pasando las horas de tristeza!
En el ambiente trágico,

flotan como quimeras brazos largos,
plegarias que no alcanzan y deseos de cosas

que no llegan.

El reloj de la cárcel, con su campana vieja, cuando suena, parece que llora o que se queja. Y el lúgubre sonido

de su armonía lenta semeja el eco ronco de un azadón en tierra

Hay una luz redonda En la plaza desierta, El reloj de la cárcel Con su campana vieja.

Francisco Machado


PLAZA RECÓNDITA (Francisco Machado).

En un rayo de sol recogidas,
En la extraña plaza.
Donde cantan y duermen a un tiempo Dos fuentes hermanas,
Decíale un joven
A una niña pálida:
¿Por qué la tristeza
invade tu alma?
Y la niña, al punto,
Dijo acongojada:
¿Ves esas dos fuentes
Que hay en esta plaza?
Tú, eres la que ríe,
Yo, soy la que calla.
Y la fuente muda,
La que seca estaba,
Sobre el blanco mármol
Derramó una lágrima
En un rayo de Sol recogidas
Dos almas soñaban.

Antonio se veía reflejado magistralmente en el poema que le dedicó Rubén Darío titulado “Misterioso y Silencioso” que reproducimos

Misterioso y silencioso
iba una y otra vez.
Su mirada era tan profunda que apenas se podía ver. Cuando hablaba tenía un deje de timidez y de altivez.
Y la luz de sus pensamientos casi siempre se veía arder.
Era luminoso y profundo Como era hombre de buena fe. Fuera pastor de mil leones
Y de corderos a la vez. Conduciría tempestades
o traería un panal de miel.
Las maravillas de la vida
Y del amor y del place, Cantaba en versos profundos Cuyo secreto era de él.

Montado en un raro Pegaso,
un día al imposible fue.
Ruego por Antonio a mis dioses, Ellos le salven siempre. Amen.

Rubén Darío.

El 29 de Octubre de 1.919, Antonio dicta su última lección en el Instituto de Baeza y se despide con los versos ……..

Campo de Baeza soñaré contigo cuando no te vea.

El siguiente destino del poeta fue Segovia. Allí recibió la visita de Don Miguel de Unamuno y se celebró un acto presidido por Machado. Agradecido a tal honor, diciendo a los concurrentes: “dejo la palabra al gran D. Miguel, que tanto vosotros como yo, estamos deseando escuchar”. En la ciudad castellana vivió de 1.919 a 1.928.

Antonio Machado llega a Segovia y toma posesión de su destino el 26 de noviembre, en el Instituto General y Técnico, coincidiendo con la inauguración de la célebre “Universidad Popular”, que en sus fines trataba de difundir la Cultura a través de conferencias, charlas y cursillos. Entre los varios profesores Blas Zambrano, padre de María, rector de la Escuela Graduada Normal, agregándose Antonio a la citada “Universidad Libre” que copresidía con Blas Zambrano.

Crearon una tertulia de la que formaba parte, entre otros, el escultor segoviano Emiliano Barral, al que Antonio Machado le dedicó el poema que acompaño con motivo del busto que realizó el escultor a la figura del poeta, muy de su gusto.

… Y tu cincel me esculpía en una piedra rosada,
que lleva una aurora fría eternamente encantada.

Y agria melancolía
de una soñada grandeza, que es lo español – fantasía con que adobar la pereza -, fue surgiendo de esa roca, que es mi espejo,
línea a línea, plano a plano, y mi boca de sed poca,
y, sobre el arco de mi cejo, dos ojos de un ver lejano, que yo quisiera tener
como están en tu escultura: cavados en piedra dura,
en piedra, para no ver.

Antonio Machado

Aparece la revista “Manantial” en la que destacan colaboraciones del poeta como un ensayo titulado “El porvenir del teatro”, de Miguel de Unamuno con una selección de poemas y el primer trabajo de María Zambrano “Ciudad ausente”.

Un día una señora del grupo se dirigió a Antonio para pedirle unos poemas que quería regalar a una amiga y que resultaron ser para ella misma (amiga imaginaria). El poeta le contestó en carta de fecha 9 de marzo de 1.925 que se los mandaría y que la mayor importancia de estos cantares radicaba en que en aquella época permanecían inéditos y autógrafos. Le incluye los cantares.

Doña María Calvo, en Segovia, le presentó a Pilar de Valderrama. Esta señora tenía verdadero interés en que Antonio le diera su opinión sobre sus trabajos literarios.

En Segovia es casi obligatorio visitar la iglesia fundada por los templarios “La vera Cruz”.

Dijo Azorín “ esta iglesita octogonal es una maravilla inigualable artísticamente; merece verse”. Antonio la visitó con frecuencia.

Antonio pasaba los fines de semana en Madrid, en la calle General Arrando no 4, con su madre y hermanos;

José con su esposa y sus tres hijas que fueron naciendo en aquella casa.

Cuando estaban los hermanos reunidos, como de costumbre en casa de Antonio, se les oía reír como a niños, tenían un gran sentido del humor, si no era uno era el otro, pero allí saltaba la chispa por menos de nada.

Para ellos todas las cosas tenían grandes dimensiones tanto en lo jocoso como en lo serio y responsable, yo diría excesivas.

Le preocupaba mucho la preparación cultural de los jóvenes, entre ellos nos contaba a nosotras, las seis sobrinas: Laly, María y Carmen, hijas de José, y Ana, Mercedes y Leonor, hijas de Francisco. Nos solía decir.: mucha atención a todo, incluso en la calle hay que leerlo todo y observar, porque el pueblo es una fuente de riqueza.

A nosotras, las sobrinas, nos mandaba como una orden leer el Quijote. Decía, “de no alcanzar la perfección,ya sabéis, César o nada”, “yo os enseño, o pretendo enseñaros, que dudéis de todo, de lo humano y lo divino, sin excluir vuestra propia existencia”.

De esto el dicho popular que la duda es la mayor sabiduría.

Decía Antonio de la Copla: “Hasta que el pueblo las canta, las coplas coplas no son, y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe el autor”.

En el poeta quedó para siempre grabada la armonía del ambiente de Sevilla, así sus versos: “Mi Sevilla infantil tan sevillana”, y, la nostalgia infinita por la ausencia del padre a quien recuerda con tanta emoción en su poema.

Esta luz de Sevilla, es el Palacio donde nací Con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. La alta frente, La breve mosca y el bigote lacio.

Mi padre, aún joven: lee, escribe y hojea Sus libros y medita. Se levanta: va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.

Sus grandes ojos de mirar inquieto Ahora vagar parecen, sin objeto, donde pueden posar en el vacío.
Ya escapan de su ayer a su mañana: Ya miran en el tiempo ¡Padre mío! Piadosamente mi cabeza cana.

Antonio.

Recuerdo que a Antonio, cuando éramos pequeñas, le gustaba que nos llevaran al Museo del Prado los domingos por la mañana y decía: “niñas, ver una sala nada más, el Museo hay que verlo con detenimiento, poco a poco, y, hacer un resumen de un cuadro: veamos, el próximo domingo “Las Hilanderas”, de Velázquez”.

Los domingos íbamos a visitar a la abuela Ana; se hacían tres grupos, las mujeres de los hermanos con la abuela, las seis sobrinas otro y los hermanos, todos juntos, el tercero.

Como ya es sabido, Antonio viajaba a Madrid apenas podía, los fines de semana y otras ocasiones, siendo, en este sentir, precursor de los cortos desplazamientos y como decía en sus versos

Y yo, para todo viaje, siempre sobre la madera en mi vagón de tercera, voy ligero de equipaje.

Cuando hacía una escapadilla, dejaba una nota diciendo “perdido el tren hoy y mañana”. Luego recuperaba el tiempo y el trabajo no realizado.

Se veían con D. Miguel de Unamuno, que había llegado de Inglaterra de la Universidad de Oxford, donde fue nombrado doctor “honoris causa”. Los Machado lo consideraban acreedor a todos los honores.

La gran pasión del poeta eran los viajes. Decía conocer algunas regiones de la alta Castilla, Aragón y Andalucía.

Ahora que los medios de transporte están popularizados, y en su mayoría son asequibles, pienso que el poeta, al que le entusiasmaban los viajes, el ver cercana la naturaleza y los diferentes paisajes, conocer otros países y sus culturas, hubiera disfrutado enormemente.

El autor de Campos de Castilla era tan ecologista que pensaba, o quería pensar, que le oía el paisaje. ¡Bendita ilusión!, y le hablaba diciendo … “¿eres tu Guadarrama, vieja amiga, la sierra gris y blanca, la sierra de mis tardes madrileñas que yo veía en el azul pintada?”.

Los planteamientos ecologistas son más comunes de lo que parecen y muchos los escritores, clásicos contemporáneos, para quienes el destino del hombre va unido inexorablemente a la naturaleza.

Durante el primer año que pasó Antonio en Soria, con motivo de su matrimonio y su destino profesoral, Manuel se marchó a Barcelona, la separación del hermano le afectó sobremanera. Manuel, en Barcelona, cambia de vida, tiene algún trabajo pero más que nada se dedica a la “dolce vita”, o como él dijera a “amores y amoríos”. Conoce a una joven que se llama Julia, de buena familia catalana, y vive un apasionado romance: él no quiere dejar huella de aquel episodio, pero la muchacha está resuelta a todo por no perder a Manuel. Él comprende que tiene que cortar a tiempo. Manuel había regalado un reloj a Julia, y ésta se lo devolvió al romper las relaciones; posteriormente Manuel se lo dio a su hermano Joaquín para que lo guardara, que cumpliendo al pie de la letras el encargo lo llevó hasta Santiago de Chile en 1.939. Carmen, su mujer, cuando regresó ya viuda a España en los años cincuenta, entre sus pertenencias traía el célebre reloj, que años más tarde me regaló con la recomendaciónde que lo conservara. Lo guardo celosamente, con la dedicatoria “ a Julia” grabada en su parte posterior.

Manuel vuelve a sentar la cabeza, y, se acuerda de su prima, la de Sevilla. La escribe una carta diciéndole que vaya hablando con sus padres, que él lo haría con su madre y regresaba para casarse con ella. Eulalia espera felíz la llegada de Manuel. Nos contaba Eulalia que cuando recibió la carta, solo al ver el sobre con la letra de Manuel, llevaba una sopera entre las manos y se le cayó al suelo de la emoción. Se reúne la familia y queda ultimada la boda que se celebraría el 15 de junio de 1.910, en San Juan de la Palma

Manuel se presenta a las oposiciones al Cuerpo de Archivos, Bibliotecas y Museos, y, obtiene plaza en Santiago de Compostela.

Ya casado, Manuel recibe el mejor regalo de esponsales que es la publicación de su libro “Alma” en la ciudad del Sena, por la Editorial Garnier de Paris, donde Manuel y Antonio habían trabajado como traductoressegún hemos comentado anteriormente. Los versos del libro “Alma” de Manuel, escritos en el hospedaje de la calle Vanguard, de Paris, son de un lirismo exquisito, acompañados por la forma elegante y original que le caracteriza.

Manuel entrega a su madre un ejemplar del libro “Alma” con la siguiente dedicatoriaa mi madre, de mi “Alma” Manuel

Las resonancias árabes del libro tal vez fueran inspiradas por los estudios que sobre el folklore andaluz realizó su padre Machado Álvarez, que además de firmar con el seudónimo de “Demófilo” utilizó, a veces, el de “Muley”. Así el poema

ADELFOS (Retrato)

Yo soy como las gentes que a mi tierra vivieron -soy de la raza mora, vieja amiga del sol-

que todo lo ganaron y todo lo perdieron. Tengo el alma de nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
En que era muy hermoso no pensar ni querer …
MI ideal es tenderme, sin ilusión ninguna …
De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos… y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos, ¡pero no darlos!. Gloria ¡la que me deben! ¡Que todo como un aura se venga para mi!
¡Que las olas me traigan y las olas me lleven,
y jamás me obliguen el camino a elegir!

¡Ambición! No la tengo. ¡Amor! No lo he sentido. No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve … Ya lo he perdido.
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia, dudar jamás se pudo. No se ganan, se heredan, elegancia y blasón … Pero el lema de casa, el mote del escudo,
Es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo, ni os odio. Con dejarme, Lo que hago por vosotros, hacer podéis por mi … ¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir! …

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
En que era muy hermoso no pensar ni querer … De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna. ¡El beso generoso que no he de devolver!

Manuel Machado

Se considera a Manuel como la gran revelación del Poeta inspirado por su Andalucía, que él mismo hace gala de ello. Se identifica de la manera siguiente: Yo, andaluz sevillano hasta la médula, de allí soy, de allí mis padres y mis abuelos.

Decía Don Miguel de Unamuno: “los versos de Manuel y Antonio son lo más espiritual que puede leerse hoy en España”. A Manuel, le dedica un elogioso artículo con motivo de la publicación del libro en el Diario Heraldo de Madrid.

Y a archivero bibliotecario, pasado algún tiempo consigue el traslado a la Biblioteca Nacional, y más tarde, a la Biblioteca Municipal, de la que fue Director durante muchos años. La Biblioteca está ubicada junto a la plaza del Hospicio, hoy Barceló, esquina a la calle de Fuencarral, destacándose por su pórtico Churrigueresco.

Curiosamente la reina de Inglaterra Isabel II visitó esta Biblioteca en la única vez que, hasta la fecha, a estado en Madrid, quedando constancia de ello en una placa conmemorativa; ¿Qué quiso ver?.

La Biblioteca Municipal tenía un empleado de toda confianza apellidado Guijo que vivía en el edificio en calidad de conservador. El apartamento abuhardillado lo compartía con su única hija Enriqueta. Como Guijo era

invidente su hija le hacía de lazarillo y le acompañaba a todas partes. Desde el pequeño jardín situado frente a la entrada principal de la Biblioteca se veía en el último nivel del edificio una ventana redonda, manteniendo el estilo churrigueresco de la fachada, que era la única entrada de luz natural y ventilación externa de la vivienda.

Siempre oí llamar a Guijo por el apellido y no por el nombre que era Enrique. Eulalia, la mujer de Manuel, tuvo una buena amistad con la hija del conservador.

En una ocasión, el considerado y admirado Don Miguel de Unamuno, que pasaba unos días en Madrid, dedica una tarde a la tertulia de los hermanos Machado. A la puerta del Café Don Miguel saludó a un joven visitante de la reunión y le preguntó: ¿A donde va Vd.?, A ver a los mismos que Vd, Don Miguel. Las tertulias últimamente eran en el Café Varela, calle de Preciados junto a la Plaza de Santo Domingo. Allí se reunían. El camarero de turno les reservaba la mesa, si alguien intentaba ocuparla le decían inmediatamente, “tengan la bondad de sentarse en otro sitio”. Aquella mesa era sagrada.

En 1912, Manuel alcanza todo un éxito con su libro “Cante Hondo”, que dedica a su mujer Eulalia. De este libro, el día de su aparición, se agotaron en Madrid mil ejemplares, venta insólita en aquellos tiempos, incluso en estos.

Las mujeres de Antonio y Manuel, aunque se trataron muy fugazmente, por la súbita muerte de Leonor, fueron muy amigas: a Leonor la llamaban “la burguesita de Soria”, a Eulalia “la señorita de Sevilla”. Este matrimonio vivió en la calle de Churruca no 15, acompañados por el padre de Eulalia, Francisco de Cáceres Aldama, que había sido farmacéutico en Sevilla.

Manuel y Antonio junto con el hermano José recorrieron varios Cafés de Madrid, en los que tenían tertulias que a veces se hacían tan extensas que ya no era posible concentrase ni para un mero cambio de impresiones. Al gran Don Miguel, como llamaba Antonio a Unamuno, siempre le tenían informado del Café donde habían trasladado la tertulia, por si pasaba por Madrid y quería reunirse con ellos.

Era tal el rechazo que le producía a Antonio el exceso de pelo, que nunca usó bigote ni barba. Se afeitaba diariamente; esto forma parte de su sinceridad hasta en lo físico. Toda la vida se mostró tal cual era; nunca utilizó gafas de sol que le ocultaran la cara, ésta siempre despejada.

Fue entusiasta de la música, sobre todo de la música popular que le recordaba el quehacer de su padre, el gran folklorista, que por cierto merece un mayor conocimiento y estudio de su obra en profundidad. En Sevilla existe la “Fundación Antonio Machado Álvarez. Demófilo”.

La característica de su hijo Antonio era el afán de la perfección, que le llevaba a no estar nunca satisfecho.

Antonio, como buen “institucionista”, los únicos juegos que le gustaban eran los de pelota y a ser posible con buen tiempo y en plena Naturaleza. La Institución tenía un refugio en la misma Sierra de Guadarrama para la práctica de los deportes invernales. También le gustaba el juego de pelota vasca, con este motivo, de cuando en cuando, iba al frontón Jay Alay de Madrid con algún hermano. La Institución había importado el fútbol de Inglaterra. Los alumnos jugaban con el balón apasionadamente: fue un acontecimiento y un gran aliciente para los jóvenes.

Ya están de nuevo los dos hermanos en Madrid con sus amigos de siempre, trabajan parte de la noche en casa, algunas noches salen. Eulalia, la mujer de Manuel, le dice suavemente pero como un reproche: Manuel, tú tienes mucha amistad con mujeres y, eso no lo veo bien. Él le contestaba a Eulalia, “pero esas son las Ermitas, tú, eres la Catedral”. En la intimidad la llamaba cariñosamente Uli.

En 1.921, aparece otro libro de Manuel, “Ars Moriendi”. Los hermanos se ven los fines de semana. En esta ocasión Manuel le dice a Antonio: “Con este libro voy a dar por terminada mi obra poética”. Antonio no aprueba su actitud, pero no le agobia con reproches.

“Tu poesía no tiene edad – dice Manuel a Antonio -, la mía sí la tiene”. Antonio responde sin aceptar el argumento “La poesía nunca tiene edad cuando es verdaderamente poesía”.

Así nos contó Manuel como opinaban los dos hermanos. Antonio le convenció para que desechara esa idea.

La hermana de Eulalia, de vocación religiosa, ingresó en una Comunidad.

Es una paradoja que precisamente Carmen aconsejara a su hermana Eulalia que fuera más alegre y aprendiera guitarra como buena andaluza para alternar y atraer a Manuel, hombre de vida más mundana aunque en el fondo

fuera de sensibilidad a flor de piel. Eulalia era más mística que su hermana Carmen que ya vestía los hábitos de Religiosa. Esta le decía: “Eulalia, en una palabra, tienes que estar más atractiva a los ojos de tu marido”. La monjita, el parecer, era muy realista. ¿a que sí?.

Los Poetas a diario acuden por las mañanas a sus puestos de trabajo, llegando a casa para la comida de mediodía.

Antonio estuvo destinado en Madrid en el Instituto Calderón de la Barca. La última cátedra que ocupó fue en el Instituto Cervantes, en el año 31, hasta el 36 que salió para Valencia.

Hablando en el saloncillo del Teatro Español con la condesa de San Luis, hermana del actor Díaz de Mendoza, ésta manifestó el deseo de que su sobrino Fernandito estrenase una obra romántica y piensa en el Hernani de Victor Hugo. Al oír esto Manuel, le ofrece la traducción hecha por él, Antonio y la colaboración de Villaespesa, aceptando la señora de muy buen grado. Empezaron la adaptación y ensayos. El día 31 de diciembre de 1.924 fue el ensayo general. La obra se estrenó el siguiente día de Año Nuevo con gran éxito. En el entreacto Doña María Guerrero les felicitó y sugirió a Manuel y Antonio que hicieran algo original.

Al año siguiente, Don Jacinto Benavente le presentó a Doña María Guerrero la obra en verso de los hermanos Machado “Desdichas de la Fortuna o Julianillo Valcarcel”.

Fue estrenada por dicha actriz el 9 de febrero de 1.926 con un éxito inolvidable. En años sucesivos se fueron estrenando “Juan de Mañara”, “Las Adelfas”, “La prima Fernanda”, “La Duquesa de Banamejí” y “La Lola se va a los puertos”.

Hicieron además arreglos del teatro clásico, de Lope, “El perro del Hortelano”, “La niña de plata”, “Hay verdades en el amor”. De Calderón “El príncipe constante” y de Tirso “El condenado por desconfiado”. El teatro lo empezaron rozando los 50 y 49 años.

Antonio, que rechazaba cuantas veces podía homenajes y banquetes, aceptó que en honor de los dos hermanos se celebrara un acto de reconocimiento, en el jardín de la Institución Libre de Enseñanza el 21 de febrero de 1.926, con motivo del éxito teatral de la referida obra.

Presidido por Don Manuel Bartolomé Cossio, de avanzada edad, dirigiéndose a ellos de la manera siguiente: “Compañeros y amigos queridos ….. por más viejo en la casa me llaman hoy a ofrendar este agasajo y esta ferviente salutación de todos a nuestros excelsos y amados Poetas. Así que yo, que no he llevado jamás en homenajes y fiestas colectivas la común voz del coro, heme aquí por primera vez haciéndolo cuando bordeo ya los linderos del misterio”. Esta última frase que vuelvo a transcribir y que hace meditar tanto …. “Cuando bordeo los linderos del misterio” ¡Que belleza!.

Se distribuían las escenas que escribían por separado. Los domingos por la tarde en casa de Antonio se reunían para leer los trabajos, romper o retocar. Dicen que las escenas de amor las escribía Manuel pero no llegamos a saberlo. Ahora pienso que fueron escritas indistintamente por los dos.

En 1.928 se estrenó “La Lola se va a los puertos” con mucho éxito en el teatro Fontalba de Madrid, representada por Lola Menbrives y Ricardo Puga. En el último ensayo (ensayo general) Manuel interpretó el personaje del protagonista “Heredia” como él quería que fuese. Manuel como buen andaluz era supersticioso, el día del estreno se rompió un espejo y se vieron y se desearon para que él no se diera cuenta. Pasados los primeros días se lo comentaron y dijo “Hicisteis bien en ocultármelo, si a los nervios de la noche del estreno le aumentamos los del espejito, ¡me hundo!.

Como recuerdo del estreno el Marqués de Fontalba regaló a Manuel y Antonio unos preciosos relojes de bolsillo, el de Manuel era de platino y extraplano, y el de Antonio de oro. Como se sabía que Antonio era muy despistado, detalle que el mismo reconocía, le dijo a su hermano Pepe, “Pepe te cambio el reloj por el tuyo, que si le doy un golpecillo al mío sería una lástima”, cerraron el acuerdo y Antonio quedó encantado.

Solamente vivía Manuel cuando se estrenó en el Teatro Albéniz “El hombre que murió en la guerra”. Recuerdo con emoción que al final de la representación, ante grandes aplausos, se levantó el telón con el escenario vacío en atención a la ausencia de Antonio. Después, salió Manuel y la compañía a saludar.

Como Antonio vivía con la madre, cuando salía iba detrás de él y le decía: “… arréglate, Antonio, van a decir que pareces un sesentón”, él volvía la cabeza diciendo… y, al cabo ¿que soy?”. No hacia caso de pequeñas cosas, “pasaba” como se dice ahora. Entre el calzado grande, porque sufría de los pies, y todos los bolsillos llenos de libritos y cuartillas, parecía un robot, así y todo tenía un porte muy señor. Ese señorío recuerdo que Antonio lo veía también en Pío Baroja, a pesar de su indumentaria, comparándole con otro escritor muy atildado que según él era un cursi.

Antonio Machado

Decía la madre, dolida, que su hijo no había sido feliz más que apenas algunos momentos en la vida, tal vez, por su profunda sensibilidad.

Entendía que Antonio no había sentido las alegrías de la juventud.

El amigo y Poeta sevillano Luis Montoto Rautenstrauch, definió al padre de los Machado como hombre bueno, tenaz, idealista y sencillo, rasgos que según su opinión había heredado su hijo Antonio.

La sensibilidad de Antonio es condición fundamental andaluza, pero que no le impide en absoluto cantar con emoción a su Castilla eterna, esa emoción que él guardaba como nadie y que se llevó consigo, entre sus secretos. Por el recuerdo de Leonor y continuar su obra, podría decirse que seguía viviendo.

No recuerdo bien, pero creo que hacia el año mil novecientos sesenta y pico, repusieron “La Lola se va a los puertos” adaptada a zarzuela por el compositor y guitarrista Don Ángel Barrios, granadino de la época de Manuel de Falla y Andrés Segovia y otros. Siento verdadero pesar de que apenas se conozca esta zarzuela que unida la hermosa partitura a la delicadeza de la obra, es una verdadera gozada.

De los caracteres de los Poetas en la intimidad puedo decir que eran bondadosos y cordiales. Manuel muy simpático y atractivo, Antonio aparentemente distraído, de sonrisa fácil, a veces algo sarcástica.

A Gerardo Diego, con motivo de su destino a Soria, le aconsejó “no cambie Vd. ese rincón por ningún otro”. El se lo llevó en el alma.

En 1.931, Antonio escribe su borrador del discurso de ingreso en la Real Académia de la Lengua, donde había sido elegido Académico en 1.927. Tal vez, circunstancias imponderables obligaron esta demora. Muchos años después este discurso lo leyó el poeta y Académico Don José García Nieto, en la Real Academia en memoria de Antonio, ya fallecido.

El tabaco: Antonio era un fumador empedernido, de costumbre fumaba picadura, él mismo se hacía los cigarrillos; al liarlos daba la impresión de poco tacto, le solían quedar muy huecos y desarmados. La habilidad manual no era su fuerte.

Solamente dejó de fumar durante la enfermedad de Leonor.

Manuel fumaba emboquillados, también hechos en casa, se los solía hacer su mujer impecables: ponía el papel sobre una especie de esterilla, echaba el tabaco y salían perfectos.

Algo que les entusiasmaba era la fruta. Un buen frutero, decían, es el mejor adorno en una mesa por su aroma y colorido, hasta el punto que da pena comérsela. Manuel, cuando veía algún racimo de uvas picoteado se enfadaba y decía “se come el racimo entero, picotearlo no”.

Enrique Gómez Carrillo, Director de “El Liberal”, reclama a Manuel para que entre a formar parte de la redacción del periódico, en calidad de crítico de teatro. Manuel acepta gustoso la responsabilidad que representa el cargo. Este nombramiento, fue muy oportuno porque Manuel estaba pasando por unos momentos depresivos y le ayudó a centrarse en el trabajo, que asumió con entusiasmo. Esto guarda relación con el momento en el que Manuel quiso dar por terminada su obra poética acusando desgana y falta de ilusión.

Las amistades las conservaron siempre. El amigo Zayas llegó a ser embajador en Estocolmo de S.M. Don Alfonso XIII. Antonio Zayas pertenecía a una familia aristócrata que estaba en posesión de algunos títulos nobiliarios. Oí decir siempre que Zayas era Duque de Amalfi, bello pueblo italiano de la Campania, siendo Manuel su íntimo amigo. Sentía por los dos hermanos verdadera admiración, pero trataba más a Manuel. Le gustaban los juegos de mesa y solía ir a primera hora de la tarde a casa de Manuel donde se reunían a jugar al “tresillo” o al dominó. Zayas era tan expresivo que nada más abrirle la puerta empezaba a hablar sin parar con todo apasionamiento y de cualquier cosa. En una ocasión que Manuel le preguntó por su mujer, él siguió hablando y al rato dijo “…. A todo esto Rosa buena” y, continuó hablando.

Recuerdo que en los años treinta, en los anteriores al 36, venía a Madrid de visita, a casa de su tía Ana (mi abuela), María Auxiliadora Ruiz, prima de los Machado, hija del hermano médico. Antonio se quejaba del carácter fuerte de esta prima, que gustaba de querer organizar la vida de todos, (los que se dejaban) y ajustar las comidas a las costumbres sevillanas.

El domingo 12 de julio de 1.936 se reunió toda la familia en casa de Manuel, en la calle Churruca. Durante la comida, recuerdo, Antonio sugirió que Manuel aplazara el inicio de sus vacaciones, previsto para el miércoles 15 de julio, pues la situación en las calles y los continuos rumores no lo aconsejaban. Manuel estaba totalmente de acuerdo, pero su mujer, Eulalia, no quiso variar los planes que tenían organizados.

Manuel y Eulalia salieron para Burgos el día quince de julio, como tenían previsto, para felicitar a Carmen, la hermana de Eulalia, religiosa esclava del Sagrado Corazón, en su onomástica del día dieciséis, y después continuar sus vacaciones por el norte, como hacían todos los años.

Esta vez no pudieron regresar. Manuel y Antonio sienten con toda el alma la separación; Manuel en Burgos, Antonio en Madrid, sin saber uno del otro.

El Ministerio de Instrucción Pública, como entonces se llamaba y de donde dependía Antonio como catedrático, le propone y facilita que salga para Valencia.

Él no quiere salir de Madrid, dice que en circunstancias tan especiales él no se separa de su familia. Le dijeron que eso no era un impedimento porque los podía llevar consigo a todos y que los hermanos que dependieran de la Administración serían trasladados a Valencia para estar reunidos y salir todos juntos.

Llamaron de General Arrando para decir que fueran urgentemente mis padres a tratar un asunto de sumo interés con Antonio, que les daría instrucciones. Les aconsejó preparar un ligero equipaje, llevando lo más preciso, pues era de desear y esperar el regresar pronto.

Antonio salió de Madrid con sus familiares en el mes de noviembre de 1.936 para Valencia. Partimos hacia Valencia en autocares. La expedición se componía de dos, uno de ellos tuvo mejor suerte y llegó a la capital del Turia sin novedad y más o menos a la hora prevista. En el otro, en el que viajábamos los Machado, nos acompañaban los profesores Madinaveitia, Moles, Duperier, los doctores Sacristán, Márquez, Pascual y varias eminencias de las que lamento no recordar ahora sus nombres. Como “jefe” de la expedición nombraron a Antonio, y éste le pidió a Madinaveitia que le sustituyese en el cometido pensando que lo haría mejor que él.

Hicimos noche en Tarancón; antes, a mediodía, paramos a almorzar en algún lugar de las afueras de Madrid, perteneciente a la organización del Quinto Regimiento, algunos de los viajeros y de los organizadores dirigieron unas palabras alegóricas a la situación y al viaje, entre éstos también se escuchó la voz grave, pausada y con ligeros matices andaluces de Antonio Machado. ¿Corresponde a este momento la conocida foto de Machado, el comandante Carlos y otros en dependencias del Quinto Regimiento?.

En la villa conquense, en condiciones de lo más informal, hicimos noche en un edificio que a mi me pereció un acuartelamiento y por el que deambulaban personajes en apariencia perdidos y desubicados.

A la mañana siguiente reanudamos la marcha hacia Valencia, pero cerca de Utiel nuestro autocar empezó a echar humo y tuvimos que desalojarlo.

Se había medio quemado la correa del ventilador subiendo el puerto de Contreras y nos quedamos en la carretera hasta que casi al anochecer vinieron a recogernos en varios coches. Llegamos a nuestro destino aproximadamente a la una de la madrugada y nos alojaron en la Casa de la Cultura, en la calle de la Paz número 42, donde habían improvisado espaciosos salones para albergar juntos a las familias. A los pies de los camastros, cubierto con una sábana blanca, había un objeto voluminoso que según dijeron era una escultura inacabada dejada allí por su autor Victorio Macho, y que representaba la figura de su madre. Nadie se atrevió a destaparla por respeto. ¡Ni por curiosidad!

Antonio solicitó, aunque fuera más modesta, una vivienda independiente, para él y su familia, que le permitiera seguir trabajando con más sosiego y tranquilidad.

Le facilitaron a los pocos días una villa valenciana entre los naranjos en el bello pueblo de Rocafort, a unos veinte minutos de Valencia

La casa se llamaba “Villa Amparo”, tenía planta baja y primer piso.

Entrando por el jardín, en la planta baja, había a la derecha dos habitaciones, el aseo, la cocina y una cochera. En el centro, al fondo de un ancho pasillo, había una escalera que subía interiormente al primer piso y que continuaba hasta llegar a lo alto de la Torre, donde Antonio pasaba largas horas por las tardes hasta que se ponía el sol. Esas puestas de sol maravillosas cada día son distintas por los efectos de la luz y la climatología. Al primer piso se podía entrar también a través del jardín por una escalera exterior, que finalizaba en una pequeña balconada con balaustrada que daba acceso al dormitorio de Antonio. Es justo en esta balconada y al final de la escalera donde Antonio Machado fue fotografiado, tal como se atestigua con una foto divulgada recientemente.

En el primer piso había, a la derecha, dos habitaciones y un espléndido comedor que daba a una hermosa terraza, que en la parte baja era un porche cubierto. A la izquierda, otras dos habitaciones, dos aseos y cocina.

El comedor lo recuerdo perfectamente, se entraba por una puerta de dos hojas de vaivén de madera y cristal; estaba decorado por un zócalo de madera de metro y medio de alto, aproximadamente; en la parte de arriba, colocados a la perfección, nada menos que cuarenta platos de cerámica, pienso que de Manises. Dos antiguos aparadores y en el centro de la sala una mesa rectangular, que a mi me parecía impresionante de grande.

En esta mesa comían los mayores, Antonio presidiendo con la madre, a la derecha de ésta se sentabasu hermano Francisco con su mujer Mercedes, mis padres, a la izquierda de Antonio su hermano José con su mujer Mati, y frente a la presidencia su hermano Joaquín con su mujer Carmen. Este comedor tenía un hermoso mirador donde comíamos las seis sobrinas con un familiar mayor para poner “orden”, era la tía de mi madre, Carmen, de gran condición humana y muy querida por todos, que Antonio quiso que nos acompañara en el viaje como un miembro más de la familia.

Ana, la madre, no consciente de la realidad del momento, preguntaba constantemente por Manuel. Antonio la contestaba que estuviera tranquila porque Manuel sabía cuidarse y controlar las situaciones, aunque fueran adversas.

Cuando las sobrinas salimos por primera vez al jardín nos dijeron: “no se puede cortar ni una sola naranja, hay que esperar instrucciones”. A los pocos días se presentó el administrador de la finca y nos dijo que no solo podíamos cogerlas sino que era necesario descargar los árboles. Al momento nos pusimos las seis tijeras en mano a cortar naranjas y llenar una gran cesta.

De cuando estábamos toda la familia en Rocafort, en 1.937, recuerdo la siguiente anécdota: un buen día, a media mañana, se oyó que Antonio llamaba angustiado, inmediatamente acudió la mujer de un hermano y casi todas nosotras, llevadas por la curiosidad de niñas que éramos. Se trataba de lo siguiente, por el balcón de su dormitorio, que estaba entreabierto, se había metido una gallina preciosa pelirroja que, asustada, por no encontrar la salida, empezó a revolotear y llegó a subirse en la mesa de trabajo que tenía Antonio en su dormitorio.

El ver sus papeles revueltos debió horrorizarle. Se consiguió sacar a la gallina de la habitación y alguien dijo: “¡mañana haremos un caldo con la gallina!”, Antonio que lo oyó dijo: “¡Eso no!, la regaláis, en esta casa no se come esa gallina”. Debía parecerle que comernos aquella gallina era castigar al animalito y tal vez una venganza por nuestra parte.

Esta anécdota de la gallina me hace recordar una película que vi con Manuel y Eulalia, creo que en el cine Bilbao de Madrid. Hace ya tanto tiempo que no recuerdo su título. Era una mansión y el servicio preparaba un pavo para la Navidad que habían criado en la casa. Un hijo pequeño de los señores, que estaba muy encariñado con el pavo, lo llamaba Pedro. Llegó la Navidad y se reunieron toda la familia en aquellos días tan señalados. De pronto, sirviendo la mesa presentaron en una gran bandeja el asado, que se trataba del célebre pavo, al que ponderaron muchísimo por la presentación llena de lazos y demás fantasías, salvo el pequeño que, después de mirarlo con detenimiento, se echó a llorar y dijo: ¡Si es Pedro!. Se vieron y se desearon para consolarle. Esta fue otra anécdota que, a través del tiempo seguíamos recordando Manuel, Eulalia y yo, probablemente por ser excesivamente sentimentales.

El practicante del pueblo iba algunas veces a ponerle las inyecciones cuando estaba enfermo.

Le preocupaba mucho que se estropease algún objeto de la casa. Cuando oía algún golpecito preguntaba enseguida: “¿Qué pasa?”, le contestaban “Nada, Antonio, nada” y se quedaba tranquilo pero no del todo. Nos decía, “si ocurre algo me lo contáis y a reparar”.

En Rocafort encontró un ambiente idóneo para seguir trabajando. Estuvimos todos un año en su bondadosa compañía, siendo la etapa en la que estuvimos más tiempo reunidos.

La convivencia en Rocafort fue amable y todos emprendieron nuevas actividades. Los hermanos de Antonio iban todos los días a Valencia, a sus respectivos destinos, en unos trenecillos de cercanías que hoy parecerían de juguete. Recuerdo el nombre de las estaciones por las que se pasaba: Empalme, Benicalap, Burjasot, Burjasot-Godella, Godella y Rocafort, fin del trayecto para nosotros.

Antonio iba poco a Valencia. Normalmente iban a Rocafort a recoger sus colaboraciones para su publicación en la prensa. Trabajaba incesantemente.

La entrada en Villa Amparo, como decíamos antes, era preciosa: a la derecha y a la izquierda dos enormes limoneros, uno a cada lado. La parte derecha del jardín toda de naranjos que, cuando estaban en flor, daban un perfume de lo más penetrante, estaba bordeado por un paseo que daba a una acequia de regadío para que no le faltase motivo de inspiración al Poeta. “El agua”. A la izquierda, plantas, rosales, jazmines y tantas más…… Al fondo, una caseta para hacer lumbre de leña, donde se hacían las célebres paellas y un pequeño recinto para las gallinas. De ahí, la que se metió en el dormitorio de Antonio, como ya hemos referido anteriormente.

El Poeta bajaba al jardín algunas veces, pero se cansaba, ya que sus achaques no le permitían subir y bajar escaleras. Algunas veces, a pesar de todo, recibía las visitas, que eran muchas, abajo, en el porche dentro del jardín. Recuerdo, entre los más asiduos a León Felipe, Rafael Alberti y María Teresa León. Esta última me llamaba “ojitos grises”.

Cuando trabajaba en la noche, solía refrescarse la cabeza poniéndose debajo del chorro de agua del grifo. El caso es que hacía lo mismo en verano con el calor que en invierno. Entonces la madre le regañaba como a un niño. El contestaba que así se despejaba para seguir trabajando; la realidad es que se cuidaba poco.

Aunque parecía débil de carácter, solo lo era aparentemente. Nunca dejaba de hacer lo que se proponía sin escatimar el esfuerzo. No se dejó dominar por nada, tenía tal objetividad y autoridad en sus cosas que al final se le daba la razón (porque además la tenía).

Un día del poeta en Rocafort:

Se le pasaba el desayuno a la habitación hacia las nueve de la mañana, como no había café tomaba una taza de malta, si acaso con leche y una tostada de pan con aceite; sobre las once se le veía por la casa pensativo.

El pasillo central de la casa era muy amplio, te podías cruzar con él como si fuera una calle de dos direcciones.

Hacía tiempo, hasta el almuerzo y sobremesa, leyendo. Se retiraba un rato y volvía para darnos clase de francés a las sobrinas. Decía: “estas niñas no pueden estar en barbecho”. Eran unas clases concienzudas pues no escatimaba su trabajo procurando hacerlas fáciles. No había más que escucharle con atención. ¡Que paciencia la suya!. No obstante con nosotras era bastante exigente, a la menor equivocación se echaba las manos a la cabeza y con expresión amable quitaba el mal sabor de boca, aunque a pesar de todo algo intimidaba. Cuando rectificabas el error decía satisfecho “perfecto”.

Nos explicaba que Juan de Mairena era un filósofo amable, un poco escéptico que tenía para todas las debilidades humanas una benévola sonrisa de comprensión y de indulgencia, que solía expresarse con unas gotas de ironía.

A media tarde subía a lo alto del edificio, a la torre, desde donde se divisaba el mar en el lejano horizonte; se llenaba los ojos del paisaje y bajaba a la hora de la cena.

Luego ya se sabe, trabajaba hasta la madrugada. A media noche paseaba lentamente por la casa, pienso que para estirar las piernas, iba encendiendo y apagando luces para ver, y casi siempre por equivocación encendía la del dormitorio de alguno de los hermanos. Si despertaba a Joaquín y Carmen, estos medio enfadados le decían “Antonio ten más cuidadito, que hay noches que no volvemos a conciliar el sueño”. Antonio no sabía que alegar para disculparse; creo que en la noche, absorto en sus pensamientos, se desorientaba fácilmente.

El poeta, a pesar de su ensimismamiento, siempre captaba lo que acontecía a su alrededor.

Antonio Machado era persona que infundía respeto, compatible con su cordialidad. Decía que nada podía superar a la naturaleza, que consideraba como un ser viviente. De ahí el amor que le producía hasta un palmo de tierra. Sin duda se apreciaba en su sensibilidad la huella dejada por las clases que en la Institución Libre de Enseñanza se impartían al aire libre, preferentemente en la sierra de Guadarrama, lugar emblemático en el que repetidamente se inspiró el poeta.

El poeta llega a condensar sus pensamientos de tal modo que le bastan cuatro palabras para decir algo esencial como: “hoy es siempre todavía”.

Tenía una gran admiración por las palabras árabes, que según él, enriquecían sobremanera el léxico español. En esto se manifiestan sus orígenes andaluces y el reconocimiento del valor de las tradiciones populares, tan admiradas por sus ascendientes.

A partir de febrero de 1.938, los hermanos de Antonio, ya por separado, fueron trasladados a nuevos destinos que les designaron en Barcelona.

A un lado de la puerta principal de Villa Amparo, aparece una placa conmemorando que en aquella villa había vivido Antonio Machado.

En el mes de abril del 38 salió Antonio para Barcelona, acompañado de su madre, de su hermano José, su esposa y las tres hijas de estos. Fueron los últimos de la familia en salir de Rocafort.

Otra vez de Hotel, en el Majestic, donde estuvieron hasta que le consiguieron alojamiento en la Torre de Castañer, en la zona de la Bonanova.

En la Ciudad Condal habían habilitado tres hoteles para facilitar el alojamiento a los funcionarios del Estado y sus familiares. En las Ramblas el Hotel Falcón y el Hotel Oriente. El Hotel España en la calle San Pablo, junto a las Ramblas y al lado del Liceo, en el que residimos mis padres, mi tía Carmen, mis dos hermanas y yo. Por cierto, tía Carmen falleció en este hotel a finales del 38, siendo enterrada en el Cementerio de Montjuic. Todos estos hoteles estaban situados en una zona que por su proximidad con el puerto estuvo muy castigada por los continuos bombardeos y por el pánico que estos generaban.

Fuimos una cuantas veces a visitar, a la Torre de Castañer, a la abuela Ana, a Antonio, a José y su familia. Recuerdo a tío Antonio, con la madre, en una galería acristalada que hacía de sala de estar y de lectura. Allí nos saludábamos cariñosamente todos. Los mayores charlaban, y nosotros, la gente menuda, jugábamos en el jardín y alrededores. Luego regresábamos a nuestros aposentos en el Hotel España.

Desde esta Torre de Castañer, en Barcelona, Antonio, mama Ana, como llamábamos a la abuela, Pepe y Mati, salieron el 22 de enero del 39, con dirección a Francia, prácticamente sin destino y con rumbo aleatorio.

Les fueron a recoger en una ambulancia, cuyos conductores les decían “vamos, vamos, no se demoren”. Antonio les dijo “¿tienen prisa?, pues yo no”.

El trayecto hasta la frontera, aunque corto en distancia, se hizo interminable por la caótica, triste y lamentable marcha hacia el exilio de tantos y tantos españoles. Añadir la quebrantada salud del Poeta, el sufrimiento que sentía por sus acompañantes y el hondo que sentía por la España que dejaba. El panorama no podía ser más angustioso.

¡Casos como éste, tantos¡ El camino del exilo empezó a primeros de enero del 39, a mi familia nos tocó iniciarlo unos día antes que a Antonio.

Íbamos en una camioneta tapados por mantas, de color claro, por la costa. De repente decían que había que quitárselas de encima por resultar un blanco fácil de localizar paralos cañones de los barcos, cuyos obuses caían constantemente. Cada rato….. ¡todos a las cunetas!.

Antes de llegar a la frontera nos encontramos, cerca de Figueras, con Joaquín y su esposa, que iban en otro grupo. Recuerdo un fuerte abrazo y un “adiós” al despedirnos. Esto es un pequeño detalle, ¡mejor pasar página!

Hay una fotografía de Antonio, de las últimas, con su hermano José y unos amigos, en un alto en el camino hacia Francia, en la que duele verle en abandono total, entregado a su inminente destino. En espíritu, él ya no estaba all

El grupo familiar de Antonio Machado llegó a Collioure el día 29 de enero a las cinco y media de la tarde, donde se instalaron en el Hotel Bougnol Quintana.

Uno de los días que allí pasaron, Antonio le dijo a su hermano: “Pepe vamos a ver el mar y damos un paseo”. Se sentaron en una barca amarrada en la playa, y Antonio se mantuvo ensimismado hasta que regresaron. Fue la última salida del poeta hasta la orilla del mar.

Rendido de fatiga, Antonio dictó a su hermano una carta para él, dice Santullano, la última carta del Poeta. Los trazos de su firma vacilante declaraban que la existencia de Antonio Machado escapaba hacia el más allá.

Antonio Machado. Collioure.

Su muerte. El día 22 de febrero, miércoles de ceniza, fallecía Antonio a las cuatro de la tarde. Según se sabe, las últimas palabras que pronunció fueron ¡Adiós Madre!. Tres días después murió la madre, cumpliéndose el vaticinio que ella adelantó en Rocafort: “Estoy dispuesta a vivir mientras viva mi hijo Antonio”. En el lugar del supremo descanso, los restos de madre e hijo están unidos para la eternidad.

Hablamos de su pérdida, de su muerte real, aunque ciertamente le sentimos vivo entre nosotros. Siempre está, aún en su inevitable ausencia.

La sepultura fue encargada por los amigos de Machado y suscripción popular. Muy sobria, como si la hubiera elegido él mismo. Está en el centro de una especie de herradura de cipreses. Es como un pequeño remanso de paz.

Su hermano José encontró en un bolsillo del abrigo de Antonio el último verso:

Estos días azules
y este sol de la infancia.

Resumiendo: Antonio admiraba sobre todo la Naturaleza, en cuanto le era posible salía al campo, a llenarse los ojos del paisaje. Los hermanos fueron siempre muy afines sentimentalmente, a pesar de que Manuel hiciera una vida social más intensa en la ciudad. Realmente estaban extraordinariamente unidos.

En Antonio quedó la huella imborrable de su padre, con el que, según decía, tenía verdadera afinidad.

La formación cultural la veía Antonio como algo insustituible. En una ocasión, refiriéndose a los estudios filosóficos que en él habían despertado tantísimo interés, alguien dijo: “Los trabajos filosóficos, en efecto, son muy interesantes pero no deben divulgarse demasiado”, contestó el Poeta “La cultura es de todos y para todos”.

Les voy a transcribir algunas opiniones sobre Antonio, extraídas de “Semblanza de Antonio Machado”, del eminente periodista Luis A. Santullano, que se encargó en los últimos años de publicar casi todos los artículos de Machado:

“Nuestro Poeta era todo cordialidad, afectuosa y señorial, de esa que no se manifiesta con familiaridad de gestos, abrazos y golpecitos en la espalda. Antonio gustaba de la intimidad, y en las horas de recreo de diálogo cordial. Prefería la compañía de los suyos y de las personas que merecieran su estimación”.

“Personalmente recibí la prueba más clara de la amistad de Antonio en la ocasión de formarse, en Madrid, la comisión encargada de secundar la iniciativa sevillana para dedicar una fuente a los poetas Manuel y Antonio en el hermoso Parque de María Luisa”.

El arquitecto de jardines Winthuysen, recibió el encargo de proyectar la Fontana y que las obras se realizasen con arreglo al gusto de los poetas. Manuel, dio su delegación al escritor Pepe Tudela y Antonio a Santullano, que agradeció su confianza.

“Antonio Machado fue uno de los vocales más asiduos al Patronato de las Misiones Pedagógicas que presidía el Sr. Cossio. Él hablando poco, decía siempre la palabra justa y orientadora. A Machado, que no tenía la menor soltura cuando intentaba ponerse el abrigo, los amigos trataban de ayudarle tirando de aquí y de allá hasta acomodárselo. Antonio se sometía sonriente a la operación no sin antes decir entre dientes: “Este maldito abrigo…”.”.

Manuel. Esto que voy a relatar lo supimos cuando regresaron a Madrid Manuel y Eulalia en el año 39. Pienso que Antonio no lo llegó a saber y que hubiera significado par él una gran satisfacción. El día 19 de febrero de 1.938, le comunicaron a Manuel que había sido elegido Académico de la Real Academia de la Lengua. El acto se celebró en San Sebastián, en el Palacio de San Telmo, abarrotado de público. El día 5 de enero había sido nombrado propuesto por Don José María Pemán y Don Eugenio D’ors.

Le dijeron: sabemos que Vd. no lo ha solicitado, que acaso no lo esperaba ni tal vez le interesa. Manuel contestó: efectivamente jamás lo he solicitado, ni de momento lo esperaba, pero que no lo deseara – esto dicho con su gracejo andaluz – eso, eso es otra cosa. Al cabo, para un escritor es la consagración suprema.

Manuel leyó el discurso de ingreso con el título de “Semipoesía y posibilidad”.

De la muerte de Antonio Manuel se entera por medio de un cartero que le pregunta: Don Manuel, ¿Vd. tiene algún familiar que se llama Antonio Machado?. He oído que este señor ha fallecido en Francia.

Manuel creo que casi no pudo contestarle y corrió a ver la prensa extranjera donde comprobó tan triste suceso. Decía Eulalia que en la vida lo había visto tan abatido; eran unos hermanos que hubieran dado la vida uno por el otro. Como no sabe lo de la madre, arregla los pasaportes y salen inmediatamente para Collioure a recogerla y ver al hermano. En el camino se entera de la muerte de la madre, no obstante van al encuentro de los que quedan.

José y su esposa Mati, como la llamaba amorosamente, estaban solos, mirando la calle a través de una ventana, en silencio, cuando Mati exclamó: ¡Ahí llegan Manuel y Eulalia. Pepe la contestó: “Déjate de alucinaciones”, no la creyó en aquel primer momento inesperado, pero a medida que se iban acercando, comprobó que, efectivamente, eran ellos. Allí se organizaron momentos tensos de infinita amargura y finalmente regresaron solos. Pepe y Mati, esperaban reunirse con sus hijas en Santiago de Chile.

A Manuel, los últimos años se le veía antes del almuerzo con los amigos en un bar de la calle de Fuencarral, llamado “La Criolla”, a la salida de la Biblioteca Municipal. Por la tarde, los jueves, eran las sesiones de la Real Academia.

La temporada de las corridas de toros, supongo que sería por San Isidro, en el palco de la Prensa tenía su abono junto a Don José María Cossio, Domingo Ortega y otros. Imposible olvidar sus verso a la Fiesta Nacional, con los que plasma un verdadero cuadro.

“Oro, Seda, Sangre y Sol”.

Solía recibir a los amigos en su casa, casi todos escritores de la generación del 27, que le llamaban Maestro cariñosamente. Ya no era el Manuel Machado de antaño, por su edad, salud y recuerdos abrumadores. Comentaba preocupado mi padre, con el que se veía casi a diario, que encontraba a Manuel indiferente por la vida y resignado, algo insólito en él. La muerte del hermano no la superó nunca.

Última foto de Manuel Machado

Años después, el 19 de enero de 1.947, falleció Manuel de una bronconeumonía. Cuando se comunicó la muerte a la Real Academia, se presentó el pleno muy emocionado en el domicilio a darle el último adiós al compañero, solicitando velarle unas horas en el edificio de la Real Academia para que saliera de allí el cortejo fúnebre (existe grabación del NO-DO).

En los últimos días, ya enfermo, contrató la publicación del libro, que tituló “Obras Completas” de los dos hermanos con la Editorial Plenitud. Incluyen el último verso inédito de Manuel, tan sonoro, dedicado al Gran Manuel de Falla.

Su Viuda, Eulalia Cáceres y Sierra, con dispensa especial del Vaticano por su avanzada edad, ingresó en una Comunidad Religiosa de origen italiano “Cottolengo del Padre Alegre”, en Barcelona, donde fuimos a visitarla varias veces.

Y al fin, estos fueron, en síntesis, algunos rasgos en la vida de los grandes Poetas Antonio y Manuel Machado.

Recientemente:

El día 25 de febrero de 2.005 salí desde Barcelona hacia Collioure, acompañada de otros familiares, e hicimos el itinerario que sufrió Antonio Machado con su madre, su hermano José y la esposa de éste, los cuatro, para pasar la frontera de Francia, como tantos españoles,

Antes de iniciar el recorrido visitamos la Torre de Castañer, donde fuimos recibidos gentilmente por sus propietarios Sres. Guell, que tuvieron la atención de acompañarnos en la Jornada de Collioure. Allí se presentaron la Sra, Guell y una hija.

El primer destino y parada, del recorrido hacia Collioure, fue Raset de Baix, una aldea cercana a Cerviá de Ter (Gerona), Can de Santa María, donde un matrimonio extranjero nos enseñó el edificio por dentro que actualmente están transformando en Museo de Arte Moderno. Inauguraron cuatro salas el 29 de octubre último

Me parece recordar que los dueños del Museo eran suizo y holandesa, Tony y Wilde Bueler; solo se hablaba de que Antonio Machado había permanecido allí varios días, en aquellas salas, y que esto era algo que debía permanecer para la historia.

A continuación llegamos a Mas Faisat, vieja masía del siglo XII, perteneciente al Doctor Faisat, que nos hizo un recibimiento espléndido. Él vive allí parte del año. Dentro de la antigüedad de la masía, la parte habitable esta muy actualizada y cómoda.

Finalmente llegamos a Collioure en autocar, donde nos esperaban el Excmo. Sr. Alcalde y el Presidente de la Fundación Antonio Machado en Collioure. Todo fueron atenciones en un ambiente de cordialidad y emoción. Además recibimos, las cuatro sobrinas, la medalla de honor, tan preciada, de la localidad francesa de Collioure. Al día siguiente, volvimos a Barcelona en la grata compañía de la escritora Monique Alonso, muy introducida en la obra de Machado, hasta la noche que regresamos a Madrid, nuestro punto de partida.

Madrid 2009

Leonor Machado.

Entierro de ANTONIO MACHADO. Muerte de Ana Ruiz. Camino de Chile de José y Joaquín Machado.

         A primera hora de la mañana del 23 de febrero, así lo intuimos por la orientación de la habitación número cinco del hotel y de la sombra que se proyecta en la pared por el cabecero de la cama en la que encontraba el cuerpo de Antonio Machado, el fotógrafo Sr. Sánchez, del cercano pueblo de Port-Vendres, tomó la famosa fotografía, tantas veces reproducida, de Antonio Machado muerto y cubierto por una bandera republicana.  Es posible que la mayoría de las fotografías que se conservan del entierro fueran tomadas por este mismo profesional fotógrafo.

         Nos cuentan que fueron dos vecinos de Collioure los que bajaron el ataúd de nuestro poeta hasta la entrada al hotel, donde se congregó un gran número de españoles, civiles y militares, que habían acudido para asistir al sepelio y rendir un último homenaje al poeta antes de que su cuerpo quedara oculto para siempre en el cementerio de Collioure.

         A las cuatro de la tarde del 23 de febrero de 1939 se puso en marcha el cortejo del entierro de Antonio Machado. El itinerario hasta el cementerio fue más largo de lo estrictamente necesario pues las autoridades municipales quisieron que pasara la comitiva por la llamada Placette, en aquellas fechas plaza principal del pueblo, dando así una mayor importancia a la persona que se iba a enterrar.

         Durante todo el recorrido el féretro fue llevado a hombros por milicianos españoles de la Segunda Brigada de Caballería “Andalucía”. Dos grupos de seis milicianos cada uno que se fueron turnando. En algún momento algún oficial de estos soldados se incorporó, aportando su hombro, en el camino hasta el cementerio.

         Entre el tiempo que se necesitó para cubrir este recorrido, el necesario para llegar en el cementerio hasta el nicho preparado, cedido por la Sra. Deboher, y el que duró el entierro propiamente dicho, con las breves y sentidas intervenciones de algunos de los presentes, que finalizaron con los versos de Machado que recitó Julián Zugazagoitia,

                                    Corazón ayer sonoro,

                                    ¿ya no suena

                                    tu monedilla de oro?

 podemos calcular que pasaron algo más de dos horas.

         Serían las seis de la tarde cuando los asistentes empezaron a salir del cementerio y algunos se acercaron nuevamente al Hotel Bougnol-Quintana para dar un abrazo algo más personal e íntimo a José Machado, a su esposa y si pudiera ser a la madre del poeta, Ana Ruiz, aunque sabían que esto era poco probable dado el estado casi de coma en el que se encontraba la anciana madre.

         Fueron unos pocos los que se reunieron delante de la entrada del hotel y en el salón del mismo, y teniendo en cuenta que el anochecer había comenzado fueron dejando poco a poco a la familia de Antonio Machado con su dolor y su pena.

         José y Matea se refugiaron en el primer piso acompañando a la abuela Ana en su silencioso estado, frente a ella o sentados en la habitación contigua.

         Finalmente bajaron al comedor para agradecer a los compañeros de hotel y a Madame Quintana su presencia y compañía en aquella tarde, fría y nublada.

         Allí estaba, además de Pauline Quintana, Juliette Figueres,  Luis Orgáz Benaiges, hospedado en el hotel con su mujer, y el incondicional amigo  J. Baills.

         Llegaron algunos telegramas más de condolencia y José Machado y Jacques Baills empezaron a escribir una relación de los que habían asistido al entierro del poeta.  Pensaron que, de cara a tiempos futuros, podía tener una cierta importancia este listado.

         Probablemente José leyera la carta recibida esa misma mañana de John Brande Trend, desde Cambridge.  ¡Triste momento para llegar un ofrecimiento de trabajo y alojamiento para Antonio Machado!

         Tal vez bebieran una taza de caldo caliente, tal vez un vaso de leche, pero el cansancio y las emociones del día les llevaron pronto a su habitación para descansar, después de ver nuevamente a su madre que seguía inconsciente y serena pero con un semblante definitivamente ausente.

         La noche, como sucede en estos casos, acumuló imágenes del día, ideas sobre el futuro próximo, y modo de contactar con los otros hermanos Machado que allí no estaban.

         Despertaron pronto el día 24 y comprobaron como el estado de la madre Ana seguía igual. Cada poco tiempo Matea o José se acercaban a verla, casi siempre desde la habitación contigua. Al final de la tarde se percibía un estado de respiración algo más agitado, pero en silenciosa intranquilidad.

JOSÉ MACHADO

         José pasó el día leyendo la correspondencia y los telegramas llegados, escribiendo algunas contestaciones a algunas de estas cartas, entre ellas la recibida a John Brande Trend, y finalizando con Jacques Baills la lista iniciada el día anterior de los asistentes al entierro.

         Posteriormente Jacques Baills contó que entregó la lista a un amigo para que obtuviera una copia, pero que éste ni le devolvió el original ni ninguna copia, por lo que quedó reducida a los recuerdos de la  memoria, suya o de José y de quienes estuvieron presentes en el entierro. Y la memoria es olvidadiza y más con el paso del tiempo. Solo quedan nombres, tal vez muchos en este caso, pero no todos.

         La carta que envió José Machado a J.B. Trend , obtenida de los archivos de Trend en la Universidad de Cambridge  la transcribimos ahora:

Sr. J. B. Trend

            Muy distinguido y admirado señor:

                        Cuando llegó el ofrecimiento de esa célebre Universidad de Cambridge para mi hermano Antonio, en aquel mismo momento acababa de morir. Yo, que he sido siempre el hermano inseparable de todas las horas, sé muy bien cuán alta estimación sentía por Vd., y cuánto se hubiera honrado aceptando este nombramiento, que además suponía la salvación de nuestra madre (86 años) con los dos restantes que constituían el pequeño grupo familiar con que siempre había vivido, del naufragio  económico.

            Dada la profunda y devota admiración que siempre sintió por Inglaterra, hubiera visto colmado uno de sus más fervientes anhelos de toda su vida que era visitar esa nación. Precisamente es estos últimos meses leía y releía las obras maestras de esa formidable literatura inglesa. Pero los sueños no se cumplen.

            Lo hemos enterrado ayer en este sencillo pueblecito de pescadores en un sencillo cementerio carca del mar. Allí esperará hasta que una humanidad menos bárbara y cruel le permita volver a sus tierras castellanas que tanto amó.

            Usted, señor Trend, que tan alta cumbre representa en la intelectualidad en ese país, reciba la profunda gratitud por sus bondades para con mi hermano, de este antiguo alumno de “La Institución Libre de Enseñanza”.

                                                                                              José Machado

            Collioure, Hotel Bougnol-Quintana

            (Pyr-Or)  24 de febrero de 1939.            

                  

         Amaneció el día 24 con alguna noticia de la muerte de Antonio Machado en la prensa francesa como L´Independant de Perpignan y un artículo en el diario Commune escrito y firmado por Jean Cassou, Richard Bloch y Louis Aragón.

Louis Aragon

Poème d’Aragon “Prologue”

Je ne sais ce qui me possède
Et me pousse à dire à voix haute
Ni pour la pitié ni pour l’aide
Ni comme on avouerait ses fautes
Ce qui m’habite et qui m’obsède

Celui qui chante se torture
Quels cris en moi quel animal
Je tue ou quelle créature
Au nom du bien au nom du mal
Seuls le savent ceux qui se turent

Machado dort à Collioure
Trois pas suffirent hors d’Espagne
Que le ciel pour lui se fît lourd
Il s’assit dans cette campagne
Et ferma les yeux pour toujours

Au-dessus des eaux et des plaines
Au-dessus des toits des collines
Un plain-chant monte à gorge pleine
Est-ce vers l’étoile Hölderlin
Est-ce vers l’étoile Verlaine

Marlowe il te faut la taverne
Non pour Faust mais pour y mourir
Entre les tueurs qui te cernent
De leurs poignards et de leurs rires
A la lueur d’une lanterne

Étoiles poussières de flammes
En août qui tombez sur le sol
Tout le ciel cette nuit proclame
L’hécatombe des rossignols
Mais que sait l’univers du drame

La souffrance enfante les songes
Comme une ruche ses abeilles
L’homme crie où son fer le ronge
Et sa plaie engendre un soleil
Plus beau que les anciens mensonges

Je ne sais ce qui me possède
Et me pousse à dire à voix haute
Ni pour la pitié ni pour l’aide
Ni comme on avouerait ses fautes
Ce qui m’habite et qui m’obsèd

         Radio Nacional anuncia el fallecimiento este mismo día 23, haciéndose eco de la noticia, al día siguiente, otros medios.

         Teniendo en cuenta el tiempo que normalmente tardaban las cartas desde París es más que probable que este día 24 se recibiera en Collioure una carta firmada por “Maria¨ y dirigida a Antonio Machado; es la carta, que sin conocer todavía la muerte del poeta, le escriben desde París, con fecha del 22 de febrero, Tina Modotti (María) y Carlos Contreras (Comandante Carlos), que ya hemos comentado en otro libro anterior de esta serie titulado “Antonio Machado camino del exilio”.

Tina Modotti

         Se recibe también este día una sentida carta desde Toulouse de Martín Navarro. Probablemente, y sin tener en cuenta los que vivían en Collioure y especialmente en el Hotel Bougnol-Quintana, Martín Navarro fuera, junto a Cándido Bolivar, el último que viera vivo, el 18 o el 19 de febrero, a Antonio Machado. Dejamos nota que Cándido Bolivar era presidente de la Junta de  Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), de la que Antonio Machado era vocal de la Comisión Delegada, por nombramiento, junto a José Puche Álvarez, desde el 5 de junio de 1937. Recordamos que José Álvarez Puche fue uno de los que acompañaron a Antonio Machado desde Barcelona hasta Cerbere, camino del exilio. No cabe duda que la J.A.E. colaboró intensamente con las asociaciones pro refugiados españoles que, con Jean Sermet al frente, trabajaron en y desde Toulouse.

         Martín Navarro  le dice a José Machado que cuando se preparaban para recibir a toda la familia en Toulouse “le llegaron las terribles noticias de la muerte del poeta……. Todos los refugiados saben apreciar el valor supremo de nuestro máximo poeta  cuyo puesto ha de quedar  vacío por tan largo tiempo.” “Con el más puro de los afectos le abraza entrañablemente su buen amigo.” Firmado Martín Navarro. (P.D. quedan en pie los ofrecimientos que les hicimos en nuestra anterior, por si quieren aceptarla).

         Termina el día con la angustia de ver que Ana Ruiz, madre de los Machado, no recupera el conocimiento, haciendo presagiar un próximo fatal desenlace.

Ana Ruiz Hernandez, madre de los Machado

         El sábado 25 de febrero hace frío y desde luego así lo sienten José y Matea. Es notorio que Ana Ruiz se va apagando poco a poco a lo largo del día. En los últimos tiempos había manifestado que estaba dispuesta a vivir tanto como su hijo Antonio, y muerto éste parecía dispuesta a cumplir este deseo. Y así, a las ocho de la tarde, con la recién llegada oscuridad de la noche, fallece.

En Sevilla, Triana.

         Ana Ruiz Hernández había nacido el 25 de febrero de 1854 en Sevilla, por lo que el día de su fallecimiento había cumplido 85 años, justo 85 años.

         Este mismo día 25 de febrero, el soriano diario El Avisador Numantino publica una escueta nota que dice: “Ha muerto Antonio Machado. Las emisoras de Radio Nacional dieron ayer la noticia de que había fallecido en el extranjero el poeta y literato don Antonio Machado”.

         Ana Ruiz fue enterrada el día siguiente, domingo 26 de febrero a las diez de la mañana, según reza el Acta de fallecimiento expedida en Collioure con y por declaración de Jacques Baills.  Recibió sepultura provisional en un rincón del cementerio reservado para los pobres o aquellas personas que carecían de sepultura propia en el momento del fallecimiento. Pasarían 18 años hasta que los restos de Antonio Machado y los de su madre Ana Ruiz, dejaran de estar separados y ocuparan una misma sepultura.

ANA RUIZ, CON SUS HIJOS ANTONIO Y JOSÉ, RECIEN NACIDO.
ESTE ÓLEO FUE PINTADO EN 1879 POR, CIPRIANA ALVAREZ DURÁN, ESPOSA DE ANTONIO MACHADO NÚÑEZ Y , POR LO TANTO ABUELA DE ANTONIO MACHADO RUIZ Y DE SU HERMANO JOSÉ.
IMAGEN INFERIOR DERECHA DEL ÓLEO, CON LA FIRMA DE LA AUTORA: C.A.D. de Machado 1879

         A media mañana Gastón Prats, que había asistido al entierro de Ana Ruiz, pasó por el Hotel Bougnol-Quintana y según contó años más tarde, en 1975, estuvo conversando un buen rato con José Machado.

         Esa tarde dominical probablemente José y Matea recopilaran la documentación que Antonio Machado conservara en su cartera y los documentos que con ella guardara.

         De esta forma se iniciaría por parte de José Machado, y a la muerte de éste por Matea y posteriormente por las descendientes de ésta, la custodia de los escasos bienes y documentos que tenía Antonio Machado. Ahora, en 2019, ochenta años después, vuelven a España estos últimos documentos, que se ceden a la Fundación Unicaja. (básicamente carnets, cartas recibidas y un número de otros documentos que ayudarán a los investigadores y biógrafos de Antonio  Machado a ir completando estos trabajos).

         Entre estos documentos estaba una pequeña libreta con algunos nombres y sus direcciones de aquellos días. Entre estas destacamos:

         Corpus Barga, en el Grand Hotel de Perpiñán,

         J. Sermet, professeur au Lycee, en Rue Paul Bert de Toulouse      

Jean Cassou 53 fue de Rennes, Paris (VI).

         Paul Combeau, 40 Rue Mailly, Perpiñán.

         Gastón Prats, Saint-André (Pyr-Or).

         Robert Payne, Pfivate Hotel, 14 rue Cassini, París.

         Pierre Emmanuel, 6 Avenud Marechal, Pontoise

         Jacinta Landa, Hotel Regina, Tf 8-80. Perpignan.

         Andrey Russe, la misma dirección que Jacinta Landa.

         y la que reza:  Joaquín. Saint Savin  – Hautes Pirenees, Refugie       Espagnol   Residence Religieuse.  ¿quien es este Joaquín, refugiado español? ¿el hermano Joaquín Machado?

         En los días siguientes son varios los periódicos que dan la noticia de la muerte de Antonio Machado. Entre ellos destacamos el llamado ABC Republicano que el día 28 de febrero publica cuatro notas sobre esta noticia en su primera página bajo el título genérico de La muerte de Antonio Machado. En la primera nota dice que en la asamblea general celebrada el domingo anterior (día 26) la Agrupación Profesional de Periodistas acordó enviar el pésame a la familia y a la Alianza de Intelectuales Antifascistas. En la segunda nota expresa su sentimiento el Socorro Rojo de España, que añade “que seguirá luchando con más entusiasmo que nunca para la realización de los ideales sagrados de nuestra independencia por los que luchó este gran amigo del Socorro y del pueblo”.  En la tercera se informa que los periódicos de Valencia están publicando “sentidas notas lamentando el desenlace del gran poeta”. Hacemos notar que en esta nota se dice que Antonio Machado falleció en un campo de concentración, siendo ésta inexactitud repetida durante unos días en la mayoría de la prensa de España y alguna de otros países.  En la cuarta nota se anuncia un homenaje al gran poeta, ese mismo día, mediante un programa de radio que se emitirá desde Valencia.

Luis A. Santullano, Manuel Bartolomé Cossio y Angel LLorca, hace pocos años en la Residencia de Estudiantes.

         El 28 de febrero José recibe carta de Luis A. Santullano, desde la Embajada de España en París, en la que le dice que “ No necesito decirle cómo la muerte de su madre reaviva, si es posible, mi pena tan honda por la pérdida de Antonio. Creo ha hecho bien en morirse la pobre, pues hubiera sido la vida para ella insufrible sis su hijo mayor que adoraba en ella”. Les anuncia que recibirán alguna cosa de la Asociación de Escritores franceses, y que si no fuera así escriban a D. Juan Larrea, Delegado Cultural, al 55 Av. Georges V, Paris (bureau 303). Aprovecha la carta para comunicarles sus señas particulares en el 6 de la rue Vineuse,  en París XVI.

Probablemente este diá 28 de febrero llegara a Collioure Manuel Machado acompañado de su esposa Eulalia, pero dejamos para un artículo psterior a éste el relato y los comentarios a este viaje del hermano mayor de los Machado Ruiz. Solo decir ahora la trágica noticia que se encontró, además, en Collioure, la muerte tres día antes de su madre.

En el periódico La Depeche de Collioure, publicado el día 2 de marzo de 1939 se informa sobre un funeral por Antonio Machado, que se celebraría el lunes 5 de marzo, por la mañana a las 9 horas. La nota de prensa se titula: “Les obseques de Mesieur Machado”.

         El día 4 de marzo J.B. Trend dirige a José Machado, desde el Christ´s College Cambridge, una carta de pésame, en la que dice: “Con Don Antonio desaparece uno de los más altos guardadores  y transmisores de la gran herencia espiritual europea, huérfana ahora, con la muerte de Antonio Machado, de uno de sus más hondos valores”.

Jean Cassou, años más tarde.

         Este mismo día, 4 de marzo de 1939, se recibe carta desde París de Jean Cassou que dice: “Mi querido amigo, au pobre madre no podía sobrevivir a su hijo Antonio, como éste no podía sobrevivir a España. Y ahora tiene V. la responsabilidad de un doble dolor, ante el cual me inclino respetuosa y fervorosamente”

         Añade esta carta de J. Cassou, que “Quiroga, de parte de la Asociación nuestra, se habrá puesto en relación con V. para que venga aquí con su mujer. El prefecto de Perpiñán está dispuesto a facilitar el viaje. Dentro de pocos días, pues, podremos ir a recibirles a Vds. dos en la estación”.  Suponemos que está hablando de recibirles en París.  Luego parece que lo hablado con anterioridad significaba el trasladarse hasta Perpiñán, donde el prefecto facilitaría viaje a París, siguiendo viaje en tren hasta la capital francesa, donde irían, J.Cassou y gente de la Asociación de escritores, a recibirles. 

En la Residencia de Estudiantes Luis A. Santullano con Rabindranat Tagore, Juan Ramón Jimenez y Zenobia Campfrubí

          El día siete de este mes de marzo reciben otra carta de Santullano, particular , también desde París, en la que comenta y expone lo siguiente:

  1. Que supone que le habrán planteado a Cassou la gestión de la estancia en París, de modo que la policía no moleste. Son rigurosos, pero Cassou puede conseguirlo.
  2. Que si no tienen la seguridad de Cassou deben esperar.
  3. Que mientras esperan para ir a París pueden esperar en Toulouse, pero que no lo hagan sin que J. Sermet les pueda asegurar no tener problemas con la prefectura.
  4. Que siempre será mejor el acabar en París, donde la relación directa con Cassou y otros miembros de la asociación de escritores, leales a Antonio Machado, sería muy importante.
  5. Que respecto a los planes de futuro cree que España no es todavía ni posible ni recomendable, y que el tener a las hijas en la U.R.R.S. no facilita precisamente las cosas.
  6. Que si no fuera posible a corto plazo el regreso a España con Manolo, ni recomendable tampoco la U.R.R.S., tendrían que pensar en algún país de América. Pero de esto ya hablarán cuando estén en París.
  7. Que mientras tanto podría escribir a Luis de Zulueta, que admiraba a Antonio Machado, y que está en la Universidad de Bogotá en Colombia.

         Seguro que en las cuatro semanas siguientes gestionarían su posible destino en Francia, a corto o largo plazo, o en la U.R.R.S., sin olvidar la cada vez más posible marcha a Chile.

         Sin duda, en este mes de marzo contactan con Joaquín Machado y su mujer Carmén, quedando con ellos en París o cerca de esta ciudad, como así sucedió a mediados de abril.

         Y llegó el día de la partida de Collioure. El día 2 de abril de 1939 paga la factura pendiente a Pauline Quintana, dueña del Hotel Bougnol-Quintana, que comprendía el periodo del 28 de febrero al 2 de abril.  Se pagaron 34 días a 50 francos día, por el alojamiento de dos personas con la pensión completa.

         De Collioure, en tren, a Perpiñán y de aquí a París, donde estuvieron escasos días, para seguir y finalizar este viaje en Meurville, en la región próxima de la Campagne. Aquí llegaron algún día más tarde el hermano Joaquín y su mujer Carmen López Coll.  En este pequeño pueblo, relativamente cerca de París, donde la vida debía de ser poco costosa, estuvieron hasta finales de octubre, fecha en la que, ya decididos en viajar a Chile, fueron a la capital para gestionar toda la documentación necesaria para el viaje. Esperando poder trasladar a sus hijas y sobrinas lo antes posible desde Moscú.

JOAQUÍN y JOSÉ MACHADO en MEURVILLE

         La realidad es que tardarían en ver a sus hijas y sobrinas siete años, pues la II Guerra Mundial se interpuso en sus deseos, y solo llegaron a Chile las dos menores, pues Eulalia, la mayor, nacida en 1924, se casó en Moscú con un español al que allí conoció.  Eulalia no volvió a ver a su padre y a su madre solo treinta años más tarde, en Madrid.

         A principios de mayo de ese año de 1939, recibieron carta desde Collioure de Pauline Quintana que les dice que había visitado el cementerio y había llevado unos ramos de flores. En estos meses de 1939 y posteriormente desde Chile mantuvieron contacto epistolar José y Matea con Pauline Quintana.

         El 20 de mayo de 1939, recibió José Machado carta de Rubén Landa Váz, desde Morgabe, calle Northdown Rd., Inglaterra, en la costa y cerca de Canterbury, en la que comenta que al saber de la muerte de Antonio y no conocer las señas de ellos, escribió a Santullano adjuntándole carta para ellos de sus hijas y otra suya. Que regresó de Rusia, pues desde allí no podía enviar dinero a su familia, por lo que tuvo que dejar a sus sobrinas en la residencia de Moscú. Que recibió carta de ellos en la que le contaban los detalles de su salida de España. Que recordaban con emoción a su hermano Antonio y a su madre. Que le resultaba difícil el aconsejarle sobre su futuro, pero que le podía decir que sus hijas estaban bien, aunque lo que más deseaban era estar con ellos. A estos efectos comenta que podría encontrar trabajo en Moscú como profesor de dibujo para los niños españoles y que para mejor información podía dirigirse a Soledad Sancha, de la que le facilita las señas, pero que en cualquier caso antes debe consultar con el partido comunista español. Que los rusos tratan a los españoles mejor que a los suyos y que a los españoles les suelen dar un trato preferente. Que Eulalia es para su edad  como una mujer con la que pueden comentar sus preocupaciones. Finaliza enviándoles para los dos un afectuoso saludo de su amigo Rubén Landa.

         A principios de octubre de 1939, suponemos. escribe José Machado a Santullano, en la carta después de hablar y pedir ayuda para negociar posible edición de las obras de Antonio Machado con Editorial Losada, pasa a hablar de su destino próximo.

         Dice José Machado que no cree ya oportuno seguir en el tranquilo pueblo de Meurville, esperando una carta de la U.R.R.S., que no llega, y piensan que acaso podrían ir a Chile. Que esta opción le convence a su hermano Joaquín, y que es casi seguro que allí se vaya él con su mujer, y que insiste en que vayan con él.  Pero que ha de reconocer que de no ser a España prefiere ir a U.R.R.S. con sus hijas, aunque parece también difícil. En consecuencia entiende que puede ser válida la opción de Chile, aunque sea ir a la aventura.

         Y finalmente deciden ir a Chile. Mueven las pocas “armas” que les van quedando y se ponen en contacto con el sobrino de D. Francisco Giner de los Rios, su buen amigo José Giner Pantoja, que esta en París y que les anticipa, a través de la “Asociación Internacional”  el dinero necesario para ir a Chile.

José Giner Pantoja

  A esta carta contestan el 19 de octubre, y dos días después Pepe Giner le vuelve a escribir para , más o menos, despedirse. ”Siempre que pueda os escribiré …. Un abrazo de tu viejo y  buen amigo, Pepe Giner”.

         La fase final del viaje a Chile, al exilio en Chile, está en marcha.

         En París, en el consulado de Chile les dan los visados el 7 de noviembre de 1939, que amparan, formalmente uno al matrimonio de José y Matea y a sus tres hijas, aunque no vayan en ese momento. y el otro a Joaquín y su mujer. Dicen los visados que están alojados en el Hotel Excelsior, Rue de la Boissiere 89 de París. Dicen los visados que avalan los datos en ellos indicados el Sr. José Giner, Avda George V, 55 París y Sr. Lionel Hauser, Rue de la Victoire 92 de París. El Sr Lionel Hauser era amigo de la familia Machado desde finales del siglo XIX, cuando vivían en Sevilla, luego coincidieron las dos familias en Madrid, y el padre, como médico, asistió a distancia a Leonor Izquierdo, mujer de Antonio Machado, en su enfermedad final.

         Los visados rezan que son para una estancia máxima de un año y firma los visados el Doctor Ravoux en la misma fecha de 7 de noviembre.

         El 10 de noviembre obtienen los visados de tránsito hacia Chile de la República de Argentina, con permiso de desembarco.

         El 16 de noviembre estaban los dos hermanos Machado Ruiz, José y Joaquín, con sus mujeres, Matea Y Carmen, en Burdeos.  De esta ciudad debía salir, el 25 de noviembre, el barco que les llevaría hasta Buenos Aires.

         Nueve noches y sus días esperaron en Burdeos, en el “Hotel des Grands Hommes”, sito en el número 4 de la Place des Grandes Hommes. Desayunaron en el Hotel aquella mañana y embarcaron hacia América.

         Ninguno regresó a España. En Santiago de Chile murieron a finales de los 50 Joaquín y José.  Matea si regresó, viuda, a Madrid donde 30 años más tarde se reencontró con su hija Laly, Eulalia, también viuda, y conoció a su nieto Antonio Casado Machado.  Carmen Lopez Coll, siendo ya viuda de Joaquín regresó a finales de los 50 a España, también a Madrid.

ANTONIO MACHADO Y LA REPÚBLICA

Duración del video_ 27:06

Extracto de un extenso documental que tve emitió a comienzos de 1989, con motivo del 50 aniversario del fallecimiento de Antonio Machado, el que corresponde al periodo entre el 14 de Febrero de 1931 (acto en el Teatro Juan Bravo de Segovia) y la precipitada marcha del poeta a Valencia -como otros tantos intelectuales-, de ahí hacia la cercana Rocafort, en Abril de 1938 hacia Barcelona, y finalmente su forzoso y penoso camino del exilio hacia Francia. Intervienen Rafael Alberti, Enrique Lister y Santiago Carrillo.

ANTONIO MACHADO, en el mes de febrero de 1939 en Collioure, y hasta su muerte y entierro.

Por Manuel Álvarez Machado

         Los días que Antonio Machado y la familia que le acompañaba pasó en Collioure en el mes de febrero de 1939, hasta su muerte el día 22 del mismo mes, estuvieron marcados básicamente por la búsqueda y espera de ofrecimientos de trabajo y de un alojamiento al que pudieran hacer frente con los ingresos que pudieran obtener. No tenían nada, apenas la ropa que les vestía y ésta gastada y en mal estado. Por fortuna habían recibido giros de ayuda desde la Embajada de España en París. El primero el 31 de enero de 2000 francos y un segundo de 4200 francos el día 6 de febrero, con la advertencia de que tal vez no fuera posible otro hasta primeros de marzo

Posible última fotografía de ANTONIO MACHADO

         El dinero recibido, bien administrado, podía servirles para pagar la comida y el Hotel Bougnol-Quintana hasta finales de mes. Por lo tanto la búsqueda de soluciones a más largo plazo era acuciante y a ella dedicaban sus ideas, pensamientos y actividades. Pero éstas, en aquellos momentos, eran poco productivas y estaban supeditadas a lo que pudieran ofrecerles otros. Esta situación provocaba necesariamente un estado continuo de angustia y ansiedad que les marcaba el estado de ánimo

Collioure. H. Matisse

         Parecía que la vida se había convertido en una suerte de espera de correspondencia y en una rápida contestación a las cartas recibidas. Visitas no tenían, y los contactos con los que conversar se reducían a Jacques Baills, Juliette Figueres y su esposo y Pauline Quintana, dueña del hotel. De vez en cuando cruzaban algunas palabras en el comedor del hotel con algunos comensales o huéspedes del hotel y solo de vez en cuando con el doctor que les visitaba o con algún otro médico que pasara por el hotel Bougnol-Quintana, como fue el caso del capitán medico Irazoki. Tal vez recibieran visita del Consul de Port Vendres, y sí sabemos que el día 17 fueron a verle Jean Sermet y Cándido Bolivar.

         Siempre surgen sorpresas, pero en el caso de los Machado en Collioure parece que no hubo más hasta el día de su muerte. Luego sí, en el velatorio, en el entierro de Antonio Machado y en el posterior de su madre. Entre éstas “sorpresas” posteriores a la muerte de Antonio y a la de su madre Ana, está la de su hermano Manuel, que enterado del luctuoso hecho consiguió autorización, en Burgos, para desplazarse a Collioure, donde se encontró no solo con su hermano Antonio ya enterrado sino también con la recientísima muerte de su madre, que había fallecido tres días después que su hijo Antonio.

         Mucho se ha especulado sobre el encuentro en Collioure de Manuel Machado con su hermano José, pero de ello escribiremos en otra ocasión.

         Pero volvamos a los primeros 22 días de febrero, a la vida cotidiana y a los hechos que ocuparon casi todo el tiempo de Antonio Machado y de su familia.

Hotel Bougnol.Quintana, Foto reciente.

         Nos referiremos a los dos o tres cortos paseos alrededor del hotel, y al menos a uno ligeramente más largo hasta la orilla del mar , a un par de visitas a Madame Figueras en su comercio al otro lado de la Placette, cruzando el arroyo Douy.   A la lectura de los libros que J.Baills le dejó y a la prensa y revistas que éste le proporcionaba o que José traía del comercio de Madame Figueras. También oía la radio, que Pauline Quintana tenía en una salita junto a la cocina, y escuchaba emisoras españolas y francesas, en silencio, reteniendo mentalmente las noticias que le interesaban aunque a veces le dolieran o le produjeran desasosiego. Pasaba largos ratos acompañando a su madre junto a las ventanas de las habitaciones, y desde ellas contemplaba lo que Collioure le enseñaba, al fondo un retazo de mar, con la fusión del azul del mar y el del cielo, a veces azules y grises, las partes altas del castillo del pueblo y las torres de algún edificio antiguo, todo ello de color más o menos ocre; y más cerca la Placette, separada del hotel por el arroyo y enmarcada por casas del pueblo y por las aberturas de calles que se iban alejando de la plaza. Al fondo, pero en el lado contrario al que estaba el mar, los verdes, pardos y grises de las colinas que rodeaban en la distancia al pueblo. Y las plomizas nubes que en aquel mes de febrero se desplazaban lentamente.

Castillo de Collioure,

         Con Jacques Baills conversaba cuando éste regresaba de su trabajo y entraba en el comedor para comer o cenar. Solía sentarse, no siempre, en la mesa de los Machado y hablaban de temas literarios y de otros más o menos intrascendentes, casi nunca de política, aunque de vez en cuando comentaran alguna noticia de la evolución de la guerra española que escuchaban en la radio de Madame Quintana.

         Analicemos  y reconstruyamos esta vida de los Machado en el día a día de estos 23 primeros días de febrero.

         El día 1 de febrero, tal vez uno o dos días antes, Jacques Baills había leído en el libro registro del Hotel que uno de los huéspedes, de aquellos a los que él había recomendado el Hotel Bougnol-Quintana, se llamaba Antonio Machado y que decía ser profesor; recordó que en las clases nocturnas que había recibido de español, tiempo atrás, leyó unos poemas escritos por un poeta español llamado Antonio Machado, y pensó que podía ser la misma persona. Madame Quintana no supo darle respuesta y apenas vio en el comedor a Antonio Machado se acercó a él y, según las palabras relatadas posteriormente por el propio J. Baills:

“Me atreví a preguntarle si el profesor que estaba en el hotel era Antonio Machado, el poeta que conocía. Y entonces sin darse importancia ni nada, sin ni siquiera sonreír, me dijo: “Sí, soy yo”. Así que empezamos a hablar, él me preguntó como conocía el castellano, si era de origen español, y yo le dije: “No, solo que, como todos los franceses que viven en la frontera, es natural que aprendamos un segundo idioma que es el castellano”.  Y le pedí permiso para poderle hablar precisamente en dicho idioma, lo que aceptó encantado, diciéndome: “Pero yo le contestaré sin duda en francés”. … Y a partir de entonces al final de cada comida iba a verles, me sentaba con ellos y charlábamos un rato. Hablábamos de cosas triviales, porque yo sentía que me estaba tratando con alguien que se situaba muy por encima de mis posibilidades, y que en seguida me vería dificultado para contestarle”.

         Pauline Quintana estaba especialmente pendiente de los Machado y les preguntaba si habían comido bien o necesitaban algo más. Respondían que habían comido bien, bastante.

         Antonio Machado había observado que en un saloncito junto a la cocina había una radio y le pidió permiso a Madame Quintana para poder escucharla, solo de vez en cuando. Así tuvo mayor información, aunque no la comentara, de la evolución de la guerra en esos angustiosos días.

         Ante la afluencia de gran número de personas a comer, la mayoría militares oficiales españoles, la familia Machado se sentaba en la mesa más discreta y apartada del salón. Después de comer y de una pequeña sobremesa con Jacques Baills subían a las habitaciones, descansaban y probablemente hablaran entre ellos. A media tarde José y  Matea salían a dar un corto paseo.

Collioure.

         El día 2 de febrero, amanece el día con la buena nueva de haberse recibido 2000 francos enviados por la Embajada Española en París. No es solución pero sí lo entienden como un buen inicio para las soluciones de sus problemas, que en aquellos momentos eran obtener medios para pagar sus deudas a la Sra. Quintana, para desplazarse a París y desde ésta ciudad, con el apoyo a obtener en ella, emprender viaje a la U.R.R.S., a Moscú.  Pero saben que esto no es inminente y que tienen todavía que tener paciencia. Pero es un buen día, al que se une una sensación de mejoría en la salud de la madre y de Antonio. El relativo descanso, al que ya no estaban acostumbrados, empieza a hacer algo de efecto.

         Les alegra la noticia que les da Santullano de la carta que envía a Federico de Onís,, persona con mucha ascendencia en E.E.U.U. y particularmente en la Univerasidad de Columbia en New York, en la que solicita apoyo y ayuda para Antonio Machado, y de la que espera resultado favorable.

         Santullano les sugiere que tengan algo de paciencia con la solución de marchar a la U.R.R.S hasta que se aclaren otras nuevas posibilidades tal vez más convenientes y que no les alejarían tanto de España.  Nos preguntamos ahora a qué solución se refería, pues, aunque muy atractiva, E.E.U.U. no esta a la vuelta de la esquina. ¿Había otras posibilidades en la cartera de Santullano? ¿Tal vez estuviera ya pensando en Toulouse o en ayudas de alguna asociación u organización de intelectuales españoles y franceses?. No se explica suficientemente, aunque sabemos que está en contacto  y al habla con Tomás Navarro Tomás.

         En la post data de la carta Santullano les dice que ya esta al corriente, por su carta del día 31 que le acaba de llegar, que “Y puesto que ya han acudido al Cónsul de Perpiñán, les envío carta para el Consulado de Port-Vendres, por si pueden darles algo también ..”

         En cualquier caso las noticias del día son gratas. Probablemente saliera Antonio Machado a dar una pequeña vuelta alrededor del hotel, en compañía de su hermano José.

         Comida y nuevamente breve conversación, a los postres, con Jacques Baills.

         El día 3 de febrero, no hay novedades que alteren el que empieza a ser el “habitual quehacer diario”. Seguro que la espera de nuevas noticias de amigos y sobre todo de las hijas de José y Matea, de las que llevaban días sin saber nada, les tiene intranquilos.

         Repiten los breves paseos alrededor del Hotel, realmente caminan despacio y en silencio, mientras piensan y recuerdan.

         Como se estaba convirtiendo en habitual, en la sobremesa de la comida, en un aparte José le pregunta a Jacques Baills si tuviera algún libro con el que pudiera su hermano Antonio encontrar entretenimiento, y así dejara, aunque fuera unos momentos, de pensar en las preocupaciones que sentía y tenía y se les hicieran los días algo más cortos

jacques Baills

         El día 4 de febrero, tampoco hay novedades en el correo, las noticias en prensa y en la radio no animan, la comida y el descanso fortalecen algo, pero es Jacques Baills el que ofrece la satisfacción del día; entre sus escasas pertenencias, todas en su habitación del hotel, encuentra tres libros en castellano que decide dejar a su “buen amigo” Antonio Machado. En el comedor se los da; se trata de dos ejemplares de Pío Baroja, “El amor, el dandismo y la intriga” y “El mayorazgo de Labraz” y un tercero que era una traducción al castellano de “Los vagabundos” de Máximo Gorki. Además, entre los libros había una biografía de Blasco Ibáñez. Y con este “tesoro” le dio algunos libros en francés de los que, cuando pasado un tiempo comentó estos hechos, no recordaba los títulos.

         Antonio Machado agradeció el detalle, para él gran detalle, y al llegar la hora de retirarse a su habitación, se los subió. Baills no vió a Machado leerlos, pero si sabía que los leía.

         A Pauline Quintana le sorprendió que no bajaran juntos al comedor los dos hermanos y preguntó a José si había alguna causa. Éste, algo ruborizado, le confesó que no tenían camisa de recambio y que cuando se lavaba una solo podía bajar uno de los hermanos y el otro esperar a que el primero subiera y cambiado bajar el segundo. Madame Quintana les ofreció una camisa a cada uno, y algo más de ropa y calcetines, que aceptaron con muestras de gran agradecimiento.

         Este día, sábado llego carta del día dos  enviada por Tomás Navarro Tomás, a la que decidieron contestar el día siguiente, aunque se remitiera el lunes.

         El día 5 de febrero, era domingo, y como festivo desayunaron algo más tarde. El hotel y la ciudad se notaban más tranquilas, las calles menos concurridas. A última hora de la mañana salieron los hermanos a dar un breve paseo, como aquellos días alrededor del Hotel. La comida fue tranquila y la sobremesa con Jacques Baills más larga. Conversaron sobre los libros que le había facilitado Jacques Baills. Por la tarde, mientras descansaban Antonio y su madre en las habitaciones, aprovecharon José y Matea para dar un paseo por el pueblo de Collioure.

Collioure. por MATISSE.

         Al regresar y antes de la cena escribieron la contestación a la carta de Tomás Navarro Tomás. Parece y suponemos que en esta respuesta se comenta la cada vez más próxima partida hacia la U.R.R.S., al no tener otros ofrecimientos claros. Tenemos que pensar como lógico que José y Matea estuvieran totalmente predispuestos para ir a Moscú, al encuentro de sus hijas, y que Antonio Machado, que en el fondo se debía sentir “culpable” de que sus sobrinas estuvieran en Rusia, no se atreviera a negarse a ir a este lejano destino, con independencia de las amistades que allí tenía y de las simpatías que sentía por el pueblo ruso y su cultura.

         El día no daba para más, cena, algunas conversaciones con los conocidos del hotel y a descansar.

         El día 6 de febrero, las horas se suceden lentamente, no hay noticias en el correo que agiten las esperanzas. Después de tomar un café con leche caliente en el desayuno que se les ofrece en el hotel se acercan a correos para depositar la carta escrita el día anterior para Tomás Navarro Tomás, cruzan el vado del arroyo para llegar a la Placette  José se adelanta para entregar la carta en la estafeta de correos,  su hermano Antonio le espera conversando con Juliette Figueres en su tienda. Años después contaba esta buena mujer y su marido Sebastián: “Solo vino Antonio dos veces a la tienda y a casa nunca porque estaba muy alta. Vino a saludarnos, como no estaba lejos y no tenía que cruzar el agua, estaba a un paso. Atravesaba la Placette y llegaba enseguida. Si no, no salía. Hay quien dice que iba de acá para allá, pero no es verdad. José sí se iba a dar una vuelta, a pasear con la mujer, salían un poco, pero casi no se dejaban ver.  Cuando vino Antonio, hablamos de lo que ocurría en España.  Conversaba con mi marido de lo que estaba sucediendo, pero no hablaba de sí mismo. Sí, dijo que sentía haber perdido todos los libros, todos los que se había llevado consigo, y decía que lo sentía mas que la ropa.  Aunque el día en que llegó se le veía cansado y estaba calado, no tenía, vamos, mala facha. Llevaba un traje azul marino, me parece que lo estoy viendo. No estaba mal. Nos dijo que estaba  enfermo, que tenía asma, pero si no, no  hablaba de sí mismo “. “Supe que era poeta a los dos o tres días de que llegara- me lo dijo Madame Quintana. Fue Jacques Baills quién lo vio. Lo apuntó en el registro. Y Madame Quintana vino a decírnoslo en cuanto lo supo. Los aceptamos porque somos humanos, si uno ve a alguien que está sufriendo, lo socorre aunque no lo conozcas. Parecía una persona distinguida. Cuando nos habló media hora nos dijo que estaba agotado, que el llegar hasta allí le había cansado mucho y que no hubiéramos podido ir más allá, pues no lo hubieran soportado”.

         El día 7 de febrero. Llaga carta de Santullano del día 6/2, pero deciden contestarla el día siguiente. Este martes descansan en el hotel. Como casi todos los días acuden al comedor a las horas del desayuno, de la comida y de la cena. Comen poco, comida caliente y algo de fruta. José y Matea dan como los demás días un corto paseo por el pueblo. Antonio, en la habitación con su madre, mira por la ventana y lee y ojea los libros que le ha dejado Baills, y los periódicos que éste le ha facilitado. Las tardes se la hacen largas, pero, como dirá su nuevo amigo ferroviario, no escribe.  Piensa.

         El día 8 de febrero, llega otra carta de Santullano, escrita el 7 de febrero en París. Es día de correo, pues llega también carta de Robert Payne y otra de José Bergamin escrita el día anterior.  Para ésta última dejan su contestación, más meditada, para el día 9 de febrero.

         Contestan a las dos cartas recibidas de Santullano que apenas tenían novedades importantes. Agradecen el nuevo giro de 4200 francos que les envía la Embajada y las direcciones que les facilitan de Martín Navarro Flores y Jean Sermet ambos en Toulouse. Les agrada que sus amigos y compañeros de viaje desde Barcelona hasta la frontera, José Royo Gómez y Enrique Rioja estén bien alojados en “chez Monsieur J. Sermet”,  y  el pensar que ellos pudieran tal vez hacer algo similar en Toulouse.

Henri Matisse.

         El día 9 de febrero, jueves, leen la carta de José Bergamín que escribe a Antonio Machado al conocer su dirección por algunos amigos. Le propone, gracias a la “asociación de escritores”, las siguientes ofertas de alojamiento:

El Sr. Jean Richard Bloch ofrece una casa suya cerca de Poitieres, en pleno campo y habitada por unos jardineros, de entera confianza, que les harían todo el servicio: la casa tiene chimenea de leña y es apta para seis personas.

El profesor Sr Cohen ofrece una casa en Sevres, cerca de Paría, apta para cinco personas.

Contesta a Bergamín diciéndole que  agradece con toda el alma las ofertas de casa especialmente al Sr Bloch y al Sr Cohen, pero que teme, como le advierte Bergamín, que pueda quedarse muy aislado y sin medios pecuniarios para mantenerse en ellas, por lo que sus necesidades se centran en un apoyo económico a partir del mes siguiente, marzo, para seguir en Collioure o en otra localidad no lejana, en las que poder trabajar o esperar una oferta de traslado a otro país.

          Dedica el resto del día a descansar, a leer,  a mirar desde las ventanas y a escuchar un rato la radio junto a la cocina. En el comedor escucha las historias, algunas estridentes, de los militares que acuden a comer. Huyen de estas reuniones y se refugia en sus habitaciones. La lluvia golpea sin fuerza en los cristales de las ventanas, pero enturbia las vistas que desde ellas se contempla. Lee y medita, seguro que cada día con menos ilusión, ésta también se va desgastando.

Juliette Figueres en su comercio.

         El día 10 de febrero, viernes, no llega correo y el día pasa tranquilo, Antonio y José dan un paseo por la zona de la Placette y se acercan a saludar a la familia Figueres. Hablan del hijo de los Figueres, del que sabían era un buen muchacho (así se lo habían dicho en el Hotel) y Antonio Machado sugirió que cuando regresara de las vacaciones de carnaval le llamaran, pues le gustaría hablar un rato con él; era sin duda una gentileza de Antonio para aquella familia que tan bién les habían acogido. Juliette Figueres dijo que cuando estuviera en Collioure su hijo organizaría una merienda para presentárselo y que tomarían una botella de champagne para celebrar el encuentro.

         El día 11 de febrero, sábado, llega carta postal de Martin Navarro desde Toulouse.   A los Machado les parecen asequibles los precios que refiere la carta pero piensan en los ingresos que tendrían que conseguir. Ésta era la obsesión y la angustia que les embargaba el pensamiento, el tener ingresos para poder pagar sus mínimas necesidades. Les reconforta el comentario de que están organizando en Toulouse un comedor colectivo, con un resultado de precios muy económicos, como máximo cuatro francos por comida. Les anima el que les comenten que también están negociando posibilidades de incorporación como profesores en México u otras Repúblicas Americanas, y que si les parece bien podrían incluirlos en sus listados del profesorado que proponen a estos países. Les anuncia que les escribirá Jean Sermet, algo así como el “alma mater” de las actividades realizadas en Toulouse en ayuda de los refugiados españoles.

         No son noticias negativas, todo lo contrario, son noticias que en el peor de los casos abren esperanzas en el futuro. Seguro que Antonio Machado tenía que pensar no solo en él sino también en su hermano José, para el que el dibujo y la pintura eran sus armas de trabajo, y quien sabe si en alguno más. Hace ya varios días que no sabía del hermano Joaquín y su mujer Carmen, ni del hermano Francisco, de la mujer de éste, Mercedes, ni de sus tres hijas, también sobrinas suyas; una de ellas, Leonor, llevaba el nombre de su mujer Leonor. Pero piensa que ambos, en especial Francisco, sabrían buscarse un futuro por lo menos aceptable. Joaquín, en su juventud había vivido en Gautemala, realizando duros trabajos. Francisco era abogado y especialista en criminología, seguidor de las ideas y pensamientos de Concepción Arenal, defensor de la rehabilitación de los delincuentes y de un trato correcto yhumano en los centros de reclusión; poco bagaje para la España que parecía se iba a imponer, pero muy válida en otras tierras y lugares y por supuesto en la enseñanza jurídica, básicamente del derecho penal. Además recordaba que su hermano Francisco también escribía y publicaba poesía, teatro, sainetes y letras de canciones, incluso guiones para el cine.                                                                                                                                            

El castillo de Collioure.

         El día 12 de febrero, era domingo. Con la tranquilidad del día anterior, la de ese domingo doce de febrero y los pensamientos y recuerdos familiares que se hacían presentes en su imaginación, pasaba aquellos momentos, aquellas horas, aquellos minutos que podían sentirse eternos y que como tapices llenos de luces y colores envolvían sus sentidos.  Soñar para despertar y quien sabe si para volver a soñar.

Castillo de Collioure.

         El día 13 de febrero, contestan la carta de Martín Navarro que envió el viernes 10 de febrero desde Toulouse, agradeciendo toda la información y la grata predisposición de acogerles en su ciudad. Insisten en el problema que tienen por las carencias económicas, aunque manifiestan su plena disposición para afrontar los trabajos docentes o literarios que pudieran ofrecerles.

         El día 14 de febrero, miércoles, resulta un día neutro en aquellos días y en la vida de Antonio Machado. Breve paseo alrededor del hotel, probablemente llegando hasta el próximo cementerio, comida ligera y sobremesa con Baills. Mirar casi sin ver desde las ventanas del hotel, sentir la mano de su madre entre las suyas, ver el descanso que éste sencillo gesto producía en ella, ojear alguna página de los libros dejados por Baills y dejar que las sensaciones de olvido se fueran difuminando …

Día de descanso. H. Matisse.

         El día 15 de febrero, jueves, reciben carta de Tomás Navarro Tomás escrita el 14. Es casi una carta de despedida de su buen amigo Tomás Navarro. Le dice a Antonio Machado que ya le quedan muy pocos días de estar en París, dos o tres, pues saldrá con destino a New York para incorporarse a la Universidad de Columbia, en la que Federico de Onís le ha conseguido una cátedra de filología, de incorporación inmediata. Le dice que desde allí intentará solucionar sus problemas de trabajo y colocación. Que le enviará su dirección apenas la tenga, aunque mientras puede escribirle a la Universidad de Columbia, Departament of Spanish, New York.

         Le informa que las negociaciones con México, para recibir intelectuales españoles va bien y que parece que pronto tendrán entrada muchos de ellos.

         Finalmente le dice cree que todavía tiene tiempo para encontrar acomodo en México y por ello posponer la decisión de viajar a la U.R.R.S. , aunque entiende  la posición de José y de su cuñada Matea por encontrarse en aquel país sus hijas.

         El día 16 de febrero, viernes, reciben carta de Santullano del día 15/2 en la que reconoce la bondad del ofrecimiento de la U.R.R.S. y que le ve muy proclive a aceptarlo, pero insiste en que tenga un poco de paciencia y espere otros ofrecimientos desde Collioure o desde Toulouse, ciudad esta última en la que encontraría muy buenos amigos. Sabemos que contesta esa misma tarde. 

         También reciben carta postal de Martín Navarro desde Toulouse que lleva fecha de ese mismo día 16 de enero. Le dice que ha hablado con Jean Sermet y que éste les asegura, para él y su familia, asistencia en el comedor, y que esta haciendo gestiones para encontrar rápidamente alojamiento para todos. Cree que no debe dudar y decidirse a ir a Toulouse, y que en todo caso puede ser útil el que se desplace a Toulouse su hermano José para buscar una casa amueblada o un hotel barato solo para dormir, cerca del comedor.

Desde el Hotel. Henri Matisse.

         El día 17 de febrero, sábado. Por la mañana Antonio le sugiere a su hermano el acercarse a la orilla del mar. Nos cuenta José Machado en su libro “Últimas soledades del poeta Antonio Machado”  que “unos días antes de su muerte y en su amor infinito a la naturaleza, me dijo ante el espejo, mientras trataba en vano de arreglar sus desordenados cabellos : Vamos a la playa”. “Esta fue su última salida. Nos encaminamos a la playa. Allí nos sentamos en una de las barcas que reposaban en la arena. El sol del mediodía no daba casi calor. Era en ese momento único en que se diría que el cuerpo entierra su sombra bajo los pies. Hacía mucho viento, pero él se quitó el sombrero que sujetó con una mano en su rodilla, mientras que la otra mano reposaba, en una actitud suya, sobre cayada de su bastón. Así permaneció absorto, silencioso, ante el constante ir y venir de las olas que, incansables, se agitaban como bajo una maldición que no las dejara nunca reposar. Al cabo de un largo rato de contemplación me dijo señalando a una de las humildes casitas de los pescadores: “Quien pudiera vivir ahí tras una de esas ventanas, libre ya de toda preocupación”. Después se levantó con gran esfuerzo y andando trabajosamente sobre la movediza arena, en la que se hundían casi por completo los pies, emprendimos el regreso en el más profundo silencio”.

Playa de Collioure. Henri Matisse.

         Nos dice José: “aún sigue resistiendo estoicamente sin lanzar la menor queja, a pesar de darse cuenta de su inevitable fin. Pero ya dos días antes de su muerte puso, resbalando la pluma sobre el papel, la última firma de su vida en una carta dirigida a Luis A. Santullano, su muy querido amigo”.

         De regreso al Hotel  descansan en el comedor, espera casi casi por inercia la comida que les tiene preparada Madame Quintana, su buena anfitriona.

         Hace unos pocos años, ya en este milenio, un reciénte buen amigo llamado Enrique Irazoki Leví me comenta que en esos días de febrero de 1939 come en el hotel Bougnol-Quintana su padre, que era el capitán médico Irazoki, supongo que médico en la Brigada Líster que en aquellas fechas estaba confinada en el castillo de Collioure. Le solicitan que vea el estado de Antonio Machado, que estaba sentado en el comedor, cansado y con fuerte tos. Le ausculta el pecho, mira las constantes básicas que se pueden observar en esas condiciones y en un aparte le comenta a José que no tiene solución y que un desenlace final es prácticamente inminente. No se puede hacer nada. El doctor Irazoki siguió su camino hacia su exilio en dirección a Italia. Con los años, uno de sus hijos, el citado Enrique Irazoki Levy, tuvo una gran amistad con Pier Paolo Pasolini, interpretando el personaje de Jesús de Nazaret en su famosa película ”La pasión según San Mateo”.

         El día 18 de febrero, reciben carta de Jean Sermet de fecha 17 de febrero. Este buen amigo de los españoles que por Toulouse o pueblos cercanos pasan esos días, se dirige a Antonio Machado como “ilustre maestro”. Le dice que de los tres problemas que se les han planteado, 1º el hospedaje, solucionado en parte pues de las 80 personas que controlan han conseguido alojamiento para la mitad, y esperan conseguir en un par de días el alojamiento para el resto. 2º Comida, considera que es cuestión solucionada pues acaban de abrir un restaurante propio en el que para empezar van a dar la comida gratis durante el mes de febrero, y que esperan recibir ayuda del gobierno para seguir así definitivamente. 3º Permiso de residencia. Es el tema más complicado pues la prefectura     parece tener mala disposición. No obstante parece que han conseguido permisos para los que ya han llegado, y en prevención de que no den más permisos han incluido a él y a su familia como si ya hubieran llegado.

Le dice que ha quedado con Cándido Bolivar en Vernet les Bains y que es posible que vaya con él a visitarles a Collioure, pues tienen que ir a Banyuls, que esta al lado, a ver a Odón de Buen.

         Odón de Buen, que tendría cerca de noventa años, había sido amigo del abuelo de Antonio Machado, Antonio Machado Núñez en los años finales del siglo anterior. Ambos reconocidos miembros de la masonería.

         El día 19 de febrero, domingo,  reciben visita de J. Sermet y de Cándido Bolivar.  Apenas sabemos nada de la visita, probablemente fuera breve pues Antonio Machado no debía de estar, ya, en buenas condiciones de salud. Esa noche , ya de madrugada, llaman al Doctor Cazabens, que acude a visitar al enfermo,  lo encuentra muy mal, le receta unas medicinas para serenar la tos, la espectoración pulmonar y el ritmo cardíaco, manifestando que esta en una fase casi terminal y que había muy poco que hacer.

Receta médica del Doctor Cazaben del día 19 de febrero de 1939
y dispensada en la Farmacia Manya de Collioure

         El día 20 de febrero, reciben carta de Santullano del día 18 de febrero  y escribe borrador para contestarle. Le ayuda José, y tal y como hemos dicho anteriormente la pluma se desliza casi sin fuerza por el papel, aunque no puede evitar la esperanza de vivir, aunque sea por un plazo corto. Así dice en esta carta “a mis ya viejos achaques ha venido a sumarse un fuerte catarro bronquial, que me tiene bastante fastidiado”, “tampoco podría moverme en estos días que me dure el catarro”.

         Le dice a Santullano que “en efecto creo que el asunto U.R.R.S. de momento quizás debe ser aplazado, sobre todo si se puede resistir aquí el tiempo que me tarde en …(reecuperar)”. Y también le dice “ De acuerdo también en lo que me dice con relación a Toulouse”, “Precisamente ayer estuvieron aquí el Sr. Sermet con Cádido Bolivar y me dijeron que estaban ultimando el asunto” y que «por cierto el Sr. Sermet es de las personas que se hacen simpáticas desde el primer momento”.  Finalmente se refiere a las buenas noticias “de ese generoso Mecenas” de quien hay que esperar más noticias, y mientras esperar aquí.

         El día 21 de febrero, probablemente en esta fecha José enviara la carta a Santullano que habían escrito el día anterior.

         El día 22 de febrero, era aquel año, en la liturgia católica, miércoles de ceniza.  Reciben carta de J.B. Trend, que lleva fecha del 20 de febrero y es esta fecha la que figura en el sello de la estafeta de correos de Cambridge. el sello de llegada a Collioure, en el reverso del sobre, es del día 22 de febrero de 1939. Suponemos que José Machado pudo leerla esa mañana, pero dados los acontecimientos del día es posible que la leyera la tarde del día 23, incluso el día 24 de enero. No obstante creemos que éste es el lugar y la fecha para comentarla.

         Empieza diciendo que “no he logrado saber hasta hoy, la dirección de V. en Francia; por eso esta carta lleva unos días de retraso”.

         Sigue diciendo que la Universidad de Cambridge se honra en ofrecerle el Lectorado de su Departamento de Español a partir del día 1º de Octubre

         Que el trabajo del Lectorado es fácil: cuatro horas semanales de clases o conferencias sobre lengua o literatura española.

         Que el sueldo es de 350 libras esterlinas al año, que se empezaría a pagar a finales de octubre. Pero que de convenirle alguna entrega a cuenta él podría adelantársela.

         Que la fecha más conveniente para venir a Cambridge sería a mediados del mes de septiembre, teniendo por lo tanto tiempo para buscar alojamiento antes del 1º de Octubre. Mientras, si así lo prefiere, podría esperar en Francia, tanto más cuando él empezará un largo viaje entre marzo y septiembre.

         Que el Lectorado lleva la obligación de residir en Cambridge mientras duren los cursos oficiales, en los tres trimestres del año académico. Tendría por lo tanto que permanecer en esta Universidad hasta junio de 1940. Las vacaciones de Resurrección y Navidad duran cuatro semanas.

         Que el nombramiento de V. sería de Octubre de 1939 a junio de 1940, ampliable un año más. Pero nunca puede exceder de dos años.

         Que de aceptar este ofrecimiento para uno o dos años le agradecería me lo comunicase antes del 25 de este de febrero, pues es la fecha máxima que tengo para proponer el nombramiento de Lector en reunión de la Junta de Facultad a celebrar ese día.

         Añade en forma de post data y con propia letra: “No sé si me recordará V. le fui presentado, hace ya muchos años, por Natalia Cossío de Jiménez”.

         El ofrecimiento es claro y concreto.  J.B. Trend ofrece y describe perfectamente el trabajo del Lectorado del Departamento de Español de la Universidad de Cambridge, matizando los derecho y obligaciones.  Pero tal vez quedan unas dudas sobre este asunto, que probablemente podrían no significar nada o, tal vez, apuntar a otras posibles soluciones del futuro de Antonio Machado en aquellas fechas, que aunque evidentemente ni tuvieron, en su caso, validez entonces, ni la tendrían ahora más allá de la necesaria referencia biográfica.

         Me explico: Como hemos visto en la carta de Luis Santullano del día 18 de febrero de 1939, dirigida a Antonio Machado, dice que “he tenido ayer una conversación con Pablo Azcárate aquí. Me dijo que en Oxford desean hacer a Vd. un ofrecimiento que pudiera interesarle. Inmediatamente se puso un  telegrama a Trend para darle su dirección” y añade “Le digo esto …… por si pudiera esperar ahí lo que le escriba Trend de parte de un Mecenas generoso que desea ayudar a Vd.”.

         Sabemos que el Lectorado de español de Cambridge, lo propone el Jefe del Departamento de Español, en este caso Trend, y que no suele cuestionarse por la Junta a la que se propone (en este caso el 25 de febrero), que acepta y ratifica.

         Luego no parece lógico que desde la Embajada de España se hable de un “mecenas generoso que desea ayudar a Vds.”, salvo que fuera para ofrecerle un dinero extra para una mejor vida en la ciudad de la Universidad de Cambridge, lo que no creemos fuera pensable. Para Cambridge no hacia falta Mecenas , generoso o menos generoso.

         Parece lógico éste ofrecimiento de mecenas generoso si fuera para otra Universidad, con otro sistema de contratación, como Oxford.

         Si es así, ¿porqué enviar telegrama a Trend, si éste trabajaba en Cambridge y no en Oxford?. ¿Iba a “traicionar” a su Universidad para facilitarle un Lector importante y de prestigio a la competencia, máxime cuando tenia la facultad de contratarle él para su departamento en Cambridge, sin necesidad de un tercero Mecenas?

         ¿Puede ser un error, en la carta de Santullano, y haber indicado Oxford cuando debía poner Cambridge?, entonces volvemos a la no necesidad de Mecenas, ni generoso ni nada.

         ¿Si hubo un Mecenas generoso dispuesto a financiar el puesto de Antonio Machado en Oxford, y su vida y manutención, y la de su familia, quién era?. ¿Inglés, de Estados Unidos, español?.

         Retomando datos de otras fuentes encontramos un artículo escrito por Nigel Dennis, parece que del St. Catharine´s College. Cambridge,  que dice, entre otras cosas, que entre los papeles de Trend que se conservan en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge se encuentra varios que cuentan o hacen referencia a la propuesta de “Asilo en Cambridge para Antonio Machado”. Escribe Nigel Dennis: “Parece que apenas se enteró Trend de las “circunstancias empeorables” en las que Antonio Machado había cruzado la frontera francesa, decidió intentar ayudarle ofreciéndole el Lectorado del Departamento de Español de Cambridge. Tengo entre las mis manos una carta, escrita en inglés por un tal E. Brooke y enviada a Trend desde la Embajada española en Londres el día 15 de febrero de 1939. El Sr. Brooke dice que al contrario de lo que había pensado Trend, Antonio Machado no estaba en un campo de concentración; dice también que no tenía más noticias de la familia Machado, pero que en cuanto las tuviera  las haría pasar a Trend; y en nombre del Embajador le agradece su ofrecimiento de auxilio a Antonio Machado.

         El problema inicial de Trend era que no tenía las señas del hotel donde estaban instalados los Machado, pero tan pronto como las consiguió – no sabemos a través de quién –   escribió a Antonio Machado ofreciéndole formalmente el Lectorado”.

         Hacemos notar que si es cierta la fecha que se acaba de indicar del 15 de febrero como fecha de esa supuesta carta de E Brooke desde la embajada de España en Londres, y la   suposición que en ella se hace sobre donde había estado Antonio Machado, hay que suponer que E. Brooke estaba en contacto con Trend con anterioridad a esa fecha.

         La contestación a la carta la redactó el hermano del poeta, José, el día 24 de febrero, carta que reproducimos:

         Sr. J. B. Trend.

            Muy distinguido y admirado señor:

                        Cuando llegó el ofrecimiento de esa célebre Universidad de Cambridge    para mi hermano Antonio, en aquel mismo momento acababa de morir. Yo, que     he sido siempre el hermano inseparable de todas las horas, sé muy bien cuán      alta estimación sentía por Vd., y cuánto se hubiera honrado aceptando este nombramiento, que además suponía la salvación de nuestra madre (86 años)  con los dos restantes que constituían el pequeño grupo familiar con que siempre  había vivido, del naufragio  económico.

                        Lo hemos enterrado ayer en este sencillo pueblecito de pescadores en un sencillo cementerio carca del mar. Allí esperará hasta que una humanidad menos bárbara y cruel le permita volver a sus tierras castellanas que tanto amó      

                        Usted, señor Trend, que tan alta cumbre representa en la intelectualidad en ese país, reciba la profunda gratitud por sus bondades para con mi hermano,       de este antiguo alumno de “La Institución Libre de Enseñanza”.

                                                                                              José Machado

            Collioure, Hotel Bougnol-Quintana

            (Pyr-Or)  24 de febrero de 1939.                              

         ¿Como casamos la fecha en la que dice Santullano que enviaron telegrama a Trend, 17 de febrero, con la que dice este artículo que fue noificado por un tal Sr. Brooke, desde la Embajada de España en Londres, día 15 de febrero?.

         ¿Quién era el tal Sr. Brooke?, ¿representaba a alguien o tenía mandato de un tercero?, ¿Era para Oxford su propuesta?.

         Tal vez nunca lo sabremos, a no ser que aparezca algún nuevo documento que aclare estas dudas.  Mientras tendremos que dar por bueno y único el ofrecimiento de Trend para ser Lector de español en Cambridge.       

         En cualquier caso la carta de Trend y su ofrecimiento llega tarde a Collioure, pues, a las tres y media de la tarde de este miércoles se apaga definitivamente la vida de ANTONIO MACHADO.

         El día 22 de febrero amaneció frío y encapotado, el cielo gris, triste y silencioso. Antonio Machado llevaba unas cuantas horas en un estado próximo a una definitiva inconsciencia. En la cama de al lado su madre sí estaba inconsciente, probablemente en una situación parecida a un coma definitivo.

         Pero con las primeras luces del día el poeta recuperó la lucidez, aunque las fuerzas apenas le permitían hablar y mucho menos moverse. No obstante se le vio hacer un esfuerzo para decir, casi imperceptiblemente: “Adiós madre, adiós madre”.

Collioure por H. Matisse.

         A mediodía de ese triste miércoles perdió definitivamente el conocimiento. Aprovecharon estos momentos para trasladar su cuerpo, por encima de la cama de su madre que estaba junto a la puerta, a otra habitación, la número 5, que Madame Quintana había ya preparado para cuando llegaran estos momentos.

         Entre los biógrafos que narran estos momentos en que Antonio Machado pierde definitivamente la consciencia hay dos posiciones diferentes,  una que sostiene que solo cuando el poeta había expirado se le trasladó, pasándolo por encima de su madre a otra habitación, dejando en la que había ocupado desde que llegó al hotel solo a su madre, y otra, que es la que creemos más probable, que el cuerpo del poeta se trasladó a la habitación número cinco cuando constataron que Antonio Machado había entrado en una inconsciencia final, pero estando todavía con vida.

         Esta habitación número cinco era algo más espaciosa y permitiría velar el cuerpo del poeta por más gente. Tenía una segunda cama de la que acabaron quitando el somier y el colchón dejando solo el cabecero vertical de la pared. Esto pudo confundir, durante un tiempo, en la interpretación de algunas fotografías que se tomaron, pues hubo gente que no sabía o no cayó en la cuenta del traslado de Antonio Machado, todavía vivo, creemos, de su habitación a otra, que fue en la que realmente expiró.

         Y este momento final sucedió sobre las tres y media de la tarde. Poco antes, avisada de la situación que se preveía inminente, como así fue, se personó en el Hotel Bougnol-Quintana la señora Figueres acompañada de su marido Sebastian con la botella de champagne que tenía prometida y reservada para la merienda prevista, en su casa, con Antonio Machado con ocasión de la vuelta de su hijo al regresar éste de sus vacaciones de carnaval.  Comentamos este hecho pues parece que Madame Figueras abrió la botella de champagne y con su vino blanco y burbujeante mojó los labios de Antonio Machado.

Fort de St. Elme

         La habitación tenía una ventana en la fachada derecha del edificio del hotel, orientada hacia el Fort de St. Elme, que estaba  a más altura. Detrás del Fuerte se podían ver algunas de las colinas que Henry Matisse pintó treinta años antes o desde las que pintó el mar, el castillo y las playas de Collioure, las que vio Antonio Machado en su última salida del hotel, sentado en una de las barcas que en la arena de la playa estaban.

         De la gravedad de Antonio Machado se había informado a algunos amigos y conocidos en esa mañana, y éstos, si se encontraban en las cercanías, fueron llegando al hotel para preguntar por su estado. Lógicamente la mayoría de los hospedados en el Bougnol-Quintana estuvieron pendientes de la evolución de los síntomas vitales del poeta. Se daba por inevitable que aquellas horas o minutos iban a ser los últimos de su vida.

         Silencios y algunas voces bajas, casi susurros, se sentían en los pasillos y en el salón del comedor del hotel.

         Y en su definitivo silencio envuelto en una  aparente o cierta ausencia de conocimiento, ¿estaría recordando, Antonio Machado, breves y rápidas imágenes de su vida?. Dicen que en momentos graves, intensamente difíciles, somos propensos en recordar fugazmente hechos pasados y ya lejanos de nuestra vida. La repasamos velozmente recordando los hechos o algunas de las vivencias que nuestra memoria considera más significativas.

¿Pudo estar Antonio Machado en esta situación y recordar?.

         Recordaría “un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero”, “una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales”, “Y todo el campo un momento se queda, mudo y sombrío, meditando. Suena el viento en los álamos del río”, “La tarde más se oscurece, y el camino que serpea y débilmente blanquea, se enturbia y desaparece”, “Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.”, “¿No ves, Leonor, los álamos del río con sus ramajes yertos? Mira el Moncayo azul y blanco: dame tu mano y paseemos.”, “Por estos campos de la tierra mía, bordados de olivares polvorientos, voy caminando solo, triste, cansado, pensativo y viejo”, “Sentí tu mano en la mía, tu mano de compañera, tu voz de niña en mi oído como una campana nueva”, “Con los primeros lirios y las primeras rosas de las huertas, en una tarde azul, sube al Espino, al alto Espino donde está su tierra…”, “Yo contemplo mi equipaje, mi viejo saco de cuero; y recuerdo otro viaje hacia las tierras del Duero.”, “Ayer soñé que veía a Dios y que a Dios hablaba: y soñé que Dios me oía … Después soñé que soñaba.”  ”¿Dices que nada se crea? No te importe, con el barro de la tierra haz una copa para que beba tu hermano.”, “Todo es soñar, el caballito soñado y el caballo de verdad. Y cuando vino la muerte, el viejo a su corazón preguntaba: ¿Tu eres sueño?  ¡Quién sabe si despertó!.”.

         Ahora repitiendo en parte el poema elogio a Don Francisco Giner de los Ríos, decimos: “¿Murió? … Solo sabemos que se nos fue por una senda clara, diciéndonos: Hacedme un duelo de labores y esperanzas. Sed buenos y no más, sed lo que he sido entre vosotros: alma”.

Antonio M;achado.

         Y pasadas las tres de la tarde expiró: “Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la Mar”.

         Se le amortajó en una sábana blanca y como era frecuente por aquellos tiempos (y en tiempos posteriores) se le anudó un pañuelo en la cabeza para evitar que se deformara la cara. Horas más tarde se retiraría el pañuelo al no ser ya necesario.

         Los relatos de estas horas, desde el fallecimiento hasta la salida del cortejo fúnebre camino del cementerio el día siguiente 23 de febrero, coinciden en lo básico y esencial, variando los tiempos de algunas de las presencias en el velatorio de esa tarde del día 22 y esa noche, ya del día 23.

         Sabemos que entre los que se habían presentado en el Hotel Bougnol-Quintana antes del fallecimiento estaba el profesor Martínez López, que lo había sido de Literatura en Madrid, y por supuesto algunos de los huéspedes del hotel, como  ¿el comandante? Luis Orgáz  Benaiges, que era ingeniero y abogado, y su mujer,  que estaban alojados en el hotel desde el día 13 de febrero, y el buen compañero, y ya amigo, Jacques Baills. Lógicamente la titular del hotel Pauline Quintana, ocupándose ésta de atender lo mejor posible a los Machado, y estando pendiente de los que llegaban.

Collioure, por H. Matisse.

         Pasadas las tres y media fueron llegando   Sebastian Figueres y su mujer Juliette Figueres, acompañados por un primo de ésta, Joan Corominolle, español y también exiliad, Henri Frère y Gastón Prats, y el consul de Port Vendres Sr. Santaló. Probablemente acudieran el cónsul de España en Perpiñán o el vice-cónsul, y Agustí Salas, amigo de Perpiñán que regentaba el Hotel Le Rallye, que era uno de los lugares en los que quedaban y se reunían muchos españoles, autoridades o refugiados.

         Agustí Salas, ¿amigo  de Perpiñán? ¿Había estado Antonio Machado en Perpiñán para hacerse amigo de Agustí?. Siempre quedarán lagunas y pequeños misterios…

         Nos dice Monique Alonso en su libro “Antonio Machado. El largo peregrinar hacia la mar” que nuestro poeta nació un 26 de julio, onomástica de su madre, y que murió el 22 de febrero onomástica de su mujer Leonor. (puedo decir que mi madre llamada Leonor en recuerdo de la que pudo ser su tía – ésta murió 12 años antes de nacer mi madre – celebraba su santo el 1 de julio, otra festividad de Santa Leonor en el calendario), pero otra casualidad con las fechas sería que yo, sobrino nieto de Antonio Machado, nací también un 26 de julio, solo que 75 años después que nuestro poeta, en 1950. Simplemente casualidad.

Jacques Baills

         Apenas fallecido Antonio Machado, su hermano José encargó a Jacques Baills que se acercara al Ayuntamiento a notificar la defunción, que enviara telegrama a la Embajada de España en París y a los consulados de poblaciones próximas, como Perpiñán y Port Vendres. Otra cuestión es que en alguna de estas direcciones se hubieran enterado antes de llegarles el telegrama.

         Conocedores de la condición republicana de Antonio Machado, los Figueres confeccionaron una amplia bandera española tricolor, con los colores republicanos. Con ella se cubrió el cuerpo del poeta en su lecho de muerte.

Antonio Machado cubierto por una bandera republicana

         Velaron el cuerpo de Antonio Machado su hermano José y Matea, Luis Orgáz y su mujer, Santaló, el matrimonio Figueres y su primo Corominolle, obviamente Madame Quintana, el profesor López Martínez, Jacques Baills, y desde las seis de la tarde, hora en la que llegaron, Henri Frére y Gastón Prats.  Se fueron turnando en la habitación, como es habitual, hasta la mañana. Con las primeras horas de la mañana fueron llegando, cada vez, más personas, españoles y franceses. Y telegramas de condolencia, entre ellos del Presidente Azaña.

         En las últimas horas del día 22 Henri Frère, extraodinario artista y dibujante pintó un ya famoso dibujo de Antonio Machado, en su lecho de muerte, con la cabeza sujeta por aquel pañuelo que en un primer momento le pusieron para evitar una posible desfiguración de la cara consecuencia del “rigor mortis”

Dibujo de Antonio Machado
por Henri Frère

         Treinta y cinco años más tarde Gastón Prats grabó para Radio París con ocasión de un homenaje al poeta en 1975, unos 20 minutos recordando aquellas horas de la noche del 22 de febrero y la madrugada del 23, recordando el entierro en la tarde del 23, la muerte y el entierro el 25 de febrero de Ana Ruiz, madre del los Machado y sorprendentemente sus conversaciones con Manuel Machado cuando éste llegó hacia el 28/29 de febrero a Collioure.

         En esos días de 1975, también grabaron para Radio París, conservándose  sus voces y palabras, Jacques Baills y Juliette Figueres.  Estas grabaciones, más la de Gastón Prats, indicada en el párrafo anterior, se pueden escuchar en otros post o artículos del blog del que ahora escribe que responde a la dirección https://wordpress.com/view/antoniomachado.blog y a continuación clicar en Revista Machadiana.

         No podemos terminar este relato de aquel 22 de febrero sin recordar lo que Matea y José Machado contaron sobre el breve un momento de lucidez que tuvo Ana Ruiz, madre de nuestro poeta, en aquellas primeras horas de la noche. Recordaban que iban con frecuencia a ver como estaba la abuela Ana, que seguía inconsciente, pero una de las veces que fueron a su habitación la  encontraron con una escasa pero cierta lucidez  y les preguntó, al no ver a su hijo Antonio en la cama de al lado, ¿Dónde esta Antonio?,¿ qué ha pasado?, José la engañó con una mentira piadosa diciéndola que le habían llevado a un sanatorio para que lo atendieran mejor y que allí se curaría. La madre miró a su hijo José con una expresión de no quedar convencida de lo que la decían, rompió a llorar y con los ojos humedecidos los cerró, ya no volvió a abrirlos. Tres días después moría. Como tiempo atrás había dicho, “ella viviría mientras Antonio viviera”. Solo fueron unos pocos minutos de lucidez los que tuvo Ana Ruíz, pero seguro que se dio cuenta que Antonio había muerto.

         El día 23 de febrero, entierro de Antonio Machado. Nos cuenta Jacques Baills que la noticia corrió como la pólvora entre la comunidad española que estaba en la zona, y muchos fueron acercándose hasta Collioure, hasta el Hotel Bougno-Quintana. Tambien se acercaron algunas autoridades francesas y aquellos amigos que de esta nacionalidad habían hecho en y desde Collioure. Se vio la presencia del poeta catalán Ventura Gassol, del Sr Sala, de el cónsul Santaló y de muchos militares y soldados españoles a los que habían dejado salir del castillo de Collioure en el que estaban confinados para asistir al sepelio y rendir un último homenaje al poeta que con su pluma había combatido fervientemente por la República Española.

         Este día 23 de febrero José Machado recibió una carta de Jean Cassou que decía: ”Quisiéramos hacer el entierro aquí en París. Es un deber para nosotros, escritores franceses, encargarnos de las cenizas del gran Antonio Machado, caído aquí, en tierra francesa donde había buscado y creido encontrar refugio” . José agradeció el ofrecimiento pero declinó tan grande honor, añadiendo que creía interpretar así el sentimiento de todos los hermanos, mirando más que nada la sencilla y austera manera de ser del Poeta.

En la puerta del Hotel, antes de iniciarse la marcha hacia el cementerio.

         Contó Jacques Baills que “el entierro fue digno de lo que fue Machado. Sencillo, y con sencillez vinieron todos. Bueno, me refiero sobre todo a los españoles, exilados también, que se hallaban en Collioure y que eran muchos y que vinieron primero a hacer una visita y después al levantamiento del cadáver y al entierro. El  hotel estaba absolutamente invadido por los españoles y por la gente venida de todas partes a quien habíamos avisado, También había algunas autoridades españolas en el exilio. Cuando se bajó a Antonio Machado de la habitación donde estaba para llevarlo al cementerio, el ataud estaba envuelto en una bandera con los tres colores de la España Republicana. Lo llevaron a hombros españoles entre los cuales había oficiales”.

         Nos dice Moniqe Alonso que el cuerpo sin vida de Antonio Machado fue introducido  en un féretro de zinc, metido en otro muy sencillo de madera y recubierto con la bandera rapublicana.

         La población de Collioure, – sigue diciendo J. Baills . conmovida por la presencia de tantos españoles en el exilio, se manifestó en gran número. Se había corrido la voz de que había muerto Antonio Machado y aunque la gente no le conocía, se sabía que acababa de desaparecer uno de los más grandes poetas de la España republicana. Confeccioné una lista, con José Machado, de la gente que acudió al entierro. Se la confié a un amigo,  pero nunca volví a ver el documento.

Cruzando el arroyo camino de la Placette

         La comitiva del entierro, de acuerdo con la familia y el Ayuntamiento de Collioure arrancó en la fachada principal del hotel. Pero el itinerario para llegar al cementerio no fue el más corto o directo. No se cruzó el Douy a la altura del hotel para ir a la Placette, pues el arroyo llevaba suficiente agua como para hacerlo no oportuno en aquel punto. Sin duda no era necesario el pasar por la Plecette, pero así se decidió para dar una mayor reconocimiento al entierro y a la persona a la que iba a enterrar. Por ello se siguió, a la derecha del inicio del recorrido, en dirección al cementerio, pero a unos cien metros, donde había un paso de piedras y tierra en el Douy, se giró  a la derecha para cruzar el arroyo (el cementerio quedaba a la izquierda algo más arriba en la primera calle del recorrido). Este cruce del arroyo quedó inmortalizado por una fotografía que se hizo de ese momento y que se reproduce, desde entonces, en casi todos los artículos sobre el entierro.  Cruzado el arroyo la comitiva gira a su derecha y sigue hasta llegar a la Placette, en ella se gira a la izquierda para salir de la plaza por otra calle paralela al Douy hasta llegar a la altura de un puentecillo, por el que, cruzándolo, se volvía a la calle por la que se había iniciado el recorrido y justo enfrente de una calle que llevaba en pocos metro a una de las entradas del cementerio.

Seis solf¡dados llevaban el feretro. Detras Jose´Machado
y con gabán claro Julián Zugazagoitia.

         El cortejo fúnebre, ya en el cementerio, se dirigió al sitio en el que estaba un nicho, que para el entierro había prestado una amiga de la señora Quintana, la señora Deboher. Y en él se procedió al entierro.

         Estaban presentes, en aquel día de tibio sol, el Alcalde de Collioure Sr Marceau Banyuls, el cónsul español en Perpiñan, Sr. Méndez, el Sr Julián Zugazagoitia (amigo personal de Antonio Machado, que había sido ministro de Gobernación entre abril de 1937 y mayo de 1938, y que fue detenido en el 1940 por la Gestapo entregándolo al gobierno franquista que lo condenó a muerte siendo ejecutado en noviembre de 1940), el Sr. Santaló cónsul de España en Port Vendres, los señores Noya y Sánchez Ventura, en representación de la Embajada de España, los señores Soler y Pla, Fontbernat y Costafreda, en nombre del Centro español de Perpiñán, del Casal Catalá y de la Generalitat de Cataluña. El Sr. Garriga presidente del centro español de Cerbere y el corresponsal del Times en Madrid F. Grimaud de Caux.  Algunos de éstos nombres los reseña Monique Alonso en su libro “Antonio Machado, el largo peregrinar hacia la mar”.

Entrando en el cementerio.

         El cortejo iba presidido por una corona de flores de la Embajada de España en París, por otra del Gobierno de la República española y una tercera del Centro español en Perpiñán. Hubo muchos ramos de flores de particulares.

Ulgtimos momentos en el cementerio.

         Durante todo el itinerario del cortejo al atud fue llevado a hombros por soldados españoles en número de seis a la vez, y fueron dos grupos de soldados los que se fueron relevando. Hay quién informa que alguno de estos portadores del féretro era oficial del ejercito.

Últimos momentos antes de introducir el feretro en el nicho.

         La ceremonia termino con unas palabras de Julián Zugazagoitia que recitó estos versos de Antonio Machado:

                           Corazón ayer sonoro,

                           ¿ya no suena

                           Tu monedilla de oro?.

Antonio Machado. en una de sus últimas fotografías.
Probablemente esta sea la última fotografía de Antonio Machado, tomada el 31 de enero de 1939 en Perpiñán, para adjuntarla al pasaporte que se había solicitado en el Consulado de España en esa ciudad.

ADRIANA LECOUVREUR en la ópera de Fancesco Cilea y en el teatro después del estreno de ésta ópera.

Lo cierto es que con el inicio del siglo XX la imagen, vida y muerte de la Actriz Adriana Lecouvreur fue identificándose con el libreto de la ópera que el 6 de noviembre de 1902, en Milán (Teatro Lírico), se estrenó con la participación de Angélica Pandolfi como Adriana y Enrico Caruso en el papel de Mauricio. El compositor de la música fue Francesco Cilea, el autor del libreto Arturo Colautti, según el drama de Eugène Scribe y Ernest Legouvé.

El éxito de esta opera fue rotundo desde su estreno, y a lo largo de los años, y hasta la fecha, tanto las más importantes sopranos como los más acreditados tenores, han incorporado esta ópera en su repertorio y representaciones. El prestigio de Adriana Lecouvreur sigue vivo y en aumento, siguiendo el éxito de esta opera. Hoy raro es el año en que no se representa esta ópera en la mayoría de las grandes ciudades del mundo y en los más acreditados teatros líricos.

Además el aria de Adriana “Io sono l’umile ancella” (Yo soy la humilde esclava del genio creador), ha conquistado también las salas de conciertos y recitales.

Tras el estreno la obra se representó en 1903 se en Bolonia, en 1904 en Hamburgo y en el Covent Garden de Londres, en 1907 en el Metropolitan Opera con Lina Cavalieri y Enrico Caruso, “e cosí via” , hasta que en 1932 llega a La Scala de Milán y en 1948 al Teatro Colón de Buenos Aires.

Nuestro Plácido Domingo debutó en el Metropolitan Opera en 1968, junto a Renata Tebaldi, interpretando al conde de Sajonia, Mauricio. Este mismo personaje lo ha interpretado también José Carreras en muchos escenarios.

El personaje de Adriana ha sido un favorito de las grandes sopranos, destacándose Claudia Muzio, Magda Olivero, Leyla Gencer, Virginia Zeani, María Callas, Montserrat Caballé, Renata Scotto, Renata Tebaldi, Mirella Freni y hoy en día  Olga Borodina y Angela Gheorghiu.

Como ya hemos indicado el libreto se basa en el texto de Scribe y Legouvè, sin grandes variaciones, aunque los cortes para su adaptación a los tiempos de representación y los que el propio Cilea realizó, la convierten en uno de los textos más confusos que se hayan escrito, haciendolo difícil de seguir. Aun así el personaje de Adriana es encantador , y la música suple las deficiencias del libreto, que como ya resulta muy conocido no impide que la leyenda de Adriana siga.

Destacar que Adriana es un ejemplo de ópera verista, que aunque no alcanza la popularidad de  I Pagliacci  y  Cavallería Rusticana, su fama  y altísima valoración es incuestionable.

El Libreto

Primer Acto.

La acción se desarrolla en la Comedia Francesa, en el mes de febrero de 1730. Michonet, director de escena supervisa los últimos detalles antes de que comience la representación del día, su aspiración es llegar a ser socio propietario del teatro. El príncipe de Bouillon, acompañado del abate Chazeuil llega al teatro para ver a su amante, la actriz Duclos, pero es Adriana Lecouvreur la que llega y conversa desenfadadamente con el príncipe sobre arte. El príncipe observa que la Duclos escribe una nota secreta, e intrigado por su contenido intenta hacerse con ella. Michonet, a solas con Adriana, aprovecha para confesarla su amor, pero ella le contesta que le aprecia mucho pero que esta enamorada de un oficial sajón, llamado Mauricio, que en ese momento entra en la sala y explica a la actriz sus dificultades de índole político. Adriana le entrega un ramillete de violetas y se ofrece para hablar a su favor ante el máximo superior de Mauricio, el Conde de Sajonia.

Segundo Acto.

Mauricio se vuelve a encontrar con la princesa de Bouillon en el salón de su casa de campo. Ella, tremendamente celosa del que cree su enamorado. recibe de éste, que se lo da para aplacarla,  el ramillete de violetas que Adriana le ha regalado. La princesa le informa del resultado de las gestiones que en su favor a realizado ante la corte, le dice que el Rey esta de su parte, pero que tiene enemigos que esperan verlo encarcelado en la Bastilla. De repente aparece el príncipe junto a los artistas de la Comedia, a los que ha invitado, con ellos viene Adriana, que viene con el objetivo de conocer al Conde de Sajonia para interceder por Mauricio. Adriana se sorprende al encontrar allí a Mauricio, y más al darse cuenta que es el Conde de Sajonia en persona, que en aparte le dice que ha tenido que ocultar su personalidad por razones políticas.  Mientras la princesa de Bouillon se ha escondido en la habitación contigua para no ser vista por su marido. Mauricio confía en Adriana la huida de la misteriosa dama que esta escondida. Adriana cumple con su cometido, pero, a pesar de la oscuridad, la voz y las palabras de la desconocida la inducen a la sospecha y a los celos.

Tercer Acto.

La casa mansión del príncipe esta preparada para una representación teatral. La princesa esta inquieta por no saber quien es la mujer que la noche anterior la ayudó, por  mandato del conde, a escapar, pues intuye en ella a una rival, Cuando llega a su casa Adriana la reconoce por la voz.  Ambas  entablan un duelo de palabras para llamar la atención de Mauricio. Al final de la fiesta la princesa de Bouillon se acerca cada vez mas llamativamente a Mauricio y Adriana. A sugerencia de los invitados recita un monólogo de Fedra de Racine, que dirigido a la princesa mirándola resulta, por su contenido, acusador e insultante para la princesa. Adriana se va de la fiesta con la amargura de creer que Mauricio ama a su rival y no a ella.

Cuarto Acto.

Adriana, en su casa recuerda con dolor la fiesta del día anterior. De repente llegan sus compañeros de la Comedia para felicitarla en su cumpleaños, lo que anima a Adriana. Una vez sola abre un cofre, que alguien ha dejado en la sala, y que contiene el ramillete de violetas, ya marchitas, que cree reconocer como el que regaló el día anterior a Mauricio, entendiendo que se lo devuelve por no amarla. Desolada huele las flores. En ese momento llega Mauricio para pedirla perdón y pedirla que se case con él. Adriana le reitera su amor, pero el ramillete de violetas contenía un perfume envenenado que termina por matar a Adriana, que cae en brazos del desesperado Mauricio.

Como puede observarse las diferencias entre el texto de la obra de Scribe y Legouvé y el libreto escrito por Colauttino no son muchas y no cambia el segundo ni el sentido ni el argumento básico de la historia desarrollada por el primero.  En realidad las diferencia parecen, como ya hemos indicado, sugeridas por la obligada adaptación del texto escrito para teatro  a un libreto para ópera, con sus escena y arias  musicales y cantadas.

Como curiosidad y en relación con el mundo operístico digamos que en la revista “CRONICA de la MÚSICA”, del jueves 10 de abril de 1879,  se dice en el apartado “Las obras nuevas”:  El maestro italiano Maucinelli, autor de unos bellísimos entreactos para la tragedia Cleopatra de Cossa, está escribiendo una ópera por encargo de la Sra. Donadio, con el título de Adriana Lecouvreur”.  Hasta la fecha no he encontrado más noticias de este encargo.

Adiana Lecouvreur en el teatro después del estreno de la opera de Cilea.

No cabe duda que el estreno de la ópera de Cilea y el éxito que alcanzó desde su estreno aumentaron el conocimiento popular de la vida de Adriana Lecouvreur, quedando reforzada la probablemente incierta teoría de su muerte por  envenenamiento inducido por la princesa o condesa de Bouillon.

Sin embargo, aunque con menor trascendencia hasta ahora, surgieron nuevos estudios biográficos que o bien reafirmaron la mayor parte de los hechos confirmados en su momento o bien, en base a un interés meramente literario, incluían hechos no ciertos y de ficción sobre la vida y, siempre muerte, de Adriana Lecouvreur.

En este sentido queremos destacar dos artículos y aquellos trabajos u obras a los que hacen referencia, una anécdota final y una breve referencia al arte cinematográfico.

a)    El primero de ellos se publicó el 16 de octubre de 1903 en el HERALDO DE MADRID, con ocasión del estreno en el Teatro de la Princesa, nuevamente y en aquella temporada teatral, de Adriana Lecouvreur de Eugene Scribe. El  artículo lo firma Manuel Bueno,  y lo reproducimos íntegramente por su interés y, en cierto modo, resumen sobre lo cierto de la vida de nuestra Adriana Lecouvreur; dice así:

“Hace algunos años cayó en mi poder el libro que Ravanel ha consagrado a la eminente e infortunada actriz del siglo XVIII.

Es un libro curioso, que abro de cuando en cuando, porque me hace vivir durante buenos momentos en la intimidad de un alma noble. Leal y desgraciada. Acaso haya más de un lector que ignore quién fue Adriana Lecouvreur y la intervención que tuvieron lo novelesco y lo trágico en su no muy dilatada existencia. Pormenores de su nacimiento, de su carrera, de sus relaciones sociales; episodios amorosos de su corazón, descalabros y triunfos de la artista, decepciones sentimentales y  embriagueces de la mujer, noticias de su vida y de su muerte; todo aparece con tal sello de autenticidad en las páginas del libro, que aleja de nosotros hasta la sospecha de que un interés editorial haya podido fijar en ellas ni una sombra de mentira.

Adriana Lecouvreur fue la primer actriz que logró, a fuerza de talento, de gracia seductora y de habilidad femenina, la consideración social que sus contemporáneos negaban obstinadamente a los cómicos. Continuaban éstos sometidos al bárbaro e injusto prejuicio que reconocía su inferioridad. Teníaseles por seres indignos de convivir con las personas, por bestias de recreo, cuya vida no interesa. Adriana venció aquella densa atmósfera de animadversión y de desdén, y consiguió para su persona las asiduidades del trato social y los homenajes que ni el mismo Molière había podido recabar para la suya. Mucha gente de la nibleza titulada y no pocos hombres geniales de aquel tiempo dieron en frecuentar su casa. No era rica; pero los rendimientos acumulados de su trabajo la consentían vivir con cierta holgura. Adriana compartía sus ocios entre las damas de la aristocracia y entre los escogidas hombres a quienes hizo merced de su amistad.

Fontenelle, Voltaire, d’Argental, el conde Cayens, el abate Aufreville y el conde de Sajonia eran los preferidos. Y no porque la actriz saciara afanes vanidosos con el trato de aquellas celebridades.

“Mi orgullo – escribe la misma Adriana – no se cifra en brillar, sino en reunir en torno mío unos cuantos espíritus escogidos, una reducida sociedad de hombres acreditados por su talento y su bondad. Escuchar en silencio la palabra amena de esos hombres me satisface mil veces más que el verme asediada por las frases anodinas e insulsas con que pretenden lisonjearme algunos señores fatuos de la aristocracia. Y no es que yo sea insensible a esos tributos de fineza; es que se me quiere obligar a pagarlos con cortesías demasiado renovadas, con deferencias personales, yeso me abruma y me irrita”.

Casi todos sus amigos tuvieron alguna hospitalidad amorosa en el alma de Adriana; d’Argental, a quien la actriz desengañó al cabo de poco tiempo, en unas cartas que tengo a la vista, y que son un dechado de dellicadeza y de lealtad femenina; Voltaire, y otros. Pero la pasión de su vida, el amor que consumió sus ternuras más hondas, el que la hizo sufrir y gozar en una medida que solo comprenden los grandes temperamentos sentimentales, fue el conde de Sajonia. He leído las cartas de Adriana a su amante, y ellas conservan todavía el perfume de su intenso amor. ¡Qué sencillez! ¡Qué elocuencia tan tempestuosa y, sin embargo, tan limpia de artificio! Es llana, y sus lágrimas desgarran. Se queja de las infidelidades del conde; se duele amargamente de la perfidia con que éste procede, y a pesar de todo le absuelve y le ama cada vez más.

La actriz no conoce ese imbécil amor propio que tanto nos choca y nos subleva en las mujeres de nuestro tiempo. Perdonar cuando se quiere con las entrañas le parece tan natural, que ni por un momento se considera humillada o indigna. Al morir, vuelve el contraído rostro hacia el retrato del conde de Sajonia y exclama:

                Voilá mon univers, mon espoir et mes dieux.

¿Murió emponzoñada, como se pretende en la tragedia de Scribe y Legouvé? El abate Bouret acusó a la duquesa de Bouillon de haber fraguado el plan de envenenar a la actriz, y se lo comunicó a la misma Adriana; pero a raíz de la muerte de ésta, el abate, preso en Saint-Lazare por calumniador, se retractó. Lo cierto es que la enfermedad de la insigne trágica fue inesperada y breve, una inflamación intestinal , cuyo origen no pudieron determinar los médicopa. Y no fue su muerte lo más penoso de su destino.

El cura del cementerio se negó a dar sepultura al cadáver, fundándose en sé qué mezquinas razones que en todo tiempo ha opuesto el clero a toda acción humanitaria y desinteresada. Fue menester una orden expresa del arzobispo de París para que Adriana pudiera recibir sepultura de noche. Aquellas crueldades inspiraron a Voltaire los conocidos versos:

         Sitót qu’ella n’est plus, elle est done criminelle!

         Elle pa charme le monde, et vous la punlessez! ….

Adriana Lecouvreur trajo al teatro un saludable aire de naturalidad. Esla primera actriz que, sin dejar de cultivar la tragedia, se emancipa de la declamación lírica, del canto monótono con que aburría al público la gente de escenario. Es la primera actriz que se preocupa de ser fiel al natural y de vestir los personajes con propiedad. Jamás hubo actriz antes que ella que hablara el lenguaje de la pasión con más arrebatadora elocuencia, que conmoviera y que subyugara como Adriana. Sus obras favoritas fueron El conde de Essex, Berenice y Electra”.

b)    El segundo artículo es sorprendente y prácticamente desconocido por olvidado.  Fechado el tres de abril de 1907 y recogiendo un artículo del redactor-corresponsal en París, Juan de Becon, de la revista “LA EPOCA, últimos telegramas y noticias de la tarde”, en su número 20.306, nos habla del estreno en París de la obra teatral “L’ Adrienne Lecouvreur”  de Sarah Bernhardt ….. si de Sarah como autora de la obra, además de cómo interprete de la misma y en el papel de la protagonista. Veamos lo que dice concretamente el artículo:

“París 3 de Abril.- ¡Un drama de Sarah Bernhardt, representado por Sarah Bernhardt! …. No cabe imaginar una actualidad teatral más sugestiva.

Añadid otros pormenores a esa actualidad, y aumentarán sus encantos. Entre ellos poned estos dos: se trata de una representación única, y de una representación a beneficio de las víctimas del Jena.

¿Hay que agregar algo más? Con eso basta, con eso sobra para que podáis inaginar lo que queda por decir: la curiosidad inmensa de una multitud caprichosa, enamorada de las grandes emociones; el cuadro luminoso de un público selecto. El público de los grandes estrenos, en que se juntan damas aristocráticas, mujeres elegantes, hombres de mundo, artistas, literatos, cuanto en París brilla, sobresale y se distingue, y como remate de fiesta aplausos calurosos, una ovación delirante, la glorificación definitiva de una gran artista.

Cuando se escriba, dentro de algunos lustros. La historia anecdótica de l,os primeros años del siglo XX, se recordará, como una nota saliente de París la noche memorable del estreno de L’ Adrienne Lecouvreur, de Sarah Bernhardt.

Sarah Bernhardt ha escrito otras obras dramáticas. En 1888 se estrenó en el Odeón una pieza suya, en un acto, “L’aveu”, que obtuvo un gran éxito. Compuesta tiene, sin que se haya representado, inédita, una comedia contemporánea, en cinco actos, que se titula “La duchesse Catherine”.

La obra de ahora, “L’ Adrienne Lecouvreur”, cuyo estreno en París ha despertado vivísimo interés, habíase representado ya algunas noches, por la ilustre artista, en Londres y en América.

El histórico episodio de los amores de la comedianta Adriana con Mauricio de Saxe, uno de los grandes capitanes de la Francia del siglo XVIII, fue llevado al teatro en la primera mitad de la centuria pasada, en dos obras diferentes, por dos grandes poetas: por Eugene Scribe y por Ernest Legouvé.

El drama de Sarah Bernhardt no se parece poco ni mucho a esas otra obras dramáticas.  (curioso que desdoble en dos una sola obra).

Sarah Bernhardt ha explicado el origen de su drama.

-¿Por qué lo he escrito?. Es bien sencillo: poco tiempo antes de su muerte, Gustave Larroumet publicó un estudio muy completo, históricamente exacto. Sobre Adriana Lecouvreur. Lo leí, y leyéndolo fui encontrando en todas sus páginas elementos preciosos para una obra teatral. Esa es la obra que me he entretenido en componer. Desconiocida en Francia, la representaré por primera y única vez en París, en honor de las desgraciadas víctimas del Jena … ¡Esa es toda su historia!.

Sarah Bernhardt ha escrito un drama mucho más histórico y más completo que el de Legouvé.

Legouvé pidió prestados a la Historia los amores de Adriana y de Mauricio de Sajonia, y la perniciosa rivalidad de la duquesa de Bouillon, y a ese punto limitó su esfuerzo de veracidad. Los tres personajes – la duquesa, el héroe y la comedianta – aparecieron en su obra teatral no con sus caracteres históricos, sino con los que inventó su libre fantasía.

Sarah Bernhardt, buscando a su heroína en la vida real, ha compuesto su drama con más severa exactitud. En él se encuentra el ambiente de la época, el ambiente que rodeaba a Adriana Lecouvreur. En torno suyo se mueven los personajes que intervinieron en los episodios de su vida: Voltaire, Quinault                                                   , el cardenal Fleury, la fiel Argental, el patético y desgraciado abate Bouret y la antipática Margarita Lecouvreur, su envidiosa hermana, que movida por el furos de su vanidad herida, trabajó cuanto pudo para perderla.

Claro es que Sarah Bernhardt no ha sacrificado por completo a la verdad histórica sus grandes inspiraciones de artista.

Los cuadros que forman el drama resultan interesantísimos: la “loge” de Adriana, en el teatro Francés; los salones de la duquesa de Bouillon, las habitaciones íntimas de la famosa comedianta, el jardín de Luxemburgo, la prisión del infortunado abate Bouret y la alcoba en donde Adriana agoniza y muere.

Adriana Lecouvreur aparece locamente enamorada de Maurice de Saxe, especie de Don Juan, bravo en la guerra e infiel en achaques de amor.

En los momentos en que la pasión de Adriana ha llegado a sus últimos extremos, crúzase en su camino una rival, la duquesa de Bouillon, que es caprichosa, violenta, dominadora.

Se entabla combate a muerte entre las dos mujeres.

La comedianta logra conquistar el amor de Maurice de Saxe, que por primera vez se deja vencer en una lucha de amores.

La duquesa de Bouillon no cede.

Para destruir obstáculos, para deshacerse de la comedianta, es capaz de todo.

En esa hora surge el episodio, inventado tal vez por la leyenda, tantas veces discutido por la Historia, del envenenamiento de Adriana Lecouvreur.

¿La muerte de Adriana? … Las muertes de Sarah Bernhardt son célebres. En víspera de todos sus estrenos, el público de París suele preguntarse: ¿Cómo morirá mañana Sarah?. En la nueva obra, en su hermoso drama, muere de modo distinto a como ha muerto hasta ahora en otras obras. ¿Cómo?- Con gran sencillez, con una verdad. Con una grandeza, trágica que produce profunda impresión.

Esta vez ella es la actriz y ella es la autora, y libremente, sin limitaciones marcadas por ajena voluntad, puede expresar la muerte como ella la siente.

Sarah Bernhardt, actriz, resulta admirable.

Ha copiado de los lienzos de la época, con exquisiteces de gusto maravilloso, la interesante figura de Adriana Lecouvreur, una de esas figuras características, atrayentes, del siglo XVIII, de la época, llena de notas artísticas, de Luis XV.

Adriana Lecouvreur murió a los treinta y ocho años. Esa edad, menos edad, representa Sarah Bernhardt.  ¿Qué importan sus sesenta años? En el rostro, en la figura arrogante, en el alma animosa, lleva su juventud.

Al lado de Sarah Berbhardt se destaca la silueta de otra actriz interesante: ella es mademoiselle Blanche Dufrène, que interpreta a las mil maravilla el papel del abate Bouret.

En el último acto, en una hermosa escena entre Adriana y uno de los personajes episódicos de la obra, un PadreDominico, en que éste la exhorta para que renuncie a su profesión de comedianta, la actriz encomia con inspiradísimos acentos su arte, el arte a que ha consagrado su existencia.

Es, si  duda, una de las escenas más bellas del drama.

¿Cómo no? … ¡El drama se titula “Adriana Lecouvreur”, y está compuesto por Sarah Bernhardt!. “

c)    Finalmente queremos aportar una, digamos anécdota, que en cierto modo, aunque no aporte nada nuevo en relación con la vida de Adriana Lecouvreur, sí dice de su fama ya imperecedera y de la impronta sencilla pero cierta que ha dejado y deja su estela.

En día 15 de agosto de 1930, “LA REVISTA BLANCA”, revista  publicada en Barcelona y de clara tendencia anarquista, publica un artículo titulado “Unos ojos de Mujer”, dedicado a la que fue la modelo de Romero de Torres. En él se lee:

“Los telegramas que nos anuncian la muerte de Carmen Casena Heredia nos dicen que la familia de Romero de Torres, la madre, los hermanos y el hijo del artista, cuidaron de pagar los gastos del entierro de la modelo. Nada más dicen de ese fin patético, de esa mujer muerta de desesperación y de tristeza”  “Ante nuestra alma, su vida y su muerte, su pasión y su misterio, la envuelven en una aureola poética, en un himno de conmovedor sobrehumano”.

“Dos mujeres triunfaban simultáneamente en la escena francesa el siglo pasado: Rachel y Sara Bernhardt. Rachel otra gran apasionada, ardiente y tormentosa, del teatro francés, murió joven, en plena belleza y en plena dignidad. …. Rachel era un  gran alma, generosa y arrebatadora. …. Rachel, como Adriana Lecouvreur, había nacido también bajo el signo de Afrodita y, como a Adriana, como a esta pobre Carmen de ahora, la diosa las llamó bellas y jóvenes a su seno”.

Este artículo lo firma Federica Montseny

d)    A lo largo del siglo XX, la figura de Adriana Lecouvreur también ha sido objeto de protagonismo en el cine. Su vida, casi siempre basada en el argumento de Eugene Escribe o en el del libreto de la ópera de Francesco Cilea, ha dado lugar a varias películas, he leído que ocho, pero no he podido comprobar esta cifra. La que si es conocida es la titulada “Dream of Love”,  interpretada por Joan Crawford.

ADRIANA LECOUVREUR en la obra teatral de Eugene Scribe

Y en este ambiente la fama y la leyenda sobre Adriana Lecouvreur siguieron creciendo, tranquila y sostenidamente,  hasta que en 1849 el dramaturgo francés Eugene Scribe publicó y estrenó una obra de teatro titulada “Adriana Lecouvreur”, alcanzando nuestra artista, y a partir de entonces, un inmenso y definitivo prestigio para los anales, no solo del arte dramático sino en los de los grandes misterios de imposible solución.

Eugene Scribe fue en su época un popularísimo dramaturgo francés que produjo más de 400 obras de teatro y libretos de ópera, muchos de ellos escritos en colaboración con otros escritores. Se le criticó por su mal gusto y su falta de originalidad, pero hay que reconocer que en su género fue un hábil maestro. Entre sus obras más destacadas figura esta de “Adriana Lecouvreur”, escrita con Ernest Legouvé para la famosa actriz Rachel.

La obra, escrita en cinco actos, tuvo un gran éxito y rápidamente fue estrenada en diversas ciudades de todo el mundo, convirtiéndose en una de las preferidas de la época, siendo la Compañía Francesa de M’lle Rachel la que inició su andadura. Solo 53 años más tarde, cuando se estrenó la ópera de Francesco Cilea , utilizando el argumento de la obra de Sribe para el libreto, y alcanzó aquella los más altos reconocimientos, pasaron a un segundo o tercer plano las representaciones teatrales, quedando la nueva versión operística como la referencia inexcusable para abordar la figura de Adriana Lecouvreur.  Así son las cosas.

Nos cuenta Rubén Darío, medio siglo después del estreno, en su poco conocido trabajo titulado precisamente “Adriana Lecouvreur” :

       “Es menester decir algo sobre los autores de Adriana Lecouvreur.

       Un día en los salones de Madame de Rauzan, se entabló  el siguiente diálogo        entre Legouvé  y Scribe.

  • Y bien, Ernesto, es preciso que la obra para Rachel quede concluida.
  • Opino que sí, mas es preciso que la obra que intentemos llevar a cabo, sea   a propósito para que la Rachel aparezca tal cono es,  y triunfadora, en una pieza en prosa.
  • Pienso lo mismo.

Y la obra fue hecha. La obra se escribió y la célebre actriz apareció en escena haciendo la Adriana más brillante que se pueda imaginar.

Continúa Darío : “Pero cuando la Rachel reinaba, no cabía en imaginación alguna la figura ni el talento de Sarah Bernhardt. ………….Nosotros no hemos visto a la actriz esa, para quien fue escrita Adriana; pero estamos seguros, y abonados por criterios bien fundados, de que Sarah en las tablas de cualquier teatro del mundo, interpreta, ilumina, mejora, la creación de Scribe y Legouvé”

Reparemos como Darío no habla de representaciones en cualquier teatro del mundo de la creación de Scribe y Legouvé, a la par que ensalza, primero a la Rachel y luego a Sarah, argumentando que la obra fue escrita para realzar las posibilidades de la primera, y que la segunda la superó. Luego si la figura de Adriana Lecouvreur era la idónea para realzar las labores interpretativas de las actrices, parece consecuente el pensar que nuestra Adriana tuvo y seguía gozando del máximo prestigio como actriz, tanto en su época, como hacia 1850, como a finales del siglo XIX o principios del siglo XX.

El argumento:

Acto Primero.-   

En el elegante gabinete de la casa de la princesa de Boullon, ésta es informada por su confidente el abate  Chazeuil, que le comenta que esa noche actúan juntas en Bajaceto Mlle. Lecouvreur y Mlle. Duclos,  que se espera una gran concurrencia ya que ambas se han declarado rivales. Explica que la Lecouvreur tiene a su favor al público entero y que la Duclos esta protegida por ciertos grandes señores. Añade que no tiene más remedio que decírselo, pero que la Duclos es la amante de su marido, y que es la noticia del día. La princesa le dice que está al tanto de ello y que conoce incluso los regalos y la casa que le ha regalado; añade que “Una mujer puede disponer mejor de su tiempo cuando su marido esta ocupado”.  Comentan la fiesta prevista para el día siguiente, organizada por la princesa y en su casa, a la asistirá Adriana Lecouvreur, que recitará unos versos en los salones, y el Conde de Sajonia que ha regresado a París de incógnito.

Mauricio de Sajonia se presenta en la casa y en la reunión, y comentan sus problemas político-militares en relación con sus pretensiones al ducado de Curlandia, y los económicos; acaban hablando del teatro y de la nueva forma de interpretar y de la fama imparable de Adriana Lecouvreur.

Posteriormente se reúnen la princesa y Mauricio,  comprometiéndose la primera en intermediar a su favor en Versalles, y quedar luego para informarle discretamente en la casa “que su marido dispone para la Duclos”, pues ésta accederá sin preguntar y en silencio, por la cuenta que le trae.

Acto Segundo.-

Se desarrolla en el teatro, durante los ensayos del día de Bajaceto. Los actores repasan sus actuaciones; llega el principe de Bouillon que en un aparte se ofrece a Adriana Lecouvrur para comprarle por  60.000 libras los diamantes que la reina le ha regalado. Luego, solos, Adriana le cuenta a Michonet, director del teatro, que había conocido hace tres meses, casualmente, a un joven caballero del ejercito de Mauricio de Sajonia del que se ha enamorado, y que acababa de regresar y prometido asistir esa noche a la representación  teatral.

Se encuentran en el teatro Adriana y Mauricio (ocultando su verdadera personalidad) y quedan para después de la función.

Por confusión y equívoca interpretación de una nota escrita por la Duclos, citando al conde en su casa y esa noche, el principe de Bouillon cree que la Duclos le engaña con Mauricio de Sajonia, y que van a reunirse en la casa que él la ha regalado.

El príncipe, con la ayuda del abate, organiza el presentarse esa noche, como si fueran a una fiesta, en la casa y sorprender in  fraganti (piensa) a la Duclos y a Mauricio, y así, ante muchos testigos, vengarse.

Finalmente la nota llega a su destinatario, Mauricio, en ella la Duclos, en nombre de la princesa de Bouillon, le cita esa noche en la casa que el principe le ha puesto. Mauricio se desespera pues ni quiere faltar a la cita que tiene con Adriana ni puede evitar el ir a la cita que le acaban de comunicar por la nota; además ya no puede localizar a la princesa de Bouillon. Mauricio quiere hablar con Adriana, pero Michonet le dice que es imposible.

El abate, siguiendo las instrucciones del príncipe, invita a Adriana a la fiesta a la que, dice asistirá toda la compañía, lo mejor de la corte y la flor del clero y el joven Mauricio de Sajonia. Adriana rehusa, pero tentada e interesada duda,  le dicen que es en la casa de la Duclos, que es la contigua a la suya, y le dan unas llaves de una puerta falsa de acceso desde su jardín. Se cometa que será una gran fiesta con grandes sorpresas. Accede a ir pensando que puede ayudar a “su” Mauricio  a través del Conde de Sajonia.

Acto Tercero.-

La princesa, sola y nerviosa en la casa de la Duclos, espera que llegue  Mauricio, pues la Duclos le ha dicho que la “esquelita” había sido entregada al mismo Conde de Sajonia. En su palco, estando solo.  Mauricio llega excusándose por llegar con retraso. Mauricio argumenta que ha tenido que despistar a unos espías que le seguían. Empieza la princesa comentando sus gestiones en Versalles sobre Curlandia. Le dice que  el cardenal Fleury, a instancias de la reina, amiga de la princesa, le autoriza a crear dos regimientos en Francia, pero a costa de Mauricio, para evitar problemas diplomáticos con Alemania. Como no tiene dinero para pagar a la tropa dice que su fama le permitirá pagarles al final de la campaña. La princesa le advierte que se ha enterado que un conde sueco pretende prenderle si no le paga una deuda de setenta mil libras y que los rusos le buscan para comprarle el crédito y también conseguir el apresamiento del conde y así solucionar a su favor el asunto de Curlandia. Y que en vista de ello ha hecho gestiones con un policía amigo suyo para que localice urgentemente al conde sueco, la informe de ello y pueda Mauricio negociar con él antes que los rusos. ¿Cómo negocio? Pregunta Mauricio. Pagando responde la princesa. ¿De donde saco el dinero?. Decide huir a la mañana siguiente, para reunirse con las tropas que le quedan y confiar en aumentar en la frontera sus seguidores. La princesa que teme que Mauricio se vaya le dice que el plan no tiene sentido común y que no quiere que se vaya cuando apenas a llegado. Mauricio le agradece su interés y sus claros sentimientos pero la dice que por gratitud le tiene que confesar que ama a otra. ¿quién es? Pregunta la princesa, amenazante, e insiste en saber quién es. Se oyen ruidos en el patio y en la calle.

La princesa mira fuera y ve sorprendida que es su marido y que va acompañado de varias personas. Manifiesta que si la encuentran estará en riesgo su reputación. Se esconde en un pequeño cuarto.

El príncipe le dice a Mauricio que les ha cogido in fraganti y que salga la amante (cree que es la Duclos), y Mauricio sin saber esto busca la salida ofreciendo un duelo en ese momento en el jardín,  así acabar rápido y zanjar el asunto. El abate le dice que ellos no quieren zanjar el tema, sino celebrarlo con una cena y fiesta, añadiendo el príncipe que así se enterará la Duclos que se acabaron sus encantos para él. Mauricio sorprendido, pues no se esperaba tal situación, reacciona y sigue la corriente, abrazándose al príncipe como “aliado”, que le anuncia que como testigos de la ruptura con la Duclos vienen con él muchos amigos del teatro, entre ellos una joven dama que quiere conocerle.  Adriana Lecouvreur.

Ambos se encuentran con sorpresa,  y disimulando dicen que se conocían hace tiempo, desde un baile en la ópera, de disfraces, pero que no esperaban volver a verse.

El abate cuenta que Adriana solo ha aceptado el venir a la fiesta al saber que estaba él, pues quería pedirle un favor para un teniente amigo suyo. Mientras el príncipe ordena que se cierren todas las puertas para impedir que nadie salga antes de que llegue el día.

Mauricio le dice a Adriana que confíe en él, que el no ama a la mujer que esta escondida en la casa, solo la ama a ella, pero que una intriga política le ha colocado esa noche en la situación en la que está y que desconocen tanto el príncipe como el abate, por lo que no deben estos saber quien es la mujer que esta oculta. Adriana le dice que confía en él y que vigilará para que esto no suceda.

En un aparte Michonet comenta a Adriana y al abate que no es la Duclos la mujer escondida, pero que esto no lo sabe el príncipe, y se preguntan quién será, pues la ha visto en la oscuridad y ha hablado con ella y efectivamente  no era la Duclos. Michonet les cuenta que la mujer oculta le ha dicho que si la ayuda a escapar de la casa le protegerá y le ayudará a labrarse una buena fortuna. El abate quiere entrar en la habitación en la que esta la princesa pero Adriana se lo impide.

Solos Michonet y Adriana piensan el modo de hacer salir a la mujer oculta, pues Adriana lo quiere hacer por Mauricio, pero Adriana quiere ser solo ella la que la ayude a salir y pide a Michonet que vigile para que nadie se acerque.

Adriana entra en la habitación y sin reconocer, por la oscuridad, a la princesa, la dice que la envía Mauricio y la saca por la puerta falsa del jardín que daba a la calle y cuyas llaves le había dado precisamente el príncipe. Ambas se encuentran y aunque no se reconocen se dan cuenta que ambas aman a Mauricio y que son las auténticas rivales. La princesa escapa justo en el momento que va a entrar su marido.

Micronet se lo confirma luego a Adriana al decirle que ha visto a la misteriosa mujer salir por el jardín ayudada y acompañada por Mauricio.

Adriana se queda angustiada pensando que Mauricio realmente ama a otra. Mientras la fiesta sigue y a ella  se incorpora triste la actriz, que permanece absorta el resto de la velada.

Acto Cuarto .-

Michonet por encargo de Adriana va a ver al príncipe de Bouillon para venderle en nombre de ésta los diamantes que la reina le regaló, por la oferta de 60.000 libras. Hacen el trato.  Enamorado como está, Michonet aporta otros 10.000 (los que faltan para los setenta mil de la deuda del conde ) de su herencia particular. Adriana le envía con todo el dinero a pagar y recuperar la letra debida por Mauricio.

Llega el abate a casa de los Boullon, a los que informa que sabe de buena tinta que una letra que debía el conde de Sajonia ha sido comprada por el embajador ruso y que éste la ejecuta por impagada.

Michonet se da cuenta de que es Mauricio el amado de Adriana y ésta se lo confiesa, argumentando que le quiere pagar la deuda como venganza por haberla traicionado, ya que así, cuando gracias al dinero recupere su trono, siempre recordará que se lo debe a Adriana. “A falta de amor, su gloria y su poder le hablarán de mi” y “de beneficios abrumarle quiero”.

Mientras la princesa de Bouillon está satisfecha por creer a Mauricio ya preso y sin posibilidades de reunirse con su rival, cuya identidad desea saber.  Regresa el abate sin resultados sobre la averiguaciones de la posible identidad de la rival de la princesa. Ambos siguen haciendo preguntas a otras damas a las que han citado, cuando entra el príncipe diciendo que el conde de Sajonia esta libre pues alguien ha pagado sus deudas, y que tras salir en libertad ha mantenido un duelo con el conde sueco.

Adriana con Michonet se reúnen con la princesa, que la presenta a otras dama, y se queda perpleja al reconocer en la voz de Adriana la voz de su rival, que recuerda perfectamente de la noche anterior.

La princesa, para alterar a Adriana comenta que el conde de Sajonia se ha batido y que se dice esta herido. Adriana se desmalla, y cuando se recupera se oye a un criado anunciar al conde de Sajonia. No puede impedir una expresión de alegría.

Adriana y la princesa de Boullon cruzan fijamente la mirada de sus ojos, la una en la otra.  Michonet la advierte que la alegría delata con más facilidad que el dolor.

Mauricio, interrogado, dice que la Suecia no sabe ni batirse. Saluda a la princesa y en baja voz le pide hablar privadamente, ella le cita para la noche. Saluda a Adriana.

Entonces la princesa, en alto pregunta a Adriana que aclare si sabe quien es la amada del conde, pues se asegura que es del mundo del teatro, contesta Adriana que en ese mundo se aseguraba que era una gran señora. Se acusan con ironía de ser las enamoradas del conde y aportan como pruebas una el ramillete de rosas dejado por la otra y Adriana un brazalete caído en el jardín. Adriana saca el brazalete, y al acercarse al grupo el príncipe lo reconoce como el de su mujer. Adriana tiene la prueba de lo que considera el engaño de Mauricio.

Adriana quiere irse , Michonet la aconseja disimular su enfado. Invitan los presentes a Adriana a que recite, esta accede a recitar a Fedra. Y recita finalizando los últimos verso muy enojada y fuera de si y adelantándose a la princesa a la que señala con el dedo:

                            Callará en vano, Enona! Nunca he sido

                            De esas torpes mujeres que han sabido,

                            Mostrar, gozando el crimen sin congoja

                            Una sien que el pudor jamás sonroja.

Los presentes se levantan como horrorizados de la escena.

La princesa, con calma: Bravo ….Bravo ….

Adriana dice en voz baja: me he vengado. La princesa, también en voz baja: le costará caro!.

Adriana pide permiso para retirarse. El príncipe pide el carruaje de la Stra. Lecouvreur. Adriana le dice en voz baja a Mauricio que la acompañe, y este  contesta que esa noche le es imposible porque ….  Pero no puede acabar la frase ya que el príncipe ha vuelto para acompañar a la puerta a Adriana.

 Acto quinto.-

En la casa de Adriana.

Adriana enferma ha tenido que abandonar la representación y Michonet ha ido a su casa a interesarse por su estado. Ella le dice que no podrá actuar al día siguiente.

Michonet dice que lo que más le preocupa no es su estado de salud, sino el incidente de la noche anterior en casa de los Boullon, pues la princesa es peligrosa y querrá vengar la afrenta.  Adriana dice que no le importa pues le pidió a Mauricio que la acompañara y él se quedó …se quedó con ella. Adriana quiere precipitarse sobre ellos, herirlos, pues prefiere las consecuencias a morir de celos y de desesperación.

Una camarista entra y entrega a Adriana un cofre que ha traído para ella un criado sin librea que solo dijo que era de parte del conde de Sajonia.

Al abrir el cofre Adriana sufre una sensación dolorosa, un hálito glacial. La caja contiene un ramillete,  el mismo que ella tenía la noche anterior, pedido por él y dado para ella, en prenda de amor. Piensa que se lo devuelve, que es un desprecio. Triste, besa el ramillete y lo arroja a la chimenea.

Llega Mauricio, y Adriana se encuentra mal. En un acto reflejo se arroja en los brazos de él, al darse cuenta intenta separarse, pero Mauricio dice que ha venido a pedirla perdón, que solo el deber le retuvo la noche anterior en casa de la princesa, pero que la dijo que no la amaba. Adriana, cada vez se encuentra peor y le pide su amor, que éste le asegura.

Michonet regresa y dice que el pago de la deuda no lo hizo la princesa, sino Adriana.

El conde dice que desea casarse con Adriana, pero observa que Adriana va perdiendo color. Adriana comenta, cada vez más débil, que pensó que el cofre con el ramillete eran una despedida, cuando era señal se su vuelta, se llama a ingrata.

Mauricio dice que no ha enviado nada.

En una larga escena de amor y de despedida Adriana se va apagando poco a poco.

Michonet, cayendo con desesperación a sus pies: Muerta! ….. muerta! ……

Mauricio :  “ …… siempre unidos aún después de tu muerte, el nombre de Mauricio de Sajonia no se separará nunca del de Adriana! …….